Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

viernes, 12 de junio de 2026

El Corazón de Jesus y el corazón humano – Papa Leon XIV

 



Es una gracia encontrarnos en el día en que el Corazón de Jesús se deja contemplar por nosotros como el corazón de la historia. Me alegra celebrar con ustedes la Eucaristía, dando gracias por la fe y la caridad de las que he recibido tantos testimonios en este viaje apostólico y que hacen también a este archipiélago, tan conocido por su belleza y su acogida, un lugar donde el Señor Resucitado nos precede y se manifiesta. Frente a nosotros el mar evoca el infinito, y así lo hace también el cielo; pero infinito es sobre todo el deseo que une el corazón de Dios a tantos corazones humanos, cuyas alegrías y esperanzas, tristezas y angustias encuentran eco en el corazón de la Iglesia (cf. Gaudium et spes, 1). Ningún ser humano es una isla; la ubicación geográfica de esta diócesis y los desafíos pastorales que la comprometen atestiguan que hemos nacido para el encuentro y que no hay obstáculo, distancia, peligro o amenaza que pueda impedir a cada uno su viaje. Sea permaneciendo durante una vida entera en el mismo lugar, sea eligiendo o estando obligados a partir, nadie permanece nunca quieto. Este es el secreto del corazón: la llamada íntima al éxodo y al encuentro.



Pero el Corazón de Jesús nos revela cómo no perdernos en un dinamismo estéril: «Dios envió al mundo a su Unigénito, para que vivamos por medio de él» (1 Jn 4,9). Hay vida cuando se da vida. De otro modo, se gira en el vacío. En efecto, «como recuerda el Concilio, el ser humano está llamado a la comunión con Dios y “no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo”; su vocación más profunda es la de entrar en el movimiento trinitario del amor recibido y compartido» (Magnifica humanitas, 48). El Papa Francisco observaba: «Muchas personas experimentan un profundo desequilibrio que las mueve a hacer las cosas a toda velocidad para sentirse ocupadas, en una prisa constante que a su vez las lleva a atropellar todo lo que tienen a su alrededor. Esto tiene un impacto en el modo como se trata al ambiente» (Laudato si’, 225). Son palabras que interpelan también la vocación turística de Tenerife, sea respecto al corazón del que decide pasar aquí un período de vacaciones, sea para el que vive y trabaja en la isla, en contacto con visitantes de tantos países del mundo. ¿Qué busca el corazón humano? ¿Cómo responder a su sed de manera no engañosa? Qué importante es, especialmente para quien se deja orientar por el Evangelio, no reducir todo a comercio y beneficio. «Quienes disfrutan más y viven mejor cada momento son los que dejan de picotear aquí y allá, buscando siempre lo que no tienen, y experimentan lo que es valorar cada persona y cada cosa, aprenden a tomar contacto y saben gozar con lo más simple. Así son capaces de disminuir las necesidades insatisfechas y reducen el cansancio y la obsesión» (ibíd., 223). Interpreten así, queridos hermanos y hermanas, su vocación a la acogida.

(…)

Desde este puerto, que lleva el nombre de la Santa Cruz, mi pensamiento se extiende al mundo entero y a sus heridas, que hacen sufrir a pueblos enteros. A todos quisiera repetirles el lema de este viaje: «¡Alzad la mirada!». Sí, dirijamos la mirada a Cristo Crucificado; su Corazón es la fuente de la misericordia, la única que puede salvar a la humanidad necesitada de perdón y de reconciliación para alcanzar una paz verdadera y duradera. ¡Levantemos la mirada como lo hizo María, la Madre de todos los que sufren, y guiados por ella retomemos el camino con esperanza!

(de la  homilía de Santo Padre Leon XVI en la Santa Misa de despedida, celebrada en el Puerto de Santa Cruz de Tenerife – 12 de junio de 2026)

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