"Ecclesia
de Eucharistia vivit": La Iglesia vive de la Eucaristía.
Esta verdad no expresa solamente una experiencia cotidiana de fe, sino que
encierra en síntesis el núcleo del misterio de la Iglesia. Ésta
experimenta con alegría cómo se realiza continuamente, en múltiples formas, la
promesa del Señor: « He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el
fin del mundo » (Mt 28, 20); en la sagrada Eucaristía, por la
transformación del pan y el vino en el cuerpo y en la sangre del Señor, se
alegra de esta presencia con una intensidad única. Desde que, en Pentecostés,
la Iglesia, Pueblo de la Nueva Alianza, ha empezado su peregrinación hacia la
patria celeste, este divino Sacramento ha marcado sus días, llenándolos de
confiada esperanza”
Son palabras tomadas de la carta encíclica sobre la Eucarística Ecclesia de Eucharistia que el Papa Juan Pablo II firmaba el “Jueves santo, durante la misa in Cena Domini” . Esta solemnidad – decía con ocasión de la Fiesta de Corpus Christi elaño 2003 - recuerda aquella sugestiva celebración, haciéndonos revivir, al mismo tiempo, el intenso clima de la última Cena.
"Tomad, esto es mi cuerpo. (...) Esta es mi sangre" (Mt 14,
22-24). Escuchamos nuevamente las palabras de Jesús mientras ofrece a los
discípulos el pan convertido en su Cuerpo, y el vino convertido en su Sangre.
Así inaugura el nuevo rito pascual: la Eucaristía es el sacramento
de la alianza nueva y eterna.
[…]
La santísima Eucaristía, resquicio del Paraíso que
se abre aquí en la tierra, penetra las nubes de nuestra historia. Como rayo de
gloria de la Jerusalén celestial, proyecta luz sobre nuestro camino (cf. Ecclesia de Eucharistia, 19).
"Ave, verum corpus natum de Maria Virgine":
¡Salve, verdadero cuerpo de Cristo, nacido de María Virgen!
El alma se llena de asombro adorando este misterio
tan sublime.
"Vere passum, immolatum
in cruce pro homine". De tu muerte
en la cruz, oh Señor, brota para nosotros la vida que no muere.
"Esto nobis praegustatum mortis in examine". Haz, Señor, que
cada uno de nosotros, alimentado de ti, afronte con confiada esperanza todas
las pruebas de la vida, hasta el día en que seas viático para el último viaje,
hacia la casa del Padre.
"O Iesu dulcis! O Iesu pie! O Iesu, fili Mariae!", "¡Oh
dulce Jesús! ¡Oh piadoso Jesús! ¡Oh Jesús, Hijo de María!". Amén.”
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