Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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viernes, 7 de abril de 2023

La Cruz que abrazaba Juan Pablo II aquel Viernes Santo de 2005

 


Fue el último Viernes Santo que lo tuvimos entre nosotros.


(He tomado los datos de un precioso libro comprado en Polonia (en inglés;) titulado He liked Tuesdays best - una conversación entre Mieczyslaw Mokrzycki (*) y Brygida Grysiak, Wydawnictwo M, Krakow 2011).

 

El padre Mokrzycki le pregunto en una oportunidad a Arturo Mari cual de las tantas fotografías suyas elegiría como símbolo del pontificado de Juan Pablo II y el “fotógrafo de seis papas” le respondió que escogería su última foto del Santo Padre en vida.
Se trata de la fotografía tomada durante el Vía Crucis del 2005: Juan Pablo II en su capilla privada abrazado a la Cruz, unido a Cristo y a los fieles congregados en el Coliseo. El Papa ya no podría hacer el camino de la Cruz de estación en estación, así que lo hizo unido a los fieles en sus pensamientos y en su oración desde su capilla privada.


Sin embargo, sabíamos - dice Mokrzycki - cuán importante era para él el Vía Crucis, por eso surgió la idea de instalar una pantalla delante suyo para que pudiera participar de la ceremonia en el Coliseo. La TV Vaticana transmitía imágenes desde la capilla en simultáneo, de modo que todos podían ver al Santo Padre rezando junto a ellos. Momentos muy emocionantes.


Y en algún momento el Papa pidió una Cruz…. Y el padre Stanislaw – dice Mokrzycki - sugiere alcanzarle la cruz liviana de madera que tenía yo en mi habitación. “Así que salí corriendo para traer la cruz al Santo Padre y hoy esa cruz es un recuerdo muy especial para mí, una reliquia.”


Esa Cruz, que recorrió todo un camino hasta que se convirtió en reliquia, tiene una preciosa historia.


Una mujer se accidento en las Montañas Bieszczady y ya no pudo volver a caminar, entonces le pidió a su esposo que le tallara una Cruz para que pudiera rezar con ella. Tres años más tarde le dio esa Cruz a un grupo de peregrinos que iban a Roma para las celebraciones del Jubileo del año 2000 y los peregrinos se la regalaron a Juan Pablo II. La Cruz fue luego puesta en la habitación del padre Mokrzycki. Despues de la muerte del Santo Padre el padre Mokrzycki le dio la reliquia a su madre Bronislawa y ella se la regalo a la parroquia en Kraczakowa, cerca de Rzeszow.


Mas tarde esa  Cruz-reliquia siguió peregrinando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo en la patria deSan Juan Pablo II, recordándoles a sus compatriotas el Via Crucis que ese Viernes Santo siguió “el Papa polaco” desde su capilla privada abrazando la Cruz y siguiendo las meditaciones y oraciones de su amigo el Cardenal Joseph Ratzinger.

(*) Mons. Mokrzycki fue llamado por el Cardenal Stanislaw Dziwisz para colaborar con el Santo Padre Juan Pablo II en el Año 18 de su pontificado en las tareas y movimientos cotidianos. El comenta muy humildemente en el libro que “no estaba preparado para esto; no tenía ningún tipo de estudios diplomáticos, tan solo un doctorado en teología…”

 

 


jueves, 1 de julio de 2021

Arturo Mari: mis 27 años con Juan Pablo II

 

(Arturo Mari arrodillado al lado del Papa)

(entrevista de Laura Badaracchi para Totus Tuus Nr 4 agosto/septiembre 2010)

“¿Un hombre como Juan Pablo? Como el nace uno cada siglo. Si acaso”

A Aturo Mari se  le humedecen los ojos cada vez que nombra al Papa Wojtyla: ha pasado veintisiete años a su lado, siendo considerado por el “como un hijo”. El fotocronista colabora desde jovencísimo con su porción en el “Osservatore Romano”, el diario de la Santa Sede: allí entró el 9 de marzo de 1956, y de allí salió, según sus palabras, ·”cincuenta y tres años después, tras haber seguido a seis Papas, de Pio XII a Benedicto XVI”. Nos habla desde el estudio de su casa en Borgo Vittorio. La misma habitación en la que nació y creció junto a su hermano y su hermana: donde hoy vive con su esposa ecuatoriana Corina: una habitación que rebosa de recuerdos en cada rincón. Las estanterías están cargadas de volúmenes que contienen sus fotografías  y de ellas son mayoría las dedicadas al Papa polaco. Testimonios de su peregrinación por el mundo, que proporcionaron además a Mari la ocasión de perfeccionar el ingles y el francés, que habia aprendido en el colegio, de aprender español y polaco  y hasta a chapurrear el alemán y el portugués.

