Hoy celebrmos el Corazon Sagrado de Maria. Como no recordar a Juan Pablo II, papa mariano por excelencia y su querida Kalwaria Zebrzydowska.
Con
cuanto amor y nostalgia hablaba Juan Pablo II de sus peregrinaciones a Kalwaria Zebrzydowska, a
tan solo 13 kms de su pueblo natal Wadowice: unas tres horas de caminata,
apenas ¼ de hora en auto/bus.
Emocionado
había dicho en su primer visita en 1979: “No sé, desde
luego, cómo dar las gracias a la Divina Providencia que me ha concedido una vez
más visitar este lugar. Kalwaria Zebrzydowska, el santuario de la Madre de
Dios, los Santos Lugares de Jerusalén vinculados a la vida de Jesús y de su
Madre, reproducidos aquí, los así llamados "Caminitos". Los he
visitado muchas veces, de niño, de joven. Los he visitado como sacerdote.
Especialmente he visitado con frecuencia el santuario de Kalwaria como
arzobispo de Kraków (Cracovia) y como cardenal. Veníamos aquí muchas veces, los
sacerdotes y yo, para concelebrar ante la Madre de Dios. Veníamos en la
peregrinación anual de agosto y también en las peregrinaciones de determinados
grupos en primavera y otoño. Pero más frecuentemente venía aquí solo, y andando
por los caminitos de Jesucristo y de su Madre, podía meditar sus misterios
santísimos, y encomendar a Cristo, por medio de María, los problemas
especialmente difíciles y de singular responsabilidad en mi complejo
ministerio. Puedo decir que casi ninguno de estos problemas ha madurado sino
aquí, mediante la oración ardiente ante este gran misterio de la fe que
Kalwaria esconde dentro de sí…..Os pido: rezad por mí aquí durante mi
vida y después de mi muerte.”

Cuantos gratos recuerdos también me trae a mi de mis
visitas a Kalwaria. Caminar por esos senderos de estación en estación en
oración, meditación, admiración y agradecimiento por la naturaleza que tan
generosamente se ofrece como un regalo adicional de Dios a peregrinos y
visitantes. A Kalwaria la llevo profundamente grabada en mi corazón.
Tenía tantas ganas de conocer ese lugar sagrado adonde Juan Pablo
II acudió en tantas oportunidades durante su vida desde niño a
Papa. Un lugar donde al anochecer todo es silencio y paz, un lugar para
quedarse más de un dia, un lugar ideal para ejercicios espirituales solo o
grupal. Alli mismo en el lugar dentrodel predio se ofrece
hospedaje.
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En su ultima visita en 2002 para el IV Centenario del Santuario, Juan
Pablo II recordaba en su homilía “Vengo hoy a este santuario como
peregrino, como venía cuando era niño y en edad juvenil. Me presento ante la
Virgen de Kalwaria al igual que cuando venía como obispo de Cracovia para
encomendarle los problemas de la archidiócesis y de quienes Dios había confiado
a mi cuidado pastoral. Vengo aquí y, como entonces, repito: Dios te salve,
Reina y Madre de misericordia.¡Cuántas veces he experimentado – decía -
que la Madre del Hijo de Dios dirige sus ojos misericordiosos a las
preocupaciones del hombre afligido y le obtiene la gracia de resolver
problemas difíciles, y él, pobre de fuerzas, se asombra por la fuerza y la
sabiduría de la Providencia divina!.... Este lugar, de modo admirable, ayuda al
corazón y a la mente a penetrar en el misterio del vínculo que unió al
Salvador que padecía y a su Madre que compadecía….¡Cuán espléndidamente
expresa este lugar ese vínculo misterioso de amor.! La
historia afirma que, a comienzos del siglo XVII, Mikolaj Zebrzydowski, fundador
del santuario, puso los cimientos para construir la capilla del Gólgota, según
el modelo de la iglesia de la Crucifixión de Jerusalén. De ese modo, deseaba
sobre todo hacer que el misterio de la pasión y la muerte de Cristo fuera
más cercano a sí mismo y a los demás. Sin embargo, más tarde, proyectando la
construcción de las calles de la pasión del Señor, desde el cenáculo hasta el
sepulcro de Cristo, impulsado por la devoción mariana y la inspiración de Dios,
quiso poner en aquel itinerario algunas capillas que evocaran los
acontecimientos de María. Así surgieron otros senderos y una nueva práctica
religiosa, en cierto modo como complemento del vía crucis: la
devoción llamada vía de la compasión de la Madre de Dios y de
todas las mujeres que sufrieron juntamente con ella.” Hacia el
final de la homilía pedía a su “Madre santísima, nuestra Señora de Kalwaria,
obtén también para mí las fuerzas del cuerpo y del espíritu, para que pueda
cumplir hasta el fin la misión que me ha encomendado el Resucitado.” Y
como despedida agregaba: “En ti pongo todos los frutos de mi vida y de mi
ministerio; a ti encomiendo el destino de la Iglesia; a ti entrego mi nación;
en ti confío y te declaro una vez más: Totus tuus, Maria! Totus
tuus. Amén.

En
real y sentida despedida de Kalwaria y de su patria, al final
de la Misa recordaba a los presentes su visita de 1979 y su pedido que orasen
por el mientras viva y después de su muerte.
Les
daba las gracias a todos por las oraciones y el apoyo espiritual y agregaba
como palabras finales: “Y sigo pidiéndoos: no dejéis de orar -lo repito
una vez más- mientras viva y después de mi muerte. Y yo, como siempre, os
pagaré vuestra benevolencia encomendándoos a todos a Cristo misericordioso y a
su Madre.”
Invito
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