Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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lunes, 29 de junio de 2026

Juan Pablo II catequesis sobre Jesucristo ¿Qué soy yo de verdad para ti?

 

 (imagen de Wikipedia. Crucifijo en Santa Maria Novella, Florencia)

El 7 de enero de 1987 Juan Pablo II iniciaba un ciclo de catequesis sobre Jesucristo 

 "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?" (Mt 16, 15).

 “Al iniciar el ciclo de catequesis sobre Jesucristo, catequesis de fundamental importancia para la fe y la vida cristiana, nos sentimos interpelados por la misma pregunta que hace casi dos mil años el Maestro dirigió a Pedro y a los discípulos que estaban con El….. En ese momento decisivo de su vida, como narra en su Evangelio Mateo, que fue testigo de ello, "viniendo Jesús a la región de Cesárea de Filipo, preguntó a sus discípulos: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre? Ellos contestaron: unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías u otro de los Profetas. Y El les dijo: y vosotros, ¿quién decís que soy?" (Mt 16, 13-15).

Conocemos la respuesta escueta e impetuosa de Pedro: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo" (Mt 16, 16). Para que nosotros podamos darla, no sólo en términos abstractos, sino como una expresión vital, fruto del don del Padre (Mt 16, 17), cada uno debe dejarse tocar personalmente por la pregunta: "Y tú, ¿quién dices que soy? Tú, que oyes hablar de Mí, responde: ¿Qué soy yo de verdad para ti?. A Pedro la iluminación divina y la respuesta de la fe le llegaron después de un largo período de estar cerca de Jesús, de escuchar su palabra y de observar su vida y su ministerio (cf. Mt 16, 21-24).

También nosotros, para llegar a una confesión más consciente de Jesucristo, hemos de recorrer como Pedro un camino de escucha atenta, diligente. Hemos de ir a la escuela de los primeros discípulos, que son sus testigos y nuestros maestros, y al mismo tiempo hemos de recibir la experiencia y el testimonio nada menos que de veinte siglos de historia surcados por la pregunta del Maestro y enriquecidos por el inmenso coro de las respuestas de fieles de todos los tiempos y lugares…. “

 

EL Papa recordaba que al principio de su pontificado había lanzado una “invitación a los hombres de hoy para "abrir de par en par las puertas a Cristo" (L'Osservatore Romano, Edición en Lengua Española, 29 octubre, 1978. pág. 4) y en la  Exhortación Catechesi tradendae,  afirmaba que "el objeto esencial y primordial de la catequesis es (...) el "misterio de Cristo". Catequizar es, en cierto modo llevar a uno a escrutar ese misterio en toda su dimensión...; descubrir en la Persona de Cristo el designio eterno de Dios, que se realiza en Él... Sólo El puede conducirnos al amor del Padre en el Espíritu y hacernos partícipes de la vida de la Santísima Trinidad" (Catechesi tradendae, n. 5: L'Osservatore Romano, Edición en Lengua Española, 11 de noviembre, 1979. pág.

 

Y anticipaba a su vez que este itinerario catequístico estaría ordenado en torno a cuatro puntos:

 

1) La identidad de Jesucristo 

Jesús en su realidad histórica y en su condición mesiánica trascendente, hijo de Abraham, hijo del hombre, e hijo de Dios;

 

2) Jesús, Hijo de Dios y Salvador. Jesús en su identidad de verdadero Dios y verdadero hombre, en profunda comunión con el Padre y animado por la fuerza del Espíritu Santo, tal y como se nos presenta en el Evangelio;

 

3) Jesús, concebido por obra del Espíritu Santo y nacido de MaríaVirgen. Jesús a los ojos de la Iglesia que con la asistencia del Espíritu Santo ha esclarecido y profundizado los datos revelados, dándonos formulaciones precisas de la fe cristológica, especialmente en los Concilios Ecuménicos;

 

4) Jesús, hijo de Israel, pueblo elegido de la Antigua Alianza. finalmente, Jesús en su vida y en sus obras, Jesús en su pasión redentora y en su glorificación, Jesús en medio de nosotros y dentro de nosotros, en la historia y en su Iglesia hasta el fin del mundo (cf. Mt 28, 20).

