Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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sábado, 22 de noviembre de 2025

Solemnidad de Cristo Rey – Si, Cristo, tú eres Rey

 


Al celebrar la solemnidad de Cristo, rey del Universo recordamos la homilía del Santo Padre Juan Pablo II del domingo 26 de noviembre de 2000, con ocasión del Jubileo del apostolado de los laicos, en la santa misa celebrada junto a la tumba del apóstol san Pedro. 

“"Tú lo dices: soy Rey" (Jn 18, 37).

 “Así respondió Jesús a Pilato en un dramático diálogo, que el evangelio nos hace escuchar nuevamente en la solemnidad de Cristo, Rey del universo.

Esta fiesta, situada al final del año litúrgico, nos presenta a Jesús, Verbo eterno del Padre, como principio y fin de toda la creación, como Redentor del hombre y Señor de la historia.


En la primera lectura el profeta Daniel afirma: "Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin" (Dn 7, 14).

 ¡Sí, Cristo, tú eres Rey!

Tu realeza se manifiesta paradójicamente en la cruz, en la obediencia al designio del Padre, "que -como escribe el apóstol san Pablo- nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados" (Col 1, 13-14).

Primogénito de los que resucitan de entre los muertos, tú, Jesús, eres el Rey de la humanidad nueva, a la que has restituido su dignidad originaria.

¡Tú eres Rey!

 Pero tu reino no es de este mundo (cf. Jn 18, 36); no es fruto de conquistas bélicas, de dominaciones políticas, de imperios económicos, de hegemonías culturales.

Tu reino es un "reino de verdad y de vida, reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz" (cf. Prefacio de Jesucristo, Rey del universo), que se manifestará en su plenitud al final de los tiempos, cuando Dios sea todo en todos (cf. 1 Co 15, 28).

La Iglesia, que ya en la tierra puede gustar las primicias del cumplimiento futuro, no deja de repetir: 

Venga tu reino!"

"Adveniat regnum tuum!" (Mt 6, 10).”

jueves, 13 de marzo de 2025

Jubileos en la historia

 

Entre los antiguos judíos, el jubileo (llamado año de yōbēl, “de la cabra” porque la fiesta se anunciaba con el sonido de un cuerno de cabra) era un año declarado santo. Durante este período la ley mosaica prescribía que la tierra, de la que Dios era el único propietario, debía volver a su antiguo dueño y los esclavos debían recuperar su libertad. Solía suceder cada 50 años.

En la era cristiana, tras el primer Jubileo en 1300, los plazos para la celebración del Jubileo fueron fijados por Bonifacio VIII cada 100 años. A raíz de una peticiònd e fieles romanos hecha al Papa Clemente VI (1342), el periodo se redujo a 50 años.

En 1389, en recuerdo del número de años de la vida de Cristo, fue Urbano VI quien quiso fijar el ciclo jubilar cada a33 años, y convocó un Jubileo en 1390, que, sin embargo, fue celebrado por Bonifacio IX ras su muerte.

No obstante, en 1400, al final del periodo de cincuenta años previamente fijado, Bonifacio IX confirió el perdón a los peregrinos que habían acudido a Roma. Martin V, celebrò un nuevo Jubileo en 1425, haciendo que se abriera por primera vez la puerta santa en San Juan de Letrán.

El último en celebrar un Jubileo de 50 años fue el Papa Nicolás V en 1450, ya que Pablo II redujo el período interjubilar a 25 años, y en 1475 se celebró un nuevo Año Santo por Sixto IV. A partir de entonces, los jubileos ordinarios se celebraron a intervalos regulares. Por desgracia, las guerras napoleónicas impidieron la celebración de los jubileos de 1800 y 1850. Se reanudaron en 1875, tras la anexión de Roma al Reino de Italia, que se celebró sin la solemnidad tradicional.

 2015 : Francisco


 Con la bula Misericordiae Vultus del 11 de abril de 2015, el Papa Francisco declaró un Jubileo por el 50 aniversario del fin del Concilio Vaticano II. El Jubileo estuvo dedicado a la misericordia. Antes de la inauguración oficial, como signo de la cercanía de la Iglesia a la República Centroafricana asolada por la guerra civil, el Papa Francisco abrió lapuerta santa de la catedral de Notre-Dame de Bangui el 29 de noviembre, con motivo de su viaje apostólico a África, anticipando el inicio del Jubileo Extraordinario.   La puerta santa de la Basílica de SanPedro en el Vaticano se abrió el 8 de diciembre de 2015, fiesta de la Inmaculada Concepción. 

 Fue la primera vez que se abrió la  ”puerta de la misericordia” en las catedrales, santuarios, hospitales y cárceles del mundo.  Para la ocasión el Papa instituyó a los Misioneros de la Misericordia, a quienes les confió el poder de perdonar los pecados reservado al Santo Padre.

2000 : Juan Pablo II 


El 29 de noviembre de 1998, el mismo Papa proclamó el Gran Jubileo del Año 2000 con la bula Incarnationis Mysterium.  A lo largo del año, Juan Pablo II realizó varias peregrinaciones y gestos simbólicos no incluidos en las practicas habituales de las celebraciones, como la petición de perdón por los pecados cometidos en la historia y el Martirologio del os cristianos asesinados en el siglo XX. Uno de los principales acontecimientos del Jubileo fue la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud en Roma: participaron mas de dos millones e jóvenes. El Papa también peregrinó a Tierra Santa, fomentando el diálogo entre la Iglesia Católica el Islam y el Judaísmo.

1983: Juan Pablo II

Con la bula Aperite Portas Redemptori, del 6 de enero de 1983, Juan Pablo II proclamó el Jubileo, que celebraba el 1950 aniversario de la muerte y resurrección de Jesucristo.


Fuente: Jubileos en la Historia 

En la página oficial la historia completa con calendarios, eventos y comentarios.

 

viernes, 22 de marzo de 2024

El pecado y el sacramento de la Penitencia

 


“El sacramento de la Penitencia ofrece al pecador la « posibilidad de convertirse y de recuperar la gracia de la justificación »[15], obtenida por el sacrificio de Cristo. Así, es introducido nuevamente en la vida de Dios y en la plena participación en la vida de la Iglesia. Al confesar sus propios pecados, el creyente recibe verdaderamente el perdón y puede acercarse de nuevo a la Eucaristía, como signo de la comunión recuperada con el Padre y con su Iglesia. Sin embargo, desde la antigüedad la Iglesia ha estado siempre profundamente convencida de que el perdón, concedido de forma gratuita por Dios, implica como consecuencia un cambio real de vida, una progresiva eliminación del mal interior, una renovación de la propia existencia. El acto sacramental debía estar unido a un acto existencial, con una purificación real de la culpa, que precisamente se llama penitencia. El perdón no significa que este proceso existencial sea superfluo, sino que, más bien, cobra un sentido, es aceptado y acogido.

En efecto, la reconciliación con Dios no excluye la permanencia de algunas consecuencias del pecado, de las cuales es necesario purificarse. Es precisamente en este ámbito donde adquiere relieve la indulgencia, con la que se expresa el « don total de la misericordia de Dios »[16]. Con la indulgencia se condona al pecador arrepentido la pena temporal por los pecados ya perdonados en cuanto a la culpa.

El pecado, por su carácter de ofensa a la santidad y a la justicia de Dios, como también de desprecio a la amistad personal de Dios con el hombre, tiene una doble consecuencia. En primer lugar, si es grave, comporta la privación de la comunión con Dios y, por consiguiente, la exclusión de la participación en la vida eterna. Sin embargo, Dios, en su misericordia, concede al pecador arrepentido el perdón del pecado grave y la remisión de la consiguiente « pena eterna ».

En segundo lugar, « todo pecado, incluso venial, entraña apego desordenado a las criaturas que es necesario purificar, sea aquí abajo, sea después de la muerte, en el estado que se llama Purgatorio. Esta purificación libera de lo que se llama la “pena temporal” del pecado »[17], con cuya expiación se cancela lo que impide la plena comunión con Dios y con los hermanos.

Por otra parte, la Revelación enseña que el cristiano no está solo en su camino de conversión. En Cristo y por medio de Cristo la vida del cristiano está unida con un vínculo misterioso a la vida de todos los demás cristianos en la unidad sobrenatural del Cuerpo místico. De este modo, se establece entre los fieles un maravilloso intercambio de bienes espirituales, por el cual la santidad de uno beneficia a los otros mucho más que el daño que su pecado les haya podido causar. Hay personas que dejan tras de sí como una carga de amor, de sufrimiento aceptado, de pureza y verdad, que llega y sostiene a los demás. Es la realidad de la « vicariedad », sobre la cual se fundamenta todo el misterio de Cristo. Su amor sobreabundante nos salva a todos. Sin embargo, forma parte de la grandeza del amor de Cristo no dejarnos en la condición de destinatarios pasivos, sino incluirnos en su acción salvífica y, en particular, en su pasión. Lo dice el conocido texto de la carta a los Colosenses: « Completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia » (1, 24).

Esta profunda realidad está admirablemente expresada también en un pasaje del Apocalipsis, en el que se describe la Iglesia como la esposa vestida con un sencillo traje de lino blanco, de tela resplandeciente. Y san Juan dice: « El lino son las buenas acciones de los santos » (19, 8). En efecto, en la vida de los santos se teje la tela resplandeciente, que es el vestido de la eternidad.

Todo viene de Cristo, pero como nosotros le pertenecemos, también lo que es nuestro se hace suyo y adquiere una fuerza que sana. Esto es lo que se quiere decir cuando se habla del « tesoro de la Iglesia », que son las obras buenas de los santos. Rezar para obtener la indulgencia significa entrar en esta comunión espiritual y, por tanto, abrirse totalmente a los demás. En efecto, incluso en el ámbito espiritual nadie vive para sí mismo. La saludable preocupación por la salvación de la propia alma se libera del temor y del egoísmo sólo cuando se preocupa también por la salvación del otro. Es la realidad de la comunión de los santos, el misterio de la « realidad vicaria », de la oración como camino de unión con Cristo y con sus santos. Él nos toma consigo para tejer juntos la blanca túnica de la nueva humanidad, la túnica de tela resplandeciente de la Esposa de Cristo.

Esta doctrina sobre las indulgencias enseña, pues, en primer lugar « lo malo y amargo que es haber abandonado a Dios (cf. Jr 2, 19). Los fieles, al ganar las indulgencias, advierten que no pueden expiar con solas sus fuerzas el mal que al pecar se han infligido a sí mismos y a toda la comunidad, y por ello son movidos a una humildad saludable »[18]. Además, la verdad sobre la comunión de los santos, que une a los creyentes con Cristo y entre sí, nos enseña lo mucho que cada uno puede ayudar a los demás —vivos o difuntos— para estar cada vez más íntimamente unidos al Padre celestial.”

 (Juan Pablo II «Incarnationismysterium» - Bula de convocación del gran Jubileo del año 2000)


viernes, 2 de julio de 2021

"Y VOSOTROS QUIÉN DECÍS QUE SOY YO" responde Vittorio Messori

 


Restaurar la esperanza es el “trabajo humanitario” mas urgente.


“Pero vosotros quién decís que soy yo?” Desde que fuera planteada a los discípulos cerca de Cesarea-Filippa, esta pregunta no ha cesado de ser formulada a cada hombre y a cada mujer. Porque cada uno de nosotros – como bien expresara Pascal – “debe dar una respuesta, y aunque fuese negativa, debemos asumir el riesgo”.


Siempre ha sido así. La fe nunca ha sido un bien hereditario, transmitido de padre a hijo.
No obstante, hasta tiempos recientes – al menos en ciertas partes de algunos países – todavía existía una “cristianidad” un “mundo católico” que facilitaba que la fe se desarrollara espontáneamente desde la infancia, que creciera merced al ejemplo y la catequesis y que permaneciera hasta los sacramentos de “partida” de esta vida. Ya en ningún lugar es así. Hoy la fe recupera su carácter original: es un riesgo, una elección personal, asediada por todas partes por palabras y comportamientos discordantes. Creer hoy se esta convirtiendo o ya se ha convertido, en un acto anti conformista, militancia de minorías que van contra la corriente.

Por ello, la necesidad de una pastoral eclesial que no se limite a comentar los contenidos del Cristianismo, sino que indique sobre todo sus razones. Muchos discursos, dando la fe por sentado, que se limitan a inspirar consecuencias de naturaleza moral producen ineficacia total y absoluta. En realidad porque esforzarse en vivir “como cristiano” si ya no se está convencido que aquel Jesús es verdaderamente Cristo y que sus palabras son normativas porque nos vienen de Dios mismo?

También esto, evidentemente, es lo que el Santo Padre entiende por “nueva evangelización”: comenzar desde el principio, con el apostolado de la proclamación, dejando para más adelante el de catequesis, que solamente rendirá fruto cuando el “riesgo” sobre el Evangelio haya sido propuesto y aceptado.

Y a esto aspira, a mi entender, el programa de preparación para el Gran Jubileo cuyas etapas han sido prescriptas por el Papa Juan Pablo II:

Aquellos que llevan la fe en su corazón – y por lo tanto la Iglesia, la cual no puede subsistir sin sus fundamentos – deben comprometerse para que este tiempo que nos separa del cumpleaños del bimilenio de Jesús quede marcado por una búsqueda de razones que induzcan a los creyentes a ver en El, a Cristo, el Hijo de Dios vivo.

Este es un tiempo de kerygma, de nueva proclamación, a viva voz y clara, sin la cual el dialogo mismo (con el “mundo” o con otras religiones) pierde sentido. Es tiempo de redescubrir que entre las jerarquías evangélicas de valores, la caridad mas grande, la que precede a todas las demás, es la de la verdad. Ofrecer nueva Esperanza, mostrar sus razones, es la solidaridad mas urgente y mas loable, la mas valiosa de todo el “trabajo humanitario”.

Mas que del pan – dice el Evangelio – el hombre vive de la palabra de Dios.

Que los dos mil años del nacimiento del Redentor nos ayuden a redescubir esta realidad que arriesgamos olvidar en una rutina eclesial que frecuentemente se convierte en habito, o un cristianismo que es vivido, pero que sin motivaciones explicitas de fe, puede llegar a ser mera filantropía. Y esto tiene poco que ver con la verdadera caridad.

Vittorio Messori

 tomado de «TERTIUM MILLENNIUM» N.2/ Mayo 1997

 Índice Tertium Millenium

 

 

jueves, 10 de enero de 2019

Y tu quién crees que soy? Papandreou Damaskinos (2 de 2) (de Tertium Millenium)

Así que a menos que tomemos la inseparable unidad de la divinidad y humanidad de Cristo como el punto de partida, la Iglesia es considerada como una organización sociológica o humana,  o institución, o quizás aun como una sociedad separada de los problemas de este mundo, basada en verdades parciales elegidas, las cuales mas o menos conscientemente, se consideran absolutas.
En la situación concreta de hoy si somos fieles a la imagen revelada de Cristo  comprenderemos nuestra relación con Dios tanto vertical como horizontal.
Vertical: el intercambio de amor entre criatura y Creador se realiza al mismo tiempo desde la base a la cima y desde la cima a la base.  Es así como se considera la relación del hombre con Dios.

Horizontal: se refiere a la relación del hombre con hermanos y hermanas. En ellos, el ama a Dios y le sirve a Dios a quien no ve. El no ve a sus hermanos y hermanas tan solo en relación a su vocación eterna, sino también en la perspectiva de su situación concreta en el presente.

El peligro de la verticalidad radica en que olvidemos a nuestros hermanos y hermanas mientras confiamos totalmente en Dios. Y el de la horizontalidad que olvidemos a Dios con la excusa de servir a nuestro prójimo.

El mayor peligro que debemos mencionar aquí es que trabajando en el mundo,   las Iglesias pueden llegar a secularizarse. La Iglesia debe seguir siendo Iglesia, aun cuando se asocia a los pobres, los oprimidos y los hambrientos. Al hacerlo asi, debe predicar el Cristo completo y total a la gente en su tiempo, proclamar tan solo a Él y su redención.

 Es verdad que Jesus es testigo del amor y la presencia tan especial entre los marginados en la sociedad, los enfermos y los pobres, los débiles y los culpables. La Iglesia de hecho se asocia con aquellos que tienen todo en contra y quiere estar con los débiles y los privados de sus derechos. Pero esto no significa que uno deba identificar a Dios con los oprimidos, el mensaje de los Evangelios con el triunfo de la violencia y la injusticia. La Justicia nunca debe ser confundida con la justificación: la liberación política y la victoria sobre la pobreza no pueden estar al mismo nivel que la redención.  

Por otro lado Berdiaev dice que el tema de “el pan nuestro” es un tema material, mientras el tema del pan de nuestro prójimo es una cuestión espiritual. Sin dudas hay algo de verdad en esto.  Aquellos que no se comprometen espontáneamente en ayudar a los demás en sus sufrimientos concretos pueden ser considerados culpables de herejía como aquellos que niegan una u otra verdad de fe.

Que la humanidad tenga suficiente pan para vivir dependerá del hecho que la suficiente cantidad de personas comprenda que no solo de pan vive el hombre. En este sentido seria erróneo enfrentar lo “vertical” con lo “horizontal”. Cada dimensión de fe forma un todo con las demás. No existe separación clara entre la historia de la salvación y la historia del mundo. A propósito de esto, va por descontado que la Iglesia no es un medico inmunizador en la cabecera de una sociedad enferma. Vivimos en una sociedad, y con ella, podemos enfermar, esforzarnos y perder la esperanza.
 Sin embargo no es fácil preservar el equilibrio entre estas dos tendencias diversas, entre la horizontal y la vertical, entre la humanidad de Dios y la adopción de Dios por el hombre. Nuestra generación ha conocido estos “buenos Cristianos” cuyo ideal ha sido escapar del mundo, aunque ellos vivieron una vida confortable.  Hoy experimentamos una tentación opuesta. EN su deseo de dedicarse enteramente al servicio de los demás, muchos cristianos pierden de vista la trascendencia de Dios y asi al final solo en su inmanencia en el hombre, o solo esa humanidad común.

Esta tendencia es a menudo acompañada por una orientación teológica unilateral. Para el bien de la humanidad y el mundo, debemos permanecer teológicamente cerca de la profesión de fe de Pedro: “Tu eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo”, que considera al mismo tiempo a Dios y al hombre sin confundirlos.

«Tu eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo», la memoria de dos mil años en la historia de la Cristiandad define en mayor o menor medida su responsabilidad también en vísperas del tercer milenio. En el primer milenio, la Iglesia cristiana asocia la paz del mundo Romano “pax romana” con la paz del cielo, fundamentada en el misterio de la encarnación de Cristo, como una “reconciliación” de la humanidad con Dios y como una nueva revelación del hombre con su prójimo en el contexto del humanismo teocéntrico de la Iglesia. Durante el segundo milenio los Cristianos de Oriente y Occidente  han tratado de extender su contribución al humanismo teocéntrico de la Iglesia a través de reflexiones teológicas (la teología escolástica de Occidente) y a través de la emancipación de su propia vida espiritual frente a frente con la experiencia espiritual de la Iglesia – que es “el Cuerpo de Cristo” perpetuado en el tiempo y la historia – descubriendo un humanismo antropocéntrico para la vida de la humanidad y del mundo.
Repasando la historia espiritual de los dos primeros milenios esquemáticamente se presenta la pregunta acerca de que clase de humanismo caracterizará el tercer milenio.   Los cristianos están volviendo a las fuentes que han irrigado su identidad espiritual durante dos milenios y le han dado respuestas creíbles a su angustia existencial. Esta  memoria les recuerda al mismo tiempo la confianza de Dios hacia el hombre y la del hombre a Dios con todos los elementos de las consecuencias que estos dos movimientos han tenido  en la identidad del hombre a través de las condiciones cambiantes de cada era. La Iglesia de Cristo trabaja a través del tiempo como una memoria que garantiza la continuidad y el equilibro entre cuestiones cíclicas y las peticiones de los cristianos. Para ello ella permanece – o al menos debería permanecer – alerta para lograr comprender el mensaje de los tiempos.
  
En el umbral del tercer mileno, somos consientes del hecho que, queriendo hacer su propia interpretación de la identidad y su misión en el mundo, los hombres y mujeres modernos han acumulado muchos problemas en la humanidad que las personas ahora son incapaces de asimilar o manejar para el interes de la humanidad. Su clamor por basar la paz social de las gentes en la necesidad de la muerte de Dios, en la práctica, es vista no solo como una quimera , o peor aun una pesadilla que desafía la ansiedad espiritual del hombre.
  
Las penosas consecuencias de las recientes e inesperadas consecuencias ocasionadas por las quimeras ideológicas han demostrado que el hombre no puede saciar su sed soñando estar cerca de un manantial.  La sed y el hambre espiritual del hombre, causadas por los bloqueos de nuestra era están confirmadas a través de la instintiva y recurrente búsqueda de fuentes  de espiritualidad diacrónica, a pesar del hecho que la Iglesia no se halla aun lista para encontrar soluciones a estos puntos muertos que el hombre moderno debe enfrentar. No obstante, ella tiene el deber de ocuparse del hombre y la mujer modernos con todos sus problemas, encomendarlos a la Mesa del Señor donde está encarnado el realismo social de la Iglesia y se ofrece el “pan de vida! Y el “antídoto contra la muerte”.  Es solo ante el altar del Señor que la muerte se convierte en fuente de vida para alimento espiritual del hombre y para que el mundo pueda vivir. Esta humanidad cristocentrica es la tarea de la Iglesia y la esperanza del mundo para el tercer milenio.

(Papandreou Damaskinos  Metropolitamo Greco Ortodoxo de Suiza y secretario de la Secretaria para la preparación del Gran Concilio Ortodoxo de Iglesias. En su rol esta en permanente y regular contacto con todas las Iglesias Ortodoxas. Fundador y Director del Centro Ortodoxo en Chambesy.)

viernes, 4 de enero de 2019

Y tu quién crees que soy? Papandreou Damaskinos (1 de 2)




«Tu eres Cristo, el Hijo de Dios vivo» (Mt 16,16) es la respuesta que Simón Pedro da a la pregunta que Jesus le plantea a sus discípulos: «Quien dicen los hombres que es el Hijo del hombre?» (16,13). Esta es la primera profesión de fe que encontramos en el Nuevo Testamento y es la “roca”, el fundamento sobre el cual está construida su Iglesia. «Cristo es el Hijo del Dios vivo». El es la verdad que nos salva.

Que significa esto? Dios se hace hombre porque el hombre, como portador de las energías no creadas de Dios vive en unión con El. Este evento dinámico renueva toda la creación: Dios se hace hombre para hacerse cargo de las consecuencias del pecado original – sufrimiento y muerte: «aquello que no puede ser asumido, no puede ser salvado».

Toda la humanidad comparte, por así decirlo, orgánicamente en la naturaleza humana de Dios (Logos) encarnado. Aquellos que han sido redimidos se convierten en hijos,  no como Cristo «en naturaleza y verdad» (como dice Atanasio el Grande)  sino por disposición y gracia divina, a través de la participación en su espíritu y por imitación.» De esta manera el Padre realizo la salvación de todo el mundo en su Hijo y creó una relación entre todas las cosas.

Que significa esto?

 Quiere decir que todos los hombres y mujeres pueden llegar a ser hijos de Dios  por el poder del Espíritu. Son hijos de Dios guiados por el Espíritu de Dios. «Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: !!Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. (RM 8,14-17).  Todas las personas, sin distinción de sexo, edad, clase, raza, opinión política o valor moral se convierten en miembros de la nueva familia de Dios por medio del Bautismo. Por el Bautismo los Cristianos comparten la labor redentora de Cristo, cooperan en su acción. El agua de la nueva creación que es el Bautismo consagra su transformación y es a través del Bautismo que comienzan a compartir en la vida de Dios-hombre y a trabajar con El para el bien de la humanidad. Ellos rezan incesantemente “que venga tu reino”.  Pues este reino une a toda la humanidad por su esencia y naturaleza. Esta familia, este “Cuerpo de Cristo” se llama Iglesia. Esta Iglesia que conformamos como miembros de este cuerpo no existe por si misma,  para afirmarse ella misma – sino para el mundo.

Y es precisamente porque la Iglesia representa el Cuerpo de El que “a través de su humanidad se hizo uno de nosotros”  y comparte en la vida de la Iglesia y la Historia, la Iglesia no existe a menos que sea la encarnación del Señor en el mundo y en la historia. Ella tiene una relación orgánica con el mundo. Esta relación es a su vez vivida en la Eucaristía.
La Eucaristía es el evento sacramental en el cual se celebra la comunidad renovada con Dios y completada por el poder del Espiritu Santo.  El hombre es colocado en esta comunidad y creado para ella. Si perdiera esta comunidad, la misma relación con sus hermanos y su entorno se quebraría en confusión., «Es en Jesucristo  que Dios renueva la comunidad en su dimensión dual (….) Nuestro compartir la mesa del Señor  fortalece indisolublemente en Jesucristo nuestra comunión con Dios y nuestros prójimos. La Eucaristía es el signo escatológico de salvación universal.»
  
En el centro de esta comunidad está el Dios-hombre, la humanidad divina de Jesus, la visión del “hombre nuevo”, la “nueva sociedad” que se caracteriza por dos movimientos que se cruzan indisolublemente, del altar hacia el mundo y del mundo hacia el altar: contemplación y acción, el servicio del hombre y el servicio de Dios, liturgia y diaconado espiritual y temporal.  Si partimos de Cristo, la salvación del mundo,  no hay diferencia entre servicio de desarrollo y servicios de reconciliación.  Es por eso que nuestra misión posee una vasta dimensión diaconal. Esta dimensión también comienza por partes iguales en la acción  total de Cristo quien “anduvo  enseñando, predicando y curando” (Mt5 9,35) y del total de la existencia humana.

«Tu eres Cristo, el Hijo del Dios vivo». Cristo, la fuente que renueva nuestra acción es «la misma ayer y hoy y siempre» (Heb 13,8)  Cualquier desviación grave en comprender la humanidad y la divinidad del Hijo en la persona misma del Dios-hombre tendría consecuencias para hombres y mujeres, en la Iglesia, por su comprensión de salvación. Para todos los propósitos practicos, esto ocure cuando una u otra verdad parcial es tomada dela profesión de fe y esta es la única verdad uno quiere escuchar. Como ejemplo de esta verdad parcial podriaser queel hombre oprimido por la pobreza y sufrimiento se ate exclusivametne a la naturaleza humana de Jesus de Nazaret en su sufrimiento mientras la inefable naturaleza de Dios «desaparece de su vision» (Lk 24,31b). Por lo tanto  no pensar en Jesus solamente como hombre.

Y esto sobreviene instintivamente si consideramos la divinidad de Cristo como tal, con el resultado que determina nuestra existencia humana y nuestra relación con el mundo.  Todo lo que se refiere a nosotros no debería ser sobreestimado y considerado como un absoluto, a menos que caigamos en este falso dilema: naturaleza humana o Naturaleza divina, humanismo o teocracia, cruz de resurrección. No podemos establecer estas verdades una contra otra, y de tal manera separarlas. Una se encuentra contenida en la otra.  La comprensión de la Iglesia también debe partir de Cristo. Ella es su “cuerpo”, La humanidad divina de Cristo determina la forma de la Iglesia, su existencia, su estructura. (Christus totus in capite et corpore).

(Jubileo 2000, Tertium Milenium, "Y tu quien crees", Papadreou Damaskinos)

martes, 26 de junio de 2012

"Y vosotros quien decís que soy yo?" responde Jean Vanier (*)



Jesucristo, humilde y pobre, omnipotente

Jesús es Aquel a quien todo el mundo espera. Nuestro mundo espera un Salvador, nuestro mundo espera a alguien que le de sentido a la vida. Vemos a la gente desalentada. Existe una brecha abismal entre países pobres y países ricos.  Pienso especialmente en África; guerras civiles…en muchos países del este de Europa aun existe pobreza y descontento producto de tantos años de comunismo. Lo mismo vale para América Latina donde vemos mucha pobreza y sufrimiento  y en todos los países esa brecha entre pobres y ricos. 
Todo el mundo busca ansiosamente un sentido, especialmente los jóvenes. Los jóvenes han perdido el sentido de la vida. Esperan a Aquel que vendrá y aquel que nos espera es Alguien que vendrá para decirles: «Los amo», «Confío en ustedes y quiero darles vida, quiero darles libertad, quiero darles un nuevo sentido para vuestras vidas».  Lo que más me impresiona hoy es que muchos jóvenes no están interesados en saber que es bueno, que es falso, que es verdad, ellos esperan y plantean una pregunta básica: «Me amas?». 
Así Jesús es Aquel que viene a decirnos a cada uno de nosotros “Te amo” y “tú eres importante para mi”; pero él no se acerca sobre alas de poder, (autoridad, fuerza) o gloria. Jesús es Aquel que se ha vaciado a sí mismo, es Aquel que no se aferró a su propio estado divino que lo hacía igual a Dios; se vació a si mismo, se convirtió en pequeño, en niño, un hombre crucificado, rechazado;  se hizo pobre.   Es verdad que a veces Jesús es poderoso, obró grandes milagros pero temió que la gente viera en el al Poderoso que hace grandes cosas en vez de Aquel que busca donarse en Comunión.  Así Jesús se convierte en pequeño, humilde ….en niño, una persona débil, frágil. Por eso Jesus es para mi Aquel que se hace pequeño, es Dios que se vuelve pequeño, que se oculta en el pobre, en el humilde, el débil, el moribundo, el enfermo; porque todas estas personas que son particularmente frágiles ansían ser amadas y aquí veo yo está el misterio de Jesús y que ese Jesús es amor. 
Tal como Dios es Amor. Jesús es Amor.  Jesús se arrodillo ante sus discípulos, le lavó los pies a sus discípulos diciendo: «Debo darles  ejemplo para que ustedes hagan lo mismo que yo hago». Por eso pienso que el mundo espera un Salvador que es pequeño y humilde y que llega para darnos amor. «Venid a mí todos los que estáis afligidos y agobiados, y yo os aliviaré  porque soy paciente y humilde de corazón» 
Creo que todo el misterio de Jesus esta comprendido en estas palabras: : «Me inclino sobre el como fuente de misericordia» porque todo lo que quiere es amar, brindar su corazón y todo lo que El pide de nosotros es ofrecer nuestros corazones, y recibir este misterio del amor de Dios, la presencia de Jesús.  Por eso Jesús es para mí aquel que es dócil y humilde de corazón, que se oculta en el pobre y dice, como leemos en el Libro de los Profetas: «Hijo mío, dame tu corazón»



(*) Jean Vanier fundador de “El Arca”nació el 10 de septiembre de 1928 y vivió su infancia entre Inglaterra, Canadá y Francia. 
En 1950, deja la marina real canadiense para hacer estudios de filosofía. Tras haber obtenido un doctorado en filosofía, ejerce de profesor en la universidad de Toronto. En 1964, crea El Arca acogiendo a personas discapacitadas adultas en un pequeño hogar en Trosly Breuil en el Oise, un pequeño poblado al norte de París. Alentado por el Padre Thomas, un sacerdote dominico que adoptó como padre espiritual, Jean Vanier invitó a Philippe Seux y Raphaël Simi, dos personas con deficiencia intelectual, a dejar la institución en la que estaban para vivir con él, en esa pequeña casa en Trosly-Breui que bautizara “El Arca”; en referencia a El Arca de Noe, símbolo de seguridad y renovación.


Hoy existen139 comunidades del "Arca" en 35 países de los 5 continentes.
En 1971, Vanier funda Fe y Luz con Marie Hélène Mathieu. En 1988, es uno de los sesenta laicos invitados por el Papa Juan Pablo II a participar en el Sínodo para los laicos en Roma. Vanier fue recibidio por el Beato Juan Pablo II en tres oportunidades. En 1984,  en 1987 y en 1997 le entrego el “Premio Internacional Pablo VI”. 

El Arca cuenta hoy con 131 comunidades en más de 30 países. En la Argentina la comunidad tiene su centro en El Arca, Boulogne.  Invito visitar su pagina web.  

sábado, 14 de enero de 2012

Oración de Juan Pablo II ante el muro occidental de Jerusalén

(Recordando con cariño a Susy, compañera de estudios,  con quien he perdido contacto….)


Dios de nuestros padres,
tú has elegido a Abraham y a su descendencia
para que tu Nombre fuera dado a conocer a las naciones:
nos duele profundamente el comportamiento de cuantos,
en el curso de la historia, han hecho sufrir a estos tus hijos,
y, a la vez que te pedimos perdón, queremos comprometernos
en una auténtica fraternidad
con el pueblo de la alianza.

R. Amén.

Domingo 26 de marzo de 2000

miércoles, 23 de junio de 2010

Las “raices” judìas de Karol Wojtyla por Gian Franco Svidercoschi

Matura - terminada la escuela secundaria, Wadowice 1938

Es el Papa, el primer Papa después de dos mil años, que entra en una Sinagoga, cumpliendo así un gesto histórico de reparación y solidaridad hacia los «hermanos mayores». Es el Papa que pronuncia las palabras más fuertes, y en cierto aspecto, debemos decir, palabras definitivas, sobre el Holocausto, la exterminación del pueblo judío, y las crecientes formas de anti-semitismo «pecado contra Dios y contra el hombre». El Papa, que sancionó, también en el ambiente diplomático, la relación que existió durante un tiempo entre la Santa Sede y el Estado de Israel.

Pero sobre todo, es el Papa que mas hizo por la “purificación” de la enseñanza católica sobre el Judaísmo y los judíos. El Papa, que denuncio la tentación recurrente de separar, de hecho de poner en oposición Nuevo y Antiguo Testamento. Y en cambio, recordó que Jesús se hizo «autentico hijo de Israel, profundamente enraizado en la larga historia de su pueblo». Y por lo tanto, el cristiano, convencido de ello, no puede ya «aceptar que los Judíos, en cuanto a que son Judíos, sean despreciados o lo que es aun peor, menoscabados».
Pero puede todo esto, y aquello a lo cual Juan Pablo II le dio impulso decisivo en cuanto al proceso de acercamiento, y por lo tanto entendimiento reciproco, y por la colaboración entre católicos y judíos, o sea puede todo esto explicarse sencillamente como una evolución consecuente del Concilio Vaticano? Es como un paso, una obligación que sigue a la declaración Nostra Aetate, que había dado por terminada la acusación de deicidio, y repudiado la «enseñanza de desprecio» secular, y en cambio recordado y vuelto a proponer el «lazo espiritual» que une indeleblemente el cristianismo y el judaísmo.

En Cruzando el Umbral de la Esperanza el Papa escribe: «Detrás de las palabras de la Declaración del Concilio hay esperanza para muchos hombres, tanto judíos como cristianos. Además está mi experiencia personal de la primera etapa de mi vida en mi pueblo natal» Y resaltamos: por lo tanto debe significar algo – en el plano providencial y no solamente en el plano de las coincidencias – que el autor del giro de este dialogo de la Iglesia Católica con los hermanos de Israel fuese un Papa para quien la convivencia en su infancia y adolescencia con los judíos fuera parte de su vida diaria.

Wadowice, donde Karol Wojtyla nació y vivió hasta los 18 años de edad, era una ciudad de 10.000 habitantes de los cuales 3.000 eran judíos. Y vivían, católicos y judíos serenamente sin conflictos. Karol vivía en una casa, cuyo dueño , Balamut, era judío. Judía también era Ginka Beer, algo mayor que el, que vivía en el piso de arriba y quien introdujo a Karol al teatro. Muchos de sus amigos de la escuela también eran judíos. Jerzy Kluger, gran amigo de toda la vida y Zygmunt Selinger, Leopold Zweig: y Poldek Goldberger, que - al igual que Wojtyla - hacia de arquero, cuando jugaban al fútbol.

Así, que el futuro Papa conoció el Judaísmo por dentro. A través de la amistad diaria en total estima y tolerancia reciproca. Conociendo a mucha gente. Pero también a nivel religioso y espiritual. En la parroquia durante los servicios vespertinos, siempre le llamo la atención el Salmo 147 aquel de la invitación a Jerusalén a glorificar al Señor porque reforzó los cerrojos de sus puertas y bendijo a sus niños. Muchos años mas tarde, el Papa recordaría: «ambos grupos religiosos, católicos y judíos creo que estaban unidos por la conciencia de rezar al mismo Dios. No obstante la diferencia de la lengua, las oraciones en la Iglesia y en la Sinagoga se basaban en gran manera en los mismos textos »

Hay un segundo aspecto para explicar lo que llamamos las «raíces» judías de Karol Wojtyua. Y es a la luz de su primera historia personal, particularmente de sus primeros años. Es haber vivido cerca, aun sin haber podido conocer la verdadera realidad y las verdaderas dimensiones de la gran tragedia del pueblo judío, el Holocausto. En el origen de todo radicaba el horrible plan de Hitler. La «solución final» como fue llamado el plan para hacer desaparecer, a la nada, la raza judía sobre el entero continente europeo.

El Papa recuerda, en Cruzando el umbral de la esperanza, «Luego vino la Segunda Guerra Mundial, con los campos de concentración y
el exterminio programado. En primer lugar, lo sufrieron precisamente los hijos de la nación hebrea, solamente porque eran judíos. Quien viviera entonces en Polonia tenía, aunque sólo fuera indirectamente, contacto con esa realidad. Ésta fue, por tanto, también mi experiencia personal, una experiencia que he llevado dentro de mí hasta hoy»

Karol Wojtyla – quien en la hecatombe perdiera muchos amigos judíos – conocía por lo tanto directamente, en primera persona, hasta que punto puede llegar el odio, el desprecio por el hombre, en nombre de una ideología fanática y homicida. Conoció los abismos de la injusticia, la violencia de la opresión de todo un pueblo. Y esto puede explicar muchas cosas sobre un Papa que dedico su primera encíclica Redemptor Hominis a la causa del hombre, a su dignidad, a las amenazas contra el, a sus inalienables derechos. Un papa que, durante su primer viaje a Polonia, en junio de 1979, cuando llego a Auschwitz sintió la necesidad de decir «No podía dejar de venir aquí».

Solo un Papa como el, hijo de una nacion que también había vivenciado trágicamente la barbarie de la guerra y los campos de exterminación nazi, y quien de hecho estuviera unido al martirio del pueblo judío, a aquellos seis millones de muertos, solo un Papa como el, hablando del Holocausto, a los representantes de la Comunidad Judía polaca, en Varsovia podía decir que el tuvo «una particular relación con todo ello», porque junto a ellos «en cierto sentido» había «vivido todo, en esta tierra».

Solo un Papa como el, en cuya memoria de la historia, en el legado cultural de su Nacion, encontró inspiración para pronunciar palabras nuevas sobre el Judaísmo, palabras profundamente diferentes de aquellas dichas durante siglos por la Iglesia Católica, solo un Papa como el pudo haber escrito en los siguientes términos a los «amados hermanos judíos» con ocasión del 50 aniversario de la insurrección del ghetto de Varsovia: «Como podría no estar cerca de ustedes, para recordar en oración y en mediación tan doloroso aniversario? Quero que sepan que no están solos al cargar con el castigo de esta penosa memoria».

Por lo tanto, nadie quiere olvidar la historia que ha pasado. Pero no permitamos que el peso de esta historia impida el desarrollo del dialogo, y especialmente en encarar y resolver a nivel cultural pero ante todo en el plano religioso las «desacuerdos» mas sensibles que aun permanecen. Y ellos son por parte de los judíos, la presunción, tan difícil de quitar de la memoria colectiva, que de alguna manera fue el Cristianismo el que origino muchas de las tragedias que han debido soportar. Y por otro lado, el trauma del mundo cristiano, dividido entre las persecuciones de no haber tenido responsabilidad directa en el Holocausto y en la dramática admisión, hecha por el Episcopado Alemán y ahora por el francés, de no haber estado del lado del pueblo judío en el momento de su martirio.

Y por eso es que – como sostiene Juan Pablo II – ha llegado el momento para que judíos y cristianos redescubran y hagan fructificar su patrimonio espiritual común. Para poder caminar juntos. Y colaborar en defensa de los derechos del hombre por la justicia social y la paz. Y así ser capaces, día a día, de vivenciar lo que significa ser hermanos, miembros de una familia. Testimoniando, finalmente reconciliados, la misma esperanza a la espera del «Dios que viene».

Traducido de Tertium Millenium Nr 5 noviembre 1997 – Dossier: “Raíces del antijudaísmo en ambiente católico
Invito visitar el post “Nuestros hermanos mayores

viernes, 12 de marzo de 2010

"Tú, que permaneces fiel aun cuando nosotros te somos infieles"



Se cumplen hoy 10 años de la memorable Jornada del Perdón del Año 2000, que ya desarrollé en este post que invito visitar.

“Señor Dios,
tu Iglesia peregrina,
santificada siempre por ti con la sangre de tu Hijo,
acoge en su seno en cada época a nuevos miembros que brillan por su santidad
y a otros que, con su desobediencia a ti,
contradicen la fe profesada en el santo Evangelio.
Tú, que permaneces fiel
aun cuando nosotros te somos infieles,
perdona nuestras culpas
y concédenos ser entre los hombres
auténticos testigos tuyos.
Por Cristo nuestro Señor.

miércoles, 10 de febrero de 2010

"Y tu quien crees que soy yo?" responde el cardenal Roger Etchegaray


Suyo, es el primer paso en al amor
Suyo, es el primer paso en el perdón

“Quien es Jesucristo para mi? A decir verdad durante mis largos años de sacerdote y obispo, esta pregunta me fue planteada en innumerables oportunidades, generalmente por gente joven, sin vueltas. Y debo admitir que cada vez que se me plantea me encuentro algo confundido porque de alguna manera es mi misterio personal... y me siento tentado de responder ve y pregúntale a Cristo tu mismo! Fue el quien se apodero de mi, yo solamente le deje hacerlo…solo puedo afirmar que es siempre El quien da el primer paso, es suyo el primer paso en el amor, es suyo el primer paso en el perdón.
A esta pregunta singular yo respondería en plural o sea con las palabras de la Iglesia que son las del Credo de todos los cristianos. El es “verdadero Dios y verdadero hombre”. Yo solo, james hubiese sido capaz de imaginarlo. El es el icono del Dios invisible y en su luz vemos la Luz. El es el hombre que dijo que sabe lo que hay en el hombre y puedo asegurar que el sabe que hay en mi…pobre pecador brincando de gozo al darle la bienvenida a su perdón. . Es más tengo la impresión que Dios mismo participa en la danza porque sencillamente ama perdonar, porque por otro lado el no puede amarnos de otra forma sino pecadores tales como somos.
Pero Jesucristo no es solo para mi, el me proyecta fuera de mi para buscarle…y lo encuentro en el rostro de cada ser humano, particularmente en el pobre, en el enfermo, el oprimido..... el Papa Juan Pablo II me llamo desde Marsella a su lado, y lo hizo para que pudiera viajar por el mundo en búsqueda de justicia y paz. Debo confesar que ahora comprendo mejor hasta que punto la religión de Cristo es la religión de rostros.. En esta civilización en carrera y portando máscaras nos perdemos la mejor oportunidad que tenemos, la de tomarnos el tiempo para mirar al otro. Que sentido tiene si el hombre viaja por todo el universo pero no encuentra a su hermano? Uno de mis grandes gozos es tomarme el tiempo para sentarme al lado de otra persona, escucharlos, amarlos con todas sus diferencias y descubrir en ellos el rostro de Cristo.”.

«Tertium Millennium»N.1/ Marzo 1997
(Indice Tertium Millennium)

lunes, 4 de enero de 2010

"Y VOSOTROS QUIÉN DECÍS QUE SOY YO" responde el Abbe Pierre (*)

La Palabra Encarnada: Misterio de Amor
“…Jesucristo para mi esta presente no tanto tal como es conocido por medio de los Evangelios, sino como una presencia Resucitada con el Nuevo Cuerpo de la Resurrección, sustancia gloriosa, “nueva tierra y nuevos cielos” . Y no deberíamos asumir esa misma realidad en cuanto a su Madre, la Virgen Maria, ya que creemos en su Asunción? No significa esto que ella también es nueva tierra y nuevos cielos, tal como ella se presenta en las apariciones?
En su realidad como Cuerpo glorioso no me resulta difícil pensar en Jesús siempre presente, como el aire que respiramos por doquier.
Dicho esto, es en el misterio, (quizás a muchos buenos creyentes les pueda parecer insolente) en el misterio de la presencia de Jesús Cuerpo Glorioso, en la pequeña partícula de la Hostia consagrada, que yo puedo estar mas cerca de El, Esos momentos, cuando tengo la posibilidad de celebrar Misa y estar un tiempo en presencia del tabernáculo, son para mi de verdad y no puedo expresarlo bien, son para mi, pobre sacerdote exhausto, breves momentos de un ser que, dejando de lado su carga, le dice a Otro, a Jesús «Ayúdame, es demasiado pesada».

Oremos! Que Dios os bendiga! "
(*) Henri Marie Joseph Grouès, fundador de la comunidad Emaus, con 306 grupos repartidos por 36 países.

domingo, 13 de diciembre de 2009

. "Alegraos. (...) El Señor está cerca" (Flp 4, 4. 5).


”Este tercer domingo de Adviento se caracteriza por la alegría: la alegría de quien espera al Señor que "está cerca", el Dios con nosotros, anunciado por los profetas. Es la "gran alegría" de la Navidad, que hoy gustamos anticipadamente; una alegría que "será de todo el pueblo", porque el Salvador ha venido y vendrá de nuevo a visitarnos desde las alturas, como sol que surge (cf. Lc 1, 78).Es la alegría de los cristianos, peregrinos en el mundo, que aguardan con esperanza la vuelta gloriosa de Cristo, quien, para venir a ayudarnos, se despojó de su gloria divina. .
Sin embargo, esta alegría que brota de la gracia divina no es superficial y efímera. Es una alegría profunda, enraizada en el corazón y capaz de impregnar toda la existencia del creyente. Se trata de una alegría que puede convivir con las dificultades, con las pruebas e incluso, aunque pueda parecer paradójico, con el dolor y la muerte. Es la alegría de la Navidad y de la Pascua, don del Hijo de Dios encarnado, muerto y resucitado; una alegría que nadie puede quitar a cuantos están unidos a él en la fe y en las obras (cf. Jn 16, 22-23).”

(Homilía del Santo Padre Juan Pablo II Jubileo del Mundo del espectáculo, domingo 17 de diciembre de 2000)

sábado, 14 de noviembre de 2009

"Y tu quien crees que soy yo" responde Jean Guitton


"Señor de los tiempos: comienzo de toda humanidad"
“Siempre, durante toda mi vida, me he planteado esta pregunta: cual es la relación entre el tiempo y la eternidad?
Desde este punto de vista nunca he dejado de pensar en Jesucristo, pues Jesucristo, con el Padre y el Espíritu Santo, esta constantemente relacionado con el tiempo. Pero las relaciones de Jesús con el tiempo no son las mismas antes y después de la Resurrección. Después de la Resurrección, Jesucristo esta íntimamente presente en el tiempo y podríamos decir que también en cada uno de nosotros. No obstante no podemos olvidarnos que de acuerdo a nuestra fe cristiana no podemos separar a Jesucristo de Dios. Siempre que Jesús esta presente, presentes al mismo tiempo están también Dios Padre y Dios Espíritu Santo. Por consiguiente la Santisima trinidad està siempre presente, cuando Jesús está presente. En la Eucaristía según la fe cristiana, tenemos la Trinidad completa, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo”.

