Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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miércoles, 2 de enero de 2013

El Año de la fe: Las reflexiones del Santo Padre Benedicto XVI para el Año de la Fe.



El Año de la fe va de la mano del Concilio Vaticano II y del Santo Padre Benedicto XVI, quien con la experiencia de haber participado personalmente del Concilio nos va guiando en sus reflexiones de audiencia en audiencia.   
Tal como entonces – decía el Santo Padre Benedicto XVI en su audiencia “inaugural” del año de la Fe “Lo importante hoy, precisamente como era el deseo de los padres conciliares, es que se vea —de nuevo, con claridad— que Dios está presente, nos cuida, nos responde.”
El día de aquella primera audiencia en vísperas de la celebración de los cincuenta años de la apertura del Concilio Vaticano II y el inicio del Año de la Fe, decía el Santo Padre Benedicto XVI:

 “Con esta Catequesis quiero comenzar a reflexionar —con algunos pensamientos breves— sobre el gran acontecimiento de Iglesia que fue el Concilio, acontecimiento del que fui testigo directo. El Concilio, por decirlo así, se nos presenta como un gran fresco, pintado en la gran multiplicidad y variedad de elementos, bajo la guía del Espíritu Santo. Y como ante un gran cuadro, de ese momento de gracia incluso hoy seguimos captando su extraordinaria riqueza, redescubriendo en él pasajes, fragmentos y teselas.
El beato Juan Pablo II, en el umbral del tercer milenio, escribió: «Siento más que nunca el deber de indicar el Concilio como la gran gracia que la Iglesia ha recibido en el siglo XX. Con el Concilio se nos ha ofrecido una brújula segura para orientarnos en el camino del siglo que comienza» (Novo millennio ineunte, 57). Pienso que esta imagen es elocuente. Los documentos del concilio Vaticano II, a los que es necesario volver, liberándolos de una masa de publicaciones que a menudo en lugar de darlos a conocer los han ocultado, son, incluso para nuestro tiempo, una brújula que permite a la barca de la Iglesia avanzar mar adentro, en medio de tempestades o de ondas serenas y tranquilas, para navegar segura y llegar a la meta.”

Hasta ahora el Santo Padre Benedicto XVI nos ha regalado  nueve reflexiones:

Audiencia general 24 de octubre 2012: El Año de la fe. ¿Qué es la fe? 
Audiencia general  31 de octubre 2012 El Año de la fe. La fe de la Iglesia 
AudienciaGeneral 7 de noviembre 2012:    El Año de la fe. El deseo de Dios 
AudienciaGeneral 14 de noviembre 2012: El Año de la fe. Los caminos que conducen al conocimiento de Dios  
Audiencia general 21 de noviembre 2012: El Año de la fe. La razonabilidad de la fe en Dios   
Audienciageneral 28 de noviembre 2012: El Año de la fe. ¿Cómo hablar de Dios? 
Audienciageneral 5 de diciembre de 2012: El Año de la fe. Dios revela su «designio de benevolencia»  Audiencia general 12 de diciembre 2012 : El Año de la fe. Las etapas de la Revelación 

Para seguir las demás audiencias invito visitar el sitio de la Santa Sede Papa Benedicto XVI Audiencias generales. 

domingo, 1 de enero de 2012

Educar a los jóvenes en la justicia y la paz



“Se ha de transmitir a los jóvenes el aprecio por el valor positivo de la vida, suscitando en ellos el deseo de gastarla al servicio del bien. Éste es un deber en el que todos estamos comprometidos en primera persona. Las preocupaciones manifestadas en estos últimos tiempos por muchos jóvenes en diversas regiones del mundo expresan el deseo de mirar con fundada esperanza el futuro. En la actualidad, muchos son los aspectos que les preocupan: el deseo de recibir una formación que los prepare con más profundidad a afrontar la realidad, la dificultad de formar una familia y encontrar un puesto estable de trabajo, la capacidad efectiva de contribuir al mundo de la política, de la cultura y de la economía, para edificar una sociedad con un rostro más humano y solidario. Es importante que estos fermentos, y el impulso idealista que contienen, encuentren la justa atención en todos los sectores de la sociedad. La Iglesia mira a los jóvenes con esperanza, confía en ellos y los anima a buscar la verdad, a defender el bien común, a tener una perspectiva abierta sobre el mundo y ojos capaces de ver «cosas nuevas» (Is 42,9; 48,6).

[…]

Educar en la Verdad y en la Libertad

“…para educar en la verdad es necesario saber sobre todo quién es la persona humana, conocer su naturaleza…. ¿Quién es el hombre? El hombre es un ser que alberga en su corazón una sed de infinito, una sed de verdad –no parcial, sino capaz de explicar el sentido de la vida– porque ha sido creado a imagen y semejanza de Dios.

“…..es cometido de la educación el formar en la auténtica libertad. Ésta no es la ausencia de vínculos o el dominio del libre albedrío, no es el absolutismo del yo. El hombre que cree ser absoluto, no depender de nada ni de nadie, que puede hacer todo lo que se le antoja, termina por contradecir la verdad del propio ser, perdiendo su libertad. Por el contrario, el hombre es un ser relacional, que vive en relación con los otros y, sobre todo, con Dios. La auténtica libertad nunca se puede alcanzar alejándose de Él.”

[…]

Educar en la Justicia

La justicia, en efecto, no es una simple convención humana, ya que lo que es justo no está determinado originariamente por la ley positiva, sino por la identidad profunda del ser humano. La visión integral del hombre es lo que permite no caer en una concepción contractualista de la justicia y abrir también para ella el horizonte de la solidaridad y del amor[6].

[…]

Educar en la paz

«La paz no es sólo ausencia de guerra y no se limita a asegurar el equilibrio de fuerzas adversas. La paz no puede alcanzarse en la tierra sin la salvaguardia de los bienes de las personas, la libre comunicación entre los seres humanos, el respeto de la dignidad de las personas y de los pueblos, la práctica asidua de la fraternidad»[8].La paz es fruto de la justicia y efecto de la caridad. Y es ante todo don de Dios. Los cristianos creemos que Cristo es nuestra verdadera paz: en Él, en su cruz, Dios ha reconciliado consigo al mundo y ha destruido las barreras que nos separaban a unos de otros (cf. Ef 2,14-18); en Él, hay una única familia reconciliada en el amor. Pero la paz no es sólo un don que se recibe, sino también una obra que se ha de construir. Para ser verdaderamente constructores de la paz, debemos ser educados en la compasión, la solidaridad, la colaboración, la fraternidad; hemos de ser activos dentro de las comunidades y atentos a despertar las consciencias sobre las cuestiones nacionales e internacionales, así como sobre la importancia de buscar modos adecuados de redistribución de la riqueza, de promoción del crecimiento, de la cooperación al desarrollo y de la resolución de los conflictos.”

