Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

lunes, 29 de marzo de 2010

Santa Misa en memoria de Juan Pablo II


Debido a que el quinto aniversario de la partida de nuestro querido Juan Pablo II coincide este año con la solemnidad del Viernes Santo el Santo Padre Benedicto XVI, sucesor y amigo, presidiò la Santa Misa en su memoria hoy Lunes Santo en la Basílica Vaticana a las 18.00. Estaban invitados a concelebrar los cardenales que así lo desearan y se encontraba presente el cardenal Stanislaw Dziwisz. En el sitio del Vaticano se encuentra el librito de la celebración (en italiano).

Si no funciona este enlace buscarlo alternativamente en: Santa Misa en el Aniversario de la muerte del Siervo de Dios el Sumo Pontífice Juan Pablo II

El Santo Padre Benedicto XVI subrayó en su Homilía “la fortaleza de fe, esperanza y caridad de un Papa que por amor se consumió por Cristo, la Iglesia y el mundo entero… su capacidad de donarse de manera generosa, sin reservas, sin medidas, sin cálculo. Aquello que lo movía era el amor hacia Cristo, a quien había consagrado la vida, un amor sobreabundante e incondicionado. Y precisamente porque se acercó siempre más a Dios en el amor, él pudo hacerse compañero de viaje para el hombre de hoy, derramando en el mundo el perfume del Amor de Dios” (de Radio Vaticana)


Cuanto hubiera deseado estar presente!!!


Dentro de algunos días (probablemente recién después de Semana Santa) se podrá leer la homilía del Santo Padre Benedicto XVI y también ver imagines en el Sitio de la Santa Sede donde han sido publicadas las homilías e imágenes de los aniversarios anteriores.

"Totus Tuus ego sum"

"Totus Tuus ego sum"
"En el nombre de la Santísima Trinidad. Amén.
6. A medida que se acerca el final de mi vida terrena, vuelvo con la memoria a los inicios, a mis padres, a mi hermano y a mi hermana (a la que no conocí, pues murió antes de mi nacimiento), a la parroquia de Wadowice, donde fui bautizado, a esa ciudad tan amada, a mis coetáneos, compañeras y compañeros de la escuela, del bachillerato, de la universidad, hasta los tiempos de la ocupación, cuando trabajé como obrero, y después a la parroquia de Niegowic, a la de San Florián en Cracovia, a la pastoral de los universitarios, al ambiente..., a todos los ambientes..., a Cracovia y a Roma..., a las personas que el Señor me ha encomendado de manera especial. A todos sólo les quiero decir una cosa: "Que Dios os dé la recompensa". "

In manus tuas, Domine, commendo spiritum meum". A.D.
(del Testamento del Santo Padre Juan Pablo II - 6 de marzo de 1979 (y añadiduras sucesivas)

