Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
Mostrando entradas con la etiqueta Esteban Fernandez-Cobián. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Esteban Fernandez-Cobián. Mostrar todas las entradas

miércoles, 22 de mayo de 2024

El Golgota de Duda Gracz en Jasna Gora – 1 de 2

 


En ese espacio sagrado,  de arraigada peregrinación mariana en honor a la Reina de Polonia que es Jasna Gora , lugar místico también para el visitante si va mínimamente preparado  a comprender en parte la vibrante historia del pueblo polaco, te encuentras con algo que te arranca de la  mística y te hace cobrar conciencia del hoy de todos los tiempos:  el Gólgota del pintor polaco Jerzy Duda Gracz (Jerzy Dzierżysław Duda alias Gracz). Al encontrarte con esas imágenes - que a primera vista parecen casi grotescas - de repente  te das cuenta que el artista intenta tocar la fibra  intima del observador sobre momentos trágicos de la historia polaca enlazándola con el Golgota de Cristo, notando también la diferencia entre rostros polacos y el de Cristo,  un rostro de facciones diferentes y no obstante unidos, con un trasfondo que te trae a la mente la emocionante y sentida homilía de Juan Pablo II durante su primer visita a Polonia en el  santuario de la Santa Cruz de Mogila. Esa fue mi experiencia.

Esteban Fernández Cobian en su escrito Arquitectura religiosa contemporánea. El estado de la cuestión describe esa obra magistralmente en breves palabras:  “Hay que decir que, en general, el pueblo polaco es expresionista, como si hubiese encontrado en el arte un medio adecuado para expulsar su intenso dolor. Tal vez uno de los hitos recientes más significativos —por el tema y por el lugar— sea el nuevo Vía Crucis del Tercer Milenio de Jasna Góra, compuesto por dieciocho pinturas realizadas por Jerzy Duda Gracz.  Espeluznante y tierno a un tiempo, esta obra excepcional y compleja que se ha colocado en el lugar más sagrado  de Polonia – al lado de la capilla de la Virgen de Czestochowa -   se alza como un terrible resumen de la historia reciente y como un grito de advertencia a toda la humanidad. Las plagas que actualmente azotan al hombre contemporáneo —desde el aborto masivo a los niños-soldado, desde la hipocresía de los medios a la explotación de la mujer se encuentran presentes en él.”


El artista mismo, nacido en Czestochowa en 1941,  lo llamo el Gólgota de nuestra vida cotidiana de hoy, de ahora y de aquí en la Polonia católica. A ese Via Crucis de 18 pinturas (son 18 estaciones, 4 más de las tradicionales), se le considera  su obra más importante. El autor recordaba,  en una entrevista para Radio Jasna Gora en 2001,  haber venido de niño con su madre a Jasna Gora para rezar por la libertad de su padre y su hermano,  detenidos por los comunistas,  y que en este Gólgota  intento abismarse en el interior de la persona y revelar todo lo que oculta;  y mostrar aquellos que  crucifican a Cristo y a quienes son testigo de su permanente presencia. Muchas de sus pinturas son comparadas con las de Pieter Brueghel, conmovedoras, de emociones profundas, a menudo controvertidas y polémicas.  Un total de  unas 3000 pinturas y alrededor de  200 exposiciones ubican a este pintor, ilustrador, escenógrafo y profesor, en un lugar indiscutible en la historia del arte polaco. Sus años de juventud trascurrieron a la sombra de la guerra y la postguerra, el arresto de su padre y su hermano mayor y la confiscación de la casa familiar. Graduado en la Escuela Secundaria estatal de Tecnología del Arte en Czestochowa  continuó sus estudios en la filial de la Academia de Bellas Arte Jan Matejko de Cracovia en Katowice (actualmente Academia de Bellas Artes de Katowice)  donde se graduó en 1968. Permaneció en Katowice y allí comienzó su trabajo creativo en diversas técnicas: acuarela, oleo, acrílico y tempera.

