Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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lunes, 3 de agosto de 2026

San Juan Maria Vianney, el cura de Ars

 


El 4 de agosto de cada año celebramos  la memoria litúrgica de  San Juan Maria Vianney – el Cura de Ars, y el dia del párroco.Juan Pablo II en su libro Don y Misterio comentaba su experiencia sobre la primer visita realizada a Ars.

En el camino de regreso de Bélgica a Roma, tuve la suerte de detenerme en Ars. Era al final del mes de octubre de 1947, el domingo de Cristo Rey. Con gran emoción visité la vieja iglesita donde San Juan María Vianney confesaba, enseñaba el catecismo y predicaba sus homilías. Fue para mí una experiencia inolvidable. Desde los años del seminario había quedado impresionado por la figura del Cura de Ars, sobre todo por la lectura de su biografía escrita por Mons. Trochu. San Juan María Vianney sorprende en especial porque en él se manifiesta el poder de la gracia que actúa en la pobreza de los medios humanos. Me impresionaba profundamente, en particular, su heroico servicio en el confesionario. Este humilde sacerdote que confesaba mas de diez horas al día, comiendo poco y dedicando al descanso apenas unas horas, había logrado, en un difícil período histórico, provocar una especie de revolución espiritual en Francia y fuera de ella. Millares de personas pasaban por Ars y se arrodillaban en su confesionario. En medio del laicismo y del anticlericalismo del siglo XIX, su testimonio constituye un acontecimiento verdaderamente revolucionario.


Del encuentro con su figura llegué a la convicción de que el sacerdote realiza una parte esencial de su misión en el confesionario, por medio de aquel voluntario "hacerse prisionero del confesionario". Muchas veces, confesando en Niegowic, en mi primera parroquia, y después en Cracovia, volvía con el pensamiento a esta experiencia inolvidable. He procurado mantener siempre el vínculo con el confesionario tanto durante los trabajos científicos en Cracovia, confesando sobre todo en la Basílica de la Asunción de la Santísima Virgen María, como ahora en Roma, aunque sea de modo casi simbólico, volviendo cada año al confesionario el Viernes Santo en la Basílica de San Pedro”

 Ya siendo Pontífice, y con ocasión de su tercer visita a Francia, invitado por el Episcopado francés,  participo de las ceremonias en honor al 200 aniversario del nacimiento del santo Cura de Ars.  A su regreso comentaba “con profunda alegría”  en  su AudienciaGeneral del 15 de octubre de 1986 

"La figura del Santo Cura de Ars no deja de hablar también al hombre de hoy. Su extraordinaria vida llena de oración y de mortificación, el heroico servicio a la Palabra de Dios y a los sacramentos, especialmente el de la penitencia, continúan siendo un punto de viva referencia para los sacerdotes de la Iglesia contemporánea.

 San Juan María Vianney vivió su juventud en los tiempos de la Revolución Francesa. En ese período inició clandestinamente la preparación al sacerdocio, siguiendo la voz de la vocación. Con emoción dirijo mi pensamiento a la familia campesina del Santo, que habitaba en Dardilly, y al espíritu que en ella reinaba. La peregrinación que he hecho me ha ayudado además a hacerme más consciente de la existencia de una "genealogía" más lejana del Cura de Ars. Lo fue en efecto, el "Anfiteatro de las Tres Galias", lugar del martirio de los cristianos en el 177. Este es un particular recuerdo de la vitalidad de la Iglesia en la capital de esa antigua provincia romana. Otro recuerdo es también la figura de San Ireneo, uno de esos grandes Padres de la Iglesia, al que tanto debe la doctrina y la teología católica desde sus comienzos.

Me place además recordar que en el "Anfiteatro de las Tres Galias" se desarrolló un encuentro ecuménico, un acto también coherente con la herencia de la Iglesia que está en Lión. Es suficiente recordar, al respecto, el Concilio allí celebrado en el 1274, con el fin de hacer un intento de reconciliación eclesial entre Oriente y Occidente, y todas las iniciativas ecuménicas tomadas durante este siglo en el surco abierto por el sacerdote Couturier.

