San
Estanislao Kostka (1550-1568), nació en Rostków, cerca de Przasnysz, una
región profundamente católica de Mazovia, en el seno de una familia acomodada y
devota, (hijo del príncipe Kostka,
jefe militar y Senador del reino de Segismundo Augusto) distinguida por su patriotismo,
expresado, entre otras cosas, en su fiel servicio a la patria durante las
dinastías Jagellón y Vasa. Creció en ese ambiente, sin embargo, su fe era
primordial pues, como él mismo decía,
«ad maiora natus sum» (Nací para cosas más elevadas). Por eso anhelaba a Dios
con tanta intensidad, como señaló Zofia Kossak-Szczucka en su novela «Z
miłości» (Por amor). La autora, que también escribió para «Niedziela», presenta
a San Estanislao Kostka en el contexto de la Europa del siglo XVI. Leemos,
entre otras cosas: "Santísima Virgen (...), te ruego y suplico que te
dignes llevarme lo antes posible (...), para que (...) pueda contemplar tu
admirable gloria." (Niedzela.Pl)
A la edad de 14 años fue enviado a estudiar a Viena al Colegio de la Compañía de Jesús, que había sido fundado solo poco tiempo antes. San Ignacio había muerto en el 1556 y la seria formación teológica de los jesuitas ya los había distinguido como iniciadores de una profunda conversión espiritual y de una necesaria renovación cultural dentro de la Iglesia. Antes de llegar al Colegio de la Compañía en Viena, Estanislao pasó por Czestochowa. En el instituto será acogido como huésped no solo él sino también su tutor y su hermano mayor Paolo. Tal convivencia se revelará inmediatamente muy difícil debido a las inclinaciones de su hermano hacia una vida de estilo demasiado mundano, que obviamente contrastaban con el estilo sobrio de Estanislao, que se sentía "nacido para las cosas más grandes". En este período estudió mucho, vivió intensamente el espíritu del Evangelio y la devoción a María, trabajando y dando testimonio de grande coherencia entre vida y fe. De ese modo, la llamada del Señor fue madurando en él y su fiel correspondencia a la gracia fue también creciendo mucho, como se manifestaba en los numerosos espacios que dedicó a la oración, a su fervorosa participación en la Eucaristía y la asidua recitación de la Liturgia de las Horas, pero sobre todo, practicando las enseñanzas de los Ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola. Es muy explicable que los jesuitas se hayan quedado muy impresionados por el valor y la voluntad de este extraordinario joven y que luego lo hayan enviado en peregrinación a Roma junto con sus dos compañeros, donde finalmente pudo comenzar su noviciado y profesar los votos de pobreza, castidad y obediencia. (Vatican News)
Falleció a los 18 años en el noviciado romano de la Compañía de Jesús. Fue sepultado en el templo que se acababa de construir junto al noviciado en Sant'Andrea al Quirinale.
Fue canonizado el 31 de diciembre de 1726 por el papa Benedicto
XIII, junto a Luis Gonzaga y Juan Berchmans, y
declarado protector de los novicios y de
toda la juventud.
Anteriormente, el 14 de agosto de 1606, el papa Pablo V lo había
declarado beato, convirtiéndose así en el primer jesuita en recibir esta
distinción en la historia de la Iglesia. El fundador de la Compañía de Jesús,
Ignacio de Loyola, fue beatificado por el papa el 27 de julio de 1609. Doscientos años más tarde, en 1926, parte
de las reliquias del santo fueron llevadas a Polonia. Su memoria
litúrgica se celebra el 18 de septiembre..
Es santo patrón de Polonia, de la parroquia de Karol Wojtyla en Debniki (Cracovia) y de la juventud polaca.
Una reliquia de la cabeza de San Estanislao se encuentra en el noviciado jesuita de Gorhein. Su cuerpo reposa en la iglesia de San Andrés en el monte Quirinal, en Roma, en su altar izquierdo. Allí también hay una escultura de mármol de San Estanislao. Sobre ella se alza la imagen de la Virgen María, amada por nuestro compatriota, colmándolo de rosas. Cyprian Kamil Norwid, poeta y dramaturgo polaco, recordaba esta escena así: «Una sola rosa aún brilla en el marco dorado: / Como si, tras haber desplegado el lienzo del cuadro, / estuviera a punto de caer, como la última nota al doblar un laúd».
Con motivo del 450 aniversario de su muerte el Papa Francisco dirigió un Mensaje a Mons. Piotr Libera, Obispo de Plock
“San Estanislao os enseña a no tener miedo del
riesgo y de los sueños de verdadera felicidad, cuya fuente y garantía es
Jesucristo. «Jesús es el Señor del riesgo, es el Señor del siempre “más allá”.
[...] Él quiere tus manos para seguir construyendo el mundo de hoy. Él quiere
construirlo contigo» (cfr. Discurso en la Vigilia de la
J.M.J, Cracovia, 30 de julio de 2016). Que os sostenga
desde el cielo San Estanislao y que su lema os inspire: Ad maiora natus sum - “Nací para cosas más grandes”. " San Estanislao os
enseña esa libertad que no es una carrera ciega, sino la capacidad de discernir
la meta y de seguir las mejores sendas de comportamiento y de vida. Os enseña a
buscar siempre, en primer lugar, la amistad con Jesús; a leer y meditar en su
palabra y a acoger en la Eucaristía su presencia misericordiosa y poderosa,
para resistir al condicionamiento de la mentalidad mundana.”
Y los obispos polacos describieron asi al santo:
"Viviendo en el siglo XXI, no repetiremos las hazañas exactas de San Estanislao Kostka. Nuestra tarea es más bien comprender el espíritu de este santo, que no se dejó engañar por el espejismo de una vida cómoda, asegurada por la riqueza de sus padres. Tuvo el valor de oponerse a las modas imperantes y a las presiones grupales. No quería impresionar ni convertir la vida en un gran espectáculo. Era una personalidad fuerte, con su propia clase y estilo. Conservó su libertad hasta el final. No era un joven que no supiera para qué vivía, que estuviera aburrido y apático, exigente con los demás pero sin dar nada de sí mismo. No se permitió experimentar en la búsqueda de la felicidad. Sabía que este mundo no satisfacerla sus anhelos, que tarde o temprano se sentiría engañado o decepcionado. Sabía que el carácter no es solo cuestión de heredar rasgos de los antepasados, no solo la influencia del entorno, sino también el trabajo diligente en uno mismo. También sabía que convertirse en una persona madura significa emprender el esfuerzo del desarrollo. Fue un jardinero vigilante, que arrancaba las malas hierbas de la debilidad y el pecado para que pudieran crecer hermosas flores y frutos. Creía en el amor de Dios y respondía a él con todo su ser».
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