Llamados a ser santos

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“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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martes, 2 de diciembre de 2025

Los Papas en Turquía, tierra de Concilios donde crece el diálogo por la unidad (Viaje Turquia – Libano Leon XIV – 5 de 6)

 Amedeo Lomonaco de Vatican News nos presenta un breve panorama de los viajes realizados por los últimos Papas a Turquia y comenta

El primer viaje apostólico del Papa León XIV, a Turquía del 27 al 30 de noviembre y luego al Líbano del 30 de noviembre al 2 de diciembre, sigue las huellas de sus predecesores. Pablo VI visitó este país en 1967, Juan Pablo II en 1979, Benedicto XVI en 2006 y Francisco en 2014.

El de Turquía es un viaje a las fuentes de la fe, entre las raíces del cristianismo. El Papa León XIV es el quinto Pontífice en visitar este país. El primer viaje apostólico de su Pontificado, que incluye también el Líbano, se inicia de hecho en Turquía, del 27 al 30 de noviembre, con motivo del 1700 aniversario del Primer Concilio de Nicea que, después de diecisiete siglos, sigue siendo actual. El objetivo es promover la fraternidad y el diálogo entre Oriente y Occidente.

El Pontífice realiza el deseo del Papa Francisco de celebrar el aniversario del histórico evento eclesial convocado por el emperador romano Constantino en el 325 d.C. En la bula de convocatoria del Jubileo, Spes non confundit, Francisco subraya que el Concilio de Nicea "marcó un hito en la historia de la Iglesia" y representa también una "invitación a todas las Iglesias y comunidades eclesiales a seguir avanzando en el camino hacia la unidad visible".

En Nicea se definió el Credo, la profesión de fe cristiana. Esta oración marca también uno de los momentos centrales del viaje apostólico de León XIV: el encuentro ecuménico en las cercanías de las excavaciones arqueológicas de la Basílica de San Neófito en la ciudad de İznik, la antigua Nicea, a unos cien kilómetros de Estambul.

(...)


El viaje apostólico de Pablo VI en 1967

El primer viaje apostólico a Turquía fue realizado por el Papa Pablo VI. Esta visita histórica, que tuvo lugar el 25 y 26 de julio de 1967, se desarrolló en una tierra que sirve de puente entre Europa y Asia.

En el período previo a la llegada del Papa Montini, la expectación era palpable. En Estambul, la antigua Constantinopla y gran metrópolis de Oriente, donde se escribieron páginas ilustres en la historia del cristianismo, la comunidad local se preparaba para el encuentro con el obispo de Roma.

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El abrazo con el Patriarca Atenágoras

Una de las primeras instantáneas, tras el aterrizaje en el aeropuerto de Yeşilköy —que en 1980 sería rebautizado en honor al primer presidente turco, Mustafa Kemal Atatürk—, fue el abrazo fraterno entre el Pontífice y el Patriarca Ecuménico Atenágoras, quienes ya se habían encontrado, por primera vez, en Jerusalén en 1964.

Eran imágenes imborrables acompañadas por las palabras contenidas en la carta del Papa Montini dirigida "al amadísimo hermano" Atenágoras. En este documento, Pablo VI expresaba "el ardiente deseo de ver realizada la oración del Señor: 'que ellos sean uno como nosotros lo somos'".

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El viaje apostólico de Juan Pablo II en 1979



Siguiendo las huellas de Pablo VI, Juan Pablo II viajó a Turquía en 1979.

“Voy a esta Nación —afirmó el Pontífice polaco a su partida— para continuar con renovado interés el esfuerzo hacia la unidad de todos los cristianos, según una de las finalidades preeminentes del Concilio Vaticano II".

El Papa Wojtyła comenzó su peregrinación ecuménica en Ankara. “Es una gran alegría para mí, sucesor de Pedro —dijo a la comunidad católica de esa ciudad—, dirigirme hoy a ustedes con las mismas palabras que San Pedro dirigía hace diecinueve siglos a los cristianos que se encontraban entonces, como hoy, en pequeña minoría en estas tierras”.