 

¿Cuándo conoció personalmente a Karol Wojtyla?

Me lo presentó en 1962 el Primado de Polonia, el cardenal Stephan Wyszynsky, nombrado obispo auxiliar de Cracovia cuatro años antes, Monseñor Wojtla hablaba italiano: lo había aprendido durante la posguerra, cuando estudiaba teología en la Pontificia Universidad Santo Tomas de Aquino. Luego vino a Roma para el Concilio Vaticano II : entonces no era fácil salir de la propia diócesis y menos de su país. Me hablo de la Iglesia del silencio, y en aquella conversación comprendí que se trataba de un obispo fuera de serie. Sus razonamientos eran muy rápidos, tenía una inteligencia superior que iba directa al núcleo de las cuestiones, y de manera concreta y practica. Es decir, iba al grano, no gastaba palabras vanas.

 ¿Qué encuentros siguieron a continuación?

Durante los años del Concilio me lo crucé varias veces, y otras más cuando predicó los ejercicios espirituales en el Vaticano en 1976, invitado por Pablo VI. Siempre me reconocía, era muy cordial: me daba una palmada en la espalda y con una sonrisa me preguntaba como estaba, como iba el trabajo.

 ¿Qué sintió cuando oyó pronunciar su nombre aquel 16 de octubre de 1978?

Me encontraba detrás de las puertas del conclave, instintivamente di un salto de alegría. Apenas elegidos, antes de asomarse al balcón, me hizo una ligera caricia en la cara, con dulce expresión. Desde aquel momento lo seguí durante 27 años, 365 días al año, desde las seis y media de la mañana hasta las nueve de la noche e incluso más tarde. Una experiencia única en mi vida humana y profesional, y si pudiera volver atrás, haría lo mismo.

 Ha hecho miles de fotografías, ha visto personas sencillas de todo el mundo que esperaban la llegada del Papa ¿Qué fotos recuerda de manera especial que estén ligadas a un hecho o a un encuentro especialmente conmovedor?

Me han impresionado sobre todo sus visitas a hospitales y cárceles: su modo de acercarse a los familias pobres durante los viajes apostólicos. En estos encuentros se evidencia la sustancia de la que estaba hecho Juan Pablo II, la misma tanto si estaba en las chozas del bosque como en el palacio del Presidente de los Estados Unidos en Washington.   Lo que más me conmovía era su contacto con la gente: siempre quería ver los hechos, saber cómo estaban las cosas de verdad: jamás tuvo miedo de denunciar las injusticias, defendiendo los derechos de las personas hasta el fin, enfermo entre los enfermos.

 ¿Estar tan cerca de él ha influenciado su vida?

Digamos que ha cambiado mi existencia, tanto a nivel humano como espiritual: siempre estaba a medio metro de él, oía lo que decía incluso fuera del carácter oficial asistía a sus actividades “fuera de programa” que ponían nerviosos a los encargados de la seguridad, veía las expresiones de su cara: con su oración con sus movimientos me daba lecciones de vida. En el momento de la consagración durante la Misa, su rostro se transfiguraba: parecía situado en un escalón por encima de la tierra.

 Y luego su único hijo, Juan Carlos, ha decidió hacerse sacerdote…

Desde muy pequeño no dejaba de hacerme preguntas sobre el Santo Padre. Durante su etapa de discernimiento se confiaba mas con su madre que3 conmigo: cuando me comunicó su decisión, hable con Monseñor Estanislao Dziwisz, secretario personal del Papa, y éste se lo transmitió al Pontífice. Entonces el Papa me llamo para explicarme lo que significa ser padre de un sacerdote: me dijo que procurara estar siempre presente para que se apoyara en mí, pero con discreción, ya que el sacerdote está llamado a dar con sus manos a Jesus a los otros, a dar la vida.  Hoy mi hijo, ordenado hace tres años por Benedicto XVI, tiene 34 años y se encuentra en Ecuador para vivir en una comunidad de los Legionarios de Cristo, entre los que ha decidido vivir su vocación.,

 Juan Pablo II viajo más que todos los anteriores Pontífices juntos: más de un centenar de viajes apostólicos, 127 países visitados además de Italia. ¿Qué recuerda de los encuentros con los mandatarios políticos y los lideres religiosos?

El Papa ponía siempre al hombre en el centro de todo, con su dignidad, el trabajo, la familia: estas eran sus preocupaciones durante los discursos oficiales, estas y no las cuestiones institucionales. Su humildad se convertía en firmeza, porque hablaba, y asi lo hacía resaltar, en nombre de los que no podían hablar por si mismos.  Al mismo tiempo, sentía un profundo respeto por las otras religiones: fue el primer Papa en atravesar el umbral de una sinagoga y de una mezquita. En el campo ecuménico ha dado pasos de gigante.

