Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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martes, 8 de septiembre de 2020

Como se hace un santo (3 de 3)

 


Durante el pontificado del Papa Juan PabloII el Cardenal Saravia Martins ha terminado las causas de casi la mitad de los 1345 beatos y 483 santos proclamados.

¿Quién puede ser santo? ¿Qui8en puede ser beatificado? ¿Cómo se procede para elevar a alguien a los altares? ¿El milagro es de verdad necesario?

Responde Su Eminencia el Card. Jose Saraiva Martins, Prefecto de la Congregacion de las Causas de los Santos. (Los textos seleccionados poir Domitia Caramazza están tomados del libro Come si fa un santo, Ed. Piemme, 2005 (publicado en Totus Tuus Nr 1 marzo 2006

 ¿Por qué es necesaria la aprobación de un milagro antes de la proclamación de un beato o de un santo?

 Los milagros no se examinan nunca antes de la declaración de las virtudes heroicas.  Quisiera precisar que sólo los milagros atribuidos a la intercesión del siervo de Dios, después de su muerte, confirman definitivamente con autoridad divina la santidad.  El numero pedido para la beatificación y la canonización ha variado en la historia del derecho eclesiástico.

Desde el Año Santo de 1975 se ha comenzado a dispensar del segundo milagro para la beatificación y así se ha llegado a la actual praxis de un solo milagro para la beatificación y de otro para la canonización. En el milagro la Iglesia ve el “sigilo de Dios” sobre la propia reflexión y sobre el propio trabajo. Las pruebas testificales, los exámenes clínicos, las consultas teológicas se llevan a cabo siempre con seriedad y cuidado, hasta alcanzar la certeza moral: esta queda siempre a nivel de valoración o juicio humano. El  milagro es visto como confirmación de la fe. Si hay católicos que no creen en los milagros es solo por un problema de formación y de información. Y aquí es necesario, como Iglesia, trabajar más en las parroquias, en las diócesis, entre la gente, para que los milagros sean una realidad de la vida de cada día que se deben explicar, precisamente para aclarar las objeciones que puedan surgir en las personas.

 ¿Cómo se desarrolla el trabajo de la Congragación de las Causas de los santos?

 Las cuestiones más importantes se examinan y estudian en diferentes órganos colegiales. Por ejemplo, el Congreso ordinario, que se reúne todas las semanas, decide sobre la validez jurídica de las actas del proceso diocesano; la sesión de los consultores históricos estudia el valor científico y  la suficiencia de la documentación referente a las causas históricas o antiguas; la Consulta médica o técnica examina el aspecto científico de los presuntos milagros presentados; el congreso especial de los consultores teólogos, presidido por el promotor general de la fe, expresa su voto acerca de la heroicidad de las virtudes, del martirio, del presunto hecho milagroso; la Sesión ordinaria de los cardenales y obispos, presidida por el prefecto de la Congregación, juzga  acerca de las materias sobre las que los teólogos han dado su voto. Las conclusiones de los cardenales y obispos se ponen en conocimiento del Santo Padre, que toma la decisión definitiva.    Una nueva figura jurídica, nacida con la legislación del 1982, es la del relator, que de hecho absorbe las competencias que en un tiempo estaban distribuidas entre el promotor de la fe y los abogados de las causas. La tarea está especificada en la constitución Divinus perfectionis Magister, que establece que a cada relator, al que se le asigna el estudio de una causa concreta, corresponde la preparación de la llamada “Positio” (Positivo, en latin y Positiones en plural) sobre las virtudes o sobre el martirio, aclarando todos los aspectos de la vida y del comportamiento del siervo de Dios. En los volúmenes que componen la Positio están recogidas las pruebas testificales y documentales y todos los actos jurídicos, los estudios y los sumarios necesarios para poder responder a la duda; si consta la heroicidad de las virtudes o el martirio, o si consta el milagro en el caso presente y para los efectos de que se trata. Un colaborador externo, presentado por la postulación ayuda al relator en el trabajo. Actualmente los tiempos para la preparación de las Positiones son más breves que antes de 1983. Para el reconocimiento de las virtudes heroicas se promulga un decreto en presencia del Santo Padre.  Desde ese momento se da al siervo de Dios el título de “venerable”, que, sin embargo, no implica forma alguna de culto público. Para llegar a la beatificación es necesario el reconocimiento de un milagro, atribuido a la intercesión del venerable. La prueba de un nuevo milagro, atribuido a la intercesión del venerable.  Es necesaria la prueba de un nuevo milagro para proceder a la canonización.  

 

viernes, 4 de septiembre de 2020

Como se hace un santo (2 de 3)

 


Durante el pontificado del Papa Juan PabloII el Cardenal Saravia Martins ha terminado las causas de casi la mitad de los 1345 beatos y 483 santos proclamados.

¿Quién puede ser santo? ¿Qui8en puede ser beatificado? ¿Cómo se procede para elevar a alguien a los altares? ¿El milagro es de verdad necesario?