La genealogía de la santidad se desarrolló posteriormente en el curso de los siglos.

(…)

Frente a las diversas dificultades, indiqué allí los medios para una renovación espiritual, un constante alimento intelectual, una ayuda fraterna, una pastoral misionera, subrayando que las exigencias de los compromisos sacerdotales aseguran libertad y arrojo apostólico. También la formación de los seminaristas y el ministerio de los diáconos fueron objeto de una atención especial.

el sacerdocio ministerial de Cristo ha ocupado el centro de la peregrinación a Ars. Ciertamente la temática fundamental de este encuentro inolvidable del 6 de octubre de 1986 se proyectó sobre los sacerdotes, a los cuales rendí solemnemente un homenaje de gratitud haciéndoles una apremiante invitación a la fidelidad, mientras tenía presentes en la mente y en el corazón a los sacerdotes del mundo entero.

El Papa dirigió además breves mensajes individuales a las familias cristianas, a los jóvenes, a los enfermos, a los presos, a los miembros del Consejo pastoral y presbiteral teólogos, profesores y estudiantes de Lyon y sobre todo a “mis hermanos en el Episcopado, que vinieron de todas las diócesis de Francia.”

(..)

El mismo primer día de mi visita a Lyon –agregaba -  me fue dado proclamar Beato al padre Antonio Chevrier, fundador del Prado, contemporáneo del Cura de Ars. Aferrado a Cristo, este sacerdote que fue pobre y sensible a la gran miseria de los jóvenes obreros de su tiempo, se hizo apóstol de los pobres. Tuvo en cuenta profundamente su dignidad de hombres amados por Dios, compartió su condición de pobreza, les dio una instrucción escolar y de fe, fundó la Familia del Prado con sacerdotes, hermanos y hermanas disponibles a llevarles la Buena Nueva. He tenido así ocasión de reflexionar sobre las modalidades de cuidar y de ayudar a los pobres de hoy, según las bienaventuranzas del Evangelio.

Y reiteraba:

La mies del Señor es mucha.

Hacen falta obreros: Hacen falta sacerdotes. Hacen falta Santos.

Ha sido una significativa peregrinación tras las huellas de los Santos.

"Por donde los Santos pasan... Dios pasa con ellos".

Oracion compuesta por San Juan Maria Vianney

 


Te amo, Oh mi Dios.
Mi único deseo es amarte
Hasta el último suspiro de mi vida.
Te amo, Oh infinitamente amoroso Dios,
Y prefiero morir amándote que vivir un instante sin Ti.
Te amo, oh mi Dios, y mi único temor es ir al infierno
Porque ahí nunca tendría la dulce consolación de tu amor,
Oh mi Dios,
si mi lengua no puede decir
cada instante que te amo,
por lo menos quiero
que mi corazón lo repita cada vez que respiro.
Ah, dame la gracia de sufrir mientras que te amo,
Y de amarte mientras que sufro,
y el día que me muera
No solo amarte pero sentir que te amo.
Te suplico que mientras más cerca estés de mi hora
Final aumentes y perfecciones mi amor por Ti.
Amén.

 

Invito visitar: SAN JUAN MARÍA VIANNEY (1786-1859) EL SANTO CURA DE ARS por Lamberto de Echeverría

lunes, 4 de agosto de 2025

El humilde misterio de Ars


Hace bastante tiempo atrás me regalaron un ejemplar atrasado de la revista 30 días (30 giorni) – En la Iglesia y en el mundo, con un reportaje sobre el catolicismo en Francia, donde bajo el subtitulo “Sin inventarse nada”  rescaté esta  breve descripción del humilde misterio de Ars, texto que,  sin estridencias,  cuenta la historia de esa «sencilla oración».

