Recordemos lo que comprende esta palabra Patria, tan
llena de sentido, según Karol Wojtyla
Cuando yo pienso
Patria
Cuando yo pienso Patria, cuando digo: Patria,
Me estoy
expresando a mí mismo, y me enraizo,
Y el corazón me
dice que ella es la frontera oculta
Que va de mí
hacia los otros hombres
Para abrazarlos
a todos en un pasado
Más antiguo que
cada uno de nosotros…
Emerjo para
encerrarla en mí como un tesoro,
Y sin cesar me
acucia el ansia
De cómo
engrandecerla,
De cómo
ensanchar el espacio
Que mi patria
habita.
Y por aquí, en Argentina, las palabras sabias del Arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva en la Catedral de Buenos Aires hoy en el Te Deum celebrando nuestro dia patrio (cito algunos párrafos) :
(…)
Y mas adelante, siguiendo las líneas del evangelio del día el Arzobispo de Buenos Aires , Jorge García Cuerva se refiere nuevamente a la Argentina
Argentina sangra en la inequidad entre los que se laburan todo, y los que han vivido de privilegios que los alejó de la calle, de los medios de transporte público, de saber cuánto valen las cosas en un supermercado; alejados de la gente de a pie, no sienten su dolor, ni sus frustraciones, pero tampoco se emocionan con sus esperanzas y su esfuerzo diario por salir adelante. Y ante el dolor, a veces, como aquellas personas de la casa del jefe de la sinagoga, bajamos los brazos y decimos como ellos “ya murió”, ya no hay nada que hacer, transformándonos en agoreros de malas noticias, en profetas de calamidades, incluso escuchando todo el tiempo a los que envenenan el alma remarcando siempre lo que está mal, lo que falta.
Son los haters de aquélla época, los que difaman, desprecian o critican destructivamente a una persona, a una entidad, o una obra; los que odian y justifican su desprecio; el terrorismo de las redes, como decía el Papa Francisco . Hemos pasado todos los límites, la descalificación, la agresión constante, el destrato, la difamación, parecen moneda corriente. El Santo Padre León XIV decía a los representantes de los medios de comunicación hace unos días: La paz comienza por cada uno de nosotros, por el modo en el que miramos a los demás, escuchamos a los demás, hablamos de los demás; y, en este sentido, el modo en que comunicamos tiene una demás; y, en este sentido, el modo en que comunicamos tiene una importancia fundamental; debemos decir “no” a la guerra de las palabras y de las imágenes.
Tenemos necesidad de diálogo, de forjar la cultura del encuentro, de frenar urgentemente el odio. Démonos otra oportunidad, no podemos construir una Nación desde la guerra entre nosotros. Todo acto de violencia es condenable, y quiebra el tejido social.
Por eso vuelvo a invitarlos a prestar atención a la escena del frontispicio de esta catedral, esculpido en 1862, elegida con la intención de perpetuar a través del arte, la reconciliación nacional. Allí está representado el episodio bíblico del Antiguo Testamento del encuentro del patriarca Jacob con su hijo José. Buenos Aires venía a reconciliarse con la Confederación Argentina en fraterno pacto de unión rubricado en San José de Flores, en 1859. Luego de enfrentarse por años y desangrarse en luchas fratricidas, los argentinos dijeron basta y se abrazaron. Hoy quisiera que volvamos allí nuestra mirada e imaginemos el abrazo que nos debemos los argentinos, el abrazo que negamos al que piensa distinto, o al que tiene otras costumbres o modo de vivir, el abrazo que no compartimos con los que sufren, incluso los abrazos que no nos pudimos dar durante la pandemia. Usemos las manos para acariciar el dolor y las heridas de tantos que la están pasando mal; “manos a la obra entonces”, pero unidos, como pueblo, más allá de las legítimas diferencias



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