Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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jueves, 22 de octubre de 2026

22 de octubre memoria liturgica de San Juan Pablo II

 




Hoy 22 de octubre,   celebramos la memoria litúrgica de San Juan Pablo II;  recordamos también la fecha de  inicio de su pontificado y la fuerza y potencia  de sus palabras en la homilia en la Santa Misa   

¡Hermanos y hermanas! ¡No tengáis miedo de acoger a Cristo y de aceptar su potestad!

¡Ayudad al Papa y a todos los que quieren servir a Cristo y, con la potestad de Cristo, servir al hombre y a la humanidad entera!

¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!

Abrid a su potestad salvadora los confines de los Estados, los sistemas económicos y los políticos, los extensos campos de la cultura. de la civilización y del desarrollo. ¡No tengáis miedo! Cristo conoce «lo que hay dentro del hombre». ¡Sólo El lo conoce!

 

En esta fecha tan especial - como todos los años - no podría agregar nada más que un infinito e insondable GRACIAS, gracias por todo lo vivido y que me ha sido dado – un don extraordinario - durante estos últimos años a partir de la partida de nuestro querido santo. Parecería extraño, pero fue así que a partir de la partida se me abrió todo un mundo y todo se fue dando de manera extraña, casi inconcebible. Mi viaje a Roma en 2005, mis primeros contactos con el sitio oficial de la Causa de Beatificación y Canonización de Juan Pablo II con la traducción de la Oración al esloveno – primer eslabón –   mi colaboración con la revista, las valiosas amistades forjadas  y tantos momentos y experiencias.  

Todo,  o casi todo ha sido volcado en este blog (y en mis otros dos: Encíclicas  – ya terminando con la ultima;  y Pensamientos  

Causa Beatificacion y Canonización JPII

Diario Canonización 

Diario Roma beatifiación 

1 de mayo 2011 

 

 

 

«Abrid las puertas a Cristo» – 22 de octubre de 1978

 


(Svidercoschi)

Era el domingo 22 de octubre de 1978. El nuevo Papa, el primer Papa eslavo de la historia, comenzaba oficialmente su m ministerio pontifico. Y en la homilía, durante el solemne rito de inicio, lanzó aquel grito inolvidable: «¿No tengáis miedo! ¡Abrid las puertas a Cristo! ¡Abridlas de par en par!  Abrid a su poder salvador las fronteras de los Estados, los sistemas económicos y los políticos, los inmensos territorios de la cultura, de la civilización, del desarrollo»

El llamamiento no estaba sólo dirigido a los católicos a los cristianos. El desafío que encerraba no tenía precedentes porque la tentación del hombre de rechazar a Dios en nombre de la propia libertad, de la propia autonomía, había asumido ya dimensiones planetarias. Había sobrepasado ya toda distinción entre religiones.

(Dziwisz)

Apenas terminé de leer el discurso, me sentí sobrecogido. En aquel texto el Santo Padre expresaba su espíritu, su pensamiento y su programa. Era su programa de vida, el programa de su corazón, de su piedad, y al mismo tiempo, el programa del servicio pastoral que, como sucesor de Pedro, estaba iniciando en la Iglesia universal.

Aquellas palabras -- «¡Abrid las puertas a Cristo!,«¡No tengáis miedo!» -- fueron el motor de su vida y la línea maestra de su pontificado. Aquellas palabras querían infundir fuerza y coraje, sobre todo a las naciones esclavizadas a las que él anunciaba la libertad.

En la plaza de San Pedro, entre los asistentes a la ceremonia, se encontraba también el embajador soviético en Italia y el presidente del Consejo de Estado de Polonia. Henryk Jablonski. En un momento dado, el diplomático se dio vuelta hacia su acompañante y, en tono despectivo, le cuchicheo: «La mayor hazaña de la República Popular polaca ha sido regalarle un Papa al mundo». Quería decir: un Papa llegado del Este. Un Papa que conocía bien el mundo comunista, que sabía como hacerle frente. Consecuentemente, había que empezar a pensar en cómo neutralizar las acciones de dicho Papa.

Pero quizás el embajador olvidaba que aquel «¡No tengáis miedo! no provenía, en el caso de Juan Pablo II, de una ideología, de una estrategia politi8ca, sino de la práctica del Evangelio, de la imitación de Cristo. ¡Era su fuerza!. Con aquellas palabras comenzó a caminar por los senderos del mundo, y según mi opinión, a transformarlo.

Es más, Karol Wojtyla  puso enseguida manos a la obra, en el instante mismo en que finalizo aquella solemne celebración. Empuño la cruz pastoral casi como si fuese un estandarte, una bandera, y, con paso decidido, descendió hacia el recinto sagrado de San Pedro. Como si quisiese ir al encuentro del mundo entero para despertarlo, para obligarlo a salir de la pasividad, de la resignación, de sus angustias, de sus falsos mitos, de la ilusión de poder prescindir de Dios.

Nada más ser elegido, el Santo Padre había dicho que quería prescindir de la silla giratoria. Lo había dicho en el acto precisamente para evitar que se lo propusieran. Tenía buenas piernas, piernas de montañero, prefería caminar…

Igualmente rechazo la tirara. No porque fuera el símbolo de la conexión con un poder temporal que ya no existía, no, no era por esto. Era por algo mucho más simple., había habido un Concilio, la Iglesia actual era más evangélica, más espiritual.

Por otra parte, su predecesor, el papa Luciani, también había iniciado así su pontificado, rechazando la «coronación». Y a Wojtyla le gustaba ese estilo pastoral.   Lo consideraba más acorde con los nuevos tiempos, más en consonancia con su misión como Pastor universal, que ddebe estar cerca de la gente. Mejor dicho, que debe estar entre la gente.

Más tarde, el mismo Juan Pablo II confesó que sólo fue plenamente consciente delo que había dicho en un segundo momento. Pero aquellas palabras pronunciadas en la plaza de San Pedro eran palabras que, en su contenido más profundo, Wojtyla llevaba dentro de si, en el interior de su corazón, desde hacía mucho tiempo.

De hecho, el discurso lo escribió de un tirón. ÉL sólo, a mano, con poquísimas correcciones y, como es lógico, en polaco, Una vez traducido al italiano quiso hacer un ensayo, por así decirlo. Se lo leyó a Ángelo Gugel, su ayudante de cámara; y Ángelo era muy meticuloso, muy estricto, si se equivocaba en un acento, no dudaba en corregirle.

