Durante mucho tiempo he nutrido en el corazón el deseo de
hacer una peregrinación sobre las huellas de Abraham, pues había ya hecho
numerosas peregrinaciones en todas partes del mundo…. Pablo VI fue a aquellos
Santos Lugares en su primer viaje. Yo deseaba que mi viaje fuera durante el Año
Jubilar. Tenia que haberlo comenzado en Ur de los caldeos, situada en el
territorio del actual Irak, de donde hace tantos siglos salió Abraham siguiendo
la llamada de Dios (Gn 12,1-4). Tendría que haber proseguido hacia Egipto,
siguiendo las huellas de Moisés, de donde saco a los israelitas y recibió, al
pie del monte Sinaí los Diez andamientos como fundamento de la alianza con
Dios. Mi peregrinación terminaría en Tierra Santa, comenzando por el lugar de
la Anunciación. Acto seguido me hubiera trasladado a Belén, donde nació Jesús,
y a otros lugares relacionados con su vida y su actividad.
El viaje no fue precisamente como lo había
proyectado. No me fue posible realizar la primera parte, la dedicada a las
huellas de Abraham. Fue el único sitio al que no pude llegar, porque las
autoridades iraquíes no lo permitieron. Me traslade a Ur de los Caldeos
espiritualmente, durante una ceremonia organizada a propósito en el aula Pablo
VI. Pude en cambio trasladarme personalmente a Egipto, a los pies del monte
Sinaí, donde el señor reveló su propio nombre a Moisés. Allí fui
recibido por los monjes ortodoxos. Fueron muy hospitalarios.
Después fui a Belén, a Nazaret y a Jerusalén. Me traslade
al Huerto de los Olivos, al Cenáculo y, naturalmente, al Calvario, al Gólgota. Era
la segunda vez que iba a aquellos Santos Lugares. Había estado una primera vez
como arzobispo de Cracovia, durante el Concilio. En el ultimo día de
peregrinación jubilar a Tierra Santa celebre la Santa Misa junto al sepulcro de
Cristo con el secretario de Estado cardenal Ángel Sodano, y con otros oficiales
de la Curia. ¿Qué se puede decir después de todo esto? . Aquel viaje
fue una grande, grandísima, experiencia. El momento más importante de toda la
peregrinación fue indudablemente estar sobre el Calvario, sobre el monte de la
Crucifixión y junto al Sepulcro, aquel Sepulcro que fue al mismo tiempo el
lugar de la resurrección. Mis pensamientos volvían a la emoción vivida durante
mi primera peregrinación Tierra Santa. Entonces escribí:
· Lugares de la tierra, lugares de Tierra Santa, no se cómo
guardaros aquí dentro, dentro de mí. No se cómo pisaros, no puedo:
arrodillarme quiero ante vosotros. Doblo la rodilla y callo. Algo mío te
quedara, tierra, te quedara mi silencio. Y mientras tanto te llevo dentro para
ser como tu, lugar de testimonio. Me voy, me marcho como testigo, me voy para
atestiguar lo que ha pasado a través de los milenios (Poesías «Peregrinación a los Santos Lugares, 3
Identidades»
¡El lugar de la Redención! No basta decir: Estoy contento
de haber estado allí. Se trata de algo más: del signo del gran sufrimiento, del
signo de la muerte salvadora, del signo de la resurrección.
(Fuente: Juan Pablo II ¡Levantaos! ¡Vamos! p. 175/6/7,
Editorial Sudamericana)
Audiencia
General Miércoles 29de marzo de 2000 Peregrinación Jubilar a Tierra Santa
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