Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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martes, 15 de octubre de 2024

Misterium iniquitatis (13 de 13) M. Estanislao Karlic: La presencia del mal en el Mundo y en la Argentina : Perspectiva teológica

 


“El misterio de iniquidad es tan profundo que solamente al final de la historia se nos revelará plenamente. Cuando llegue la plenitud de la vida, cuando llegue la plenitud de los dones de Dios, que es Dios mismo en la inmediatez de la visión, sólo entonces se comprenderá el abismo de maldad que fue el rechazo del amor primero y gratuito de Dios misericordioso y fiel. Sólo entonces se conocerá definitivamente el abismo de maldad que separa el amor de Dios y el odio de la creatura. Hasta entonces, en los siglos de nuestro tiempo, el mal que seguirá operante deberá ser combatido en el claroscuro de la fe, de la que cada uno debe vivir personalmente, en la distancia del hombre peregrino, fiel a los reclamos de su conciencia. Los cristianos nos decimos que el mal es enfrentado con la certeza del triunfo sólo si se camina sinceramente en la luz de la conciencia auténtica, en la fortaleza de la humildad esperanzada y en la donación de sí en el servicio del amor fraterno, o en términos explícitamente cristianos, sólo si se camina en la fe, la esperanza y la caridad.

Esta actitud es coherente con la espiritualidad del martirio, en que la muerte se descubre como paso triunfal a la vida eterna. Lo que triunfa es el amor desconcertante de quien confía absolutamente en la bondad de Dios, y sabe que ese amor total y definitivo es capaz de vencer el odio y la muerte y capaz de llevar al hombre a la vida que no pasa, a la comunión con Dios vivo.

Pasó el nazismo, pasó el fascismo, pasó el esplendor del marxismo, sabemos que han de pasar el suficiente y pragmático olvido de Dios, la muerte del hombre, el ocaso de la razón, el fin de la verdad, y tantos otros males. No pasó ni pasará la justicia y el amor de los justos que permanecen para siempre. El que amó, triunfó para siempre. La última palabra de la historia será la gloria del amor y de la paz de Dios, así como la primera fue el amor gratuito de la creación. Mientras tanto, en el correr del tiempo, tiene la palabra el hombre con su sabiduría y su libertad, capaz de bien, aunque amenazado por el mal.

Para explicar la permanencia del bien y del mal en la historia, Juan Pablo nos dice en el libro que acabamos de citar: “Cómo nazca y se desarrolle el mal en el terreno del bien, es un misterio. También es una incógnita esa parte de bien que el mal no ha conseguido destruir y que se difunde a pesar del mal, creciendo incluso en el mismo suelo. Surge de inmediato la parábola evangélica del trigo y la cizaña. Cuando los siervos preguntan al dueño: ¿Quieres que vayamos a arrancarla?, él contesta de manera muy significativa: “No, que podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega”  

 (Invito leer el artículo completo en Arbil Nro.10)


 

lunes, 14 de octubre de 2024

Misterium iniquitatis (9 de 13) El mal y el bien en las catequesis de Juan Pablo II (f )


Quedaban ya solo tres catequesis para completar la serie de las audiencias de Juan Pablo II sobre el mal, tan enraizado en el primer pecado y asociado a todos los pecados de todos los hombres de todos los tiempos. En El pecado como alineación del hombre el Papa subrayaba nuevamente que “Las consideraciones sobre el pecado desarrolladas en este ciclo de nuestras catequesis, nos obligan a volver siempre a ese primer pecado del que se habla en Gén 3. San Pablo se refiere a él como a la "desobediencia" del primer Adán (cf. Rom 5, 19)”. "no debéis comer del fruto del árbol". Explica el Papa que el contenido aparentemente irrelevante de la prohibición simboliza una cuestión totalmente fundamental. El hombre instigado por el tentador quería ser “como Dios” . Esa "desobediencia", de oposición a la voluntad del Creador. será el carácter principal del primer pecado de la historia del hombre. Bajo el peso de esta herencia la voluntad del hombre debilitada e inclinada hacia el mal, estará permanentemente expuesta a la influencia del "padre de la mentira"….


Juan Pablo II mismo resumía el contenido de la siguiente catequesis del 10 de diciembre de 1986 "Estableceré hostilidades... ": el hombre implicado en la lucha contra las fuerzas de las tinieblas “ refiriendose al “complejo contenido de las palabras del Gén 3, que constituyen la respuesta de Dios al primer pecado del hombre. En ese texto – continúa - se habla de la lucha contra "las fuerzas de las tinieblas", en la que el hombre está comprometido a causa del pecado desde el comienzo de su historia en la tierra: pero al mismo tiempo se asegura que Dios no abandona al hombre a sí mismo, no lo deja "en poder de la muerte", reducido a ser "esclavo del pecado" (cf. Rom 6, 17). De hecho, dirigiéndose a la serpiente tentadora, Dios le dice así: "Establezco enemistades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza cuando tú la hieras en el talón" (Gén 3, 15).”

Estas palabras del Génesis – diría en la catequesis siguiente (la ùltima de la serie sobre el mal del pecado) se han considerado como el "protoevangelio", o sea, como el primer anuncio del Mesías Redentor. Efectivamente, ellas dejan entrever el designio salvífico de Dios hacia el género humano, que después del pecado original se encontró en el estado de decadencia que conocemos (status naturae lapsae). Ellas expresan sobre todo lo que en el plan salvífico de Dios constituye el acontecimiento central…..” "Y tanto amaste al mundo, Padre Santo, que, al cumplirse la plenitud de los tiempos, nos enviaste como Salvador a tu único Hijo. El cual se encarnó por obra del Espíritu Santo, nació de María la Virgen, y así compartió nuestra condición humana en todo, menos en el pecado".Agrega Juan Pablo II mas adelante “El análisis del "protoevangelio" nos hace, pues, conocer, a través del anuncio y promesa contenidos en él, que Dios no abandonó al hombre al poder del pecado y de la muerte. Quiso tenderle la mano y salvarlo. Y lo hizo a su modo, a la medida de su santidad transcendente, y al mismo tiempo a la medida de una "compasión" tal, como podía demostrar solamente un Dios-Amor.” “Las mismas palabras del "protoevangelio" expresan esa compasión salvífica, cuando anuncian la lucha ("¡Establezco enemistades!") entre aquel que representa "las fuerzas de las tinieblas" y Aquel que en el Génesis llama "estirpe de la mujer" ("su estirpe"). Es una lucha que se acabará con la victoria de Cristo ("te aplastará la cabeza"). Pero ésta será la victoria obtenida al precio del sacrificio de la cruz ("cuando tú le hieras en el talón"). El "misterio de la piedad" disipa el "misterio de la iniquidad".