Sus primeras obras son gráficos de la serie “Judaica”  En la década del 1970 comienza a surgir su estilo característico: realismo con una ligera tendencia hacia lo grotesco.  Alli aparecen “Tríptico polaco”, “Babel 2”, “El juicio final” y “Autorretrato con familia”. El artista llama la atención sobre los males sociales, manías e ideas, con duras críticas. Se burla también de si mismo con autorretratos irónicos.  Admirador de Józef Chełmonski, se rebela contra el espíritu del realismo socialista. Los años 80 son los más marcados políticamente en una clara referencia al movimiento de  “Solidaridad”.   Comienza también a colaborar con el teatro preparando escenografías.  A fines de los 80, principios de los 90 vuelve cada vez más a los recuerdos y experiencias relacionadas con Czestochowa volcando sus recuerdos en dibujos y pinturas con una marcada referencia a lo sagrado y lo profano. Realismo algo grotesco, pero no obstante mostrando sensibilidad de artista para contar historias pasadas no solo de tragedias sino también de momentos hermosos.  Entra en el siglo XXI con su desafío del “Gólgota de Jasna Gora”, y sus dieciocho estaciones pintado para el monasterio paulino de Czestochowa.  Decia el pintor “Este es el trabajo más difícil de mi vida”.  Llevaba madurando la idea durante casi 20 años. Comenzó su trabajo entre 1999/2000. Pinto los cuadros en pocos meses entre agosto de 2000 a marzo de 2001. Los cuadros representan las 14 Estaciones de la Cruz, y además  la Resurrección de Jesús, el encuentro con  Tomás, el envío de los apóstoles y la Ascensión. La pintura más grande es la Estación XII: la crucifixión de Jesús con el fondo de 30 figuras de santos polacos. Cuenta la historia de la Pasión y Resurrección de Jesus de manera diferente a los demás. Más severo, más honesto, mas verdadero sin dejar de lado mitos y leyendas nacionales, símbolos, santos, héroes pero también gente corriente y común. Duda Graz muere el 5 de noviembre de 2004 en Łagow, durante una sesión de pintura al aire libre. (Silwia Góra)

Para mas información :

Esteban Fernandez Cobian: Arquitectura religiosa contemporánea. El estado de la cuestión

Jerzy Duda-Gracz: Relato indiscutido de los polacos 

Agnieszka Jankowska-Marzec : Accursed or absent? Critics towards the Works of Jerzy Duda-Gracz

Alfa y Omega: Misericordiapara el siglo XX

(Las fotos son mias)

 

 

jueves, 2 de mayo de 2024

Esteban Fernández Cobian : Arquitectura religiosa de Polonia

 

(Rescato  - con la amable autorización del autor -  un trozo de un precioso y exhaustivo estudio del Dr. Arq. Esteban Fernández Cobian,   (2007)  titulado La arquitectura religiosa contemporánea – El estado de la cuestión donde se refiere a Polonia,  algunos pequeños agregados interesantes y  también una referencia a la capilla Redemptoris Mater del Vaticano.)

-0-

 Fijémonos ahora en Polonia, uno de los países en donde se están construyendo más iglesias. Ya antes de la caída del régimen comunista en 1990, los polacos se propusieron construir cientos de edificios destinados al culto. Peter Buchanan, en el Congreso de la CICA de 1988, afirmaba lo siguiente: «Mientras que Europa occidental prosigue su búsqueda de funciones casi profanas para sus espléndidas y cuantiosas iglesias, Polonia invierte sus extraordinarias reservas de energía colectiva y sus escasos recursos privados en un flujo de construcción de iglesias que probablemente, no tenga precedentes desde la Edad Media... Dos mil iglesias se encuentran en construcción o han sido concluidas durante el último decenio, y se comienzan a construir muchas más...»  Tal vez el mejor ejemplo de la fe y el patriotismo del pueblo polaco sea el Arka Pana que se llegó a convertir en el símbolo de la resistencia del catolicismo ante la imposición sovietica del ateismo de Estado. Impulsada por el entonces arzobispo de Cracovia, Karol Wojtyla, fue levantada a mano, sin maquinaria. El heroísmo de su construcción todavía se percibe hoy en sus dramáticas esculturas y aplicaciones pictóricas, desde el gran crucifijo de ocho metros de altura, fundido con la metralla recibida por los combatientes polacos en la Segunda Guerra Mundial (Bronislaw Chromy o el Via Crucis de Auswitz, hasta el sagrario que tiene encastrada una piedra  de rutilo traída expresamente desde la Luna por los astronautas del Apolo XI, Armstrong, Aldrin y Collins