"Ars no es un lugar para reuniones. Pocas casas inmersas en el campo tranquilo: las carmelitas, el convento de las clarisas, la calle que rodea la iglesia del cura Jean-Marie Vianney, el santo patrón de los párrocos. Allí dentro hay casi siempre alguien. Van solos, en grupos pequeños y grandes. Un flujo continuo y discreto. Casi medio millón de personas al año, «cada año un poco más, y entre ellos, los sacerdotes son más de ocho mil», añadía el padre Jean-Philippe Nault, entonces joven rector del santuario (ahora Obispo de Niza). Un aumento registrado en los últimos tiempos, después que durante lustros pareciera que el olvido había caído sobre san Juan Maria Vianney. En los años ochenta nació la Societè Jean-Marie Vianney: curas que no pretenden ninguna espiritualidad particular que no sea la que procede de su propia ordenación sacerdotal para la salvación de las almas ; el “programa” sigue siendo el mismo. Sin horario, uno puede confesarse y decir misa «soltar el peso de los pecados» y saborear un sorbo de misericordia. A cualquier hora, «desde las seis y media de la mañana hasta la noche». Despues abririan una capilla para la adoración perpetua del Santísimo Sacramento. Algo que pedia la gente del pueblo. Hace diez años – confesaba el padre Nault entonces – algo así era inimaginable.

 


Cuando llegó Jean Marie, en febrero de 1818, la iglesia de Francia salía de las ruinas de la Revolución. La parroquia de Ars era como una tierra desolada. «Y el hizo solo lo que todo sacerdote, ordinariamente puede hacer: rezos, catecismo, confesar, celebrar la eucaristía, ayudar a los pequeños y los pobres» repetia el obispo Bagnard. «Hasta el minúsculo agujero en el que había sido encerrado porque estaba incapacitado» escribe Renè Laurentin, «ha hecho que acuda la muchedumbre a escala nacional. Sin quererlo ha fundado un centro de peregrinación». Tampoco hoy hay necesidad de organizar nada. Vienen solos. «Es un santo pobre» repetia el padre Nault, y «encontrar a un pobre no da miedo». Como Teresita. Como Bernardette. Ellos nos dicen: si tú eres pobre, yo lo soy más que tú. Somos pobres juntos, frente al Señor. Tú reza por mí y yo por ti»,

«Si el buen Dios hubiera encontrado un sacerdote más miserable que yo, repetía el cura de Ars, a él le hubieran pasado todas estas cosas maravillosas». Quizás también el mundo, en Francia como en cualquier otra parte, siente nostalgia de una Iglesia así. Una Iglesia que no pretende dictar ley, no se queja de los tiempos malos. Deja sólo que se asome al horizonte la esperanza del milagro. «Nos han contado tantas cosas, oh Reina de los apóstoles. Hemos perdido el gusto por los discursos. No tenemos ya altares sino los tuyos. No sabemos nada más, que una sencilla oración» (Charles Peguy)"

Invito nuevamente a visitar la pagina del Santuario con abundante informacion y tambien mis otros posts etiquetados Vianney

 

“esa piedra que desecharon los constructores…” (Salmo 118,22) San Juan Maria Vianney, el santo cura de Ars

 



Hoy la Iglesia recuerda al Santo cura de Ars, esa “piedra que desecharon los constructores…..”. 

 “Me he convertido en débil con los débiles, para ganar a los débiles” ( 1 Cor 9, 22) titulaba el beato Juan Pablo II parte del discurso en el retiro espiritual para el clero, celebrado en la cripta de  Ars el 6 de octubre de 1986 recordando a aquel  a quien le fascinaba la presencia real de Cristo en la Eucaristía, durante y fuera de la Misa… un santo humilde que solo quería salvar almas para Dios.


“Nuestra misión – decía Juan Pablo II – es salvar almas para Dios. “Dios no ha enviado al Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por su intermedio” (Jn 3,17). Jesús ha predicado la buena nueva del Reino; escogió y formó a sus propios apóstoles; cumplió por medio de la cruz y la resurrección la obra de la redención; después de los apóstoles nosotros estamos asociados de manera particular a su obra de salvación, a fin de hacerla presente y eficaz en todo el mundo. San Juan Maria Vianney solia decir: “Sin el sacerdote, la muerte y la pasión de Nuestro Señor no serviría para nada.  Es el sacerdote que continúa la obra de la redención  en la tierra” (Juan Maria Vianney, cura de Ars, su pensamiento, su corazón, presentado por el abate Bernard Nodet, Le Puy 1958, p.100)  Lo que nosotros debemos hacer, no es por lo tanto nuestra obra, es el diseño del Padre, es la obra de salvación del Hijo. El Espíritu Santo se sirve de nuestro espíritu, de nuestra boca, de nuestras manos.  Nuestro deber primordial es proclamar incesantemente la Palabra para evangelizar;  presentarla de manera que toque los corazones, sin alterarla ni aminorarla;   repetir el gesto de ofrecimiento de Jesús en la última cena, su gesto de perdón hacia los pecadores.

