Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

viernes, 5 de junio de 2026

Corpus Christi y la primera visita del Papa Juan Pablo II a la Argentina

 


En la Argentina celebramos la Fiesta de Corpus Christi el próximo domingo 7 de junio. 

Desde aquí acompañamos a España y a todo el pueblo español a la espera de la visita del Papa Leon XIV.  En 1982, Juan Pablo II fue el primer papa que vino a España y luego repitió visita en 1984, 1989, 1993 y 2003. Benedicto XVI estuvo en 2006, 2010 y 2011… Ahora, cuando llega León XIV, surge una gran pregunta: ¿qué queda del país que se encontraron Karol Wojtyla y Joseph Ratzinger respecto al que ahora abrazará Robert Prevost? Se pregunta Miguel Ángel Malavia y agrega. Entonces, “la Iglesia aún era una referencia relevante para amplios sectores de la población, aunque ya comenzaba una secularización que marcaría las décadas siguientes” Invito leer el articulo. 

Aquí nosotros recordamos aquel 10 de Junio de 1982 cuando vivíamos en vísperas de una visita algo inesperada, pero no por eso menos ansiada,  después de la carta que Juan Pablo II dirigió el25 de mayo a los fieles de la Argentina. 

Estuvo con nosotros tan solo dos días el11 y el 12 de junio de 1982, que recordamos con cariño y devoción y su homilía allí frente al monumento a los españoles - en un acto difícilmente repetible en la Argentina, pues fueron momentos únicos de emociones fuertes, honda preocupación y entusiasmo a la vez por la visita del Santo Padre. 

Hacia el final de su homilía en la Misa para la Nación Argentina Juan Pablo II nos dejaba  un mensaje de paz valedero para todos los tiempos y todas las generaciones: 

(Particularmente en estos momentos de tantos desencuentros y escenas de discordia en todo el mundo)

 “Queridos amigos: Ustedes han estado constantemente en mi ánimo durante estos días. He apreciado de manera particular su acogida y actitud. He visto en sus ojos la ardiente imploración de paz que brota de su espíritu.  Únanse también a los jóvenes de Gran Bretaña, que en los pasados días han aplaudido y sido igualmente sensibles a toda invocación de paz y concordia. A este propósito, muy gustoso les transmito un encargo recibido. Ya que ellos mismos me pidieron, sobre todo en el encuentro de Cardiff, que hiciera llegar a ustedes un sentido deseo de paz.

No dejen que el odio marchite las energías generosas y la capacidad de entendimiento que todos llevan dentro. Hagan con sus manos unidas - junto con la juventud latinoamericana, que en Puebla confié de modo particular al cuidado de la Iglesia - una cadena de unión más fuerte que las cadenas de la guerra. Así serán jóvenes y preparadores de un futuro mejor; así serán cristianos.”

Era sábado 12 de junio de 1982 y allí en Palermo celebrábamos por anticipado la Fiesta de Corpus Christi (del día siguiente domingo 13 de junio). La homilía del Santo Padre se centro en la conmemoración del misterio del amor del Cuerpo y Sangre del Señor, “el Santísimo Sacramento de la Nueva Alianza. El mayor tesoro de la Iglesia. El tesoro de la fe de todo el Pueblo de Dios.”

 “La solemnidad de este día – decía el santo Padre - nos invita a volver al cenáculo del Jueves Santo “¿Dónde está el lugar, en que pueda comer la Pascua con mis discípulos?”. Así preguntaron los discípulos de Jesús de Nazaret a un hombre que encontraron por el camino. Lo hicieron siguiendo las instrucciones del Maestro. Y también según las instrucciones “prepararon la Pascua”. Mientras comían, Jesús “tomó el pan y bendiciéndolo, lo partió, se lo dio y dijo: Tomad, esto es mi cuerpo . . .”.

En aquel momento, al obrar según su orden, ¿aparecerían quizás en su memoria las palabras que Jesús pronunció un día cerca de Cafarnaúm: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo; si alguno come de este pan vivirá para siempre”?

Aquel día santo, en el Cenáculo, ¿se dieron quizá cuenta de que había llegado el tiempo del cumplimiento de aquella promesa hecha junto a Cafarnaúm, promesa que a tantos parecía muy difícil de aceptar?

Cristo dice: “Tomad, éste es mi cuerpo . . .”, dándoles a comer el Pan. Este Pan se convierte en su Cuerpo, Cuerpo que al día siguiente será entregado en el sacrificio de la cruz. Cuerpo martirizado que destilará Sangre.

Cristo en el cenáculo toma el cáliz, y después de haber dado gracias se lo da a beber diciendo: “Esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos”.

Bajo la especie del vino los discípulos reciben la Sangre del Señor, y al mismo tiempo participan de la nueva y Eterna Alianza, que es estipulada con la Sangre del Cordero de Dios.

La fiesta del “Corpus Christi” - solemnidad de la Eucaristía - es, al mismo tiempo, la fiesta de la Nueva y Eterna Alianza, que Dios ha sellado con la humanidad en la Sangre de su Hijo.”

 

(de la Misa para la Nación Argentina – homilía de  Juan Pablo II - BuenosAires, 12 de junio de 1982)

 

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