Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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jueves, 29 de mayo de 2025

La riqueza del mandato misionero en las catequesis de Juan Pablo II

 


Juan Pablo II ha trabajado en primera persona para llevar el mensaje de salvación a todos los hermanos y ha hecho de la misión en concreto el pilar de su ministerio. Desde el inicio de su Pontificado ha empleado cualquier circunstancia y cualquier medio (viajes, audiencias, visitas ad limina, catequesis, encuentros, etc.) para recordar a todos la permanente validez del mandato misionero de la Iglesia y, sobre todo, para mantener siempre viva la conciencia misionera del pueblo de Dios.


Con ocasión de la tradicional audiencia general, que cada miércoles reservaba a los miles de peregrinos llegados de todo el mundo, Juan Pablo II, en el periodo que va desde el 8 de noviembre de 1978 hasta el 3 de enero de 1996, ha sostenido 534 catequesis que se referían a las principales verdades de la fe.

 

El primer ciclo de sus catequesis (1978) se centró en las cuatro virtudes cardinales (Prudencia,  Justicia, Fortaleza y Templanza). 

Desde septiembre de 1979 hasta abril de 1980, las catequesis enfocaron el tema de la Unidad original del hombre y de la mujer, a la luz del libro de la Génesis.

Siguieron las catequesis sobre el Discurso de la Montaña: Bienaventurados los puros de corazón (1980-1981); 

54 catequesis sobre la Teología del Cuerpo Místico de Cristo (1981 -1984);

20 catequesis sobre la Moralidad y Espiritualidad conyugales,con reflexiones sobre la Encíclica “Humanae vitae” (1984-1985); 

63 catequesis sobre el Credo, parte I: Dios Padre y Creador (1985-1986); 

98 catequesis sobre el Credo, parte II: Jesús Hijo y Salvador (1986-1989); 

81 catequesis sobre el Credo, parte III: El Espíritu SantoDador de Vida (1989-1991); 

147 catequesis sobre la Iglesia en el Credo (1991-1996). 

En el marco de las catequesis relativas al misterio de la Iglesia en el Credo, en el periodo que va desde el 5 de abril hasta el 21 dejunio de 1995, Juan Pablo II ha dedicado un ciclo sistemático y orgánico de 9 catequesis a los elementos fundamentales y esenciales de la misión de la Iglesia, a las bases sobre las que se funda, a los nuevos desafíos de la misión y a las cuestiones relacionadas con el creciente empeño por el ecumenismo. En las primeras doscatequesis misioneras (“La Misión universal de la Iglesia”, del 5 de abril  , y “La naturaleza misionera de la Iglesia”, del 19 de abril), 

Juan Pablo II ha puntualizado la naturaleza de la Misión universal de la Iglesia y los elementos fundamentales que la contraseñan.

En la catequesis sobre el “Desarrollo histórico y perspectivaescatológica de la misión” del 26 de abril de 1995, Juan Pablo II revela que la misión universal de la Iglesia se desarrolla en el tiempo y se cumple a lo largo de la historia de la humanidad.

 En las sucesivas dos catequesis, del 3 y del 10 de mayo de 1995, su “Misión y misiones” l

y “Finalidad de la actividad misionera”, el Papa recuerda las incomprensiones nacidas por motivos históricos contingentes que, durante un cierto periodo, han puesto en relación la actividad misionera con la colonización política, poniendo en duda así el valor de la actividad misionera y su finalidad evangelizadora. El Papa se detiene a puntualizar con absoluta claridad cuál es la finalidad de la actividad misionera de la Iglesia.

En las cuatro catequesis siguientes, el Papa dedica amplio espacio a subrayar

los nuevosdesafíos que la sociedad actual presenta a la actividad misionera de nuestrotiempo (17 de mayo de 1995), 

insiste en que Cristo es el camino para la salvación de todos (31 de mayo), 

invita a las iglesias locales a trabajar para la misión universal (14 de junio)

y analiza el deber misionero de la Iglesia en las relacionescon el mundo (21 de junio de 1995). 

Fuente: Agencia Fides 6/04/05)  - Yo solo he agregado enlaces guia, no todos exactamente directos, pero sirven como ayuda a ubicar las catequesis individuales.

