Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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domingo, 3 de agosto de 2025

Juan Pablo II y “el milagro de aquella noche”

 


Este testimonio escrito por Gianluigi De Palo (*) fue publicado en la revista Totus Tuus (Causa de Beatificación y Canonización de Juan Pablo II) Nr 4 año 2010.

 


Recuerdo aún hoy la noche del 19 de agosto de 2000.  Al anochecer, estaba muerto de cansancio por la marcha para llegar a la explanada y la espalda me quemaba por el peso de la mochila y el calor del sol.  Estaba un poco distraído por el cansancio, y entre bostezos, esperaba ansiosamente el momento de meterme, sin fuerzas, en el saco de dormir, que me había acompañado en Loreto y en París. Y mientras tanto – de verdad – pensaba en otras cosas.  Juan Pablo II comenzó a hablar: «Y vosotros ¿Quién decís que soy yo?” Jesús plantea esta pregunta a sus discípulos…. Jesús quiere que los discípulos… Jesús quiere que los discípulos se den cuenta de lo que está escondido en sus mentes y en sus corazones….» Aquella noche cambió mi vida. Las palabras del Papa fueron como u8na patada ean el estomago cuando menos te lo esperas. Todo lo que decía era aquello que había deseado siempre. Daba voz a las palabras escritas en mi interior. «Hoy estáis reunidos aquí para afirmar que en el nuevo siglo  no os prestaréis a ser instrumentos de violencia y destrucción; defenderéis la paz, incluso a costa de vuestra ida si fuera necesario. No os conformaréis con el mundo en el que otros seres humanos mueren de hambre, son analfabetos, están sin trabajo. Defenderéis la vida en cada momento en su desarrollo terreno; os esforzaréis con todas vuestras energías en hacer que esta tierra sea cada vez más habitable para todos.» No quería darme por contento: quería que mi vida fuese una obra de arte, quería dar mi vida, mi energía, mi entusiasmo por algo grande: me daba cuenta de ello con claridad.  Y sin embargo, hasta ese momento me había resistido. Un freno, algo que me ataba y que no comprendía bien.  Pero sentía que explotaba dentro de mí una fuerza mayor. En aquellas horas, mientras el Papa hablaba, sentía que el Espíritu Santo soplaba en mi corazón. Aquel hombre anciano y enfermo era para mí la voz de Jesús, que me estaba cambiando la vida. Me empujaba a decisiones más fuertes y hermosas.

«¿es difícil creer en un mundo así? En el año 2000, ¿es difícil creer? Sí, es difícil. No hay que ocultarlo. Es difícil, pero con la ayuda de la gracia es posible». ¿Quería una vida fácil y cómoda, quería contentarme de poco? ¿Quería fáciles certezas? No, quería enamorarme cada vez más. Quería saciar una sed de infinito. Y Juan Pablo II me indicaba la vía. «En realidad, es a Jesús a quien buscáis cuando soñáis la felicidad: es Él  quien os espera cuando  no os satisface nada de lo que encontráis: es Él la belleza que tanto os atrae» Buscaba la plenitud, pero no encontraba su nombre. El Señor me estaba llamando: era precisamente yo un centinela de la mañana y tenía que prender fuego al mundo. Y el Papa me trazaba un programa de vida, que – aún hoy – continúa marcado en el fondo de mi alma.

En los años sucesivos, he encontrado muchas personas que han vivido el mismo milagro de aquella noche. Mi generación – nacida en 1976 – ha quedado profundamente marcada por Juan Pablo II y por las Jornadas mundiales de la Juventud. Y los frutos de la magnífica intuición de estos “laboratorios de la fe” los veremos en los próximos años, cuando nuestros hijos serán mayores. Y tendremos una generación de jóvenes confiados y trabajadores. Si reflexionamos bien, nos daremos cuenta que nadie ha invertido tanto en los jóvenes como Karol Wojtyla. Nadie había creído en mi como aquel hombre.

En diversas ocasiones, en las JMJ y en los encuentros con los jóvenes romanos he sentido casi como una confianza personal del Papa hacia mí. Era uno de tantos, pero su mirada estaba sobre mi, sus palabras iban dirigidas a mí.  Una sensación muy particular que sè que han percibido otros muchos. Han pasado diez años desde aquel 19 de agosto. Diez años muy intensos. De chiquillo me he convertido en un hombre. De novio  inmaduro me he convertido en esposo y padre de tres hijos. Pero sobre todo, aquel deseo de no resignarme ha dado frutos más allá de mis fuerzas y voluntad.  Llevo a cabo un servicio como Presidente de las Acli de Roma y como Presidente del Forum de las Asociaciones Familiares del Lacio. Dos cargos que me superan, dos responsabilidades inmensas que, a veces, me aplastan.

Aquel dia en Tor Vergata – me doy cuenta sólo hoy – el Papa hablaba de mi presente, me llamaba a ser lo que soy. Pequeño y débil, pero con la consciencia de no tener que resignarme.”

 (*) Presidente Acli de Roma y Forum Asociaciones Familiares del Lacio

 

Tor Vergata 25 años después

 



Como olvidar aquellos días de las JMJ del año 2000, el multitudunario encuentro en  Tor Vergata con ocasion de la XVI Jornada Mundial de la Juventud  y las palabras del Papa Juan Pablo II:

“¡No tengáis miedo de ser los santos del nuevo milenio!

 “En el año 2000, ¿es difícil creer? Si, es difícil. No hay que ocultarlo. Es difícil, pero con la ayuda de la gracia es posible, como Jesús dijo a Pedro: “No te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que  etá en los cielos”  (Mt, 16,17)



 “Cristo nos ama y nos ama siempre!”

“Nos ama incluso cuando lo decepcionamos, cuando no correspondemos a lo que espera de nosotros. Él no nos cierra nunca los brazos de su misericordia. ¿Cómo no estar agradecidos a este Dios que nos ha redimido llegando incluso a la locura de la Cruz? ¿A este Dios que se ha puesto de nuestra parte y está ahí hasta al final? 

 


Y ayer sábado 2 de agosto en el Diálogo del santo Padre LeonXIV con los jóvenes nos recordaba:   hace veinticinco años, precisamente en el lugar donde nos encontramos, san Juan Pablo II dijo: «es a Jesús a quien buscáis cuando soñáis la felicidad; es Él quien os espera cuando no os satisface nada de lo que encontráis; es Él la belleza que tanto os atrae; es Él quien os provoca con esa sed de radicalidad que no os permite dejaros llevar del conformismo; es Él quien os empuja a dejar las máscaras que falsean la vida; es Él quien os lee en el corazón las decisiones más auténticas que otros querrían sofocar» (Vigilia de oración en la XV Jornada Mundial de la Juventud, 19 agosto 2000). El miedo deja entonces espacio a la esperanza, porque estamos seguros de que Dios lleva a término lo que comienza.

 Y recordaba nuevamente hoy 3 de agosto, en la homilía de la Misa de Clausura : 



queridos jóvenes, nuestra esperanza es Jesús. Es Él, como decía san Juan Pablo II, «el que suscita en vosotros el deseo de hacer de vuestra vida algo grande, […] para mejoraros a vosotros mismos y a la sociedad, haciéndola más humana y fraterna» (XV Jornada Mundial de la Juventud, Vigilia de oración, 19 agosto 2000). Mantengámonos unidos a Él, permanezcamos en su amistad, siempre, cultivándola con la oración, la adoración, la comunión eucarística, la confesión frecuente, la caridad generosa, como nos han enseñado los beatos Pier Giorgio Frassati y Carlo Acutis, que próximamente serán proclamados santos. Aspiren a cosas grandes, a la santidad, allí donde estén. No se conformen con menos. Entonces verán crecer cada día la luz del Evangelio, en ustedes mismos y a su alrededor.

En Ángelus el Papa renovaba la invitacion que  el Papa Francisco hizo en Lisboa hace dos años: los jóvenes de todo el mundo se volverán a encontrar junto al Sucesor de Pedro para celebrar la Jornada Mundial de la Juventud en Seúl, Corea, del 3 al 8 de agosto de 2027, jornada que tendrá como lema : «Tengan valor: yo he vencido al mundo» (Jn 16,33).