Llamados a ser santos

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“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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viernes, 13 de noviembre de 2020

Formación y evolución en el pensamiento filosófico de Karol Wojtyła – Juan Manuel Burgos Velasco

 


El primer encuentro de Karol Wojtyła con la filosofía fue singularmente duro y estuvo causado por su decisión de ser sacerdote. Hasta ese momento se había movido casi exclusivamente en el terreno del pensamiento simbólico y literario, como correspondía a un poeta y estudiante de filología polaca que aspiraba a dedicarse al mundo del teatro [Ferrer 2007]. Pero los estudios sacerdotales imponían un bienio filosófico, y Karol Wojtyła se encontró frente a frente y sin mediaciones con una versión de la metafísica tomista abstracta, compleja y llena de fórmulas escolásticas. El impacto inicial fue muy arduo, pero después de una dura lucha intelectual por comprender, su valoración final fue muy positiva.

 Cuando aprobé el examen, dije al examinador que, a mi juicio, la nueva visión del mundo que había conquistado en aquel cuerpo a cuerpo con mi manual de metafísica era más preciosa que la nota obtenida. Y no exageraba. Aquello que la intuición y la sensibilidad me habían enseñado del mundo hasta entonces, había quedado sólidamente corroborado [Frossard 1982: 16].

 A partir de ese momento, intuición, sensibilidad y análisis filosófico estuvieron para siempre unidos en la mente plural de Wojtyła.

 La tradición eclesiástica del momento le condujo durante un buen número de años por la vía exclusiva del tomismo, y el punto álgido de este camino lo podemos situar en 1948, cuando contaba 28 años, fecha en la que finaliza en el Angelicum (Roma) la tesis doctoral en teología sobre La fe en S. Juan de la Cruz, bajo la dirección de Garrigou Lagrange [Wojtyła 1979]. De todos modos, ya entonces comenzaron a emerger algunos rasgos propios de su peculiar visión intelectual. Ante todo, encontramos su primera toma de contacto con un tema que sería central en todo su filosofía posterior: la experiencia y la vivencia subjetiva. Y también resulta significativa la discusión que al parecer mantuvo con Garrigou-Lagrange por su rechazo a considerar a Dios como objeto [Buttiglione 1982: 62].

 Posteriormente, de vuelta en Polonia, su visión tomista se enriquecería con el contacto con las tres corrientes de tomismo que por aquel entonces prevalecían en este país: el tomismo tradicional cuya figura principal era el profesor de metafísica Stanislaw Adamczyk; el tomismo existencial que respondía a un tomismo renovado con las aportaciones de Maritain y Gilson y con aperturas fenomenológicas, cuyo representante principal fue el profesor Swiezawski, y una versión polaca del tomismo trascendental de Lovaina liderada por Mieszyslaw Krapiec. De todos modos, para una variación significativa en la orientación de su pensamiento, hay que esperar a su tesis de filosofía sobre Max Scheler: Valoración sobre la posibilidad de construir la ética cristiana sobre las bases del sistema de Max Scheler (1954) [Wojtyła 1982a]. Este momento fue central en su evolución intelectual y él mismo lo ha reconocido en diversas ocasiones:

Debo verdaderamente mucho a este trabajo de investigación [la tesis sobre Scheler]. Sobre mi precedente formación aristotélico-tomista se injertaba así el método fenomenológico, lo cual me ha permitido emprender numerosos ensayos creativos en este campo. Pienso especialmente en el libro Persona y acto. De este modo me he introducido en la corriente contemporánea del personalismo filosófico, cuyo estudio ha tenido repercusión en los frutos pastorales [Juan Pablo II 1996: 110].