 

martes, 27 de mayo de 2025

La vocación universal a la santidad - El verdadero misionero es el santo



La llamada a la misión deriva de por sí de la llamada a la santidad. Cada misionero, lo es auténticamente si se esfuerza en el camino de la santidad: « La santidad es un presupuesto fundamental y una condición insustituible para realizar la misión salvífica de la Iglesia ».174

La vocación universal a la santidad está estrechamente unida a la vocación universal a la misión. Todo fiel está llamado a la santidad y a la misión. Esta ha sido la ferviente voluntad del Concilio al desear, « con la claridad de Cristo, que resplandece sobre la faz de la Iglesia, iluminar a todos los hombres, anunciando el Evangelio a toda criatura ».175 La espiritualidad misionera de la Iglesia es un camino hacia la santidad.

El renovado impulso hacia la misión ad gentes exige misioneros santos. No basta renovar los métodos pastorales, ni organizar y coordinar mejor las fuerzas eclesiales, ni explorar con mayor agudeza los fundamentos bíblicos y teológicos de la fe: es necesario suscitar un nuevo « anhelo de santidad » entre los misioneros y en toda la comunidad cristiana, particularmente entre aquellos que son los colaboradores más íntimos de los misioneros.176

 

Pensemos, queridos hermanos y hermanas, en el empuje misionero de las primeras comunidades cristianas. A pesar de la escasez de medios de transporte y de comunicación de entonces, el anuncio evangélico llegó en breve tiempo a los confines del mundo. Y se trataba de la religión de un hombre muerto en cruz, « escándalo para los judíos, necedad para los gentiles » (1 Cor 1, 23). En la base de este dinamismo misionero estaba la santidad de los primeros cristianos y de las primeras comunidades.

91. Me dirijo, por tanto, a los bautizados de las comunidades jóvenes y de las Iglesias jóvenes. Hoy sois vosotros la esperanza de nuestra Iglesia, que tiene dos mil años: siendo jóvenes en la fe, debéis ser como los primeros cristianos e irradiar entusiasmo y valentía, con generosa entrega a Dios y al prójimo; en una palabra, debéis tomar el camino de la santidad. Sólo de esta manera podréis ser signos de Dios en el mundo y revivir en vuestros países la epopeya misionera de la Iglesia primitiva. Y seréis también fermento de espíritu misionero para las Iglesias más antiguas.

 

Por su parte, los misioneros reflexionen sobre el deber de ser santos, que el don de la vocación les pide, renovando constantemente su espíritu y actualizando también su formación doctrinal y pastoral. El misionero ha de ser un « contemplativo en acción ». El halla respuesta a los problemas a la luz de la Palabra de Dios y con la oración personal y comunitaria. El contacto con los representantes de las tradiciones espirituales no cristianas, en particular, las de Asia, me ha corroborado que el futuro de la misión depende en gran parte de la contemplación. El misionero, si no es contemplativo, no puede anunciar a Cristo de modo creíble. El misionero es un testigo de la experiencia de Dios y debe poder decir como los Apóstoles: « Lo que contemplamos ... acerca de la Palabra de vida ..., os lo anunciamos » (1 Jn 1, 1-3).

El misionero es el hombre de las Bienaventuranzas. Jesús instruye a los Doce, antes de mandarlos a evangelizar, indicándoles los caminos de la misión: pobreza, mansedumbre, aceptación de los sufrimientos y persecuciones, deseo de justicia y de paz, caridad; es decir, les indica precisamente las Bienaventuranzas, practicadas en la vida apostólica (cf. Mt 5, 1-12). Viviendo las Bienaventuranzas el misionero experimenta y demuestra concretamente que el Reino de Dios ya ha venido y que él lo ha acogido. La característica de toda vida misionera auténtica es la alegría interior, que viene de la fe. En un mundo angustiado y oprimido por tantos problemas, que tiende al pesimismo, el anunciador de la « Buena Nueva » ha de ser un hombre que ha encontrado en Cristo la verdadera esperanza. 

(Juan Pablo II – de la Enciclica Redemptoris Missio (90) – Sobre la permanente validez del mandato misionero) 

Ánimo, no temáis, anunciad que Jesús es el Señor

 


Ánimo, no temáis, anunciad que Jesús es el Señor: «En ningún otro nombre hay salvación» (Hch 4, 12).

Decid a todos que «abrirse al amor de Cristo es la verdadera liberación. En él, sólo en él, somos liberados de toda forma de alienación y extravío, de la esclavitud al poder del pecado y de la muerte» (Redemptoris missio, 11). Él es camino y verdad, resurrección y vida (cf. Jn 14, 6; 11, 25); él es el «Verbo de la vida» (Jn 1, 1).