Actualmente, las nuevas iglesias son muy variadas en su aspecto. Algunas adoptan dimensiones colosales. El santuario de Lichen, uno de los mayores del país, está financiado por emigrantes que residen en los Estados Unidos. Bajo un ropaje neobarroco, aloja toda la historia de la arquitectura, desde Egipto hasta la contemporaneidad. A las afueras de Cracovia, el santuario donde se venera el famoso cuadro de la Divina  Misericordia, vinculado con Faustina Kowalska, tiene un lenguaje mas actual , pero no demasiada calidad arquitectónica. ¿Dónde está el problema aquí: en la arquitectura, en el presupuesto, en el peculiar gusto estético de los polacos? Hay que decir que, en general, el pueblo polaco es expresionista, como si hubiese encontrado en el arte un medio adecuado para expulsar su intenso dolor. Tal vez uno de los hitos recientes más significativos —por el tema y por el lugar— sea el nuevo Vía Crucis del Tercer Milenio de Jasna Góra, compuesto por dieciocho pinturas realizadas por Jerzy Duda Gracz.  Espeluznante y tierno a un tiempo, esta obra excepcional y compleja que se ha colocado en el lugar más sagrado  de Polonia – al lado de la capilla de la Virgen de Czestochowa -   se alza como un terrible resumen de la historia reciente y como un grito de advertencia a toda la humanidad. Las plagas que actualmente azotan al hombre contemporáneo —desde el aborto masivo a los niños-soldado, desde la hipocresía de los medios a la explotación de la mujer se encuentran presentes en él.

(…)

En los demás países, si exceptuamos Polonia, no hay un interés especial por la arquitectura religiosa. Un pequeño apunte puede ilustrar esta idea. La Fundación Le Corbusier dedica cada dos años un congreso a estudiar algún aspecto de la obra del maestro suizo. Han tenido que pasar ¡trece congresos! para que su arquitectura religiosa se comenzara a estudiar en 2004. Alguien puede pensar que el programa sacro es un tema menor dentro de la obra de Le Corbusier. Yo, personalmente, lo dudo. Sin embargo, una vez encontrado el filón, las iglesias de Le Corbusier se están empezando a estudiar en profundidad. Recientemente, los hermanos Glauco y Giuliano Gresleri han publicado el imprescindible libro Le Corbusier. Il programma liturgico. 

(…)

Ahora bien: ¿la Iglesia católica necesita de la arquitectura, del arte o tan solo de espacios útiles? Vistos los infructuosos intentos que se han realizado durante los últimos años, casi nos vemos inclinados a decir que a la Iglesia le basta con que los espacios sean neutros y dignos. El ego del artista no hace ninguna falta en el interior de una iglesia. Sin embargo,  Juan Pablo II afirma que la Iglesia sigue necesitando del arte para hacer visible lo invisible, para transmitir el mensaje que Cristo le ha confiado. Es ésta una idea que se repite a lo largo de la carta, como si no estuviera clara, como si los propios cristianos no la tuviésemos clara. Quisiera destacar algo que me parece fundamental: Juan Pablo II dice que la Iglesia tiene necesidad del arte para hacer perceptible y fascinante el mundo del espíritu. Pero, sin embargo, añade poco después la  especial necesidad de la Iglesia se da en el plano literario y figurativo  como Cristo hizo uso de las  imágenes de las parábolas. Incluso el Santo Padre llega a afirmar que la Iglesia tiene necesidad de los arquitectos.