jueves, 18 de marzo de 2010

Mensaje del Papa Benedicto XVI para la XXV Jornada Mundial de la Juventud

«Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?» (Mc 10,17

Ya está disponible en el sitio del Vaticano la versión en español del Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la XXV Jornada Mundial de la Juventud que se celebra en Roma el próximo Domingo de Ramos – 28 de marzo 2010. Es un mensaje especial y particular pues recuerda el “25 aniversario de la institución de la Jornada Mundial de la Juventud, querida por el Siervo de Dios Juan Pablo II como una cita anual de los jóvenes creyentes de todo el mundo. Fue una iniciativa profética que ha dado abundantes frutos, ofreciendo a las nuevas generaciones la oportunidad de encontrarse, de ponerse a la escucha de la Palabra de Dios, de descubrir la belleza de la Iglesia y de vivir experiencias fuertes de fe, que han llevado a muchos a la decisión de entregarse totalmente a Cristo. Esta XXV Jornada representa una etapa hacia el próximo Encuentro Mundial de jóvenes, que tendrá lugar en agosto de 2011 en Madrid, con la esperanza de que seáis muchos los que podáis vivir este evento de gracia.
Para prepararnos a esta celebración, quisiera proponeros algunas reflexiones sobre el tema de este año, tomado del pasaje evangélico del encuentro de Jesús con el joven rico: “Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?” (Mc 10,17). Un tema que ya trató, en 1985, el Papa Juan Pablo II en una Carta bellísima, la primera dirigida a los jóvenes.”
Son las primeras palabras del Papa Benedicto en un mensaje con una fuerte impronta al espíritu y al amor de nuestro querido Juan Pablo por los jóvenes. En el mensaje se presentan seis puntos:
1. Jesús encuentra a un joven- poniendo de relieve “la gran atención de Jesús hacia los jóvenes”,
2. Jesús lo miró y lo amó« Jesús se le quedó mirando con cariño»(Mc 10,21).
3. El descubrimiento del proyecto de vida «¿Qué tengo que hacer?». «¿Estoy satisfecho de mi vida? ¿Me falta algo?». «¿Qué he de hacer para que mi vida tenga pleno valor y pleno sentido?» (ibíd., n. 3). «Señor, ¿cuál es tu designio de Creador y de Padre sobre mi vida? ¿Cuál es tu voluntad? Yo deseo cumplirla».
4. ¡Ven y sígueme! Él llama a cada uno a seguirle con acciones concretas, a amarlo sobre todas las cosas y a servirle en los hermanos. ¡Él sabe dar un gozo profundo a quien responde con generosidad!
5. Orientados hacia la vida eterna «¿Qué haré para heredar la vida eterna?». estamos llamados a la eternidad. Dios nos ha creado para estar con Él, para siempre.
6. Los mandamientos, camino del amor auténtico ; Jesús le recuerda al joven rico los diez mandamientos, como condición necesaria para «heredar la vida eterna».

7. Os necesitamos “A pesar de las dificultades, ¡no os desaniméis, ni renunciéis a vuestros sueños! Al contrario, cultivad en el corazón grandes deseos de fraternidad, de justicia y de paz. El futuro está en las manos de quienes saben buscar y encontrar razones fuertes de vida y de esperanza"


Al final del Mensaje el Papa Benedicto XVI hace referencia a su Carta encíclica Caritas in veritate— refiriéndose específicamente a “algunos grandes retos actuales” “a los que estàis llamados a responder para construir un mundo más justo y fraterno. Son retos que requieren un proyecto de vida exigente y apasionante, en el que emplear toda vuestra riqueza según el designio que Dios tiene para cada uno de vosotros. No se trata de realizar gestos heroicos ni extraordinarios, sino de actuar haciendo fructificar los propios talentos y las propias posibilidades, comprometiéndose a progresar constantemente en la fe y en el amor” y finalmente invita en este Año Sacerdotal, " a conocer la vida de los santos, sobre todo la de los santos sacerdotes. Veréis que Dios los ha guiado y que han encontrado su camino día tras día, precisamente en la fe, la esperanza y el amor. Cristo os llama a cada uno de vosotros a un compromiso con Él y a asumir las propias responsabilidades para construir la civilización del amor. Si seguís su palabra, también vuestro camino se iluminará y os conducirá a metas altas, que colman de alegría y plenitud la vida."

miércoles, 17 de marzo de 2010

Al servicio de la vida



Acabo de recibir (tarda bastante en llegar a estas latitudes) el primer número de la revista “Totus Tuus” del año 2010 (enero-febrero) dedicado a la Vida, que contiene los siguientes artículos:

Editorial : Juan Pablo II defensor de la vida – Giovanni Battista Brunori
Evento: Proclamadas las virtudes heroicas: se acerca el final del viaje – Slawomir Oder
Presentación: Un profundo empeño al servicio del Evangelio d e la Vida
Mirosŀaw Mróz
Entrevista: Scaraffia: cada vez más difundida la cultura de la anticoncepción – Graziella Melina
Sociedad: Defensa de la vida: inquietud de Europa – Emanuela Micucci
Profundización: África, desinformación sobre el Sida y la contracepción – Vittorio Gepponi
Enseñanzas: Redescubrir el nexo inseparable entre vida y libertad – Juan Pablo II
Enseñanzas: Ataques a la vida: necesaria una llamada a la conciencia – Benedicto XVI
Voces de la Iglesia: Pequeñas Hermanas de las Maternidades Católicas: una vida al servicio de la Vida – Sor Marie Thomas Fabre
Sociedad: El valor de los cuidados paliativos: la experiencia de dos unidades – Francesco Indelicato
Profundización: El “no” a la pena de muerte se extiende por todo el mundo – Antonella Gaetani
La experiencia: Casa Betania en Roma : un gran foco de vida – Francesco Indelicato
Historia de Karol : El homenaje a la Humanae Vitae en el décimo aniversario de la encíclica - Cardenal Karol Wojtyla
Meditación: La vida es bella porque es un don de amor
Y Testimonios, Carta al Postulador e Intenciones de Oración.