Anunciad a Cristo con la palabra, anunciadlo con manifestaciones concretas de solidaridad, haced visible su amor al hombre, colocándoos, con la Iglesia y en la Iglesia, siempre «en la primera línea de la caridad», donde «muchos de sus hijos e hijas, especialmente religiosos y religiosas, con formas antiguas y siempre nuevas, han consagrado y continúan consagrando su vida a Dios, ofreciéndola por amor al prójimo más débil y necesitado» (Evangelium vitae, 27).

(…)

Para ser artífice de la nueva evangelización, toda comunidad cristiana debe hacer propia la lógica del don y de la gratuidad que encuentra en la misión ad gentes no sólo la ocasión para sostener a quien se encuentra en necesidad espiritual y material, sino, sobre todo, una extraordinaria oportunidad de crecimiento hacia la madurez de la fe.

(…)

A las familias, a los sacerdotes, a las religiosas, a los religiosos, y a todos los creyentes en Cristo, repito: tened siempre la audacia de anunciar al Señor Jesús. Todo creyente está llamado a cooperar en la difusión del Evangelio y a vivir el espíritu y los gestos de la misión entregándose con generosidad a los hermanos. Como recordaba en la encíclica Evangelium vitae, somos un pueblo de enviados y sabemos que «en nuestro camino nos guía y sostiene la ley del amor: el amor del que es fuente y modelo el Hijo de Dios hecho hombre, que con su muerte ha dado la vida al mundo» (n. 79).

 

(Juan Pablo II – del Mensaje para la Jornada Mundial de lasMisiones de 1995)

sábado, 6 de noviembre de 2021

Juan Pablo II y su mandato misionero

 


Juan Pablo II, un Papa de recuerdos casi infinitos. Siempre vivo, siempre nuevo y actual, jamás banal, menos aun repetitivo. Un pontífice que, a tantos años de su partida, sigue siendo capaz de sorprender, interrogar, asombrar, continúa ”viviendo” en el corazón y en el alma de millones y millones de creyentes y no creyentes como si no se hubiera ido nunca. En todo el mundo. En todos los países, en ciudades grandes y pequeñas donde, como misionero infatigable, Karol Wojtyla continúa idealmente presente para testimoniar el Evangelio de Cristo y guiar a la Iglesia católica después de haber sido su cabeza y pastor indiscutible durante casi 27 años – de 1978 a 2005 – record que lo  ha colocado en el tercer lugar en la clasificación especial de pontificados mas longevos precedido solo por Pio XI (31 años y 7 meses) y San Pedro (37 años). Numeros y clasificaciones que, no obstante su aridez matemática, poseen la fuerza de revelar en breve síntesis aquello que, puesto en manos de la historia y el entusiasmo del pueblo, fue el pontificado que ha llevado a la Iglesia católica del segundo al tercer milenio, atravesando desafíos epocales, muros derribados, caídas, encumbramientos, esperanzas, decepciones. 

 Un desafío que, por un misterioso diseño de la Providencia, quizás solo podía ser afrontado y llevado a cabo por una figura como el, Karol Wojtyla, testimonio de una Iglesia, la polaca, sujeta a pagar precios altísimos ante dos sistemas sociopolíticos que en el curso del siglo XX han puesto a dura prueba la libertad del hombre y de la Iglesia misma: el comunismo y el nazismo. El testigo que accedió a la Sede de Pedro sobre la estela de una larga y original experiencia de vida conformada por una vocación pastoral puesta a l servicio de las comunidades parroquiales y diocesanas por el servidas, pero también de amor por la poesía, por el teatro, la afición al deporte, de cercanía a los jóvenes, ancianos y niños, al estudio, a la enseñanza, al respeto por la naturaleza y todo lo creado.

Experiencias y predisposiciones pastorales que siempre impulsaron a Karol Wojtyla a ir hacia  el «otro», a la búsqueda del hombre, de la mujer, del que sufre, del pobre, del marginado. Pero no solo eso. En su ininterrumpido peregrinar por los caminos del mundo nunca dejo de dialogar también con los poderosos o con los así llamados alejados, siempre atento a construir puentes y grandes estructuras de diálogo y debate, poniendo siempre en el centro de cada encuentro al hombre, la defensa de la libertad en todas sus expresiones, a partir de la libertad de profesar la fe religiosa, como también la defensa de la dignidad humana, el respeto por la mujer y los niños.