Pero ¿es imprescindible el anonimato del artista dentro de una iglesia? ¿Es posible, hoy en día, ese arte sacro comunitario que reclamaba Couturier como fruto de una civilización cristiana? ¿Debe darse por superada la época de las intervenciones abstractas en los espacios de culto? Desde luego, una de las intervenciones recientes más significativas de un artista consagrado en un lugar de culto ha sido la que ha realizado Miquel Barceló en el Capilla del Santísimo de la Catedral de Palma de Mallorca. El trabajo con una persona de este tipo conlleva riesgos evidentes, pero también la seguridad de alcanzar un resultado que perdure y trascienda nuestra cotidianeidad. No voy a adelantarme a las palabras de la profesora Mercé Gambús. Simplemente me gustaría, desde aquí, felicitar al cabildo de la catedral y a su deán, Joan Darder, por haber aceptado ese reto.

La remodelación de la capilla Redemptoris Mater de los palacios vaticanos fue el regalo que el Colegio Cardenalicio realizó a Juan Pablo II con motivo de sus bodas de oro sacerdotales (1995) El proyecto se encargo al Centro Aletti de Asís, dirigido por el sacerdote jesuita serbio Marko Ivan Rupnik. La idea de incorporar el arte del este de Europa al corazón de la cristiandad se encontraba en la misma línea que el nombramiento como copatronos de Europa a los hermanos Cirilo y Metodio, evangelizadores de los países eslavos. El proyecto es teológicamente muy completo, complejo en su ejecución y difícilmente clasificable. Sin embargo, es figurativo y resulta fascinante. Pienso que una contraposición en paralelo entre la intervención de Rupnik en el Vaticano y la de Barceló en Palma podría ser estimulante y clarificadora.

 

Invito leer el articulo completo

(Si no funciona el enlace googlear:  Esteban Fernández Cobian Arquitectura religiosa contemporánea. El estado de la cuestión)

Y tambien mi post  Arka Pana . el arca del Señor - Esteban Fernández Cobián 

 

 

 

jueves, 2 de febrero de 2017

«Arka Pana» El Arca del Señor - la iglesia de la Madre de Dios, Reina de Polonia - Esteban Fernandez–Cobián

«Arka Pana»: la iglesia de la Madre de Dios, Reina de Polonia
Wojciech Pietrzyk y Jan Grabacki, Nowa Huta (Polonia), 1967/77

«La construcción de iglesias nuevas en Polonia representa una silenciosa epopeya que algún día será necesario historiar para que conozcamos los cristianos de Occidente el nivel de valentía y tenacidad alcanzado por nuestros hermanos polacos» (José María Javierre Ortas, «Nowa Huta, el hermoso templo del cardenal Wojtyla», ARA, 58 (1978), pág. 105).

1. NOWA HUTA


Durante los primeros años de la ocupación soviética de Polonia, las autoridades comunistas decidieron construir una nueva ciudad industrial en el cinturón metropolitano de Cracovia. Se trataba de erigir la ciudad socialista perfecta, planificada como oficialmente atea: sería «la ciudad sin Dios». La actuación tenía un profundo significado: se trataba de humillar a Cracovia, y por lo tanto, a Polonia entera. Porque Cracovia era la capital histórica, culta y refinada, universitaria y religiosa donde, entre otras cosas, se encontraban los panteones de los Reyes y de los hombre ilustres de Polonia; la ciudad monumental que se había salvado de la destrucción en numerosas ocasiones gracias a la tutela que había ejercido sobre ella el Imperio Austrohúngaro tras el reparto de 1795. En Nowa Huta (que significa «Nueva Siderurgia»), se construyeron los altos hornos más importantes del país, donde llegaron a trabajar cuarenta mil obreros procedentes de todos los rincones de Polonia.

Tadeusz Ptaszycki coordinó el equipo de arquitectos que realizó las construcciones más significativas. Para la ideología del social-realismo soviético, el arte debía ser nacional en su forma y socialista en su contenido; por eso, como después de la guerra sólo se había conservado la Cracovia renacentista, se tomó el Renacimiento como estilo nacional polaco, y de esta forma se decidió edificar Nowa Huta. Las obras comenzaron el 23 de junio de 1949.