En el "protoevangelio" en cierto sentido Cristo es anunciado por primera vez como "el nuevo Adán" (cf. 1 Cor 15, 45). Más aún, su victoria sobre el pecado obtenida mediante la "obediencia hasta la muerte de cruz" (cf. Fil 2, 8), comportará una abundancia tal de perdón y de gracia salvífica que superará desmesuradamente el mal del primer pecado y de todos los pecados de los hombres.
[…]
Tenemos así la certeza de que Dios, que en su santidad transcendente aborrece el pecado, castiga justamente al pecador, pero en su inefable misericordia al mismo tiempo lo abraza con su amor salvífico. El "protoevangelio" ya anuncia esta victoria salvífica del bien sobre el mal, que se manifestará en el Evangelio mediante el misterio pascual de Cristo crucificado y resucitado.
Y refiriéndose a lo expresado en el Concilio cita lo que considera “el mejor sello” a las catequesis sobre el pecado: "A la encarnación ha precedido la aceptación de parte de la Madre predestinada, para que de esta manera, así como la mujer contribuyó a la muerte, también la mujer contribuyese a la vida. Lo cual se cumple de modo eminentísimo en la Madre de Jesús por haber dado al mundo la Vida misma que renueva todas las cosas...” (cf. Lumen Gentium 56) "Enriquecida desde el primer instante de su concepción con el resplandor de una santidad enteramente singular, la Virgen Nazarena, por orden de Dios, es saludada por el ángel de la anunciación como 'llena de gracia' (cf. Lc 1, 28), a la vez que Ella responde al mensajero celestial: 'He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra' (Lc 1, 38). Así, María, hija de Adán, al aceptar el mensaje divino, se convirtió en Madre de Jesús, y al abrazar de todo corazón y sin entorpecimiento de pecado alguno la voluntad salvífica de Dios, se consagró totalmente como esclava del Señor a la persona y a la obra de su Hijo, sirviendo con diligencia al misterio de la redención con Él y bajo Él, con la gracia de Dios Omnipotente" (Lumen Gentium, 56).
En María y por María, así, se ha transformado la situación de la humanidad y del mundo, que han vuelto a entrar de algún modo en el esplendor de la mañana de la creación."


 


Misterium iniquitatis (8 de 13) El mal y el bien en las catequesis de Juan Pablo II: (e)) El Pecado: ruptura de la Alianza con Dios

 


Sin perder de vista el pecado de los primeros padres las catequesis de aquí en más se dirigían a la realidad del hombre y al pecado actual “en la vida del hombre el pecado está constantemente presente, constantemente actual”. ”. Volvia a recordar Juan Pablo II que , “fuera de la Revelación, no somos capaces de percibir plenamente ni expresar adecuadamente la esencia misma del pecado, del mal moral como pecado” “En cierto sentido también el pecado "actual", perteneciente a la vida de todo hombre, se hace plenamente comprensible en referencia a ese "principio", a ese pecado del primer hombre por la . "inclinación al pecado". Ese “primer pecado" queda como el "modelo" de todo pecado cometido por el hombre personalmente” esa "desobediencia" (cf. Rom 5, 19) de la que habla el apóstol San Pablo vale también para todo otro pecado "actual" que el hombre comete. El hombre peca transgrediendo el mandamiento el mandamiento de Dios,por tanto es "desobediente" a Dios, Legislador Supremo. Esta desobediencia a la luz de la Revelación,es al mismo tiempo ruptura de la alianza con Dios. En esta Audiencia el Papa a su vez explica los grados de abusos: pecados actuales (personales), pecado mortal, grave o venial. Y habla de la “ley escrita en los corazones” “"Lex naturae" (cf. I-II, q. 91, a. 2; q. 94, aa. 5-6) de Santo Tomas, que el hombre trasgrede y desobedece.“En cierta medida todo pecado del hombre expresa ese "mysterium iniquitatis" (2 Tes 2, 7), que San Agustín ha encerrado en las palabras: "Amor sui usque ad contemptum Dei": El amor de sí hasta el desprecio de Dios (De Civitate Dei, XIV, 28; PL 41, 436).

(Mas sobre el misterio del pecado en la Exhortación Apostòlica Reconciliatio et Paenitentia)

Al hablar del pecado del hombre y el “pecado del mundo” el Papa dice "Toda la vida humana, la individual y la colectiva, se presenta como lucha, y por cierto dramática, entre el bien y el mal, entre la luz y las tinieblas· Y también en esta oportunidad recordaba que “el hombre se nota incapaz de domeñar con eficacia por sí solo los ataques del mal... Pero el Señor vino en persona para liberar y vigorizar al hombre, renovándole interiormente" (Gaudium et spes 13)”.

“El pecado personal tiene la característica esencial de ser siempre el acto responsable de una determinada persona, un acto incompatible con la ley moral y por consiguiente opuesto a la voluntad de Dios y aun conservando su esencial carácter de acto personal, posee al mismo tiempo una dimensión socia·l, “Hablar de pecado social quiere decir, ante todo, reconocer que, en virtud de una solidaridad humana tan misteriosa e imperceptible como real y concreta, el pecado de cada uno repercute en cierta manera en los demás

Y “¿Cómo entender estas expresiones sobre el "pecado del mundo"? ,,, no se trata del "mundo" como creación de Dios, sino como una dimensión específica, casi un espacio espiritual cerrado a Dios en el que, sobre la base de la libertad creada, ha nacido el mal. Este mal transferido al "corazón" de los primeros padres bajo el influjo de la "antigua serpiente" (cf. Gen 3 y Ap 12, 9), es decir, Satanás, "padre de la mentira", ha dado malos frutos desde el principio de la historia del hombre. El pecado original ha dejado detrás de sí esa "inclinación al pecado"l. “A su vez los muchos pecados personales cometidos por los hombres forman casi un "ambiente de pecado", que por su parte crea las condiciones para nuevos pecados personales, y de algún modo induce y arrastra a ello a cada uno de los hombres. Por eso, el "pecado del mundo" no se identifica con el pecado original, pero constituye casi una síntesis o una suma de sus consecuencias en la historia de cada una de las generaciones y por consiguiente de toda la humanidad”

Explica después el Papa "el pecado social" tratado extensamente en la Exhortación Apostólica Recontiliatio et Paenitentia

Mysterium iniquitatis (7 de 13) El mal y el bien en las catequesis de Juan Pablo II Intermezzo - Mis reflexiones

 