Decía el cura de Ars “Dios pone al sacerdote en la tierra como mediador entre el Señor y el pobre pecador” (Nodet, 99), hoy diríamos: él participa de un modo especifico en la misión del único Mediador, Jesucristo.Y recordaba Juan Pablo II unas palabras dichas a los sacerdotes en Notre Dame de Paris el 30 de mayode 1980:  

“El Cura de Ars es, en efecto, un modelo sin par para todos los países, a la vez que de la plenitud del ministerio y de la santidad del ministro”

Invito visitar el sitio oficial del Santuario de Ars donde también en el sitio mismo es posible consultar información general en español. 

Y mis posts etiquetados Vianney


 

miércoles, 9 de junio de 2010

Clausura del Año Sacerdotal


Comienzan hoy (y se extenderán hasta el viernes 11) los encuentros que se celebran en Roma al concluir el Año Sacerdotal, convocado por el Santo Padre Benedicto XVI con motivo del 150 aniversario de la muerte del Santo Cura de Ars.


Al encuentro, cuyo tema es: "Fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote", promovido por la Congregación para el Clero, han sido invitados todos los presbíteros del mundo.



Hoy y mañana se ofrecerán meditaciones en la Basílica de San Pablo Extramuros y en la Basílica San Juan de Letrán, seguido de adoración eucarística y celebración eucarística en ambas Basílicas.



Mañana jueves tendrá lugar la vigilia en la Plaza de San Pedro que se celebrara en dos tiempos: el primero a cargo de la Congregación para el Clero y el segundo presidido por el Santo Padre. Además de testimonios ofrecidos por algunos sacerdotes, están previstas conexiones televisivas con Ars, el cenáculo de Jerusalén, barrios pobres de Buenos Aires y Hollywood, así como un diálogo entre el pontífice y los sacerdotes y adoración y bendición eucarística.


El viernes 11, a las 10,00, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, se clausurará el Año Sacerdotal con una concelebración eucarística presidida por el Santo Padre en la Plaza de San Pedro. Se trata de la celebración Eucarística con el mayor numero de concelebrantes jamás vista en Roma. Se esperan cerca de 15.000 sacerdotes. El Santo Padre usara en la celebración el cáliz que le perteneció a San Juan Maria Vianney hoy conservado en la parroquia de Ars. Durante la misa, los presbíteros renovarán sus promesas y el Papa proclamará al Santo Cura de Ars patrono de todos los sacerdotes.

Benedicto XVI convoco el Año Sacerdotal invitando a los sacerdotes a la perfección espiritual, “de la cual depende sobre todo la eficacia de su ministerio”
En su Carta para la Convocación, el Santo Padre Benedicto XVI explicaba que que “Este año desea contribuir a promover el compromiso de renovación interior de todos los sacerdotes, para que su testimonio evangélico en el mundo de hoy sea más intenso e incisivo.
“El Sacerdocio es el amor del corazón de Jesús”, repetía con frecuencia el Santo Cura de Ars[2]. Llegó a Ars, una pequeña aldea de 230 habitantes, advertido por el Obispo sobre la precaria situación religiosa: “No hay mucho amor de Dios en esa parroquia; usted lo pondrá”. “viviendo” incluso materialmente en su Iglesia parroquial: “En cuanto llegó, consideró la Iglesia como su casa… Entraba en la Iglesia antes de la aurora y no salía hasta después del Ángelus de la tarde. Si alguno tenía necesidad de él, allí lo podía encontrar”, se lee en su primera biografía[8]. “La contemplación es mirada de fe, fijada en Jesús. ‘Yo le miro y él me mira’, decía a su santo cura un campesino de Ars que oraba ante el Sagrario”: Catecismo de la Iglesia católica, n. 2715.
“No hay necesidad de hablar mucho para orar bien”, les enseñaba el Cura de Ars. “Sabemos que Jesús está allí, en el sagrario: abrámosle nuestro corazón, alegrémonos de su presencia. Ésta es la mejor oración”[13].”