Levantar los ojos a Dios

“Ante el difícil desafío que supone recorrer la vía de la justicia y de la paz, podemos sentirnos tentados de preguntarnos como el salmista: «Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio?» (Sal 121,1). Deseo decir con fuerza a todos, y particularmente a los jóvenes: «No son las ideologías las que salvan el mundo, sino sólo dirigir la mirada al Dios viviente, que es nuestro creador, el garante de nuestra libertad, el garante de lo que es realmente bueno y auténtico [...], mirar a Dios, que es la medida de lo que es justo y, al mismo tiempo, es el amor eterno. Y ¿qué puede salvarnos sino el amor?»[9]. El amor se complace en la verdad, es la fuerza que nos hace capaces de comprometernos con la verdad, la justicia, la paz, porque todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta (cf. 1 Co 13,1-13).”

A los Jóvenes

“Queridos jóvenes, vosotros sois un don precioso para la sociedad. No os dejéis vencer por el desánimo ante las dificultades y no os entreguéis a las falsas soluciones, que con frecuencia se presentan como el camino más fácil para superar los problemas. No tengáis miedo de comprometeros, de hacer frente al esfuerzo y al sacrificio, de elegir los caminos que requieren fidelidad y constancia, humildad y dedicación. Vivid con confianza vuestra juventud y esos profundos deseos de felicidad, verdad, belleza y amor verdadero que experimentáis. Vivid con intensidad esta etapa de vuestra vida tan rica y llena de entusiasmo. Sed conscientes de que vosotros sois un ejemplo y estímulo para los adultos, y lo seréis cuanto más os esforcéis por superar las injusticias y la corrupción, cuanto más deseéis un futuro mejor y os comprometáis en construirlo. Sed conscientes de vuestras capacidades y nunca os encerréis en vosotros mismos, sino sabed trabajar por un futuro más luminoso para todos. Nunca estáis solos. La Iglesia confía en vosotros, os sigue, os anima y desea ofreceros lo que tiene de más valor: la posibilidad de levantar los ojos hacia Dios, de encontrar a Jesucristo, Aquel que es la justicia y la paz.”

jueves, 22 de diciembre de 2011

“Estuve en la cárcel y vinisteis a verme” (Mt 25, 36)

Visitar una cárcel es un tema sensible y humano. Para mí un tema casi en la cima de la solidaridad, no obstante una decisión compleja y quizás por eso nos resulta más fácil tomar otros caminos, entre las innumerables sendas que se nos presentan en nuestro andar cristiano por la vida, para compartir algo de nosotros con el prójimo.

“Quien se encuentra en prisión piensa con nostalgia o con remordimiento en los tiempos en que era libre, y sufre con amargura el momento presente, que parece no pasar nunca. ….Me presento a vosotros como testigo del amor de Dios. Vengo a deciros que Dios os ama y desea que recorráis un itinerario de rehabilitación y de perdón, de verdad y de justicia” Decía el Papa Juan Pablo II en su visita a la cárcel Regina Caeli de Roma dentro del marco del Jubileo del 2000.
Si, rehabilitación y perdón necesariamente imprescindibles, pero en la verdad y en la justicia. Y no siempre es ese el caso. “Rehabilitación” (o “readaptación social” y “perdón” serían a veces innecesarios si existiese verdad y justicia, tema tan sensible porque generalmente son los presos políticos quienes menos gozan de estas prioridades y se les exige rehabilitación y hasta perdón por “ofensas” o “crímenes” no cometidos. Era común en las cárceles comunistas. Así lo fue también en Eslovenia. Lo digo en honor a mi padre que estuvo preso casi diez años (le faltaban algunos meses al ser amnistiado) solamente por pensar diferente, por no ser de “ellos”, por negarse a formar parte de sus filas, situación lamentablemente aun presente en nuestro mundo de hoy.

Visitar la cárcel es una visita fuerte también para los Papas, que visitando la cárcel de Roma visitan simbólicamente todas las cárceles del mundo. Lo fue de manera especial para Juan Pablo II y lo es para Benedicto XVI, con emociones seguramente encontradas de caridad, presencia y recuerdos amargos y tristes de su juventud justamente por haber vivido épocas tenebrosas, cada uno en su patria.

Fuerte a su vez para los presos mismos que los reciben con emoción y profundo agradecimiento. La visita del Papa trae alegría a la cárcel de Rebibbia, alegría y emoción, según lo han demostrado los presos en diversas oportunidades. Se los veía felices con Juan Pablo II. Ahora el Papa Benedicto ha “conversado” con ellos, respondiendo a sus preguntas, haciéndoles llegar su cercanía y su comprensión en su visita del pasado domingo, cuarto de Adviento.

Reflexionando debemos admitir que en en las cárceles también se encuentran muchos de aquellos que no han tenido oportunidad de ver la vida de otra manera, ni habrán gozado del don de ser escuchados o amados, que quizás nunca han compartido ni siquiera un momento de aquellos que nos hacen más humanos y felices.

En esta Navidad el Santo Padre Benedicto XVI en su encuentro con los presos respondiendo a uno de ellos que le decía que lo quiere decía: “Yo también te quiero mucho….y tengo que preguntarme” (y debemos preguntarnos nosotros) “¿He cumplido el imperativo del Señor? He venido aquí porque sé que en vosotros me espera el Señor, que necesitáis que se os reconozca humanamente y que necesitáis la presencia del Señor que en el Juicio Final nos pedirá cuentas de ello; por eso espero que estos centros cumplan cada vez más con el objetivo de ayudar a los detenidos a reencontrarse, a reconciliarse con los demás, con Dios, para incorporarse de nuevo a la sociedad y ayudar al progreso de la humanidad”.

jueves, 18 de agosto de 2011

Todos quisiéramos ver a Jesús

Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe”(cf. Col 2, 7)



“También nosotros quisiéramos poder ver a Jesús, poder hablar con Él, sentir más intensamente aún su presencia. A muchos se les hace hoy difícil el acceso a Jesús. Muchas de las imágenes que circulan de Jesús, y que se hacen pasar por científicas, le quitan su grandeza y la singularidad de su persona.
Por ello, a lo largo de mis años de estudio y meditación, fui madurando la idea de transmitir en un libro algo de mi encuentro personal con Jesús, para ayudar de alguna forma a ver, escuchar y tocar al Señor, en quien Dios nos ha salido al encuentro para darse a conocer. De hecho, Jesús mismo, apareciéndose nuevamente a los discípulos después de ocho días, dice a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino creyente» (Jn 20, 27).
También para nosotros es posible tener un contacto sensible con Jesús, meter, por así decir, la mano en las señales de su Pasión, las señales de su amor. En los Sacramentos, Él se nos acerca en modo particular, se nos entrega.
Queridos jóvenes, aprended a “ver”, a “encontrar” a Jesús en la Eucaristía, donde está presente y cercano hasta entregarse como alimento para nuestro camino; en el Sacramento de la Penitencia, donde el Señor manifiesta su misericordia ofreciéndonos siempre su perdón. Reconoced y servid a Jesús también en los pobres y enfermos, en los hermanos que están en dificultad y necesitan ayuda.”


jueves, 11 de agosto de 2011

Dejarse «llenar» por el silencio y la belleza de la Creación


En preciosas palabras y en pleno periodo de vacaciones en el hemisferio norte, en la Audiencia General de esta semana - en vísperas de la memoria de Santa Clara de Asis que celebramos hoy - el Santo Padre Benedicto XVI ha querido recalcar el valor del silencio y los «oasis» del espíritu, señalando San Damián como uno de aquellos lugares donde “Dios habla a la humanidad”.