Pero es cierto, Lo que el Papa dijo aquel domingo de octubre formaba parte de su memoria, de su historia, del patrimonio religioso y cultural que se había llevado consigo desde su patria hasta la cátedra de San Pedro.

De allí surgía la visión que Juan Pablo II tenía de la relación entre el misterio de la Redención y la verdad sobre el hombre y que, posteriormente, fue le tema central de su primera encíclica, Redemptor hominis. «A través de la Encarnación, el Hijo de Dios se ha unido a todos y cada uno de los hombres». Es decir, Cristo ha desvelado progresivamente al hombre – hombre que es la primera y fundamental viva de la Iglesia – la dimensión constitutiva de su mismo ser, su destino, su singularidad única e irrepetible como persona, en posesión de una dignidad propia y original.

Se trataba de una verdad evangélica que ya había sido redescubierta y vuelta a  proponer por el Vaticano II, en particular por la constitución pastoral Gaudium et  Spes. Y, al mismo tiempo, era el puerto final de las reflexiones, de los pensamientos y las experiencias que Karol Wojtyla había ido madurando durante los años de su ministerio sacerdotal, de su magisterio y de su episcopado.  Por lo tanto, la encíclica programática representaba la síntesis entre el Concilio y la herencia polaca. Síntesis traducida más tarde por el Papa en el compromiso de unir la misión de la Iglesia con el servicio a todos los hombres. Hombres considerados no en abstracto, no sólo simbólicamente, sino en su concreta realidad histórica, en el plano individual, y al mismo tiempo, en el comunitario y social.

Quizás, en esa época, cuando vio la luz la Redemptor hominis, el problema no emergió hasta la superficie, no se hablo apenas de tema en los periódicos. Pero aquella« apuesta por el hombre» no fue acogida pacíficamente en todos los círculos eclesiásticos, tampoco en todos los teológicos.

Hubo, incluso, quien se escandalizó por aquella afirmación de que el hombre era la «via» de la Iglesia. Casi como si el nuevo Papa, al poner el acento sobre la centralidad del ser humano, hubiese socavado la primacía de Dios.

Es necesario volver a aquel «¡No tengáis miedo!», porque de allí le vino a Juan Pablo II la inspiración para la idea central de la Redemptor hominis: el hombre, en cuanto redimido por Cristo, es la «via» de la Iglesia, el hombre en su conjunto de alma y cuerpo, en su constante tensión entre verdad y libertad.

Si quizás, al menos en ese momento, al menos en ciertos círculos, en una situación eclesiástica sobre la que aún pesaban ciertos miedos del pasado, aquella frase habrá podido asombrar a más de uno, hacerle torcer el gesto.  Pero luego se convirtió en el programa de toda la Iglesia, en el programa del pontificado, y todavía hoy no ha perdido nada de su actualidad. Forma parte integrante del magisterio, de la misión de la comunidad eclesiástica.

En resumen, lo que a algunos les pareció entonces una semiherejìa, ha contribuido no poco a superar la antigua contraposición entre teocentrismo y antropocentrismo, haciéndolos converger en la historia misma del hombre. Y ha anticipado la que, para la Iglesia y para la humanidad, se convertiría después en la cuestión principal del siglo XXI:  la cuestión antropológica.

¡Cómo será el hombre de mañana? ¿Cómo será su realidad? ¿Cuáles serán sus valores, sus puntos de referencia éticos, sus modelos, sus estilos de vida? Y, por tanto ¿cómo es posible comprender, más áun, resolver la cuestión del hombre, prescindiendo de la cuestión de Dios?

(Dziwisz Estanislao /  Svidercoschi Gian Franco 2008 UNA VIDA CON KAROL capitulo 11, «Abrid las puertas a Cristo» páginas 76 a 79, La Esfera de los Libros)

 

 

 

 

jueves, 15 de octubre de 2026

Venia un papa eslavo (2 de 2) – 1978


Más tarde supe por fue el cardenal Wyszynski quien le había sugerido que tomase ese nombre, en memoria del Pontifice difunto y por respeto al pueblo  italiano, que había amado profundamente a Juan Pablo I.

Todos los cardenales se acercaron para rendir homenaje al elegido: cuando Wojtyla llegó ante él, se estrecharon en un largo abrazo. Mientras, de la chimenea de la Sixtina salía la fumata blanca. Viene  un Papa eslavo, hermano de los  pueblos… había escrito más de un siglo antes el gran poeta Juliusz Slowacki.

Yo en la plaza San Pedro, cerca de la entrada de la basílica. Fue allí donde escuché al cardenal Pericle Felici anunciar el nombre del nuevo Papa. ¡Era mi obispo! ¡Mi obispo! El corazón me daba brincos de alegría, por supuesto, pero me sentía como bloqueado, petrificado. Pensé para mis adentros: «Ha sucedido». Ha sucedido lo que nadie creía que podía suceder. En Cracovia había gente que rezaba para que no fuese elegido, querían que se quedase en la diócesis, que no se fuera. Nadie creía que algo asi podía ocurrir. ¡Y sin embargo, había ocurrido! ¡Había ocurrido!

También Polonia vivió un primer momento de incredulidad, pero luego estalló la alegría. La gente abarrotó las calles, las plazas para expresar toda su felicidad, toda su emoción, y  todo su orgullo al ver a un hijo suyo subir a la cátedra de San Pedro.




Alguien consiguió distinguir mi cara en medio de la multitud, vino hacia mi y me llevo del brazo hasta la entrada del cónclave, que todavía estaba cerrada.

En el Vaticano, el Papa estaba vistiéndose con su nuevo hábito. Debìa asomarse a la logia externa de la basílica vaticana para impartir la bendidcion. Al acercarse al balcón y vislumbrar la inmensa multitud que abarrotaba la plaza, le pregunto a la persona que lo acompañaba si no sería conveniente pronunciar algunas palabras. El acompañante le contestó que no, que no estaba previsto por el ritual, por la praxis. Pero Juan Pablo II, según llego a la logia sintió como una oarden irresistible desde su interior. «Alabado sea Nuestro Señor Jesucristo», dijo. Y la gente respondió: «Alabado sea por siempre.» Y entonces él empezó a hablar. «No se si podré explicarme bien en vuestra…en nuestra lengua italiana. Si me equivoco, corregidme…» Y la multitud rompió en un aplauso que parecía que nunca iba a tener fin.