 Al estudiar a Scheler, Karol Wojtyła descubrió un panorama nuevo al que no había tenido acceso en sus estudios romanos: la filosofía contemporánea en una versión especialmente interesante, la fenomenología realista de Scheler. El interés de esta vía radicaba en su posibilidad de integración con el pensamiento cristiano tradicional y, en particular, con el tomista, que era el que en aquel momento el joven Wojtyła profesaba. De hecho, el objetivo de su tesis consistió en intentar determinar la validez de la teoría scheleriana para la ética cristiana. Su conclusión fue la siguiente. El esquema de Scheler, en cuanto tal, como estructura, era incompatible con la ética cristiana, entre otras cosas por su concepción actualista de la persona y por su emocionalismo, pero Scheler utilizaba un método –el fenomenológico– que parecía particularmente útil y productivo; además, proponía temas novedosos muy aprovechables para renovar la ética: la importancia de los modelos, el recurso a la experiencia moral, etc. [Wojtyła 1982a: 216-219].

Este momento es crucial en el pensamiento de Wojtyła, puesto que le permitió acceder al conocimiento profundo de la tradición fenomenológica que constituye, junto con el tomismo, el soporte central de su filosofía. En adelante, inició una andadura que le condujo, a través de un largo proceso de maduración, a su posición definitiva: una fusión orgánica de ambas desde una perspectiva personalista que tiene, a su vez, dos fuentes diversas. La primera es la experiencia personal (uno de los elementos recurrentes de su pensamiento). «Mi concepto de persona, “única” en su identidad, y del hombre, como tal, centro del Universo, nació de la experiencia y de la comunicación con los demás en mayor medida que de la lectura» [Frossard 1982: 16]. La segunda es la filosófica: el personalismo recibido a través de Mounier, Maritain y otros.

 Elaborar una visión personal le llevó tiempo y, por eso, puede advertirse con facilidad una evolución en su filosofía que le condujo paulatinamente desde un tomismo más bien clásico que puede apreciarse, por ejemplo, en sus primeros escritos de ética, a la formulación de un pensamiento original y sintético, que toma elementos de sus dos fuentes fundamentales, pero sin reducirse ni identificarse con ninguna de ellas.

Un ejemplo puede bastar como muestra de esta evolución: su posición sobre el método fenomenológico [Guerra 2002]. Su primer contacto con este método se produjo al realizar la tesis sobre Scheler y su conclusión fue la siguiente: «el papel de este método es secundario y meramente auxiliar» [Wojtyła 1982a: 218]. Wojtyła sostiene aquí la tesis clásica del tomismo respecto a la fenomenología. El método fenomenológico –desprovisto de su impulso idealista– puede ser asumido como un eficaz medio de enriquecer la exploración de la realidad. Pero tal exploración se detiene en el nivel externo y superficial y los datos que aporta deben ser anclados e integrados en la estructura metafísica, que es la esencial. Por eso es secundario. Pero años más tarde, en sus escritos de madurez, el planteamiento es muy diferente. En concreto, en un texto breve de 1978, pero muy importante, La subjetividad y lo irreductible en el hombre, afirma:

 Por su naturaleza la experiencia se opone a la reducción, pero esto no significa que se escape de nuestro conocimiento. La experiencia requiere ser conocida de modo diverso, se puede decir con un método, mediante un análisis que sea tal que revele y muestre su esencia. El método del análisis fenomenológico nos permite apoyarnos sobre la experiencia como algo irreductible. Este método no es en absoluto sólo una descripción que registra los fenómenos (fenómenos en sentido kantiano: como los contenidos que caen bajo nuestros sentidos). Apoyándonos sobre la experiencia como algo irreductible nos esforzamos en penetrar cognoscitivamente toda la esencia. De este modo captamos no solo la estructura subjetiva de la experiencia por su naturaleza, sino también su vínculo estructural con la subjetividad del hombre. El análisis fenomenológico, sirve, por consiguiente, para la comprensión transfenoménica y sirve también para revelar la riqueza propia del ser humano en toda la complejidad del compositum humanum» [Wojtyła 1978: 37-38].

 Como se puede observar, el método ya no es meramente un paseo por la superficie fenoménica de la realidad sino el procedimiento para sacar todo el partido a la experiencia y penetrar “toda la esencia”. Tiene, por tanto, un alcance trans-fenoménico. Entre estas dos expresiones han pasado 24 años, tiempo en el que Wojtyła no sólo ha modificado su percepción del análisis fenomenológico sino que también, en alguna medida, lo ha transformado dándole un alcance especial que le capacita para analizar con toda la profundidad necesaria la fuente de su antropología: la experiencia que el hombre tiene de sí mismo y de los otros.

 Así pues, la posición filosófica definitiva de Wojtyła –y el ejemplo lo muestra de manera fehaciente– es un personalismo forjado de una raíz fenomenológica y otra tomista al que accede a través de un largo período de reflexión. A continuación se exponen los contenidos principales de su filosofía siguiendo un orden cronológico puesto que, además de facilitar la comprensión de su itinerario intelectual, guarda una unidad temática bastante consistente. Las áreas-períodos en las que vamos a agrupar su pensamiento son cuatro: 1) la ética; 2) el amor humano; 3) la antropología y 4) la frustrada transición hacia una filosofía interpersonal y social. Existe también un Wojtyła teólogo que no consideramos en el presente escrito y también se dejan de lado algunos desarrollos de su pensamiento filosófico que se pueden encontrar en Encíclicas como Familiaris consortio o Laborem exercens porque plantean un problema hermenéutico impropio de un texto introductorio.

 (Tercer capítulo del trabajo escrito por Juan Manuel Burgos Velasco y cuyo índice se ofrece a continuación, que comienza con un breve esbozo biográfico, siempre dentro de la formación y evolución del pensamiento filosófico de Karol Wojtyla.  Invito visitar la página que nos ofrece una rica bibliografía y  detalla lo disponible en castellano)

 

Índice

1. Esbozo biográfico

2. Formación y evolución en el pensamiento filosófico de Karol Wojtyła

3. La Escuela ética de Lublin

4. Amor y responsabilidad (1960)

5. Persona y acto (1969)

6. La posición filosófica de Karol Wojtyła

7. El camino truncado: la filosofía interpersonal y social

8. Bibliografía

a) Obras de Karol Wojtyła

a.1) Libros

a.2) Recopilaciones de escritos en español

a.3) Selección de artículos de especial relieve (recogidos en las recopilaciones)

b) Estudios sobre Karol Wojtyła

 

 

viernes, 12 de junio de 2020

Karol Wojtyla: Profesor de Ética



Si bien es por todos conocida la vida y obra del autor polaco, hay una parte de su itinerario filosófico y espiritual, muy poco conocido, que es su período de profesor universitario de Ética en las Universidad de Cracovia y Lublin, que es lo que nos interesa detenernos para comprender mejor su concepción de la ley natural, ya que estamos ante un auténtico filósofo. Bien afirma José María Corzo, “Cuando el Cardenal Wojtyla fue elegido Papa, las agencias de noticias se apresuraron a resaltar que desde Adrián VI, hacía cuatro siglos, la Iglesia Católica no tenía un Papa no-Italiano. Ningún periódico hizo caer en la cuenta que también desde hacía siete siglos, desde Juan XXI, no había vuelto a subir al solio de Pedro un profesor de Filosofía”

Siguiendo una de las biografías mejor logradas, como es la de George Weigel , damos por conocida toda la etapa anterior y, empezamos en el año1951, por ser el año de mayor significación académica universitaria y donde comienza su formación ética que terminará en sus más de veinte años de docencia en ética.

Una vez concluido su doctorado en Teología en la Angelicum de Roma, con su tesis sobre la Fe en San Juan de la Cruz,  bajo la dirección del P. R. Garrigou Lagrange, y de algunas funciones pastorales de parroquia y capellanía universitaria que duraron unos tres años, el arzobispo Baziak decidió que el Padre Wojtyla debía retornar a la vida académica y obtener un segundo doctorado mediante la escritura de una tesis de habilitación en Filosofía que le permitiría enseñar a nivel universitario, por lo cual le concede dos años sabáticos académicos para completar la tesis. A sugerencia de un antiguo profesor decidió introducirse en la obra del filósofo Alemán Max Scheler, para comprobar si el nuevo estilo filosófico de éste le ayudaba a resolver el problema de la experiencia moral. A lo que concluye Wojtyla, una vez terminada su tesis, que no podía hacerlo en su totalidad pero que aun así había importantes cosas que aprender de Scheler, por ejemplo, su personalismo que rescataba la filosofía moral de las ásperas abstracciones de la ética kantiana y restituía el patetismo, el éxtasis y, de hecho, el ethos de la vida humana. También compartía la afirmación de Scheler de que las intuiciones humanas sobre la verdad de las cosas incluían las intuiciones morales, cierto conocimiento del corazón, que era, no obstante, un conocimiento real.

Bien concluye Weigel, que el resultado global sería lo que Wojtyla llamaría un modo de hacer filosofía que sintetizaba ambos enfoques: el realismo metafísico de Aristóteles y Santo Tomás de Aquino y la sensibilidad frente a la experiencia humana de la fenomenología de Max Scheler. Es decir, que el estudio del pensador Alemán, implicó para Wojtyla el primer intento de vincular y conciliar la objetividad realista arraigada en la Filosofía del Seminario y el Angelicum al énfasis de la filosofía moderna en la experiencia y la subjetividad humana.

En el año 1954, la Universidad de Jagellonica de Cracovia, le concedió el segundo doctorado, ahora en Filosofía. Un año antes, es decir, en el año 1953 comenzaría su docencia académica con un curso de Ética Social Católica en la Facultad de Teología de la Universidad Jagelloniana. Cuando la Facultad fue suprimida por el régimen comunista a principios de 1954, continúo el curso de Ética Social en la escuela de Teología que se organizó rápidamente para los seminaristas.

En esta época es cuando comenzó a dar forma el denominado proyecto de Lublin. La Universidad Católica de Lublin fue fundada en 1918. La facultad de Filosofía, se estableció en 1946. Los profesores de la UCL, empezaron a diagramar una iniciativa Filosófica que vinculara tres largas series de cuestiones: La Metafísica (una teoría general de la realidad, un modo de explicar las cosas en esencia) y la Antropología (la naturaleza y el destino de la persona humana) se encontrarían en la Ética.

 Este proyecto sería definido por cuatro hombres jóvenes. El grupo incluía a Jerzy Kalinowski, decano de la Facultad de Filosofía, especialista en Lógica y Filosofía del Derecho , Stefan Swiezawski, historiador de filosofía, el P. Mieczyslaw Albert Krapiec, dominico especialista en Metafísica y el Padre Karol Wojtyla, especialista en Ética. Empezaron con la convicción de ser radicalmente realistas en lo que se refería al mundo y a la capacidad humana de conocerlo.

Su filosofía partiría de una reflexión disciplinado sobre la persona y la experiencia humanas, en lugar de una cosmología. Es decir, el punto de partida será la Persona Humana.

En este contexto, es que en noviembre de 1956, en su tercer año como miembro docente de la UCL, Wojtyla sucederá al dominico Feliks Bednarski en la cátedra de Ética de la facultad de Filosofía de la UCL, puesto que ejercerá durante 22 años. Sus cursos implicaban un intenso dialogo con las principales figuras de la tradición filosófica occidental, Platón y Aristóteles, San Agustín y Santo Tomás de Aquino, Kant y Hume, y J. Bentham, y por supuesto Max Scheler. En estos años es donde publica sus estudios sobre ética, antropología y matrimonio, y sus dos grandes obras como Amor y Responsabilidad en 1960 y Persona y Acción , publicada en 1969 y considerada su obra cumbre.

Sus principales interlocutores eran en este caso Max Scheler y su ética de los valores, I. Kant y su ética de los deberes y la teoría aristotélica – tomista de la potencia y el acto. La síntesis de Wojtyla de este diálogo era: Los valores morales de honestidad y la valentía, la valentía, a través de una acción honesta y valiente, se convierten en una persona honesta y valiente.

Bermúdez, F. A. P.(2016, octubre). La ley natural en Karol Wojtyla [en línea]. Presentado en Duodécima Jornadas Internacionales de Derecho Natural : Ley Natural y Dignidad Humana. Universidad Católica Argentina. Facultad de Derecho, Buenos Aires. Disponible en: http://bibliotecadigital.uca.edu.ar/repositorio/ponencias/ley-natural-karol-wojtyla-bermudez.pdf


sábado, 5 de abril de 2014

Karol Wojtyla: Lecciones de Lublin (1)


Ediciones Palabra, acaba de publicar (marzo 2014) algo largamente esperado Las famosas lecciones de Lublin de Karol Wojtyla. Es un libro de 320 paginas.  Antes de esta edición solo estaba traducido al inglés y al alemán.  Es el primero de dos volúmenes y recoge los cursos de Ética que Karol Wojtyla impartió en la Universidad Católica de Lublin  entre 1954 y 1956.  
En el primero titulado “El acto y la vivencia ética”, pone las bases de una ética de corte personalista; en el segundo “El bien y el valor”, hace un recorrido y valoración de los grandes éticos de la historia, desde Platón y Aristóteles, hasta Kant y Scheler.

Como anécdota del libro de Adam Boniecki The making of the Pope of the Millenium :  cuenta el prof. Franciszek Tokarz de su época de profesor en KUL (Universidad Católica de Lublin)  que cuando Karol Wojtyla fue nombrado obispo él les dijo a sus alumnos: “Finalmente la Curia me escuchó. Yo siempre les decía: Nombren a Wojtyla obispo – es un hombre piadoso, sabio, bueno. La diferencia entre él y yo es que en cuanto nos despertábamos (viajaban juntos en el tren de Cracovia a Lublin)  yo salía al pasillo a fumar un cigarrillo y el se arrodillaba al lado de la ventana y rezaba, rezaba y rezaba sin fin…” 

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Karol Wojtyla “refundar la ética clásica” por el Dr. Juan Manuel Burgos




En un trabajo titulado “La aportación de Karol Wojtyla a la filosofía moral” publicado en la revista de Teologia Temes d’Avui, escribe el Dr. Juan Manuel Burgos


“Las principales aportaciones de Karol Wojtyla a la filosofía moral tuvieron lugar en el periodo en que impartió clases en la Universidad Católica de Lublin (KUL) justamente como profesor de ética (1954-1961). Posteriormente, sintió la necesidad de desplazarse a la antropología para poder fundar sólidamente las tesis personalistas que estaba proponiendo. Y, de este modo, inició el camino hacia la que sería su obra maestra Persona y acción. Su objetivo era volver después, con fuerza renovada, a la ética, pero esa vuelta ya no pudo llevarse a cabo[1].
Wojtyla partía del tomismo en el que había sido formado como seminarista y, después, como teólogo en el Angelicum bajo la dirección de Garrigou Lagrange; y partía también de la fenomenología que había conocido al realizar su tesis de habilitación sobre la ética de Scheler. Su proyecto era preciso: refundar la ética clásica bajo la inspiración de la fenomenología, especialmente la de Scheler, y desde una perspectiva personalista. Le inducía a ello su convicción sobre el valor del tomismo como fundamento poderoso de una filosofía realista junto con la conciencia de que esta filosofía necesitaba una revisión profunda pues no era inmune al paso del tiempo. Esa revisión, justamente, podía venir de la fenomenología y del personalismo, pues ambas eran posiciones realistas que permitían integrar en el tronco clásico nuevos conceptos que lo enriquecieran sin caer en la deriva idealista a la que se había abandonado el pensamiento moderno. Los resultados de estas investigaciones, en las que Wojtyla involucró a diversos colaboradores, y especialmente a T. Styzcen, se conocen con el nombre de escuela ética de Lublin.”