Los encuentros con el Patriarca de Constantinopla, Dimitrios, y con el Patriarca armenio, Shnorhk Kalustian, precedieron el abrazo a la comunidad armenio-católica de Estambul. A esta porción del pueblo de Dios les indicó una misión especial: “Ustedes están llamados más que otros a ser los artífices de la unidad”.

 

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El viaje apostólico de Benedicto XVI en 2006

En 2006 viajó a Turquía Benedicto XVI quien, al comienzo de su viaje apostólico, deseó ante todo evocar el recuerdo de las “memorables visitas” de Pablo VI y Juan Pablo II.

"Asimismo, declaró al encontrarse con el Cuerpo Diplomático en Ankara, no puedo menos de hacer memoria del Papa Benedicto XV, artífice incansable de la paz durante la primera guerra mundial, y del beato Juan XXIII, el Papa "amigo de los turcos", que fue delegado apostólico en Turquía y luego administrador apostólico del vicariato latino de Estambul, dejando a todos el recuerdo de un pastor atento y lleno de caridad, deseoso en especial de encontrarse y conocer a la población turca, de la que era huésped agradecido. Por eso, me alegra estar hoy aquí como huésped de Turquía, a la que he llegado como amigo y apóstol del diálogo y de la paz.

 

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El viaje apostólico de Francisco en 2014

Turquía es una encrucijada de encuentro y diálogo. El Papa Francisco, durante el viaje apostólico a Turquía en 2014, alabó el compromiso del país con los refugiados y subrayó su vocación como puente entre continentes y pueblos.

"Turquía, por su historia, por su posición geográfica y por la importancia en la región, aseguraba el Obispo de Roma al reunirse con las autoridades, tiene una gran responsabilidad: sus decisiones y su ejemplo tienen un significado especial y pueden ser de gran ayuda para favorecer un encuentro de civilizaciones e identificar vías factibles de paz y de auténtico progreso".

El Pontífice argentino remarcó luego que "la libertad religiosa y la libertad de expresión, efectivamente garantizadas para todos, impulsará el florecimiento de la amistad, convirtiéndose en un signo elocuente de paz".

 (…)

Los pasos de los Papas y Turquía

Turquía está en el corazón de los Pontífices. Pablo VI viajó a este país poco más de 4 años después de su elección al solio de Pedro. Juan Pablo II visitó Turquía un año después de ser elegido Pontífice. También para Benedicto XVI y Francisco, el viaje apostólico a Turquía no estuvo distante de la fecha de su elección.

Mirando la historia, parece que los Papas, después de su elección, quieren enseguida abrazar y besar esta tierra. Ahora el pueblo turco espera a León XIV. El primer viaje apostólico de su Pontificado comienza en esta región del mundo, donde páginas imborrables del cristianismo iluminan caminos ya trazados y aún por completar.

Los de León XIV son pasos nuevos que se añaden en el espíritu del concilio de Nicea. Pasos que dará con el hermano Bartolomé I, siguiendo las huellas de Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco, y también de Benedicto XV y Juan XXIII.

Los Papas abrazan Turquía, tierra ligada de modo indisoluble a los orígenes y a la historia de la Iglesia. Los pasos de los Pontífices se suman a los del apóstol de las gentes, San Pablo, que era un judío de Tarso, en la actual Turquía.

León XIV, en esta tierra de Concilios, que tuvo un papel primario en los albores del cristianismo, renueva la misión de Pedro en la recta final del Año Santo de la Esperanza, que se proyecta hacia la Luz de la Navidad.

