Queridos
amigos, también hoy creer en Jesús, seguir a Jesús siguiendo las huellas de
Pedro, de Tomás, de los primeros Apóstoles y testigos, conlleva una opción por
Él y, no pocas veces, es como un nuevo martirio: el martirio de
quien, hoy como ayer, es llamado a ir contra corriente para seguir al divino
Maestro, para seguir “al Cordero a dondequiera que vaya” (Ap 14,4).
[…]
Quizás a
vosotros no se os pedirá la sangre, pero sí ciertamente la fidelidad a Cristo.
Una fidelidad que se ha de vivir en las situaciones de cada día. Estoy pensando
en los novios y su dificultad de vivir, en el mundo de hoy, la pureza antes del
matrimonio. Pienso también en los matrimonios jóvenes y en las pruebas a las
que se expone su compromiso de mutua fidelidad.
Pienso,
asimismo, en las relaciones entre amigos y en la tentación de deslealtad que
puede darse entre ellos. Estoy pensando también en el que ha empezado un camino
de especial consagración y en las dificultades que a veces tiene que afrontar
para perseverar en su entrega a Dios y a los hermanos. Me refiero igualmente al
que quiere vivir unas relaciones de solidaridad y de amor en un mundo donde
únicamente parece valer la lógica del provecho y del interés personal o de
grupo. Asímismo, pienso en el que trabaja por la paz y ve nacer y estallar
nuevos focos de guerra en diversas partes del mundo; también en quien actúa en
favor de la libertad del hombre y lo ve aún esclavo de sí mismo y de los demás;
pienso en el que lucha por el amor y el respeto a la vida humana y ha de
asistir frecuentemente a atentados contra la misma y contra el respeto que se
le debe.
[…]
¿es
difícil creer en un mundo así? En el año 2000, ¿es difícil creer? Sí,
es difícil. No hay que ocultarlo. Es difícil, pero con la ayuda de la
gracia es posible, como Jesús dijo a Pedro: “No te ha revelado esto la carne ni
la sangre, sino mi Padre que está en los cielos” (Mt 16,17).
Esta tarde
os entregaré el Evangelio. Es el regalo
que el Papa os deja en esta vigilia inolvidable. La palabra que contiene es la
palabra de Jesús. Si la escucháis en silencio, en oración, dejándoos ayudar por
el sabio consejo de vuestros sacerdotes y educadores con el fin de comprenderla
para vuestra vida, entonces encontraréis a Cristo y lo seguiréis, entregando
día a día la vida por Él.
En
realidad, es a Jesús a quien buscáis cuando soñáis la felicidad; es Él quien os
espera cuando no os satisface nada de lo que encontráis; es Él la belleza que
tanto os atrae; es Él quien os provoca con esa sed de radicalidad que no os
permite dejaros llevar del conformismo; es Él quien os empuja a dejar las
máscaras que falsean la vida; es Él quien os lee en el corazón las decisiones
más auténticas que otros querrían sofocar. Es Jesús el que suscita en vosotros
el deseo de hacer de vuestra vida algo grande, la voluntad de seguir un ideal,
el rechazo a dejaros atrapar por la mediocridad, la valentía de comprometeros
con humildad y perseverancia para mejoraros a vosotros mismos y a la sociedad,
haciéndola más humana y fraterna.
[…]
En la
lucha contra el pecado no estáis solos: ¡muchos como vosotros luchan y
con la gracia del Señor vencen!
6.
Queridos amigos, en vosotros veo a los “centinelas de la mañana” (cf. Is 21,11-12)
en este amanecer del tercer milenio. A lo largo del siglo que termina, jóvenes
como vosotros eran convocados en reuniones masivas para aprender a odiar, eran
enviados para combatir los unos contra los otros. Los diversos
mesianismos secularizados, que han intentado sustituir la esperanza cristiana,
se han revelado después como verdaderos y propios infiernos. Hoy estáis
reunidos aquí para afirmar que en el nuevo siglo no os prestaréis a ser
instrumentos de violencia y destrucción; defenderéis la paz, incluso a costa de
vuestra vida si fuera necesario. No os conformaréis con un mundo en el que
otros seres humanos mueren de hambre, son analfabetos, están sin trabajo.
Defenderéis la vida en cada momento de su desarrollo terreno; os esforzaréis
con todas vuestras energías en hacer que esta tierra sea cada vez más habitable
para todos.
[…]
diciendo “sí” a Cristo
decís “sí” a todos vuestros ideales más nobles. Le pido que
reine en vuestros corazones y en la humanidad del nuevo siglo y milenio.
No tengáis
miedo de entregaros a El. El os guiara os dará la fuerza para seguirlo todos los
días y en cada situación.
Que María
Santísima, la Virgen que dijo “sí” a Dios durante toda su
vida, que los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y todos los Santos y Santas que
han marcado el camino de la Iglesia a través de los siglos, os conserven
siempre en este santo propósito.
Juan PabloII XV Jornada Mundial de la Juventud Vigilia de oración – Tor Vergata, 19 deagosto de 2000


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