 

Aclaraba a su vez que “hay muchos modos de catequizar al Pueblo de Dios sobre Jesucristo. Cada uno de ellos, sin embargo, para ser auténtico ha de tomar su contenido de la fuente perenne de la Sagrada Tradición y de la Sagrada Escritura, interpretada a la luz de las enseñanzas de los Padres y Doctores de la Iglesia, de la liturgia, de la fe y piedad popular, en una palabra, de la Tradición viva y operante en la Iglesia bajo a acción del Espíritu Santo, que —según la promesa del Maestro— "os guiará hacia la verdad completa, porque no hablará de Sí mismo, sino que hablará lo que oyere y os comunicará las cosas venideras" (Jn 16, 13). Esta Tradición la encontramos expresada y sintetizada especialmente en la doctrina de los Sacrosantos Concilios, recogida en los Símbolos de la Fe y profundizada mediante la reflexión teológica fiel a la Revelación y al Magisterio de la Iglesia.

 

Invito visitar mis posts etiquetados  Y tu quien creesque soy yo?

 

Y en el sitio de la Santa Sede todos los espacios en los diferentes números de la valiosa revista  Tertium Milenium dedicados a ese mismo tema 

 

 

viernes, 2 de julio de 2021

"Y VOSOTROS QUIÉN DECÍS QUE SOY YO" responde Vittorio Messori

 


Restaurar la esperanza es el “trabajo humanitario” mas urgente.


“Pero vosotros quién decís que soy yo?” Desde que fuera planteada a los discípulos cerca de Cesarea-Filippa, esta pregunta no ha cesado de ser formulada a cada hombre y a cada mujer. Porque cada uno de nosotros – como bien expresara Pascal – “debe dar una respuesta, y aunque fuese negativa, debemos asumir el riesgo”.


Siempre ha sido así. La fe nunca ha sido un bien hereditario, transmitido de padre a hijo.
No obstante, hasta tiempos recientes – al menos en ciertas partes de algunos países – todavía existía una “cristianidad” un “mundo católico” que facilitaba que la fe se desarrollara espontáneamente desde la infancia, que creciera merced al ejemplo y la catequesis y que permaneciera hasta los sacramentos de “partida” de esta vida. Ya en ningún lugar es así. Hoy la fe recupera su carácter original: es un riesgo, una elección personal, asediada por todas partes por palabras y comportamientos discordantes. Creer hoy se esta convirtiendo o ya se ha convertido, en un acto anti conformista, militancia de minorías que van contra la corriente.

Por ello, la necesidad de una pastoral eclesial que no se limite a comentar los contenidos del Cristianismo, sino que indique sobre todo sus razones. Muchos discursos, dando la fe por sentado, que se limitan a inspirar consecuencias de naturaleza moral producen ineficacia total y absoluta. En realidad porque esforzarse en vivir “como cristiano” si ya no se está convencido que aquel Jesús es verdaderamente Cristo y que sus palabras son normativas porque nos vienen de Dios mismo?

También esto, evidentemente, es lo que el Santo Padre entiende por “nueva evangelización”: comenzar desde el principio, con el apostolado de la proclamación, dejando para más adelante el de catequesis, que solamente rendirá fruto cuando el “riesgo” sobre el Evangelio haya sido propuesto y aceptado.

Y a esto aspira, a mi entender, el programa de preparación para el Gran Jubileo cuyas etapas han sido prescriptas por el Papa Juan Pablo II:

Aquellos que llevan la fe en su corazón – y por lo tanto la Iglesia, la cual no puede subsistir sin sus fundamentos – deben comprometerse para que este tiempo que nos separa del cumpleaños del bimilenio de Jesús quede marcado por una búsqueda de razones que induzcan a los creyentes a ver en El, a Cristo, el Hijo de Dios vivo.