Pero siempre a la luz del Evangelio, con ímpetu, con determinación y una coherencia que – indudablemente – han hecho de Juan Pablo II el Papa misionero por excelencia, habiendo sido, entre otros, el Pontífice que ha realizado el mayor número de viajes pastorales en Italia y en el exterior. Entre sus objetivos, en sus 27 años de pontificado, se distinguen otros dos record difícilmente igualables, habiendo realizado 102 viajes internaciones y 144 nacionales, agregados a …. ejemplos de santidad entre los testimonios de la Iglesia de ayer y de hoy… 1337 beatificaciones, 482 canonizaciones, y 14 encíclicas, entre las cuales no debemos olvidar Redemptoris missio,  publicada el 7 de diciembre de 1990, en la que el Papa Wojtyla nos habla de la perenne validez del  «mandato misionero».

 Opciones de vida y testimonios que, partiendo del originario mandato consignado por Jesus a sus apóstoles invitándoles a anunciar la Palabra “hasta los confines del mundo”, después de 2000 años conservan intacta toda su frescura. Y el Papa Wojtyla continua recordándonoslo.

 Orazio La Rocca, vaticanista del periódico La Repubblica

 

(publicado en la revista Totus Tuus, Nr 6 Nov/Dic 2009)

viernes, 25 de septiembre de 2020

Y ustedes quien creen que soy yo? Responde Piero Gheddo, sacerdote misionero

 


Amar a Jesus significa ser misionero  ¿Quién es Jesucristo para ti? Una pregunta fácil y sencilla, pero difícil y compleja al mismo tiempo dice el padre Piero Gheddo.  

Criado en una familia profundamente cristiana, cuyos padres aun hoy son considerados santos en su pueblo,  la consigna de la familia siempre fue “Quédate con el Señor y el Señor se quedará siempre contigo” Cuando se presentaba algún problema en la familia se preguntaban “Que haría Jesus en este caso? Que haría Maria?”  Ya ordenado sacerdote  se enteró de las oraciones de sus padres  y humildemente reconoció ser elegido, sin merito propio alguno.  

Preguntado “Quien es Jesucristo para ti”? responde. “Es todo mi amor, mi gozo,  el fin último hacia el cual dirijo todas mis acciones, mis afectos y mis pensamientos.  No siempre tengo éxito, pero a Él le he consagrado mi pequeña vida y los años que el Señor me permita vivir.“

(…)     

“Pero la pregunta “Quien es Jesucristo para ti”? no puede limitarse a los confines de uno mismo. Me llama a mirar hacia afuera,  a mis hermanos y hermanas en todo el mundo. El amor por Cristo me invita a comprometerme para hacerlo conocer y ser amado por  todos.  No puedo amarlo a Él y amarlo para guardármelo para  mí. Me convertí en misionero porque siempre pensé que “missio ad gentes” era la forma más avanzada, el límite extremo de la fe y la Iglesia, al cual somos llamados todos los bautizados.  El don de la fe, recibido gratuitamente de Dios, debe ser comunicado a los otros si queremos que permanezca fuerte y vivo.   «La fe se fortalece dándola» dice el Papa en  Redemptoris Missio (n.2).   Toda la Iglesia debe convertirse a la misión universal.   «Ningún creyente en Cristo, ninguna institución de la Iglesia puede eludir este deber supremo: anunciar a Cristo a todos los pueblos.» (Redemptoris Missio n.3).”

(…)

“En nuestros tiempos la identidad cristiana es muy débil.  Hemos atravesado un largo periodo en el cual el Cristianismo parecía reducido a una moral. Los “valores evangélicos” son apreciados por todos (paz, justicia, solidaridad, amor) pero la fe en Cristo, la conversión e imitación de Cristo no tienen sentido.   Se busca desprender el mensaje del mensajero: paz, justicia, amor, si! Pero el anuncio que solo Cristo es quien salva al hombre es considerado “extremismo”.   La salvación ha sido secularizada. El Cristiano a menudo se reduce a una especie de “religión de la humanidad” (tal como querían los iluministas del Setecientos) la Iglesia entera como una sociedad filantrópica y de referencia moral. La Iglesia como institución no está en crisis hoy. No hay peligro que la Iglesia desaparezca: no solo por la promesa de Jesus, sino porque en nuestro mundo secularizado ya no es combatida sino exaltada como instrumento de paz social,  un llamado a la ética, como ayuda a los pobres, a los marginados, a los drogadictos, a los pueblos del “tercer mundo”.  

“La Iglesia como pilar de la sociedad capitalista avanzada, no lo es porque predica a Jesus como único Salvador del hombre, sino porque remedia, con sus sacerdotes, religiosos, voluntarios, instituciones caritativas, los desastres de la “estructura del pecado” en los cuales estamos todos inmersos. O sea existe la tentación de  reducir el cristianismo a un sistema moral y consolador del hombre alienado por el capitalismo o el materialismo, pasando del mensajero al mensaje: de Jesus, hijo de Dios, único Salvador del hombre, a los “valores morales” que serian comunes a todos. La gente tiene hambre y sed de Dios y nosotros le damos un “discurso de valores” que en un debate sobre la fe tiene valor tan solo si está centrado en la persona de Cristo.”  

(…)

«Quien es Cristo para ti?».  He aquí una gran pregunta para  todos aquellos que se proclaman cristianos  La fe no es solo un  estado intelectual separado de la vida diaria , sino amor y pasión por Cristo que transforma toda la vida.  El Papa (JPII) lo dice con claridad: la misión es comunicación de una experiencia, o sea “el verdadero misionero es el santo” (Redemptoris Missio, n. 90)

(…)

“Debemos estar enamorados de Jesus” San Pablo decía  estar  «conquistado por Jesucristo» (Filippesi, 3, 12): «Mihi vivere Christus est»,  para mi vivir es Cristo.  Y agregaba: : «"Pero al tener a Cristo consideré todas mis ventajas como cosas negativas. .Más aún, todo lo considero al presente como peso muerto, en comparación con eso tan extraordinario que es conocer a Cristo Jesús, mi Señor. A causa de él ya nada tiene valor para mí, y todo lo considero como pelusas mientras trato de ganar a Cristo." (Filippesi 3, 7-8).

En las cartas de San Pablo los exegetas han encontrado 164 veces la expresión “en Cristo” o sea la vida en Cristo.  “Quien es el misionero”? le preguntaron una vez a la Madre Teresa, que respondió: “Es aquel cristiano tan enamorado de Jesucristo, que su único deseo es hacerlo conocer y ser amado”.

Traducido de  Amar y seguir a Jesus significa ser misionero por Piero Gheddo,  Leer completo en “Tertium Millenium” Nr 4, septiembre 1997 (en ingles e italiano)


domingo, 5 de agosto de 2012

Todos somos tierra de Misión


Accidental (o providencialmente?) di con el escrito del Arzobispo de New York, el cardenal Dolan.  Debo admitir que me asombró, me impresionó por lo sincero, humilde y realista.  Una realidad fuerte, palpable, una realidad que sacude y que se vive a diario en cualquier gran ciudad del mundo (también aquí en Buenos Aires).

Su reflexión  comienza citando los problemas de la Arquidiócesis de Filadelfia (que son muchos) brindándole su firme apoyo al valiente arzobispo Charles Chaput. A continuación comenta  el cardenal Dolan que el Arzobispo Chaput acaba de expresar que la Arquidiócesis de Filadelfia….ahora en realidad es tierra de misión.

Y lo que sigue es una traducción mía,  de parte de lo escrito por el cardenal Dolan quien comienza admitiendo: 

"Si, debí leerlo dos veces!
Uganda un territorio de misión? Seguro...
Perú territorio de misión? Si....
Alaska territorio de  misión? OK..
pero Filadelfia? Vamos, esa arquidiócesis de alguna manera fue modelo de estructura católica robusta, intacta, de absoluta unión. Una población católica extraordinaria con cardinales que antes habían sido obispos, abundantes vocaciones, cerca de millón y medio de católicos orgullosos de serlo y firmes en la fe, estamos?

Que debemos entender entonces por territorio de misión? Que nos está queriendo decir el arzobispo Chaput?