Pero no todo se pudo realizar como el «establishment» soviético pretendía. En 1960 comenzaron las manifestaciones de ciudadanos que demandaban la construcción de una iglesia para la ciudad; hubo muertos y heridos. ¿Qué estaba ocurriendo?



2. LA DEFENSA DE LA CRUZ

De todos los estados satélites de la antigua URSS, Polonia fue el único que pudo conservar una cierta continuidad en la arquitectura religiosa; no obstante, los proyectos de edificación tuvieron que superar innumerables obstáculos, y muchos sacerdotes pagaron con su vida la osadía de desafiar al sistema. La iglesia de Nowa Huta —el Arca del Señor o «Arka Pana», como se la denominaría popularmente— se convirtió en todo un símbolo de la resistencia de la llamada «Iglesia del silencio» contra la imposición del ateísmo marxista. Sus promotores fueron dos: Karol Wojtyla, que entonces era obispo de Cracovia y que luego accedería al papado con el nombre de Juan Pablo II, y Jozef Gorzelany, que en 1965 sería nombrado párroco de la ciudad.


Como ha señalado el cardenal Giovanni Battista Re en la presentación del libro «¡Levantáos! ¡Vamos!», un rasgo que caracterizó a Karol Wojtyla durante toda su vida fue la valentía; una valentía que le llevó a afrontar sin temores las situaciones más difíciles, haciéndolo por Dios y por el bien de los hombres. Y precisamente, uno de los episodios más significativos de su coraje fue éste. El padre Werenfried van Straaten, que a través de la organización «Ayuda a la Iglesia que Sufre» recaudaba medios para realizar lugares de culto en la Europa del éste, consideraba la construcción de esta iglesia —«un arca en medio del Mar Rojo», como le gustaba decir— como «una de las actividades más arriesgadas que jamás se han llevado a cabo en un país comunista» (Cf. www.ain-es.org [20 de junio de 2005]).

El propio Juan Pablo II relataba años más tarde: «El conflicto comenzó en un gran barrio residencial, en Bienczyce. Inicialmente, después de las primeras solicitudes, las autoridades comunistas concedieron permiso para construir la iglesia y asignaron también el terreno. La gente puso inmediatamente en él una cruz. Sin embargo, el permiso acordado en tiempos del arzobispo Baziak fue retirado y las autoridades decidieron que se quitara la cruz. La gente se opuso inmediatamente. Siguió incluso un enfrentamiento con la policía, con víctimas y heridos. El alcalde de la ciudad pedía que se ‘calmara a la gente’. Este fue uno de los primeros episodios de una larga batalla por la libertad y la dignidad de aquella población, que el destino había llevado a la parte nueva de Cracovia» («¡Levantáos! ¡Vamos!», Plaza y Janés, Barcelona, 2004, pág. 77-78).
En efecto, como obispo auxiliar, Karol Wojtyla mantuvo una larga correspondencia con las autoridades para obtener el permiso para levantar una iglesia. Una y otra vez la respuesta fue negativa, hasta que en 1958 el partido concedió, con reticencias, la licencia de obras. Se puso una cruz en el solar designado. La cruz era derribada por la noche, y una y otra vez, reaparecía semanas después. Mientras tanto, Wojtyla y otros sacerdotes celebraban la misa allí, a cielo abierto, en invierno y en verano, bajo la lluvia y la nieve o bajo un sol abrasador. Pacientemente, miles de personas hacían fila para comulgar, pero la tensión iba en aumento.
La situación estalló el 27 de abril de 1960, cuando las autoridades enviaron un bulldozer para retirar la cruz. Ese mismo día, el Ministro de Cultura y Artes, Lucjan Motyka, fue duramente increpado por los manifestantes que se concentraron frente al hospital donde se encontraba convaleciente; como él recordaría más tarde, Motyka estaba convencido de que las palabras de calma del obispo habían evitado un peligroso altercado.

El 25 de diciembre de 1960, Wojtyla celebró la primera Misa del Gallo al lado de la cruz de madera, con una temperatura que rondaba los diez grados bajo cero. Le acompañó muchísima gente. Este gesto, repetido año tras año, constituyó un fuerte argumento en las negociaciones con las autoridades: los ciudadanos tenían derecho a participar en las celebraciones religiosas en condiciones más humanas que aquellas.