Responde Su Eminencia el Card. Jose Saraiva Martins, Prefecto de la Congregacion de las Causas de los Santos. (Los textos seleccionados poir Domitia Caramazza están tomados del libro Come si fa un santo, Ed. Piemme, 2005 (publicado en Totus Tuus Nr 1 marzo 2006

 ¿Qué distingue a los beatos y a los santos “oficiales” de todos los demás cristianos muertos en gracia de Dios?

 Si el número de los cristianos que han vivido santamente coincidiese con el de los canonizados y proclamados beatos, estaríamos obligados a reconocer que, a lo largo de los dos milenios desde su fundación, la Iglesia habría fracasado en el cumplimiento de la misión confiada por Jesucristo. Pero no es así.

Hay una legión innumerable de personas que han vivido y muerto santamente y que están en el Paraíso, gozan de la visión beatifica y son recordadas  todas juntas en la fiesta de Todos los Santos, el 1 de noviembre.

Se trata, podríamos decir, de los “soldados desconocidos” de la santidad, que,  están mas íntimamente unidos a Cristo, consolidan más eficazmente a toda la Iglesia en la santidad,  ennoblecen el culto que ella ofrece a Dios aquí en la tierra y contribuyen de múltiples  maneras a su dilatada edificación. (Lumen gentium, 49)

La canonización declara la santidad de una persona sin establecer una comparación con la de quienes están en el cielo.

 ¿Quién puedc ser propuesto para una causa de canonización? Y cuando se puede iniciar el proceso?

 Cualquier católico puede ser el protagonista de una causa, con tal que haya ejercitado las virtudes cristianas en grado heroico y goce de fama de santidad después de su muerte. El grado heroico consiste en un comportamiento cristiano fuera de lo común, viviendo con prontitud de ánimo y con alegría las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad) y las cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza) y además - si es una persona consagrada -  la castidad, la pobreza y la obediencia. Lafama de santidad es la opinión generalizada que lleva a los fieles a venerarlo y a encomendarse a su intercesión. Para iniciar una causa es necesario esperar al menos cinco años desde la muerte del candidato. EL “actor” de  la causa – que puede ser una diócesis, una congregación religiosa, un grupo de fieles o incluso una persona física – para poder introducir formalmente la causa, tiene que dirigirse al obispo diocesano competente, y éste a su vez a la Congregación de las Causas de los santos para consultar si por parte de la Santa Sede hay algún obstáculo que se oponga a la causa.

¿Cuál es la diferencia practica entre la beatificación y la canonización, entre el beato y el santo?

 La beatificación es el primer paso en el camino hacia la definitiva canonización.

Con la beatificación se declara la santidad de la vida del beato y se permite el culto público en su honor en el ámbito limitado de una diócesis o de una institución eclesiástica (por ejemplo una congregación religiosa). La canonización es una declaración particularmente solemne de la santidad y prescribe el culto público de toda la Iglesia. Así pues, mientras la primera tiene una dimensión local y la segunda tiene una dimensión universal.  Tanto la beatificación como la canonización presuponen la demostración de la heroicidad de las virtudes practicadas por el beato o el santo.

 ¿Cuáles son las etapas que forman el proceso de una causa de beatificación?

 Las causas de beatificación tienen dos fases fundamentales: una diocesana y otra romana.

La primera consiste en la instrucción que el obispo competente lleva a cabo para recoger todos los escritos del siervo de Dios, los testimonios y los documentos relacionados con su vida, actividad y virtudes o martirio. A tal fin el obispo diocesano constituye un tribunal, presidido por él mismo o por un delegado suyo, y formado por un promotor de justicio y por un notario.

Los testigos llamados a declarar ocupan una importancia especial. La mayor parte de ellos s presentada por el postulador (que es, en un cierto sentido, el “abogado defensor” de la causa), pero el tribunal puede convocar otros ex officio.

Los testigos que establecen las Normae servandae, es decir las normas del proceso, tienen que ser oculares; a estos, si es necesario, se pueden añadir otros que han oído de quienes han visto, pero todos tienen que ser dignos de crédito. La sinceridad de los testigos es absolutamente necesaria y es por esto que cada uno de ellos tiene que confirmar con juramente cuanto ha declarado. Cuando un siervo de Dios pertenece a un Instituto de vida consagrada, una buena parte de los testigos - para que haya el máximo de objetividad y de perfección tiene que ser ajena  a dicho Instituto.

Con la reforma legislativa de 1983 los documentos han adquirido la debida dignidad.

La documentación relativa a la vida del siervo de Dios y a su causa de beatificación, por encargo formal del obispo diocesano, es recogida por algunos expertos en historia y archivística los cuales al final de su trabajo tienen que expresar su parecer acerca de la autenticidad y el valor de los documentos, así como su opinión sobre la personalidad del siervo de Dios, según lo que se deduce de los mismos documentos. Todos los actos del procedimiento instructorio diocesano, por último, se entregan a la Congregación de las Causas de los Santos que los examina, en varias y diferentes instancias, para comprobar la heroicidad de las virtudes, el martirio, los posibles milagros.

 

jueves, 3 de septiembre de 2020

Como se hace un santo (1 de 3)

 


Durante el pontificado del Papa Juan Pablo II el Cardenal Saravia Martins ha terminado las causas de casi la mitad de los 1345 beatos y 483 santos proclamados.

