Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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jueves, 15 de junio de 2023

Consagración a los Sagrados Corazones de Jesús y Maria

 


Este post tiene un valor algo particular pues los textos han sido tomados de la página (escrita en español!)  de la Abadía cisterciense de Sticna en Eslovenia (mi primera patria), que invito visitar.

 Allí se explica en qué consiste la Consagración, se incluyen modelos de oración para la preparación y la consagración a nivel personal y de parroquia y oraciones para después de la consagración.

En la página nos informan que en 1998 la Iglesia eslovena comenzó con la iniciativa para la consagración individual y de las familias en el marco de la parroquia,  al Corazón de Jesús y de María. Esta iniciativa fue refrendada por alrededor de trescientas personas entre sacerdotes, religiosos y laicos. La iniciativa fue enviada a la conferencia episcopal con la petición de que se apruebe y recomiende la obra para la consagración. Los obispos hicieron esto de buen grado en su tercera reunión plenaria en Ljubljana, el 17 de noviembre de 1998, señalando que para la consagración es "necesaria la decisión personal y voluntaria, una preparación rigurosa en la oración, un conocimiento cabal de la naturaleza de la consagración y la aceptación consciente de los deberes que emanan de la consagración, especialmente una vida cristiana más ferviente y consecuente que redunde en el bienestar espiritual de toda la Iglesia.”

 

 Se informa también que el Santo Padre Juan Pablo II fue informado de la iniciativa por el entonces nuncio apostólico en Eslovenia, monseñor Edmond Farhat, quien en su carta del 11 de septiembre del 2000 informaba que le era  grato comunicar que la iniciativa había sido estudiada con particular atención  y que había recibido  el aliento y la bendición apostólica del Santo Padre Juan Pablo II para todos los miembros del Comité Esloveno por la consagración a los Corazones de Jesús y Maria.

También el Santo Padre Benedicto XVI  en la Audiencia General del 30 de agosto del 2006 saludo y bendijo a los devotos de los Sagrados Corazones de Jesús y Maria que habían venido de Eslovenia y después de la Audiencia bendijo especialmente al Presidente de la Comisión el abad cisterciense de Sticna  p. Anton Nadrah. (ver fotografía y comentario completo

 

Invito visitar la página de la Abadía de Sticna

 

martes, 25 de junio de 2019

Corazón de Jesús, "lleno de bondad y de amor".



Deseamos, en nuestra plegaria del Angelus Domini, dirigirnos al Corazón de Cristo, siguiendo las palabras de las letanías.
Deseamos hablar al Corazón del Hijo mediante el Corazón de la Madre. ¿Qué puede haber más bello que el coloquio de estos dos corazones? Queremos participar en él.
 El Corazón de Jesús es "horno ardiente de caridad", porque el amor posee algo de la naturaleza del fuego, que arde y quema para iluminar y calentar.
Al mismo tiempo, en el sacrificio del Calvario el corazón del Redentor no fue aniquilado con el fuego del sufrimiento. Aunque humanamente muerto, como constató el centurión romano traspasando con la lanza el costado de Cristo, en la economía divina de la salvación este Corazón quedó vivo, como manifestó la resurrección.
 Y he aquí que el Corazón vivo del Redentor resucitado y glorificado está "lleno de bondad y de amor": infinita y sobreabundantemente lleno. El rebosar del corazón humano alcanza en Cristo la medida divina.
Así fue este Corazón ya durante los días de la vida terrena. Lo testimonia cuanto está narrado en el Evangelio. La plenitud del amor se manifiesta a través de la bondad: a través de la bondad irradiaba y se difundía sobre todos, en primer lugar sobre los que sufren y los pobres. Sobre todos según sus necesidades y expectativas más verdaderas.
Así es el Corazón humano del Hijo de Dios, incluso después de la experiencia de la cruz y del sacrificio. Mejor dicho, todavía más: rebosante de amor y de bondad.
 En el momento de la anunciación comenzó el coloquio del Corazón de la Madre con el Corazón del Hijo. Nos unimos hoy a este coloquio, meditando el misterio de la Encarnación en la plegaria del Angelus Domini.


miércoles, 19 de junio de 2019

Corazón de Jesús, "santuario de justicia y amor".




En noviembre de 1989, el Papa Juan Pablo II completó una serie de mensajes que había empezado en 1985,  dedicada a un mismo tema: Las Letanías del Corazón de Jesús. La serie completa consta de 33 meditaciones sobre las invocaciones de las Letanías. Dio doce, de junio a septiembre de 1985 y diez, de junio a agosto de 1986. La serie fue interrumpida entonces por los temas dedicados al Año Mariano, 1987-88. Reanudó después las reflexiones sobre las letanías con 9 homilías dadas de julio a septiembre de 1989 y las dos últimas durante el mes de noviembre de 1989.

La siguiente es  del 14 de julio de 1985 


La oración del "Ángelus" nos recuerda cada vez ese momento salvífico en el que, bajo el Corazón de la Virgen de Nazaret, comenzó a latir el Corazón del Verbo, del Hijo de Dios En su seno se hizo hombre, por obra del Espíritu Santo. En el seno de María fue concebido el hombre, y fue concebido el Corazón.

 Este Corazón es ―como todo corazón humano― un centro, un santuario en el que palpita con un ritmo especial la vida espiritual. Corazón, insustituible resonancia de todo lo que experimenta el espíritu del hombre.

Todo corazón humano está llamado a palpitar con el ritmo de la justicia y del amor. Por esto se mide la verdadera dignidad del hombre.

¡El Corazón de Jesús palpita con el ritmo de la justicia y del amor según la misma medida divina! Este es precisamente el Corazón del Dios-Hombre. En Él se debe cumplir hasta el final toda justicia de Dios hacia el hombre, y también, en cierto sentido, la justicia del hombre hacia Dios. En el corazón humano del Hijo de Dios se ofrece a la humanidad la justicia de Dios mismo.

Esta justicia es al mismo tiempo el don del Amor.

Mediante el Corazón de Jesús el amor entra en la historia de la humanidad como Amor subsistente: "porque tanto amó Dios al mundo, que le dio su unigénito Hijo" (Jn 3, 16).

 Deseamos mirar con los ojos de la Virgen Inmaculada la luz de aquel admirable misterio: ¡La justicia que se revela como Amor! ¡Amor que llena hasta el borde toda medida de la justicia! ¡Y la sobrepasa!
Oremos: a fin de que mediante tu Corazón, oh Madre de Dios, el Corazón de Jesús, como "santuario de justicia y amor", se convierta para nosotros en "camino, verdad y vida".