Las puertas del cónclave se abrieron por fin, y el mariscal, el marqués Giulio Sacchetti, me acompaño al interior del Vaticano. El Santo Padre estaba ya cenando con todos los miembros del Sacro Colegio. Cuando entré, el cardenal camarlengo, Jean Villot, se alzó y sonriendo, me presentó al nuevo Papa.  Fue un encuentro muy sencillo, pero, para mí, de una emoción extraordinaria. El me miraba fijamente, quizá quería adivinar cuales eran mis sentimientos al verlo vestido asi. No decía nada, y sin embargo, sentía que me hablaba con su penetrante mirada. Me encontraba delante del pastor de la Iglesia universal, del Papa; fue justo en ese instante cuando comprendí que ya no era más el cardenal Karol Wojtyla, sino Juan Pablo II, el sucesor de Pedro. Acercó su rostro al mío, y sólo entonces, me habló. Apenas una broma, sólo un par de palabras, pero llenas de su sentido de humor, que hicieron que se me pasase inmediatamente la emoción y me reencontrase con el hombre que conocía. Refiriéndose claramente a los cardenales, quiso transmitirme su sorpresa ante el hecho de que lo hubieran elegido. Mas o menos, quiso decirme: «Pero que han hecho»!  Ésta, sin embargo, es mi…traducción. Él en realidad, lo que me dijo, variándola un poco, fue una frase en romanesco: »Li possono..»   Fui a cenar a otra sala en la que estaban el secretario del cónclave, monseñor Ernesto Civardi, el maestro de ceremonias y otras personas que habían prestado sus servicios durante esos días. Todos me miraban con curiosidad, pero también con simpatía.   El Santo Padre, después de cenar, regreso a su habitaqciòn, en un pequeño departamento que compartìa con el arzobispo de Nápoles, Corrado Ursi, en el entresuelo de la Secretaria de Estado. Conocía bien a Ursi, habían sido nombrados juntos.  Y allí, en aquella habitación, el nuevo Papa comenzó su primer “trabajo”. Empezó a preparar el discurso para el día siguiente, que debía pronunciar en latín; conocía bien el idioma, así que no tuvo problemas en escribirlo. Se trataba del discurso programático, en el que debía definir las líneas principales de su pontificado y las tareas que, por la voluntad de Dios, debería cumplir. Entre los puntos clave, la puesta en práctica del Concilio, la apertura al mundo, la situación del catolicismo en aquel momento histórico y eclesiástico, y el ecumenismo. Después de cenar, volvì al Colegio polaco. Ninguno de nosotros se fue a dormir, los otros sacerdotes y yo nos pasamos toda la noche comentando el gran evento. Mientras, con ayuda de la radio, intentábamos escuchar las reacciones de Cracovia, de las otrs ciudades polacas. Escuchábamos la alegría, el llanto de la gente y las oraciones, las vigilias que tenían lugar ne las iglesias, las mismas, el sonido de las campanas. En la catedral de Wawel – algo que sólo se hacía en circunstancias especiales – había tañido la majestuosa campana de Segismundo.

Pero también había quien no se alegraba, quien se quedo literalmente en estado de shock, traumatizado, ante la elección del arzobispo de Cracovia. En Polonia, la publicación de la noticia se retrasó porque el Comité Central del Partido no sabía como darla, como atenuar los inminentes contragolpes. Y no sólo en Polonia, sino en todo el mundo comunista, y especialmente en el Kremlin, el desconcierto fue enorme.  Durante diez días en el imperio dominó un silencio absoluto! No hubo ninguna declaración. Ningún comentario. La historia se había tomado una revancha clamorosa contra aquellos que estaban convencidos que podían borrar a Dios de la vida de los hombres.   

Cuando el cardenal Wojtyla partió para asistir al cónclave, las autoridades comunistas le quitaron el pasaporte diplomático, dejándole solo el turístico. Uno de los secretarios provinciales del Partido le había dicho: «Vayase, vayase, cuando vuelva echaremos cuentas.» Quien sabe qué habrá pensado aquel celoso funcionario cuando vio regresar, un año después, al cardenal vestido de blanco…

 

(de Una vida con Karol - Stanislao Dziwisz - Conversacion con Gian Franco Svidercoschi, cap 10 Viene un Papa eslavo.)

 

 

Venia un papa eslavo (1 de 2) - 1978

 


El «año de los tres Papas». Asi fue llamado aquel año 1978. 

Aunque, como es lógico, Wojtyla nunca se hubiera podido imaginar, aquel primer domingo de agosto, el vuelco que iba a dar su vida en apenas un par de meses…

Se encontraba de vacaciones en los montes Bieszczady, con algunos amigos, cuando recibió la noticia de la muerte de Pablo VI. Ya se sabía que el Papa estaba enfermo, muy enfermo; pero cuando supo de su partida, el arzobispo sufrió mucho. Estaba muy unido a él, le apreciaba como a un padre. Le habían impresionado desde un princpio su estilo pastoral, la forma en que contemplaba el mundo, la enorme apertura que demostraba hacia los problemas de la cultura.

La Iglesia se puso en camino hacia el cónclave. Muchos comentaristas preveían una elección difícil, compleja, por el elevado número de miembros del Sacro Colegio. Y porque no se habían entibiado aún los debates que laceraron a la comunidad católica en el largo y conflictivo periodo que siguió al Concilio.

El cardenal Wojtyla so  se preguntaba nunca quién sería el sucesor del difunto Pontífice.  Se limitaba a decir: El Espíritu Santo decidirá. Lo observaba todo desde la óptica de la fe, con la mirada de un hombre creyente, un hombre de Iglesia.  En Roma se encontró con albino Luciani, el patriarca de Venecia. No se conocían a fondo, pero se habían visto con frecuencia y entre ellos había una gran afinidad espiritual. Recuerdo uno de aquellos encuentros, en el Colegio Pontificio polaco, en la plaza Remuria. Era el periodo preparatorio del cónclave. El cardenal Wojtyla invitó a comer al patriarca, y él acudió encantado. Yo también tuve ocasión de conocerlo y me cayó ensegida muy bien por su gran espontaneidad. Otro encuentro interesante fue el que tuvo con el cardenal Joseph Ratzinger. Creo que hablaron del carácter propiamente católico, cristiano, que debía tener la propuesta de la Iglesia al mundo contemporáneo en el inminente paso de milenio.