(Leer articulo completo en Vatican News)

 

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El Papa Leon XIV en tierra de San Charbel (Viaje Turquia y Libano) 2 de 6

 "Oh María, Reina de los montes y de los mares: Patrona del Líbano, dirige una mirada materna a todos tus hijos, extiende hacia ellos tus manos puras y bendícelos" 

 


Me resulta muy emotivo tratar de recopilar algo sobre la visita del Papa Leon al Libano recordando a nuestro amigo  Abdallah  del Foro Juan Pablo II. Nunca más supimos de él. Que habrá pasado? Que habrá sido de Abdallah? Entre tantos enfrentamientos, bombardeos y sufrimientos de esa bendita tierra  que en algún momento fuera el Eden de Oriente? Que intereses ambiguos han tratado, y siguen haciéndolo, de  borrar de la  faz de la tierra esa pequeña porción de cristianos que aun habitan esa región? Cual será su futuro?

De alguna manera es providencial para el Papa Leon XIV haber heredado la celebración de los 1700 años del Concilio de Nicea  y poder aprovechar asi el viaje para visitar el Libano,  en continuidad con el anhelo de sus predecesores en todo momento,  en pos de paz y unidad, viaje que anuncia oficialmente en el Ángelus del 23 de noviembre. “Ya está cerca mi viaje apostólico a Turquía y Líbano. En Turquía se celebrará el 1700 aniversario del Concilio de Nicea. Por ello, hoy se publica la Carta apostólica In unitate fidei, que conmemora este histórico acontecimiento”.



 En su primer encuentro con las autoridades en Ankara,  en el Palacio presidencial de Turquia, explica su misión expresada figurativamente en el emblema de su viaje:  La imagen del puente sobre el estrecho de los Dardanelos, elegida como emblema de mi viaje, expresa eficazmente el papel especial de su país. Ustedes ocupan un lugar importante en el presente y en el futuro del Mediterráneo y del mundo entero, sobre todo valorizando sus diversidades internas. Antes de conectar Asia y Europa, Oriente y Occidente, ese puente une a Türkiye consigo misma, compone sus partes y la convierte, por así decirlo, desde dentro, en una encrucijada de sensibilidades, cuya homogeneización representaría un empobrecimiento. De hecho, una sociedad está viva si es plural: son los puentes entre sus diferentes almas los que la convierten en una sociedad civil. Hoy en día, las comunidades humanas están cada vez más polarizadas y desgarradas por posiciones extremas que las fragmentan.”

Quizas, por lo simbolico, otra parte fuerte de su viaje haya sido precisamente su visita a la tumba de San Charbel y el encuentro con los jóvenes. 



En su visita y oración en la tumba de San Charbel Maklüf en el Monasterio de San Maroun (Annaya)  expresó en sencillas palabras alma y espíritu del santo:

“¿qué nos enseña hoy san Chárbel? ¿Cuál es el legado de este hombre que no escribió nada, que vivió oculto y silente, pero cuya fama se extendió por todo el mundo?

Me gustaría resumirlo así: el Espíritu Santo lo moldeó para que enseñara la oración a quienes viven sin Dios, el silencio a quienes habitan en medio del bullicio, la modestia a quienes viven para aparentar y la pobreza a quienes buscan las riquezas. Son todos comportamientos a contracorriente, pero precisamente por eso nos atraen, como el agua fresca y pura atrae a quien camina por el desierto. En particular, a nosotros, obispos y ministros ordenados, san Chárbel nos recuerda las exigencias evangélicas de nuestra vocación. Sin embargo, su coherencia, tan radical como humilde, es un mensaje para todos los cristianos.”

La visita y la oraciónen el Monasterio de San Maroun (Annaya) culminaba con estas palabras: 

“Hermanas y hermanos, hoy queremos confiar a la intercesión de san Chárbel las necesidades de la Iglesia, del Líbano y del mundo. Para la Iglesia pedimos comunión, unidad; empezando por las familias, pequeñas iglesias domésticas, y luego en las comunidades parroquiales y diocesanas; y también para la Iglesia universal. Comunión, unidad. Y para el mundo pedimos paz. Especialmente la imploramos para el Líbano y para todo Oriente Próximo. Pero sabemos bien —y los santos nos lo recuerdan— que no hay paz sin conversión de los corazones. Por eso, que san Chárbel nos ayude a orientarnos hacia Dios y a pedir el don de la conversión para todos nosotros.

