Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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sábado, 25 de julio de 2026

El Papa en Subiaco: Un encuentro entre dos santos Agustin y Benito – Tiziana Campisi

 


El Papa León XIV visitó los lugares que testimonian la experiencia eremítica y comunitaria del santo de Nursia. A los medios vaticanos, dom Mauro Meacci destaca la personalidad agustiniana del Pontífice. «El diálogo con él fue amable y fraterno. Fue un encuentro entre religiosos y también un encuentro entre Agustín y Benito, atraído sobre todo por la humanitas del obispo de Hipona».

«Ha dejado una gran alegría en el corazón de todos nosotros». Al día siguiente de la visita del Papa a los monasterios de San Benito y Santa Escolástica, en Subiaco, el abad ordinario, dom Mauro Meacci, relata con entusiasmo el encuentro con «el sucesor de Pedro». «Sabemos cuánto importantes son, para un monje y para una comunidad monástica, los vínculos con el Papa. Por eso fue verdaderamente una jornada de alegría y también de gran serenidad», explica a los medios vaticanos.



El Pontífice, que en la mañana del 22 de julio había acudido al Santuario de la Santísima Trinidad de Vallepietra, al llegar al antiguo lugar de culto, en el corazón de los montes Simbruinos, fue recibido por el abad y se detuvo en primer lugar en el Sacro Speco, «el monasterio que custodia la gruta donde san Benito vivió tres años como ermitaño». Allí permaneció en oración y luego fue acompañado al complejo monástico benedictino, donde contempló los frescos y los ambientes característicos, y en particular la imagen de san Francisco, una de las más antiguas del Pobrecillo de Asís, conservada en la capilla de San Gregorio.

León permaneció luego con la comunidad monástica benedictina y con quienes colaboran en el santuario de San Benito; posteriormente visitó el monasterio de Santa Escolástica y se detuvo en sus claustros, que ya conocía por haberlos admirado en el pasado. Muy cordial fue el almuerzo con toda la comunidad en el refectorio. «El Papa nos hizo sentir cómodos, con gran cordialidad y gran amabilidad», refiere dom Mauro. Durante la comida, los platos estuvieron acompañados por una conversación familiar. «Se nota que la personalidad del Santo Padre ha estado marcada por su condición de monje agustino; diría que parecía uno de nosotros, incluso en la conversación informal, en las preguntas que hacía a uno u otro monje y en los diálogos, también muy espontáneos, sobre las cuestiones concretas que afectan a la vida de una comunidad monástica». «Todos estábamos un poco emocionados —añade el religioso—, pero el Papa, con su humanidad y su cordialidad, hizo que el diálogo fuera verdaderamente familiar, fraterno, muy hermoso».

(Leer completo en Vatican News) 

 (Nota: Subiaco es el lugar donde San Benito vivió en retiro durante unos 30 años y Montecassino la última etapa de su vida y lugar que inspiró la escritura de la Regla Benedictina)

Invito visitar: OSBNuestras raíces.

El viaje del monje (si bien es un sitio comercial, explica muy bien todas las etapas del "viaje" de San Benito.

viernes, 24 de julio de 2026

Visita del Papa Leon IV a la Abadia de Montecassino

 


Con motivo de la reciente visita del Papa Leon XIV a la Abadia de Montecassino, lugar sagrado tan querido por Juan Pablo II invito visitar mis posts etiquetados  San Benito y Montecassino  (no todos coinciden) y publico a continuación el texto completo de las palabras del  Padre Abad Dom Luca Fallica durante la visita del Santo Padre Leon XIV a la Abadía.

Una paz que debe normalizarse, con todos los esfuerzos - Por  Antonio Luca Fallica

 Ante la preocupante normalización de la guerra, el Papa León XIV nos llama no solo a la esperanza, sino también a la responsabilidad en la construcción de la paz.

« En este hermoso monasterio, lugar de silencio y servicio, he venido a rezar, a rezar por la paz en el mundo, ante la tumba de San Benito ». Estas son las palabras que León XIV escribió el lunes en el libro de visitas de nuestra comunidad de Montecassino. La insistente repetición del verbo «rezar» resalta cómo la intención del Papa al visitar la Abadía era precisamente experimentar una gran intercesión por la paz en el mismo lugar donde, hace poco más de sesenta años, el 24 de octubre de 1964, San Pablo VI había rezado, habiendo ascendido también a Montecassino como peregrino de la paz. En aquella ocasión, el Papa Montini había traído consigo una lámpara de la paz, que el Papa León volvió a encender ante la tumba de San Benito y su hermana, Santa Escolástica. En esa misma ocasión, San Pablo VI había proclamado a San Benito principal patrono de Europa, llamándolo  Pacis nuntius , testigo de la paz. Es significativo que la visita del Papa León se produjera unos diez días después de la visita a Montecassino del Patriarca Latino de Jerusalén, el Cardenal Pierbattista Pizzaballa, quien recibió el  premio de la paz Pacis Nuncio  que la Abadía le había otorgado como eminente testigo de la paz en la convulsa Tierra Santa, llamada por vocación a ser signo de paz en el mundo, una tierra pisoteada por el Príncipe de la Paz, pero que hoy más que nunca necesita la visita de la paz de Dios, para que se inicien caminos de reconciliación y perdón.

« Vivimos un momento de gran dolor, especialmente de profunda desconfianza entre las partes, no solo entre israelíes y palestinos, sino también dentro de sus respectivas sociedades, sobre todo entre las generaciones más jóvenes, que presencian el fracaso de las decisiones políticas », declaró Pizzaballa en aquella ocasión. « En este contexto, San Benito nos recuerda que debemos comprometernos, cada uno en su propio entorno, cada uno con su propia responsabilidad, a hacer algo diferente ». Este compromiso no es ingenuo, sino capaz de reconocer las dificultades y adversidades de un camino sumamente arduo, pero abierto a la esperanza. El Patriarca de Jerusalén continuó: « San Benito nos recuerda que incluso en los momentos más duros y difíciles, es posible hacer algo diferente. Con el tiempo, sembrando. Sin esperar resultados inmediatos ni gratificación instantánea, porque no veremos la paz de inmediato. Sino movidos por el deseo de hacer algo bello por el otro porque amamos esa realidad y amamos construir relaciones con todos, ya que todos fuimos creados a imagen y semejanza de Dios: mirar al otro, a cualquier otra persona, es como mirar a Dios» .

