Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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viernes, 3 de noviembre de 2023

San Carlos Borromeo y Juan Pablo II “Jesucristo es mi vida”


 (Imagen de Wikimedia)

El 4 de noviembre de 1972, fiesta de San Carlos Borromeo  en su homilía en la Iglesia de Santa Catalina en Cracovia el Cardenal Wojtyla se planteaba la pregunta: Quien es este San Carlos para mí? Quien es mi patrono para mí? ……Es un constante recordatorio de mi unión particular con Jesucristo, de mi pertenencia a El…. Y a partir del momento que su nombre fue mi nombre, Yo también asumí  el significado pleno de estas palabras: “Jesucristo es mi vida.” (Boniecki: Kalendarium) 

El 4 de noviembre de 1978, en su primer discurso como Pontífice,  el día de su onomástico así les hablaba de su vida y de su santo Patrono al Sagrado Colegio, siempre consciente de la rica herencia recibida de sus padres,  del inmenso don recibido y su identificación con su santo patrono: 

“Deseo agradecer de todo corazón las expresiones de benevolencia hacia mi persona. El día del santo siempre hace converger la atención y cariño de los más cercanos, de la familia, hacia la persona que lleva un nombre determinado. Este nombre nos recuerda el amor de nuestros padres que al imponerlo querían en cierto modo precisar el puesto de su hijo en la comunidad de amor que es la familia. Ellos han sido los primeros que le han llamado con ese nombre y con ellos, los hermanos y hermanas, los parientes, los amigos y los compañeros. Y así el nombre ha trazado el camino del hombre entre los hombres; entre los hombres más cercanos y más queridos.

Pero el misterio del nombre va más lejos. Los padres, que impusieron el nombre al niño en el bautismo, querían indicar su puesto en la gran asamblea de amor que es la Familia de Dios. La Iglesia sobre la tierra propende incesantemente hacia las dimensiones de esta familia en el misterio de la Comunión de los Santos. Al imponer el nombre al propio hijo, los padres quieren introducirlo en la continuidad de este misterio.

Mis padres queridísimos me dieron el nombre de Karol (Carlos), que era también el nombre de mi padre. Ciertamente, jamás pudieron prever ellos (los dos murieron jóvenes) que este nombre iba a abrir a su niño el camino entre los grandes acontecimientos de la Iglesia de hoy.

¡San Carlos! Cuántas veces me he arrodillado ante sus reliquias en la catedral de Milán. Cuántas veces he meditado en su vida, contemplando en mi mente la figura gigantesca de este hombre de Dios y siervo de la Iglesia, Carlos Borromeo, cardenal, obispo de Milán y hombre del Concilio. Es él uno de los grandes protagonistas de la reforma profunda de la Iglesia del siglo XVI, realizada por el Concilio de Trento, que quedará siempre vinculada a su nombre; también es él uno de los artífices de la institución de los seminarios eclesiásticos, confirmada en toda su esencia por el Concilio Vaticano II. El fue asimismo siervo de las almas, que no se dejaba nunca amedrentar; siervo de los que sufrían, de los enfermos, de los condenados a muerte.

¡Mi Patrono! En su nombre mis padres, mi parroquia y mi patria se proponían prepararme desde el principio a un singular servicio a la Iglesia, en el contexto del actual Concilio, con tantas tareas inherentes a su puesta en práctica, y también en el conjunto de las experiencias y sufrimientos del hombre de hoy.”

jueves, 4 de noviembre de 2021

4 de noviembre San Carlos Borromeo, santo patrono de Karol Wojtyla

 

(Imagen de Wikimedia)

“Te amo, mi Dios, mi fortaleza” San Carlos Borromeo

 El 4 de noviembre de 1973 la parroquia de Raciborowice, a unos 9 kms de Cracovia, Polonia, celebraba los 500 años de su consagración. Allí el Arzobispo de Cracovia Karol Wojtyla en su homilía recordaba el pequeño pueblo cercano de Bienczyce, que atendía aquella parroquia. Ese pequeño pueblo se convertiría en un suburbio de Cracovia y su capilla en aquel “lugar” tan especial  de una parte de la historia de la Iglesia en Polonia,  historia de las luchas del pueblo contra el así llamado “poder popular”,  en defensa de su derecho de profesar su fe y orar en público, un espacio santo que sigue siendo testimonio de la fortaleza de la religiosidad del pueblo polaco durante el régimen comunista, allí donde nació “la nueva evangelización”:  la simbólica ArkaPana (El Arca del Señor) de Nowa Huta.