Personalmente estuve solo una vez en Asís, lugar tan preciado, pero esa visita me ha quedado grabada profundamente. Recuerdo que ya “abajo” en el valle antes de subir a Asis, en la Basilica de Santa Maria de los Angeles vivimos momentos especiales en la Porciuncula. Luego llegar hasta Asis fue abrirnos como a un sueño. En un dia verdaderamente excepcional, el sol parecía brillar más, todo estaba en flor. Fue como adentrarnos en la maravillosa película “Hermano sol, Hermana Luna”. Realmente bello. Pero lo que más me llamo la atención fue un joven franciscano, sencillo con una sonrisa a flor de labio, atento a las visitas, dispuesto a responder preguntas, como suspendido en el aire, un pequeño San Francisco….. caminando de aquí para allá por el patio de San Damian donde está el pozo milagroso…..

Queridos hermanos y hermanas: decía el santo Padre en la Audiencia desde Castelgandolfo:
“En cada época, hombres y mujeres que consagraron su vida a Dios en la oración —como los monjes y las monjas— establecieron sus comunidades en lugares particularmente bellos, en el campo, sobre las colinas, en los valles de las montañas, a la orilla de lagos o del mar, o incluso en pequeñas islas. Estos lugares unen dos elementos muy importantes para la vida contemplativa: la belleza de la creación, que remite a la belleza del Creador, y el silencio, garantizado por la lejanía respecto a las ciudades y a las grandes vías de comunicación. El silencio es la condición ambiental que mejor favorece el recogimiento, la escucha de Dios y la meditación. Ya el hecho mismo de gustar el silencio, de dejarse, por decirlo así, «llenar» por el silencio, nos predispone a la oración. El gran profeta Elías, sobre el monte Horeb —es decir, el Sinaí— presencia un huracán, luego un terremoto, y, por último, relámpagos de fuego, pero no reconoce en ellos la voz de Dios; la reconoce, en cambio, en una brisa suave (cf. 1 R 19, 11-13). Dios habla en el silencio, pero es necesario saberlo escuchar. Por ello los monasterios son oasis en los que Dios habla a la humanidad; y en ellos se encuentra el claustro, lugar simbólico, porque es un espacio cerrado, pero abierto hacia el cielo.
Mañana, queridos amigos, haremos memoria de santa Clara de Asís. Por ello me complace recordar uno de estos «oasis» del espíritu apreciado de manera especial por la familia franciscana y por todos los cristianos: el pequeño convento de San Damián, situado un poco más abajo de la ciudad de Asís, en medio de los olivos que descienden hacia Santa María de los Ángeles. Junto a esta pequeña iglesia, que san Francisco restauró después de su conversión, Clara y las primeras compañeras establecieron su comunidad, viviendo de la oración y de pequeños trabajos. Se llamaban las «Hermanas pobres», y su «forma de vida» era la misma que llevaban los Frailes Menores: «Observar el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo» (Regla de santa Clara, I, 2), conservando la unión de la caridad recíproca (cf. ib., X, 7) y observando en particular la pobreza y la humildad vivida por Jesús y por su santísima Madre (cf. ib., XII, 13).
El silencio y la belleza del lugar en el que vive la comunidad monástica —belleza sencilla y austera— constituyen como un reflejo de la armonía espiritual que la comunidad misma intenta realizar. El mundo está lleno de estos oasis del espíritu, algunos muy antiguos, sobre todo en Europa, otros recientes, otros restaurados por nuevas comunidades. Mirando las cosas desde una perspectiva espiritual, estos lugares del espíritu son la estructura fundamental del mundo. Y no es casualidad que muchas personas, especialmente en los períodos de descanso, visiten estos lugares y se detengan en ellos durante algunos días: también el alma, gracias a Dios, tiene sus exigencias.
Recordemos, por tanto, a santa Clara. Pero recordemos también a otras figuras de santos que nos hablan de la importancia de dirigir la mirada a las «cosas del cielo», como santa Edith Stein, Teresa Benedicta de la Cruz, carmelita, copatrona de Europa, que celebramos ayer. Y hoy, 10 de agosto, no podemos olvidar a san Lorenzo, diácono y mártir, con un augurio especial a los romanos, que desde siempre lo veneran como uno de sus patronos. Por último, dirijamos nuestra mirada a la Virgen María, para que nos enseñe a amar el silencio y la oración.

11 de agosto de 2011
(fuente Osservatore Romano)


sábado, 2 de julio de 2011

60 años de sacerdocio de Benedicto XVI, un Papa maestro





«Non iam dicam servos, sed amicos» - «Ya no os llamo siervos, sino amigos» (cf. Jn 15,15). Sesenta años después de mi Ordenación sacerdotal, siento todavía resonar en mi interior estas palabras de Jesús…



(Homilía del Santo Padre Benedicto XVI en la SOLEMNIDAD DE LOS APÓSTOLES SAN PEDRO Y SAN PABLO





Tuve problemas con mi pc (ordenador) y me perdí la oportunidad de publicar varios posts, pero aunque sea tarde no quería pasar por alto el largo camino de sacerdote del Santo Padre Benedicto XVI desde aquel 29 de junio de 1951 dia de su ordenación sacerdotal, día que durante su primera visita a tierras bávaras como Papa recordaba “con gran alegría” reflexionando:
“cuando estaba yo postrado en tierra – decía -y en cierto modo envuelto por las letanías de todos los santos, por la intercesión de todos los santos, caí en la cuenta de que en este camino no estamos solos, sino que el gran ejército de los santos camina con nosotros, y los santos aún vivos, los fieles de hoy y de mañana, nos sostienen y nos acompañan. Luego vino el momento de la imposición de las manos... y, por último, cuando el cardenal Faulhaber nos dijo: "Iam non dico vos servos, sed amicos", "Ya no os llamo siervos, sino amigos", experimenté la ordenación sacerdotal como inserción en la comunidad de los amigos de Jesús, llamados a estar con él y a anunciar su mensaje. Luego, el recuerdo de que yo mismo aquí ordené a sacerdotes y diáconos, que ahora trabajan al servicio del Evangelio y durante muchos años —ya son decenios— han transmitido el mensaje y lo siguen haciendo.”

Y después de muchos años de actividad universitaria en 1977 le costaba despedirse de los claustros “pues el paso de la cátedra universitaria al servicio de arzobispo de Munich y Freising era un salto enorme” y se encontró con la “difícil opción de aceptar o rechazar el nombramiento de arzobispo de Munich y Freising, que me sacaría de mi acostumbrada actividad universitaria llevándome hacia nuevas tareas y nuevas responsabilidades, reflexioné mucho…”

le confiaba a sacerdotes y diáconos permanentes en el encuentro en la Catedral de Santa Maria y San Corbiniano.