Queridos hermanos, como símbolo de la luz que Dios ha encendido aquí por medio de san Chárbel, he traído como regalo una lámpara. Al ofrecerla, encomiendo a la protección de san Chárbel al Líbano y a su pueblo, para que caminen siempre en la luz de Cristo. Gracias a Dios por el don de san Chárbel. Gracias a ustedes que conservan su memoria. ¡Caminen en la luz del Señor!”

Sucara a cara con los  alrededor de 15.000jovenes entusiastas – una mini JMJ – en la Plaza frente al Patriarcado de Antioquia de los maronitas en Bkerké,   fue un poco el broche de oro y un ensayo para las próximas JMJ 2027 en Seúl,   a quienes en el encuentro saludaba deseándoles la paz Assalamu lakum!” y agradecía la calidez del encuentro, alentándolos a ser ¡la savia de esperanza que el país espera! 

“Queridos jóvenes, ¡vivan a la luz del Evangelio y serán bienaventurados a los ojos del Señor!  Su patria, el Líbano, florecerá hermosa y vigorosa como el cedro, símbolo de la unidad y fecundidad del pueblo. Ustedes saben bien que la fuerza del cedro está en las raíces, que normalmente tienen la misma extensión que las ramas. El número y la fuerza de las ramas corresponde al número y la fuerza de las raíces. Así también, el gran bien que hoy vemos en la sociedad libanesa es el resultado del trabajo humilde, oculto y honesto de tantos hacedores del bien, de tantas raíces buenas que no quieren hacer crecer sólo una rama del cedro libanés, sino todo el árbol, en toda su belleza. Recurran a las raíces buenas del compromiso de quienes sirven a la sociedad y no se sirven de ella para interés propio. Con un compromiso generoso por la justicia, proyecten juntos un futuro de paz y desarrollo.”

Recordamos también las emotivas palabras del Papa Juan Pablo II en su discurso del Encuentro con los jóvenes en el Santuario de Harisa en 1997: “En realidad, a vosotros corresponde hacer que caigan los muros que hayan podido surgir durante los dolorosos períodos de la historia de vuestra nación; no levantéis nuevos muros en vuestro país. Al contrario, debéis construir puentes entre las personas, entre las familias y entre las diversas comunidades. Espero que en la vida diaria realicéis gestos de reconciliación, para pasar de la desconfianza a la confianza.”

En su Encuentro ecuménico e interreligioso enla Plaza de los Mártires de Beirut El Papa Leon XIV comenzaba su discurso diciendo: “Me siento profundamente conmovido e inmensamente agradecido de estar hoy entre ustedes, en esta tierra bendita, una tierra exaltada por los profetas del Antiguo Testamento, que en sus imponentes cedros vieron emblemas del alma justa que florece bajo la mirada vigilante del cielo; una tierra donde el eco del Logos nunca ha enmudecido, sino que continúa llamando, de siglo en siglo, a aquellos que desean abrir sus corazones al Dios vivo… y llamaba a “elevar una sincera oración por el don divino de la paz.”

Recordaba también la Exhortación apostólica postsinodal Ecclesia in Medio Oriente, firmada  en Beirut en 2012, por  el Papa Benedicto XVI  y la Declaración Nostra aetate del Concilio Vaticano II que abria “un nuevo horizonte para el encuentro y el respeto mutuo entre católicos y personas de diferentes religiones, enfatizando que el verdadero diálogo y la colaboración están enraizados en el amor, único fundamento para la paz, la justicia y la reconciliación.”

En su discurso en el Santuario de Nuestra Señoradel Libano (Harissa) el Santo Padre Leon XIV  recordó al Papa Juan Pablo II  en sus palabras iniciales: “Con gran alegría me encuentro con ustedes durante este viaje, cuyo lema es «Bienaventurados los que trabajan por la paz» (Mt 5,9). La Iglesia en Líbano, unida en sus múltiples rostros, es un ícono de estas palabras, como afirmaba san Juan Pablo II, tan afectuoso con su pueblo: «En el Líbano de hoy —decía— ustedes son responsables de la esperanza» (Mensaje a los ciudadanos del Líbano, 1 mayo 1984); y añadía: «Creen, allí donde viven y trabajan, un clima fraterno. Sin ingenuidad, sepan confiar en los demás y sean creativos para que triunfe la fuerza regeneradora del perdón y de la misericordia» (ibíd.).”

