Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

jueves, 10 de julio de 2008

Jubileo en las carceles


“En este Año Santo de 2000, no podía faltar la Jornada del Jubileo en las cárceles” decia JPII en su Mensaje del 24 de junio 2000. “Quien se encuentra en prisión piensa con nostalgia o con remordimiento en los tiempos en que era libre, y sufre con amargura el momento presente, que parece no pasar nunca. La exigencia humana de alcanzar un equilibrio interior también en esta difícil situación puede encontrar una ayuda decisiva en una fuerte experiencia de fe. Éste es uno de los motivos del valor del Jubileo en las cárceles: la experiencia jubilar vivida entre rejas puede conducir a inesperados horizontes humanos y espirituales” y pedia a los gobernantes a hacer mas humana la vida en las carcels.


Y asi dentro del marco del Jubileo el 9 de julio de 2000 a primeras horas de la mañana Juan Pablo II visitaba la cárcel de Regina Coeli de Roma. Los presos mismos habían preparado todo con cuidado y se había pedido que los guardias no portaran armas. En su homilía Juan Pablo II les decia: “Me presento a vosotros como testigo del amor de Dios. Vengo a deciros que Dios os ama y desea que recorráis un itinerario de rehabilitación y de perdón, de verdad y de justicia. Quisiera poder escuchar el relato de la historia personal de cada uno. Yo no puedo hacerlo, pero sí lo pueden hacer vuestros capellanes, que os acompañan en nombre de Cristo” Del texto de Isaías hacia referencia que “La "cárcel" de la que el Señor viene a sacarnos es, en primer lugar, aquella en la que se encuentra encadenado el espíritu. La cárcel del espíritu es el pecado. ¡Cómo no recordar, a este respecto, aquellas profundas palabras de Jesús: "En verdad, en verdad os digo que todo el que comete pecado es esclavo del pecado"! (Jn 8, 34). Esta es la esclavitud de la que él vino en primer lugar a librarnos. En efecto, dijo: "Si permanecéis en mi palabra, seréis en verdad discípulos míos y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (Jn 8, 31)”.


Decía Jesús Colina con respecto al encuentro: “Rostros curtidos por una vida difícil. No era fácil detectar sus emociones. Al final, cuando Juan Pablo II terminó la homilía, rompieron el hielo con un largo y sonoro aplauso…Pero el momento de conmoción general tuvo lugar cuando un encarcelado agradeció, en nombre de todos los detenidos, la visita del Papa. Santidad, gracias por su presencia en este lugar de dolor que hoy representa a todos los lugares de detención del mundo, dijo con voz entrecortada. En el día de nuestro Jubileo, queremos pedir a todos que se nos dé la posibilidad de vivir con la dignidad de seres humanos y que no se nos quite la esperanza de una vida diferente y mejor”.

Ese mismo domingo se celebraba el Jubileo en todas las diócesis del mundo y los obispos o sus delegados presidian la Misa en un centro penitenciario. Juan Pablo II lo hacia en la cárcel de "Regina Coeli" como Obispo de Roma, y el obispo vicegerente en la cárcel femenina de Rebibbia. La celebración tuvo lugar en la rotonda del instituto. Las oraciones y las lecturas fueron leídas en italiano, ingles y español. En el ofertorio los reclusos regalaron al Papa un álbum con las tarjetas confeccionadas por presos de todo el mundo

La prensa en su momento se hizo eco de algunas anécdotas

En Paris el obispo Michel Dubost definió al centro penitenciario como “la parroquia mas grande” de su diócesis.
En Estados Unidos, el arzobispo John Foley, presidente del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, vivió el Jubileo de las cárceles en la State Correctional Institution en Graterford, Pennsylvania . En su homilía, el «ministro» para las comunicaciones del Papa confesaba a los reclusos que «nunca antes había estado dentro de una prisión…. No he cumplido… la exhortación de Jesús de visitar a los que están en la cárcel. Os pido perdón por ello». El prelado dio las gracias a todos los que le habían invitado por poder «enmendar este pecado de omisión en mi vida al visitaros hoy».
En Turín (Italia), el arzobispo Poletto repartió entre los prisioneros mil copias del Evangelio.
En Cuba, en cambio no le fue permitido al cardenal Jaime Ortega y Alamino, arzobispo de La Habana celebrar el Jubileo de las Carceles con los detenidos, solo pudo hacerlo con los familiares.

En el Angelus ese mismo día decía el Santo Padre refiriéndose a su visita:
“Esta mañana he tenido la alegría de encontrarme, para la celebración del jubileo, con los detenidos de la cárcel "Regina Coeli". Ha sido un momento de oración y de humanidad muy emotivo. Leyendo en sus ojos, he tratado de intuir los sufrimientos, los anhelos y las esperanzas de cada uno. Sabía que en ellos encontraba a Cristo, que en el Evangelio se identificó con los detenidos hasta el punto de decir: "Estuve (...) en la cárcel y vinisteis a verme" (Mt 25, 36)”.

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