Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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miércoles, 9 de junio de 2010

Clausura del Año Sacerdotal


Comienzan hoy (y se extenderán hasta el viernes 11) los encuentros que se celebran en Roma al concluir el Año Sacerdotal, convocado por el Santo Padre Benedicto XVI con motivo del 150 aniversario de la muerte del Santo Cura de Ars.


Al encuentro, cuyo tema es: "Fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote", promovido por la Congregación para el Clero, han sido invitados todos los presbíteros del mundo.



Hoy y mañana se ofrecerán meditaciones en la Basílica de San Pablo Extramuros y en la Basílica San Juan de Letrán, seguido de adoración eucarística y celebración eucarística en ambas Basílicas.



Mañana jueves tendrá lugar la vigilia en la Plaza de San Pedro que se celebrara en dos tiempos: el primero a cargo de la Congregación para el Clero y el segundo presidido por el Santo Padre. Además de testimonios ofrecidos por algunos sacerdotes, están previstas conexiones televisivas con Ars, el cenáculo de Jerusalén, barrios pobres de Buenos Aires y Hollywood, así como un diálogo entre el pontífice y los sacerdotes y adoración y bendición eucarística.


El viernes 11, a las 10,00, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, se clausurará el Año Sacerdotal con una concelebración eucarística presidida por el Santo Padre en la Plaza de San Pedro. Se trata de la celebración Eucarística con el mayor numero de concelebrantes jamás vista en Roma. Se esperan cerca de 15.000 sacerdotes. El Santo Padre usara en la celebración el cáliz que le perteneció a San Juan Maria Vianney hoy conservado en la parroquia de Ars. Durante la misa, los presbíteros renovarán sus promesas y el Papa proclamará al Santo Cura de Ars patrono de todos los sacerdotes.

Benedicto XVI convoco el Año Sacerdotal invitando a los sacerdotes a la perfección espiritual, “de la cual depende sobre todo la eficacia de su ministerio”
En su Carta para la Convocación, el Santo Padre Benedicto XVI explicaba que que “Este año desea contribuir a promover el compromiso de renovación interior de todos los sacerdotes, para que su testimonio evangélico en el mundo de hoy sea más intenso e incisivo.
“El Sacerdocio es el amor del corazón de Jesús”, repetía con frecuencia el Santo Cura de Ars[2]. Llegó a Ars, una pequeña aldea de 230 habitantes, advertido por el Obispo sobre la precaria situación religiosa: “No hay mucho amor de Dios en esa parroquia; usted lo pondrá”. “viviendo” incluso materialmente en su Iglesia parroquial: “En cuanto llegó, consideró la Iglesia como su casa… Entraba en la Iglesia antes de la aurora y no salía hasta después del Ángelus de la tarde. Si alguno tenía necesidad de él, allí lo podía encontrar”, se lee en su primera biografía[8]. “La contemplación es mirada de fe, fijada en Jesús. ‘Yo le miro y él me mira’, decía a su santo cura un campesino de Ars que oraba ante el Sagrario”: Catecismo de la Iglesia católica, n. 2715.
“No hay necesidad de hablar mucho para orar bien”, les enseñaba el Cura de Ars. “Sabemos que Jesús está allí, en el sagrario: abrámosle nuestro corazón, alegrémonos de su presencia. Ésta es la mejor oración”[13].”

sábado, 10 de octubre de 2009

La grandeza del sacerdote católico

(foto de Corazones de Jesus y Maria)
"Dios ve a la criatura más perfecta, a la Inmaculada (llena de gracia), la ama y así nace Jesús, Hombre-Dios, Hijo de Dios e Hijo del hombre. En Ella, pues, comienzan los grados de semejanza de los hijos de Dios y de los hombres, de los miembros de Jesús" (Escritos del padre Kolbe III, pág. 678 s.).