El cónclave, en contra de lo previsto, terminó muy pronto. La elección fue rapidisima, señal de que en aquel momento decisivo el Sacro Colegio había reencontrado una fuerte unidad.  Y, quizás, precisamente por esto, para reforzar la cohesión, el patriarca de Venecia había asumido un nombre compuesto – por el de Juan XXIII y el de Pablo VI -, aunando la herencia de sus dos inmediatos predecesores. Y conciliando asi las dos tendencias que se identificaban – muchas veces contraponiéndolas, equivocadamente – con ambos Pontífices.

El cardenal Wojtyla no contó nunca los detalles del cónclave. Dijo solo que durante su desarrollo se advirtió la presencia del Espìritu Santo. Aceptó y consideró como la voluntad de Dios – indicada por Ël a sus cardenales – la elección del nuevo Papa.  Tuvo un encuentro con Juan Pablo I inmediatamente después de la inauguración del pontificado y regresó a Cracovia llevándose consigo el recuerdo de aquella sonrisa llena de bondad, de la alegría con la que el Papa expresaba su profunda fe.

Transcurrieron sólo treinta y tres días. Wojtyla acababa de regresar de una visita a Alemania Federal con la delegación del episcopado, encabezada por el cardenal Wyszynski. Habia estado en el santuario de Kalwaria. Celebró en la catedral de Wawel una misa solemne por la festividad de San Wenceslao y al mismo tiempo, para recordar el vigésimo aniversario de su ordenación episcopal. La mañana del 29 de septiembre estaba tomando el té cuando Mucha, el chofer, entro como una tromba en la habitación. Tenìa el rostro acalorado, agitado; a duras penas, consiguió decir que Juan Pablo I había muerto.

El arzobispo quedó rígido, pero sólo durante unos instantes. Interrumpió el desayuno y se dirigió a su habitación. En esos momentos tan tristes quería estar solo. No hizo ningún comentario: solo le oíamos murmurar: «Algo inaudito…inaudito». Vimos desde lejos que entraba en la capilla. Se quedo allí mucho rato, rezando.  Rezaba y quizá, se interrogaba, interrogaba a Dios. Igual que hizo luego, abriendo su coracon, en la misa del funeral que se celebró en la basílica Mariacka: El mundo entero, la Iglesia entera se pregunta ¿Por qué?  […] No sabemos que significa esta muerte para la cátedra de Pedro. No sabemos qué ha querido decir Cristo a través de ella a la Iglesia y al mundo.

En Roma, en el Vaticano nos parecía estar asistiendo casi a una réplica de las escenas vividas en agosto. Pero para Wojtyla todo había cambiado…

No hablaba nunca, ni siquiera en privado, de la sucesión del papa Luciani…

Pero los que lo conocían bien podían leer en su rostro la inquietud que sentía en su interior. Quzá también porque se había enterado de que un cardenal tan influyente como Franz Konig, arzobispo de Viena, mencionaba con frecuencia su nombre cuando hablaba con otros purpurados. La noche antes del cónclave quiso saludar, uno por uno, a todos los sacerdotes que residían en el colegio del Aventino, donde el se alojaba siempre que iba a Roma. Fu un saludo intenso, fraternal, pero a nadie se le escapó lo tenso de su actitud, su mirada pensativa.

A la mañana siguiente acompañé al cardenal al Vaticano. Antes nos acercamos al hospital Gemelli, a hacerle una visita a monseñor Andrzej Deskur que, precisamente en esos días, había sufrido un ictus y estaba ingresado en la unidad de reanimacion; estaba muy grave y aún no había recperado la consciencia. Años después ya Papa, Karol Wojtyla recordaría la repentina enfermedad de monseñor Deskur diciendo que lo había interpretado como una señal y que ésta le había hecho reflexionar mucho. También porque a lo largo de su vida se habían producido más señales de este tipo. Cuando le iban a ordenar obispo, uno de sus más queridos amigos, monseñor Marian Jaworski debía sustituirle en un compromiso, ir a predicar los ejercicios a los sacerdotes; acudió en tren, se produjo un terrible accidente y perdió un brazo. Más tarde, justo en las vísperas del cónclave, la gravísima enfermedad de monseñor Deskur. Era como si su elección – quería decir el Papa – estuviese relacionada de alguna forma con el sufrimiento del amigo.  Pero  henos ya en el cónclave. Lo que allí ocurrió es un secreto, garantizado por el juramento. No conocemos ningún detalle. Por lo tanto, que siga guardado por el Espíritu Santo y la sabiduría de la iglesia…

De acuerdo. Nadie quiere hacer conjeturas, mucho menos especulaciones. Con todo, con las debidas cautelas, y apoyándonos siempre sobre las voces autorizadas: podemos intentar reconstruir mínimamente como se desarrolló el cónclave. Al menos para entender claro y de donde surgió aquella elección. Se inició el 15 de octubre de 1978, la primera jornada estuvo marcada por le debate entre los partidarios del arzobispo de Génova, Giuseppe Siri, y los de Giovanni Benelli, arzobispo de Florencia. Dos italianos, pero que representaban posiciones diversas: la primera sostenía la exigencia de una cierta modificación en la ruta trazada por el Concilio; la segunda, en cambio, apostaba por la continuación del Vaticano II, bajo el signo de una plena fidelidad al espíritu y a la letra de las enseñanzas conciliares.  Obviadas las dos candidaturas, mejor dicho, eliminadas recíprocamente, ya en las dos primeras votaciones del 16 de octubre, el nombre del arzobispo de Cracovia obtuvo numerosos votos. En el intervalo, como contó el cardenal Luigi Ciappi se produjo el vuelco decisivo: los que apoyaban a Wojtyla fueron convenciendo poco a poco a los otros miembros del Sacro Colegio. Fue König, casi con toda seguridad, el gran artífice de este progresivo desplazamiento de consensos. Ya había hablado con Wyszynski, convenciéndole de lo oportuno de la elección (Wyszynski había sobreentendido que era él el candidato) y el primado fue a la celda de Wojtyla a expresarle su apoyo, a infundirle valor.    A animarle que aceptase. Le repitió la imperiosa pregunta que en la novela Quo vadis? de Sienkiewicz, le hace el Señor a Pedro cuando éste ha cedido a la tentación de huir de Roma; pero luego dulcifico el tono, rogándole que en el caso de ser elegido, aceptase. Y añadió: «La tarea del nuevo Papa será la de introducir a la Iglesia en el tercer milenio…»  El arzobispo de Cracovia regresó a la Capilla Sixtina con una expresión mas distendida en el rostro, pero con el corazón en pleno tumulto. Se le acercó un viejo amigo, el cardenal Maximilian de Furstenberg, que había sido rector del Colegio belga, y le susurró unas cuantas palabras del momento de la ordenación sacerdotal. «Deus adest et vocat te» (Dios está aquí y te llama). En la octava votación, la segunda de la tarde, fue elegido – parece – con noventa y nueve votos. Conmovido, pero ya sereno aceptó, eligiendo el mismo nombre que Luciani.

(de Una vida con Karol - Stanislao Dziwisz - Conversacion con Gian Franco Svidercoschi, cap 10 Viene un Papa eslavo.)

 

viernes, 21 de octubre de 2022

22 de octubre 1978: Un obispo romano, hijo de Polonia

 


“El nuevo Obispo de Roma comienza hoy solemnemente su ministerio y la misión de Pedro. Efectivamente, en esta ciudad desplegó y cumplió Pedro la misión que le había confiado el Señor.

El Señor se dirigió a él diciendo: «...Cuando eras joven, tú te ceñías e ibas adonde querías; cuando envejezcas, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras« (Jn 21, 18).

¡Pedro vino a Roma!

¿Qué fue lo que le guió y condujo a esta Urbe, corazón del Imperio Romano, sino la obediencia a la inspiración recibida del Señor? Es posible que este pescador de Galilea no hubiera querido venir hasta aquí; que hubiera preferido quedarse allá, a orillas del Lago de Genesaret, con su barca, con sus redes. Pero guiado por el Señor, obediente a su inspiración, llegó hasta aquí.

Según una antigua tradición (que ha tenido magnífica expresión literaria en una novela de Henryk Sienkiewicz), durante la persecución de Nerón, Pedro quería abandonar Roma. Pero el Señor intervino, le salió al encuentro. Pedro se dirigió a El preguntándole: «Quo vadis, Domine?: ¿Dónde vas, Señor?». Y el Señor le respondió enseguida: «Voy a Roma para ser crucificado por segunda vez». Pedro volvió a Roma y permaneció aquí hasta su crucifixión.

Sí, hermanos e hijos, Roma es la Sede de Pedro. A lo largo de los siglos le han sucedido siempre en esta sede nuevos Obispos. Hoy, un nuevo Obispo sube a la Cátedra Romana de Pedro, un Obispo lleno de temblor, consciente de su indignidad. ¡Y, cómo no temblar ante la grandeza de tal llamada y ante la misión universal de esta Sede Romana!

A la Sede de Pedro en Roma sube hoy un Obispo que no es romano. Un Obispo que es hijo de Polonia. Pero desde este momento, también él se hace romano. Si, ¡romano! También porque es hijo de una nación cuya historia, desde sus primeros albores, y cuyas milenarias tradiciones están marcadas por un vínculo vivo, fuerte, jamás interrumpido, sentido y siempre vivido, con la Sede de Pedro; una nación que ha permanecido siempre fiel a esta Sede de Roma. ¡Oh, el designio de la Divina Providencia es inescrutable!”

(Juan Pablo II  de la Homilia en el comienzo de su pontificado, 22 de octubre 1978)


44 años de aquel «Non abbiate paura»« No tengáis miedo»

 


El 22 de octubre de 1978 comenzaba su pontificado un nuevo Obispo venido del Este, que había escogido llamarse Juan Pablo II  y en esta fecha celebramos ahora su memoria litúrgica:

“ un Obispo lleno de temblor, consciente de su indignidad. ¡Y, cómo no temblar ante la grandeza de tal llamada y ante la misión universal de esta Sede Romana! – decía en su homilía - A la Sede de Pedro en Roma sube hoy un Obispo que no es romano. Un Obispo que es hijo de Polonia. Pero desde este momento, también él se hace romano. Si, ¡romano! También porque es hijo de una nación cuya historia, desde sus primeros albores, y cuyas milenarias tradiciones están marcadas por un vínculo vivo, fuerte, jamás interrumpido, sentido y siempre vivido, con la Sede de Pedro; una nación que ha permanecido siempre fiel a esta Sede de Roma. ¡Oh, el designio de la Divina Providencia es inescrutable!”
“¡No tengáis miedo de acoger a Cristo y de aceptar su potestad!

¡Ayudad al Papa y a todos los que quieren servir a Cristo y, con la potestad de Cristo, servir al hombre y a la humanidad entera!

¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo”

(de su homilía)

 El 24 de abril de 2005 volvíamos a escuchar en la Plaza San Pedro esas mismas palabras proféticas en el solemne inicio del ministerio petrino de su sucesor

el Santo Padre Benedicto XVI : 

“En este momento mi recuerdo vuelve al 22 de octubre de 1978, cuando el Papa Juan Pablo II inició su ministerio aquí en la Plaza de San Pedro. Todavía, y continuamente, resuenan en mis oídos sus palabras de entonces:

“¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!”

El Papa hablaba a los fuertes, a los poderosos del mundo, los cuales tenían miedo de que Cristo pudiera quitarles algo de su poder, si lo hubieran dejado entrar y hubieran concedido la libertad a la fe. Sí, él ciertamente les habría quitado algo: el dominio de la corrupción, del quebrantamiento del derecho y de la arbitrariedad. Pero no les habría quitado nada de lo que pertenece a la libertad del hombre, a su dignidad, a la edificación de una sociedad justa” ….

 

“No tengáis miedo de Cristo!

Él no quita nada, y lo da todo.

Quien se da a él, recibe el ciento por uno.

Sí, abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo, y encontraréis la verdadera vida”

(de la homilia Santo Padre Benedicto XVI)

 

San Juan Pablo II ruega por nosotros y por la paz en el mundo entero!!

miércoles, 19 de octubre de 2022

Bernard Lecomte: Hijo de la nación polaca

 


He aquí que los venerables cardenales han elegido a un nuevo Obispo de Roma!. Lo han llamado de un país lejano…

La plaza de san Pedro, aquel 16 de octubre de 1978, prorrumpió en aplausos. algunos minutos antes, desde el balcón de las Bendiciones, el cardenal Pericle Felici anuncio el nombre del elegido por el cónclave: «…cardinalem Wojtyla!» Hugo un instante de sorpresa. ¿Quién? ¿Un africano? ¡No, un polaco!

El nombre del arzobispo de Cracovia era casi desconocido. Pero la sorpresa, de por si, ya era grande: ¡el nuevo Papa no era italiano! El colegio de cardenales había interrumpido una tradición de cinco siglos de antigüedad. Solo mas tarde, viendo a Juan Pablo II dar sus primeros pasos como Papa, los observadores entenderían que el nuevo obispo de Roma no es solo un «no italiano», sino que es polaco.

Karol Wojtyla nació en Polonia en mayo de 1920, en el tiempo en que su país acababa de recuperar la independencia después de ciento veinte años de ocupación extranjera. Hijo del capitán Karol Wojtyla, educado en el culto de Jozef Pilsudski, el vencedor de la batalla del Vístula en agosto de 1920, el futuro Papa se ve inmerso en el clima de fervor patriótico y de entusiasmo nacional!  «Mi país ha sobrevivido solo gracias a la cultura»  dirá, sesenta años después en un importante discurso en la UNESCO. Él, polaco, sabe que la cultura no es producto de fuerzas económicas, como afirman los marxistas, sino de la mente humana. Y que la comunidad natural de los hombres, la nación, es ante todo una realidad cultural. «Pensando en todas las culturas», añade el Papa ante la prestigiosa platea en junio de 1980, «deseo decir aquí en voz alta: ¡He aquí el Hombre!»

No habrá que sorprenderse de ver a este Papa predicar constantemente la realidad de la nación, hasta sugerir a la ONU la elaboración de una Carta de los derechos de las naciones: «No existen los derechos humanos», dice «donde los derechos de la nación son violados» No habrá que sorprenderse en oírle valorar la historia de cada nación, recordando a cada pueblo sus raíces cristianas: ¡cuántos aniversarios celebro, los de Santa Isabel (1981), San Casimiro (1984), San Metodio (1985) San Vladimiro (1988) y muchos más, hasta el bautismo de Francia por parte de Clodoveo (1996).

Este Papa, llegado de un país donde el régimen confisco la historia, no escatimo esfuerzos para recordar a los europeos que no debían ocultar sus raíces cristianas. Así, en Santiago de Compostela en noviembre de 1982, dijo: «Yo, Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal, desde Santiago, te grito con amor a ti, antigua Europa: Encuéntrate a ti misma. Se tu misma. Redescubre tus orígenes. Reaviva tus raíces. Vuelve a vivir los valores auténticos que han hecho gloriosa su historia.» Se necesitaba que el Papa fuera «hijo de la nación polaca» para que se atreviera a hacer semejantes afirmaciones.

Polonia no es un país como los demás. En la  época en la que el pequeño Karol creció en Wadowice, en la Galicia occidental, Polonia era el país del mundo donde había más judíos. La historia de Europa lo decidió así. Su mejor amigo, Jerzy Kluger, era judío, como muchos otros de sus compañeros de futbol o de teatro: Goldberger, Selinger, Zweig, Beer y otros más. Cuando Polonia, en la década de 1930, se hunde en el antisemitismo de Estado, Karol sufre los efectos devastadores de ese veneno: piquetes ante las tiendas judías, insultos, pogromo, numerus clausus en la universidad, etc.  En 1945, cuando se libera a los prisioneros del campo de concentración de Auschwitz, no lejos de Cracovia donde vivió durante toda la guerra, el joven Wojtyla descubre, con horror, hasta que nivel de locura los nazis llevaron la abyección y el odio.

No habrá que sorprenderse tras su elección en 1978, de ver al Papa polaco emprender un largo y difícil proceso de reconciliación entre cristianos y judíos: visita la gran sinagoga de Roma en 1986, reconocimiento del Estado de Israel por parte del Vaticano, arrepentimiento frente al anti judaísmo cristiano, extraordinario viaje a Jerusalén en el año 2000, con una parada en el museo del Yad Vashem y una oración ante el Muro de las Lamentaciones. ¿Un papa africano,  italiano, brasileño o francés habría realizado tantos esfuerzos en este sentido? Es necesario recordar que del gran poeta Mickiewicz, emblema de la Polonia eterna, Juan Pablo II tomo la expresión «hermanos mayores» con la que se dirigió a los judíos.

(publicado en L'Osservatore Romano mayo 2011) 

viernes, 14 de octubre de 2022

Juan Pablo II Un papa que nunca muere

 


(el periodista de la TVP Krzysztof Tadej habla con el cardenal Stanislaw Dziwisz)

 

KRZYSZTOF TADEJ:  El 16 de octubre de 1978 cuando apareció el humo blanco  que paso?

CARDINAL STANISŁAW DZIWISZ: - Yo estaba parado entre la multitud en la Plaza San Pedro, del lado izquierdo, cerca de la fuente..

KT: A las 6.44 de la tarde en el balcón central de la Basilica de San Pedro apareció el Cardenal Pericle Felici.

SD: El cardinal Felici comenzó su  anuncio: ‘Annuntio vobis gaudium magnum – habemus papam… ‘(Les anuncio un gran gozo – tenemos Papa) Cuando pronunció el nombre  ‘Carolum’  mi corazón pego un brinco.  Y al rato el cardenal dijo: ´Wojtyla´ y entonces pensé: Ocurrió

KT: Y no, por ejemplo: Que maravilloso!

SD: Es muy difícil describir el gozo experimentado. Pero tuve una doble sensación que a pesar de sentir tremendo orgullo y felicidad era consciente que a partir de aquel momento todo cambiaría.  Y me inundó una cierta nostalgia. Además era consciente cuanta responsabilidad caía ahora sobre el cardenal Wojtyla.  La Iglesia y el mundo en un momento particular de la historia.  El Papa polaco se enfrentaría con un trabajo muy duro.

KT.  Como reacciono la gente mas allegada al cardenal?

SD: El entusiasmo era contagioso. Pero mucha gente no sabia de quien se trataba.   Preguntaban de donde era.  Y la plaza comenzó a llenarse muy pronto,  en cuanto trascendió el resultado del cónclave. Los romanos dejaron sus quehaceres para ir a ver al Santo Padre. Cuando Juan Pablo II apareció en el balcón, generó una increíble euforia.   Vivas, aplausos y algarabía.  Me di cuenta que el Papa de un país lejano se había ganado muy pronto los corazones de los habitantes de la Ciudad Eterna.   EL Cardenal Stefan Wyszynski me dijo más tarde que el temía aquel momento.   Se preguntaba como reaccionarían los romanos.  Lo aceptarán?  Pero la reacción al discurso del Santo Padre aclaro todo:  el mundo comenzó a amar a Juan Pablo II de inmediato.

 KT: El Cardenal Wyszynski quería que el papa fuese un italiano? Es verdad?

SD: Antes de partir de Polonia no había pensado en otra posibilidad. Pensaba que aun no era tiempo para un papa de un país extranjero.  Asi pensaba al entrar al primer cónclave cuando murió Pablo VI, y después al segundo.  Pero el tiempo del cónclave lo hizo reflexionar.  Entendió que el Espíritu Santo quería algo diferente. Cambió de parecer y después de la elección se acerco al Papa para alentarlo y expresarle su amistad y cercanía. Una vez el Santo Padre recordaba cómo fueron aquellos momentos.  El dijo que en aquel momento decisivo, cuando el caudal de votos se inclinaba hacia su elección, el Primado del Milenio se le acercó  y le dijo que no podría rechazarlo sino que debía aceptar la elección y además sugirió un nombre: Juan Pablo II. 

KT:  había pensado el  cardinal Wojtyla que podría ser elegido?

SD: Nunca habló de eso.  El tema no se tocaba y cuando alguien comenzaba a hablar de eso el simplemente interrumpía con una oración muy breve: Él Espíritu Santo indicará.

KT:  Cuando leemos memorias acerca de Karol Wojtyla, uno tiene la sensación que mucha gente había especulado acerca de esa elección.

SD: Me sorprende, pues nadie pensaba que no volvería del cónclave. Nunca se pensó en eso.  Bueno, había gente, especialmente en Cracovia, que decía a menudo: ´Es un sacerdote santo, un obispo santo´.  Algunos decían que podría ser Papa. Yo conocí a una religiosa de un Instituto Superior de Catequesis que decía si el cardenal Wojtyla es elegido papa seria una lástima porque Cracovia perdería un hombre prominente. Después de la muerte de Juan Pablo I se escuchaban otras versiones.  Algunos decían que nuestro cardenal había sido considerado durante el cónclave anterior.  Pero deberíamos recordar que solo eran  opiniones sueltas.   Mas tarde la situación tomo otro curso pues en cuanto fue pronunciado el nombre del nuevo Papa en la plaza San Pedro, el diario vaticano publico un dossier sobre el cardenal Wojtyla. Esta preparación de la prensa vaticana significaba que había sido considerado candidato.

KT: Y usted Cardenal? Alguna vez pensó que podría ocurrir?

SD: ya desde el comienzo yo era consciente con quien trabajaba. Veia la grandeza de Karol Wojtyla A pesar de su juventud pertenecía a las personas mas prominentes  de la Iglesia. Participaba en los sínodos junto a cardenales arzobispos y obispos de todo el mundo. Solo falto una vez: cuando las autoridades no le permitieron al cardenal Wyszynski ausentarse de Polonia, y en signo de solidaridad con el Primado, el cardenal Wojtyla tampoco fue al Sínodo.    Debemos reconocer que el sobresalía en aquellos foros. Sus participaciones no eran ignoradas.  Además el mantenía amistad con el papa Pablo VI. El Santo Padre lo invitaba a audiencias privadas, siempre que el cardenal Wojtyla estaba en Roma. Le confió también los ejercicios espirituales para el y toda la Curia romana demostrando su respeto y reconocimiento para la jerarquía polaca. El Cardenal Wojtyla era conocido en la Iglesia y sus opiniones eran altamente respetadas.  Era considerado  filosofo  y sacerdote prominente.  Era también centro de atención  en los medios cuando estaba en Roma.   El diario ¨L’Osservatore Romano´habia preparado las características de diez de los candidatos mas importantes,   entre ellos estaba Karol Wojtyla. Antes del cónclave me consultaron por su biografía.  Pero también otros diarios y revistas serios lo mencionaban como candidato a la sucesión de San Pedro.

KT: no había señales que sería elegido?  Una vez el cardenal me comento acerca de una situación extraña después de la muerte de Pablo VI. 

SD: Si increíble. A comienzos de Agosto de 1978 Karol Wojtyla se encontraba en las montañas Bieszczady con sus amigos. Debía enterarse de la muerte de Pablo VI. Al dia siguiente lo fui a ver. Estaban descendiendo de la montaña en un dia maravilloso. De repente debieron cruzar el rio San. Se sacaron los zapatos, y descalzos caminando sobre piedras llegaron al otro lado del rio. Y de repente se escucharon truenos.  De un cielo totalmente despejado. Ellos pensaron que era un signo.

KT: Y a usted no le sorprendió su elección?

SD: Yo no estaba sorprendido, aunque fue sorpresa para el mundo. Es comprensible pues habían sido italianos los elegidos papas durante cientos de años.  Hoy,  visto desde la perspectiva,  creo que la Divina Providencia lo preparo a Karol Wojtyla para grandes cosas. Eran un hombre de muchos talentos: filosofo, actor, poeta. Impresionaba a todos con su conocimiento de lenguas, que hablaba con facilidad. A pesar de sus muchas responsabilidades preparaba los bosquejos de sus discursos. Su colaboración con la curia era buena pero los temas básicos eran encarados por el metropolitano de Cracovia personalmente.

KT: volvamos al momento cuando Juan Pablo II apareció por primera vez en el balcón de la Basílica de San Pedro.  Después de su discurso y bendición desapareció dentro de la Basílica. Y usted cardenal?  Fue al Papa directamente?

SD: No era fácil, pues el cónclave aun continuaba. Sin embargo, el Papa quería verme y me llevaron al salón comedor, por decisión de la comisión. Me acompaño el secretario de Estado de la Santa Sede el cardenal Jean-Marie Villot.  El Santo Padre se levanto y me saludo cordialmente.

KT: Y que dijo el?

SD: ´Que lección me han dado´! Sonrió y más tarde, aunque no recuerdo exactamente el momento, agrego: ´mis salidas a esquiar se han terminado´´

KT: Y después que paso?