Este es un tiempo de kerygma, de nueva proclamación, a viva voz y clara, sin la cual el dialogo mismo (con el “mundo” o con otras religiones) pierde sentido. Es tiempo de redescubrir que entre las jerarquías evangélicas de valores, la caridad mas grande, la que precede a todas las demás, es la de la verdad. Ofrecer nueva Esperanza, mostrar sus razones, es la solidaridad mas urgente y mas loable, la mas valiosa de todo el “trabajo humanitario”.

Mas que del pan – dice el Evangelio – el hombre vive de la palabra de Dios.

Que los dos mil años del nacimiento del Redentor nos ayuden a redescubir esta realidad que arriesgamos olvidar en una rutina eclesial que frecuentemente se convierte en habito, o un cristianismo que es vivido, pero que sin motivaciones explicitas de fe, puede llegar a ser mera filantropía. Y esto tiene poco que ver con la verdadera caridad.

Vittorio Messori

 tomado de «TERTIUM MILLENNIUM» N.2/ Mayo 1997

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viernes, 25 de septiembre de 2020

Y ustedes quien creen que soy yo? Responde Piero Gheddo, sacerdote misionero

 


Amar a Jesus significa ser misionero  ¿Quién es Jesucristo para ti? Una pregunta fácil y sencilla, pero difícil y compleja al mismo tiempo dice el padre Piero Gheddo.  

Criado en una familia profundamente cristiana, cuyos padres aun hoy son considerados santos en su pueblo,  la consigna de la familia siempre fue “Quédate con el Señor y el Señor se quedará siempre contigo” Cuando se presentaba algún problema en la familia se preguntaban “Que haría Jesus en este caso? Que haría Maria?”  Ya ordenado sacerdote  se enteró de las oraciones de sus padres  y humildemente reconoció ser elegido, sin merito propio alguno.  

Preguntado “Quien es Jesucristo para ti”? responde. “Es todo mi amor, mi gozo,  el fin último hacia el cual dirijo todas mis acciones, mis afectos y mis pensamientos.  No siempre tengo éxito, pero a Él le he consagrado mi pequeña vida y los años que el Señor me permita vivir.“

(…)     

“Pero la pregunta “Quien es Jesucristo para ti”? no puede limitarse a los confines de uno mismo. Me llama a mirar hacia afuera,  a mis hermanos y hermanas en todo el mundo. El amor por Cristo me invita a comprometerme para hacerlo conocer y ser amado por  todos.  No puedo amarlo a Él y amarlo para guardármelo para  mí. Me convertí en misionero porque siempre pensé que “missio ad gentes” era la forma más avanzada, el límite extremo de la fe y la Iglesia, al cual somos llamados todos los bautizados.  El don de la fe, recibido gratuitamente de Dios, debe ser comunicado a los otros si queremos que permanezca fuerte y vivo.   «La fe se fortalece dándola» dice el Papa en  Redemptoris Missio (n.2).   Toda la Iglesia debe convertirse a la misión universal.   «Ningún creyente en Cristo, ninguna institución de la Iglesia puede eludir este deber supremo: anunciar a Cristo a todos los pueblos.» (Redemptoris Missio n.3).”

(…)

“En nuestros tiempos la identidad cristiana es muy débil.  Hemos atravesado un largo periodo en el cual el Cristianismo parecía reducido a una moral. Los “valores evangélicos” son apreciados por todos (paz, justicia, solidaridad, amor) pero la fe en Cristo, la conversión e imitación de Cristo no tienen sentido.   Se busca desprender el mensaje del mensajero: paz, justicia, amor, si! Pero el anuncio que solo Cristo es quien salva al hombre es considerado “extremismo”.   La salvación ha sido secularizada. El Cristiano a menudo se reduce a una especie de “religión de la humanidad” (tal como querían los iluministas del Setecientos) la Iglesia entera como una sociedad filantrópica y de referencia moral. La Iglesia como institución no está en crisis hoy. No hay peligro que la Iglesia desaparezca: no solo por la promesa de Jesus, sino porque en nuestro mundo secularizado ya no es combatida sino exaltada como instrumento de paz social,  un llamado a la ética, como ayuda a los pobres, a los marginados, a los drogadictos, a los pueblos del “tercer mundo”.  