Me tomaba un respiro (recuerdo que esto es republicacion) para reflexionar y ante todo admitia que a medida que me iba adentrando en estas catequesis cada vez me  maravillaba mas de la profundidad de pensamiento, de la didáctica de sus “clases magistrales” de vida cristiana. Cada vez me estaba costando mása más citar algunas palabras, oraciones, párrafos, y no me atrevia a resumir. Por otro lado iba tomando conciencia plena de lo poco que sabemos, reflexionamos, profundizamos y cuan poco hablamos sobre un tema tan enraizado en nuestras vidas: el pecado como ofensa contra Dios y desobediencia, desde la rebelión de los Ángeles, del “primer” pecado hasta nuestros pecados actuales, de nuestro abuso de la libertad al transgredir “la ley natural” “inscrita en nuestros corazones”; del pecado, esa palabra que ha perdido vigencia, que molesta, no esta de moda, no es mediática, no es global y la queremos enterrar, ocultar, para no quitarle el sueño a nadie, para no frustrar a nadie, para dejarlo vivir en este mundo que “no es capaz de salvarlo del mal” en este mundo que con “sus riquezas y sus carencias, necesita ser salvado, ser redimido”


Cuantas veces nos preguntamos con las palabras del capitulo 10 de Cruzando el umbral de la Esperanza “Dios es amor, porque tanto mal?” (guerras, campos de concentración, el holocausto y tantos otros males individuales y colectivos, universales, personales y cotidianos) y no sabemos respondernos o responder a quien plantea la pregunta, por no habernos acercado más a la riqueza del magisterio de la Iglesia.


Ante el gran misterio del mal, del pecado, recuerdo que unas palabras de Juan Pablo II en el capitulo XX de Cruzando el Umbral de la esperanza, donde hablaba sobre el comunismo, me quedaron grabadas a fuego. A la pregunta de Vittorio Messori::

¿Se puede hablar de silencio de Dios?

Y si así fuera, ¿cómo interpretar ese silencio?

Y
Juan Pablo II respondía:

Sí, en cierto sentido Dios calla, porque ya lo ha revelado todo. Habló «en los tiempos antiguos» por medio de los profetas y, «últimamente», por medio del Hijo (cfr. Hebreos 1,1-2): en Él ha dicho todo cuanto tenía que decir.

Y nosotros cuantas veces personificando aquello de «viendo no ven y oyendo no oyen (Mateo 13,13)

 

Mysterium iniquitatis (6 de 13) El mal y el bien en las catequesis de Juan Pablo II (d) El pecado original y la universalidad del pecado)

 


“En las catequesis de este ciclo tenemos continuamente ante los ojos la verdad sobre el pecado original, y al mismo tiempo tratamos de mirar la realidad del pecado en la dimensión global de la historia del hombre” 

Juan Pablo II

Refiriéndose al "peccatum originale" el Papa cita los escritos del Concilio Vaticano II “Constituido por Dios en estado de santidad, el hombre, tentado por el maligno, abusó de su libertad desde los comienzos de la historia, erigiéndose contra Dios y pretendiendo conseguir su fin al margen de Dios" (Gaudium et spes,13).“Se trata del pecado de los primeros padres. Pero a él se une una condición de pecado que alcanza a toda la humanidad y que se llama pecado original que la Sagrada Escritura. La Biblia, describe como una auténtica "invasión" del pecado, que inunda el mundo, como consecuencia del pecado de Adán, contagiando con una especie de infección universal a la humanidad entera. Desde ese momento, toda la historia de la humanidad sentirá el peso de este estado. El primer ser humano (hombre y mujer) recibió, en efecto, de Dios la gracia santificante no sólo para sí mismo, sino, en cuanto cabeza de la humanidad, para todos sus descendientes. Así, pues, con el pecado que lo estableció en una situación de conflicto con Dios, perdió la gracia (cayó en desgracia), incluso en la perspectiva de la herencia para sus descendientes. En esta privación de la gracia, añadida a la naturaleza, se sitúa la esencia del pecado original como herencia de los primeros padres, según la enseñanza de la Iglesia, basada en la Revelación.

Acerca de la “Revelación divina sobre el tema de la universalidad y del carácter hereditario del pecado” Juan Pablo II nos recuerda que “esta verdad la propone constantemente el Magisterio de la Iglesia y nos refiere a los documentos del Vaaticano II, “especialmente a la Constitución Gaudium et spes, sin olvidar la Exhortación post-sinodal Reconciliatio et paenitentia (1984).

Continua hablando del pecado original en la Audiencia siguiente esta vez citando el Decreto Tridentino “El pecado de Adán ha pasado a todos sus descendientes es decir, a todos los hombres en cuanto provenientes de los primeros padres y sus herederos en la naturaleza humana, ya privada de la amistad con Dios. Por ello transmitió a todo el género humano no sólo la muerte corporal y otras penas (consecuencias del pecado), sino también el pecado mismo como muerte del alma ("peccatum, quod mors est animae").y “Este pecado de Adán que es uno solo por su origen y transmitido por propagación y no por imitación, está en cada uno como propio" (DS 1513)”

“Así, pues – continúa - el pecado original se transmite por generación natural. Esta convicción de la Iglesia se indica también en la práctica del bautismo de los recién nacidos, a la cual se remite el Decreto conciliar. Los recién nacidos, incapaces de cometer un pecado personal, reciben sin embargo, de acuerdo con la Tradición secular de la Iglesia, el bautismo poco después del nacimiento en remisión de los pecados. El Decreto dice: "Se bautizan verdaderamente para la remisión de los pecados, a fin de que se purifiquen en la regeneración del pecado contraído en la generación" (DS 1514).

En la Audiencia del 8 de octubre de 1986 propone echar un vistazo a la Profesión de fe Credo del Pueblo de Dios del Papa Pablo VI pronunciada en 1968, al concluir el "Año de la fe" donde con respecto al pecado original declara “Creemos que en Adán todos pecaron, lo cual quiere decir que la falta original cometida por él hizo caer la naturaleza humana, común a todos los hombres, en un estado en que se experimenta las consecuencias de esta falta y que no es aquel en el que se hallaba la naturaleza al principio de nuestros primeros padres, creados en santidad y justicia y en el que el hombre no conocía ni el mal ni la muerte” “situación en la que ha llegado a encontrase la naturaleza después del pecado, y especialmente por la inclinación del hombre más hacia el mal que hacia el bien”. Y agrega que “El miedo a la muerte” esta unido según la Revelación al pecado original .El pecado mismo es sinónimo de la muerte espiritual, porque por el pecado el hombre ha perdido la gracia santificante, fuente de la vida sobrenatural. Signo y consecuencia del pecado original es la muerte del cuerpo, tal como desde entonces la experimentan todos los hombres. El hombre ha sido creado por Dios para la inmortalidad: la muerte que aparece como un trágico salto en el vacío, constituye la consecuencia del pecado, casi por una lógica suya inmanente, pero sobre todo por castigo de Dios. Esta es la enseñanza de la Revelación y esta es la fe de la Iglesia: sin el pecado, el final de la prueba terrena no habría sido tan dramático.”