Y algo más tarde en 1982, debió despedirse nuevamente para irse más lejos y ya quedarse en Roma definitivamente cuando Juan Pablo II le nombra Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y Presidente de la Pontificia Comisión Bíblica y de la Comisión Teológica Internacional, momento que Juan Pablo II recordaba en su carta al cardenal Ratzinger en el 50 aniversario de su ordenación sacerdotal “Hace 20 años le pedí colaborar a tiempo completo como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Desde entonces no ha dejado de prodigar sus energías intelectuales y morales para fomentar y tutelar la doctrina sobre la fe y las costumbres en todo el orbe católico (cf. Constitución Apostólica Pastor Bonus, n. 48), mientras alentaba estudios dirigidos a aumentar el conocimiento de la fe para responder convenientemente a los nuevos problemas que surgen del progreso de la ciencia y la civilización, a la luz de la Palabra de Dios (cf. ibid., n. 49).


Después de muchos años al servicio de la Iglesia con sede en Roma, el Cardenal Joseph Ratzinger soñaba retirarse y regresar a su querida tierra bávara. También él como Juan Pablo II extrañaba su terruño. Pero la respuesta de su amigo fue "No es preciso que escriba la carta, pues yo quiero seguir teniéndolo conmigo hasta el final". Quizás también intuía lo que vendría después…. Y que no era prudente alejarse del corazón de la Iglesia…..



miércoles, 10 de noviembre de 2010

Benedicto XVI “peregrino entre peregrinos”



En la Audiencia de hoy miércoles 10 de noviembre 2010 el Santo Padre Benedicto XVI dibujo en brevísimas palabras, cargadas de significado, el objetivo de su visita apostólica a España, “abrazando a "la humanidad entera"” según Sandro Magíster.

“Quisiera hoy recordar con vosotros el Viaje Apostólico a Santiago de Compostela y Barcelona, que realicé el fin de semana pasado.
Me dirigí allí para confirmar en la fe a mis hermanos. En este Año Santo, quise visitar la Casa del Apóstol Santiago, como peregrino entre los peregrinos, para confiarle los trabajos y anhelos de todos los hijos de la Iglesia en España y Europa. Al día siguiente viajé a Barcelona, donde tuve la alegría de dedicar el templo de la Sagrada Familia, al que quise, además, declarar Basílica menor. Esa obra del genial arquitecto Antoni Gaudí es una alabanza a Dios hecha en piedra. Por la tarde, visité la Obra benéfico-social del Nen Déu, iniciativa eclesial donde se pone de manifiesto que la caridad es el distintivo de la condición cristiana.”

Tres actitudes clave en la vida del cristiano: orar, alabar, practicar la caridad, que el Papa expreso en tres momentos precisos: orar con humildad “peregrino entre peregrinos”, alabar a Dios apreciando la belleza del genio humano que nos invita a alzar nuestra mirada hacia el ”absoluto de la luz y de Aquel que es la Luz, la Altura y la Belleza misma” (*) sin olvidar el imperativo de la caridad “poniendo de manifiesto que, para el cristiano, todo hombre es un verdadero santuario de Dios, que ha de ser tratado con sumo respeto y cariño, sobre todo cuando se encuentra en necesidad.”
(*) significativamente en el Templo de la Sagrada Familia. “Fe, arte y familia” eran los temas que marcaban esta visita eminentemente apostólica decía el padre Lombardi.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Benedicto XVI en el templo de la Sagrada Familia, Barcelona


En ese majestuoso y enigmático templo de la Sagrada Familia que hoy consagraba y honraba con el titulo de Basílica menor el Santo Padre Benedicto XVI nos invitaba a recorrer el camino desde los orígenes que fueron los pilares de la imaginación del genial Gaudi quien “quiso unir la inspiración que le llegaba de los tres grandes libros en los que se alimentaba como hombre, como creyente y como arquitecto: el libro de la naturaleza, el libro de la Sagrada Escritura y el libro de la Liturgia. Así unió – decìa el Santo Padre - la realidad del mundo y la historia de la salvación, tal como nos es narrada en la Biblia y actualizada en la Liturgia. Introdujo piedras, árboles y vida humana dentro del templo, para que toda la creación convergiera en la alabanza divina, pero al mismo tiempo sacó los retablos afuera, para poner ante los hombres el misterio de Dios revelado en el nacimiento, pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. De este modo, colaboró genialmente a la edificación de la conciencia humana anclada en el mundo, abierta a Dios, iluminada y santificada por Cristo. E hizo algo que es una de las tareas más importantes hoy: superar la escisión entre conciencia humana y conciencia cristiana, entre existencia en este mundo temporal y apertura a una vida eterna, entre belleza de las cosas y Dios como Belleza.
Y en preciosas palabras engarzando lo divino con la belleza de la obra del hombre para gloria de Dios, agregaba el Santo Padre
“Esto lo realizó Antoni Gaudí no con palabras sino con piedras, trazos, planos y cumbres. Y es que la belleza es la gran necesidad del hombre; es la raíz de la que brota el tronco de nuestra paz y los frutos de nuestra esperanza. La belleza es también reveladora de Dios porque, como Él, la obra bella es pura gratuidad, invita a la libertad y arranca del egoísmo…. pienso que la dedicación de este templo de la Sagrada Familia, en una época en la que el hombre pretende edificar su vida de espaldas a Dios, como si ya no tuviera nada que decirle, resulta un hecho de gran significado. Gaudí, con su obra, nos muestra que Dios es la verdadera medida del hombre. Que el secreto de la auténtica originalidad está, como decía él, en volver al origen que es Dios. Él mismo, abriendo así su espíritu a Dios ha sido capaz de crear en esta ciudad un espacio de belleza, de fe y de esperanza, que lleva al hombre al encuentro con quien es la Verdad y la Belleza misma. Así expresaba el arquitecto sus sentimientos: «Un templo [es] la única cosa digna de representar el sentir de un pueblo, ya que la religión es la cosa más elevada en el hombre».”

lunes, 19 de julio de 2010

“ viéndole rezar, comprendí, no sólo vi, que era un hombre de Dios” Benedicto XVI

La entrevista al Santo Padre Benedicto XVI divulgada por la televisión polaca el domingo 16 de octubre de 2005, había sido publicada en varios medios y también por Internet. Si llevo buen registro, creo que nunca la mencioné en este blog, por eso no quiero pasar por alto esta oportunidad en que ha sido publicada nuevamente por el blog Catolicos Unidos de Costa Rica, que invito visitar para leer el texto completo.