“La Iglesia como pilar de la sociedad capitalista avanzada, no lo es porque predica a Jesus como único Salvador del hombre, sino porque remedia, con sus sacerdotes, religiosos, voluntarios, instituciones caritativas, los desastres de la “estructura del pecado” en los cuales estamos todos inmersos. O sea existe la tentación de  reducir el cristianismo a un sistema moral y consolador del hombre alienado por el capitalismo o el materialismo, pasando del mensajero al mensaje: de Jesus, hijo de Dios, único Salvador del hombre, a los “valores morales” que serian comunes a todos. La gente tiene hambre y sed de Dios y nosotros le damos un “discurso de valores” que en un debate sobre la fe tiene valor tan solo si está centrado en la persona de Cristo.”  

(…)

«Quien es Cristo para ti?».  He aquí una gran pregunta para  todos aquellos que se proclaman cristianos  La fe no es solo un  estado intelectual separado de la vida diaria , sino amor y pasión por Cristo que transforma toda la vida.  El Papa (JPII) lo dice con claridad: la misión es comunicación de una experiencia, o sea “el verdadero misionero es el santo” (Redemptoris Missio, n. 90)

(…)

“Debemos estar enamorados de Jesus” San Pablo decía  estar  «conquistado por Jesucristo» (Filippesi, 3, 12): «Mihi vivere Christus est»,  para mi vivir es Cristo.  Y agregaba: : «"Pero al tener a Cristo consideré todas mis ventajas como cosas negativas. .Más aún, todo lo considero al presente como peso muerto, en comparación con eso tan extraordinario que es conocer a Cristo Jesús, mi Señor. A causa de él ya nada tiene valor para mí, y todo lo considero como pelusas mientras trato de ganar a Cristo." (Filippesi 3, 7-8).

En las cartas de San Pablo los exegetas han encontrado 164 veces la expresión “en Cristo” o sea la vida en Cristo.  “Quien es el misionero”? le preguntaron una vez a la Madre Teresa, que respondió: “Es aquel cristiano tan enamorado de Jesucristo, que su único deseo es hacerlo conocer y ser amado”.

Traducido de  Amar y seguir a Jesus significa ser misionero por Piero Gheddo,  Leer completo en “Tertium Millenium” Nr 4, septiembre 1997 (en ingles e italiano)


viernes, 4 de enero de 2019

Y tu quién crees que soy? Papandreou Damaskinos (1 de 2)




«Tu eres Cristo, el Hijo de Dios vivo» (Mt 16,16) es la respuesta que Simón Pedro da a la pregunta que Jesus le plantea a sus discípulos: «Quien dicen los hombres que es el Hijo del hombre?» (16,13). Esta es la primera profesión de fe que encontramos en el Nuevo Testamento y es la “roca”, el fundamento sobre el cual está construida su Iglesia. «Cristo es el Hijo del Dios vivo». El es la verdad que nos salva.

Que significa esto? Dios se hace hombre porque el hombre, como portador de las energías no creadas de Dios vive en unión con El. Este evento dinámico renueva toda la creación: Dios se hace hombre para hacerse cargo de las consecuencias del pecado original – sufrimiento y muerte: «aquello que no puede ser asumido, no puede ser salvado».

Toda la humanidad comparte, por así decirlo, orgánicamente en la naturaleza humana de Dios (Logos) encarnado. Aquellos que han sido redimidos se convierten en hijos,  no como Cristo «en naturaleza y verdad» (como dice Atanasio el Grande)  sino por disposición y gracia divina, a través de la participación en su espíritu y por imitación.» De esta manera el Padre realizo la salvación de todo el mundo en su Hijo y creó una relación entre todas las cosas.