 

 

Mysterium iniquitatis (5 de 13) El mal y el bien en las catequesis de Juan Pablo II (c) El Pecado “raíz de todo el mal que hay en el hombre”)

 


De la libertad ha nacido también el mal. Pero Dios no se rinde, y con su sabiduría trascendente, predestinándonos a ser sus hijos en Cristo, todo lo dirige con fortaleza y suavidad, para que el bien no sea vencido por el mal.”

 “Nuestras catequesis sobre Dios, Creador de las cosas "invisibles", nos ha llevado a iluminar y vigorizar nuestra fe por lo que respecta a la verdad sobre el maligno o Satanás, no ciertamente querido por Dios, sumo Amor y Santidad, cuya Providencia sapiente y fuerte sabe conducir nuestra existencia a la victoria sobre el príncipe de las tinieblas. Efectivamente – decia Juan Pablo II en la catequesis sobre “la victoria de Cristo sobre el espíritu del mal” “toda la historia de la humanidad se puede considerar en función de la salvación total, en la cual está inscrita la victoria de Cristo sobre "el príncipe de este mundo" (Jn 12, 31; 14, 30; 16, 11). "Al Señor tu Dios adorarás y a Él sólo servirás" (Lc 4, 8), dice terminantemente Cristo a Satanás” “La fe de la Iglesia nos enseña que la potencia de Satanás no es infinita”. Y si bien su acción causa muchos daños —de naturaleza espiritual e indirectamente de naturaleza también física— a los individuos y a la sociedad, él no puede, sin embargo, anular la finalidad definitiva a la que tienden el hombre y toda la creación, el bien. El no puede obstaculizar la edificación del reino de Dios, en el cual se tendrá, al final, la plena actuación de la justicia y del amor del Padre hacia las creaturas eternamente "predestinadas" en el Hijo-Verbo, Jesucristo”.

La catequesis siguientes tratan extensamente sobre el pecado.

En la audiencia acerca de “El mal en el hombre y en el mundo y el plan divino de salvación” explicaba el Papa los Simbolos de la Fe y decía “El misterio de la redención está, en su misma raíz, unido de hecho con la realidad del pecado del hombre. Por eso, al explicar con una catequesis sistemática los artículos de los Símbolos que hablan de Jesucristo, en el cual y por el cual Dios ha obrado la salvación, “debemos afrontar, ante todo, el tema del pecado, esa realidad oscura difundida en el mundo creado por Dios, la cual constituye la raíz de todo el mal que hay en el hombre y, se puede decir, en la creación” (*) “ La salvación, de la que habla la divina Revelación, es ante todo la liberación de ese mal que es el pecado.”

En la catequesis El pecado del hombre y el estado de justicia original Juan Pablo II habla del pecado en general y aclara que se habla del pecado “ siempre en referencia al primer pecado, que dejó sus secuelas en los descendientes de Adán, y que por eso se llama pecado original”. Y se refiere nuevamente a “Los Símbolos de la Fe y comenta que “son muy parcos al hablar del pecado; en la Sagrada Escritura, por el contrario, el término y el concepto de "pecado" se sitúa entre aquellos que se repiten con mayor frecuencia” (484 veces)


“De hecho el pecado forma parte del hombre y de su existencia: no se puede ignorar o dar a esta realidad oscura otros nombres, otras interpretaciones, como ha ocurrido en las corrientes del iluminismo o del secularismo. Si se admite el pecado, se reconoce al mismo tiempo una profunda relación del hombre con Dios, pues al margen de esta relación hombre-Dios el mal del pecado no se presenta en su verdadera dimensión, aun cuando siga estando presente obviamente en la vida del hombre y en la historia. El pecado pesa con tanta mayor fuerza sobre el hombre como realidad oscura y nefasta cuando menos se le conozca y reconozca, cuando menos se le identifique en su esencia de rechazo y oposición frente a Dios”

(*) el resaltado es mio.

 


 

Mysterium iniquitatis (4 de 13) El mal y el bien en las catequesis de Juan Pablo II (b)

 


Las catequesis siguientes que trataban los temas 

El mismo siervo de Dios Juan Pablo II las resumía asì en su Intorudccciòn a la catequesis La participación de los ángeles en la historia de la salvación :

 “En las últimas catequesis hemos visto cómo la Iglesia, iluminada por la luz que proviene de la Sagrada Escritura, ha profesado a lo largo de los siglos la verdad sobre la existencia de los ángeles como seres puramente espirituales, creados por Dios. Lo ha hecho desde el comienzo con el Símbolo niceno-constantinopolitano y lo ha confirmado en el Concilio Lateranense IV (1215), cuya formulación ha tomado el Concilio Vaticano I en el contexto de la doctrina sobre la creación: Dios "creó de la nada juntamente al principio del tiempo, ambas clases de criaturas: las espirituales y las corporales, es decir, el mundo angélico y el mundo terrestre; y después, la criatura humana que, compuesta de espíritu y cuerpo, los abraza, en cierto modo, a los dos" (Const. De Fide Cath., DS 3002). O sea: Dios creó desde el principio ambas realidades: la espiritual y la corporal, el mundo terreno y el angélico. Todo lo que Él creó juntamente ("simul") en orden a la creación del hombre, constituido de espíritu y de materia y colocado según la narración bíblica en el cuadro de un mundo ya establecido según sus leyes y ya medido por el tiempo ("deinde").”

Y en esta catequesis nos explica que “según la Revelación, los ángeles, que participan en la vida de la Trinidad en la luz de la gloria, están también llamados a tener su parte en la historia de la salvación de los hombres, en los momentos establecidos por el designio de la Providencia Divina. "¿No son todos ellos espíritus administradores, enviados para servicio a favor de los que han de heredar la salud?", pregunta el autor de la Carta a los Hebreos (1, 14). Y esto cree y enseña la Iglesia, basándose en la Sagrada Escritura por la cual sabemos que la tarea de los ángeles buenos es la protección de los hombres y la solicitud por su salvación.”

Y en la ultima catequesis acerca de los angeles: La caída de los ángeles rebeldes el Santo Padre reflexionaba sobre “el misterio de la libertad que algunos de los “seres espirituales” utilizaron contra Dios y contra su plan de salvaron respecto a los hombres. Como testimonia el Evangelista Lucas en el momento, en el que los discípulos se reunían de nuevo con el Maestro llenos de gloria por los frutos recogidos en sus primeras tareas misioneras, Jesús pronuncia una frase que hace pensar: "veía yo a Satanás caer del cielo como un rayo" (Lc 10, 18). Con estas palabras el Señor afirma que el anuncio del reino de Dios es siempre una victoria sobre el diablo, pero al mismo tiempo revela también que la edificación del reino está continuamente expuesta a las insidias del espíritu del mal…. “Esta "caída", que presenta la forma de rechazo de Dios con el consiguiente estado de "condena", consiste en la libre elección hecha por aquellos espíritus creados, los cuales radical e irrevocablemente han rechazado a Dios y su reino, usurpando sus derechos soberanos y tratando de trastornar la economía de la salvación y el ordenamiento mismo de toda la creación.”