“el primer encuentro personal tuvo lugar en el cónclave del 78. Desde el comienzo he sentido una gran simpatía por él y gracias a Dios, el cardenal de aquel tiempo me otorgó desde el principio su amistad, inmerecida por mi parte. Estoy agradecido por la confianza que me dio, sin mérito mío alguno. Sobre todo, viéndole rezar, comprendí, no sólo vi, que era un hombre de Dios. Esta era la impresión fundamental: un hombre que vive con Dios, más aún en Dios. Además me ha impresionado la cordialidad, sin prejuicios, con la que se ha encontrado conmigo. En estos encuentros del pre-cónclave de los cardenales tomó la palabra en diversas ocasiones y ahí tuve también la posibilidad de percibir su estatura de pensador. Sin grandes palabras así surgió una amistad, desde el corazón y, nada más producirse su elección, el Papa me llamó en diversas ocasiones a Roma para charlar y al final me nombró Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.”

(de la entrevista realizada por la TV polaca al Santo Padre Benedicto XVI)

jueves, 27 de agosto de 2009

Santa Monica, mujer sabia y firme en la fe


“Hoy, 27 de agosto, recordamos a santa Mónica y mañana recordaremos a su hijo, san Agustín: sus testimonios pueden ser de gran consuelo y ayuda también para muchas familias de nuestro tiempo. Mónica, nacida en Tagaste, actual Souk-Aharás, Argelia, en una familia cristiana, vivió de manera ejemplar su misión de esposa y madre, ayudando a su marido Patricio a descubrir la belleza de la fe en Cristo y la fuerza del amor evangélico, capaz de vencer el mal con el bien. Tras la muerte de él, ocurrida precozmente, Mónica se dedicó con valentía al cuidado de sus tres hijos, entre ellos san Agustín, el cual al principio la hizo sufrir con su temperamento más bien rebelde.
Como dirá después san Agustín, su madre lo engendró dos veces; la segunda requirió largos dolores espirituales, con oraciones y lágrimas, pero que al final culminaron con la alegría no sólo de verle abrazar la fe y recibir el bautismo, sino también de dedicarse enteramente al servicio de Cristo. ¡Cuántas dificultades existen también hoy en las relaciones familiares y cuántas madres están angustiadas porque sus hijos se encaminan por senderos equivocados!
Mónica, mujer sabia y firme en la fe, las invita a no desalentarse, sino a perseverar en la misión de esposas y madres, manteniendo firme la confianza en Dios y aferrándose con perseverancia a la oración”

(del Angelus del Santo Padre Benedicto XVI – 27 de agosto 2006)

domingo, 21 de junio de 2009

Benedicto XVI en San Giovanni Rotondo


Con inmensa alegría y orgullo los hermanos del Convento de Frailes Capuchinos Santa Maria delle Grazie y la ciudad toda de San Giovanni Rotondo le dan hoy la bienvenida al Santo Padre Benedicto XVI en su visita pastoral a este lugar donde vivió 52 años de su santa vida el Padre Pío de Pietrelcina. Allí también ahora descansan sus restos en la monumental Basílica.
“Este hombre sencillo, un "pobre fraile" - como decía él al que Dios encomendó el mensaje perenne de su Amor crucificado por toda la humanidad”.(Benedicto XVI) fue proclamado beato por el Siervo de Dios Juan Pablo II el 2 de mayo de 1999 y canonizado el 16 de junio de 2002.
En San Giovanni Rotondo el Santo Padre hará una visita privada a la Basílica, luego visitara la celda del Padre Pío y se dirigirá a la cripta para rezar ante el cuerpo del Santo. Allí encenderá dos lámparas ante la urna, como símbolo de las visitas apostólicos de los últimos dos Pontífices y a las 10.30 presidirá la concelebración de la Santa Misa ante la Basílica y el rezo del Angelus.

Por la tarde se encontrará con los enfermos, personal médico y autoridades de la Casa Alivio del Sufrimiento “brotada del corazón del pare Pio, ardiente de caridad”, que el santo Padre Pio no quiso se llamase hospital sino "casa" para que el enfermo, especialmente el pobre, se sintiera a gusto en ella, acogido en un clima familiar, y para que en esta casa pudiera encontrar "alivio" en su sufrimiento. Alivio gracias a dos fuerzas convergentes: la oración y la ciencia” como explicaba el Santo Padre Benedicto en su discurso a una peregrinación de personas y grupos de oración vinculadas al Padre Pio el 16 de octubre de 2006

Y previo encuentro en la Basílica con sacerdotes y religiosos el Papa partirá hacia el Vaticano a las 18.30

Invito visitar mis posts anteriores:
El Santo Padre Pio y mi visita a San Giovanni Rotondo

viernes, 19 de junio de 2009

Año sacerdotal 2009/2010 - San Juan Maria Vianney proclamado “Patrono de todos los sacerdotes del mundo”




Con ocasión del 150 aniversario del “dies natalis” de Juan María Vianney, Santo Patrón de todos los párrocos del mundo, el Santo Padre Benedicto XVI ha convocado a un “Año Sacerdotal” que comienza hoy 19 de junio de 2009 y concluirá en la misma solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús en 2010, ocasión en la cual se prevé la llegada a Roma de sacerdotes de todo el mundo. Previa apertura el Santo Padre Benedicto XVI acogió las reliquias de san Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars que fueron traídas por el Obispo de esta diócesis francesa y dedicó a los sacerdotes una preciosa Carta. La Congregación para el Clero también ha querido acompañar a los sacerdotes del mundo inaugurando una nueva página web.