El Papa León XIII también nos llama no solo a la esperanza, sino a la responsabilidad de la paz. Al presentar el volumen que recopila sus discursos sobre la paz, titulado «La paz es un don» (LEV), destaca tres fundamentos esenciales para cualquier compromiso auténtico con la paz: la paz requiere responsabilidad personal, se construye sobre la verdad y busca testigos. San Benito fue el Pacis nuntius  , y tras su ejemplo, hoy hay muchos testigos de la paz. Al orar ante la tumba del  Pacis nuntius,  el Papa León XIII sin duda deseaba orar por el apoyo de todos aquellos que ya dan testimonio de la paz y para que el Espíritu Santo inspire a muchos más. En su encíclica  Magnifica humanitas,  el Papa León XIII advierte del riesgo actual de un cambio de paradigma cultural que está llevando a la humanidad a una «cultura violenta del poder, donde la paz ya no se presenta como una tarea a emprender, sino como un intervalo precario entre conflictos». De hecho, estamos presenciando con preocupación lo que el Papa denomina una especie de «normalización de la guerra». Su peregrinación a Montecassino, su oración ante la tumba de San Benito, su llamado a la responsabilidad personal, deberían, por el contrario, animarnos a hacer todo lo posible por "normalizar la paz".

Abad de Montecassino

Fuente: Abadia de Montecassino

 Invito visitar mis posts: Montecassino y San Benito  (no todos coinciden)

Y Vatican News 

martes, 23 de junio de 2026

El Papa León XIV le rinde homenaje a Jérôme Lejeune, defensor de la dignidad humana, en el centenario de su nacimiento.

 


Leemos en Vatican News que con ocasión del centenario del nacimiento del venerable profesor Jérôme Lejeune, el Papa recibió este lunes 22 de junio en audiencia a los miembros de la Fundación que lleva su nombre y que continúa su obra. En su discurso, el Santo Padre elogió la memoria de quien fue a la vez pionero de la genética moderna, médico dedicado a los más vulnerables y ferviente defensor de la vida. "Sean, como él, testigos comprometidos en la sociedad, al servicio de la búsqueda constante del bien común»", exhortó.

Descubridor de la anomalía cromosómica responsable de la trisomía 21, Jérôme Lejeune dejó una profunda huella en la historia de la medicina moderna. Considerado uno de los padres de la genética contemporánea, dedicó su carrera a la investigación y al acompañamiento de las personas con Síndrome de Down.

«La medicina —solía afirmar— es el odio a la enfermedad y el amor al enfermo», recordó León XIV en su discurso dirigido a los miembros de la Fundación que lleva su nombre y que continúa su labor. Esta convicción guio toda su acción en favor de aquellos a quienes llamaba afectuosamente «los pobres entre los pobres», añadió el Papa.

El Santo Padre destacó la excelencia académica del profesor Lejeune y su incansable dedicación a la Iglesia, cualidades por las que el Papa Pablo VI lo nombró miembro de la Academia Pontificia de las Ciencias.

Tambien recalcó León XIV, «la profunda amistad forjada con Juan Pablo II y su visión compartida en favor de la defensa de la vida estuvieron en el origen de la creación de la Academia Pontificia para la Vida». El profesor Lejeune «la consideraba una institución necesaria ante la multiplicación de las amenazas contra la vida», añadió el Sumo Pontífice.

«Hombre de ciencia y de sabiduría», Jérôme Lejeune comprendió rápidamente, observó el Papa, que su descubrimiento científico «sería utilizado para erradicar a las personas portadoras de trisomía 21 antes de su nacimiento». Por esta razón, precisó León XIV, no dudó en convertirse en «su abogado», denunciando la «transgresión del juramento hipocrático y este nuevo eugenismo», que él calificaba de «racismo cromosómico».

El Obispo de Roma reconoció después que «sus intervenciones proféticas lo llevaron a defender la vida de toda persona humana, haciendo referencia a la dignidad inviolable que tiene su origen en el acto creador de Dios». Por ello, añadió, «interpeló y asesoró a instituciones y gobernantes de todo el mundo sobre esta cuestión».

«Esta lucha le valió ser objeto de ataques y críticas en ciertos ambientes científicos», señaló finalmente el Papa.

La técnica no debe reemplazar a la ética

Según el Sucesor de Pedro, el profesor Jérôme Lejeune era consciente de que «si la técnica puede ayudar a la medicina, no puede, en cambio, sustituirla». Sabía, en efecto, que «la técnica puede ser utilizada contra la medicina, que por naturaleza está al servicio de la vida».

El valor de una persona, recordó el Papa, nunca depende de su rendimiento, de su autonomía o de su utilidad social. «¡Jamás un médico debería permitirse, basándose en algoritmos de laboratorio, decidir sobre la vida de tal embrión o de tal persona anciana! ¡Jamás la medicina podrá convertirse en servidora de la muerte programada!», advirtió el Santo Padre.

Hoy, la Fundación Jérôme Lejeune prosigue su labor en torno a tres misiones: la investigación, la atención médica y la defensa de la dignidad humana. El Instituto Jérôme Lejeune atiende cada año a varios miles de pacientes con discapacidades intelectuales de origen genético, mientras que la Fundación apoya numerosos programas científicos internacionales.

(continuarleyendo)

 

También lo recordaba el Papa Francisco en su momento al celebrarse la Jornada de la Vida. 

Invito leer posts en este blog etiquetados Lejeune

 


jueves, 18 de junio de 2026

Mensaje póstumo del Papa Leon XVI al Cardenal del lema «Veritas liberabit nos», «La verdad nos hará libres» (cf. Jn 8,32).

 


Celebramos esta Eucaristía encomendando a la misericordia del Señor a nuestro hermano, el Cardenal Camillo Ruini, un sabio y bondadoso pastor del rebaño de Cristo.

Durante muchos años sirvió a la Iglesia, desempeñando con igual dedicación tanto las responsabilidades más humildes como las más complejas que el Señor le confió como sacerdote, obispo y cardenal: en la enseñanza, el estudio y la teología, en la pastoral, en el trabajo con los jóvenes, en el ámbito cultural, en el cuidado de los laicos y las vocaciones, y en el ejercicio de la autoridad.



La Iglesia en Italia, a la que sirvió durante aproximadamente diecisiete años como Presidente de la Conferencia Episcopal, le debe mucho, al igual que la Diócesis de Roma, donde sirvió durante el mismo tiempo como Vicario del Santo Padre. Supo guiar al Pueblo de Dios y a sus hermanos en el episcopado en momentos importantes y delicados, afrontando numerosos desafíos con entusiasmo, discernimiento y valentía.

Le debemos ideas e iniciativas que han dejado una profunda huella en la comunidad eclesial y civil. Recordamos el «Proyecto Cultural»; su profundo compromiso con la promoción de la contribución del mundo católico en los más diversos ámbitos de la vida religiosa, civil y política italiana; la gran labor del Sínodo diocesano y su implementación aquí en Roma; su presencia activa y dialogante en diversos niveles de la vida de la Iglesia, así como del mundo secular y la sociedad.