 


Mysterium iniquitatis (3 de 13) El mal y el bien en las catequesis de Juan Pablo II (a)


En la catequesis La Divina Providencia y la presencia del mal y del sufrimiento, en el marco de una serie sobre Dios el Creador del mundo ,  Juan Pablo II nos regala un minucioso análisis de la relación entre la Providencia Divina y la realidad del mal, presente bajo tantas formas en la vida humana, explicando las diferencias que se presentan entre el mal físico y el mal moral y planteando preguntas para nuestra reflexión “¿podemos de cara a toda la experiencia del mal que hay en el mundo, especialmente de cara al sufrimiento de los inocentes, decir que Dios no quiere el mal?. Y si lo quiere, ¿cómo podemos creer que "Dios es amor", y tanto más que este amor no puede no ser omnipotente?” Ante estas preguntas expresa el Papa “nosotros también como Job, sentimos qué difícil es dar una respuesta. La buscamos no en nosotros sino, con humildad y confianza, en la Palabra de Dios” que “afirma de forma clara y perentoria que "la maldad no triunfa contra la sabiduría (de Dios)" (Sab 7, 30) y que Dios permite el mal en el mundo con fines más elevados, pero no quiere ese mal”.

La Divina Providencia supera el mal en Jesús redentor” pero “Cómo conciliar el mal y sufrimiento en el mundo con la verdad de la Providencia Divina”? Juan Pablo II responde “no se puede ofrecer una respuesta definitiva sin hacer referencia a Cristo”, “Cristo —el Verbo encarnado— confirma con su propia vida —en la pobreza, la humillación y la fatiga— y especialmente con su pasión y muerte, que Dios está al lado del hombre en su sufrimiento; más aún, que El mismo toma sobre Sí el sufrimiento multiforme de la existencia terrena del hombre […] La respuesta definitiva a la pregunta sobre la presencia del mal y del sufrimiento la ofrece la Revelación divina en la perspectiva de la "predestinación en Cristo", es decir, en la perspectiva de la vocación del hombre a la vida eterna, a la participación en la vida del mismo Dios. Esta es precisamente la respuesta que ha ofrecido Cristo, confirmándola con su cruz y con su resurrección” “Como dice el Concilio Vaticano II: "Por Cristo y en Cristo se ilumina el enigma del dolor y de la muerte que fuera del Evangelio nos envuelve en absoluta oscuridad" (Gaudium et spes 22). Si descubrimos mediante la fe este poder y esta "sabiduría", nos encontramos en las sendas salvadoras de la Divina Providencia.”

Hablando de la Divina Providencia y la condición histórica del hombre de hoy a la luz del Concilio Vaticano II el Papa llama la atención que es “una vana y peligrosa ilusión construir la propia vida y hacer del mundo el reino de la propia felicidad exclusivamente con las propias fuerzas. Es la gran tentación en la que ha caído el hombre moderno, olvidando que las leyes de la naturaleza condicionan también la civilización industrial y post-industrial (cf. Gaudium et spes, 26-27). Pero es fácil ceder al deslumbramiento de una pretendida autosuficiencia en el progresivo "dominio" de las fuerzas de la naturaleza, hasta olvidarse de Dios o ponerse en su lugar” “pretensión que llega a algunos ambientes en forma de manipulación biológica, genética, psicológica... que si no está regida por los criterios de la ley moral (y consiguientemente orientada al reino de Dios) puede convertirse en el predominio del hombre sobre el hombre, con consecuencias trágicamente funestas”

continua reflexionando “El hombre – dice - hoy más que en cualquier otro tiempo es particularmente sensible a la grandeza y a la autonomía de su tarea de investigador y dominador de las fuerzas de la naturaleza… Sin embargo hay que hacer notar que existe un grave obstáculo en el desarrollo y en el progreso del mundo. Este está constituido por el pecado y por la cerrazón que supone, es decir, por el mal moral. De esta situación da amplia cuenta la Constitución conciliar "Gaudium et spes".


Mysterium iniquitatis (2 de 13) Coexistencia del bien y del mal

 


Misterio de iniquidad. Un misterio.

 Como comprenderlo? Como ir al fondo de algo que supera todo entendimiento? «Del Señor dependen los pasos del hombre: ¿cómo puede el hombre comprender su camino?» (Pr 20, 24).


No obstante, en sus reflexiones personales, su «biografía interior» Memoria e Identidad, el Papa Juan Pablo II aborda el complejo tema del mal y nos invita a bucear en este misterio, a reflexionar sobre la coexistencia del bien y del mal y de los limites impuestos al mal. El siglo XX nos dice el Papa fue “en cierto sentido , el «teatro» en el que han entrado en escena determinados procesos históricos e ideológicos que han llevado hacia la gran «erupción» del mal – pero agrega inmediatamente – que “ también ha sido espectador de su declive…El mal es siempre la ausencia de un bien –que un determinado ser debería tener, es una carencia, pero nunca es ausencia absoluta del bien. Cómo nazca y se desarrolle el mal en el terreno sano del bien, es un misterio. También es una incógnita esa parte de bien que el mal no ha conseguido destruir y que se difunde a pesar del mal, creciendo incluso en el mismo suelo” afirmación que enlazo con el testimonio del Papa Juan Pablo II en la 
Conmemoración ecuménica de los testigos de de del Siglo XX:


“Yo mismo – decía entonces - fui testigo en los años de mi juventud, de tanto dolor y tantas pruebas. Mi sacerdocio desde sus orígenes “ha estado inscrito en el gran sacrificio de tanto hombres y mujeres de mi generación” (Don y Misterio p.47). La experiencia de la Segunda Guerra Mundial y de los años siguientes me ha movido a considerar con gran atención el ejemplo luminoso de cuantos, desde inicio del siglo XX hasta el fin, experimentaron la persecución, la violencia y la muerte, a causa de su fe y de su conducta inspirada en la verdad de Cristo”