 Aquel mismo día el Arzobispo Wojtyla visitaba también la cercana parroquia de Niepolomice que lo había invitado para las celebraciones de la fiesta de SanCarlos Borromeo, segundo patrono de la parroquia y santo patrono de Karol Wojtyla.  Alli el Arzobispo Wojtyla recordaba a San Carlos, patrono del cual se sentía orgulloso y cuya trayectoria fuera tan similar a la suya propia y que él siempre  gustaba recordar resaltando el celo de pastor de su santo patrono. 

El 4 de noviembre de 1984 ya como Papa Juan Pablo II reiteraba su profunda admiración por San Carlos Borromeo en su homilía con ocasión de la Santa Misa en honor al400 centenario de su muerte, homilía que Juan Pablo II  comenzaba con la cita del salmo 23,1 “El Señor es mi pastor”. 

 “San Carlo Borromeo – decía el Papa Juan Pablo II  - fue el Obispo de Trento y un gran pastor de la Iglesia, ante todo porque el mismo siguió a Cristo Buen Pastor. Lo siguió con constancia, escuchando sus palabras y actuando de modo heroico. El Evangelio fue para él la verdadera palabra de vida, plasmándose en sus pensamientos y en su corazón, en sus decisiones y en su actuar. Por otra parte San Carlos fue por excelencia el “Obispo del Concilio de Trento”, y de las instituciones de concilios provinciales y de sínodos diocesanos, tan recomendados en Trento, que resurgían después de un largo olvido que venía de la edad media. En estas asambleas eclesiales Borromeo también toma conciencia, en total acuerdo a la inspiración tridentina, que la reforma debe comenzar por el testimonio de buenos pastores y de buenos sacerdotes. Subrayaba además el Papa Juan Pablo II las visitas pastorales de Borromeo y citaba las palabras de su antecesor el Papa Pablo VI que sostenía que una de las características más notables de su episcopado fue su intento de “crear una santidad del pueblo, una santidad colectiva, de hacer santa toda la comunidad”.

 Reflexionando  tan solo brevemente sobre la similitud del afán pastoral de San Carlos Borromeo y de San Juan Pablo II podemos concluir que Karol Wojtyla fue un verdadero discípulo de su santo patrono en quien había encontrado un modelo de vida sacerdotal y de actividad pastoral. 

 

viernes, 4 de noviembre de 2016

San Carlos Borromeo - La fiesta onomástica y la gracia de nuestro bautismo


“La fiesta de hoy atrae ahora nuestra atención hacia el gran obispo y confesor de la fe, San Carlos Borromeo, cuyo nombre yo recibí en el bautismo. A cuantos se unen en la oración conmigo en la fiesta de hoy, quiero repetirles —como ya lo hice el pasado miércoles— las palabras de San Pablo en la Carta a los Efesios: "Rezad... por todos los santos, y también por mi, para que, al abrir mi boca, se me conceda la palabra para dar a conocer con franqueza el misterio del Evangelio..." (Ef 6, 18-20). Este servicio al Evangelio de Jesucristo lo realizó heroicamente San Carlos con todas sus fuerzas. Su celo pastoral y su infatigable entrega al Pueblo de Dios a él encomendado han sido siempre un ejemplo para mí.

La fiesta onomástica nos recuerda igualmente la gracia de nuestro bautismo, a través del cual hemos sido sepultados con Cristo para resucitar también con El de entre los muertos. Sólo si estamos dispuestos a caer en tierra, como el grano de trigo, y morir con Cristo, podemos realmente dar fruto. El mismo Cristo nos ha anunciado: "El que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la hallará" (Mt 16, 25). Pidamos unos para otros el coraje necesario para arriesgar como creyentes nuestra vida por Cristo y su Reino. Para ello, con mis mejores deseos de un día feliz y dichoso en la Ciudad Eterna, os imparto cordial-mente a todos vosotros mi bendición apostólica.”



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jueves, 4 de noviembre de 2010

San Carlos Borromeo, celoso obispo

Reliquia guardada en el Altar del corazón de San Carlos, sito en el deambulatorio (*) detrás del altar mayor de la Basílica de los Santos Ambrosio y Carlos en Roma.

Fue donada por el Arzobispo de Milano en señal de gratitud por la construcción de la Iglesia, cuya piedra fundamental fue colocada el 29 de enero de 1612.

Hoy conmemoramos a San Carlos Borromeo, “celoso obispo, reformador de la Iglesia después del concilio de Trento, un gran bienhechor de los pobres”, santo patrono de Karol Wojtyla.

En la Audiencia del 4 de noviembre de 1981 decía el Papa Juan Pablo II:
“Cuando, algunas veces en mi vida, he tenido ocasión de celebrar el Santísimo Sacrificio en la cripta de la catedral de Milán, donde descansa el cuerpo de San Carlos, se me presentaba ante los ojos toda su actividad pastoral dedicada hasta el fin al pueblo al que había sido enviado. Concluyó esta vida el año 1584, a la edad de 46 años, después de haber prestado un heroico servicio pastoral a las víctimas de la peste que habla afligido a Milán.

Interior de la Basilica de los Santos Ambrosio y Carlos, Roma


3. He aquí algunas palabras pronunciadas por San Carlos, indicativas de esa total entrega a Cristo y a la Iglesia, que inflamó el corazón y toda la obra pastoral del Santo. Dirigiéndose a los obispos de la región lombarda, durante el IV Concilio Provincial de 1576, les exhortaba así: "Estas son las almas para cuya salvación Dios envió a su único Hijo Jesucristo... El nos indicó también a cada uno de los obispos, que hemos sido llamados a participar en la obra de la salvación, el motivo más sublime de nuestro ministerio y enseñó que, sobre todo, el amor debe ser el maestro de nuestro apostolado, el amor que El (Jesús) quiere expresar por medio de nosotros, a los fieles que nos han sido confiados, con la predicación frecuente, con la saludable administración de los sacramentos, con los ejemplos de una vida santa... con un celo incesante" (cf. Sancti Caroli Borromei Orationes XII, Romae 1963. Oratio IV).”

(*) Deambulatorio: En las catedrales y otras iglesias, espacio transitable situado detrás del presbiterio que da ingreso a otras capillas situadas en el ábside. (RAE)
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domingo, 4 de noviembre de 2007

San Carlos Borromeo, santo patrono de Karol Wojtyla

Hoy, 4 de noviembre, domingo XXXI del tiempo ordinario Ciclo C, la Iglesia en su Santoral recuerda la figura de San Carlos Borromeo, obispo y confesor, arzobispo y Cardenal. Fue el santo patrono de Karol Wojtyla / Juan Pablo II

De la Audiencia General de Juan Pablo II el 4 de noviembre de 1981
San Carlos Borromeo, concluyó esta vida el año 1584, a la edad de 46 años, después de haber prestado un heroico servicio pastoral a las víctimas de la peste que habla afligido a Milán. Su cuerpo descansa en la cripta de la catedral de Milán. Participó activamente en el Concilio Tridentino desde Roma y la Iglesia le debe una radical renovación del clero, a la cual contribuyó la institución de los seminarios, cuyo origen se remonta al Concilio de Trento … y muchas obras, entre ella la institución de las cofradías, de las pías asociaciones, de los oblatos-laicos, que prefiguraban ya a la Acción Católica, los colegios, los hospitales para pobres, y finalmente la fundación de la Universidad de Brera en 1572…….su vida podría sintetizarse en tres expresiones magníficas: fue un Pastor santo, un maestro iluminado, un prudente y sagaz legislador….

….En el bautismo recibí el nombre de San Carlos. Me ha sido otorgado vivir en los tiempos del Concilio Vaticano II, el cual, como antes el Concilio Tridentino, ha tratado de mostrar el sentido de la renovación de la Iglesia según las necesidades de nuestro tiempo. Pude participar en este Concilio desde el primer día hasta el último. Me fue dado también —como mi Patrono— pertenecer al Colegio Cardenalicio. Traté de imitarle, introduciendo en la vida de la archidiócesis de Cracovia las enseñanzas del Concilio Vaticano II…

…Hoy, día de San Carlos, medito la gran importancia que tiene el bautismo, en el que recibí precisamente su nombre. Con el bautismo, según las palabras de San Pablo, somos sumergidos en la muerte de Cristo para recibir de este modo la participación en su resurrección….
…..Mediante el bautismo, cada uno de nosotros recibe la participación sacramental en esa Vida que —merecida a través de la cruz— se ha revelado en la resurrección de nuestro Señor y Redentor. Al mismo tiempo, arraigándonos con todo nuestro ser humano en el misterio de Cristo, somos consagrados por primera vez en El al Padre. Se realiza en nosotros el primero y fundamental acto de consagración, mediante el cual, el Padre acepta al hombre como su hijo adoptivo: el hombre se entrega a Dios, para que en esta filiación adoptiva realice su voluntad y se convierta de manera cada vez más madura en parte de su Reino. El sacramento del bautismo comienza en nosotros ese "sacerdocio real", mediante el cual participamos en la misión de Cristo mismo, Sacerdote, Profeta y Rey….