Que significa esto?

 Quiere decir que todos los hombres y mujeres pueden llegar a ser hijos de Dios  por el poder del Espíritu. Son hijos de Dios guiados por el Espíritu de Dios. «Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: !!Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. (RM 8,14-17).  Todas las personas, sin distinción de sexo, edad, clase, raza, opinión política o valor moral se convierten en miembros de la nueva familia de Dios por medio del Bautismo. Por el Bautismo los Cristianos comparten la labor redentora de Cristo, cooperan en su acción. El agua de la nueva creación que es el Bautismo consagra su transformación y es a través del Bautismo que comienzan a compartir en la vida de Dios-hombre y a trabajar con El para el bien de la humanidad. Ellos rezan incesantemente “que venga tu reino”.  Pues este reino une a toda la humanidad por su esencia y naturaleza. Esta familia, este “Cuerpo de Cristo” se llama Iglesia. Esta Iglesia que conformamos como miembros de este cuerpo no existe por si misma,  para afirmarse ella misma – sino para el mundo.

Y es precisamente porque la Iglesia representa el Cuerpo de El que “a través de su humanidad se hizo uno de nosotros”  y comparte en la vida de la Iglesia y la Historia, la Iglesia no existe a menos que sea la encarnación del Señor en el mundo y en la historia. Ella tiene una relación orgánica con el mundo. Esta relación es a su vez vivida en la Eucaristía.
La Eucaristía es el evento sacramental en el cual se celebra la comunidad renovada con Dios y completada por el poder del Espiritu Santo.  El hombre es colocado en esta comunidad y creado para ella. Si perdiera esta comunidad, la misma relación con sus hermanos y su entorno se quebraría en confusión., «Es en Jesucristo  que Dios renueva la comunidad en su dimensión dual (….) Nuestro compartir la mesa del Señor  fortalece indisolublemente en Jesucristo nuestra comunión con Dios y nuestros prójimos. La Eucaristía es el signo escatológico de salvación universal.»
  
En el centro de esta comunidad está el Dios-hombre, la humanidad divina de Jesus, la visión del “hombre nuevo”, la “nueva sociedad” que se caracteriza por dos movimientos que se cruzan indisolublemente, del altar hacia el mundo y del mundo hacia el altar: contemplación y acción, el servicio del hombre y el servicio de Dios, liturgia y diaconado espiritual y temporal.  Si partimos de Cristo, la salvación del mundo,  no hay diferencia entre servicio de desarrollo y servicios de reconciliación.  Es por eso que nuestra misión posee una vasta dimensión diaconal. Esta dimensión también comienza por partes iguales en la acción  total de Cristo quien “anduvo  enseñando, predicando y curando” (Mt5 9,35) y del total de la existencia humana.

«Tu eres Cristo, el Hijo del Dios vivo». Cristo, la fuente que renueva nuestra acción es «la misma ayer y hoy y siempre» (Heb 13,8)  Cualquier desviación grave en comprender la humanidad y la divinidad del Hijo en la persona misma del Dios-hombre tendría consecuencias para hombres y mujeres, en la Iglesia, por su comprensión de salvación. Para todos los propósitos practicos, esto ocure cuando una u otra verdad parcial es tomada dela profesión de fe y esta es la única verdad uno quiere escuchar. Como ejemplo de esta verdad parcial podriaser queel hombre oprimido por la pobreza y sufrimiento se ate exclusivametne a la naturaleza humana de Jesus de Nazaret en su sufrimiento mientras la inefable naturaleza de Dios «desaparece de su vision» (Lk 24,31b). Por lo tanto  no pensar en Jesus solamente como hombre.