Y en su 
Mensaje con ocasión del 60 aniversario de la liberación de los prisioneros de Auschwitz, “uno de los lugares más dolorosos y más llenos de desprecio al hombre y a sus derechos” fundamentales,  Juan Pablo II reflexionaba : “en medio de ese indescriptible cúmulo de mal, hubo también expresiones heroicas de adhesión al bien. Ciertamente, numerosas personas aceptaron con libertad de espíritu someterse al sufrimiento y demostraron amor no sólo a sus compañeros prisioneros, sino también a sus verdugos. Muchos lo hicieron por amor a Dios y al hombre; otros, en nombre de los valores espirituales más elevados. Gracias a su actitud se ha hecho patente una verdad que a menudo aparece en la Biblia: aunque el hombre es capaz de hacer el mal, a veces un mal enorme, el mal no tendrá la última palabra. Incluso en el abismo del sufrimiento puede triunfar el amor”

Este papa polaco, que vivenció las dramáticas experiencias de dos totalitarismos en su propia patria y que fuera testigo de tantos episodios trágicos de la historia de Europa y del mundo entero nos presenta la sencilla parábola evangélica del trigo y la cizaña (cf. Mt 13, 24-30) como “clave para comprender toda la historia del hombre. En las diversas épocas y en distintos sentidos – nos dice en sus reflexiones - el «trigo» crece junto a la
«cizaña» y la «cizaña» junto al «trigo». Inclaudicable reflexiona que “La historia de la humanidad es una «trama» de la coexistencia entre el bien y el mal, del mal que “existe al lado del bien, el bien, no obstante, persiste al lado del mal y, por decirlo así, crece en el mismo terreno, que es la naturaleza humana. En efecto, ésta no quedó destruida, no se volvió totalmente mala a pesar del pecado original. Ha conservado una capacidad para el bien, como lo demuestran las vicisitudes que se han producido en los diversos períodos de la historia”

Mysterium iniquitatis (1 de 13) Introducción

 


Reflexiones sobre el misterio del bien y del mal – re publicación con algunos ajustes, si bien siempre incompletos, sobre un tema insondable.

En el primer capítulo de su libro Memoria e Identidad  titulado (Mysterium Iniquitatis – la coexistencia del bien y del mal  - Juan Pablo II reflexiona sobre la coexistencia del bien y del mal y allí, entre otros,  comenta:

«El mal es siempre la ausencia de un bien que un determinado ser debería tener, es una carencia. Pero nunca es ausencia absoluta del bien. Cómo nazca y se desarrolle el mal en el terreno sano del bien, es un misterio. También es una incógnita esa parte de bien que el mal no ha conseguido destruir y que se difunde a pesar del mal, creciendo incluso en el mismo suelo. (...) La historia de la humanidad es una «trama» de la coexistencia entre el bien y el mal. Esto significa que si el mal existe al lado del bien, el bien, no obstante, persiste al lado del mal y, por decirlo así, crece en el mismo terreno, que es la naturaleza humana. En efecto, ésta no quedó destruida, no se volvió totalmente mala a pesar del pecado original. Ha conservado una capacidad para el bien, como lo demuestran las vicisitudes que se han producido en los diversos períodos de la historia». 

En su Mensaje del 1 de enero de 2004  para la XXXVII Jornada Mundial de la Paz Juan Pablo II recordaba su primer Mensaje para aquellas Jornadas   al inicio de enero de 1979, que se centraba en el lema: «  Para lograr la paz, educar a la paz  ». -  Mensaje que cada día cobra mayor actualidad y,  hoy como ayer,  exige ese compromiso siempre actual. Con aquel Mensaje de Año Nuevo se continuaba el plan trazado por Pablo VI ,  quien había querido que el 1 de enero de cada año se celebre una Jornada Mundial de oración por la Paz. Recordaba Juan Pablo II  las palabras del mencionado Pontífice en su primer Mensaje para el Año Nuevo de 1968: «Sería nuestro deseo que después, cada año, esta celebración se repitiese como presagio y como promesa, al principio del calendario que mide y describe el camino de la vida en el tiempo, de que sea la Paz con su justo y benéfico equilibrio la que domine el desarrollo de la historia futura».(1)

[…] El análisis de la “ciencia de la paz” que analizara el Papa Pablo VI  en los once  Mensajes dirigidos al mundo “trazando progresivamente las coordenadas del camino a recorrer,  para alcanzar el ideal de la paz,  conserva aún hoy una gran actualidad. Incluso frente al drama de las guerras que, al comienzo del Tercer Milenio, todavía ensangrientan las regiones del mundo, sobre todo en Oriente Medio, estos escritos, en algunos de sus pasajes, tienen el valor de avisos proféticos.

Juan Pablo II no solo recordaba a Pablo VI sino que en ese su primer mensaje por la paz, hacia un breve repaso de la historia,  analizaba, reflexionaba y trazaba un plan  para la “contribución especifica de los cristianos” “entre los pueblos, en su propio país, en su ambiente, en sí mismo”

El Papa no se refirió a ningún enfrentamiento o conflicto especifico pero dejo bien en claro que :  “ Las oposiciones ideológicas deben confrontarse en un clima de diálogo y de libre discusión. Los intereses legítimos de grupos determinados deben tener también en cuenta los intereses legítimos de los otros grupos afectados y las exigencias del bien común superior. El recurso a las armas no debería ser considerado como el instrumento adecuado para solucionar los conflictos. Los derechos humanos imprescriptibles deben ser salvaguardados en toda circunstancia. No está permitido matar para imponer una solución.”

[…]

Uno de aquellos momentos fue sin duda el drama que experimentó la humanidad durante la segunda guerra mundial: una espiral de violencia, destrucción y muerte, como nunca se había conocido hasta entonces, durísimos momentos que el Papa polaco había vivido y sufrido en carne propia en su patria, que estaban entonces lejos aún de solucionarse y a los cuales el Papa se refirió  incontables veces durante su pontificado, en sus mensajes y en sus libros.

A esos hechos  y en  conceptos fuertísimos que no olvidaremos se referiría el Santo Padre Benedicto XVI en su visita al camposanto – lugar de concentración de Auschwitz, durante su viaje apostólico a Polonia en el 2006 cuando reflexionaba y se preguntaba:

“ En un lugar como este se queda uno sin palabras; en el fondo sólo se puede guardar un silencio de estupor, un silencio que es un grito interior dirigido a Dios: ¿Por qué, Señor, callaste? ¿Por qué toleraste todo esto?” […]  “¿Dónde estaba Dios en esos días? ¿Por qué permaneció callado? ¿Cómo pudo tolerar este exceso de destrucción, este triunfo del mal?”  Allí mismo rendía homenaje y elevaba una súplica “en silencio nos inclinamos profundamente en nuestro interior ante las innumerables personas que aquí sufrieron y murieron. Sin embargo este silencio se transforma en petición de perdón y reconciliación, hecha en voz alta, un grito al Dios vivo para que no vuelva a permitir jamás algo semejante.” No obstante aclaraba que “Nosotros no podemos escrutar el secreto de Dios. Sólo vemos fragmentos y nos equivocamos si queremos hacernos jueces de Dios y de la historia”  Palabras del Santo Padre Benedicto XVI que adopto y enlazo con las reflexiones de Juan Pablo II  en su discurso a la XXXIV Asamblea Generla de las Naciones Unidas el 2 de octubre de 1979  refiriéndose a “uno de tantos lugares similares diseminados por el continente europeo” espacios ocultos que siguen descubriéndose, donde seres creados por Dios a su imagen y semejanza fueron asesinados, mutilados, masacrados, enterrados vivos, por sus mismos hermanos durante y después de la 2da guerra mundial en un inexplicable eclipse humano que cubrió rostros, encegueció corazones y envolvió esta bendita tierra en tinieblas, transformándola en un “lugar de chacales” porque el hombre había vuelto a ceder a la sugerencia del tentador: "Contemptus Dei", rechazando y despreciando a Dios, odiando todo aquello que tiene que ver con Dios o procede de Dios, “infectando” la naturaleza humana.