martes, 4 de agosto de 2009

Indulgencias parciales y plenarias Año sacerdotal

Durante este Año sacerdotal comenzado el 19 de junio pasado y que concluirá el 19 de junio de 2010 se concede el don de indulgencias especiales, de acuerdo con lo que se especifica el Decreto de la Penitenciaría apostólica, promulgado de acuerdo con la voluntad del Sumo Pontífice:
HOY ES UNO DE LOS DIAS EN LOS CUALES LOS FIELES PODEMOS GANAR UNA INDULGENCIA PLENARIA

Por sugerencia de Luisa (gracias Luisa) publico aquí la parte del Decreto que establece como y cuando podemos ganar indulgencias plenarias y parciales los fieles:

B. A todos los fieles realmente arrepentidos que, en una iglesia u oratorio, asistan con devoción al sacrificio divino de la misa y ofrezcan por los sacerdotes de la Iglesia oraciones a Jesucristo, sumo y eterno Sacerdote, y cualquier obra buena realizada ese día, para que los santifique y los modele según su Corazón, se les concede la indulgencia plenaria, a condición de que hayan expiado sus pecados con la penitencia sacramental y hayan elevado oraciones según la intención del Sumo Pontífice: en los días en que se abre y se clausura el Año sacerdotal, en el día del 150° aniversario de la piadosa muerte de san Juan María Vianney, en el primer jueves de mes o en cualquier otro día establecido por los Ordinarios de los lugares para utilidad de los fieles.
También se concederá la indulgencia plenaria a los ancianos, a los enfermos y a todos aquellos que por motivos legítimos no puedan salir de casa, si con el espíritu desprendido de cualquier pecado y con la intención de cumplir, en cuanto les sea posible, las tres acostumbradas condiciones, en su casa o donde se encuentren a causa de su impedimento, en los días antes determinados rezan oraciones por la santificación de los sacerdotes, y ofrecen con confianza a Dios, por medio de María, Reina de los Apóstoles, sus enfermedades y las molestias de su vida.

Por último, se concede la indulgencia parcial a todos los fieles cada vez que recen con devoción en honor del Sagrado Corazón de Jesús cinco padrenuestros, avemarías y glorias, u otra oración aprobada específicamente, para que los sacerdotes se conserven en pureza y santidad de vida.

El santo cura de Ars, oración y amor


Un buen pastor, según el corazón de Dios, - decía Juan María Vianney, - es el tesoro más grande que Dios pueda dar a una parroquia, es uno de los dones más preciados de la misericordia divina”.
En torno al festejo de hoy se centra el núcleo del Año Sacerdotal, convocado por el Santo Padre Benedicto XVI con ocasión del 150 aniversario del “dies natalis” de Juan María Vianney, el Santo Patrón de todos los párrocos del mundo

“…Llegó a Ars, una pequeña aldea de 230 habitantes, advertido por el Obispo sobre la precaria situación religiosa: “No hay mucho amor de Dios en esa parroquia; usted lo pondrá”. Bien sabía él que tendría que encarnar la presencia de Cristo dando testimonio de la ternura de la salvación: “Dios mío, concédeme la conversión de mi parroquia; acepto sufrir todo lo que quieras durante toda mi vida”. Con esta oración comenzó su misión[7]. El Santo Cura de Ars se dedicó a la conversión de su parroquia con todas sus fuerzas, insistiendo por encima de todo en la formación cristiana del pueblo que le había sido confiado.
“No hay necesidad de hablar mucho para orar bien”, les enseñaba el Cura de Ars. “Sabemos que Jesús está allí, en el sagrario: abrámosle nuestro corazón, alegrémonos de su presencia. Ésta es la mejor oración”[13] ..”