(…)

Nuestro querido hermano acompañó a los fieles y a las comunidades que le fueron confiadas durante su largo servicio a través de muchas vicisitudes, y es precisamente en la invencible caridad del Señor y en la respuesta de fe a este don donde debemos buscar la raíz de la fortaleza con la que las afrontó. En su Testamento Espiritual, hablando de las muchas personas a quienes sentía gratitud por el bien que le habían brindado, el cardenal Camilo escribió: «De ellos no he recibido menos de lo que he intentado dar». Creo que estas son palabras que también pueden ayudarnos a vivir nuestras responsabilidades y nuestros diversos servicios con la misma humildad y la misma confianza en Dios.

Además, él mismo testificó que uno de los recursos que más lo acompañaron a lo largo de su dilatada vida, desde la infancia, fue la oración: sencilla, sincera, fresca en sus años más tiernos y madurando con el tiempo, hasta la época de la fragilidad y la enfermedad.

(…)

El cardenal Camillo Ruini tuvo la gracia de conocer y trabajar personalmente con algunos de los grandes santos de los últimos tiempos, como San Pablo VI y San Juan Pablo II. En particular, sobre su relación con el papa Wojtyła, con quien colaboró ​​durante muchos años, escribió: «En Juan Pablo II experimenté tu presencia, Señor; pude tocar de primera mano la unión en la oración, la inseparabilidad de la oración, la vida y el apostolado, la valentía de la fe que guía la historia, la capacidad de amar y perdonar» (ibíd.). Creo que el cardenal supo inspirarse tanto en el ejemplo de unidad de vida del gran Pontífice, porque también encontramos en él muchos de los rasgos que utiliza para describir al Santo Papa; y pienso que esta consonancia de sentimientos puede inspirarnos también en nuestro camino.

Como lema de su episcopado, nuestro hermano eligió una frase inspirada en el Evangelio de San Juan: «Veritas liberabit nos», «La verdad nos hará libres» (cf. Jn 8,32)…. Al observar la vida del Cardenal Ruini, cómo vivió y cómo dejó este mundo, podemos captar un signo de la fuerza y ​​la solidez con que la humanidad crece y madura cuando encuentra el centro y el eje de su existencia en la Verdad que proviene de Dios.

(de la Homilia del PapaLeon XIV – Capilla Papal para el Funeral del Cardenal Camillo Ruini – Altar dela Cátedra de la Basilica de San Pedro 18 de junio 2026)

 

miércoles, 17 de junio de 2026

Papa Leon XIV – Audiencia General con sus comentarios acerca del viaje apostólico a Argelia, Camerún, Anglo y Guinea Ecuatorial.

 




Hoy deseo hablar sobre el viaje apostólico que realicé del 13 al 23 de abril visitando cuatro países africanos: Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial.

Desde el inicio de mi pontificado, había pensado en un viaje a África. Doy gracias al Señor, que me ha permitido realizarlo como Pastor para visitar y animar al pueblo de Dios, y vivirlo como mensaje de paz en un momento histórico marcado por guerras y graves y frecuentes violaciones del derecho internacional. Expreso mi más sincero agradecimiento a los obispos y a las autoridades civiles que me han acogido, así como a todos aquellos que han colaborado en la organización.

La providencia quiso que la primera etapa fuera precisamente el país donde se encuentran los lugares de san Agustín, es decir, Argelia. Así, por una parte, he podido comenzar desde las raíces de mi identidad espiritual; y, por otra parte, me ha sido posible atravesar y consolidar puentes muy importantes para el mundo y la Iglesia de hoy: el puente con la época fecundísima de los Padres de la Iglesia; el puente con el mundo islámico; el puente con el continente africano.

En Argelia he recibido una acogida no solamente respetuosa, sino también cordial, y hemos podido comprobar de primera mano y mostrar al mundo que es posible vivir juntos como hermanos y hermanas, incluso de religiones distintas, cuando nos reconocemos hijos del mismo Padre misericordioso. Asimismo, ha sido una ocasión propicia para entrar en la escuela de san Agustín: con su experiencia de vida, sus escritos y su espiritualidad, él es maestro en la búsqueda de Dios y de la verdad. Su testimonio es hoy de gran importancia para los cristianos y para cualquier persona.

En los siguientes tres países que he visitado, la población es, en cambio, de mayoría cristiana, y, por tanto, me he sumergido en un ambiente de fiesta de la fe, de acogida calurosa, favorecida también por el carácter típico de la gente africana. Al igual que mis predecesores, yo también he experimentado un poco de lo que le sucedía a Jesús con las multitudes de Galilea: Él las veía sedientas y hambrientas de justicia, y les anunciaba: “Bienaventurados los pobres en el espíritu, bienaventurados los mansos, bienaventurados los que trabajan por la paz…” Y reconociendo su fe, decía: “Vosotros sois la sal de la tierra y la luz del mundo” (cfr. Mt 5,1-16).

La visita a Camerún me ha permitido reforzar el llamamiento a comprometernos juntos con la reconciliación y la paz, porque también este país, desgraciadamente, está marcado por tensiones y violencia. Me alegro de haber ido a Bamenda, en la zona anglófona, donde he animado a trabajar juntos por la paz. Camerún es llamado “África en miniatura”, con referencia a la variedad y a la riqueza de su naturaleza y de sus recursos; pero también podemos entender esta expresión en el sentido de que en Camerún encontramos las grandes necesidades de todo el continente africano: la necesidad de una distribución equitativa de las riquezas; de dar espacio a los jóvenes, superando la corrupción endémica; de promover el desarrollo integral y sostenible, oponiendo a las varias formas de neocolonialismo una cooperación internacional con visión de futuro. Doy las gracias a la Iglesia en Camerún y a todo el pueblo camerunés, que me ha acogido con tanto amor; y rezo para que el espíritu de unidad que se ha manifestado durante mi visita se mantenga vivo y guíe las decisiones y las acciones futuras.

La tercera etapa del viaje ha sido Angola, gran país al sur del ecuador, de tradición cristiana multisecular, ligada a la colonización portuguesa. Como muchos países africanos, después de haber alcanzado la independencia, Angola ha atravesado un periodo difícil, que en su caso ha sido ensangrentado por una larga guerra interna. En el crisol de esta historia, Dios ha guiado y purificado la Iglesia convirtiéndola cada vez más al servicio del Evangelio, de la promoción humana, de la reconciliación y de la paz. ¡Iglesia libre para un pueblo libre! En el santuario mariano de Mamã Muxima – que significa “Madre del corazón” – he sentido latir el corazón del pueblo angoleño. Y en los varios eventos he visto con alegría muchas religiosas y religiosos de todas las edades, profecía del Reino de los cielos en medio de su gente; he visto catequistas que se dedican enteramente al bien de la comunidad; he visto rostros de ancianos esculpidos por fatigas y sufrimientos, y que transparentan la alegría del Evangelio; he visto mujeres y hombres danzar al ritmo de cantos de alabanza al Señor resucitado, fundamento de una esperanza que resiste a las desilusiones causadas por las ideologías y las promesas vanas de los poderosos.

Esta esperanza exige un compromiso concreto, y la Iglesia tiene la responsabilidad, con el testimonio y el anuncio valiente de la Palabra de Dios, de reconocer los derechos de todos y de promover su respeto efectivo. He podido asegurar a las autoridades civiles angoleñas, y también a las de los otros países, la voluntad de la Iglesia Católica de seguir ofreciendo esta contribución, especialmente en los campos sanitario y educativo.

El último país que he visitado es Guinea Ecuatorial, en el 170°. aniversario de la primera evangelización. Con la sabiduría de la tradición y a la luz de Cristo, el pueblo guineano ha atravesado los acontecimientos de su historia, y, en los pasados días, en presencia del Papa, ha renovado con gran entusiasmo su voluntad de caminar unido hacia un futuro de esperanza.

No puedo olvidar lo sucedido en la cárcel de Bata, en Guinea Ecuatorial: los reclusos cantaron a pleno pulmón un canto de agradecimiento a Dios y al Papa, pidiéndole que rece “por sus pecados y su libertad”. Nunca había visto nada semejante. Y luego han rezado conmigo el Padre Nuestro, bajo una lluvia torrencial. ¡Un signo auténtico del Reino de Dios! Y, siempre bajo la lluvia, comenzó el gran encuentro con la juventud en el estadio de Bata. Una fiesta de alegría cristiana, con testimonios conmovedores de jóvenes que han encontrado en el Evangelio el camino para un crecimiento libre y responsable. Esta fiesta culminó con la celebración eucarística del día siguiente, que coronó dignamente la visita a Guinea Ecuatorial y todo el viaje apostólico.

 

Invito leer: León XIV en África: Peregrino entre "diferentes pueblos y mundos"

sábado, 30 de mayo de 2026

Magnifica Humanitas – Papa Leon XIV – Sintesis


MagnificaHumanitas  La Encíclica del Papa León XIV sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial

 La dignidad del ser humano como criterio para orientar el progreso tecnológico.

 El Papa León XIV, al presentar al mundo y a todo el pueblo de Dios su primera Carta Encíclica sobre la custodia de la persona humana en en tiempo de la inteligencia artificial, declaró: “Invito a todos los miembros de la Iglesia y de la familia humana: aprendamos a escucharnos unos a otros, afrontemos con valentía los desafíos presentes y cooperemos en la construcción de una sociedad más humana y fraterna. [...] Por favor, lleven con ustedes el compromiso de permanecer despiertos y ser ‘artesanos de esperanza’ para seguir construyendo la obra de nuestro tiempo. Que el Espíritu del Señor Resucitado sostenga nuestro trabajo común”.

 

La Encíclica en síntesis

En la era de la inteligencia artificial, la humanidad se enfrenta a una disyuntiva: dejarse guiar por la tecnología y el progreso como únicos principios sobre los que construir nuestra civilización, o situar la dignidad de la persona en el centro, relegando el progreso tecnológico a la categoría de mero instrumento. Para ilustrar esta disyuntiva, el Papa León recurre a dos imágenes bíblicas: por un lado, la construcción de la Torre de Babel y, por el otro, la reconstrucción de Jerusalén.  

Para elegir el camino “correcto”, se requiere un PENSAMIENTO DINÁMICO (cap. 1), centrado en la Doctrina Social de la Iglesia, siguiendo las enseñanzas del Concilio Vaticano II: escuchar, discernir e interpretar nuestros tiempos a la luz del Evangelio, para poder devolver a la humanidad la verdad revelada, incluso a través de los lenguajes contemporáneos.

Para una mejor interpretación de las res novae de nuestra época en relación con la dignidad de la persona, acuden en nuestra ayuda los FUNDAMENTOS Y PRINCIPIOS DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA (cap. 2). Los fundamentos atañen al ser humano en cuanto imagen del Dios trinitario, quien, en virtud de esta condición, es depositario de derechos inviolables y de una dignidad intrínseca, sin acepción de personas. Los principios son aquellos del bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad y la solidaridad, así como la justicia social. Si estos principios rigen las relaciones sociales, se logra lo que Pablo VI compendió por primera vez en el concepto de desarrollo humano integral.

Así llegamos al núcleo de la cuestión, es decir, la relación entre tecnología, poder y persona humana (cap. 3). Aunque el Papa León reconoce el valor del desarrollo tecnológico como manifestación de la creatividad humana, advierte del riesgo de que este se erija en criterio absoluto de juicio. Las inteligencias artificiales, al carecer de experiencias, valores y sentimientos, no pueden ni deben asumir jamás una función de responsabilidad y supremacía sobre la inteligencia humana.

Para escapar de tal peligro, es necesario, por consiguiente, CUSTODIAR LO HUMANO EN LA TRANSFORMACIÓN (cap. 4). El primer ámbito que requiere atención es el de la verdad: en una era en la que todo es susceptible de manipulación, es preciso custodiar una educación crítica que nos permita distinguir lo verdadero de lo falso. El segundo ámbito es el del trabajo: cuando la eficiencia se convierte en el criterio dominante, el trabajo corre el riesgo de perder su valor humano y relacional. El tercer ámbito es el de la libertad: amenazada por las adicciones digitales y la recopilación masiva de datos; su defensa exige una regulación justa, responsabilidad compartida y educación. Para custodiar las condiciones de una vida auténticamente humana, capaz de verdad, trabajo digno y libertad real, es necesario un esfuerzo conjunto.

En este punto de la Carta Encíclica, el Papa León recuerda que la inteligencia artificial produce efectos, a menudo dramáticos, también sobre la guerra. Las innovaciones tecnológicas no solo optimizan la eficacia de los medios de defensa, sino que también corren el riesgo de automatizar y despersonalizar decisiones que implican la vida y la muerte, por lo que requieren ética y responsabilidad moral. Esta es LA CULTURA DEL PODER a la que se contrapone LA CIVILIZACIÓN DEL AMOR (cap. 5). Frente a la deriva que tiende a anteponer la eficacia de los medios al juicio moral y los resultados militares a la salvaguarda de la vida humana, la única perspectiva de salvación radica en una civilización fundada en la justicia, la fraternidad y el diálogo. En la civilización del amor, todos podemos aportar nuestro granito de arena, comenzando por el desarme de las palabras, practicando la justicia, adoptando la mirada de las víctimas, cultivando el diálogo, sin refugiarnos en el idealismo, pero confiando en un sano realismo. Todas estas buenas prácticas encuentran su fuerza vital en la oración.

El capítulo conclusivo se centra en la dimensión espiritual y teológica. La misericordia de Dios, presente a lo largo de la historia, pone en el centro el misterio de la Encarnación. Dios se hizo hombre y nos mostró cuál es la verdadera humanidad, así como una atención preferencial por los últimos. En esto radica la grandeza del ser humano, no en el poder tecnológico, sino en la libertad, el amor y la gracia. En una época que genera exclusión, estamos llamados, como hermanos y hermanas reunidos en un “único cuerpo en Cristo”, a custodiar los vínculos, en particular mediante la solidaridad y el cuidado de los más frágiles.