Mencionaba también a su predecesor el  Papa Francisco: “Uno de los símbolos que figuran en el “logotipo” de este viaje es el ancla. El Papa Francisco la evocaba a menudo en sus discursos como signo de la fe, que permite ir siempre más allá, incluso en los momentos más oscuros, hasta el cielo. Decía: «Nuestra fe es el ancla en el cielo. Tenemos nuestra vida anclada en el cielo. ¿Qué debemos hacer? Agarrar la cuerda [...]. Y vamos adelante porque estamos seguros que nuestra vida tiene como un ancla en el cielo, en esa orilla a la que llegaremos» (Catequesis, 26 abril 2017). Si queremos construir la paz, anclémonos al cielo y, firmemente dirigidos hacia allí, amemos sin miedo a perder lo efímero y demos sin medida.”

Recordemos aquí también palabras de la Carta Apostólica del Papa Juan Pablo II sobre la situación en Líbano   “Desde el año 1975, el Papa Pablo VI, el Papa Juan Pablo I y yo mismo, desde el comienzo de mi pontificado, no hemos escatimado esfuerzo alguno para alertar a la opinión pública sobre el valor único del Líbano y de su patrimonio humano y espiritual, para aliviar y animar a sus habitantes sometidos a toda clase de violencias, para favorecer una solución negociada a las divergencias existentes entre las partes en conflicto y para implorar del Señor la gracia de una paz pacientemente edificada y duradera. A lo largo de estos últimos meses, profundamente impresionado por la degradación de la situación.”

Este primer viaje de León XIV, que concluye hoy, martes 2 de diciembre, con su regreso a Roma, ofrece una perspectiva del significado de las palabras pronunciadas al día siguiente de su elección, cuando el nuevo Obispo de Roma declaró que quien ejerce un ministerio de autoridad en la Iglesia debe «desaparecer para que Cristo permanezca». Andrea Tornielli News 

 

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Y el sitio de Vatican News con una gran cantidad de comentarios de diferentes vaticanistas y periodistas sobre esta visita del Papa Leon XIV  

y Mision libanesa 

viernes, 28 de noviembre de 2025

Los 1700 años del I Concilio de Nicea y el primer viaje del Papa Leon XIV - viaje Turquia y Libano (1 de 6)

 



“Los grandes Concilios cristológicos de Nicea y Constantinopla formularon la verdad fundamental de nuestra fe, fijada también en el Símbolo: Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, consubstancial al Padre en lo que concierne a la divinidad, de nuestra misma naturaleza en lo que concierne a la humanidad.” Juan Pablo II


 

En el año 325 se celebró en Nicea un sínodo que aparece, en parte, como punto final de un proceso, pero que revistió también una forma excepcional, por su alcance ecuménico. Convocado por el emperador para resolver un conflicto local que se había extendido a todas las Iglesias del imperio romano de Oriente y a muchas Iglesias occidentales, reunió a obispos de diversas regiones de Oriente y a los delegados del obispo de Roma. Por lo tanto, por primera vez, los obispos de toda la Oikoumenē se reúnen en un sínodo. Su profesión de fe y sus decisiones canónicas se promulgan como normativas para toda la Iglesia. La admirable comunión y unidad suscitadas en la Iglesia por el acontecimiento de Jesucristo se hacen visibles y eficaces de un modo nuevo, mediante una estructura de alcance universal, y el anuncio de la Buena Nueva de Cristo en toda su inmensidad recibe también un instrumento de autoridad y alcance sin precedentes:

En el Concilio de Nicea, por primera vez, a través del ejercicio sinodal del ministerio de los obispos, se expresa institucionalmente a nivel universal la ἐξουσία del Señor resucitado que guía y dirige en el Espíritu Santo el camino del Pueblo de Dios. Una experiencia similar tuvo lugar en los sucesivos concilios ecuménicos del primer milenio, a través de los cuales emergió de manera normativa la identidad de la Iglesia una y católica[158]…… El Concilio de Nicea fue el primer concilio llamado “ecuménico”, porque por primera vez fueron invitados los obispos de toda la Oikoumenē[4]. Por tanto, sus resoluciones debían tener un alcance ecuménico, es decir universal: así fueron recibidas por los creyentes y por la tradición cristiana, mediante un largo y laborioso proceso.  (Comisión Teológica Internacional Jesucristo, Hijo de Dios Salvador – 1700 años del Concilio Ecuménico de Nicea 325-2025) 

Es  difícil comparar los viajes de los últimos Papas porque difieren los tiempos,  las circunstancias, sus orígenes y su propia línea, sin embargo los hechos históricos permanecen y los Papas tratan de respetar las tareas inconclusas de sus antecesores.  Seguir este viaje del Papa Leon XIV es muy emotivo porque lleva la carga, deseos y sueños de unión de todos ellos, incluido su inmediato predecesor el Papa Francisco. Y es verdad lo que dice Elisabetta Pique en sus comentarios “cada Papa imprime su propio carisma, y en su manera de expresarse y en sus gestos simbólicos  afloran diferencias claras de estilo y forma respecto de su antecesor argentino

Dias atrás decia el vaticanista  Andrea Tornielli Tornielli que “el primer viaje apostólico de un Papa está destinado a marcar su pontificado: así lo fue para Pablo VI quien no solo heredo sino que continuo y concluyo el ConcilioVaticano II y en enero de 1964 realizó una histórica peregrinación a Tierra Santa, abrazando al patriarca de Constantinopla, Atenágoras, siguiendo los pasos de su predecesor Juan XXIII, que había sido delegado apostolico en Turquia (1935-1944) y amaba a los turcos. 

 “Grande es nuestra emoción, profundo nuestro gozo en esta hora verdaderamente histórica en que después de siglos y de espera, las Iglesias católica y ortodoxa se hacen nuevamente presentes en la persona de sus representantes más aptos. Grande y profundo es también nuestro reconocimiento hacia vuestra beatitud, que ha querido dejar un instante su sede patriarcal para venir aquí a nuestro encuentro…”  expresaba el Papa Pablo VI en su encuentro con el Patriarca Ecumenico de Constantinopla  en 1964. 

En la Bula de Convocacion del Jubileo Ordinario del año 2025 Spes non confundit  notaba el Papa Francisco los 1700 años de la celebracion del primer gran Concilio ecuménico de Nicea “Conviene recordar que, desde los tiempos apostólicos, los pastores se han reunido en asambleas en diversas ocasiones con el fin de tratar temáticas doctrinales y cuestiones disciplinares. En los primeros siglos de la fe los sínodos se multiplicaron tanto en el Oriente como en el Occidente cristianos, mostrando cuánto fuese importante custodiar la unidad del Pueblo de Dios y el anuncio fiel del Evangelio….El Concilio de Nicea tuvo la tarea de preservar la unidad, seriamente amenazada por la negación de la plena divinidad de Jesucristo y de su misma naturaleza con el Padre. Estuvieron presentes alrededor de trescientos obispos, que se reunieron en el palacio imperial el 20 de mayo del año 325, convocados por iniciativa del emperador Constantino. Después de diversos debates, todos ellos, movidos por la gracia del Espíritu, se identificaron en el Símbolo de la fe que todavía hoy profesamos en la Celebración eucarística dominical. Los padres conciliares quisieron comenzar ese Símbolo utilizando por primera vez la expresión «Creemos» [10], como testimonio de que en ese “nosotros” todas las Iglesias se reconocían en comunión, y todos los cristianos profesaban la misma fe.

El Concilio de Nicea marcó un hito en la historia de la Iglesia. La conmemoración de esa fecha invita a los cristianos a unirse en la alabanza y el agradecimiento a la Santísima Trinidad y en particular a Jesucristo, el Hijo de Dios, «de la misma naturaleza del Padre» [11], que nos ha revelado semejante misterio de amor. Pero Nicea también representa una invitación a todas las Iglesias y comunidades eclesiales a seguir avanzando en el camino hacia la unidad visible, a no cansarse de buscar formas adecuadas para corresponder plenamente a la oración de Jesús: «Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste» ( Jn 17,21).”

Es ahora el Papa Leon XIV quien hereda realizar la 2da parte de la celebración de este aniversario: el viaje al lugar del tan deseado “encuentro”  a la Iglesia hermana de Constantinopla”, a esta  iglesia, que  en su historia bimilenaria, que se ha desarrollado desde su cuna primitiva a través de dos distintas, grandes tradiciones: las orientales y la occidental. Durante muchos siglos estas dos tradiciones manifestaron la riqueza común del Cuerpo de Cristo, completándose recíprocamente en el corazón del Pueblo de Dios y también en las instituciones jerárquicas, en los ritos litúrgicos, en la doctrina de los Padres y de los teólogos. (Juan Pablo II Ángelus 2 de diciembre de 1979)· 

 Mi elección ha tenido lugar mientras se conmemora el 1700 aniversario del Primer Concilio Ecuménico de Nicea les decia en su discurso a  las delegaciones ecumenicas e interreligiosas el 19 de mayo de este año el Papa Leon XIV al verse literalmente enfrentado a encarar este primer viaje de su pontificado,  a Türkiyey al tantos años martirizado Libano,  con peregrinación a Iznik  con motivo del 1700 aniversario del I Concilio de Nicea (el II fue en el año 787) en pos de la unidad  y de la paz; viaje que  haría  no solo para conmemorar los 1700 años del primer concilio de Nicea,  sino también para honrar el deseo de su predecesor Francisco , quien hubiera querido visitar el “País de los cedros”.


En su 
Carta Apostólica In Unitate Fidei  expresaba el Papa Leon  Mientras me dispongo a realizar el Viaje Apostólico a Turquía, con esta carta deseo alentar en toda la Iglesia un renovado impulso en la profesión de la fe, cuya verdad, que desde hace siglos constituye el patrimonio compartido entre los cristianos, merece ser confesada y profundizada de manera siempre nueva y actual. Al respecto, ha sido aprobado un rico documento de la Comisión Teológica Internacional: Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador. El 1700 aniversario del Concilio Ecuménico de Nicea. A él remito, porque ofrece útiles perspectivas para profundizar en la importancia y actualidad no sólo teológica y eclesial, sino también cultural y social del Concilio de Nicea…el Concilio de Nicea es actual por su altísimo valor ecuménico. A este propósito, la consecución de la unidad de todos los cristianos fue uno de los objetivos principales del último Concilio, el Vaticano II[16] Treinta años atrás exactamente, san Juan Pablo II prosiguió y promovió el mensaje conciliar en la Encíclica Ut unum sint (25 de mayo de 1995). Así, con la gran conmemoración del primer Concilio de Nicea, celebramos también el aniversario de la primera encíclica ecuménica. Ella puede considerarse como un manifiesto que ha actualizado aquellas mismas bases ecuménicas puestas por el Concilio de Nicea.” (Papa Leon XIV Carta Apostólica In Unitate Fidei en el 1700 aniversariao del Concilio de Nicea) 

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Lapagina oficial de la Santa Sede 

VaticanNews con detalles del desarrollo, ceremonias, celebraciones y comentarios de vaticanistas sobre el viaje 

Amedeo Lomonaco  : Traslos pasos de los Papas en Líbano, “País mensaje” para la paz

Conciliode Nicea, fuente y dirección de la unidad 

Discurso del Santo Padre Leon XIV a los participantes en el simposio Nicea y la Iglesia del tercer milenio: hacia la unidad católico-ortodoxa