De la carta del Santo Padre Benedicto XVI a los sacerdotes: “El Sacerdocio es el amor del corazón de Jesús”, repetía con frecuencia el Santo Cura de Ars. “Esta conmovedora expresión” – dice el Santo Padre en su Carta “nos da pie para reconocer con devoción y admiración el inmenso don que suponen los sacerdotes, no sólo para la Iglesia, sino también para la humanidad misma…. a ejemplo de ese “Santo Cura de Ars que supo hacerse presente en todo el territorio de su parroquia….: que enseñaba a sus parroquianos sobre todo con el testimonio de su vida” “No hay necesidad de hablar mucho para orar bien”, les decìa ”sabemos que Jesús está allí, en el sagrario: abrámosle nuestro corazón, alegrémonos de su presencia. Ésta es la mejor oración” Y les persuadía: “Venid a comulgar, hijos míos, venid donde Jesús. Venid a vivir de Él para poder vivir con Él…” Este santo sacerdote que “contemplaba la hostia con amor” les aseguraba a los fieles que “todas las buenas obras juntas no son comparables al Sacrificio de la Misa, porque son obras de hombres, mientras la Santa Misa es obra de Dios” Intentaba también por todos los medios –dice el Santo Padre “que sus parroquianos redescubriesen el significado y la belleza de la Penitencia sacramental, mostrándola como una íntima exigencia de la presencia eucarística. Supo iniciar así un “círculo virtuoso”.y “con su prolongado estar ante el sagrario en la Iglesia, consiguió que los fieles comenzasen a imitarlo, yendo a visitar a Jesús, seguros de que allí encontrarían también a su párroco, disponible para escucharlos y perdonarlos. Al final, una muchedumbre cada vez mayor de penitentes, provenientes de toda Francia, lo retenía en el confesionario hasta 16 horas al día….convirtiendo a Ars en “el gran hospital de las almas”…… En su carta el Santo Padre invita a los sacerdotes que a ejemplo del Cura de Ars se distingan por un vigoroso testimonio evangélico, con su vida y obras y cita a Pablo VI que había observado “El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escucha a los que enseñan, es porque dan testimonio”. El Santo Padre también invita a los sacerdotes en este Año dedicado a ellos “a percibir la nueva primavera que el Espíritu está suscitando en nuestros días en la Iglesia, a la que los Movimientos eclesiales y las nuevas Comunidades han contribuido positivamente” .y “a descubrir mediante el sentido de la fe los múltiples carismas de los laicos”. Termina la carta pidiéndole la Santísima Virgen María que “suscite en cada presbítero un generoso y renovado impulso de los ideales de total donación a Cristo y a la Iglesia que inspiraron el pensamiento y la tarea del Santo Cura de Ars. Con su ferviente vida de oración y su apasionado amor a Jesús crucificado” Pide que “su ejemplo fomente en los sacerdotes el testimonio de unidad con el Obispo, entre ellos y con los laicos, tan necesario hoy como siempre” y “que la fe en el Maestro divino nos de la fuerza para mirar con confianza el futuro” Cristo cuenta con vosotros – les dice a los sacerdotes – “A ejemplo del Santo Cura de Ars, dejaos conquistar por Él y seréis también vosotros, en el mundo de hoy, mensajeros de esperanza, reconciliación y paz”. Recemos por los sacerdotes de nuestras parroquias, de nuestro país, del mundo entero y por nuevas vocaciones.

Invito visitar mi post anterior: San Juan Maria Vianney – el cura de Ars

domingo, 12 de abril de 2009

PASCUA 2009

FELICES Y SANTAS PASCUAS DE RESURRECCION A TODOS!

«Resurrectio Domini, spes nostra».
"La resurrección de Cristo es nuestra esperanza. La Iglesia proclama hoy esto con alegría: anuncia la esperanza, que Dios ha hecho firme e invencible resucitando a Jesucristo de entre los muertos; comunica la esperanza, que lleva en el corazón y quiere compartir con todos, en cualquier lugar, especialmente allí donde los cristianos sufren persecución a causa de su fe y su compromiso por la justicia y la paz; invoca la esperanza capaz de avivar el deseo del bien, también y sobre todo cuando cuesta. Hoy la Iglesia canta «el día en que actuó el Señor» e invita al gozo. Hoy la Iglesia ora, invoca a María, Estrella de la Esperanza, para que conduzca a la humanidad hacia el puerto seguro de la salvación, que es el corazón de Cristo, la Víctima pascual, el Cordero que «ha redimido al mundo», el Inocente que nos «ha reconciliado a nosotros, pecadores, con el Padre».

A Él, Rey victorioso, a Él, crucificado y resucitado, gritamos con alegría nuestro Alleluia. "
(del Mensaje Urbi et Orbi de su Santidad Benedicto XVI)

viernes, 10 de abril de 2009

Contemplando a Cristo


Ya es de noche. Contemplando a Cristo muerto en la cruz, pienso en tantas injusticias y sufrimientos que prolongan su pasión en todos los rincones de la tierra. Pienso en los lugares donde el hombre es ofendido y humillado, maltratado y explotado. En cada persona herida por el odio y la violencia, o marginada por el egoísmo y la indiferencia, Cristo sigue sufriendo y muriendo. En los rostros de los «derrotados en la vida» se dibujan las facciones del rostro de Cristo que muere en la cruz. Ave, crux, spes unica! De la cruz brota también hoy la esperanza para todos.
Hombres y mujeres de nuestro tiempo, dirigid la mirada hacia el crucificado. Por amor él dio su vida por nosotros. Fiel y dócil a la voluntad del Padre, es ejemplo y aliento para nosotros. Precisamente por esta obediencia filial, el Padre «lo exaltó y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre» (Flp 2, 9).
Que toda lengua proclame que «Cristo Jesús es Señor, para gloria de Dios Padre» (Flp 2, 11
)”.
Y esta noche santa nos unimos en silencio y recogimiento a la plegaria del Santo Padre Benedicto XVI que nos invita a rezar especialmente por todos los que sufren la terrible tragedia en L'Aquila:
Al elevarse la cruz en el Gólgota, los ojos de nuestra fe ya se orientan hacia el alba del nuevo Día, y comenzamos a saborear el gozo y el esplendor de la Pascua. “Y si morimos con Cristo” escribe san Pablo “creemos que también viviremos con El” (Rom 6:8) Convencidos de ello prosigamos nuestro camino. Mañana, Sábado Santo, observaremos y rezaremos con Maria, Madre de los Dolores, rezaremos con todos aquellos que sufren: rezaremos especialmente por todos aquellos que sufren en L'Aquila , azotada por el terremoto. Rezaremos para que en esta noche oscura, asome para ellos la estrella de la esperanza, la luz del Señor Resucitado.”

jueves, 9 de abril de 2009

Semana Santa “la semana mas importante del año”


Decia ayer en la Audiencia General el Santo Padre Benedicto XVI:
“La Semana Santa, que para nosotros los cristianos es la semana más importante del año, nos ofrece la oportunidad de actualizar los misterios centrales de la Redención. Desde mañana por la tarde, con la Misa de la Cena del Señor, los solemnes ritos litúrgicos nos ayudarán a meditar de forma más viva la pasión, muerte y resurrección del Señor. La Misa crismal es como un preludio al Triduo pascual. En ella se bendice el óleo de los catecúmenos y de los enfermos y se consagra el Santo Crisma. Se renuevan también las promesas sacerdotales pronunciadas el día de la Ordenación. Esta celebración tiene este año un significado particular, pues será casi como una preparación al Año Sacerdotal, que he convocado con ocasión del ciento cincuenta aniversario de la muerte del Santo Cura de Ars, y que se inaugurará el próximo día diecinueve de junio. En estos días santos nos acompaña la Santísima Virgen. Con Ella entraremos en el cenáculo, permaneceremos junto a la Cruz y estaremos idealmente junto a Cristo muerto aguardando con esperanza la aurora del día glorioso de la Resurrección”.

viernes, 3 de abril de 2009

Juan Pablo II y Benedicto XVI - "¡No tengais miedo!"