Custodiar lo humano en la era de la inteligencia artificial es, por consiguiente, una responsabilidad común y compartida. Aquí resurge la imagen inicial de contraposición entre la Torre de Babel y la Ciudad Santa: ¿a la construcción de cuál de estas dos obras deseamos contribuir?  Si actuamos como “sabios arquitectos” y constructores fieles de la verdad, custodiando las relaciones, invirtiendo en educación y mostrando amor por la justicia y la paz, la humanidad no perderá su magnificencia. Por tanto, es importante, no permanecer como espectadores resignados, sino actuar como tejedores de esperanza, con la misma fe que María, quien, en su humildad, bajo una dominación extranjera y en medio de un pueblo humillado y dividido, fue capaz de vislumbrar la obra invisible y salvífica de Dios.

 Para leer la síntesis ampliada de la Encíclica, haga clic aquí.

 Fuente: Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral (En este mismo enlace una gran cantidad de información, recursos y discursos.)

 


jueves, 28 de mayo de 2026

Presentación y promulgación de la Carta Encíclica “Magnifica Humanitas” del Papa Leon XIV – palabras del Santo Padre


Agradezco de corazón a quienes han organizado el encuentro de hoy, y en particular a quienes han compartido su conocimiento y su experiencia en las diversas ponencias que hemos escuchado.

De manera especial, deseo agradecer al señor Olah por haber aceptado nuestra invitación. A mi vez, en nombre de la Iglesia, acepto su invitación a caminar juntos, a escuchar y a dialogar, para encontrar el camino para la humanidad en este tiempo de la inteligencia artificial.

 Qué gran signo de esperanza es el hecho de que, con nuestras diferencias, podamos escucharnos unos a otros. Este intercambio indica claramente la gravedad del momento, así como la convicción de que, juntos, podemos discernir las cuestiones más importantes de nuestro tiempo y, por tanto, el futuro de la humanidad.

En los momentos clave de la historia, la Iglesia está llamada a descifrar «cosas nuevas» a la luz del Evangelio y de la dignidad de la persona. Hace 135 años, mi venerable predecesor León XIII observó la situación de los obreros, de sus familias desarraigadas y las nuevas formas de pobreza generadas por la rápida transformación industrial. Comprendió que la Iglesia no podía permanecer al margen. En un momento de cambio trascendental que amenazaba la dignidad humana, la encíclica Rerum novarum expresó su mensaje evangélico y social sobre las «cosas nuevas» que estaban ocurriendo. 

Hoy nos enfrentamos a una transformación de dimensiones similares, con consecuencias tal vez aún mayores. La inteligencia artificial ya afecta a muchos ámbitos de nuestra vida e incide en decisiones que moldean la convivencia humana. También está cambiando de manera dramática la forma en que se libra la guerra.

Al igual que el «León» anterior, me siento llamado a contemplar otra gran transformación con los ojos de la fe, con la lucidez de la razón, con apertura al misterio y con los gritos de los pobres de la tierra resonando en mi corazón. 

Magnifica humanitas nació de escuchar como lo hizo León XIII. He escuchado a científicos e ingenieros que trabajan con sincero entusiasmo en tecnologías capaces de aliviar inmensos sufrimientos; a líderes políticos y funcionarios públicos que han buscado con perseverancia normas justas; a padres y maestros profundamente preocupados por el futuro de las generaciones más jóvenes.

También me han llegado otras voces muy preocupantes, sobre sistemas de armas cada vez más autónomos, que prácticamente ningún ser humano ni ningún gobierno puede controlar realmente. Escucho relatos muy preocupantes sobre algoritmos que pueden bloquear el acceso a la atención médica, al trabajo y a la seguridad basándose en datos viciados por prejuicios e injusticias. Y he escuchado el silencio de quienes no tienen voz cuando se toman las decisiones, decisiones que corren el riesgo de generar nuevas formas de exclusión y sufrimiento.

De esta escucha ha madurado una convicción alarmante expresada en Magnifica humanitas: la inteligencia artificial debe ser desarmada. Se trata de una palabra fuerte, lo sé, pero ha sido elegida deliberadamente porque este momento necesita palabras capaces de llamar la atención, despertar las conciencias e indicar el camino a seguir para la humanidad.

(del Discurso del Papa Leon XIV  en la Presentación con promulgación de la Carta Encíclica “Magnifica Humanitas” del Papa Leon XIV)

(seguir leyendo en el sitio de la Santa Sede) 

 


martes, 26 de mayo de 2026

«Magnifica humanitas», Seguir siendo humanos en la era de los algoritmos – Andrea Tornielli

 


Me permito “robarle” a Vatican News este comentario completo,  de una autoridad como Andrea Tornielli,  sobre la primer Encíclica del Papa Leon XIV

En la encíclica «Magnifica humanitas», la petición del Papa León: hacer que la tecnología avance sin que el corazón retroceda.

En la era de la inteligencia artificial, en la que la dignidad humana corre el riesgo de verse eclipsada por las enormes concentraciones de poder tecnológico fuera de todo control y por nuevas formas de deshumanización, el Papa León nos recuerda el «deber urgente» de seguir siendo profundamente humanos. En la era de las polarizaciones y la violencia, que ve cómo se expande una «cultura del poder» con la guerra rehabilitada como instrumento de la política internacional, el Sucesor de Pedro nos pide que hagamos crecer la técnica «sin que el corazón retroceda». Nos invita a aceptar el límite y la fragilidad de la humanidad sin considerarlos, como hace la ideología tecnocrática, un error que hay que corregir. Nos exhorta a mirar el mundo no desde la perspectiva de los grandes, sino desde abajo, con los ojos de quienes sufren, partiendo de los últimos. Con los ojos de un Dios que ha tomado sobre sí nuestra debilidad transformándola en un lugar de salvación, porque «aunque las máquinas destaquen en eficiencia, el centro de la historia sigue siendo un rostro humano que pide ser mirado».

 

«Magnifica humanitas», la primera encíclica de León XIV, no es ante todo un texto analítico sobre la inteligencia artificial, no entra en los detalles de procesos que están en continua evolución. Es más bien una «summa», que aplica los principios de la Doctrina social a nuestro tiempo, que es el tiempo de la IA, consolidando y actualizando los puntos cardinales del magisterio. Es un texto que pone fin también al malentendido de quienes, confiando en la absoluta libertad de los mercados y de las nuevas tecnologías, tienden a desestimar como enseñanza discutible el magisterio papal sobre la exigencia de un gobierno humano compartido de la IA, sobre la ecología integral, sobre las estructuras económicas que se convierten en «estructuras de pecado», sobre el no a la guerra.

 

El Papa, que ha tomado el nombre del autor de la «Rerum novarum», en la era de la revolución digital nos pide a cada uno de nosotros que asumamos un papel activo, porque la construcción de la «civilización del amor» se realiza gracias a «una suma de pequeñas y tenaces fidelidades», capaces de frenar la deshumanización. Una tarea, por tanto, que nos concierne a todos, y de cerca.

 

León nos recuerda que «las injusticias no nacen solo de las decisiones erróneas de los individuos, sino también de estructuras, mecanismos y ordenamientos económicos y culturales que producen desigualdad» y que «no es humano un desarrollo que aumenta el consumo de unos descargando los costes y las heridas sobre otros, o que relega regiones enteras a roles subordinados», como lamentablemente está ocurriendo hoy también en el ámbito de las nuevas tecnologías y de los recursos que estas requieren. En la encíclica se lee que es «doctrina cierta» de la Iglesia la función social de la propiedad privada, y hoy, entre los bienes universalmente destinados a todos, «debemos incluir también las nuevas formas de propiedad: patentes, algoritmos, plataformas digitales, infraestructuras tecnológicas, datos», para evitar que surjan o se consoliden nuevas formas de exclusión y privación de libertad. De hecho, la técnica no es un simple instrumento, y cuando se convierte en criterio, «acaba por establecer qué es lo que cuenta y qué puede descartarse», reduciendo «a las personas a engranajes de un sistema que debe ser cada vez más eficiente».

 

Hoy en día, el control de las plataformas, las infraestructuras, los datos y la capacidad de cálculo «no es prerrogativa de los Estados, sino de los grandes actores económicos y tecnológicos», que fijan las condiciones de acceso, las reglas de visibilidad y las propias posibilidades de participación. Cuando tal poder se concentra en unas pocas manos, «tiende a volverse opaco y a escapar al control público», conllevando el riesgo de un desarrollo distorsionado «que genera nuevas dependencias, exclusiones, manipulaciones y desigualdades».

 

El Papa, reiterando la superación de la teoría de la «guerra justa», pide que el uso de la inteligencia artificial en el ámbito bélico se someta a las más rigurosas restricciones éticas porque «no existe algoritmo que pueda hacer que la guerra sea moralmente aceptable». Además, la inteligencia artificial se ha convertido en un elemento determinante para orientar la opinión pública mediante la manipulación de imágenes y contenidos, lo que hace cada vez más difícil distinguir lo verdadero de lo falso. Son muchas, además, las incógnitas que afectan al mercado laboral. La encíclica recuerda, a este respecto, que ya no es posible confiar únicamente en la «mano invisible» del mercado: es la política la que tiene la tarea de orientar las dinámicas económico-tecnológicas hacia el bien común, promoviendo el trabajo digno, la inclusión social y una distribución equitativa de los beneficios de la innovación.

 

Seguir siendo humanos, gobernar los procesos, evitar —también en este ámbito— los monopolios que acaban aumentando el poder de unos pocos a costa de la vida de muchos: el camino indicado por el Pontífice no levanta barricadas ni rechaza a priori el uso de la IA. Más bien señala sus numerosos aspectos positivos y sus muchas aplicaciones útiles, pero al mismo tiempo explica que no basta con plantearse una cuestión ética sobre el fin bueno o malo para el que se utiliza. De hecho, es indispensable intervenir antes y preguntarse también cómo se diseña un sistema y qué idea de persona y de sociedad queda inscrita en los datos y en los modelos que lo guían. Para ello se necesitan marcos jurídicos adecuados, una supervisión independiente, la educación de los usuarios y, sobre todo, una vez más, «una política que no renuncie a su tarea». De lo contrario, el cambio estará regido únicamente por lógicas tecnocráticas y se presentará como «necesario e inevitable», acabando así por imponer reglas «dictadas» por quienes poseen los datos, las infraestructuras y las capacidades de cálculo.

 

Es necesario, por tanto, «desarmar» a la IA, es decir, «romper esta equivalencia entre poder técnico y derecho a gobernar». No para renunciar a la tecnología, sino para impedir que domine a lo humano: hay que hacerla discutible, cuestionable y, por tanto, habitable. Precisamente para no renunciar a nuestra humanidad, tan frágil y tan «magnífica».

 

Invito leer otros comentarios en Vatican News: 

La encíclica de León XIV: la IA sirva a la humanidad, no al poder de pocos - Isabella Piro  

Los expertos en IA: «Magnifica humanitas», una «voz moral» que no se doblega - Edoardo Giribaldi 

León XIV presenta la encíclica: desarmar la IA, no a lógicas de exclusión y dominio - Salvatore Cernuzio 

El párroco de Silicon Valley: la encíclica aboga por el diálogo entre la Iglesia y hi-tech - Salvatore Cernuzio 


 

 

 

lunes, 18 de mayo de 2026

Primer aniversario del inicio del Ministerio Petrino del Obispo de Roma León XIV

 


Se cumple hoy el primer aniversario del inicio del Ministerio Petrino del PapaLeon XIVprecedido por la Santa Misa celebrada con los cardenales el 9 de mayo  y la celebrada el domingo 11 de mayo en lacripta de la Basilica de San Pedro. 

La celebración eucarística del Ministerio Petrino propiamente dicho tuvo lugar en la Plaza San Pedro el domingo 18 de mayo (justamente el día del aniversario del nacimiento del Papa Juan Pablo II)  

El nuevo pontífice en su homilía hizo una breve presentación de lo ocurrido los días pasados:

En estos últimos días, hemos vivido un tiempo particularmente intenso. La muerte del Papa Francisco ha llenado de tristeza nuestros corazones y, en esas horas difíciles, nos hemos sentido como esas multitudes que el Evangelio describe «como ovejas que no tienen pastor» (Mt 9,36). Precisamente en el día de Pascua recibimos su última bendición y, a la luz de la resurrección, afrontamos ese momento con la certeza de que el Señor nunca abandona a su pueblo, lo reúne cuando está disperso y lo cuida «como un pastor a su rebaño» (Jr 31,10).

Con este espíritu de fe, el Colegio de los cardenales se reunió para el cónclave; llegando con historias personales y caminos diferentes, hemos puesto en las manos de Dios el deseo de elegir al nuevo sucesor de Pedro, el Obispo de Roma, un pastor capaz de custodiar el rico patrimonio de la fe cristiana y, al mismo tiempo, de mirar más allá, para saber afrontar los interrogantes, las inquietudes y los desafíos de hoy. Acompañados por sus oraciones, hemos experimentado la obra del Espíritu Santo, que ha sabido armonizar los distintos instrumentos musicales, haciendo vibrar las cuerdas de nuestro corazón en una única melodía.