 Una extraordinaria capacidad de relacionarse con todos que contribuyó, en 1989, a la caída del Muro de Berlín

No cayó por un golpe de viento: años atrás se habían reunido ne el Vaticano el Santo Padre y Michail Gorbachov, uno de los mejores lideres que ha conocido el Papa: ambos compartían el dialogo como medio para alcanzar la paz.

 Otra amistad famosa es la que tuvo con la Madre Teresa de Calcuta…

El encuentro  más conmovedor que recuerdo es el que tuvo lugar ne Calcuta en 1986, en la casa de los moribundos. Allí el Papa se inclino para acariciar a los leprosos, para darles de comer… Ninguno era católico: el Papa miraba al hombre, a la mujer, en un entorno difícil por el calor húmedo y los malos olores, el sufrimiento y la miseria increíble, tanta como no la he visto en ningún otro sitio.

 Cuéntenos alguna vivencia “fuera de programa” junto a los pobres…

En agosto de 1985, acabábamos de salir de la casa del Presidente; en un momento dado, la columna de automóviles que seguía al del Papa se detiene repentinamente: el Pontífice se baja del coche, atraviesa la calle y entra en una chabola donde vivía una familia con siete u ocho hijos, sin agua ni luz. Lo siguen el intérprete, el obispo local: el Papa quiere enterarse de cómo vive esta familia…. Esto sucedió de nuevo en Angola, en junio de 1992: encuentros espontáneos, fuera de protocolo. Enseguida se formaba una empatía: cuando sentías su mirada encima, no había resistencia posible: hablaba con la mirada, y te transmitía su estado de ánimo.

 ¿Y estando de vacaciones?

Era un contemplativo: en contacto con la naturaleza, se transfiguraba: Y escribía: de esos días surgían sus encíclicas, tantas cartas y libros. En realidad, en vacaciones trabajaba intensamente.

De los últimos dias de Juan Pablo II ¿Qué momentos desea recordar?

El Viernes Santo fue el Santo Padre el que pidió la cruz: la beso y se la acercó a la cabeza, al corazón, a la frente. Conseguía hablar, en tono muy bajo. Seis horas antes de su muerte, me llamo don Estanislao: el Papa quería saludarme por última vez. Me sonrió, con una mirada que no se le veía desde hacía mucho, y me dijo: “Arturo, gracias, gracias”. Esto nos hizo vivir su tránsito con serenidad. Aunque han pasado cinco años, no lo siento ausente. Voy a menudo a visitar su tumba. De verdad, lo siento muy cercano, como si siguiera a  mi lado.

 

jueves, 31 de enero de 2013

Juan Pablo II y los enfermos de lepra (2 de 4) Testimonio de Arturo Mari


En una visita al semanario católico polaco “Niedziela”  el “fotógrafo del Papa” Arturo Mari  le confia al Director del semanario,  el padre Ireneusz Skubis,  escenas conmovedoras de su vida al lado del beato Juan Pablo II. 



A la pregunta de:
Entre tantos encuentros con el Santo Padre cual es el que más recuerda? del padre Skubis, Arturo Mari en un testimonio fuerte y estremecedor, responde:

“Es difícil decirlo. Sus momentos más emotivos fueron aquellos con los niños. Pero el encuentro que me conmovió mucho fue la visita de Juan Pablo II a la isla de los leprosos.   Fue durante su visita pastoral a Corea del Sur (1984) El Cardenal Kim,. Arzobispo de Seul quería  limitar la visita del Santo Padre y excluir entre otros aquel encuentro. Pero Juan Pablo II no quiso renunciar a  nada. Volamos en helicóptero a la isla poblada solamente por leprosos. Después del saludo de los niños el cardenal invito al Papa a un edificio blanco grande. La visita estaba programada para dentro de algunos minutos. Acorde con mi trabajo yo me adelante un poco. Entré al edificio y cubrí mi cara con mis manos. Me arrodille y comencé a orar. No podía hacer mi trabajo….El Santo Padre llegó, miró, cayó sobre sus rodillas y se quedo rezando durante 8 minutos. Luego se levanto. El protocolo del encuentro establecía  que el Papa dijese algunas palabras y diera su bendición. Pero él se dirigió directamente hacia los leprosos. El Cardenal Kim trato de detenerlo. Sin embargo, el Santo Padre rechazo la  mano del cardenal con un gesto decidido y se encaminó hacia ellos.   Se encontró con 800 leprosos, con cada uno de ellos, tocando sus rostros y besándoles.  Usted comprende lo que es ser leproso: alguien sufriendo de esa enfermedad no tiene ojos, nariz o cara – se le ve solamente una boca deformada.  Todo el cuerpo esta deteriorado, casi corrupto, las manos encorvadas, torcidas. Lo digo porque a menudo vemos descripciones falsas de su situación. Lo recuerdo muy bien, también en mi corazón.”