SD: después de la cena el Santo Padre fue a su habitación y comenzó a preparar el discurso para  el Colegio de Cardenales que daría al dia siguiente por la mañana en la Capilla Sixtina. Quería que me quedara,  pero más tarde fui al Colegio Polaco en Plaza Remuria donde habíamos estado viviendo antes del cónclave.  Yo quería compartir esos grandes momentos con los sacerdotes polacos que estaban celebrando la elección del nuevo papa.  Euforia, gozo, aplauso – no es fácil describir en palabras lo que estaba ocurriendo allí. De inmediato Polonia se convirtió en el centro de atención. Aparecieron muchos periodistas. Preguntaban por el país que le había dado al mundo al sucesor de San Pedro.  Se podía sentir que todos esperaban algo nuevo, una nueva apertura de la Iglesia y el mundo. El nuevo Papa auguraba esperanzas de cambios. 

Y al dia siguiente el Sacerdote Cardenal regreso al Vaticano y …..

El Palacio apostólico, o sea el hogar del Papa, fue cerrado después de la muerte de Juan Pablo I. El Cardenal Villot abria las puertas de los apartamentos en presencia del Santo Padre. Cuando lo estaba haciendo, me dió las llaves. En ese momento comenzó mi cuidado del orden del Palacio Apostolico.

Niedziela 41/2018 (14 X 2018)

 

Krzysztof Tadej,Niedziela,Dziwisz,Entrevistas,1978,

Octubre 1978 – Karol Wojtyla?

 


En septiembre 2003 Gianni Cardinale escribia en 30 giorni un articulo titulado “El Señor elige nuestra pobreza” y le pedia su testimonio al cardenal Joseph Ratzinger de quien decia era “sin duda el mas conocido de los 21 purpurados del Sagrado Colegio que participaron en los dos cónclaves de 1978” y le preguntaba:

Cuando se reunieron para el segundo cónclave de 1978, ¿cuál era la sensación dominante en el Colegio cardenalicio?

RATZINGER: Tras esta muerte imprevista estábamos todos algo deprimidos. Había sido un golpe muy duro. También después de la muerte de Pablo VI había tristeza. Pero la de Montini había sido una vida completa, que había tenido un epílogo natural. Él mismo esperaba la muerte, hablaba de su muerte. Después de un pontificado tan grande había habido un nuevo comienzo, con un Papa de otro tipo, pero en total continuidad. Pero que la Providencia hubiera dicho que no a nuestra elección fue de verdad un duro golpe. Aunque la elección de Luciani no fue un error. Esos 33 días de pontificado han tenido una función en la historia de la Iglesia.

¿Cuál?

RATZINGER: No fue sólo el testimonio de bondad y de una fe gozosa. Esa muerte imprevista abrió también las puertas a una opción inesperada. La de un Papa no italiano”

Cuenta George Weigel en Testigo de Esperanza que el cardenal Franz Kônig presionaba por un papa no italiano y el dia antes del cónclave le decía a su viejo amigo el cardenal Wyszynski, “el cónclave comienza mañana, quien es el candidato para usted? No tengo candidato respondió el Primado. "¿Y si el próximo Papa fuera un polaco? A lo mejor Polonia tendría algún candidato.... A lo que el Primado respondió: "`Dios mío! Te parece que yo debería acabar en Roma... Kônig: dice entonces, "No, no me refiero a ti, hay un segundo hombre polaco...". "¡Ah!", replicó Wyszynski, "Karol es demasiado joven , es desconocido... nunca podría ser Papa...

Pocas horas después el Primado de Polonia se acercó a su pupilo y le dijo: "Si te eligen, acépta!"

 

16 de octubre de 1978 - fumata blanca

 




Habemus papam……. Karolus Wojtyla Johaness Paules Secondo…….seguido por un misterioso momento de silencio y estupor en la Plaza San Pedro….Karolus Wojtyla!!!!…..Wojtyla???? alegría y aplausos contenidos…quien será???


Polonia comprendió casi al instante y se unió en caluroso abrazo en las casas, salió a la calle, se congregó en las plazas; su orgullo y su alegria danzaban en el aire alternados entre sonrisas, oraciones y sollozos de nostalgia……Enorme gozo salpicado por perlas de tristeza……Nuestro Karol!!!….…ya no volvería…..explotaban los corazones, se echaban al vuelo las campanas, el aguila blanca polaca recobró su brío, infundiendo nueva fuerza a sus alas, ya nadie la detendría, estaba rehaciendo su nido desde lo mas alto…allí donde jamás se hubiese aventurado. Se sucedian las misas y las oraciones, las iglesias colmadas al majestuoso son de la campana de Segismundo de la catedral de Wawel.


Solo la cúpula del partido comunista estaba preocupada, inquieta, malhumorada, un polaco papa? Podría habernos ocurrido algo peor ???


Polonia ya no volvería a ser la misma, con la frente en alto saboreando la buena nueva los polacos sintieron que ya nada ni nadie podria contenerlos ni dañar la fuerza de su espíritu; todo el sabor de la libertad, de la dignidad del hombre, de la búsqueda de la verdad grabados en sus mentes por su querido Lolek, danzaba alli entre la multitud. Estaban dispuestos a seguir sus huellas y continuar construyendo el rico mosaico de la milenaria historia polaca y sus raices cristianas.


Habia sucedido aquello que su secretario Stanislaw Dziwisz en cierta forma habia temido : su obispo Karol Joseph Wojtyla habia sido elegido sucesor de San Pedro, el papa nro 264. Se había cumplido la “profecía” del gran poeta polaco Juliusz Slowacki “vendrá un papa eslavo, hermano de los pueblos”


Ni bien salido al balcón ya vestido de blanco Juan Pablo II, este nuevo papa de profunda raiz polaca, enamorado de su patria, sintió la imperiosa e intima necesidad de extender de inmediato su mano y tender lazos con su nuevo, extenso, universal pueblo. Rompiendo el protocolo saludó con un “Sia lodato Gesú Cristo” para continuar comunicándose en su peculiar estilo “non so se posso bene spiegarmi nella vosta….nella nostra lengua italiana. Se mi sbaglio, mi corigerete….” En pocos minutos se había ganado la simpatía de aquellos en la plaza, presentado al resto del mundo y sellado la impronta de su pontificado. La plaza de San Pedro era una fiesta.


Comenzaba otra etapa en la historia y en la vida de la Iglesia Católica, nueva, rica, diferente, singular. TOTUS TUUS!