Sin embargo, en 1962 el gobierno retiró definitivamente el permiso de construcción. Entonces comenzó el enfrentamiento directo entre el obispo y las autoridades comunistas. Fue una agotadora guerra de nervios, sobre todo con el jefe de la Oficina Provincial encargada de las cuestiones religiosas, un hombre «comedido durante las conversaciones, pero muy duro e intransigente en las decisiones que tomaba después y que denotaban un ánimo desconfiado y malévolo» (Ibídem). Wojtyla, tenaz y a la vez prudente, evitó choques sangrientos, pero mantuvo la protesta y la presión hasta que en 1967 las autoridades permitieron a los obreros erigir la nueva iglesia; eso sí, la tendrían que levantar con sus propias manos.



El 14 de octubre de 1967, el recién creado cardenal Wojtyla celebró la misa que dio comienzo a la construcción de la iglesia. Se usó maquinaria muy rudimentaria, ya que ninguna empresa constructora pudo trabajar en el edificio. Don Karol acudió a la obra a trabajar de peón albañil codo con codo con tantos voluntarios. Para que se sintieran involucrados en la construcción del templo, el párroco Gorzelany tuvo la feliz idea de pedir a cada uno de los fieles que llevara una piedra. El 18 de mayo de 1969 se colocó la primera, que provenía de los restos de la basílica constantiniana de San Pedro y que había sido expresamente bendecida por el papa Pablo VI. La construcción del Arka Pana se convertía en un símbolo de la Iglesia universal.



Durante los diez años que duraron las obras, cada domingo se celebraban diez o doce misas al aire libre, alrededor de la cruz. A cada una de ellas asistía una media de cinco mil personas. Lo único que estaba cubierto era el altar. Según testigos presenciales, el ambiente que se respiraba era impresionante (Cf. M.A. de R.G., «Nowa Huta-Polonia», ARA, 41 (1974), pág. 108). Para mayor dolor de los mandos políticos, la iglesia de Nowa Huta se estaba haciendo con un coste económico nulo: todos los gastos y la mano de obra los aportaban los obreros que trabajaban en las fábricas comunistas. El pueblo polaco había ganado esa batalla. Cuando en 1977, un año antes de ser elegido Papa, el cardenal Wojtyla consagró la iglesia de la Madre de Dios, dijo: «¡En Polonia no se puede luchar contra la religión en nombre de los trabajadores porque para el trabajador polaco, la religión es riqueza, luz, verdad y vida!»

3. EL ARCA DEL SEÑOR

El enorme y magnífico edificio concebido por Wojciech Pietrzyk, en realidad alberga tres iglesias superpuestas; cada una de ellas posee una entrada a distinto nivel y numerosas obras de arte enviadas de todo el mundo; cada objeto, cada detalle, es un símbolo de la historia polaca y del mundo cristiano. Así, por ejemplo, el cardenal Franz Köenig (que luego resultaría decisivo en el cónclave que eligió a Wojtyla como sucesor de Pedro), envió desde Viena el material que se utilizó para construir la gran cruz exterior. Por su parte, los cristianos holandeses regalaron siete campanas, que más tarde se colgaron de un largo soporte dispuesto sobre la escalinata de acceso al templo.
Pietrzyk había propuesto una iglesia de formas blandas, que además de contrastar con la retícula uniforme de la ciudad, recordaba al Arca de Noé, metáfora perfectamente comprensible para la gente que, como había ocurrido con el diluvio, quería sobrevivir a la opresión del comunismo. El ingeniero Jan Grabacki se encargó de calcular la estructura.



Un mástil de sesenta metros de alto, donde se colocó una corona real, sostiene la malla tridimensional de acero que conforma la cubierta; una cubierta que flota ingrávida, aparentemente sostenida por la luz rasante que penetra en el templo a través de las ranuras que existen entre ella y los paramentos de cierre. Las fachadas del edificio son láminas curvas de hormigón armado que se recubrieron con miles de cantos rodados, colocados uno a uno sobre una capa de mortero dispuesta sobre el hormigón.


