Despues de haber regresado de su viaje pastoral que me ha llevado a Madagascar, isla de La Reunión, Zambia y Malawi, (sobre el cual hablaría en una próxima audiencia general le tocaba hablar del don del consejo:
Una
necesidad que se siente mucho en nuestro tiempo, turbado por no pocos motivos
de crisis y por una incertidumbre difundida acerca de los verdaderos valores,
es la que se denomina "reconstrucción de las conciencias". Es decir,
se advierte la necesidad de neutralizar algunos factores destructivos que
fácilmente se insinúan en el espíritu humano, cuando está agitado por las
pasiones, y la de introducir en ellas elementos sanos y positivos.
En este
empeño de recuperación moral la Iglesia debe estar y está en primera línea: de
aquí la invocación que brota del corazón de sus miembros ―de todos nosotros―
para obtener ante todo la ayuda de una luz de lo Alto. El
Espíritu de Dios sale al encuentro de esta súplica mediante el don de
consejo, con el cual enriquece y perfecciona la virtud de la
prudencia y guía al alma desde dentro, iluminándola sobre lo que debe
hacer, especialmente cuando se trata de opciones importantes (por ejemplo, de
dar respuesta a la vocación), o de un camino que recorrer entre dificultades y
obstáculos. Y en realidad la experiencia confirma que "los pensamientos de
los mortales son tímidos e inseguras nuestras ideas", como dice el Libro
de la Sabiduría (9, 14).
3.
El don de consejo actúa como un soplo nuevo en la conciencia,
sugiriéndole lo que es lícito, lo que corresponde, lo
que conviene más al alma (cf. San Buenaventura, Collationes
de septem donis Spiritus Sancti, VII, 5). La conciencia se convierte
entonces en el "ojo sano" del que habla el Evangelio (Mt 6,
22), y adquiere una especie de nueva pupila, gracias a la cual le es posible
ver mejor qué hay que hacer en una determinada circunstancia, aunque sea la más
intrincada y difícil. El cristiano, ayudado por este don, penetra en el
verdadero sentido de los valores evangélicos, en especial de los que
manifiesta el sermón de la montaña (cf. Mt 5-7).
Por tanto,
pidamos el don de consejo. Pidámoslo para nosotros y, de modo particular, para
los Pastores de la Iglesia, llamados tan a menudo, en virtud de su deber, a
tomar decisiones arduas y penosas.
Pidámoslo
por intercesión de Aquella a quien saludamos en las letanías como Mater
Boni Consilii, la Madre del Buen Consejo.
Invito también
visitar el Sitio de la Santa Sede donde además de los textos correspondientes a
la celebración de Pentecostés 2010 (y durante el pontificado de Benedicto XVI)
se han recopilado valiosos documentos, catequesis, reflexiones y mensajes de
años anteriores correspondientes a varios Pontífices, al Catecismo de
la Iglesia Católica y del Concilio Vaticano II .
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