En Siete Regina Caeli / Ángelus consecutivos, a partir del 9 de abril de 2000, el Papa Juan Pablo II hablo brevemente sobre los siete dones del Espíritu Santo comenzando con el don de la sabiduría, textos que transcribo completos (son breves) del sitio de la Santa Sede y así haré con el resto.
El primero y
mayor de tales dones es la sabiduría, la
cual es luz que se recibe de lo alto: es una participación especial en ese
conocimiento misterioso y sumo, que es propio de Dios. En efecto, leemos en la
Sagrada Escritura: "Supliqué, y se me concedió la prudencia; invoqué, y
vino a mí el espíritu de
sabiduría. La preferí a cetros y tronos, y, en su comparación, tuve en
nada la riqueza" (Sb 7, 7-8).
Esta sabiduría
superior es la raíz de un conocimiento nuevo, un
conocimiento impregnado por la caridad, gracias al cual el alma
adquiere familiaridad, por así decirlo, con las cosas divinas y prueba gusto en ellas. Santo Tomás
habla precisamente de "un cierto sabor de Dios" (Summa
Theol. II-II, q.45, a. 2, ad. 1), por lo que el verdadero sabio no es
simplemente el que sabe las
cosas de Dios, sino el que las experimenta y
las vive.
2. Además, el
conocimiento sapiencial nos da una capacidad especial para juzgar las cosas humanas según la medida de
Dios, a la luz de Dios. Iluminado por este don, el cristiano sabe ver interiormente las realidades del mundo: nadie
mejor que él es capaz de apreciar los valores auténticos de la creación,
mirándolos con los mismos ojos de Dios.
Un ejemplo
fascinante de esta percepción superior del "lenguaje de la creación, lo
encontramos en el "Cántico de las criaturas" de San Francisco de
Asís.
3. Gracias a
este don toda la vida del cristiano con sus acontecimientos, sus aspiraciones,
sus proyectos, sus realizaciones, llega a ser alcanzada por el soplo del
Espíritu, que la impregna con la luz "que viene de lo Alto", como lo
han testificado tantas almas escogidas también en nuestros tiempos y, yo diría,
hoy mismo por Santa Clelia Barbieri y por su luminoso ejemplo de mujer rica en
esta sabiduría, aunque era joven de edad.
En todas estas
almas se repiten las "grandes cosas" realizadas en María por el
Espíritu. Ella, a quien la piedad tradicional venera como "Sedes
Sapientiae", nos lleve a cada uno de nosotros a gustar interiormente las
cosas celestes.
Invito también visitar el Sitio de la Santa Sede donde además de los textos correspondientes a la celebración de Pentecostés 2010 (y durante el pontificado de Benedicto XVI) se han recopilado valiosos documentos, catequesis, reflexiones y mensajes de años anteriores correspondientes a varios Pontífices, al Catecismo de la Iglesia Católica y del Concilio Vaticano II .
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