Llamados a ser santos

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“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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jueves, 28 de mayo de 2026

"Magnifica Humanitas": El Vaticano y el algoritmo - Antonio Spadaro


 Una encíclica y una comisión: la doble jugada de León XIV en materia de IA

El 15 de mayo de 2026, el Papa León XIV firmó su primera encíclica. Al día siguiente, estableció una nueva comisión interdicasterial. Ambos actos abordan el mismo tema: la inteligencia artificial. Juntos, estos dos gestos constituyen la respuesta institucional más significativa a la IA por parte de una importante institución religiosa mundial , y quizás la señal más clara hasta el momento de que el Vaticano pretende ir más allá de emitir advertencias inteligentes desde los márgenes del debate. La inteligencia artificial ya no es solo un tema de reflexión ética. Ahora es una realidad que impregna la vida misma de la Iglesia: las comunicaciones, las instituciones educativas, los procesos doctrinales, la diplomacia. Pretender lo contrario sería una forma de negación.

La encíclica Magnifica Humanitas está dedicada a la protección de la persona humana en la era de la inteligencia artificial. La fecha tiene un claro simbolismo: el 15 de mayo se conmemora el 135 aniversario de Rerum Novarum , la gran encíclica de León XIII de 1891 sobre la condición de los trabajadores en el apogeo de la industrialización. El paralelismo es explícito y claramente intencional. Así como el primer León XIII antepuso la dignidad del trabajo a las convulsiones de la era fabril, el nuevo León XIII antepone la dignidad de la persona a las convulsiones de la era algorítmica . Incluso el nombre del Papa, leído desde esta perspectiva, se convierte en una declaración de continuidad: la convicción de que la doctrina social católica tiene algo urgente que decir sobre las máquinas de aprendizaje.

León XIV, sin embargo, no parte de cero. Y este es un punto crucial. En enero de 2025, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe y el Dicasterio para la Cultura y la Educación publicaron conjuntamente Antiqua et Nova , una extensa nota doctrinal sobre la relación entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana, encargada por el propio Papa Francisco. Dividido en 117 párrafos, el documento logró lo que las anteriores declaraciones vaticanas sobre tecnología no habían conseguido con la misma claridad: trazó una clara línea filosófica entre lo que hacen las máquinas y lo que es la mente humana Antiqua et Nova insistió en que la inteligencia, en su sentido pleno, implica una apertura moral y espiritual a la verdad: conciencia, responsabilidad, alma. Ningún algoritmo, por sofisticado que sea, puede sustituir el discernimiento humano.

El texto también examinó el impacto concreto de la IA en la educación, la sanidad, el empleo, las relaciones sociales y la guerra, advirtiendo sobre los letales sistemas de armas autónomas. Invocó el principio de subsidiariedad en la gobernanza de la inteligencia artificial y abogó por la distribución de las decisiones regulatorias entre los distintos niveles de la sociedad. Si Magnifica Humanitas eleva estos argumentos al nivel de magisterio papal completo, como sugieren los primeros informes, entonces Antiqua et Nova se leerá retrospectivamente como su fundamento intelectual: el documento preparatorio que hizo posible la encíclica.

 El Rescriptum ex Audientia, publicado al día siguiente de la firma de la encíclica, establece una Comisión sobre Inteligencia Artificial, que reúne a siete instituciones vaticanas bajo una coordinación rotativa anual, comenzando con el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, dirigido por el Cardenal Michael Czerny. La comisión también incluye el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el Dicasterio para la Cultura y la Educación, el Dicasterio para la Comunicación, la Academia Pontificia para la Vida y las dos Academias Pontificias de Ciencias y Ciencias Sociales. La composición en sí misma es un mapa: muestra cómo el Vaticano comprende el problema hoy en día. La IA afecta a la fe y la razón, la educación y la información, la ciencia y la conciencia. No puede limitarse a un solo campo. Reunir a organismos tan diversos implica reconocer que ninguna especialización por sí sola es suficiente para comprender la magnitud del fenómeno . Y que la Iglesia, si desea ser seria, debe pensar más allá de sus límites institucionales.

 La estructura institucional puede parecer distante. Sin embargo, vale la pena examinar el diseño de la comisión, ya que refleja un modelo de gobierno vaticano verdaderamente novedoso: un modelo que debe mucho a la reforma de la Curia impulsada por el Papa Francisco con Praedicate Evangelium y su llamado a la colaboración entre los distintos dicasterios. La rotación en el liderazgo es particularmente llamativa. Cada año, una institución diferente, designada por el Papa, asumirá el rol de coordinación. No se trata de una pirámide, sino más bien de una red. Su forma organizativa refleja la tecnología que debe abordar.

 Aún más significativo es el lenguaje del mandato encomendado a la comisión, que habla de «diálogo, comunión y participación»: el vocabulario de la sinodalidad. El Vaticano propone abordar la cuestión tecnológica con el mismo método empleado para la eclesiológica: mediante un proceso compartido de discernimiento. Si esta aspiración resistirá el impacto de la práctica burocrática real es, por supuesto, otra cuestión. Pero la intención merece una cuidadosa consideración.

 La presentación pública de la encíclica, prevista para el 25 de mayo en el Salón del Sínodo, también transmite un mensaje. El panel de oradores está cuidadosamente seleccionado. Los cardenales Víctor Manuel Fernández y Michael Czerny representan, respectivamente, los polos doctrinal y social de la reflexión católica. Junto a ellos se sientan tres figuras que señalan una apertura deliberada. Anna Rowlands, teóloga política de Durham, aporta la tradición británica del pensamiento social católico y un firme compromiso con los temas migratorios. Leocadie Lushombo, teóloga congoleña de la Escuela Jesuita de Teología en Santa Clara, California, introduce la voz del Sur Global: un recordatorio de que el impacto de la IA recaerá con mayor fuerza sobre aquellos menos capacitados para influir en su rumbo. Y luego está Christopher Olah.

Olah es cofundador de Anthropic, una empresa estadounidense de inteligencia artificial, y dirige la investigación sobre interpretabilidad: el esfuerzo por hacer transparentes y comprensibles los procesos internos de toma de decisiones de los sistemas de IA. Su presencia en el Salón del Sínodo es el detalle más revelador de todo el evento. El Vaticano no se limita a debatir sobre tecnología con teólogos, sino que invita a la mesa a alguien que desarrolla estos sistemas y, más precisamente, a alguien que trabaja para que sean comprensibles. El hecho de que las conclusiones se confíen al cardenal secretario de Estado Pietro Parolin y al propio Papa subraya la importancia institucional de la ocasión.

 Todo esto no surgió de la nada. La Santa Sede llevaba años preparándose para este momento. Sin embargo, hasta ahora faltaban dos cosas: un mecanismo interno capaz de coordinar el pensamiento vaticano y una declaración solemne del magisterio. Magnifica Humanitas y la nueva comisión cubren ambas carencias dentro del mismo movimiento.

El significado más profundo, sin embargo, es teológico. Al publicar una encíclica sobre la IA, León XIV formula una tesis sobre la amplitud de la preocupación de la Iglesia. La tecnología no es un asunto secular del que la fe pueda retirarse sin consecuencias. Es uno de los ámbitos donde se decide qué significa ser humano: cada día, de forma concreta, a menudo sin un debate real. El Rescriptum habla de «los efectos potenciales sobre el ser humano y sobre la humanidad en su conjunto». No se trata de una fórmula circunstancial. Es el reconocimiento de que la inteligencia artificial plantea interrogantes sobre la conciencia, la libertad, las relaciones, la creatividad: todo aquello que la tradición cristiana engloba bajo el concepto de imago Dei . Y el título de la encíclica, Magnifica Humanitas , sugiere que la respuesta de la Iglesia será de afirmación, no de temor: no de tecnofobia, sino de un compromiso para enaltecer lo verdaderamente humano.

 Todo esto parece prometedor, incluso sugerente. Pero la verdadera prueba, como siempre, será la implementación. ¿Profundizará realmente la comisión en la materialidad de los algoritmos, los datos y los modelos, o se quedará en el plano de los principios? ¿Podrá incluir voces ajenas al Vaticano: de la industria, la sociedad civil y el mundo académico? La elección de los ponentes para la presentación sugiere una intuición acertada. Pero cualquiera que haya observado a la Iglesia lidiar con cuestiones modernas complejas sabe que las intuiciones y las estructuras no producen resultados automáticamente. El riesgo es que una comisión sobre inteligencia artificial se convierta en otro organismo curial destinado a producir documento tras documento.

 La presencia de un investigador como Olah en el Sínodo, en este sentido, es a la vez un antídoto y una promesa. Indica que el Vaticano comprende que no se puede hablar seriamente de IA sin abordar su funcionamiento real : las formas específicas en que los grandes modelos lingüísticos procesan la información, las decisiones implícitas en los datos de entrenamiento, la opacidad de los sistemas que influyen cada vez más en la contratación, los diagnósticos médicos y las sentencias penales. La doctrina social católica siempre ha sido más sólida cuando ha pasado de los principios generales a las realidades concretas. Rerum Novarum funcionó porque León XIII estuvo dispuesto a hablar de salarios y jornadas laborales, y no solo de la abstracta dignidad humana. Antiqua et Nova funcionó porque mencionó las armas autónomas letales y la vigilancia algorítmica, y no solo los "desafíos tecnológicos". Magnifica Humanitas tendrá que demostrar la misma voluntad.

Una encíclica y una comisión en el lapso de veinticuatro horas: en el lenguaje mesurado de la Curia Romana, esto es algo verdaderamente novedoso. Y lo novedoso siempre conlleva la posibilidad de la sorpresa, esa sorpresa que la Iglesia, en sus mejores momentos, nunca ha temido acoger. Algo se está gestando en Roma , y ​​aún no tiene una forma definida. Quizás ahí reside precisamente la clave. La pregunta más interesante no es si León XIV ya ha hecho lo suficiente, sino qué posibilita esta apertura: dentro y fuera de la Iglesia.

 Fuente: Antonio Spadaro

lunes, 20 de abril de 2026

Recordando al Papa Francisco a un año de su partida (2 de 2) – Papa Francisco : Un contemplativo en la acción - Antonio Spadaro

 


Una llama es quizás la imagen que mejor refleja lo esencial de la inspiración de Francisco. “Nosotros jesuitas”, escribía el padre Jorge Mario Bergoglio de joven, “sabemos bien que el fuego de la mayor gloria de Dios nos invade y nos envuelve en una llama interior que nos centra y a la vez nos expande, nos engrandece y nos empequeñece.” A veces, su propio cuerpo, cuando podía, experimentaba una sacudida que le hacía salir de sí, dirigirse hacia afuera, hacía lo que para él siempre había sido “el pueblo de Dios en marcha”. Por esa razón Francisco se sumergía en la historia, en los acontecimientos del mundo, se forzaba a sí mismo, se encendía, haciendo desesperar en ocasiones a quienes pretendían encajarlo en la normalidad. Hay una llama que siempre lo ha movido muy desde dentro: la “paz en el ajetreo”, oxímoron por excelencia de los jesuitas, fruto del “discernimiento”. Contraseña ignaciana por excelencia, que significa captar interiormente la voz de Dios, reconocer instintivamente su presencia en el mundo, incluso allí donde todo nos dice que debería estar en otra parte. Es típico de todo jesuita considerar que nada humano es ajeno a lo divino: “buscar y encontrar a Dios en todas las cosas” era el lema de San Ignacio. Esto ha dado como resultado un Francisco abierto, curioso, dialéctico.

Francisco no es que haya simplemente abierto las puertas de la Iglesia, es que las ha dejado abiertas de par en par para todos, todos, todos. No con el fin de que nos quedáramos dentro, como ha repetido en más de una ocasión, sino para que el Señor pudiera salir y recorrer nuestros caminos. Y los caminos – otra imagen muy jesuítica, dicha por el mismo Ignacio, que se definía a sí mismo como “el peregrino” – para Bergoglio han solido ser accidentados. Nunca ha contemplado ante sí un camino llano. Para él era mejor caer y hacerse daño que permanecer quieto y a salvo, que balconear, mirando la vida desde el balcón.

En este sentido, ha tenido siempre una visión “apostólica” más que sencillamente “pastoral”. El jesuita sabe que su tarea no es pastorear el rebaño, esquilar sus ovejas y peinar su lana, sino salir en busca de la oveja perdida. Precisando realistamente, como Bergoglio, que ahora queda una sola oveja en el redil y parece que las otras noventa y nueve se hayan escapado. La suya, por tanto, siempre ha sido una Iglesia en salida.

Por esa razón ha predicado una Iglesia inclusiva; era más comunicativo con los periodistas de la prensa laica que con los de los medios religiosos; por eso ha querido hablar con todo el mundo, incluso con personas y líderes que otros mantenían siempre a distancia. Políticos y religiosos: desde Min Aung Hlaing, jefe del ejército de Myanmar, responsable de las operaciones contra sus queridos rohingya, hasta el patriarca ruso Kirill, al que no ha ahorrado duras críticas, pero para el que siempre ha mantenido la puerta abierta. Por eso Bergoglio postulaba siempre un pensamiento abierto, aunque fuera “incompleto”. Hay que salir de los esquemas (consideraba que Yalta era uno más), de los estrictos razonamientos lógicos. Hay que desbordar, salir de los límites, “rebosar”, impulsados por el genio del espíritu más que por el rigor de la idea. De joven jesuita escribió que no debemos mirar la historia “con aquella distancia científica que nace de la curiosidad por los hechos del pasado, ni con el deseo de imponer una ideología predeterminada”. Hablaba de la historia de la Compañía, pero lo mismo vale para la historia en general.

Francisco no ha querido nunca diseñar planes quinquenales que se inspirasen en ideas o ideologías, ni entregarse a utopía alguna. Claro que se comprometía desde el punto de vista organizativo, pero se mantenía siempre dispuesto a improvisar, movido por la oración y por la “consolación”, es decir, por la percepción de la voluntad de Dios que infunde paz en el alma. Como en aquella ocasión, por ejemplo, en que se inclinó para besar los zapatos de los líderes de Sudán del Sur, llegados al Vaticano en un intento de paz. Me dijo que, nada más entrar en la sala donde se encontraban, sintió un fortísimo impulso interior que le empujaba a hacerlo. Es solo un ejemplo, pero muy revelador de su forma de actuar. Su modelo era Pedro Fabro, uno de los primeros compañeros de Ignacio de Loyola, que permaneció beato durante siglos y al que Bergoglio canonizó. Hombre muy querido para Michel de Certeau, gran jesuita “anómalo” a su manera.

La anomalía ha sido para Francisco otra forma de ser jesuita. En el pasado su relación con la orden había sido complicada, anómala. Sus escritos, que contenían básicamente lo que luego diría en su pontificado, fueron incluso llevados a la hoguera. Su estilo pastoral fue malinterpretado y hostigado. La profunda reconexión entre Bergoglio y su orden se la debemos a la sabiduría de un Padre General como Adolfo Nicolás. La Civiltà Cattolicaha desempeñado, en este particular, una función muy clara a lo largo de varios años. Durante la Congregación General de la orden, tras la dimisión de Nicolás, se percibió en la Compañía cierto desconcierto ante la profecía bergogliana, pero también un deseo por buscar la actitud correcta, acorde con el espíritu de sus Constituciones. Bergoglio siempre ha constituido, de una forma u otra, una patata caliente. Y él nunca ha perdido la oportunidad de declararse hijo de la Compañía de Jesús y de mantener un profundo diálogo con los jesuitas, algo que lograba singular expresión en conversaciones privadas durante sus viajes apostólicos. Su transcripción – que el Papa me ha permitido publicar en cada ocasión – constituye una especie de acción entre bastidores del pontificado.

Los caminos de Francisco han atravesado el mundo entero. Francisco, a quien nunca gustó viajar, lo ha recorrido a todo lo largo y lo ancho. Pero sintió que debía hacerlo para confirmar la fe del pueblo católico, y, no menos, para palpar las heridas abiertas de este mundo. Basta pensar en la República Centroafricana y en Irak, por citar solo dos ejemplos. No se palpa con el pensamiento, sino con la mano. La Iglesia es “un hospital de campaña después de la batalla”, me dijo en la primera entrevista que le hice en 2013, apenas tres meses después de su elección. Como una madre, no quiso nunca acercarse a sus hijos en una “caja de cristal”, y se impuso cuando lo querían forzar a subir a un papamóvil cerrado o incluso blindado. Viajó al modo del jesuita, que proverbialmente considera el billete de avión o de tren como la verdadera llave de su casa.

Todavía joven escribía Bergoglio que la mirada del jesuita “se posa sobre patios, pero vislumbra praderas, ve fragmentos, pero contempla formas”. Desde su pequeño estudio de Santa Marta abarcaba con la vista el mundo entero, y desde allí observaba continuamente fragmentos, para conectarlos y comprender las formas, como en el caso de la “guerra mundial por partes”, amargamente profetizada ya en 2014. Detestó siempre el término “geopolítica”, que le recordaba el tablero del Risk, pero amó siempre la “diplomacia”. Y añadía: “la diplomacia de las rodillas”. Porque consideraba que el diálogo político (y sobre todo el multilateral) era necesario y, para un creyente, una especie de lugar sagrado de oración y contemplación. Para este aspecto se inspiraba en el lema de los jesuitas: contemplativus in actione. Así era el Papa Francisco: de hecho, un contemplativo en la acción.

Fuente: Jesuitas,  publicado el 2 de mayo de 2025

 

 

Recordando al Papa Francisco a un año de su partida (1 de 2) – entrevista de Antonio Spadaro S.J.

 




El lunes 19 de agosto de 2013 el Papa Francisco le concedió una entrevista a Antonio Spadaro, S.J. entrevista que fue publicada completa en varios medios, originalmente en la publicación de los jesuitasen Roma,   también en la revista local Criterio y en este enlace de la Santa Sede  entre los Discursos del Papa Francisco del año2013.

He elegido algunos textos de esta entrevista,  bastante extensa.

Muy al comienzo el Papa Francisco le confiesa que los dos pensadores franceses contemporáneos que más le gustan son Henri de Lubac y Michel de Certeau…y “comienza a hablarme de sí y de su elección al pontificado. Me dice que cuando comenzó a darse cuenta de que podría llegar a ser elegido sintió que le envolvía una inexplicable y profunda paz y consolación interior, junto con una oscuridad total que dejaba en sombras el resto de las cosas. Y que estos sentimientos le acompañaron hasta su elección.”  reconoce el Papa que no le agrada conceder entrevistas y  que “prefiere pensarse las cosas antes que improvisar” y  sin embargo “en esta entrevista el Papa se ha sentido libre de interrumpir lo que estaba diciendo en su respuesta a una pregunta, para añadir algo a una respuesta anterior.” “ es una especie de flujo volcánico de ideas que se engarzan unas con otras.”

A la pregunta «¿Quién es Jorge Mario Bergoglio?». “Se me queda mirando en silencio. Le pregunto si es lícito hacerle esta pregunta… Hace un gesto de aceptación y me dice: «No sé cuál puede ser la respuesta exacta… Yo soy un pecador…» El Papa sigue reflexionando, concentrado, como si no se hubiese esperado esta pregunta, como si fuese necesario pensarla más. «Bueno, quizá podría decir que soy despierto, que sé moverme, pero que, al mismo tiempo, soy bastante ingenuo. Pero la síntesis mejor, la que me sale más desde dentro y siento más verdadera es esta: “Soy un pecador en quien el Señor ha puesto los ojos”». Y repite: «Soy alguien que ha sido mirado por el Señor. Mi lema, ‘Miserando atque eligendo’, es algo que, en mi caso, he sentido siempre muy verdadero».

Porque se hizo jesuita le plantea Spadaro y el Papa responde: 

«Quería algo más. Pero no sabía qué era. Había entrado en el seminario. Me atraían los dominicos y tenía amigos dominicos. Pero al fin he elegido la Compañía, que llegué a conocer bien…de la Compañía me impresionaron tres cosas: su carácter misionero, la comunidad y la disciplina. Y esto es curioso, porque yo soy un indisciplinado nato, nato, nato. Pero su disciplina, su modo de ordenar el tiempo, me ha impresionado mucho». «Y, después, hay algo fundamental para mí: la comunidad. Había buscado desde siempre una comunidad. No me veía sacerdote solo: tengo necesidad de comunidad.

Y para un jesuita, ¿qué significa ser Papa?¿Qué significa para un jesuita haber sido elegido Papa? ¿Qué aspecto de la espiritualidad ignaciana le ayuda más a vivir su ministerio?» plantea Spadaro.

«El discernimiento», responde el Papa Francisco. «El discernimiento es una de las cosas que Ignacio ha elaborado más interiormente… Me ha impresionado siempre una máxima con la que suele describirse la visión de Ignacio: Non coerceri a maximo, sed contineri a minimo divinum est….: no tener límite para lo grande, pero concentrarse en lo pequeño… magnanimidad, y, a cada uno desde la posición que ocupa, hace que pongamos siempre la vista en el horizonte. Es hacer las cosas pequeñas de cada día con el corazón grande y abierto a Dios y a los otros. Es dar su valor a las cosas pequeñas en el marco de los grandes horizontes, los del Reino de Dios».

(,,,) El discernimiento en el Señor me guía en mi modo de gobernar».

Después hablan sobre la Compañia de Jesus y la  identidad de ser jesuita y los jesuitas que le han llamado la atención y la experiencia de haber sido superior y superior provincial de la Compañía de Jesús y  consejos que le fueron dando… “No consulte demasiado y decida”  y el sin embargo opta por “yo creo que consultar es muy importante. Los consistorios y los sínodos, por ejemplo, son lugares importantes para lograr que esta consulta llegue a ser verdadera y activa…. deseo que sea una consulta real, no formal».

Cuando toca hablar de la Iglesia el Papa responde «Una imagen de Iglesia que me complace es la de pueblo santo, fiel a Dios. Es la definición que uso a menudo y, por otra parte, es la de la Lumen Gentium en su número 12. La pertenencia a un pueblo tiene un fuerte valor teológico: Dios, en la historia de la salvación, ha salvado a un pueblo. No existe identidad plena sin pertenencia a un pueblo. Nadie se salva solo, como individuo aislado, sino que Dios nos atrae tomando en cuenta la compleja trama de relaciones interpersonales que se establecen en la comunidad humana. Dios entra en esta dinámica popular».

«El pueblo es sujeto. Y la Iglesia es el pueblo de Dios en camino a través de la historia, con gozos y dolores. Sentir con la Iglesia…. la fe de todo el pueblo que camina..el “sentir con la Iglesia” de que habla san Ignacio. «Sucede como con María: Si se quiere saber quién es, se pregunta a los teólogos; si se quiere saber cómo se la ama, hay que preguntar al pueblo. María, a su vez, amó a Jesús con corazón de pueblo, como se lee en el Magníficat. Y cita después a Joseph Malègue, escritor francés “muy de su agrado.”

 «Yo veo la santidad en el pueblo de Dios, su santidad cotidiana. »

«Esta Iglesia con la que debemos “sentir” es la casa de todos, no una capillita en la que cabe sólo un grupito de personas selectas. No podemos reducir el seno de la Iglesia universal a un nido protector de nuestra mediocridad. Y la Iglesia es Madre —prosigue—.».

Y después hablan de las Iglesias jóvenes e Iglesias antiguas

Iglesias jóvenes e Iglesias antiguas

«Las Iglesias jóvenes logran una síntesis de fe, cultura y vida en progreso diferente de la que logran las Iglesias más antiguas. Para mí, la relación entre las Iglesias de tradición más antigua y las más recientes se parece a la relación que existe entre jóvenes y ancianos en una sociedad: construyen el futuro, unos con su fuerza y los otros con su sabiduría… El riesgo está siempre presente, es obvio; las Iglesias más jóvenes corren peligro de sentirse autosuficientes, y las más antiguas el de querer imponer a los jóvenes sus modelos culturales. Pero el futuro se construye unidos».

 «Yo sueño con una Iglesia Madre y Pastora. Los ministros de la Iglesia tienen que ser misericordiosos, hacerse cargo de las personas, acompañándolas como el buen samaritano que lava, limpia y consuela a su prójimo. Esto es Evangelio puro. Dios es más grande que el pecado.»

Y en otro nivel pregunta Spadaro: : «¿Qué piensa de los dicasterios romanos?».

«Los dicasterios romanos están al servicio del Papa y de los obispos: tienen que ayudar a las Iglesias particulares y a las conferencias episcopales. Son instancias de ayuda…. «Debemos caminar juntos: la gente, los obispos y el Papa. Hay que vivir la sinodalidad a varios niveles. 

 ¿Y el papel de la mujer en la Iglesia?

«Es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia….La Iglesia no puede ser ella misma sin la mujer y el papel que ésta desempeña. La mujer es imprescindible para la Iglesia. María, una mujer, es más importante que los obispos. Digo esto porque no hay que confundir la función con la dignidad.»

En cuanto al Concilio Vaticano II  (y copio texto completo) comenta Spadaro

«¿Qué hizo el Concilio Vaticano II? ¿Qué fue, en realidad?».  Y agregaa Spadaro “Le dirijo esta pregunta a la luz de las afirmaciones que acaba de hacer, imaginando una respuesta larga y organizada. Y, sin embargo, me da la impresión de que el Papa considerase el Concilio un hecho tan incontestable que apenas valiera la pena dedicarle mucho tiempo corroborando su importancia.”

Responde el Papa «El Vaticano II supuso una relectura del Evangelio a la luz de la cultura contemporánea. Produjo un movimiento de renovación que viene sencillamente del mismo Evangelio. Los frutos son enormes. Basta recordar la liturgia. El trabajo de reforma litúrgica hizo un servicio al pueblo, releyendo el Evangelio a partir de una situación histórica concreta. Sí, hay líneas de hermenéutica de continuidad y de discontinuidad, pero una cosa es clara: la dinámica de lectura del Evangelio actualizada para hoy, propia del Concilio, es absolutamente irreversible. Luego están algunas cuestiones concretas, como la liturgia según el Vetus Ordo. Pienso que la decisión del Papa Benedicto estuvo dictada por la prudencia, procurando ayudar a algunas personas que tienen esa sensibilidad particular. Lo que considero preocupante es el peligro de ideologización, de instrumentalización del Vetus Ordo»

En el apartado titulado Buscar y encontrar a Dios en todas las cosas Spadaro pregunta: «Santidad, ¿cómo se hace para buscar y encontrar a Dios en todas las cosas?».

«Lo que dije en Río tiene un valor temporal. Es verdad que tenemos la tentación de buscar a Dios en el pasado o en lo que creemos que puede darse en el futuro. Dios está ciertamente en el pasado porque está en las huellas que ha ido dejando. Y está también en el futuro como promesa. Pero el Dios “concreto”, por decirlo así, es hoy…. hay que encontrar a Dios en nuestro hoy»….«Encontrar a Dios en todas las cosas no es un eureka empírico. En el fondo, cuando deseamos encontrar a Dios nos gustaría constatarlo inmediatamente por medios empíricos. Pero así no se encuentra a Dios. Se le encuentra en la brisa ligera de Elías. Los sentidos capaces de percibir a Dios son los que Ignacio llama “sentidos espirituales”. Ignacio quiere que abramos la sensibilidad espiritual y así encontremos a Dios más allá de un contacto puramente empírico. Se necesita una actitud contemplativa: es el sentimiento del que va por el camino bueno de la comprensión y del afecto frente a las cosas y las situaciones. Señales de que estamos en ese buen camino son la paz profunda, la consolación espiritual, el amor de Dios y de ver todas las cosas en Dios».

(…)

«Hay que releer el capítulo 11 de la Carta a los Hebreos. Abrahán, por la fe, partió sin saber a dónde iba. Todos nuestros antepasados en la fe murieron teniendo ante los ojos los bienes prometidos, pero muy a lo lejos... No se nos ha entregado la vida como un guión en el que ya todo estuviera escrito, sino que consiste en andar, caminar, hacer, buscar, ver… Hay que embarcarse en la aventura de la búsqueda del encuentro y del dejarse buscar y dejarse encontrar por Dios»

Al Papa no le gusta demasiado la palabra “optimismo”, prefiere “esperanza” « tal como se lee en el capítulo 11 de la Carta a los Hebreos»  «y  —prosigue el Papa Francisco—, la esperanza cristiana no es un fantasma y no engaña. Es una virtud teologal y, en definitiva, un regalo de Dios que no se puede reducir a un optimismo meramente humano. Dios no defrauda la esperanza ni puede traicionarse a sí mismo. Dios es todo promesa».

En cuanto a El arte y la creatividad (me encantaron las respuestas de esta parte de su vida) el Papa Francisco dice:  «He sido aficionado a autores muy diferentes entre sí. Amo muchísimo a Dostoyevski y Hölderlin. De Hölderlin me gusta recordar aquella poesía tan bella para el cumpleaños de su abuela ( y recerdaa la suya) , que me ha hecho tanto bien espiritual. Es aquella que termina con el verso Que el hombre mantenga lo que prometió el niño. También Gerard Manley Hopkins me ha gustado mucho».

«En pintura admiro a Caravaggio: sus lienzos me hablan. Pero también Chagall con su Crucifixión blanca...». «En música amo a Mozart, obviamente. Aquel Et Incarnatus est de su Misa en Do es insuperable: ¡te lleva a Dios! Me encanta Mozart interpretado por Clara Haskil. Mozart me llena: no puedo pensarlo, tengo que sentirlo. A Beethoven me gusta escucharlo, pero prometeicamente. Y el intérprete más prometeico para mí es Furtwängler. Y después, las Pasiones de Bach. El pasaje de Bach que me gusta mucho es el Erbarme Dich, el llanto de Pedro de la Pasión según San Mateo. Sublime. Después, a distinto nivel, no de la misma intimidad, me gusta Wagner. Me gusta escucharlo, pero no siempre. La Tetralogía del anillo, dirigido por Furtwängler en la Scala en el ’50 es lo mejor que hay. Sin olvidar Parsifal dirigido en el ’62 por Knappertsbusch».

«Deberíamos pasar a hablar de cine. La Strada de Fellini es quizá la película que más me haya gustado. Me identifico con esa película, en la que hay una referencia implícita a san Francisco. Luego creo haber visto todas las películas de Anna Magnani y Aldo Fabrizi cuando tenía entre 10 y 12 años. Otra película que me gustó mucho fue Roma città aperta. Mi cultura cinematográfica se la debo sobre todo a mis padres, que nos llevaban muy a menudo al cine».

«En general puedo decir que me gustan los artistas trágicos, especialmente los más clásicos. Hay una bella definición que Cervantes pone en boca del bachiller Carrasco haciendo el elogio de la historia de Don Quijote: “Los niños la traen en las manos, los jóvenes la leen, los adultos la entienden, los viejos la elogian”. Esta puede ser para mí una buena definición de lo que son los clásicos».

Comenta luego Spadaro reflexionando sobre su entrevista:

Me doy cuenta de que me han absorbido todas estas citas del Papa y de que desearía entrar en su vida por la puerta de sus preferencias artísticas. Sería, imagino, un largo itinerario. Incluiría el cine, desde el neorrealismo italiano al Festín de Babette. Me vienen a la cabeza otros autores y otras obras que él ha citado en otras ocasiones, quizá menores o peor conocidas o de carácter local, del Martín Fierro de José Hernández a la poesía de Nino Costa, a El gran éxodo de Luigi Orsenigo. Pienso también en Joseph Malègue y José María Pemán. Y obviamente en Dante y Borges, pero también en Leopoldo Marechal, el autor de Adán Buenosayres, El banquete de Severo Arcángelo y Megafón o la guerra. Pienso en Borges porque Bergoglio, entonces profesor de literatura a los veintiocho años en el Colegio de la Inmaculada Concepción de Santa Fe, lo conoció personalmente. Bergoglio enseñaba en los dos últimos años del liceo cuando inició a sus alumnos en la escritura creativa. Yo mismo he tenido una experiencia parecida a la suya cuando tenía su edad, en el Istituto Massimo de Roma, fundando BombaCarta, y se la cuento. Y luego el Papa habla de su experiencia cuando era profesor de literatura.  

«Entonces, Santo Padre, para la vida de una persona ¿es importante la creatividad?», le pregunto. Se ríe y me responde: «¡Para un jesuita es enormemente importante! Un jesuita debe ser creativo».

Hablan luego de  la revista de los jesuitas La Civiltá Cattolica (presente y futuro) y Cómo se entiende el hombre a sí mismo y como orar.  El Papa responde:

«Rezo el Oficio todas las mañanas. Me gusta rezar con los Salmos. Después, inmediatamente, celebro la misa. Rezo el Rosario. Lo que verdaderamente prefiero es la Adoración vespertina, incluso cuando me distraigo pensando en otras cosas o cuando llego a dormirme rezando. Por la tarde, por tanto, entre las siete y las ocho, estoy ante el Santísimo en una hora de adoración…y en otros momentos de la jornada…La oración es para mí siempre una oración “memoriosa”, llena de memoria, de recuerdos, incluso de memoria de mi historia o de lo que el Señor ha hecho en su Iglesia o en una parroquia concreta. Para mí, se trata de la memoria de que habla san Ignacio en la primera Semana de los Ejercicios, en el encuentro misericordioso con Cristo Crucificado. Y me pregunto: “¿Qué he hecho yo por Cristo? ¿Qué hago por Cristo? ¿Qué debo hacer por Cristo?”. Es la memoria de la que habla también Ignacio en la Contemplación para alcanzar amor, cuando nos pide que traigamos a la memoria los beneficios recibidos. Pero, sobre todo, sé que el Señor me tiene en su memoria. Yo puedo olvidarme de Él, pero yo sé que Él jamás se olvida de mí. La memoria funda radicalmente el corazón del jesuita: es la memoria de la gracia, la memoria de la que se habla en el Deuteronomio, la memoria de las acciones de Dios que están en la base de la alianza entre Dios y su pueblo. Esta es la memoria que me hace hijo y que me hace también ser padre».

Fuente: pagina oficial de la Santa Sede


viernes, 18 de abril de 2025

Perfiles de Cireneo

 


En su artículo  Roca al rojo vivo  publicado con el número 9 de septiembre de 2007 de “ Totus tuus ” (y reproducido en este blog) el crítico literario jesuita padre Antonio Spadaro escribe sobre la poesía de Karol Wojtyla. Dice con respecto a  Perfiles del Cireneo  ( escrito en 1957 y publicado en 1958 (el 23 de marzo?) bajo el seudónimo Andrzej Jawien por  Tygodnik Powszechny , semanario católico polaco)

"Leyendo su producción desde 1946 al Tríptico Romano, podríamos elegir algunas posturas vitales y constantes…Un tercer tema fundamental nos habla de la relación con Cristo. En marzo de 1958, cuatro meses antes de ser nombrado arzobispo de Cracovia, había publicado el poema Perfiles del Cirineo. La obra está centrada en la figura de Simón el Cirineo, visto como una poderosa imagen del hombre contemporáneo. En realidad, él describe 14 perfiles de “cireneos” contemporáneos: el melancólico, el esquizoide, los ciegos, el actor, la muchacha decepcionada en su amor, los niños, dos operarios, un intelectual, un emotivo, un volitivo… Wojtyła crea una fenomenología poética del hombre contemporáneo en pequeños pero densísimos cuadros. Cada perfil es el de un cireneo que carga a sus espaldas su propio yugo y escribe, su perfil se dibuja siempre al lado del otro Hombre…. “

PERFILES DE CIRENEO

Antes de discernir perfiles diferentes 

….El que mejor conozco es el perfil del Cireneo,

 

En todos sus aspectos posibles.

Su perfil se dibuja siempre al lado del otro Hombre

Si quieres saber sobre nuestros hombres

Y se rompió precisamente ahí

Donde el otro Hombre es más El mismo…

 

La visión de mí nació de César.

De ese perfil y de ese otro Hombre….

 

Toma el pensamiento que completa al hombre

O permite que el hombre comience de nuevo.

O también : déjate ayudar para que tú lo guías…..

 

SIMÓN DE CIRENE

Cuida y cuida al hombre. La Calle. ¿Todos esos

Rostros!....

Mi camino es angosto. Esperemos que llegue.

Que nadie beba en mis aguas!....

 Pero tu eres vasto, accesible a todos:

Tu contienes a todos los hombres….

(de Karol Wojtyla: POESÍAS, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1993).


 

 


 

 

 

viernes, 25 de octubre de 2024

Roca al rojo vivo – la poesía de Karol Wojtyla - Antonio Spadaro S.J. (3 de 3)

 


En El Tríptico Romano la última composición poética de Wojtyła, los temas precedentes se extienden entre los extremos del Principio y el Fin. El poeta se halla en el ingreso de la Capilla Sixtina, y la visión es la del Juicio: El Principio se confunden con el Fin En la visión de Miguel Ángel, en la que se basa la meditación poética, se ve le curso de las generaciones (Llegan desnudos al mundo y desnudos volverán a la tierra de la cual fueron sacados) hasta el Fin, la cumbre de la transparencia […] / La transparencia de los hechos - / La transparencia de las conciencias – Cada hombre es llamado  a recuperar de nuevo esta visión.

En su comentario al Tríptico escribió acertadamente el entonces cardenal Ratzinger: «El camino que conduce a la fuente es un camino para convertirse en videntes: para aprender de Dios a ver. Así aparecen el principio el fin» Dejándose conquistar por esta policromía Sixtina, Wojtiła recuerda sus dos cónclaves e imagina el momento de su muerte.

Las estructuras metafóricas de la poesía de Wojtyła en realidad no son «livianas». Allí se entrelazan preguntas inquietantes y respuestas de gran intensidad espiritual. Por su sensibilidad, forman parte del grupo de la así llamada  «poesía metafisica» (de Dante a John Donne, a T.S.Eliot) caracterizada por una imaginación metafórica según la cual la verdad abstracta se representa en forma de imágenes sensibles. Esta es, precisamente una de las características de la poesía wojtliana: partir de un objeto, un hecho, una persona  y aprovechar la trama infinita de relaciones con el misterio de la existencia humana, con la estructura secreta del mundo.

  Antonio Spadaro, S.I. “Roca al rojo vivo” La poesía de Karol Wojtyla, publicado en Totus Tuus Nr 9 septiembre 2007


Roca al rojo vivo – la poesía de Karol Wojtyla - Antonio Spadaro S.J. (2 de 3)

 


La primera apunta a la mirada del poeta. Escribe en el Canto: Tenéis que deteneros a mirar hacia lo profundo, hasta que no se sepáis separar el alma del fondo. Allí ningún verdor podrá llenar la mirada. No importa que los ojos del poeta se esfuercen por tornarse más agudos: veo  menos. Cuánto más esfuerzo mi vista. El esfuerzo se inclna siempre hacia un umbral que solo se alcanza por medio de una mirada abierta, maravillada intensa, capaz de tocar el fondo e involucrar el alma incondicionalmente: nada podrá saciarla completamente. En la mirada de estupor que se convierte en el sentido total de eternidad.  El sentido de la contemplaiòn está en dejarse sumergir en el misterio que se contempla. Wojtyła sostiene que el mayor sufrimietno le viene al hombre de su falta de «visión» (como leemos en Pensamiento – Extraño espacio, de 1952) porque es incapaz de ver aquello que más importa y por eso debe luchar a fin de abrirse camino entre signos, quizás a tientas, en la oscuridad. No comprende así el sentido del todo, de si mismo, del mundo, de la vida.

Un segundo tema se refiere a la obra del hombre en la historia y en la vida, considerada en toda su complejidad. El poema La cantera de piedra compuesto en 1957 nos ofrece un ejemplo. Wojtyła conocía bien el trabajo pesado. Para evitar ser deportado, entre 1939 y 1944 trabajó como operario primero en las canteras, y después en la industria química Solvay, cerca de Cracovia. La experiencia marco al joven Wojtyła, que más tarde revivirá en estos versos aquel trabajo como una dura realidad, pero también como rica metáfora en contrapunto entre la grandeza del trabajo y la dignidad humana. Escucha bien, escucha eléctrica corriente / de río penetrante que corta hasta las piedras, / y entenderás conmigo que toda la grandeza / del trabajo bien hecho es grandeza del hombre. La relación entre el hombre y la materia es sublime y arriesgada: ese hombre llevóse la estructura del mundo. Hasta la materia, las piedras lo saben porque conocen la violencia que por ráfagas yende su sencillez eterna. Todas las fuerzas, aún las más indomables, pueden llegar a ser energía abrasadora para la profunda realización del hombre.

Un tercer tema fundamental nos habla de la relación con Cristo. En marzo de 1958, cuatro meses antes de ser nombrado arzobispo de Cracovia, había publicado el poema Perfiles del Cirineo. La obra está centrada en la figura de Simón el Cirineo, visto como una poderosa imagen del hombre contemporáneo. En realidad, él describe 14 perfiles de “cireneos” contemporáneos: el melancólico, el esquizoide, los ciegos, el actor, la muchacha decepcionada en su amor, los niños, dos operarios, un intelectual, un emotivo, un volitivo… Wojtyła crea una fenomenología poética del hombre contemporáneo en pequeños pero densísimos cuadros. Cada perfil es el de un cireneo que cara a sus espaldas su propio yugo y escribe, su perfil se dibuja siempre al lado del otro Hombre. Más tarde, en 1978, en La redencòn busca tu forma para entrar en la inquietud de cada hombre, que fuè publicado bajo seudónimo cuando el poeta ya había sido elegido Pontífice, la figura de la Verónica toma el lugar del Cireneo: Y ahora espero el consuelo de tus manos / llenas de humildes empresas, / espero tus manos, que tiernamente / sostienen el sencillo velo. Aquí el rostro de Cristo se transforma en el rostro de cada hombre de quien la Verónica es hermana: su velo atrae hacia si toda la inquietud del mundo. El hombre es forma inquieta que ninguna mirada es capaz de escudriñar a fondo, pero el rostro de Cristo, grabado en el velo de la Verónica, traspasa a aquel que lo contempla, dando paz a su inquietud.

El cuarto tema está asociado a la dimensión cósmica de la relación entre Dios, el hombre y el mundo entero. El mundo está repleto de energías ocultas, con audacia yo las estoy nombrando. De obispo, mientras administraba la confirmación, se siente ser un despensero. Toco fuerzas con que debe alimentarse el hombre. También el rostro de los fieles que reciben el sacramento, cuánta gente absorta, parecen ser potenciales de energía. En los rostros, marcados por el juego de las arrugas, sobre todo en los ojos un campo eléctrico vibra / También aquí la electricidad es un hecho – y es a la vez, un símbolo. Es verdadero símbolo del pensamiento, del espíritu, de las fuerzas que existen en el hombre y sobre el cual actúa la presión de lo invisible, aprisionada atmósfera.

 Antonio Spadaro, S.I. “Roca al rojo vivo” La poesía de Karol Wojtyla, publicado en Totus Tuus Nr 9 septiembre 2007

 


 

Roca al rojo vivo – la poesía de Karol Wojtyla - Antonio Spadaro S.J. (1 de 3)

 


Leer la poesía de Karol Wojtyła significa cubrir una distancia que abarca al ser en su totalidad a nivel estético y emocional, hasta llegar a tocar las fibras más íntimas del significado de la experiencia humana. He procurado demostrarlo en mi ensayo En la melodía de la tierra – La poesía de Karol Wojtyla (Jaca book, 2006).  El está asociado por fecha de nacimiento con poetas conocidos por el público italiano como Czeslaw Milosz, Wieslawa Szymborska y tadeusz Rozewicz: poetas nacidos al inicio de los años veinte, y que tuvieron que afrontar primero la invasión alemana y más tarde la ocupación soviética. Wojtła, sin embargo, a diferencia de los otros vivió su poesía casi en silencio, consagrado más a su elección sacerdotal y después a las crecientes responsabilidades pastorales. Publicó sus obras con reticencia y bajo pseudónimo, que permaneció en secreto hasta su elección al pontificado en 1978. Sin embargo, para él poesía y vocación se alimentan siempre de un vínculo oculto, si bien vivo: «mi sacerdocio es un sacramento y una vocación, mientras escribir poesía es una función del talento, pero es ese mismo talento que determina la vocación » escribió en 197l.

El interés de Wojtyla por la poesía surge en su primera juventud. Su maduración se la debe a M. Kotlarczyk, profesor de lengua polaca en la escuela secundaria de Wadowice, con quien  más tarde dieran vida al Teatro Rapsódico. En sus poesías juveniles, los demás de la patria, la resistencia, la historia polaca se entrelazan con inspiraciones más íntimas, algunas marcadas por un profundo y romántico sentimiento por la naturaleza, generando paz y armonía, en contraposición a los oscuros nubarrones de guerra en el horizonte. El joven Wojtyła vive en un mundo de fuerzas emotivamente envolventes. Su punto central deviene en el plano de la fe, donde encuentran composición  y sentido.

La poesía llega a ser ofertorio ardiente. El alma del artista – brasa ardiente, / roca al rojo vivo / necesita de las Palabras antes  de ceñidas en estrecho lazo / impulsarlas al ritmo del amor absoluto / - creando un poema ardiente / abrazar los corazones. / Lanzarlas así a los trovadores / que anuncien a todos los pueblos / la Verdad y la Libertad de las palabras y las visiones/.

Los versos, si bien intensos, a menudo son inmaduros. El mismo Wojtyła lo admite escribiéndole al maestro Kotlarczyk. No obstante, reconoce también una «llama que ha sido encendida en mi», y que él percibe como probable fruto de la «acción de la Gracia» a la cual «es necesario saber responder con humildad». Continúa luego, «en esta dimensión, la lucha por la Poesía será la lucha por la Humildad». En 1941, Wojtyla le anticipa al amigo y maestro Kotlarczyk que al año siguiente solicitaría al cardenal Sapieha iniciar su camino hacia la ordenación sacerdotal. En 1946, año de su ordenación, publica su primera obra de la madurez, Canción sobre el Dios oculto, escrita durante los años del seminario clandestino. Leyendo su producción desde  1946 al Tríptico Romano, podríamos escoger algunas posturas vitales y constantes.

 

Antonio Spadaro, S.I. “Roca al rojo vivo” La poesía de Karol Wojtyla, publicado en Totus Tuus Nr 9 septiembre 2007

 


 

viernes, 29 de julio de 2016

JMJ 2016 (13) - Auschwitz: Antonio Spadaro: El silencio del Papa “terapéutico” para un mundo herido


Alesandro Gisotti  de Radio Vaticana entrevista al padre AntonioSpadaro, director de Civiltá Cattolica, la revista de los jesuitas y se detiene sobre el silencio de Francisco y la fuerza universal de esta palabra muda.

 Spadaro: Si: el mensaje del Papa Francisco ha sido el silencio: ha sido también una pequeña nota que él ha escrito suplicando piedad al Señor: “Señor, ten piedad de tu pueblo, perdona su crueldad”.  Ha suplicado perdón por el pueblo, no se ha lavado las manos ante esta responsabilidad.  Por lo tanto como pastor ha pedido perdón a Dios por todo el pueblo. Pero sobre todo, ha continuado aquello que Benedicto XVI había dicho: ante semejante tragedia él, como Papa alemán, había dicho: “no hay palabras”. Por lo tanto: Francisco ha aplicado esto, por eso ha querido mantener toda su visita en completo silencio. Debo decir que se creó a su alrededor y con él un ambiente de gran concentración.


Gisotti: El silencio, pero también tantos gestos. Tantos gestos pequeños y grandes.  Ante todo impresionaba el encuentro, la ternura  también aquí con poquísimas palabras, con los diez sobrevivientes de la Shoah…

Spadaro:  Ha dirigido algunas palabras a cada uno, ha escuchado, ha saludado pero también vivido todos los momentos en un clima marcadamente pausado y  de gran concentración. Esto ha impactado.  O sea no hubo apuro, ni formalidad.   Su ingreso ha sido muy lento, y como si estuviese viviendo una profunda meditación. Realmente ha impresionado a todos.

Gisotti: En la celda de San Maximiliano Kolbe, también allí ha permanecido en intensa oración silenciosa.  Un signo también para decir que en un lugar de tan indecible terror hay una luz, hay una posibilidad….

Spadaro: Un hombre que ha dado su vida por los demás, o sea ha sido un mártir porque ha dado su vida por otra persona: esta es la luz, este es el gesto que el Papa Francisco ha querido acoger en silencio, vivirlo en silencio pero un silencio a su vez  absolutamente elocuente especialmente aquí, en un momento tan difícil para la historia del mundo cuando se desatan guerras y tensiones que parecen inextinguibles. Por eso ese gesto de Maximiliano Kolbe de dar su vida por los demás, es un gesto para acoger en silencio, con nuestro  respeto y con nuestra generosidad.

Gisotti: Una última pregunta, en parte anticipada en esta última reflexión: mas allá del momento verdaderamente histórico qué mensaje puede dar el Papa con esta visita en un contexto como este en el cual también dentro de Europa experimentamos violencias, de algún modo inéditas?

Spadaro: estamos asistiendo a una Jornada mundial de la juventud que es una construcción continua de puentes. Tenemos jóvenes venidos de todas las partes del mundo que juntos están derribando los muros de la indiferencia, construyendo indudablemente puentes entre ellos. Este gesto que el Papa ha vivido hoy en Auschwitz, vivido en silencio, a su vez es de algún modo un puente, y construye un puente que va mas allá de las miserias humanas, la crueldad, la imposibilidad – de hecho – de reconciliarse. El Papa ha dicho que el acogimiento que es necesario tener puede superar también la enemistad, la división, más aún la crueldad misma. Por lo tanto, también este silencio ha sido un puente y debo decir también que lo que ha impactado mucho frente al muro de fusilamientos ha sido el silencio y su tocar con la mano aquel muro allí. Es exactamente el mismo gesto que él tuvo en Belén sobre el muro. Es un gesto terapéutico. Es un gesto que busca sanar. Su silencio ha sido un silencio terapéutico y podemos decir un silencio frente a las tragedias que estamos viviendo en el mundo.

(traducidode Radio Vaticana)  

sábado, 8 de noviembre de 2008

Karol Wojtyla y los obreros (2) – obrero-poeta


Karol Wojtyla volcó su valiosísima experiencia de obrero en sus escritos y en su vida pastoral.
Comenta el profesor Bogdan Piotrowski que compañeros de trabajo suyos como Józef Pachacz, Jan Zyla, Klemens Witkowski, Marian Piwowarczyk, Blazer Trela, Franciszek Labus y otros subrayan su cumplimiento del deber, su esfuerzo y su permanente disposición a ayudar a quien lo necesitara. En el verano de 1941 comenzó a trabajar. También sus colegas en la fábrica de productos químicos Solvay en como Józef Dudek, Franciszek Poluta, Wladyslaw Cieluch, Antoni Englot, Stefania Burda y Stefania Koscielniakowa, además de subrayar sus virtudes como trabajador, dieron testimonio de su dedicación, en cualquier momento libre, al estudio y, especialmente, a la oración. Tenía fama de ser muy piadoso.

Los primeros versos de Karol Wojtyła de los cuales tenemos referencia en realidad eran anteriores a esa etapa de su vida y formaban el libro de poesías titulado Ballady beskidzkie [Baladas delos Beskidy]. Probablemente, estos textos fueron elaborados en 1938, o incluso antes, pero, aparentemente no se conservaron continua diciendo el profesor Bogdan Piotrowski.

Comenta también que la primera presentación pública de su poesía tuvo lugar el 15 de octubre de 1938 y que Karol Wojtyla recitó personalmente su poesía. Se desconoce, sin embargo de que se trataba pues solo perduro en el recuerdo de los presentes. Si bien no descarta que se tratase del desaparecido poemario Baladas de Beskidy. En el mismo artìculo Piotrowski habla extensamente del poema “Mousiké” que data del 31 de diciembre de 1938; los demás – comenta - provienen de la primavera de 1939 y fueron publicados bajo diferentes títulos y en distintas versiones: 1. Sonety. Magnificat [Sonetos. Magníficat], 2. Psalterz. Ksiega slowianska [Salterio. Libro eslavo] Invito leer el interesantísimo articulo de Bogdan Piotrowski titulado De la poética juvenil de Karol Wojtyła.

Por otra arte y en estrecha relación con las vivencias de ese periodo de su vida, y cuando aun escribía bajo el seudónimo Andrzej Jawien (los otros dos seudónimos eran Stanislaw A.Gruda y Piotr Jasien ) publicó en noviembre 1957 bajo el titulo “Kamieniolom” –La Cantera - un ciclo de poemas en cuatro partes I La Materia; II Inspiración; III Participación: IV En memoria de un compañero de Trabajo; “Anticipa allí la intuición fundamental de Persona y Acto sobre el valor personalista de la acción. Evoca la muerte de un compañero en un accidente de trabajo. Destaca el valor subjetivo del trabajo”. (Graciela Palau: La autorrealización según el personalismo de K. Wojtyla (EDUCA, 2007)
Y Antonio Spadaro S.I. comenta en Roca al rojo vivo (Totus Tuus sept 2007) “ La experiencia marcó al joven Wojtyla que más tarde revivirá en sus versos aquel trabajo como una dura realidad, pero también como rica metáfora en contrapunto entre la grandeza del trabajo y la dignidad humana.
Escucha bien, escucha eléctrica corriente / de río penetrante que corta hasta las piedras, / y entenderás conmigo que toda la grandeza / del trabajo bien hecho es grandeza del hombre. La relación entre el hombre y la materia es sublime y arriesgada: ese hombre llevóse la estructura del mundo.”