Apoteósico
decía Eva Fernández de COPE el encuentro con la juventud; unos ochenta mil jóvenes cantando el Salve Regina en latín, reunidos en el Stade de France, el estadio más
grande del país, ubicado en el joven municipio de Saint-Denis, a unos 10 kms
del centro de Paris.
El tema central fue la santidad desde los primeros testigos
del Evangelio
en la Galia (María Magdalena, Blandina) hasta los santos recientemente
canonizados (Carlos de Foucauld, Luis XIV y Zélie Martin). Sus testimonios se
presentaron durante la Vigilia con una representación de diversos momentos
históricos relacionados con la vida de los santos, con jóvenes actores vestidos
con trajes de diferentes épocas e incluso con caballos. Una representación que
fue un verdadero espectáculo, impactante y emotivo. Alguien
menciono que para las próximas Jornadas de lo que sea deberían encargar los
trabajos preparatorios a los cuatro obispos responsables de esta organización y
a las dos diócesis involucradas. Éxito
total.
La Vigilia comenzó con palabras de gran alegría del obispo de la diócesis, monseñor Étienne Guillet. El prelado recordó que son de diferentes edades y en diferentes situaciones vitales, solteros y recién casados que, sin duda, comparten «preguntas y dudas»…Seine-Saint-Denis, explicó el prelado, es el departamento más joven y cosmopolita de Francia, y como obispo, quiere «dar testimonio del dinamismo de estas comunidades cristianas, donde los bautizados son, sin duda, una minoría, pero están animados por un gran deseo de vivir su fe, construyendo puentes de fraternidad y construyendo la paz. Esta noche, muchos vinieron a recibiros al Stade de France, invitando a sus amigos judíos, musulmanes e hindúes... con quienes conviven a diario » . (VaticanNews - parcial )
Durante la vigilia con los jóvenes fuimos testigo (lo vimos en vivo pero digital) de una impecable y majestuosa presentación ante una multitud inmensa, unida, serena, alegre, sublime. La memoria de los santos de Francia: 150 estandartes y 60 reliquias acompañaron la oración junto al Papa Leon XIV.
Y escuchar después de las preguntas que le hicieron Chloé y François, como primera respuesta de boca del Santo Padre: Queridos amigos, la primera cosa que yo quisiera decir es muy simple : ¡gracias! Gracias a Dios, gracias a ustedes, gracias por su valentía, gracias por su presencia, gracias por su fe. ¡Ustedes son los santos de Francia! es muy fuerte y crea, indudablemente, cierto compromiso.
El Santo Padre, entre otros, les recordó y aconsejó: :
(…) En toda la historia, no hay fracaso del que
Dios no pueda levantarnos: su misericordia es nuestra alegría. Y, sin embargo,
han mencionado la ansiedad y la incertidumbre como obstáculos para
su entusiasmo. Son sentimientos muy difundidos, debido a la precariedad de los
planes para el futuro, la naturaleza provisional de los vínculos afectivos y la
fragilidad de las relaciones. A ellos se suman otros, que pesan sobre su
generación, como el cansancio provocado por las pantallas y la ansiedad ante el
cambio climático o la situación económica e internacional. Sí, necesitamos
prestar atención a estos sentimientos. Invito a todos ustedes, queridos
jóvenes, a mantener el corazón abierto ante los sufrimientos de sus compañeros.
Al mismo tiempo, la experiencia de la fragilidad, de
cualquier fragilidad, se convierte, para un discípulo de Cristo, en una ocasión
para ser su testigo. Quien sigue a Jesús en el camino del servicio humilde y
gratuito se libera de la angustia y redescubre un nuevo entusiasmo, al
experimentar la alegría y paz interiores; no como sentimientos fugaces o
subjetivos, sino arraigadas en la certeza de la fe de la que damos testimonio
juntos como Iglesia.
Sí, juntos formamos la Iglesia: frágil y santa, como
vasijas de barro que guardan un tesoro (cf. 2 Co 4,7). Es nuevamente san Pablo quien nos recuerda que
precisamente en la debilidad somos fuertes (cf. 2 Co 12,10). Especialmente en tiempos difíciles, Dios
sostiene nuestra libertad y nos anima con su gracia. Quiso vivir como hombre,
para que pudiéramos vivir con Él para siempre, como testigos gozosos de la
esperanza.
(…) Para concluir, podemos retomar esta oración que
nos dio san Juan
Pablo II: «Maestro, tú
que amas y respetas la persona humana, tú que has compartido el sufrimiento de
los hombres, tu que esclareces el misterio de la existencia humana, ¡haznos
descubrir el verdadero sentido de nuestra vida y de nuestra vocación!» (Homilía de la XII Jornada
Mundial de la Juventud, París, 24 agosto 1997).



No hay comentarios:
Publicar un comentario