La iglesia se pensó para que pudiera acoger cuatro parroquias distintas. «Los equipos parroquiales funcionan bajo una coordinación programada, y están ensayando una fórmula pastoral de convivencia en la misma única iglesia. También desde este punto de vista, ‘la iglesia del cardenal Wojtyla’ ofrece sugestivo interés» (Javierre Ortas, J.M., cit., pág. 107).

En la entrada de la cripta se alinean distintos grupos escultóricos realizados en madera por Antoni Rzasa: la Piedad, la Piedad de la Westerplatte, la Piedad del réquiem, la Piedad de la Tierra Polaca, la Piedad de Auschwitz, la Piedad de Varsovia agonizante, así como el Cristo crucificado y María Magdalena, San Maximiliano Kolbe, y una imagen de la Virgen realizada con balas de cañón procedentes del campo de batalla de Montecassino (Italia). (Sobre Antoni Rzasa puede verse: Thibaudat, J-P., «La forêt de Christ d’Antoni Rzasa», Liberation, 02/10/2004, crónica de a la exposición realizada en el Centro Cultural de la Abadía Real de Fontevraud, Francia, 2004.)

Ya en el interior, la nave principal está presidida por un impresionante Crucificado de ocho metros de alto, obra de Bronislaw Chromy, que lleva en el pecho el escudo de Polonia. Fue fundido con la metralla de las heridas de los soldados polacos, recogida y enviada desde todas las partes del país. El resto del equipamiento litúrgico también es interesante. Bajo el altar, realizado con un gran bloque de mármol de Carrara, se guardan las reliquias de San Estanislao, procedentes de la catedral del Wawel. Detrás, se encuentra el tabernáculo, una piedra que simboliza el cosmos como morada de Dios, donde está encastrado el pequeño cristal de rutilo que trajo desde la Luna el equipo de astronautas del Apolo XI (Armstrong, Aldrin y Collins).


Asimismo, el techo de la nave se revistió con infinidad de tablillas de madera, que le dan al espacio un carácter cálido y acogedor. No deja de resultar sorprendente cómo se ha conseguido integrar en un mismo espacio piezas de vanguardia, el icono de Jasna Gora o la imagen de la Virgen de Fátima, y a la vez, lograr una amplia aceptación popular.

En los años siguientes a su consagración, esta iglesia siguió siendo uno de los principales símbolos de la resistencia de Polonia. Durante el estado de excepción que se decretó en 1981, en los alrededores del Arka Pana se desarrollaron enfrentamientos entre la Milicja y la gente de Nowa Huta. Estos altercados tenían lugar habitualmente después de las concentraciones que se celebraban para rezar por la liberación de la patria del yugo del totalitarismo. Para recordar estos hechos se erigió un pequeño monumento dedicado a las víctimas del estado de excepción, que se encuentra exactamente en el lugar donde mataron al obrero Boguslaw Wlosik


Durante la misa que celebró en la vecina abadía cisterciense de Mogila, en su primera peregrinación a Polonia (1979), Juan Pablo II se refirió varias veces a la historia de la construcción del Arka Pana. Y es que, como decía un antiguo embajador de España ante la Santa Sede, tal vez allí esté la mejor imagen, hecha templo, de la ilusión pastoral del sacerdote, obispo y Papa, Karol Wojtyla.
Esteban Fernández Cobián
Publicado originariamente en Ars Sacra (Madrid), 34 (2005), pág. 95-101

ARKA PANA






-o-

El Dr. Esteban Fernández-Cobián es docente de la Universidad da Coruña, España. Quien desee investigar acerca de su fructífera labor puede consultarlo aqui 
Se ha publicado este estudio con su permiso. Desde aquí agradezco sinceramente su gentileza en otorgarlo. Todas las fotografías son de su publicación en el blog; sus publicaciones posteriores pueden verse en este sitio  
Personalmente para mí el tema Nowa Huta/Arka Pana es fascinante por lo que la construcción de este templo significó para el pueblo polaco y sus incansables pastores en aquellas épocas tan difíciles del comunismo.