¿Quién puede ser santo? ¿Quien puede ser beatificado? ¿Cómo se procede para elevar a alguien a los altares? ¿El milagro es de verdad necesario?

Responde SuEminencia el Card. Jose Saraiva Martins, Prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos. (Los textos seleccionados poir Domitia Caramazza están tomados del libro Come si fa un santo, Ed. Piemme, 2005 (publicado en Totus Tuus Nr 1 marzo 2006

 Quien es el santo?

Todos los santos, cada uno a su modo, han alcanzado los vértices del amor, cada uno es, sin embargo, portador de un mensaje especifico, que hay que buscarlo no solamente en el heroísmo con que ha ejercitado “privadamente” las virtudes cristianas, sino también en el modo con que ha llevado a cabo la propia misión recibida de Dios,  junto con la lucha diaria por realizarla, explica el heroísmo de los santos.  De hecho el punto verdaderamente específico de cada causa de canonización consiste en la verificación de la radicalidad con que el individuo ha cumplido la voluntad de Dios, llevando a termino la misión recibida. EL santo es un ser profundamente humano: no tiene un corazón para amar a Dios, y otro para amar a los hombres y al mundo entero. Tiene los pies en la tierra, a veces tropieza y cae, pero se levanta y sigue su camino.  La santidad es plenitud de la humanidad. Los santos “representan al vivo el rostro de Cristo”, como nos ha recordado siempre Juan Pablo II. La santidad es posible alcanzarla y realizarla. Los santos son aquellos que nos garantizan exactamente esto: es posible vivir la Palabra de Cristo y ponerla en práctica. La santidad consiste en la perfecta unión con Cristo.  Esa es, pues, al mismo tiempo, el fruto de la gracia de Dios y de la libre respuesta del hombre. El hombre, por tanto, está llamado a ser no un alter Christus, otro Cristo, sino ipse Christus, Cristo mismo. Y Cristo es el hombre perfecto porque es la misma santidad de Dios encarnada,  hecha tiempo e historia.

A menudo se muestra perplejidad, por diversos motivos, sobre estas acciones de la Iglesia…

Alguien ha podido ver en el gran impulso, incluso numérico, que Juan Pablo II ha dado a las beatificaciones y canonizaciones durante su pontificado una estrategia expansionistica de la Iglesia católica.  Para otros, la propuesta de nuevos beatos y santos – tan diferentes por nacionalidad, cultura y categoría – sería solo una operación de marketing de la santidad con fines de leadership del papado en la sociedad civil actual. Hay quienes, en fin, ven en las canonizaciones y en el culto de los santos un residuo anacronistico de triunfalismo religioso, lejano e incluso contrario al espíritu y al dictado del Concilio Vaticano II. La verdad es que una lectura exclusivamente sociológica de este tema corre el riesgo de ser no solamente reductiva, sino incluso desviada, para la comprensión de un fenómeno tan característico y original de la Iglesia católica. Sin embargo, el mismo Concilio, a veces mal citado, ha  querido afirmar explícitamente la vocación a la santidad de todos los cristianos y proponerla de nuevo con fuerza al mundo de hoy.

 La santidad de la que hablamos, ¡esta a la mano sólo de algunos privilegiados?

La llamada a la santidad es universal porque se dirige a todos los hombres y a todas las mujeres sin excepción alguna. Esto significa que va dirigida a cada persona concreta en el estado y en la situación en que vive. Juan Pablo II ha sido explícito y categórico en este aspecto. El ha indicado la santidad de todos como una de los puntos fundamentales para la pastoral de la Iglesia del tercer milenio.

El camino que cada uno tiene que recorrer para alcanzar la santidad es el cumplimiento fiel de  los propios deberes familiares, profesionales y sociales, es decir vivir en plenitud la vida ordinaria.

Es verdad que la santidad comporta el heroísmo en la práctica de las virtudes; es igualmente innegable que la perseverancia fiel en los deberes cotidianos puede ser mas heroica que las gestas, a veces puramente imaginarias, en que algunos hacen consistir la santidad.

El santo llega al centro de la libertad, derrocha alegría por todos los poros y crea en torno a él un ambiente de serenidad y de paz. No existen santos con la cara larga, porque de lo contrario su santidad seria una caricatura de la verdadera santidad. La santidad es, por su misma naturaleza, alegre, porque no es otra cosa que la experiencia de vida, en toda su radicalidad, de la buena noticia del Reino.

 En una sociedad como la actual, ¿es más difícil aspirar a la santidad?

Hoy, en muchos contextos sociales, se ha llegado a una concepción más profunda y autentica de la santidad. Por eso si se concibe la santidad como una santidad encarnada, vivida, existencial, se podría incluso decir que es menos difícil ser santo. Es siempre, sin embargo, difícil, obviamente, porque el cristianismo va siempre contracorriente.  Los santos cristianos son un asombro que no ha faltado nunca en la vida de la Iglesia y que no puede pasar desapercibido a un atento observador laico.

Los nuevos santos no dividen, sino que unen y hacen bien incluso al diálogo, dentro y fuera de la Iglesia católica.