Celebramos hoy – en pleno año sacerdotal - un nuevo aniversario de la canonización de san Maximiliano Kolbe apóstol infatigable de la devoción a la Inmaculada, y ejemplo de sacerdote al que el Siervo de Dios Juan Pablo II cita en el Angelus del 17 de octubre de 1982 (una semana despues de la canonización) enlazando su recuerdo del padre Kolbe con palabras expresadas por su antecesor Pablo VI hablando de la grandeza del sacerdote:
Decía Juan Pablo II
“He querido expresarme con las palabras del Padre Kolbe porque este domingo 17 de octubre nos lleva de nuevo con el pensamiento al 17 de octubre de 1971, día en que tuvo lugar el solemne rito de su beatificación. En ese período se celebraba la II Asamblea General del Sínodo de los Obispos, que tenía como tema: "El sacerdocio ministerial y la justicia en el mundo". Pablo VI, hablando en una audiencia de aquellos días del Sínodo, recordaba la grandeza del sacerdocio católico y, como trazando el retrato del padre Kolbe, a quien se disponía a declarar "beato", observaba: "Si el sacerdote es el hombre de Dios, es 'otro Cristo', significa que una corriente de gracia ha entrado en la historia de su vida: él ha sido un llamado, un elegido, un preferido de la misericordia del Señor. Él lo ha amado de manera particular; Él lo ha señalado con un carácter especial, y así lo ha habilitado para el ejercicio de poderes divinos; Él lo ha enamorado de Sí mismo, hasta el punto de hacer madurar en él aquel acto de amor más pleno y más grande de que es capaz el corazón humano: la oblación total, perpetua y feliz de sí mismo... El ha tenido el valor de convertir su vida en un sacrificio, lo mismo que Jesús, para los otros, para todos, para nosotros" (13 de octubre de 1971).
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lunes, 10 de agosto de 2009

¿Qué es el sacerdote? ¿Qué es el sacerdocio? Testimonio de Juan Pablo II


…“El sacerdocio es una vocación.

Nadie se arroga esta dignidad, sino sólo el llamado por Dios. Lo pone muy bien de manifiesto el autor de la carta a los Hebreos cuando afirma que la vocación divina al sacerdocio no se refiere sólo a los sacerdotes del Antiguo Testamento sino, ante todo, a Cristo mismo, el Hijo consustancial con el Padre, instituido sacerdote según el rito de Melquisedec, único sacerdote para siempre de la nueva y eterna alianza. En esta vocación del Hijo al sacerdocio se expresa una dimensión del misterio trinitario.
Al mismo tiempo, el sacerdocio de Cristo constituye una consecuencia de la Encarnación. Al nacer de María, el Hijo eterno y unigénito de Dios entra en el orden de la creación. Se convierte en sacerdote, el único sacerdote y, por esta razón, quienes tienen el sacerdocio sacramental en la Iglesia de la nueva alianza, participan en su único sacerdocio.
El sacerdocio es un don. Dice la Biblia: "Nadie se arroga tal dignidad, sino el llamado por Dios" (Hb 5, 4).

El sacerdocio es punto clave de toda la vida y misión de la Iglesia.
El sacerdocio es un misterio, que supera al hombre. Ante esta realidad es necesario repetir con san Pablo: "Son insondables sus designios e inescrutables los caminos de Dios"
(cf. Rin 11, 33)”.


El 1ro de noviembre de 1995 Juan Pablo II comenzaba el quincuagésimo año de su sacerdocio y continuando sus meditaciones en un festival durante el cual se escucharon diversos testimonios acerca del sacerdocio, a treinta años de la promulgacion del decreto del Concilio Vaticano II Presbyterorum Ordinis Juan Pablo II resumia brevemente el origen de su propia vocacion:

“Pensando en la historia de mi vocación, debo confesar que fue una vocación adulta, aunque, en cierto sentido, anunciada en el período de mi adolescencia. Después del examen final en el instituto de Wadowice, en 1938 comencé a estudiar filología polaca en la Universidad Jaguelónica de Cracovia, lo cual respondía a mis intereses y predilecciones de entonces. Pero esos estudios fueron interrumpidos por la segunda guerra mundial, en septiembre de 1939. Desde septiembre de 1940 comencé a trabajar, primero en una cantera de piedra y después en la fábrica Solvay. Precisamente en esa difícil situación maduró en mí la vocación sacerdotal. Maduró entre los sufrimientos de mi nación; maduró en el trabajo físico, entre los obreros; inauguró también gracias a la dirección espiritual de varios sacerdotes, especialmente de mi confesor. En octubre de 1942 me presenté en el seminario mayor de Cracovia y fui admitido. Desde ese momento, aunque seguí trabajando como obrero en la fábrica Solvay, me convertí en estudiante clandestino de la facultad de teología en la Universidad Jaguelónica, y en alumno del seminario mayor de Cracovia. Recibí la ordenación sacerdotal el 1 de noviembre de 1946 de manos del cardenal Adam Stefan Sapieha, en su capilla privada.
4. El sacerdote es el hombre de la Eucaristía. En el arco de casi cincuenta años de sacerdocio, la celebración de la Eucaristía sigue siendo para mí el momento más importante y más sagrado. Tengo plena conciencia de celebrar en el altar in persona Christi. Jamás en el curso de estos años, he dejado la celebración del santísimo sacrificio. Si esto sucedió alguna vez, fue sólo por motivos independientes de mi voluntad. La santa misa es de modo absoluto el centro de mi vida y de toda mi jornada. Ella se encuentra en el centro de la teología del sacerdocio, una teología que he aprendido no tanto de los libros de texto, cuanto de modelos vivos de santos sacerdotes. Ante todo, del santo párroco de Ars, Juan María Vianney. Todavía hoy me acuerdo de la biografía escrita por el padre Trochu, que literalmente me conmovió. Nombro al párroco de Ars, pero no es el único modelo de sacerdote que me ha impresionado. Ha habido muchos otros santos sacerdotes a los que he admirado, habiéndolos conocido tanto a través de sus hagiografías como personalmente, porque son contemporáneos. Los miraba y aprendía de ellos el significado del sacerdocio, como vocación y ministerio.
5. El sacerdote es hombre de oración. "Os alimento con lo que yo mismo vivo", decía san Anselmo. Las verdades anunciadas deben descubrirse y hacerse propias en la intimidad de la oración y de la meditación. Nuestro ministerio de la palabra consiste en manifestar lo que primero ha sido preparado en la oración.
Sin embargo, no es ésta la única dimensión de la oración sacerdotal


martes, 4 de agosto de 2009

Indulgencias parciales y plenarias Año sacerdotal

Durante este Año sacerdotal comenzado el 19 de junio pasado y que concluirá el 19 de junio de 2010 se concede el don de indulgencias especiales, de acuerdo con lo que se especifica el Decreto de la Penitenciaría apostólica, promulgado de acuerdo con la voluntad del Sumo Pontífice:
HOY ES UNO DE LOS DIAS EN LOS CUALES LOS FIELES PODEMOS GANAR UNA INDULGENCIA PLENARIA

Por sugerencia de Luisa (gracias Luisa) publico aquí la parte del Decreto que establece como y cuando podemos ganar indulgencias plenarias y parciales los fieles:

B. A todos los fieles realmente arrepentidos que, en una iglesia u oratorio, asistan con devoción al sacrificio divino de la misa y ofrezcan por los sacerdotes de la Iglesia oraciones a Jesucristo, sumo y eterno Sacerdote, y cualquier obra buena realizada ese día, para que los santifique y los modele según su Corazón, se les concede la indulgencia plenaria, a condición de que hayan expiado sus pecados con la penitencia sacramental y hayan elevado oraciones según la intención del Sumo Pontífice: en los días en que se abre y se clausura el Año sacerdotal, en el día del 150° aniversario de la piadosa muerte de san Juan María Vianney, en el primer jueves de mes o en cualquier otro día establecido por los Ordinarios de los lugares para utilidad de los fieles.
También se concederá la indulgencia plenaria a los ancianos, a los enfermos y a todos aquellos que por motivos legítimos no puedan salir de casa, si con el espíritu desprendido de cualquier pecado y con la intención de cumplir, en cuanto les sea posible, las tres acostumbradas condiciones, en su casa o donde se encuentren a causa de su impedimento, en los días antes determinados rezan oraciones por la santificación de los sacerdotes, y ofrecen con confianza a Dios, por medio de María, Reina de los Apóstoles, sus enfermedades y las molestias de su vida.