Suscripciones : totustuus@vicariatusurbis.org

martes, 16 de marzo de 2010

"negarse a sí mismo" y "odiar su vida"?

"El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para la vida eterna" (Jn 12, 25).2.


¿Qué significa "negarse a sí mismo" y "odiar su vida"?
Estas expresiones, mal interpretadas, han dado a veces una imagen del cristianismo como religión que mortifica lo humano, pero Jesús vino para que el hombre tenga vida y la tenga en abundancia (cf. Jn 10, 10). El hecho es que Cristo, contrariamente a los falsos maestros de ayer y de hoy, no engaña. Conoce a fondo al hombre, y sabe que, para alcanzar la vida, debe realizar un "paso", o sea, una "pascua" de la esclavitud del pecado a la libertad de los hijos de Dios, renunciando al "hombre viejo" para dar cabida al nuevo, redimido por Cristo."El que ama su vida, la pierde". Estas palabras no significan desprecio a la vida, sino, al contrario, auténtico amor a ella. Un amor que no desea este bien fundamental sólo para sí e inmediatamente, sino para todos y para siempre, en neto contraste con la mentalidad del "mundo". En realidad, siguiendo a Cristo por el "camino estrecho" es como se encuentra la vida; en cambio, quien elige el camino "espacioso" y cómodo, cambia la vida por satisfacciones efímeras, despreciando su dignidad y la de los demás.”

(Juan Pablo II Ángelus Domingo 4 de marzo de 2001)

domingo, 14 de marzo de 2010

Los tres momentos del hijo pródigo (3)

La Cuaresma es el tiempo de una espera particularmente amorosa de nuestro Padre en relación con cada uno de nosotros, que, aun cuando sea el más pródigo de los hijos, se haga, sin embargo, consciente de la dilapidación perpetrada, llame por su hombre al propio pecado, y finalmente se dirija hacía Dios con plena sinceridad.
Este hombre debe llegar a la casa del Padre. El camino que allí conduce, pasa a través del examen de conciencia, el arrepentimiento y el propósito de la enmienda. Como en la parábola del hijo pródigo, éstas son las etapas al mismo tiempo lógicas y sicológicas de la conversión. Cuando el hombre supere en sí mismo, en lo íntimo de su humanidad todas estas etapas; nacerá en él la necesidad de la confesión. Esta necesidad quizá lucha en lo vivo del alma con la vergüenza, pero cuando la conversión es verdadera y auténtica, la necesidad vence a la vergüenza: la necesidad de la confesión, de la liberación de lo pecados es más fuerte. Los confesamos a Dios mismo, aunque en el confesonario los escucha el hombre-sacerdote. Este hombre es el humilde y fiel servidor de ese gran misterio que se ha realizad, entre el hijo que retorna y el Padre.
En el período de Cuaresma esperan los confesonarios; esperan los confesores; espera el Padre. Podríamos decir que se trata de un período de particular solicitud de Dios para perdonar y absolver los pecados: el tiempo de la reconciliación:
Nuestra reconciliación con Dios, el retorno a la casa del Padre, se realiza mediante Cristo. Su pasión y muerte en la cruz se colocan entre cada una de las conciencias humanas, cada uno de los pecados humanos, y el infinito amor del Padre. Este amor, pronto aliviar y perdonar, no es otra cosa que la misericordia. Cada uno de nosotros en la conversión personal, en el arrepentimiento, en el firme propósito de la enmienda, finalmente en la confesión, acepta realizar una personal fatiga espiritual, que es prolongación y reverbero lejano de esa fatiga salvífica, que emprendió nuestro Redentor. He aquí cómo se expresa el Apóstol de la reconciliación con Dios: "A quien no conoció el pecado, le hizo pecado por nosotros para que en El fuéramos justicia de Dios" (2 Cor 5, 21). Por lo tanto emprendamos nuestro esfuerzo de conversión y de penitencia por El, con El y en El. Si no lo emprendemos, no somos dignos del nombre de Cristo, no somos dignos de la herencia de la redención.
"El que es de Cristo se ha hecho criatura nueva, y lo viejo pasó, se ha hecho nuevo. Mas todo esto viene de Dios, que por Cristo nos ha reconciliado consigo y nos ha confiado el ministerio de la reconciliación" (2 Cor 5, 17-18).”