viernes, 17 de julio de 2009

“Y tu quién crees que soy yo” responde el Cardenal Vinko Puljic

“Y tu quién crees que soy yo?” responde el Cardenal Vinko Puljic
(de la Revista Tertium Millenium nr 1)

En el Gólgota unió cielo y tierra
"para mí la vida es Cristo' (Fil 1, 21). Hago mías estas palabras del Apóstol a los Gentiles y quiero dar testimonio de mi firme adhesión al Credo de la Iglesia Católica que profesa la fe en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre nacido de la Virgen Maria por obra del Espíritu Santo..
[…]


Al contemplar a Cristo sufriente, siempre me ha conmovido la escena de Cristo consolando a las mujeres de Jerusalén. En medio de un intenso sufrimiento encuentra fuerzas para consolar a los demás, aun aquellos que sufren menos que el. Pensar en los demás cuando nosotros mismos sufrimos y luchamos, es verdaderamente algo grande y profundamente humano. Jamás debemos encerrarnos en nuestro sufrimiento, sino estar atentos a la súplica de los demás..
El sufrimiento terreno de Cristo llega a su clímax en el Gólgota. Precisamente en aquel lugar donde fue elevado a la cruz para “unir” cielo y tierra para siempre y reconciliar definitivamente la humanidad con Dios, Jesús nos revela todo su amor por nosotros: allí ora por sus enemigos y perdona al buen ladrón, y le promete que ese mismo día estará con El en el Paraíso. Nadie puede permanecer indiferente ante tal generosidad, amor tan inmerecido, que en la oscuridad del mal enciende la antorcha de la fe para demostrar que el perdón es el fundamento del nuevo mundo al que tanto aspira nuestra humanidad herida por el pecado: un mundo nacido en la profundidad del corazón humano.
Y de manera particular me conmueve el Cristo sufriente cuando desde la Cruz entrega su Madre a su amado discípulo Juan, y por su intermedio a toda la raza humana. Misterio este que emana de la profundidad insondable del Divino Corazón y que no podemos dejar de regocijarnos al tener una Madre en el cielo, una Madre que nos ama profundamente a cada uno de nosotros.
En mi diario caminar me he encontrado con muchas personas que dicen sufrir por no sentirse amadas. A todos les recuerdo el amor que Dios nos revelo en su Hijo Jesucristo, que se convirtió en nuestro hermano y Redentor, hermano y Redentor de la humanidad.
Por mi parte siento un inmenso agradecimiento a Dios por saber que cada ser humano es amado por El y por haber vivenciado tantas veces, a la luz de la Palabra de Cristo, el significado de esta caridad divina. Por eso me permito reiterar que “La vida para mi es Cristo. El es el verdadero Camino, la Verdad y la Vida.(Cf Jn 14,6)

(Indice Tertium Millenium)

miércoles, 1 de julio de 2009

"Y tu quien crees que soy yo" responde la Madre Teresa

Y tu quien crees que soy yo….”
Responde la Madre Teresa de Calcuta
(de la Revista Tertium Millenium nr 1)

Jesucristo quiere amar con nuestros corazones y servir con nuestras manos”

“…Estoy convencida/o que El me ama y que yo le amo?
Esta convicción es la roca sobre la cual se construye la santidad. Que hacer para llegar a esta convicción?
Debemos conocer a Jesús, amar a Jesús, servir a Jesús.
Saberlo nos hará fuertes como la muerte. Conocemos a Jesús por medio de la fe – meditando Su Palabra en las Escrituras, escuchándole hablar a través de Su Iglesia, y nuestra intima unión en oración.
Cree en Jesús – confía en El con absoluta y total confianza porque El es Jesús. Cree que solo Jesús y solamente El es vida – y la santidad no es otra cosa que el mismo Jesús viviendo íntimamente en ti – la misma vida que recibimos en el Bautismo madurada y llegada a ser perfecta.."
“Ama a Jesús con fe sin mirar hacia atrás, sin temor. Entrégate totalmente a Jesús. El te usará para realizar grandes obras con la sola condición que creas mucho más en Su amor, que en tu debilidad. No debemos temer proclamar el amor de Jesús y amar como el nos amó.
El trabajo cotidiano, por mas pequeño que sea, convirtámoslo en el amor de Jesús en acción. No temamos ser pobres y proclamar Su pobreza.
No temais tener un corazón puro e indiviso e irradiar así el gozo de pertenecer a Jesús. No temáis depender de aquellos quienes tienen una autoridad superior - Su Iglesia – y declarad asi la obediencia de Cristo hasta la muerte.

Servir a Jesús con gozo y alegría de espíritu – dejando atrás las preocupaciones y problemas que nos aquejan. Jesús se acerca a cada uno de nosotros como el Pan de Vida – para ser comido, para ser consumido por nosotros. Así nos ama El. Y viene a nosotros como el Hambriento, como el Pobre, a la espera de ser alimentado con el pan de nuestra vida, amándolo con nuestro corazón, sirviéndole con nuestras manos. Como El dijo “todo cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.” Actuando asì testimoniamos que hemos sido creados a imagen de Dios – porque Dios es Amor y cuando amamos somos semejantes a Dios. Esto es lo que Jesús nos quiso decir cuando dijo: “sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto”.
Jesús quiere que seamos santos como Su Padre es santo. La Santidad no es el lujo de unos pocos, sino sencillamente un deber tuyo y mio. La Santidad, una gran santidad – es algo muy sencillo si le pertenecemos enteramente a Nuestra Señora.
Que este año 1997, el Año de Jesucristo, el Inmaculado Corazón de Maria, nuestra Reina y Madre sea cada vez mas nuestro camino hacia Jesús y nos obtenga la luz de Jesús, el amor de Jesús y la vida de Jesús para cada uno de nosotros. Entonces cuando llegue el Jubileo del año 2000, podremos regocijarnos que Cristo camina nuevamente por el mundo en nosotros y que por intermedio nuestro va haciendo el bien..

Oremos! Que Dios os bendiga!"

martes, 30 de junio de 2009

Tertium Millenium - revista (introduccion)


En marzo de de 1997 comenzaba la “aventura” oficial de la revista bimensual Tertium Millenium que se publicaba como herramienta de pastoral y de enlace entre los varios comités que integraban los diferentes preparativos, una especie de “diario de viaje” hacia el Gran Jubileo del año 2000.
Guiada por un esquema temático que cubría los tres años de preparación al Gran Jubileo, el primer año estaba dedicado a Jesucristo, el 2do al Espíritu Santo y el tercero a Dios Padre.
En el blog trataré de rescatar al menos una parte del valiosisimo y rico material publicado, dejando abiertas las puertas mediante enlaces a quien quiera seguir investigando.
Comenzaré con los testimonios a la pregunta
"Y tu quien crees que soy yo?"
dedicada a la figura de Jesucristo.
(lamentablemente en el sitio de la Santa Sede creo que ninguno de los textos esta en español, asi que ire traduciendo del ingles o del italiano, segun corresponda)