Y esto sobreviene instintivamente si consideramos la divinidad de Cristo como tal, con el resultado que determina nuestra existencia humana y nuestra relación con el mundo.  Todo lo que se refiere a nosotros no debería ser sobreestimado y considerado como un absoluto, a menos que caigamos en este falso dilema: naturaleza humana o Naturaleza divina, humanismo o teocracia, cruz de resurrección. No podemos establecer estas verdades una contra otra, y de tal manera separarlas. Una se encuentra contenida en la otra.  La comprensión de la Iglesia también debe partir de Cristo. Ella es su “cuerpo”, La humanidad divina de Cristo determina la forma de la Iglesia, su existencia, su estructura. (Christus totus in capite et corpore).

(Jubileo 2000, Tertium Milenium, "Y tu quien crees", Papadreou Damaskinos)

miércoles, 10 de febrero de 2010

"Y tu quien crees que soy yo?" responde el cardenal Roger Etchegaray


Suyo, es el primer paso en al amor
Suyo, es el primer paso en el perdón

“Quien es Jesucristo para mi? A decir verdad durante mis largos años de sacerdote y obispo, esta pregunta me fue planteada en innumerables oportunidades, generalmente por gente joven, sin vueltas. Y debo admitir que cada vez que se me plantea me encuentro algo confundido porque de alguna manera es mi misterio personal... y me siento tentado de responder ve y pregúntale a Cristo tu mismo! Fue el quien se apodero de mi, yo solamente le deje hacerlo…solo puedo afirmar que es siempre El quien da el primer paso, es suyo el primer paso en el amor, es suyo el primer paso en el perdón.
A esta pregunta singular yo respondería en plural o sea con las palabras de la Iglesia que son las del Credo de todos los cristianos. El es “verdadero Dios y verdadero hombre”. Yo solo, james hubiese sido capaz de imaginarlo. El es el icono del Dios invisible y en su luz vemos la Luz. El es el hombre que dijo que sabe lo que hay en el hombre y puedo asegurar que el sabe que hay en mi…pobre pecador brincando de gozo al darle la bienvenida a su perdón. . Es más tengo la impresión que Dios mismo participa en la danza porque sencillamente ama perdonar, porque por otro lado el no puede amarnos de otra forma sino pecadores tales como somos.
Pero Jesucristo no es solo para mi, el me proyecta fuera de mi para buscarle…y lo encuentro en el rostro de cada ser humano, particularmente en el pobre, en el enfermo, el oprimido..... el Papa Juan Pablo II me llamo desde Marsella a su lado, y lo hizo para que pudiera viajar por el mundo en búsqueda de justicia y paz. Debo confesar que ahora comprendo mejor hasta que punto la religión de Cristo es la religión de rostros.. En esta civilización en carrera y portando máscaras nos perdemos la mejor oportunidad que tenemos, la de tomarnos el tiempo para mirar al otro. Que sentido tiene si el hombre viaja por todo el universo pero no encuentra a su hermano? Uno de mis grandes gozos es tomarme el tiempo para sentarme al lado de otra persona, escucharlos, amarlos con todas sus diferencias y descubrir en ellos el rostro de Cristo.”.

«Tertium Millennium»N.1/ Marzo 1997
(Indice Tertium Millennium)

lunes, 4 de enero de 2010

"Y VOSOTROS QUIÉN DECÍS QUE SOY YO" responde el Abbe Pierre (*)

La Palabra Encarnada: Misterio de Amor
“…Jesucristo para mi esta presente no tanto tal como es conocido por medio de los Evangelios, sino como una presencia Resucitada con el Nuevo Cuerpo de la Resurrección, sustancia gloriosa, “nueva tierra y nuevos cielos” . Y no deberíamos asumir esa misma realidad en cuanto a su Madre, la Virgen Maria, ya que creemos en su Asunción? No significa esto que ella también es nueva tierra y nuevos cielos, tal como ella se presenta en las apariciones?
En su realidad como Cuerpo glorioso no me resulta difícil pensar en Jesús siempre presente, como el aire que respiramos por doquier.
Dicho esto, es en el misterio, (quizás a muchos buenos creyentes les pueda parecer insolente) en el misterio de la presencia de Jesús Cuerpo Glorioso, en la pequeña partícula de la Hostia consagrada, que yo puedo estar mas cerca de El, Esos momentos, cuando tengo la posibilidad de celebrar Misa y estar un tiempo en presencia del tabernáculo, son para mi de verdad y no puedo expresarlo bien, son para mi, pobre sacerdote exhausto, breves momentos de un ser que, dejando de lado su carga, le dice a Otro, a Jesús «Ayúdame, es demasiado pesada».