(de la Carta del Sumo Pontífice Benedicto XVI para la Convocación de un año sacerdotal con ocasión del 150 aniversario del Dies Natalies del santo cura de Ars)

Recemos por nuestro párrocos, por los párrocos de todo el mundo, por todos los sacerdotes y las vocaciones.


Yo le miro y él me mira’,
decía a su santo cura un campesino de Ars que oraba ante el Sagrario”

lunes, 4 de agosto de 2008

San Juan Maria Vianney – el Cura de Ars



Hoy 4 de agosto festejamos la fiesta de San Juan Maria Vianney – el Cura de Ars, y el dia del párroco.
Ojalá podamos imitar la entrega de este santo Cura; primero por su confianza en Dios en las inmensas dificultades que tuvo que superar para llegar a ordenarse de presbítero; después por su ardor y constancia en la catequesis y en su ministerio en el confesionario, que transformaron el pueblo de Ars, el cual, a su vez, se convirtió en centro de frecuentes peregrinaciones de multitudes que lo buscaban

expresó el arzobispo de Rosario, monseñor José Luis Mollaghan, en un mensaje que dirigió a los sacerdotes con motivo de celebrarse el Día del Párroco, que coincide con la fiesta de San Juan María Vianney –el Cura de Ars- (AICA)



“La figura de San Juan María Vianney” (Juan Pablo II “Don y Misterio”)
En el camino de regreso de Bélgica a Roma, tuve la suerte de detenerme en Ars. Era al final del mes de octubre de 1947, el domingo de Cristo Rey. Con gran emoción visité la vieja iglesita donde San Juan María Vianney confesaba, enseñaba el catecismo y predicaba sus homilías. Fue para mí una experiencia inolvidable. Desde los años del seminario había quedado impresionado por la figura del Cura de Ars, sobre todo por la lectura de su biografía escrita por Mons. Trochu. San Juan María Vianney sorprende en especial porque en él se manifiesta el poder de la gracia que actúa en la pobreza de los medios humanos. Me impresionaba profundamente, en particular, su heroico servicio en el confesionario. Este humilde sacerdote que confesaba mas de diez horas al día, comiendo poco y dedicando al descanso apenas unas horas, había logrado, en un difícil período histórico, provocar una especie de revolución espiritual en Francia y fuera de ella. Millares de personas pasaban por Ars y se arrodillaban en su confesionario. En medio del laicismo y del anticlericalismo del siglo XIX, su testimonio constituye un acontecimiento verdaderamente revolucionario.
Del encuentro con su figura llegué a la convicción de que el sacerdote realiza una parte esencial de su misión en el confesionario, por medio de aquel voluntario "hacerse prisionero del confesionario". Muchas veces, confesando en Niegowic, en mi primera parroquia, y después en Cracovia, volvía con el pensamiento a esta experiencia inolvidable. He procurado mantener siempre el vínculo con el confesionario tanto durante los trabajos científicos en Cracovia, confesando sobre todo en la Basílica de la Asunción de la Santísima Virgen María, como ahora en Roma, aunque sea de modo casi simbólico, volviendo cada año al confesionario el Viernes Santo en la Basílica de San Pedro”
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Oracion compuesta por San Juan Maria Vianney
TE AMO, OH MI DIOS
Te amo, Oh mi Dios.
Mi único deseo es amarte
Hasta el último suspiro de mi vida.
Te amo, Oh infinitamente amoroso Dios,
Y prefiero morir amándote que vivir un instante sin Ti.
Te amo, oh mi Dios, y mi único temor es ir al infierno
Porque ahí nunca tendría la dulce consolación de tu amor,
Oh mi Dios,
si mi lengua no puede decir
cada instante que te amo,
por lo menos quiero
que mi corazón lo repita cada vez que respiro.
Ah, dame la gracia de sufrir mientras que te amo,
Y de amarte mientras que sufro,
y el día que me muera
No solo amarte pero sentir que te amo.
Te suplico que mientras más cerca estés de mi hora
Final aumentes y perfecciones mi amor por Ti.
Amén.
Invito visitar: