Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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viernes, 31 de julio de 2026

“Si” a Cristo

 




Queridos amigos, también hoy creer en Jesús, seguir a Jesús siguiendo las huellas de Pedro, de Tomás, de los primeros Apóstoles y testigos, conlleva una opción por Él y, no pocas veces, es como un nuevo martirio: el martirio de quien, hoy como ayer, es llamado a ir contra corriente para seguir al divino Maestro, para seguir “al Cordero a dondequiera que vaya” (Ap 14,4).

[…]

Quizás a vosotros no se os pedirá la sangre, pero sí ciertamente la fidelidad a Cristo. Una fidelidad que se ha de vivir en las situaciones de cada día. Estoy pensando en los novios y su dificultad de vivir, en el mundo de hoy, la pureza antes del matrimonio. Pienso también en los matrimonios jóvenes y en las pruebas a las que se expone su compromiso de mutua fidelidad.

Pienso, asimismo, en las relaciones entre amigos y en la tentación de deslealtad que puede darse entre ellos. Estoy pensando también en el que ha empezado un camino de especial consagración y en las dificultades que a veces tiene que afrontar para perseverar en su entrega a Dios y a los hermanos. Me refiero igualmente al que quiere vivir unas relaciones de solidaridad y de amor en un mundo donde únicamente parece valer la lógica del provecho y del interés personal o de grupo. Asímismo, pienso en el que trabaja por la paz y ve nacer y estallar nuevos focos de guerra en diversas partes del mundo; también en quien actúa en favor de la libertad del hombre y lo ve aún esclavo de sí mismo y de los demás; pienso en el que lucha por el amor y el respeto a la vida humana y ha de asistir frecuentemente a atentados contra la misma y contra el respeto que se le debe.

[…]

¿es difícil creer en un mundo así? En el año 2000, ¿es difícil creer? Sí, es difícil. No hay que ocultarlo. Es difícil, pero con la ayuda de la gracia es posible, como Jesús dijo a Pedro: “No te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos” (Mt 16,17).

Esta tarde os entregaré el Evangelio. Es el regalo que el Papa os deja en esta vigilia inolvidable. La palabra que contiene es la palabra de Jesús. Si la escucháis en silencio, en oración, dejándoos ayudar por el sabio consejo de vuestros sacerdotes y educadores con el fin de comprenderla para vuestra vida, entonces encontraréis a Cristo y lo seguiréis, entregando día a día la vida por Él.

En realidad, es a Jesús a quien buscáis cuando soñáis la felicidad; es Él quien os espera cuando no os satisface nada de lo que encontráis; es Él la belleza que tanto os atrae; es Él quien os provoca con esa sed de radicalidad que no os permite dejaros llevar del conformismo; es Él quien os empuja a dejar las máscaras que falsean la vida; es Él quien os lee en el corazón las decisiones más auténticas que otros querrían sofocar. Es Jesús el que suscita en vosotros el deseo de hacer de vuestra vida algo grande, la voluntad de seguir un ideal, el rechazo a dejaros atrapar por la mediocridad, la valentía de comprometeros con humildad y perseverancia para mejoraros a vosotros mismos y a la sociedad, haciéndola más humana y fraterna.

[…]

En la lucha contra el pecado no estáis solos: ¡muchos como vosotros luchan y con la gracia del Señor vencen!

6. Queridos amigos, en vosotros veo a los “centinelas de la mañana” (cf. Is 21,11-12) en este amanecer del tercer milenio. A lo largo del siglo que termina, jóvenes como vosotros eran convocados en reuniones masivas para aprender a odiar, eran enviados para combatir los unos contra los otros. Los diversos mesianismos secularizados, que han intentado sustituir la esperanza cristiana, se han revelado después como verdaderos y propios infiernos. Hoy estáis reunidos aquí para afirmar que en el nuevo siglo no os prestaréis a ser instrumentos de violencia y destrucción; defenderéis la paz, incluso a costa de vuestra vida si fuera necesario. No os conformaréis con un mundo en el que otros seres humanos mueren de hambre, son analfabetos, están sin trabajo. Defenderéis la vida en cada momento de su desarrollo terreno; os esforzaréis con todas vuestras energías en hacer que esta tierra sea cada vez más habitable para todos.

[…]

 diciendo “sí” a Cristo decís “sí” a todos vuestros ideales más nobles. Le pido que reine en vuestros corazones y en la humanidad del nuevo siglo y milenio.

No tengáis miedo de entregaros a El. El os guiara os dará la fuerza para seguirlo todos los días y en cada situación.

Que María Santísima, la Virgen que dijo “sí” a Dios durante toda su vida, que los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y todos los Santos y Santas que han marcado el camino de la Iglesia a través de los siglos, os conserven siempre en este santo propósito.

Juan PabloII XV Jornada Mundial de la Juventud Vigilia de oración – Tor Vergata, 19 deagosto de 2000

sábado, 28 de marzo de 2026

Domingo de Ramos - El misterio de la cruz y los jóvenes - sentido pleno de la vida – JMJ 2004

 


Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor!" (Lc 19, 38).

”Con estas palabras, la población de Jerusalén acogió a Jesús en su entrada en la ciudad santa, aclamándolo como rey de Israel. Sin embargo, algunos días más tarde, la misma multitud lo rechazará con gritos hostiles: "¡Que lo crucifiquen, que lo crucifiquen!" (Lc 23, 21). La liturgia del domingo de Ramos nos hace revivir estos dos momentos de la última semana de la vida terrena de Jesús. Nos sumerge en aquella multitud tan voluble, que en pocos días pasó del entusiasmo alegre al desprecio homicida.

En el clima de alegría, velado de tristeza, que caracteriza el domingo de Ramos, celebramos la XIX Jornada mundial de la juventud. Este año tiene por tema: "Queremos ver a Jesús" (Jn 12, 21), la petición que dirigieron a los Apóstoles "algunos griegos" (Jn 12, 20) que habían acudido a Jerusalén para la fiesta de Pascua. Ante la multitud que se había congregado para escucharlo, Cristo proclamó: "Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí" (Jn 12, 32). Así pues, esta es su respuesta: todos los que buscan al Hijo del hombre, lo verán, en la fiesta de Pascua, como verdadero Cordero inmolado por la salvación del mundo. En la cruz, Jesús muere por cada uno y cada una de nosotros. Por eso, la cruz es el signo más grande y elocuente de su amor misericordioso, el único signo de salvación para todas las generaciones y para la humanidad entera.

Hace veinte años, al concluir el Año santo de la redención, entregué a los jóvenes la gran cruz de aquel jubileo. En aquella ocasión, los exhorté a ser discípulos fieles de Cristo, Rey crucificado, que "se nos presenta como Aquel que (...) libera al hombre de lo que limita, disminuye y casi destruye esta libertad en sus mismas raíces, en el alma del hombre, en su corazón, en su conciencia" (Redemptor hominis,  Desde entonces, la cruz sigue recorriendo numerosos países, como preparación para las Jornadas mundiales de la juventud. Durante sus peregrinaciones, ha recorrido los continentes: como antorcha que pasa de mano en mano, ha sido transportada de un país a otro; se ha convertido en el signo luminoso de la confianza que impulsa a las jóvenes generaciones del tercer milenio.

Queridos jóvenes, celebrando el vigésimo aniversario del inicio de esta extraordinaria aventura espiritual, permitidme que os renueve la misma consigna de entonces: "Os confío la cruz de Cristo. Llevadla por el mundo como señal del amor de nuestro Señor Jesucristo a la humanidad, y anunciad a todos que sólo en Cristo muerto y resucitado está la salvación y la redención" (Clausura del Año jubilar de la Redención, 22 de abril de 1984: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 29 de abril de 1984, p. 12). Ciertamente, el mensaje que la cruz comunica no es fácil de comprender en nuestra época, en la que se proponen y buscan como valores prioritarios el bienestar material y las comodidades. Pero vosotros, queridos jóvenes, ¡no tengáis miedo de proclamar en toda circunstancia el evangelio de la cruz! ¡No tengáis miedo de ir contra corriente!

"Cristo... se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó" (Flp 2, 6. 8-9). El admirable himno de la carta de san Pablo a los Filipenses acaba de recordarnos que la cruz tiene dos aspectos inseparables: es, al mismo tiempo, dolorosa y gloriosa. El sufrimiento y la humillación de la muerte de Jesús están íntimamente unidos a la exaltación y a la gloria de su resurrección. Queridos hermanos y hermanas; amadísimos jóvenes, tened siempre presente esta consoladora verdad. La pasión y la resurrección de Cristo constituyen el centro de nuestra fe y nuestro apoyo en las inevitables pruebas diarias. María, la Virgen de los Dolores y testigo silenciosa del gozo de la Resurrección, os ayude a seguir a Cristo crucificado y a descubrir en el misterio de la cruz el sentido pleno de la vida. ¡Alabado sea Jesucristo!”

 

 (Homilía del Santo Padre Juan Pablo II en la Misa del Domingo de Ramos – XI Jornada Mundial de la Juventud- Domingo 4 de abril de 2004


 

lunes, 15 de diciembre de 2025

El amor vence siempre – Juan Pablo II a los jóvenes chilenos 1987

 


Con Cristo lograréis que vuestra sociedad se ponga a andar recorriendo nuevas vías, hasta hacer de ella la nueva civilización de la verdad y del amor, anclada en los valores propios del Evangelio y principalmente en el precepto de la caridad; el precepto que es el más divino y el más humano.

Cristo nos está pidiendo que no permanezcamos indiferentes ante la injusticia, que nos comprometamos responsablemente en la construcción de una sociedad más cristiana, una sociedad mejor. Para esto es preciso que alejemos de nuestra vida el odio; que reconozcamos como engañosa, falsa, incompatible con su seguimiento, toda ideología que proclame la violencia y el odio como remedios para conseguir la justicia. El amor vence siempre, como Cristo ha vencido; el amor ha vencido, aunque en ocasiones, ante sucesos y situaciones concretas, pueda parecernos incapaz. Cristo parecía imposibilitado también. Dios siempre puede más.

En la experiencia de fe con el Señor, descubrid el rostro de quien por ser nuestro Maestro es el único que puede exigir totalmente, sin límites. Optad por Jesús y rechazad la idolatría del mundo, los ídolos que buscan seducir a la juventud. Sólo Dios es adorable. Sólo El merece vuestra entrega plena.

¿Verdad que queréis rechazar el ídolo de la riqueza, la codicia de tener, el consumismo, el dinero fácil?

¿Verdad que queréis rechazar el ídolo del poder, como dominio sobre los demás, en vez de la actitud de servicio fraterno, de la cual Jesús dio ejemplo?, ¿verdad?

¿Verdad que queréis rechazar el ídolo del sexo, del placer, que frena vuestros anhelos de seguimiento de Cristo por el camino de la cruz que lleva a la vida? El ídolo que puede destruir el amor.

Con Cristo, con su gracia, sabréis ser generosos para que todos vuestros hermanos los hombres, y especialmente los más necesitados participen de los bienes materiales y de una formación y una cultura adecuada a nuestro tiempo, que les permita desarrollar los talentos naturales que Dios les ha concedido. De ese modo será más fácil conseguir los objetivos de desarrollo y bienestar imprescindibles para que todos puedan llevar una vida digna y propia de los hijos de Dios.

Joven, levántate y participa, junto con muchos miles de hombres y mujeres en la Iglesia, en la incansable tarea de anunciar el Evangelio, de cuidar con ternura a los que sufren en esta tierra y buscar maneras de construir un país justo, un país en paz. La fe en Cristo nos enseña que vale la pena trabajar por una sociedad más justa, que vale la pena defender al inocente, al oprimido y al pobre, que vale la pena sufrir para atenuar el sufrimiento de los demás.

¡Joven, levántate! Estás llamado a ser un buscador apasionado de la verdad, un cultivador incansable de la bondad, un hombre o una mujer con vocación de santidad. Que las dificultades que te tocan vivir no sean obstáculo a tu amor y generosidad, sino un fuerte desafío. No te canses de servir, no calles la verdad, supera tus temores, sé consciente de tus propios límites personales. Tienes que ser fuerte y valiente, lúcido y perseverante en este largo camino.

No te dejes seducir por la violencia y las mil razones que aparentan justificarla. Se equivoca el que dice que pasando por ella se logrará la justicia y la paz.

Joven, levántate, ten fe en la paz, tarea ardua, tarea de todos. No caigas en la apatía frente a lo que parece imposible. En ti se agitan las semillas de la vida para el Chile del mañana. El futuro de la justicia, el futuro de la paz pasa por tus manos y surge desde lo profundo de tu corazón. Sé protagonista en la construcción de una nueva convivencia de una sociedad más justa, sana y fraterna.

 

(Juan Pablo II a los jóvenes de Chile  en su viaje apostólico Uruguay, Chile,Argentina, Estadio Nacional de Santiago de Chile, 2 de abril de 1987)

Audio


miércoles, 25 de septiembre de 2024

Juan Pablo II: ¿Por qué debemos orar?

 


1. Debemos orar, lo primero de todo, porque somos creyentes.

En efecto, la oración es el reconocimiento de nuestros límites y de nuestra dependencia: venimos de Dios, somos de Dios y retornamos a Dios. Por lo tanto, no podemos menos de abandonarnos en El, nuestro Creador y Señor, con plena y total confianza. …. Todo está maravillosamente ordenado, desde las partículas infinitesimales que componen el átomo, hasta las galaxias que giran en el espacio. ¡Todo señala un proyecto que comprende cada manifestación de la naturaleza, desde la materia inerte hasta el pensamiento del hombre! ¡Donde hay orden, hay inteligencia; y donde hay un orden supremo, está la Inteligencia suprema que nosotros llamamos "Dios", y que Jesús nos ha revelado que es Amor y nos ha enseñado a llamar Padre!...La oración es un diálogo misterioso, pero real, con Dios, un diálogo de confianza y de amor.

2. Pero nosotros somos cristianos, y por esto debemos orar como cristianos.

Efectivamente, la oración para el cristiano adquiere una característica particular que cambia totalmente su naturaleza íntima y su valor íntimo. El cristiano es discípulo de Jesús: es el que cree verdaderamente que Jesús es el Verbo encarnado; el Hijo de Dios venido entre nosotros a esta tierra. Como hombre, la vida de Jesús ha sido una oración continua, un acto continuo de adoración y de amor al Padre, y porque la expresión máxima de la oración es el sacrificio, la cumbre de la oración de Jesús es el sacrificio de la cruz, anticipado con la Eucaristía en la última Cena y transmitido a todos los siglos con la Santa Misa….. La oración máxima es la Santa Misa, porque en la Santa Misa es el mismo Jesús, realmente presente. quien renueva el sacrificio de la cruz; pero toda oración es válida, especialmente el "Padrenuestro", que El mismo quiso enseñar a los Apóstoles y a todos los hombres de la tierra….

3. Finalmente, debemos orar también porque somos frágiles y culpables.

Es preciso reconocer humilde y realísticamente que somos pobres criaturas, con ideas confusas, tentadas por el mal, frágiles y débiles, con necesidad continua de fuerza interior y de consuelo.

— La oración da fuerza para los grandes ideales, para mantener la fe, la caridad, la pureza, la generosidad;

— La oración da ánimo para salir de la indiferencia y de la culpa, si por desgracia se ha cedido a la tentación y a la debilidad;

— La oración da luz para ver y juzgar los sucesos de la propia vida y de la misma historia en la perspectiva salvífica de Dios y de la eternidad… ¡No pase un día sin que hayáis orado un poco! ¡La oración es un deber, pero también es una gran alegría, porque es un diálogo con Dios por medio de Jesucristo!

(del discurso de JuanPablo II a los jóvenes presentes en la Basílica de san Pedro el 14 de marzo de1979)

viernes, 18 de agosto de 2023

Entrevista de Ekai al padre Tomasz Adamczyk sobre la religiosidad de los jóvenes polacos y el potencial de las JMJ (4 de 4)

 




KAI: ¿Sabes cuántos jóvenes voluntariamente, por su propia voluntad, van a  religión?

– No tengo conocimiento de tales estudios. En cualquier caso, es evidente que año tras año disminuye el número de personas dispuestas a asistir a clases de religión en la escuela. Si el promedio en la escuela primaria sigue siendo bastante alto, en las escuelas secundarias los datos estadísticos desde la perspectiva de la Iglesia católica son, por decirlo suavemente, poco optimistas.

 

KAI: ¿Sabemos cómo perciben los jóvenes la Iglesia jerárquica y los sacerdotes?

- Sí. Cuando realicé una investigación entre los jóvenes y les pedí su opinión sobre los clérigos, resultó, lo que fue extremadamente interesante para mí, que los sacerdotes catequistas gozan de la mayor confianza. Luego los vicarios y párrocos, y en menor medida los obispos. ¿Que muestra? Que cuanto menor es la distancia con un clérigo, cuanto más a menudo lo conoces, hablas con él, aprendes sobre sus fortalezas y debilidades, más a menudo se aprecia su trabajo. Sin embargo, cuanto mayor es la distancia, por ejemplo, al episcopado, menor es el nivel de confianza entre los jóvenes. Es una señal interesante e importante para que los sacerdotes construyan relaciones más estrechas con los fieles, lo que conduce a la evangelización.

 

KAI: ¿Sabemos lo que irrita a los jóvenes de la Iglesia, lo que les cuesta aceptar?

- Cuando hice esta pregunta a los jóvenes, resultó que, en primer lugar, se refieren negativamente a la falta de tolerancia por parte del clero, incluso hacia las personas homosexuales. Para muchos jóvenes, el lenguaje de la Iglesia es agresivo y excluyente. Así es como los jóvenes perciben muchas declaraciones de representantes de la Iglesia. Sólo en segundo lugar quedó el problema de la política en la Iglesia.

Fue extremadamente interesante para mí, porque muestra que ahora se debe cambiar el lenguaje en el ministerio pastoral. Surge una pregunta: cómo hablar de ciertos valores que son muy importantes para los creyentes y las instituciones de la Iglesia, pero por otro lado, para que el lenguaje no excluya, ofenda y más aún no ponga a nadie fuera de la Iglesia. . En otras palabras, no es un arte tener razón, sino un arte tener razón. Este es un problema y un desafío importante para la Iglesia.

 

KAI: Mencionaste que valores como el amor y la familia son importantes para los jóvenes. Qué valores que son importantes para ellos se pueden utilizar pastoralmente para acercarlos a la Iglesia, para mostrar que también son importantes en la Iglesia, que pueden desarrollarse aquí.

 

“El amor es lo más importante aquí. Vale la pena recordar que solo Dios es la fuente del amor. Ninguno de nosotros puede decir eso de nosotros mismos. Puedo decir que quiero amar y ser amado, pero no puedo decir "soy amor". Basado en la Carta de S. Juan decimos que sólo Dios es amor. ¿Qué significa? Si bebo de esta fuente, puede ser suficiente para mí amar no solo a mi familia y amigos más cercanos, sino también a mis enemigos, personas a las que encuentro difíciles de aceptar. Entonces mostramos que el amor es un gran valor que tiene su fuente en Dios mismo.

 

KAI: ¿Cómo preparar sacerdotes, líderes y catequistas para un trabajo sabio y fructífero con los jóvenes? ¿Ser testigos auténticos para los jóvenes de hoy?

- La respuesta está en la pregunta. Cuando realicé una gran investigación a nivel nacional, principalmente sobre las opiniones de los sacerdotes y los jóvenes sobre los clérigos, y cuando traté de encontrar la clave: qué esperan los sacerdotes jóvenes de un sacerdote, resultó que se señalaron principalmente dos elementos. En primer lugar, la autenticidad, y en segundo lugar, la espiritualidad. La autenticidad aquí no es más que un cierto acuerdo de las palabras habladas con la vida. No puede haber discrepancia. Y cuando se trata de espiritualidad, la gente todavía anhela una espiritualidad profunda, sabia y existencial. Si un sacerdote la vive y la gente siente que su espiritualidad es genuina, siempre será inspirador.

 

KAI: ¿Qué consejo puede dar a los padres sobre la transmisión de la fe y los valores?

– En primer lugar, que los padres den su propio ejemplo. Porque si alguien le dice a un niño que vaya a Misa y él mismo no va, no es un testigo creíble. A veces los padres experimentan drama porque hacen todo lo posible para que sus hijos regresen a la Iglesia o quieren ir con ellos al servicio. Los jóvenes no quieren hacer eso. No estoy a favor de forzar prácticas religiosas. Por eso vale la pena solo hablar de tus sentimientos - que me duele, lamento que no estemos juntos, es importante para mí; Rezo por ti. Sobre todo, sin embargo, lo más importante es mostrar su propio testimonio de fe. Quizás llegue el momento en que un joven recordará cuán importantes fueron los valores religiosos para sus padres y él mismo comenzará a considerarlos seriamente. Además, sabrá, siguiendo el ejemplo de sus padres, dónde encontrarlos.

(Fuente: Ekai) 

El padre tomasz Adamczyk es Profesor asistente en el Departamento de Sociología de los Grupos Étnicos y la Sociedad Civil de la Universidad Católica Juan Pablo II de Lublin, secretario del Comité para el Diálogo con el Judaísmo del Episcopado Polaco, subdirector del Centro Arquidiocesano para el Diálogo Católico-Judío, capellán de la Sociedad Comercial de Lublin.

 

Líneas de investigación : fundamentos axiológicos del espacio público, política social, papel de la religión en la conformación de la sociedad civil.

Realiza investigaciones sociológicas sobre la nueva espiritualidad e investigaciones sobre la emigración polaca en los EE. UU., así como investigaciones sobre la condición moral y religiosa de la sociedad polaca, centrándose principalmente en estudiar las actitudes de los estudiantes hacia la religión y la moralidad.


Entrevista de Ekai al padre Tomasz Adamczyk sobre la religiosidad de los jóvenes polacos y el potencial de las JMJ (2 de 4)



KAI: ¿Cómo pueden la Iglesia, los pastores, las personas involucradas, enfrentar esto? ¿Es un proceso que se puede detener, de alguna manera revertir?


– Los grandes procesos son muy difíciles de parar, pero claro que los sociólogos no somos futurólogos. Por supuesto, la sociología estudia las interrelaciones de la religión y la sociedad. En la actualidad me parece que las influencias sociales tienen mayor impacto en los jóvenes que las de carácter religioso. Sin embargo, no tiene que ser una tendencia constante. Nunca podemos estar seguros de cómo se configurará el destino de la religión en las generaciones futuras. Sin embargo, es posible y necesario escuchar a los jóvenes que, en la investigación sociológica, enfatizaron lo que esperan de la Iglesia: crear un espacio amistoso para que se encuentren en las parroquias.

Se observa una cierta paradoja entre los jóvenes: por un lado, pasan mucho tiempo en Internet, mirando teléfonos móviles y computadoras, pero por otro lado, cuando se les pregunta qué necesitan, la mayoría de las veces dicen que es es una relación con otra persona. Y este espacio creado en las parroquias es una oportunidad importantísima para que la Iglesia reúna a estos jóvenes. En un principio, este espacio ni siquiera debería tener un carácter estrictamente religioso, en el contexto de que se centrará en catequesis o reflexiones especiales, sino que será un lugar de encuentro donde los jóvenes puedan estar juntos, donde también puedan encontrarse con un sacerdote con quien pueden hablar Los jóvenes necesitan lugares como este. No se trata de un programa ya hecho, sino de leer qué necesitan los jóvenes en un lugar y momento determinado y cómo se les pueden transmitir valores importantes.

 

Lo segundo que a los jóvenes les gustaría ver en las parroquias son los servicios de emergencia. Instituciones donde un joven que se enfrenta a un gran problema puede obtener ayuda profesional. Esto también crea oportunidades para las parroquias que podrían crear tales centros. Por ejemplo, en las grandes ciudades no sería un problema que hubiera dos o tres lugares donde hubiera un psicólogo, un pedagogo y otros especialistas. Donde un joven obtendrá ayuda profesional. Esto es sumamente importante, porque los jóvenes valoran la profesionalidad.

También es necesaria una "religiosidad seria", una formación permanente. En muchos lugares, veo que donde se lleva a cabo sistemáticamente una lectio divina muy profunda y de alta calidad, donde las personas comienzan a considerar juntas las Sagradas Escrituras, tales grupos comienzan a crecer y hay más y más de ellos. Del mismo modo, veo una gran demanda para la creación de ciertos grupos de oración que no se centrarán en la institución, la organización, sino que ayudarán a desarrollar la espiritualidad. Además, los retiros silenciosos cerrados son muy populares y, a menudo, hay que inscribirse en ellos con varios meses de antelación.

 

KAI: ¿Cuál es la diferencia entre los jóvenes de hoy y las generaciones mayores que sucumben más fácilmente a los procesos de secularización?


– En primer lugar, desde la perspectiva sociológica, se puede ver que hay procesos de secularización, individualización y pluralización en todo el mundo. ¿Qué significa? Que un joven contemporáneo elija entre una oferta religiosa y pararreligiosa cada vez más diversa, configurando individualmente su propia religiosidad. Valores como la libertad, la realización personal y, por lo tanto, la formación creativa de la propia religiosidad son extremadamente importantes para muchos jóvenes. Es por eso que la religión misma está cambiando. Por eso, las Iglesias que predican la verdad absoluta, las normas objetivas, están cada vez más sujetas a la crítica; los jóvenes comienzan a tratar su religiosidad de manera selectiva.

Como ejemplo, puedo recordar el estudio de la aceptación de los dogmas de la Iglesia Católica, cuyo promedio es de alrededor del 50%. Además, los dogmas sobre Dios, cristológicos, marianos y sobre todo escatológicos están en un nivel muy bajo. Sin embargo, aquí se ve claramente mucha inconsistencia en la religiosidad de los jóvenes, por ejemplo, más personas creen que María es la Madre de Dios, y menos personas declaran que creen que Jesús es el Hijo de Dios. Aquí vemos una especie de contradicción, que la investigación sociológica muestra claramente.

 

KAI: Volveremos a la fe de los jóvenes. ¿Qué pasa con las generaciones mayores? ¿Por qué fue más fácil para ellos transmitir su fe y religión, y por qué fueron más fáciles de aceptar?


- La fe se hereda. Se transmitía en familias, se heredaba de generación en generación. Era tradicional. La juventud de hoy, en cambio, trata de moldear su religiosidad en mayor medida según sus propias necesidades. El factor tradicional ya no es tan importante para ellos, y valoran mucho más valores como la libertad y la autorrealización. Esto también se aplica a la vida religiosa. Anteriormente, como el P. profe. Władysław Piwowarski, la fe del destino, y hoy no estamos tratando con el patrimonio cultural sino con la fe de la elección, y estas elecciones son cada vez menos obvias.

 

KAI: Entonces, ¿no puedes culpar a tus padres por no transmitir la fe correctamente, porque es una cuestión de especificidad de la generación joven de hoy?


“Por supuesto, uno se pregunta en qué áreas alguien ha descuidado algo. Y aquí no sólo hay que mencionar a los padres, sino también a los propios jóvenes, la catequesis, la pastoral. Siempre se puede hacer algo mejor. Sin embargo, estos grandes procesos no se pueden detener fácilmente. Funcionan de manera similar en muchos países europeos. A lo que nos enfrentamos en Polonia, la secularización acelerada, ya se ha producido, por ejemplo, en Francia, Italia y España. El creciente pluralismo de valores y normas religiosas conduce no tanto a la desaparición de la religiosidad como a la transformación de las formas de religiosidad.

 

KAI: ¿Cómo se manifiesta eso, por ejemplo?


– Cuando realizo una investigación entre los jóvenes sobre la aceptación de las normas morales, es crucial para muchos jóvenes no dañar a otra persona. Por otro lado, si hay una norma que prohíbe algo, y en la mente de los jóvenes no daña a otro, muchas veces es rechazada y no aceptada. Sin embargo, cuando se trata de dañar a otra persona, los jóvenes suelen compartir los puntos de vista descritos en la enseñanza de la Iglesia. Por ejemplo, los jóvenes piensan que no hay problema en vivir juntos antes del matrimonio, porque no estás lastimando a nadie. Lo mismo ocurre con el enfoque in vitro.

Entrevista de Ekai al padre Tomasz Adamczyk sobre la religiosidad de los jóvenes polacos y el potencial de las JMJ (1 de 4)

 


Dawid Gospodarek(KAI): Otra Jornada Mundial de la Juventud en Lisboa ha quedado atrás. ¿Qué frutos notas cuando miras tales eventos y sus sucesivas ediciones?

 

Padre TomaszAdamczyk: Dividiré mi respuesta en dos partes: personal y sociológica. En primer lugar, me referiría a mi propia experiencia, porque yo mismo participé cinco veces en la JMJ . Reconozco que a menudo pienso en ellos, porque pude ver una Iglesia diversa, viva, joven, entusiasta, donde muchas personas de diferentes partes del mundo compartían los mismos valores y se confesaban públicamente del Evangelio y de la pertenencia al Señor Jesús. En segundo lugar, la JMJ permitió establecer relaciones muy profundas con personas que acudían a estos eventos desde diferentes partes del mundo. Reconozco que todavía sigo en contacto y soy amigo de muchas personas con las que participé en la JMJ. Por lo tanto, estos eventos tienen sentido y estoy firmemente convencido de que estas reuniones tienen un impacto de por vida.

 

KAI: ¿Y la perspectiva del sociólogo?

– Me gustaría subrayar que la JMJ es un evento. Por supuesto, pertenecen a la cultura popular contemporánea, pero no pueden reducirse a algún fenómeno lúdico y efímero, porque estos eventos permiten a los jóvenes vivir la experiencia comunitaria, pero también vivir lo sagrado. Por tanto, creo que son importantes en el proceso de evangelización, aunque por supuesto no se debe caer en una especie de eventización y tratarlos como un fin en sí mismos.

Para comprender los eventos, uno debe recordar que su esencia no es durar, sino suceder. Un evento es un hecho único durante el cual se utilizan determinados códigos de comunicación. Todo ello para que el mensaje tenga una forma más ligera, asimilable a los jóvenes y adaptada a la mentalidad del receptor.  Admito que hay muchas personas en la Iglesia que son muy negativas con respecto a los eventos religiosos, diciendo que banalizan o incluso profanan el sacro. Sin embargo, citaré al sociólogo alemán Winfried Gebhardt, quien dice que los acontecimientos también sacralizan lo profano. Este es un fenómeno extremadamente interesante y por eso creo que el evento puede desempeñar un papel muy importante: anima a las personas a interesarse por la fe, revive la religiosidad y ayuda de manera considerable en el cuidado pastoral de la generación joven. La dificultad que surge es la cuestión de cómo este acontecimiento de la experiencia de la Iglesia viva puede trasladarse más tarde a la pastoral parroquial ordinaria. Todavía tenemos un gran problema aquí.

 

KAI: Exactamente, cuando recordamos la JMJ de Cracovia, ¿qué pasó después? ¿Cómo se usó su potencial en el cuidado pastoral?

 

– En muchos lugares hay grupos o encuentros de varios tipos que continúan con esta experiencia, pero no es masiva ni universal. Por supuesto, aquí tenemos el problema antes mencionado de traducir este evento festivo único en la vida cotidiana, ya asociada a la formación permanente. Sin duda hay una dificultad aquí.

 

KAI: ¿Cómo acercarse entonces a esos jóvenes que regresaron de Lisboa después de una hermosa experiencia de Iglesia universal, comunidad, escucha de la palabra, encuentro con Francisco? ¿Cómo rodearlos de cuidado pastoral, para que estas emociones, las impresiones que sintieron, todo lo que experimentaron, de alguna manera continúen en la vida cotidiana, fructifiquen y se desarrollen?

 

- En diversos estudios sociológicos, los jóvenes enfatizan que las relaciones con los pares juegan un papel sumamente importante en sus vidas. Y esas amistades o amistades que se establecieron en la JMJ se pueden utilizar para crear nuevas comunidades. Ahora ni siquiera estoy hablando de un personaje religioso, sino simplemente de comunidades o grupos de personas que quieren reunirse, y quizás con el tiempo también querrán profundizar en su religiosidad. A partir de estas relaciones, estableciendo también buenas relaciones con un sacerdote que va a la JMJ, muchas personas se conocen cada vez mejor, se acercan cada vez más, y sobre esta base se puede construir algo más permanente.

 

KAI: Quedémonos con los eventos. No hay escasez de este tipo de eventos en Polonia. Tenemos Lednica, conciertos evangelísticos, festivales, eventos carismáticos en estadios, grandes reuniones comunitarias. En los informes de estas iniciativas, vemos muchos rostros alegres de jóvenes. Hay algún compromiso, hay comunidades. Sin embargo, la investigación sociológica muestra dolorosamente que hay una fuerte salida de jóvenes de la Iglesia. ¿Cómo es? ¿Pueden tales acontecimientos detener o reavivar de alguna manera la fe de estos jóvenes, a menudo frustrados con la Iglesia? ¿Cuál es la condición religiosa de los jóvenes polacos hoy?

 

– De hecho, todos los estudios sociológicos que se han llevado a cabo en los últimos años en Polonia indican que en la 2ª-3ª  década del siglo XXI, el proceso de secularización se irá acelerando. La investigación muestra claramente el proceso de privatización de la religión, alejándose de las iglesias institucionalizadas hacia la espiritualidad individual, buscando las propias respuestas a las preguntas más importantes de la vida fuera de las instituciones religiosas. Ya, solo un poco más de la mitad de los jóvenes polacos creen en Dios, por lo que se puede ver que el proceso de secularización, especialmente en este grupo de edad, definitivamente se acelera, o como dice la prof. Mirosława Grabowska, expresidente de CBOS, al galope. Todo indica también que este proceso no se detendrá en un futuro cercano, además, parece que cada vez menos personas verán sentido en los rituales religiosos, lo que puede conducir a la disminución de las prácticas religiosas tanto obligatorias como opcionales. Creo que la religiosidad polaca, especialmente entre los jóvenes, imitará cada vez más a las sociedades occidentales. Algunos soñaron que podría venir un impulso de Polonia que evangelizaría a Europa, pero parece más probable el escenario de la imitación, es decir, la imitación de los patrones occidentales, que está sucediendo ahora en Polonia y confirmado por la investigación sociológica.



lunes, 19 de junio de 2023

Juan Pablo II : Nunca debe vencer solo el "tener más"

 


Cuando en 1987, en la Westerplatte de Gdansk, hablé a la juventud polaca, me referí a ese lugar como a un símbolo elocuente de fidelidad en un momento dramático. Allí, en 1939, un grupo de jóvenes soldados polacos, combatiendo contra el invasor alemán que disponían de fuerzas y medios bélicos claramente superiores, afronto la prueba suprema ofreciendo un victorioso testimonio de coraje, de perseverancia y de fidelidad.  Hice referencia a aquel suceso invitando sobre todo a los jóvenes a que reflexionaran sobre la relación entre «ser y tener más» y  les advertí: «Nunca debe vencer solo el tener más» Porque entonces el hombre puede perder lo  más precioso: su humanidad, su conciencia, su dignidad. Desde esa perspectiva, les exhorté: «Debéis exigiros a vosotros mismos, aunque los otros no os exijan». Y les explicaba: Cada uno de vosotros, jóvenes,  encuentra en su vida una Westerplatte. Unas obligaciones que debe asumir y cumplir. Una causa justa, por la que se debe combatir. Un deber, una obligación, a la que uno no puede sustraerse, de la  que no es posible desertar. En fin hay que “mantener” y “defender” un cierto orden de verdades y de valores dentro de si mismo y en su entorno.  Si, defender para sí mismo y para los otros (12 de junio de 1987)

 Los hombres han tenido siempre necesidad de modelos que imitar. Tienen necesidad de ellos sobre todo hoy, en este tiempo nuestro tan expuesto a sugestiones cambiantes y contradictorias.

 

¡Levantaos! ¡Vamos!,p165/6, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2004

sábado, 21 de diciembre de 2019

Benedicto XVI: La experiencia de la JMJ Madrid. (4 de 4) Donde esta la luz? Como anunciar el Evangelio? La alegría y la fe



Finalmente, como última característica que no hay que descuidar en la espiritualidad de las Jornadas Mundiales de la Juventud, quisiera mencionar la alegría. ¿De dónde viene? ¿Cómo se explica? Seguramente hay muchos factores que intervienen a la vez. Pero, según mi parecer, lo decisivo es la certeza que proviene de la fe: yo soy amado. Tengo un cometido en la historia. Soy aceptado, soy querido. Josef Pieper, en su libro sobre el amor, ha mostrado que el hombre puede aceptarse a sí mismo sólo si es aceptado por algún otro. Tiene necesidad de que haya otro que le diga, y no sólo de palabra: «Es bueno que tú existas». Sólo a partir de un «tú», el «yo» puede encontrarse a sí mismo. Sólo si es aceptado, el «yo» puede aceptarse a sí mismo. Quien no es amado ni siquiera puede amarse a sí mismo. Este ser acogido proviene sobre todo de otra persona. Pero toda acogida humana es frágil. A fin de cuentas, tenemos necesidad de una acogida incondicionada. Sólo si Dios me acoge, y estoy seguro de ello, sabré definitivamente: «Es bueno que yo exista». Es bueno ser una persona humana. 
Allí donde falta la percepción del hombre de ser acogido por parte de Dios, de ser amado por él, la pregunta sobre si es verdaderamente bueno existir como persona humana, ya no encuentra respuesta alguna. La duda acerca de la existencia humana se hace cada vez más insuperable. 

Cuando llega a ser dominante la duda sobre Dios, surge inevitablemente la duda sobre el mismo ser hombres. Hoy vemos cómo esta duda se difunde. Lo vemos en la falta de alegría, en la tristeza interior que se puede leer en tantos rostros humanos. Sólo la fe me da la certeza: «Es bueno que yo exista». Es bueno existir como persona humana, incluso en tiempos difíciles. La fe alegra desde dentro. Ésta es una de las experiencias maravillosas de las Jornadas Mundiales de la Juventud.



Benedicto XVI: La experiencia de la JMJ Madrid. (3 de 4) Donde esta la luz? Como anunciar el Evangelio? La adoración y la penitencia



Un tercer elemento, que de manera cada vez más natural y central forma parte de las Jornadas Mundiales de la Juventud, y de la espiritualidad que proviene de ellas, es la adoración. Fue inolvidable para mí, durante mi viaje en el Reino Unido, el momento en Hydepark, en que decenas de miles de personas, en su mayoría jóvenes, respondieron con un intenso silencio a la presencia del Señor en el Santísimo Sacramento, adorándolo. Lo mismo sucedió, de modo más reducido, en Zagreb, y de nuevo en Madrid, tras el temporal que amenazaba con estropear todo el encuentro nocturno, al no funcionar los micrófonos. Dios es omnipresente, sí. Pero la presencia corpórea de Cristo resucitado es otra cosa, algo nuevo. El Resucitado viene en medio de nosotros. Y entonces no podemos sino decir con el apóstol Tomás: «Señor mío y Dios mío». La adoración es ante todo un acto de fe: el acto de fe como tal. Dios no es una hipótesis cualquiera, posible o imposible, sobre el origen del universo. Él está allí. Y si él está presente, yo me inclino ante él. Entonces, razón, voluntad y corazón se abren hacia él, a partir de él. En Cristo resucitado está presente el Dios que se ha hecho hombre, que sufrió por nosotros porque nos ama. Entramos en esta certeza del amor corpóreo de Dios por nosotros, y lo hacemos amando con él. Esto es adoración, y esto marcará después mi vida. Sólo así puedo celebrar también la Eucaristía de modo adecuado y recibir rectamente el Cuerpo del Señor.

Otro elemento importante de las Jornadas Mundiales de la Juventud es la presencia del Sacramento de la Penitencia que, de modo cada vez más natural, forma parte del conjunto. Con eso reconocemos que tenemos continuamente necesidad de perdón y que perdón significa responsabilidad. Existe en el hombre, proveniente del Creador, la disponibilidad a amar y la capacidad de responder a Dios en la fe. Pero, proveniente de la historia pecaminosa del hombre (la doctrina de la Iglesia habla del pecado original), existe también la tendencia contraria al amor: la tendencia al egoísmo, al encerrarse en sí mismo, más aún, al mal. Mi alma se mancha una y otra vez por esta fuerza de gravedad que hay en mí, que me atrae hacia abajo. Por eso necesitamos la humildad que siempre pide de nuevo perdón a Dios; que se deja purificar y que despierta en nosotros la fuerza contraria, la fuerza positiva del Creador, que nos atrae hacia lo alto.




Benedicto XVI: La experiencia de la JMJ Madrid (2 de 4). Donde esta la luz? Como anunciar el Evangelio? Encuentro con los voluntarios.



De aquí nace después un modo nuevo de vivir el ser hombres, el ser cristianos. Una de las experiencias más importantes de aquellos días ha sido para mí el encuentro con los voluntarios de la Jornada Mundial de la Juventud: eran alrededor de 20.000 jóvenes que, sin excepción, habían puesto a disposición semanas o meses de su vida para colaborar en los preparativos técnicos, organizativos y de contenido de la JMJ, y precisamente así habían hecho posible el desarrollo ordenado de todo el conjunto. Al dar su tiempo, el hombre da siempre una parte de la propia vida. Al final, estos jóvenes estaban visible y «tangiblemente» llenos de una gran sensación de felicidad: su tiempo que habían entregado tenía un sentido; precisamente en el dar su tiempo y su fuerza laboral habían encontrado el tiempo, la vida. Y entonces, algo fundamental se me ha hecho evidente: estos jóvenes habían ofrecido en la fe un trozo de vida, no porque había sido mandado o porque con ello se ganaba el cielo; ni siquiera porque así se evita el peligro del infierno. 

No lo habían hecho porque querían ser perfectos. No miraban atrás, a sí mismos. Me vino a la mente la imagen de la mujer de Lot que, mirando hacia atrás, se convirtió en una estatua de sal. Cuántas veces la vida de los cristianos se caracteriza por mirar sobre todo a sí mismos; hacen el bien, por decirlo así, para sí mismos. Y qué grande es la tentación de todos los hombres de preocuparse sobre todo de sí mismos, de mirar hacia atrás a sí mismos, convirtiéndose así interiormente en algo vacío, «estatuas de sal». Aquí, en cambio, no se trataba de perfeccionarse a sí mismos o de querer tener la propia vida para sí mismos. Estos jóvenes han hecho el bien –aun cuando ese hacer haya sido costoso, aunque haya supuesto sacrificios– simplemente porque hacer el bien es algo hermoso, es hermoso ser para los demás. Sólo se necesita atreverse a dar el salto. 

Todo eso ha estado precedido por el encuentro con Jesucristo, un encuentro que enciende en nosotros el amor por Dios y por los demás, y nos libera de la búsqueda de nuestro propio «yo». Una oración atribuida a san Francisco Javier dice: «Hago el bien no porque a cambio entraré en el cielo y ni siquiera porque, de lo contrario, me podrías enviar al infierno. Lo hago porque Tú eres Tú, mi Rey y mi Señor». También en África encontré esta misma actitud, por ejemplo en las religiosas de Madre Teresa que cuidan de los niños abandonados, enfermos, pobres y que sufren, sin preguntarse por sí mismas y, precisamente así, se hacen interiormente ricas y libres. Esta es la actitud propiamente cristiana. También ha sido inolvidable para mí el encuentro con los jóvenes discapacitados en la fundación San José, de Madrid, encontré de nuevo la misma generosidad de ponerse a disposición de los demás; una generosidad en el darse que, en definitiva, nace del encuentro con Cristo que se ha entregado a sí mismo por nosotros.





Benedicto XVI: La experiencia de la JMJ Madrid. (1 de 4) Donde esta la luz? Como anunciar el Evangelio? (1 de 4)



¿Dónde está la luz que pueda iluminar nuestro conocimiento, no sólo con ideas generales, sino con imperativos concretos? ¿Dónde está la fuerza que lleva hacia lo alto nuestra voluntad? Estas son preguntas a las que debe responder nuestro anuncio del Evangelio, la nueva evangelización, para que el mensaje llegue a ser acontecimiento, el anuncio se convierta en vida.
[…]
¿Qué es una reforma de la Iglesia? ¿Cómo sucede? ¿Cuáles son sus caminos y sus objetivos? No sólo los fieles creyentes, sino también otros ajenos, observan con preocupación cómo los que van regularmente a la iglesia son cada vez más ancianos y su número disminuye continuamente; cómo hay un estancamiento de las vocaciones al sacerdocio; cómo crecen el escepticismo y la incredulidad. ¿Qué debemos hacer entonces? Hay una infinidad de discusiones sobre lo que se debe hacer para invertir la tendencia. Y, ciertamente, es necesario hacer muchas cosas. Pero el hacer, por sí solo, no resuelve el problema. El núcleo de la crisis de la Iglesia en Europa es la crisis de fe. Si no encontramos una respuesta para ella, si la fe no adquiere nueva vitalidad, con una convicción profunda y una fuerza real gracias al encuentro con Jesucristo, todas las demás reformas serán ineficaces.
[…]

La magnífica experiencia de la Jornada Mundial de la Juventud, en Madrid, ha sido también una medicina contra el cansancio de creer. Ha sido una nueva evangelización vivida. Cada vez con más claridad se perfila en las Jornadas Mundiales de la Juventud un modo nuevo, rejuvenecido, de ser cristiano, que quisiera intentar caracterizar en cinco puntos.
Primero, hay una nueva experiencia de la catolicidad, la universalidad de la Iglesia. Esto es lo que ha impresionado de inmediato a los jóvenes y a todos los presentes: venimos de todos los continentes y, aunque nunca nos hemos visto antes, nos conocemos. Hablamos lenguas diversas y tenemos diferentes hábitos de vida, diferentes formas culturales y, sin embargo, nos encontramos de inmediato unidos, juntos como una gran familia. Se relativiza la separación y la diversidad exterior. Todos quedamos tocados por el único Señor Jesucristo, en el cual se nos ha manifestado el verdadero ser del hombre y, a la vez, el rostro mismo de Dios. Nuestras oraciones son las mismas. En virtud del encuentro interior con Jesucristo, hemos recibido en nuestro interior la misma formación de la razón, de la voluntad y del corazón. Y, en fin, la liturgia común constituye una especie de patria del corazón y nos une en una gran familia. El hecho de que todos los seres humanos sean hermanos y hermanas no es sólo una idea, sino que aquí se convierte en una experiencia real y común que produce alegría. Y, así, hemos comprendido también de manera muy concreta que, no obstante todas las fatigas y la oscuridad, es hermoso pertenecer a la Iglesia universal, a la Iglesia católica, que el Señor nos ha dado.



viernes, 12 de julio de 2019

Benedicto XVI : Jóvenes “No tengáis miedo de ser considerados diferentes”



Queridos jóvenes…  no sigáis el camino del orgullo, sino el de la humildad. Id contra corriente:  no escuchéis las voces interesadas y persuasivas que hoy, desde muchas partes, proponen modelos de vida marcados por la arrogancia y la violencia, por la prepotencia y el éxito a toda costa, por el aparecer y el tener, en detrimento del ser.

Vosotros sois los destinatarios de numerosos mensajes, que os llegan sobre todo a través de los medios de comunicación social. Estad vigilantes. Sed críticos. No vayáis tras la ola producida por esa poderosa acción de persuasión. No tengáis miedo, queridos amigos, de preferir los caminos "alternativos" indicados por el amor verdadero:  un estilo de vida sobrio y solidario; relaciones afectivas sinceras y puras; un empeño honrado en el estudio y en el trabajo; un interés profundo por el bien común.

No tengáis miedo de ser considerados diferentes y de ser criticados por lo que puede parecer perdedor o pasado de moda:  vuestros coetáneos, y también los adultos, especialmente los que parecen más alejados de la mentalidad y de los valores del Evangelio, tienen profunda necesidad de ver a alguien que se atreva a vivir de acuerdo con la plenitud de humanidad manifestada por Jesucristo.
Así pues, queridos jóvenes, el camino de la humildad no es un camino de renuncia, sino de valentía. No es resultado de una derrota, sino de una victoria del amor sobre el egoísmo y de la gracia sobre el pecado. Siguiendo a Cristo e imitando a María, debemos tener la valentía de la humildad; debemos encomendarnos humildemente al Señor, porque sólo así podremos llegar a ser instrumentos dóciles en sus manos, y le permitiremos hacer en nosotros grandes cosas.


viernes, 28 de junio de 2019

Oración de Juan Pablo II por los jóvenes


Señor Jesucristo 

conserva a estos jóvenes en tu amor.

Haz que oigan tu voz 

y crean en lo que dices, 

porque sólo tú tienes 
palabras de vida eterna.

Enséñales cómo profesar su fe, 

cómo dar su amor, 

cómo comunicar su esperanza 
a los demás.

Hazlos testigos convincentes 

de tu Evangelio, 

en un mundo que tanto necesita 
de tu gracia que salva.

Haz de ellos el nuevo pueblo 

de las Bienaventuranzas, 

para que sean la sal de la tierra 
y la luz del mundo 
al inicio del tercer milenio cristiano.

María, Madre de la Iglesia, 

protege y guía 

a estos muchachos y muchachas 
del siglo XXI.

Abrázalos a todos 

en tu corazón materno.