Al dolor por la partida de Juan Pablo II, le siguió la confirmación grafica y mediática, pero sobre todo humana que la Iglesia está viva, y que el andar por el mundo de Juan Pablo II sembrando la esperanza había calado hondo en todos los estratos sociales y en todas las edades, sobre todo en los jóvenes a quienes literalmente “cautivó” con carisma pero con firmeza, casi exigiendo un cambio radical de vida si era necesario, optando por Cristo sin miedos ni condicionamientos.
Durante el funeral - algo jamás visto – “una experiencia realmente extraordinaria, en la que, de alguna manera, se percibió el poder de Dios que, a través de su Iglesia, quiere formar con todos los pueblos una gran familia mediante la fuerza unificadora de la Verdad y del Amor (cf. Lumen gentium, 1)” toda Roma tembló, se conmovió. Y el mundo también. Y quienes no tuvimos ocasión de palparlo directamente pudimos - gracias a los medios - sentirnos envueltos en esa atmósfera casi irreal, siguiendo las ceremonias paso a paso con santo estupor. No podía ser menos por alguien que había sacudido la fibra intima de nuestro ser más profundo, fortaleciéndonos en la fe y alentándonos a “cruzar el umbral de la esperanza”.
La tristeza se vio pronto inundada por la alegría de tener un nuevo Papa, un verdadero amigo suyo, un cardenal que en la Misa de Exequias delineara las etapas del “Sígueme” que había escogido Karol Wojtyla desde joven. Intuiría quizás el cardenal Ratzinger que habría de seguir sus pasos? Y que habría de prestar oído al procedimiento que su amigo había dejado establecido en la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis pidiendo al que “sea elegido que no renuncie al ministerio al que es llamado por temor a su carga, sino que se someta humildemente al designio de la voluntad divina. En efecto, Dios, al imponerle esta carga, lo sostendrá con su mano para que pueda llevarla; al conferirle un encargo tan gravoso, le dará también la ayuda para desempeñarlo y, al darle la dignidad, le concederá la fuerza para que no desfallezca bajo el peso del ministerio”.
Y así el Santo Padre Benedicto XVI, un verdadero sucesor-amigo, con estilo y personalidad diferente, pero de indiscutible similitud de grandeza nos explicaba en el primer mensaje del inicio de su ministerio petrino que no necesitaba “presentar un programa de gobierno. Algún rasgo – decía - de lo que considero mi tarea, la he podido exponer ya en mi mensaje del miércoles, 20 de abril…. Mi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas, sino de ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor y dejarme conducir por Él, de tal modo que sea él mismo quien conduzca a la Iglesia en esta hora de nuestra historia” .

Ya le habia anticipado a los cardenales electores (en un mensaje que merece una detallada lectura) que se abandonaba “humildemente en las manos de la Providencia de Dios” explicando que “esta íntima gratitud por el don de la misericordia divina prevalece en mi corazón, a pesar de todo. Y lo considero como una gracia especial que me ha obtenido mi venerado predecesor Juan Pablo II. Me parece sentir su mano fuerte que estrecha la mía; me parece ver sus ojos sonrientes y escuchar sus palabras, dirigidas en este momento particularmente a mí: "¡No tengas miedo!" emblemáticas palabras que el Papa Benedicto reiteraba al término de su Mensaje el 24 de abril de 2005 “No tengáis miedo de Cristo! El no quita nada, y lo da todo. Quien se da a él, recibe el ciento por ciento. Si, abrid de par en par las puertas a Cristo, y encontraréis la verdadera vida”.
Ayer en la homilia de la Misa conmemorando el cuarto aniversario de la muerte del Siervo de Dios Juan Pablo II, el Santo Padre Benedicto XVI después de saludar de manera particular a todos los jóvenes y en especial a los jóvenes polacos junto al cardenal Dziwisz, reiteró el llamado del Siervo de Dios Juan Pablo II en en la Vigilia de Oración del 19.08.2000 en Tor Vergata
«No tengáis miedo de entregaros a Él. Él os guiará, os dará la fuerza para seguirlo todos los días y en cada situación. » invitando a seguir los pasos de Juan Pablo II que no había tenido miedo de “proclamar a todos y siempre desde el inicio de su Pontificado hasta el 2 de abril de 2005” que
solo Jesús es el Salvador y el verdadero Liberador del hombre y de todo hombre”

martes, 24 de marzo de 2009

"Dios marca la diferencia"


“Los jóvenes angoleños han podido, por fin, encontrarse con Benedicto XVI esta tarde. Un encuentro festivo, en un gran estadio deportivo, al que, como ocurriera hace dos años en Brasil, sólo podían participar un número limitado de inscritos, representantes de todos los jóvenes de los diversos movimientos, parroquias y comunidades. Aún así, prácticamente lleno –las gradas completamente, y el campo dos tercios, tal y como está establecido por razones de seguridad en caso de un rápido desalojo- el estadio era un hervidero de alegría y de entusiasmo. Llevaban dos días concentrados, estos treinta mil jóvenes, preparándose para este momento, con una interesantísima catequesis sobre la misión del Sucesor de Pedro” comentario tomado de Dios es providente, que invito visitar. Interesantes y sabrosos comentarios sobre la visita del Santo Padre Benedicto a Camerún y Angola.”


(del blog Dios es providente) que invito visitar, por los interesantes comentarios sobre esta visita.

Dios marca la diferencia…Más aún, Dios nos hace diferentes, nos renueva. Ésta es la promesa que nos hizo Él mismo: «Ahora hago el universo nuevo» (Ap 21,5). Y es verdad. Lo afirma el Apóstol San Pablo: «El que es de Cristo es una creatura nueva: lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado. Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo» (2 Co 5,17-18)….
…..vosotros sois una semilla que Dios ha sembrado en la tierra, que encierra en su interior una fuerza de lo Alto, la fuerza del Espíritu Santo. No obstante, para que la promesa de vida se convierta en fruto, el único camino posible es dar la vida por amor, es morir por amor. Lo dijo Jesús mismo: «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero, si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna» (Jn 12,24-25)…..
…..semillas con la fuerza del mismo Espíritu Eterno, que han germinado al calor de la Eucaristía, en la que se realiza el testamento del Señor. Él se nos entrega y nosotros respondemos entregándonos a los otros por amor suyo. Éste es el camino de la vida; pero se podrá recorrer sólo con un diálogo constante con el Señor y en auténtico diálogo entre vosotros….
¡Ánimo! Atreveos a tomar decisiones definitivas, porque, en verdad, éstas son las únicas que no destruyen la libertad, sino que crean su correcta orientación, permitiendo avanzar y alcanzar algo grande en la vida. Sin duda, la vida tiene un valor sólo si tenéis el arrojo de la aventura, la confianza de que el Señor nunca os dejará solos

Del Santo Padre Benedicto XVI en el Encuentro con los jóvenes Estadio Dos Coqueiros – Luanda, Angola sabado 21 de marzo 2009-03-

domingo, 22 de marzo de 2009

«tanto amó Dios al mundo, que le dio su unigénito Hijo». 4ª Domingo de Cuaresma


"EL REDENTOR DEL HOMBRE, Jesucristo, es el centro del cosmos y de la historia…….
¡Redentor del mundo! En Él se ha revelado de un modo nuevo y más admirable la verdad fundamental sobre la creación que testimonia el Libro del Génesis cuando repite varias veces: «Y Dios vio que era bueno».
38 El bien tiene su fuente en la Sabiduría y en el Amor. En Jesucristo, el mundo visible, creado por Dios para el hombre39 —el mundo que, al entrar el pecado quedó sujeto a la vanidad— 40 adquiere nuevamente el vínculo original con la misma fuente divina de la Sabiduría y del Amor. En efecto, «tanto amó Dios al mundo, que le dio su unigénito Hijo».41 Así como en el hombre-Adán este vínculo había quedado roto, así en el Hombre-Cristo quedó unido de nuevo.42"
(de la Encíclica Redemptor Hominis de Juan Pablo II)

En una breve exposición, - que él mismo nos daba a entender que estaba lejos de ser completa y exhaustiva - presentada con ocasión del Congreso “Juan Pablo II: 25 años de Pontificado. La Iglesia al servicio del hombre” el cardenal Joseph Ratzinger, expresaba con respecto a la Encíclica Redemptor Hominis:

La primera encíclica, Redemptor hominis, es la más personal, el punto de partida de todas las demás….. En ella Juan Pablo II resumió, por decirlo así, los frutos del camino recorrido hasta entonces en su calidad de pastor de la Iglesia y como pensador de nuestro tiempo. Esa primera encíclica gira en torno a la cuestión del hombre. La expresión: "el hombre es el camino primero y fundamental de la Iglesia" (ib., 14) se ha convertido casi en un lema. Pero, al citarla, a menudo nos olvidamos de que poco antes el Papa había dicho: "Jesucristo es el camino principal de la Iglesia. Él mismo es nuestro camino "hacia la casa del Padre" (cf. Jn 14, 1 ss) y es también el camino hacia cada hombre" (ib., 13). Por consiguiente, también la fórmula del hombre como primer camino de la Iglesia prosigue así: "camino trazado por Cristo mismo, camino que inmutablemente conduce a través del misterio de la Encarnación y de la Redención" (ib., 14). Para el Papa, antropología y cristología son inseparables. Precisamente Cristo nos ha revelado qué es el hombre y a dónde debe ir para encontrar la vida. Este Cristo no es sólo un modelo de existencia humana, un ejemplo de cómo se debe vivir, sino que "está unido, en cierto modo, a todo hombre" (ib.). Cristo nos toca en nuestro interior, en la raíz de nuestra existencia, transformándose así, desde el interior, en el camino para el hombre. Rompe el aislamiento del yo; es garantía de la dignidad indestructible de cada persona y, al mismo tiempo, es quien supera el individualismo en una comunicación a la que aspira toda la naturaleza del hombre. Para el Papa, el antropocentrismo es al mismo tiempo cristocentrismo, y viceversa. Contra la opinión según la cual sólo a través de las formas primitivas del ser humano (partiendo de abajo, por decirlo así) se puede explicar qué es el hombre, el Papa sostiene que solamente partiendo del hombre perfecto se puede comprender lo que es el hombre, y que desde este punto de vista se puede vislumbrar el camino del ser humano. A este respecto, habría podido referirse a Teilhard de Chardin, que decía: "La solución científica del problema humano no deriva exclusivamente del estudio de los fósiles, sino de una atenta observación de las características y de las posibilidades del hombre de hoy, que determinarán al hombre de mañana". Naturalmente, Juan Pablo II va mucho más allá de ese diagnóstico: en definitiva, sólo podemos comprender qué es el hombre mirando a Aquel que realiza plenamente la naturaleza del hombre, que es imagen de Dios, el Hijo de Dios, Dios de Dios y Luz de Luz. Así corresponde perfectamente a la orientación intrínseca de la primera encíclica, la cual, en la prosecución del Magisterio papal, se desarrolló formando, juntamente con otras dos encíclicas, el tríptico trinitario. La cuestión del hombre no se puede separar de la cuestión de Dios. La tesis de Guardini, según el cual sólo conoce al hombre quien conoce a Dios, encuentra una clara confirmación en esta fusión de la antropología con la cuestión de Dios”.

miércoles, 18 de marzo de 2009

San José el secreto de una humanidad que vive en presencia del misterio



“.., os invito a dirigir la mirada a San José. Cuando María recibió la visita del Ángel en la Anunciación, ella ya estaba prometida con José. Puesto que se dirige personalmente a María, el Señor asocia ya íntimamente a José al misterio de la Encarnación. Él aceptó unirse a esta historia que Dios había comenzado a escribir en el seno de su esposa. Por tanto, tomó consigo a María. Acogió el misterio que había en ella y el misterio que era ella misma. La amó con ese gran respeto que es el sello del amor auténtico. San José nos enseña que se puede amar sin poseer. Al contemplarle, cualquier hombre o mujer, con la gracia de Dios, puede ser llevado a la superación de sus dificultades afectivas, a condición de que entre en el proyecto que Dios ha comenzado a realizar ya en los que están cerca de Él, como José entró en la obra de la redención a través de la figura de María y gracias a lo que Dios ya había hecho en ella. Que vosotros, queridos hermanas y hermanos comprometidos en los movimientos eclesiales estéis atentos a los que os circundan y mostréis el rostro amoroso de Dios a los más humildes, especialmente mediante la práctica de las obras de misericordia, la educación humana y cristiana de la juventud, el servicio de promoción de la mujer y de tantos otros modos”.


“….José nos desvela el secreto de una humanidad que vive en presencia del misterio, abierta a él mediante los detalles más concretos de la existencia. En él no hay separación entre fe y acción. Su fe orienta de manera decisiva su acción. Paradójicamente, es actuando, asumiendo por tanto las propias responsabilidades, como mejor se aparta él, para dejar a Dios la libertad de llevar a cabo su obra, sin interponer obstáculos. José es un «hombre justo» (Mt 1,19), porque su vida está «ajustada» a la Palabra de Dios…”.

viernes, 13 de marzo de 2009

La carta del Papa Benedicto XVI


Seguramente ya andarán varios posts en este mundo nuestro comentando la valiosísima Carta del Papa Benedicto XVI – una carta para la historia. Me quedo con el post del profesor JJ Noblejas “Carta de Benedicto XVI a los obispos – Amor herido que no esconde su amargura y soledad”, quien con la claridad y firmeza de siempre nos regala un comentario que no tiene desperdicio, nos hace pensar y repensar. Es como un examen de conciencia y no hay que desaprovecharlo en este tiempo de Cuaresma.
“Se ha producido como un silencio, lleno de estupor y expectativas, tras la publicación” …Conviene leerla: no es larga, ni el lenguaje abrupto. Al contrario, lo que quizá abruma es la breve concisión y claridad con que se dice lo que se dice” nos dice el post.
Comenta que dan ganas de escribirle al Papa y sugiere hacerlo a las direcciones de correo de Benedicto XVI, que se hicieron públicas en 2005.

Esta de mas que me dedique a citar el contenido, les invito leerlo. Vale la pena. No se lo pierdan. Invito también a escribirle al Papa como dice JJN “unas frases personales (con nombre y apellidos: no anónimas), bien de respeto, de admiración, bien de apoyo, de afecto, bien de cariño filial... de corazón a corazón.