Oremos! Que Dios os bendiga! "
(*) Henri Marie Joseph Grouès, fundador de la comunidad Emaus, con 306 grupos repartidos por 36 países.

sábado, 14 de noviembre de 2009

"Y tu quien crees que soy yo" responde Jean Guitton


"Señor de los tiempos: comienzo de toda humanidad"
“Siempre, durante toda mi vida, me he planteado esta pregunta: cual es la relación entre el tiempo y la eternidad?
Desde este punto de vista nunca he dejado de pensar en Jesucristo, pues Jesucristo, con el Padre y el Espíritu Santo, esta constantemente relacionado con el tiempo. Pero las relaciones de Jesús con el tiempo no son las mismas antes y después de la Resurrección. Después de la Resurrección, Jesucristo esta íntimamente presente en el tiempo y podríamos decir que también en cada uno de nosotros. No obstante no podemos olvidarnos que de acuerdo a nuestra fe cristiana no podemos separar a Jesucristo de Dios. Siempre que Jesús esta presente, presentes al mismo tiempo están también Dios Padre y Dios Espíritu Santo. Por consiguiente la Santisima trinidad està siempre presente, cuando Jesús está presente. En la Eucaristía según la fe cristiana, tenemos la Trinidad completa, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo”.

viernes, 17 de julio de 2009

“Y tu quién crees que soy yo” responde el Cardenal Vinko Puljic

“Y tu quién crees que soy yo?” responde el Cardenal Vinko Puljic
(de la Revista Tertium Millenium nr 1)

En el Gólgota unió cielo y tierra
"para mí la vida es Cristo' (Fil 1, 21). Hago mías estas palabras del Apóstol a los Gentiles y quiero dar testimonio de mi firme adhesión al Credo de la Iglesia Católica que profesa la fe en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre nacido de la Virgen Maria por obra del Espíritu Santo..
[…]


Al contemplar a Cristo sufriente, siempre me ha conmovido la escena de Cristo consolando a las mujeres de Jerusalén. En medio de un intenso sufrimiento encuentra fuerzas para consolar a los demás, aun aquellos que sufren menos que el. Pensar en los demás cuando nosotros mismos sufrimos y luchamos, es verdaderamente algo grande y profundamente humano. Jamás debemos encerrarnos en nuestro sufrimiento, sino estar atentos a la súplica de los demás..
El sufrimiento terreno de Cristo llega a su clímax en el Gólgota. Precisamente en aquel lugar donde fue elevado a la cruz para “unir” cielo y tierra para siempre y reconciliar definitivamente la humanidad con Dios, Jesús nos revela todo su amor por nosotros: allí ora por sus enemigos y perdona al buen ladrón, y le promete que ese mismo día estará con El en el Paraíso. Nadie puede permanecer indiferente ante tal generosidad, amor tan inmerecido, que en la oscuridad del mal enciende la antorcha de la fe para demostrar que el perdón es el fundamento del nuevo mundo al que tanto aspira nuestra humanidad herida por el pecado: un mundo nacido en la profundidad del corazón humano.
Y de manera particular me conmueve el Cristo sufriente cuando desde la Cruz entrega su Madre a su amado discípulo Juan, y por su intermedio a toda la raza humana. Misterio este que emana de la profundidad insondable del Divino Corazón y que no podemos dejar de regocijarnos al tener una Madre en el cielo, una Madre que nos ama profundamente a cada uno de nosotros.
En mi diario caminar me he encontrado con muchas personas que dicen sufrir por no sentirse amadas. A todos les recuerdo el amor que Dios nos revelo en su Hijo Jesucristo, que se convirtió en nuestro hermano y Redentor, hermano y Redentor de la humanidad.
Por mi parte siento un inmenso agradecimiento a Dios por saber que cada ser humano es amado por El y por haber vivenciado tantas veces, a la luz de la Palabra de Cristo, el significado de esta caridad divina. Por eso me permito reiterar que “La vida para mi es Cristo. El es el verdadero Camino, la Verdad y la Vida.(Cf Jn 14,6)

