“Aprendió
su fe en las rodillas de su madre, mujer de formación cristiana sólida, aunque
sencilla, que supo imprimir en el corazón de sus hijos el genuino sentido
evangélico de la vida” decía el Santo Padre Juan Pablo II en su homilía
durante la misa en sufragio del Cardenal Eduardo Pironio el 7 de
febrero de 1998 “testigo de la fe valiente que sabe fiarse de Dios, incluso
cuando, en los designios misteriosos de su Providencia, permite la prueba” y
agregaba “¿Cómo olvidar la gran aportación que dio a las celebraciones de las
Jornadas mundiales de la juventud? Quisiera dar gracias públicamente aquí a
este hermano nuestro, que me prestó una gran ayuda en el ejercicio de mi
ministerio petrino”
La puerta de su despacho estaba siempre abierta. Supo ganarse amigos en Roma,
donde a partir del llamado del Santo Padre Juan Pablo II en abril de 1984 se
ocupo de la animación e los fieles laicos y fue incansable y entusiasta
colaborador del Santo Padre en los encuentros con los jóvenes antes aún que
comenzaran oficialmente las Jornadas Mundiales de la Juventud.
“Ahora entro en la alegría de mi Señor, en la contemplación directa, cara a cara, de la trinidad. Hasta ahora peregriné lejos del Señor. Ahora lo veo tal cual El es. Soy feliz. ¡Magnificat!
¡Magnificat! Me pongo en el
corazón de María, mi buena Madre, la Virgen fiel, para que me ayude a dar
gracias al Padre ella pedir perdón por mis innumerables pecados.
¡Magnificat! Te doy gracias, Padre,
por el don de la vida. ¡Que lindo es vivir! Tú nos hiciste, Señor, para la
Vida. La amo, la ofrezco, la espero. Tú eres la Vida, como fuiste siempre mi
Verdad y mi Camino.
¡Magnificat! Doy gracias al Padre por
el don inapreciable de mi bautismo que me hizo hijo de Dios y templo vivo de la
Trinidad […]
¡Magnificat! Agradezco al Señor
por mi sacerdocio. Me he sentido extraordinariamente feliz de ser sacerdote y
quisiera transmitir esta alegría profunda a los jóvenes de hoy, como mi mejor
testamento y herencia….Mi vida sacerdotal estuvo siempre marcada por tres
amores y presencias: El Padre, María Santísima, la Cruz. […]
¡Magnificat! Doy gracias a Dios por
mi ministerio de servicio en el episcopado…He querido ser padre, hermano y
amigo de los sacerdote,s religiosos y religiosas, de todo el Pueblo de Dios […]
Quero manifestar mi agradecimiento al Santo Padre, Juan Pablo II, por haberme
confiado, en abril de 1984, la animación de los fieles laicos. De ellos depende
la construcción de la civilización del amor […]
¡Magnificat! Doy gracias a Dios
que por el Santo Padre Pablo VI, me ha llamado a servir a la Iglesia Universal
en el privilegiado campo de la vida consagrada. Como los quiero a los Religiosos
y Religiosas y a todos los laicos consagrados del mundo! […]
¡Magnificat! Agradezco al Señor el
privilegio de la Cruz. Me siento felicísimo de haber sufrido mucho. Solo me
duelo no haber sufrido bien y no haber saboreado siempre en el silencio de la
cruz […]
¡Magnificat! Agradezco al Señor
que me haya hecho comprender el Misterio de Maria en el Misterio de Jesús y que
la Virgen haya estado tan presente en mi vida personal y en mi ministerio. A
Ella le debo todo […]
¡Magnificat! Agradezco al señor
que mi ministerio se haya desarrollado, casi siempre, de un modo privilegiado,
al servicio de sacerdotes y seminaristas, de religiosos y religiosas, y
ultimamente de los fieles laicos […]
¡Magnificat! Doy gracias a Dios
por haber podido gastar mis pobres fuerzas y talentos en la entrega a los
queridos laicos, cuya amistad y testimonio me han enriquecido espiritualmente.
He querido mucho a la Acción Católica […]
A
Ella le pido: “Al final de este destierro
muéstranos el fruto bendito de tu vientre, Jesús”.
Invito leer:
Santuariode Lujan – Beatificación Cardenal Pironio


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