Por último, se concede la indulgencia parcial a todos los fieles cada vez que recen con devoción en honor del Sagrado Corazón de Jesús cinco padrenuestros, avemarías y glorias, u otra oración aprobada específicamente, para que los sacerdotes se conserven en pureza y santidad de vida.

El santo cura de Ars, oración y amor


Un buen pastor, según el corazón de Dios, - decía Juan María Vianney, - es el tesoro más grande que Dios pueda dar a una parroquia, es uno de los dones más preciados de la misericordia divina”.
En torno al festejo de hoy se centra el núcleo del Año Sacerdotal, convocado por el Santo Padre Benedicto XVI con ocasión del 150 aniversario del “dies natalis” de Juan María Vianney, el Santo Patrón de todos los párrocos del mundo

“…Llegó a Ars, una pequeña aldea de 230 habitantes, advertido por el Obispo sobre la precaria situación religiosa: “No hay mucho amor de Dios en esa parroquia; usted lo pondrá”. Bien sabía él que tendría que encarnar la presencia de Cristo dando testimonio de la ternura de la salvación: “Dios mío, concédeme la conversión de mi parroquia; acepto sufrir todo lo que quieras durante toda mi vida”. Con esta oración comenzó su misión[7]. El Santo Cura de Ars se dedicó a la conversión de su parroquia con todas sus fuerzas, insistiendo por encima de todo en la formación cristiana del pueblo que le había sido confiado.
“No hay necesidad de hablar mucho para orar bien”, les enseñaba el Cura de Ars. “Sabemos que Jesús está allí, en el sagrario: abrámosle nuestro corazón, alegrémonos de su presencia. Ésta es la mejor oración”[13] ..”

(de la Carta del Sumo Pontífice Benedicto XVI para la Convocación de un año sacerdotal con ocasión del 150 aniversario del Dies Natalies del santo cura de Ars)

Recemos por nuestro párrocos, por los párrocos de todo el mundo, por todos los sacerdotes y las vocaciones.


Yo le miro y él me mira’,
decía a su santo cura un campesino de Ars que oraba ante el Sagrario”

viernes, 19 de junio de 2009

Oración de los obispos argentinos para el Año Sacerdotal


Jesús, Buen Pastor,
que has querido guiar a tu pueblo
mediante el ministerio de los sacerdotes:
¡gracias por este regalo para tu Iglesia y para el mundo!
Te pedimos por quienes has llamado a ser tus ministros:
cuídalos y concédeles el ser fieles.
Que sepan estar en medio y delante de tu pueblo,
siguiendo tus huellas e irradiando tus mismos sentimientos.
Te rogamos por quienes se están preparando
para servir como pastores
que sean disponibles y generosos
para dejarse moldear según tu corazón.
Te pedimos por los jóvenes a quienes también hoy llamas:
que sepan escucharte y tengan el coraje de responderte,
que no sean indiferentes a tu mirada tierna y comprometedora,
que te descubran como el verdadero Tesoro
y estén dispuestos a dar la vida "hasta el extremo".
Te lo pedimos junto con María, nuestra Madre de Luján,
y San Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars,
en este Año Sacerdotal.
Amén.

Fuente AICA

Año sacerdotal 2009/2010 - San Juan Maria Vianney proclamado “Patrono de todos los sacerdotes del mundo”




Con ocasión del 150 aniversario del “dies natalis” de Juan María Vianney, Santo Patrón de todos los párrocos del mundo, el Santo Padre Benedicto XVI ha convocado a un “Año Sacerdotal” que comienza hoy 19 de junio de 2009 y concluirá en la misma solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús en 2010, ocasión en la cual se prevé la llegada a Roma de sacerdotes de todo el mundo. Previa apertura el Santo Padre Benedicto XVI acogió las reliquias de san Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars que fueron traídas por el Obispo de esta diócesis francesa y dedicó a los sacerdotes una preciosa Carta. La Congregación para el Clero también ha querido acompañar a los sacerdotes del mundo inaugurando una nueva página web.

De la carta del Santo Padre Benedicto XVI a los sacerdotes: “El Sacerdocio es el amor del corazón de Jesús”, repetía con frecuencia el Santo Cura de Ars. “Esta conmovedora expresión” – dice el Santo Padre en su Carta “nos da pie para reconocer con devoción y admiración el inmenso don que suponen los sacerdotes, no sólo para la Iglesia, sino también para la humanidad misma…. a ejemplo de ese “Santo Cura de Ars que supo hacerse presente en todo el territorio de su parroquia….: que enseñaba a sus parroquianos sobre todo con el testimonio de su vida” “No hay necesidad de hablar mucho para orar bien”, les decìa ”sabemos que Jesús está allí, en el sagrario: abrámosle nuestro corazón, alegrémonos de su presencia. Ésta es la mejor oración” Y les persuadía: “Venid a comulgar, hijos míos, venid donde Jesús. Venid a vivir de Él para poder vivir con Él…” Este santo sacerdote que “contemplaba la hostia con amor” les aseguraba a los fieles que “todas las buenas obras juntas no son comparables al Sacrificio de la Misa, porque son obras de hombres, mientras la Santa Misa es obra de Dios” Intentaba también por todos los medios –dice el Santo Padre “que sus parroquianos redescubriesen el significado y la belleza de la Penitencia sacramental, mostrándola como una íntima exigencia de la presencia eucarística. Supo iniciar así un “círculo virtuoso”.y “con su prolongado estar ante el sagrario en la Iglesia, consiguió que los fieles comenzasen a imitarlo, yendo a visitar a Jesús, seguros de que allí encontrarían también a su párroco, disponible para escucharlos y perdonarlos. Al final, una muchedumbre cada vez mayor de penitentes, provenientes de toda Francia, lo retenía en el confesionario hasta 16 horas al día….convirtiendo a Ars en “el gran hospital de las almas”…… En su carta el Santo Padre invita a los sacerdotes que a ejemplo del Cura de Ars se distingan por un vigoroso testimonio evangélico, con su vida y obras y cita a Pablo VI que había observado “El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escucha a los que enseñan, es porque dan testimonio”. El Santo Padre también invita a los sacerdotes en este Año dedicado a ellos “a percibir la nueva primavera que el Espíritu está suscitando en nuestros días en la Iglesia, a la que los Movimientos eclesiales y las nuevas Comunidades han contribuido positivamente” .y “a descubrir mediante el sentido de la fe los múltiples carismas de los laicos”. Termina la carta pidiéndole la Santísima Virgen María que “suscite en cada presbítero un generoso y renovado impulso de los ideales de total donación a Cristo y a la Iglesia que inspiraron el pensamiento y la tarea del Santo Cura de Ars. Con su ferviente vida de oración y su apasionado amor a Jesús crucificado” Pide que “su ejemplo fomente en los sacerdotes el testimonio de unidad con el Obispo, entre ellos y con los laicos, tan necesario hoy como siempre” y “que la fe en el Maestro divino nos de la fuerza para mirar con confianza el futuro” Cristo cuenta con vosotros – les dice a los sacerdotes – “A ejemplo del Santo Cura de Ars, dejaos conquistar por Él y seréis también vosotros, en el mundo de hoy, mensajeros de esperanza, reconciliación y paz”. Recemos por los sacerdotes de nuestras parroquias, de nuestro país, del mundo entero y por nuevas vocaciones.

Invito visitar mi post anterior: San Juan Maria Vianney – el cura de Ars