Los tres momentos del hijo pródigo (2)


En mi post anterior Los tres momentos del hijo pródigo citaba palabras expresadas por el Venerable Juan Pablo II en su Audiencia del 17 de febrero de 1999.

Pero el Papa ya había hablado más extensamente de esos tres momentos en la Homilía del Domingo 16 de marzo de 1980 en su visita pastoral a la parroquia romana de San Ignacio de Antioquia, palabras que reproduzco aquí hoy Cuarto Domingo de Cuaresma:

“Por medio de la parábola del hijo pródigo, el Señor ha querido grabar y profundizar esta verdad, espléndida y riquísima, no sólo en nuestro entendimiento, sino también en nuestra imaginación, en nuestro corazón y en nuestra conciencia. Cuántos hombres en el curso de los siglos, cuántos de los de nuestro tiempo pueden encontrar en esta parábola los rasgos fundamentales de propia historia personal. Son tres los momentos clave en la historia de ese hijo, con el que se identifica, en cierto sentido, cada uno de nosotros, cuando se da al pecado.
Primer momento: El alejamiento. Nos alejamos de Dios, como se había alejado ese hijo del padre, cuando empezamos a comportarnos respecto a cada uno de los bienes que hay en nosotros, tal como él hizo con la parte de los bienes recibidos en herencia. Olvidamos que ese bien nos lo ha dado Dios como deber, como talento evangélico. Al operar con él, debemos multiplicar nuestra herencia, y, de ese modo, dar gloria a Aquel de quien la hemos recibido. Por desgracia, nos comportamos, a veces, como si ese bien que hay en nosotros, él bien del alma y del cuerpo, las capacidades, las facultades, las fuerzas, fuesen de nuestra propiedad exclusiva, de la que podemos servirnos y abusar de cualquier manera, derrochándola y disipándola.
Efectivamente, el pecado es siempre un derroche de nuestra humanidad, el derroche de nuestros valores más preciosos. Esta es la auténtica realidad, aun cuando pueda parecer, a veces, que precisamente el pecado nos permite conseguir éxitos. El alejamiento del Padre lleva siempre consigo una gran destrucción en quien lo realiza, en quien quebranta su voluntad, y disipa en sí mismo su herencia: la dignidad de la propia persona humana, la herencia de la gracia.
El segundo momento en nuestra parábola es el del retorno a la recta razón y del proceso de conversión. El hombre debe encontrar de nuevo dolorosamente lo que ha perdido, aquello de que se ha privado al cometer el pecado, al vivir en el pecado, para que madure en él ese paso decisivo: "Me levantaré e iré a mi Padre" (Lc 15, 18). Debe ver de nuevo el rostro de ese Padre, al que ha vuelto las espaldas y con quien ha roto los puentes para poder pecar "libremente", para poder derrochar "libremente" los bienes recibidos. Debe encontrarse con el rostro del Padre, dándose cuenta, como el joven de la parábola, de haber perdido la dignidad de hijo, de no merecer acogida alguna en la casa paterna. Al mismo tiempo, deberá desear ardientemente retornar. La certeza de la bondad y del amor que pertenecen a la esencia de la paternidad de Dios, deberá conseguir en él la victoria sobre la conciencia de la culpa y de la propia indignidad. Más aún, esta certeza deberá presentarse como el único camino de salida, para emprenderlo con ánimo y confianza.
Finalmente el tercer momento: El retorno. El retorno se desarrollará como habla Cristo de él en la parábola. El Padre espera y olvida todo el mal que el hijo ha cometido, y no tiene en consideración todo el derroche de que es culpable el hijo. Para el Padre solo hay una cosa importante: que el hijo ha sido encontrado; que no ha perdido hasta el fondo la propia humanidad; que, a pesar de todo, vuelva con el propósito resuelto de vivir de nuevo como hijo, precisamente en virtud de la conciencia adquirida de la indignidad y de la culpa.
"Padre, he pecado..., no soy digno de llamarme hijo tuyo" (Lc 15, 21).