En el tercer año de preparación para el gran jubileo del año 2000, en la Catequesis del 18 de agosto de 1999, Juan Pablo II  profundizando expresaba : Por desgracia, los seres humanos pueden llegar a ser protagonistas de maldad, es decir, «generación malvada y adúltera» (Mt 12, 39).  “La «malignidad» humana, constituida por el poder demoníaco o suscitada por su influencia, se presenta también en nuestros días de forma atrayente, seduciendo las mentes y los corazones para hacer perder el sentido mismo del mal y del pecado. Se trata del «misterio de iniquidad», del que habla san Pablo (cf. 2 Ts 2, 7). Del mal y del “gran tema de la conversión, que incluye la liberación del mal (cf. Tertio millennio adveniente, 50).”

El Papa nos recordaba que “La vuelta sincera a Dios y la liberación del mal son dos aspectos de un único camino”  “A cada generación – decía - la Iglesia vuelve a presentarle, como el apóstol Pedro en su conversación con Cornelio, la imagen liberadora de Jesús de Nazaret, que «pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo porque Dios estaba con el» (Hch 10, 38) y aunque en Jesús tuvo lugar la derrota del maligno, cada uno de nosotros debe aceptar libremente esta victoria, hasta que el mal sea eliminado completamente. Por tanto, la lucha contra el mal requiere esfuerzo y vigilancia continua”.

“La Iglesia, experta maestra de humanidad y de santidad, nos indica instrumentos antiguos y siempre nuevos para el combate diario contra las sugestiones del mal: son la oración, los sacramentos, la penitencia, la escucha atenta de la palabra de Dios, la vigilancia y el ayuno. Angelus 12 de febrero 2002”



miércoles, 9 de septiembre de 2020

Don y abandono

 


El creyente sabe que la presencia del mal va siempre acompañada de la presencia del bien, de la gracia. San Pablo  ha escrito: «Pero el don de la gracia no es como la caída; si, en efecto, por la caída de uno solo murieron todos, mucho más la gracia de Dios y el don concedido por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, han sido concedidos en abundancia a todos los hombres» (Rm 5, 15)

 

Estas palabras conservan toda su actualidad también en nuestros días. La Redención continúa. Donde crece el mal, allí crece también la esperanza del bien.

 

En nuestros tiempos el mal se ha desarrollado enormemente, sirviéndose de la obra de sistemas perversos que han practicado a gran escala la violencia y la prepotencia. No hablo aquí del mal realizado por personas concretas con miras personales o mediante iniciativas individuales. El mal del siglo XX no ha sido un mal en edición reducida, por así decir “artesanal”. Ha sido un mal de proporciones gigantescas, un mal que se ha servido de las estructuras estatales para cumplir su obra nefasta, un mal erigido en sistema.

 

Al mismo tiempo, sin embargo, la gracia divina se ha manifestado con riqueza sobreabundante.

 

No hay mal del que Dios no pueda obtener un bien mayor. No hay sufrimiento que El no sepa transformar en camino que conduce a El. Ofreciéndose libremente a la pasión y a la muerte de cruz, el Hijo de Dios ha tomado sobre si todo el mal del pecado. El sufrimiento de Dios crucificado no es solo una forma más de sufrimiento, un dolor más o menos grande, sino que es un sufrimiento de grado y medida incomparables.  Cristo, sufriendo por todos nosotros, ha dado un nuevo sentido al sufrimiento, lo  ha introducido en una nueva dimensión, en un nuevo orden: el del amor. Es verdad, el sufrimiento entra en la historia del hombre con el pecado original.

 

 El pecado es el “aguijón” (Cor 15, 55-56)  que nos provoca dolor, que hiere mortalmente al ser humano. Pero la pasión de Cristo en la cruz ha dado un sentido radicalmente nuevo al sufrimiento, lo ha transformado desde dentro. Ha introducido ne la historia humana, que es historia de pecado,  un sufrimiento sin culpa, afrontado únicamente por amor. Es este sufrimiento que abre la puerta a la esperanza de la liberación, de la eliminación definitiva de ese ”aguijón” que atormenta a la humanidad. Es el sufrimiento que quema y consume el mal con la llama del amor y que del pecado obtiene una multitud de bien.

 

Todo sufrimiento humano, todo dolor, toda enfermedad encierra en sí una promesa de salvación, una promesa de alegría: «Me alegro de los sufrimientos que padezco por vosotros» - escribe San Pablo (Col 1,24). Esto puede servir para cualquier sufrimiento provocado por el mal; sirve también para el enorme mal social y político que hoy divide y agita al mundo: el mal de las guerras, de la opresión de los individuos y de los pueblos, el mal de la injusticia social, de la dignidad humana pisoteada, de la discriminación racial y religiosa; el mal de la violencia, del terrorismo, de la carrera de armamentos – todo este mal existe en el mundo también para despertar en nosotros el amor, que es don de sí  en el servicio generoso y desinteresado hacia quien ha sido visitado por el sufrimiento. En el amor que tiene su origen en el corazón de Cristo está la esperanza para el futuro del mundo. Cristo es el Redentor del mundo por sus llamas hemos sido curados (Is,53,5)

 