Fui elegido sin tener ningún mérito y, con temor y trepidación, vengo a ustedes como un hermano que quiere hacerse siervo de su fe y de su alegría, caminando con ustedes por el camino del amor de Dios, que nos quiere a todos unidos en una única familia. (…) “

Luego invito a reflexionar sobre “ese pasaje del Evangelio que nos conduce al lago de Tiberíades, el mismo donde Jesús había comenzado la misión recibida del Padre: “pescar” a la humanidad para salvarla de las aguas del mal y de la muerte. Pasando por la orilla de ese lago, había llamado a Pedro y a los primeros discípulos a ser como Él “pescadores de hombres” recordándonos esas palabras tan comprometedoras de Jesus: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?» (Jn 21,16) a  San Agustín :   «Todos los que viven en concordia con los hermanos y aman a sus prójimos son los que componen la Iglesia» (Sermón 359,9). Agregando:  Hermanos, hermanas, ¡esta es la hora del amor! La caridad de Dios, que nos hace hermanos entre nosotros, es el corazón del Evangelio. Con mi predecesor León XIII, hoy podemos preguntarnos: si esta caridad prevaleciera en el mundo, «¿no parece que acabaría por extinguirse bien pronto toda lucha allí donde ella entrara en vigor en la sociedad civil?» (Carta enc. Rerum novarum, 20).

El martes 20 de mayo tuvo lugar la visita a la Basilica de San Pablo Extramuros donde visitó la Tumba de San Pablo y el 25 de Mayo la toma de posesión de la Cátedraromana del Obispo de Roma en la Basilica de San Juan de Letrán   y después se traslado a Santa MariaMaggiore para venerar el icono de la Virgen, la Salus Populi Romani, patrona deRoma.  



Al año de la toma de posesión como Obispo de Roma, el próximo 25 de Mayo será dada a conocer la primer Encíclica del Papa Leon XIV: “Magnifica humanitas”, que  “lleva la firma del Papa León XIV con fecha del 15 de mayo, coincidiendo con el 135º aniversario de la promulgación de la encíclica Rerum Novarum de León XIII.” 

 

viernes, 24 de abril de 2026

Un pulmón para África, el viaje apostólico del Papa misionero agustino León XIV – (2 de 2) Argelia, tierra de San Agustin

 


En la página de los agustinos de España leemos que el Papa " Tiene a África en su corazón. Ha visitado varias veces nuestras misiones en diferentes países". La última vez fue en Kenia a finales de 2024, donde la Federación Agustiniana de África tiene varios centros para enfermos de sida.” Decía el padre Edward Danaing Daleng, Procurador General de la Orden de San Agustín y Consejero General para el continente y agregaba  «Creo que África será central en elpontificado de León XIV.  La presencia en Argelia, tierra de encuentro y esperanza  adquiere un significado especial para los agustinos, al tratarse de la tierra natal de san Agustín.

En este su primer viaje apostólico organizado (el primero fue una breve visita a Mónaco), el Papa agustino misionero eligió comenzar su visita por la tierra de su maestro San Agustín y la ciudad de Hipona – actual Annaba,  donde Agustin fue obispo. De allí su identificación  San Agustín de Hipona. En su saludo a los periodistas a bordo hacia Argelia expreso que su intención era la paz, la reconciliación, el respeto y la consideración por todos los pueblos.

 AndreaTornielli  hacia una  introducción muy certera de esta visita del Papa Leon,  que cito completa.

“Pedro regresa a África. Tres años después de su visita a la República Democrática del Congo y Sudán del Sur a principios de 2023, el Papa inicia una larga peregrinación por el continente africano, que lo lleva hoy a Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial. Se trata de un viaje de 11 días, eminentemente misionero, con una intensa agenda de encuentros con los habitantes de un continente marcado por problemas y contradicciones, pero también fuente de alegría y esperanza.

No podemos olvidar el "momento histórico" en el que se desarrolla esta visita, con la creciente preocupación por lo que ocurre en Oriente Medio y la amenaza de una mayor escalada del conflicto tras el fracaso de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán en Pakistán. Resulta significativo que la paz misma emergiera como tema central en el primer discurso de León XIV en Argelia, durante su visita al monumento a los mártires de la independencia de Maquam Echahid:

«En este lugar recordamos que Dios desea la paz para todas las naciones: una paz que no sea meramente la ausencia de conflicto, sino una expresión de justicia y dignidad. Y esta paz, que nos permite afrontar el futuro con espíritu reconciliado, solo es posible mediante el perdón. La verdadera lucha por la liberación solo se ganará definitivamente cuando se alcance la paz interior».

El llamado al perdón y a la paz interior está impregnado de un profundo realismo. No solo pertenece a la esencia del mensaje cristiano, sino que también representa la única vía viable para construir un futuro. «Sé lo difícil que es perdonar», dijo el Papa, «sin embargo, mientras los conflictos se multipliquen por todo el mundo, no podemos acumular resentimiento tras resentimiento, de generación en generación». ¿Cómo no cuestionar el resentimiento generado en las generaciones más jóvenes por las masacres de civiles cometidas en Gaza y ahora en el Líbano? ¿Cómo no plantearnos la misma pregunta respecto a la guerra en Ucrania y en tantas otras zonas asoladas por el odio y la violencia?

Aunque muchos gobiernos creen que el camino a seguir en estas situaciones es el rearme, que alimenta a los mercaderes de la muerte, León de Argel nos recuerda que «el futuro pertenece a los hombres y mujeres de paz», que «al final, la justicia siempre triunfará sobre la injusticia, así como la violencia, más allá de toda apariencia, jamás tendrá la última palabra».

La voz de paz del Sucesor de Pedro, Vicario del indefenso Hijo de Dios que eligió la no violencia y se sacrificó en la cruz, resuena con más fuerza en esta tierra, donde la Iglesia es una minoría absoluta y el testimonio de los pocos cristianos resulta aún más esencial, basado en el servicio y en compartir las alegrías y los sufrimientos de todos.”

Solo citaré algunos breves pasajes de los saludos y homilías del Papa, todo el programa y el contenido se encuentra en el sitiooficial de la Santa Sede. 