(Indice Tertium Millenium)

miércoles, 1 de julio de 2009

"Y tu quien crees que soy yo" responde la Madre Teresa

Y tu quien crees que soy yo….”
Responde la Madre Teresa de Calcuta
(de la Revista Tertium Millenium nr 1)

Jesucristo quiere amar con nuestros corazones y servir con nuestras manos”

“…Estoy convencida/o que El me ama y que yo le amo?
Esta convicción es la roca sobre la cual se construye la santidad. Que hacer para llegar a esta convicción?
Debemos conocer a Jesús, amar a Jesús, servir a Jesús.
Saberlo nos hará fuertes como la muerte. Conocemos a Jesús por medio de la fe – meditando Su Palabra en las Escrituras, escuchándole hablar a través de Su Iglesia, y nuestra intima unión en oración.
Cree en Jesús – confía en El con absoluta y total confianza porque El es Jesús. Cree que solo Jesús y solamente El es vida – y la santidad no es otra cosa que el mismo Jesús viviendo íntimamente en ti – la misma vida que recibimos en el Bautismo madurada y llegada a ser perfecta.."
“Ama a Jesús con fe sin mirar hacia atrás, sin temor. Entrégate totalmente a Jesús. El te usará para realizar grandes obras con la sola condición que creas mucho más en Su amor, que en tu debilidad. No debemos temer proclamar el amor de Jesús y amar como el nos amó.
El trabajo cotidiano, por mas pequeño que sea, convirtámoslo en el amor de Jesús en acción. No temamos ser pobres y proclamar Su pobreza.
No temais tener un corazón puro e indiviso e irradiar así el gozo de pertenecer a Jesús. No temáis depender de aquellos quienes tienen una autoridad superior - Su Iglesia – y declarad asi la obediencia de Cristo hasta la muerte.

Servir a Jesús con gozo y alegría de espíritu – dejando atrás las preocupaciones y problemas que nos aquejan. Jesús se acerca a cada uno de nosotros como el Pan de Vida – para ser comido, para ser consumido por nosotros. Así nos ama El. Y viene a nosotros como el Hambriento, como el Pobre, a la espera de ser alimentado con el pan de nuestra vida, amándolo con nuestro corazón, sirviéndole con nuestras manos. Como El dijo “todo cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.” Actuando asì testimoniamos que hemos sido creados a imagen de Dios – porque Dios es Amor y cuando amamos somos semejantes a Dios. Esto es lo que Jesús nos quiso decir cuando dijo: “sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto”.
Jesús quiere que seamos santos como Su Padre es santo. La Santidad no es el lujo de unos pocos, sino sencillamente un deber tuyo y mio. La Santidad, una gran santidad – es algo muy sencillo si le pertenecemos enteramente a Nuestra Señora.
Que este año 1997, el Año de Jesucristo, el Inmaculado Corazón de Maria, nuestra Reina y Madre sea cada vez mas nuestro camino hacia Jesús y nos obtenga la luz de Jesús, el amor de Jesús y la vida de Jesús para cada uno de nosotros. Entonces cuando llegue el Jubileo del año 2000, podremos regocijarnos que Cristo camina nuevamente por el mundo en nosotros y que por intermedio nuestro va haciendo el bien..

Oremos! Que Dios os bendiga!"