Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

miércoles, 9 de febrero de 2011

Juan Pablo II en la Argentina 1987 (13) Paraná


El mismo día 9 de abril de 1987, el Santo Padre Juan Pablo II llegaba a Paraná, a 510 kms de Corrientes. Esta escala si bien breve era especial debido a la gran cantidad de inmigrantes que hay en la zona, en un “país hecho, en buena medida, por inmigrantes, por hombres y mujeres que han venido a “habitar este suelo argentino”.



El Tango 02 descendió en el aeropuerto de Paraná a las 12 de aquel jueves que presentaba un espléndido clima otoñal, aunque ventoso. Cerca de 60.000 fieles esperaban ansiosamente. Entre ellos unos 6.000 servidores con casullas amarillas, arreglos florales de distintas colectividades y curiosas ofrendas, que fueron los toques simpáticos de la jornada leemos en el informe del diario Esquiú. En la aerostación fue recibido por el gobernador Sergio Montiel y Monseñor Estanislao Karlic. Allí mismo tuvo lugar una emotiva liturgia de oración por los inmigrantes, con el tema «El mundo y los inmigrantes», sobre la situación de la “emigración y de los problemas sociales y religiosos que lleva consigo”.


En su discurso el Papa pronunció palabras que deberíamos volver a reflexionar profundamente en la Argentina de hoy, socialmente ya tan inquieta. El Papa hablo de “un país de inmigración, hospitalario y amigo para los inmigrantes, en el pasado y en el presente.” “Inmigrantes que vinieron a buscar trabajo, corrientes inmigratorias de España. Italia, alemania, Francia, Suiza, Polonia, Ucrnia, Yugoslavia, Armenia, el Libano, Siria, Turquia.. Muchos trayendo consigo junto con su pobreza, la gran riqueza de la fe católica” , “Otros han venido trayendo sus propias tradiciones religiosas. Pienso en primer lugar, en los pertenecientes a las diversas confesiones cristianas de Oriente y de Occidente – decía. También queria “recordar especialmente en esta provincia de Entre Rios, a la inmigración hebrea, tan apreciable en sus aportes culturales. Se refirio luego al cambio en las corrientes migratorias ya que “desde Europa no tienen la amplitud de otros tiempos, nuevos desplazamientos, de países vecinos esta vez, han venido a reemplazarlas. Ahora son oriundos de regiones limítrofes los que vienen a “habitar este suelo”….o las “migraciones internas” a una Argentina donde “no se han dado las divisiones o conflictos raciales o religiosos”.
El Papa terminaba con palabras importantes y sensibles para la Argentina de hoy:
“El corazón de los argentinos no debe cambiar: si antes acogíais emigrantes del Viejo Mundo, recibid ahora, como ya lo hacéis, a vuestros vecinos menos favorecidos, para que encuentren aquí un hogar, al igual que vuestros antepasados lo encontraron en estas riberas. No haya en este país, como nunca lo ha habido, ciudadanos de segunda clase: que sea una tierra abierta a todos los hombres de buena voluntad.” A los inmigrantes católicos les pedía: “No os atrincheréis en vuestra situación, quizá precaria: Dios quiere que seáis colaboradores en la tarea de santificación del hombre y de todas las realidades humanas….el fenómeno de la migración es tan antiguo como el hombre: quizás deba verse en él un signo donde se vislumbra que nuestra vida en este mundo es un camino hacia la morada eterna….el Señor os llama insistentemente a mirar más allá, hacia el destino definitivo de vuestras vidas, y de la vida de la Iglesia: “la casa del Padre”. “La Iglesia de Cristo en este mundo es una Iglesia peregrina, una Iglesia en camino hacia la eternidad.”
Terminada la ceremonia religiosa, el Santo Padre se retiro a pie hasta el avión, saludando a la gente, y partió rumbo al aeropuerto de Buenos Aires.


Invito ver fotografias de esta visita en el sitio del Arzobispado de Parana



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Breve nota: Toda la provincia de Entre Ríos (cuya capital es Paraná) tenía para mediados del siglo XIX una población que no alcanzaba los 50.000 habitantes y un flujo de inmigrantes, en su mayoría europeos, que se incrementaba en forma constante. (Según el censo 2010 solo la ciudad de Paraná hoy cuenta con 340.861 habitantes.) La inmigración polaca mayormente se instalo más al norte (en la provincia de Misiones). En esa época y en diferentes momentos los polacos llegaron como rusos, judios, austriacos…por eso dicen que es difícil calcular la cantidad de descendientes de polacos que hay en la Argentina que se estima en cerca de un millón. Siempre me pregunte porque había tantos polacos en Misiones, con un clima subtropical casi totalmente opuesto al de Polonia. Indagando me topé con una versión de los primeros inmigrantes polacos que vinieron a la Argentina por no poder ingresar a Estados Unidos. Y aquí se les ofreció tierra en Misiones. Imagino que los comienzos habrán sido durísimos. Recuerdo a un colega, un señor polaco ya mayor que me contaba que de niño vivió en Misiones y vaya si era dura esa vida, solían ir a la escuela con barro que les llegaba casi hasta las rodillas….