Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (Beato Juan Pablo II)

martes, 3 de marzo de 2009

Dignidad matrimonial: una vocación


Dignidad matrimonial: una vocación
Mensaje cuaresmal del Cardenal Karol Wojtyla en Cracovia, 1978 (1ra parte)

La Cuaresma, en el marco del jubileo enlazado con el 900 ° aniversario del servicio episcopal de San Estanislao, apunta nuestra reflexión a los mandamientos. Al hacerlo así buscamos dirigir nuestra mirada a las raíces mismas del orden moral, cuyo particular interprete y custodio en tierra polaca fue San Estanislao.
Este año queremos dedicar este mensaje cuaresmal al sexto mandamiento del Decálogo: «No cometerás adulterio», temática esta que fue indirectamente tratada en el Mensaje anual del Episcopado con ocasión de la solemnidad de la Sagrada Familia y que nosotros retomamos en la exposición – unitaria y continua – de la ley moral, formulada en los Mandamientos. Y lo hacemos concientes que es ella, en cierto sentido, la raíz a partir de la cual se desarrollara el árbol de la moral, en sentido humano y cristiano conjuntamente.
El antiguo testamento expresaba en forma lapidaria los Mandamientos que se refieren a la esfera de la convivencia humana: los «no» dictados por Dios: «no mataras», «no cometerás adulterio», «no robaras», «no darás falso testimonio» poseen toda la fuerza expresiva de la prohibición divina.
« No cometerás adulterio» en referencia directa al matrimonio, unión – en la eterna ley divina – indisoluble y sacramental entre mujer y marido…« dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán una sola carne» (Gen, 2,24)
Esa unión a que se refiere el mandamiento, es la misma que en las costumbres de algunos pueblos y culturas se concretiza en la unión de la casa y del lecho familiar. « No cometerás adulterio» quiere decir: no destruirás esta unión, presérvala, defiéndela, como bien fundamental de orden humano, social y moral.
Este bien es realzado en toda la simplicidad y profundidad que le son propias, en el juramento prestado por los esposos, que consagran en la Iglesia su matrimonio. Amor, fidelidad, honestidad matrimonial hasta la muerte. Estas son las palabras que confirman el bien a pleno y que el sexto mandamiento intenta salvaguardar. Y si bien la forma de prohibición « No cometerás adulterio» primordialmente indica al hombre el mal que habrá de evitar, conlleva al mismo tiempo, con autoridad de mandamiento, el bien primario que Dios mismo defiende.
De aquel goza ante todo la pareja, para convertirse mas tarde en patrimonio de los hijos, y finalmente de toda la sociedad, cuyo bienestar y fuerza moral dependen del amor, de la fidelidad y de la integridad de cada unión matrimonial.
EL mandamiento se refiere directamente a los cónyuges, señalándoles cual forma de convivencia marital, a esta comunión fundamental que en el juramento de fidelidad, fortalecido por la bendición divina, se proyecta a la aceptación y educación de los hijos e indirectamente a todos, imponiendo al hombre y a la mujer respetarse mutuamente. En sentido mas amplio aun, exige el respeto de la sexualidad humana, en el profundo significado del termino, en cuanto ella se halla en estrecha relación con la dignidad de la persona y con la responsabilidad de los padres.
« No cometerás adulterio» requiere por lo tanto pureza interior y publica, y a su vez la condena de todo aquello que la viola o amenaza. Contrasta por lo tanto, con todo aquello que en las costumbres, en el arte, en los espectáculos tiende a la destrucción del clima de candor o presenta peligro para el bien querido por Dios: como Creador haber hecho al hombre «en alma y cuerpo» a su imagen y semejanza, como Redentor indicándole el camino de la vida en la verdad y en el amor.

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