miércoles, 30 de enero de 2013

Juan Pablo II y los enfermos de lepra (1 de 4 )


La lepra,  conocida también como la enfermedad de Hansen es una enfermedad tan antigua como el mundo, prácticamente desaparecida  de los países europeos,  pero activa mayormente en países o zonas pobres.    Hasta no hace tanto tiempo los enfermos no solo eran tratados como parias sino que además eran objeto de experimentos por  desconocimiento de las características y cura de la  enfermedad.   Hoy se sabe  que la lepra es de difícil contagio, existen medicamentos  muy eficaces que permiten que el tratamiento sea ambulatorio y en la gran mayoría de los casos la cura es total. La Organización Mundial de la Salud informa que de los 5,1 millones de casos en 1985, la cifra descendió a 805.000 en 1995,  a 753.000 a fines de 1999 y a 181.941 en 2011, otras fuentes citan cerca de 220.000.


Un santo hombre que se dedico a los enfermos de la lepra fue el Padre Damián de Molokai, beatificado por Juan Pablo II en 1995 y canonizado por el Papa Benedicto XVI en el 2009. Dicen que la Beata Teresa de Calcuta presento al Papa Juan Pablo II más de un millón de firmas de leprosos pidiéndole la beatificación de quien es ahora el  Santo de los leprosos Jozef Van Veuster, Padre Damián.




En el extenso viaje de 10 días realizado en el mes de mayo de 1980 Juan Pablo II quiso que su última visita en África fuera dedicada a los enfermos de lepra y asi el 12 de mayo visito la leprosería de Adzope en la Costa de Marfil.  Desde allí visitaba en espíritu a a todos los leprosos y enfermos del país y de toda África.
En 1990 Juan Pablo II visito el leprosorio de Cumura (Guineau Bissau) en una activísima visita apostólica (39 mensajes) a Cabo Verde, Guinea Bissau,  Malí, Burkina Faso y Chad (25 de enero - 1 de febrero) .

En ese Mensaje el Papa recordaba que “en la antigua tradición bíblica la curación de la lepra estaba asociada al concepto de purificación, como queriendo recordar que para ser completamente erradicada la humanidad debía purificarse de las múltiples formas de egoísmo y de indiferencia al dolor del otro,  que perturban el espíritu.  Cuando el corazón de todos se abra mas generosamente a las necesidades del hermano – decía el Papa - , se librarán por cierto también de este mal  Si el extraordinario progreso de la ciencia y de la técnica se pone sin reservas al servicio del hombre, mediante los dones divinos de la inteligencia y de la gracia serán instrumentos de las virtudes sanativas de Jesús, médico de almas y de cuerpos.”

Pero la visita del papa Juan Pablo II que evidentemente marcó historia con los enfermos de lepra fue la de Sorokdo, esa pequeña isla en la costa sudoeste de Corea,


 con una colonia de leprosos de más de 100 años.  Los enfermos fueron alojados allí después de haber sido marginados y menospreciados por la sociedad.  La Isla de Sorokdo se conectaba con la península solamente por medio del servicio de ferry.  La colonia creció rápidamente hasta albergar un máximo de 6.000 pacientes, abarrotados en pequeñas barracas sujetos a una férrea disciplina y con prohibición de abandonar la isla.  El hospital aun sigue activo y alberga pocos pacientes casi todos mayores de 60 años.  Ahora la isla cuenta con un puente de acceso  inaugurado en el 2009, pero los enfermos siguen necesitando un permiso de su médico para abandonar el lugar.  El lugar se puede visitar, pero debe tenerse en cuenta que toda la isla es considerada un hospital y que por lo tanto hay partes abiertas al público y otras de acceso restringido. (hay mas fotografías eneste sitio) 
Mas fotografías aquí.

La visita del papa Juan Pablo II a la isla de Sorokdo esta magníficamente documentada en  tres emocionantes testimonios, que publico en tres posts por separado,  con palabras de Arturo Mari, Joaquin Navarro Valls y J.L. Martin Descalzo. Los testimonios de Navarro Valls y Martin Descalzo fueron publicados por el diario ABC. El testimonio de Arturo Mari es parte de una entrevista que le realizara el semanario católico polaco Niedziela: