Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

viernes, 7 de agosto de 2026

Henri de Lubac (II): antes, en y después del Concilio - Juan Luis Lorda (2 de 3)

 


En el Concilio.

Después de los años paradójicos e incómodos de la Comisión Preparatoria (1960-1962), llegó el Concilio. De Lubac era un perito muy reconocido, aunque habían sido nombrados 201 peritos en 1962, y llegaron a ser 434 al final. Mientras otros se convertían en estrellas mediáticas (Küng) o construían plataformas (Rahner) o impulsaban orientaciones (Congar), de Lubac prefería la segunda fila. Trabajó en bastantes comisiones y ayudó a preparar votos de obispos, especialmente africanos, porque se lo pedía otro jesuita, Gustave Martelet, autor después de un conocido libro sobre los grandes temas del Concilio. Tenía un fuerte sentido del misterio cristiano y nunca trataba las cosas de la fe como si fueran “temas”. Le molestaban los enfoques demasiado sociológicos (Schillebeeckx) y los esfuerzos por “adaptarse al mundo” como si hubiera que abandonar lo más específico del cristianismo para ser más fácilmente aceptado. Tuvo la alegría de hacer muchos y buenos amigos. Ratzinger, que era entonces un teólogo muy joven, recuerda la deferencia con que le trató  enseguida. Hicieron buena amistad. También fue para él una gran alegría el encuentro con Karol Wojtyla, después Juan Pablo II, en los trabajos de Gaudium et spes. Se llegaron a apreciar mucho; y de Lubac impulsó la edición francesa del libro de Karol Wojtyla (entonces desconocido en Francia) Amor y responsabilidad, escribiéndole el prólogo. En una entrevista posterior, durante el cónclave en que salió elegido, llegó a decir que era su candidato, aunque la parecía imposible. Pero de Lubac estaba presente en el Concilio sobre todo por sus libros y su teología, conocida por los redactores. Influyó en la expresión del misterio de la Iglesia en Lumen Gentium. Incluso la solución de dedicar el último capítulo a la Virgen, icono de la Iglesia, recordaba el último (y precioso) capítulo de su Meditación sobre la Iglesia. Su idea sobre la íntima relación de las fuentes de la revelación . y Tradición) está muy presente en Dei Verbum. Sus análisis sobre el ateísmo inspiran los números de Gaudium et spes. Y, sobre todo, está allí consagrada la idea de que sólo hay un fin para toda la humanidad, eco y fruto del debate acerca del sobrenatural y también de la apologética de Blondel.

 

El “para-concilio”.

Muy pronto observó que, junto al Concilio, surgía un “para-concilio” (expresión suya), ajeno al trabajo de los obispos y a la construcción de los documentos que era el verdadero objeto del Concilio. Tuvo una relación complicada con Mons. Marty, arzobispo de Reims y presidente de varias comisiones conciliares, y después arzobispo de París y presidente de la Conferencia Episcopal francesa en el posconcilio. Marty le tomaba el pelo diciendo que parecía el “ángel guardián del Concilio”, tan en serio se lo tomaba. Pero después, de Lubac tuvo muchas ocasiones de quejarse de lo poco en serio que se tomaba el Concilio en Francia, y de las manifiestas desviaciones con respecto a los propósitos conciliares. Siempre defendió a Pablo VI que, aparte de la consideración que le merecía por ser el Papa, le parecía una persona honesta y con un alto sentido de su deber, mientras sectores integristas franceses lo deslegitimaban; a veces, de una manera feroz. Y sectores progresistas lo consideraban superado y lo despreciaban (como al propio de Lubac). No le gustaba, como a Ratzinger, que los teólogos se convirtieran en “magisterio paralelo”. Y, por esa razón, abandonó la revista Concilium (promovida por Rahner y Schillebeeckx) y, junto con Ratzinger y Von Balthasar, puso en marcha la revista Communio. Concilium intentaba ser la mente teológica directiva de la Iglesia, más allá de la letra del Concilio y convertida ella misma en una especie de Concilio permanente (de teólogos). Mientras Communio quería defender la comunión en la fe, una teología de la comunión y una teología en comunión.

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