(de Memoria e Identidad – Juan Pablo II - tomado de Totus Tuus Nr 1, marzo 2006))

jueves, 22 de mayo de 2014

M. Estanislao E. Karlic: La presencia del mal en el Mundo y en la Argentina: Perspectiva teológica


“El misterio de iniquidad es tan profundo que solamente al final de la historia se nos revelará plenamente. Cuando llegue la plenitud de la vida, cuando llegue la plenitud de los dones de Dios, que es Dios mismo en la inmediatez de la visión, sólo entonces se comprenderá el abismo de maldad que fue el rechazo del amor primero y gratuito de Dios misericordioso y fiel. Sólo entonces se conocerá definitivamente el abismo de maldad que separa el amor de Dios y el odio de la creatura. Hasta entonces, en los siglos de nuestro tiempo, el mal que seguirá operante deberá ser combatido en el claroscuro de la fe, de la que cada uno debe vivir personalmente, en la distancia del hombre peregrino, fiel a los reclamos de su conciencia. Los cristianos nos decimos que el mal es enfrentado con la certeza del triunfo sólo si se camina sinceramente en la luz de la conciencia auténtica, en la fortaleza de la humildad esperanzada y en la donación de sí en el servicio del amor fraterno, o en términos explícitamente cristianos, sólo si se camina en la fe, la esperanza y la caridad.
Esta actitud es coherente con la espiritualidad del martirio, en que la muerte se descubre como paso triunfal a la vida eterna. Lo que triunfa es el amor desconcertante de quien confía absolutamente en la bondad de Dios, y sabe que ese amor total y definitivo es capaz de vencer el odio y la muerte y capaz de llevar al hombre a la vida que no pasa, a la comunión con Dios vivo.

Pasó el nazismo, pasó el fascismo, pasó el esplendor del marxismo, sabemos que han de pasar el suficiente y pragmático olvido de Dios, la muerte del hombre, el ocaso de la razón, el fin de la verdad, y tantos otros males. No pasó ni pasará la justicia y el amor de los justos que permanecen para siempre. El que amó, triunfó para siempre. La última palabra de la historia será la gloria del amor y de la paz de Dios, así como la primera fue el amor gratuito de la creación. Mientras tanto, en el correr del tiempo, tiene la palabra el hombre con su sabiduría y su libertad, capaz de bien, aunque amenazado por el mal.

Para explicar la permanencia del bien y del mal en la historia, Juan Pablo nos dice en el libro que acabamos de citar: “Cómo nazca y se desarrolle el mal en el terreno del bien, es un misterio. También es una incógnita esa parte de bien que el mal no ha conseguido destruir y que se difunde a pesar del mal, creciendo incluso en el mismo suelo. Surge de inmediato la parábola evangélica del trigo y la cizaña. Cuando los siervos preguntan al dueño: ¿Quieres que vayamos a arrancarla?, él contesta de manera muy significativa: “No, que podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega”

sábado, 29 de junio de 2013

La humanidad a la deriva?

"Dicen que el mundo ha envejecido, que el género humano va a la deriva y que Europa se acerca a su fin. Pues bien, es verdad, si abandonamos la humanidad a su camino natural, a su orientación fatal. Pero no lo es, si la fuerza procedente de lo alto, que se conserva en la religión de Jesús, en su Iglesia, se derrama nuevamente en todos los miembros del género humano y les vuelve a dar la vida" palabras del beato Anton Martin Slomsek - citadas por Juan Pablo II en su homilia de la beatificación el 19 de septiembre de 1999 en Maribor, Eslovenia.


(El beato Anton Martin Slomsek nació el 26 de noviembre de 1800 y murió el 24 de septiembre de 1862)


Desde entonces la humanidad ha vivido tiempos de horror y sobrevivido, también la Iglesia ha sido golpeada por diferentes avatares y sin embargo la Providencia nos sigue guiando imperturbablemente en nuestro camino. Aunque haya quienes piensan diferente, como dudar que la mano del Creador teje maravillosamente la trama a pesar de tantas tempestades y hecatombes?


En Memoria e Identidad decía el Beato Juan Pablo II: "El siglo xx ha sido, en cierto sentido, el «teatro» en el que han entrado en escena determinados procesos históricos e ideológicos que han llevado hacia la gran «erupción» del mal, pero también ha sido espectador de su declive. En consecuencia, ¿sería justa una visión de Europa basada únicamente en la perspectiva del mal surgido en su historia reciente? ¿No habría más bien en este enfoque una cierta unilateralidad? La historia moderna de Europa, marcada —sobre todo en Occidente— por la influencia de la Ilustración, ha dado también muchos frutos buenos. En esto refleja la naturaleza del mal, tal como la entiende santo Tomás, siguiendo las huellas de san Agustín. El mal es siempre la ausencia de un bien que un determinado ser debería tener, es una carencia. Pero nunca es ausencia absoluta del bien. Cómo nazca y se desarrolle el mal en el terreno sano del bien, es un misterio. También es una incógnita esa parte de bien que el mal no ha conseguido destruir y que se difunde a pesar del mal, creciendo incluso en el mismo suelo.”


Hoy seguimos siendo testigo de otros “holocaustos”, quizás mas “silenciados” porque los que los sufren son los más débiles, los más indefensos:



El hambre: Juan Pablo II decía en Redemptor Hominis  « No se avanzará en este camino difícil de las indispensables transformaciones de las estructuras de la vida económica, si no se realiza una verdadera conversión de las mentalidades y de los corazones. La tarea requiere el compromiso decidido de hombres y de pueblos libres y solidarios». El hambre dice el Programa Mundial de alimentos  mata más personas que el SIDA, la malaria y la tuberculosis juntos y agrega que una de cada 8 personas hoy se irán a dormir con hambre.



Aborto: Se estima que más de 1720 millones bebés no nacidos han sido asesinados por medio del aborto desde hace 40 años, según señala el Presidente de la organización provida y profamilia más grande del mundo, Human Life International, el Padre Shenan J. Boquet. (Aciprensa/EWTN)



Eutanasia o “suicidio asistido” : difrazada de “muerte digna”,  institutos especializados en el “turismo de la muerte” en los paises más avanzados


Trata de personas y prostitucion: turismo sexual no solo con adultos sino con niños. "Según estadísticas de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Drogas y el Crimen [Onudc], en la Argentina hay medio millón de mujeres atrapadas en redes de trata, y existen 8000 prostíbulos, entre ellos los mil verificados en la ciudad de Buenos Aires por la ONG La Alameda.” (La Nación con motivo de la presentación del libro de Lydia Cacho: Esclavas del poder. “vender un ser humano es mucho más redituable que vender droga” No conozco ningún otro país donde sea tan efectivo el trabajo de la sociedad civil como en la Argentina, aunque nunca encontré un país con tanta resistencia de un Estado a ir contra la trata como el argentino." "La Argentina tiene una cultura de la prostitución aparentemente normalizada no sólo por la sociedad sino también por el sistema político. Esa cultura prostibularia no se puede desarrollar sin protección y apoyo político"


Cuanta necesidad de evangelización, cuanta responsabilidad recae sobre los cristianos! “Vivir con audacia” nos invita el Papa Francisco y a reflexionar sobre la necesidad de orar con valentía para obtener la gracia de la difusión de la fe en el mundo y dejar una huella en el corazón y en la memoria de quien nos escucha” (Meditaciones viernes 3 de mayo 2013)