Muy firme y realista fue su saludo a las autoridades 

 Vengo entre ustedes como peregrino de paz como testigo de la paz y la esperanza que el mundo anhela ardientemente y que su pueblo siempre ha buscado; un pueblo que nunca se ha dejado vencer por las pruebas

“Los dramáticos acontecimientos históricos del pasado ofrecen a su país una perspectiva singularmente crítica sobre el equilibrio global. Si logran dialogar con las inquietudes de todos y mostrar solidaridad con el sufrimiento de tantos países, cercanos y lejanos, su experiencia puede contribuir a imaginar y alcanzar una mayor justicia entre los pueblos”

(…)

 Injusto es quien acumula riquezas y permanece indiferente ante los demás. Esta visión de la justicia es simple y radical: reconoce en el otro la imagen de Dios. Una religión sin piedad y una vida social sin solidaridad son un escándalo a los ojos de Dios. Sin embargo, muchas sociedades que se creen avanzadas se precipitan cada vez más en la desigualdad y la exclusión. Las personas y las organizaciones que dominan sobre los demás —y África lo sabe bien— destruyen el mundo que el Altísimo ha creado para que todos viviéramos juntos. Injusto es quien acumula riquezas y permanece indiferente ante los demás. Esta visión de la justicia es simple y radical: reconoce en el otro la imagen de Dios. Una religión sin piedad y una vida social sin solidaridad son un escándalo a los ojos de Dios. Sin embargo, muchas sociedades que se creen avanzadas se precipitan cada vez más en la desigualdad y la exclusión. Las personas y las organizaciones que dominan sobre los demás —y África lo sabe bien— destruyen el mundo que el Altísimo ha creado para que todos viviéramos juntos.

 

Invito leer el articlo de VaticanNews acerca de su visita a la Gran Mezqita de Argel  donde reitero que venia con gran alegría a Argelia porquees también la tierra de mi padre espiritual, san Agustin  que ha querido enseñar tantas cosas al mundo, sobretodo con la búsqueda de la verdad, con la búsqueda de Dios, reconociendo la dignidad de cada ser humano y la importancia de construir la paz. Buscar a Dios es reconocer la imagen de Dios en cada criatura, en los hijos de Dios, en cada hombre y mujer creados a imagen y semejanza de Dios. Esto significa para nosotros que es muy importante aprender a vivir juntos con respeto por la dignidad de cada persona humana.


En la Basilica Nuestra Señora de África le hablo a lacomunidad argelina citando los 19 religiosos y religiosas mártires de Argelia  que decidieron estar junto a este pueblo compartiendo sus alegrías y sus dolores. Su sangre es una semilla viva que nunca deja de dar fruto. En esta tierra resonó la ferviente voz de Agustín de Hipona, precedida por el testimonio de su madre, santa Mónica, y de otros santos. Su memoria es una clara llamada a ser, hoy, signos creíbles de comunión, diálogo y paz y expresó . El lema de esta visita son las palabras de Jesús resucitado: «¡La paz esté con ustedes!» (cf. Jn 20,21), y en una imagen tomada de los mosaicos de Tipasa se lee: “In Deo, pax et concordia sit convivio nostro”, que podríamos traducir: “En Dios, la paz y la armonía pueden reinar en nuestro vivir juntos”. La paz y la armonía han sido características fundamentales de la comunidad cristiana desde sus orígenes (cf. Hch 2,42-47), por deseo mismo de Jesús (cf. Jn 17,23), que dijo: «En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros» (Jn 13,35). San Agustín afirmaba al respecto que la Iglesia «engendra a los pueblos, pero todos son miembros de uno solo» (Sermón 192, 2) y san Cipriano escribía: «El mayor sacrificio delante de los ojos de Dios es la paz y la unión fraternal, y un pueblo unido a proporción que están unidos el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo» (Sobre la oración dominical, IV, 95). 

En la página de la Santa Sede hay videos  de su visita a la zona arqueológica de Nipona y a la Residencia de Ancianos de las Hermanitas de los pobres 

La Santa Misa fue celebrada en la Basilica San Agustin  (también hay un video)  cito un extracto de la homilia:

¿De verdad nuestra vida puede recomenzar desde cero? ¡Sí! La afirmación del Señor, tan llena de amor, colma nuestros corazones de esperanza. No importa cuán oprimidos estemos por el dolor o por el pecado; el Crucificado lleva todos esos pesos con nosotros y por nosotros. No importa cuánto nos desanimen nuestras debilidades; porque es precisamente entonces cuando se manifiesta la fuerza de Dios, que ha resucitado a Cristo de entre los muertos para dar vida al mundo (cf. Rm 8,1). Cada uno de nosotros puede experimentar la libertad de la vida nueva que viene de la fe en el Redentor. De nuevo, san Agustín nos ofrece un ejemplo: antes que por su sabiduría, lo contemplamos por su conversión. En este renacer, providencialmente acompañado por las lágrimas de su madre, santa Mónica, llegó a ser él mismo exclamando: «Nada sería yo, Dios mío, nada sería yo en absoluto si tú no estuvieses en mí; pero, ¿no sería mejor decir que yo no sería en modo alguno si no estuviese en ti?» (Confesiones, I, 2).

 «la multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma» (v. 32)

«todo era común entre ellos» (v. 32).

«Los Apóstoles daban testimonio con mucho poder de la resurrección del Señor Jesús y gozaban de gran estima» (Hch 4,33).

 -o-

 Al regresar de su viaje en la Audiencia del miércoles 29 de abril el santo Padre hablo de su reciente viaje apostólico a África.

Hoy deseo hablar sobre el viaje apostólico que realicé del 13 al 23 de abril visitando cuatro países africanos: Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial. (copio aquí el texto correspondiente a esta etapa)

Desde el inicio de mi pontificado, había pensado en un viaje a África. Doy gracias al Señor, que me ha permitido realizarlo como Pastor para visitar y animar al pueblo de Dios, y vivirlo como mensaje de paz en un momento histórico marcado por guerras y graves y frecuentes violaciones del derecho internacional. Expreso mi más sincero agradecimiento a los obispos y a las autoridades civiles que me han acogido, así como a todos aquellos que han colaborado en la organización.

La providencia quiso que la primera etapa fuera precisamente el país donde se encuentran los lugares de san Agustín, es decir, Argelia. Así, por una parte, he podido comenzar desde las raíces de mi identidad espiritual; y, por otra parte, me ha sido posible atravesar y consolidar puentes muy importantes para el mundo y la Iglesia de hoy: el puente con la época fecundísima de los Padres de la Iglesia; el puente con el mundo islámico; el puente con el continente africano.

En Argelia he recibido una acogida no solamente respetuosa, sino también cordial, y hemos podido comprobar de primera mano y mostrar al mundo que es posible vivir juntos como hermanos y hermanas, incluso de religiones distintas, cuando nos reconocemos hijos del mismo Padre misericordioso. Asimismo, ha sido una ocasión propicia para entrar en la escuela de san Agustín: con su experiencia de vida, sus escritos y su espiritualidad, él es maestro en la búsqueda de Dios y de la verdad. Su testimonio es hoy de gran importancia para los cristianos y para cualquier persona.

Invito leer testimonos de los locales

En este sitio muchas fotografías de su visita a Argelia 

Info sobre Argelia: Argelia espera al Papa: lo comentamos con el obispo de Oran.

En este sitio datossobre la iglesia católica en Argelia 

Y finalmente Invito leer  las palabras del Papa a los periodistas partiendo de Argelia en el vuelo on destino a Yaunde (Camerun) en un muy interesante resumen.