No! Me temo que tiene razón..
Y saben que? Nuestra querida  Arquidiocesis de New York también es un territorio de misión! 
Es verdad que, gracias a Dios, no necesitamos capear el tsunami de los problemas que actualmente tiene Filadelfia.   Nuestras cuentas ajustadas, en cuanto a las finanzas solventes.  Nuestra población católica de hecho en crecimiento, y estamos lejos de prever despidos,  cierre de parroquias, escuelas y servicios.  Pero también nosotros somos un territorio de misión. Toda diócesis lo es. Y todo católico comprometido es  misionero.  Ese es el punto central de lo que el Beato Juan Pablo II y el Papa Benedicto XVI llaman Nueva Evangelización.
Yo fui educado – como la mayoría de ustedes – pensando que las misiones estaban “allá lejos” y es verdad no debemos olvidar nuestro sagrado deber para con las misiones extranjeras.

Recuerdo que cuando las maravillosas hermanas de la Misericordia de Drogheda, Irlanda,  llegaron a mi parroquia del Santo Niño en Ballwin, Missouri hace cincuenta años, sonreímos cuando ellas humildemente se llamaban “misioneras”.
No podía ser, nos sonreímos: hemos sido católicos durante generaciones, tenemos parroquia y escuela; la Iglesia católica es fuerte, orgullosa de serlo, creciendo y manteniéndose firme!  No somos África! No somos territorio de misión!

Si somos. Sí que lo somos! Las hermanas tenían razón! El Arzobispo Chaput también.  El Beato Juan Pablo II y el papa Benedicto XVI  han acertado.   Quizás nos hemos engreído un poco. Consideramos nuestra fe católica un hecho.   Como dice el Arzobispo Chaput el problema grave es la obnubilación que se “ha introducido en nuestra vida eclesial, y el cinismo y resentimiento que naturalmente le sigue…. Estos problemas matan el amor cristiano….terminan por ahogar la verdadera vida de la fe”.

Tal como comentara mi amigo Greg Erlandson enOur Sunday Visitor,  la llamada a la reflexión del Arzobispo fue adoptada por el Presidente de la Universidad Católica de América, John Garvey en su reciente discurso a nosotros los Obispos.  Lo que tenemos dijo el Sr. Garvey parafraseando al Sr. Erlandson, es una crisis de fe de toda la sociedad. “Cada vez una mayor cantidad de residentes del mundo occidental (usted y yo) simplemente se van alejando de su fe, lo que significa que lo que ocurre en Filadelfia es solo un microcosmos de una erosión mucho más alarmante.”

Lo he deprimido? Sinceramente espero que no.
Lo he despertado presentándole un desafío?  Confío que sí.
Porque adivinen lo que viene: Nos unimos a los apóstoles el Domingo de Pentecostés abrazando la Nueva Evangelización.
Ya no debemos dar por sentada nuestra fe católica.
Nada de descansar sobre laureles pensando acerca de lo que la iglesia ha logrado en el pasado!
Reemplacemos cinismo por confianza.
El apretón de  manos  por un juntar las manos…. .
Opacidad por atreverse. . .
Esperar que la gente vuelva reemplazarlo por salir a buscarlos….
En vez de asumir que la gente conoce la riqueza de la fe católica pensar de una manera más realista que no la conoce…
Sentir que la Iglesia es una “gran corporación” reemplazarlo por un fino y delicado cuidado por una Iglesia tan pequeña y frágil como un pequeño grano de mostaza del que Jesús nos hablo…... .
Y en vez de guardarnos nuestra fe tan solo para nosotros hacerla brillar ante los demás!
De esto se trata la Nueva Evangelizacion.
La Arquidiócesis de New York es territorio de misión!
Toda la Iglesia lo es! Nuestras parroquias! La cultura! El mundo!
Tú y  yo somos misioneros!"
- o -

Despertemos todos, que todos somos tierra de misión. En mi parroquia, en la suya....notamos menos gente en Misa... los párrocos comentan que cada vez hay menos casamientos, menos niños en catequesis… pero no, no nos dejemos abatir por esta dura realidad, aceptemos que estamos necesitados de una nueva evangelización, todos y cada  uno, sigamos las huellas de los primeros apóstoles,  salgamos a predicar con el ejemplo, con nuestras vidas, con la Palabra, no solo la nuestra.
Despertemos! Unámonos a los católicos del mundo,  a aquellos que ya han tomado conciencia.  Se acerca el Año de la fe (ll de oct ubre 2012 al 24 de noviembre 2013), una oportunidad preciosa para aceptar la invitación del Santo Padre Benedicto XVI:  “No podemos dejar que la sal se vuelva sosa y la luz permanezca oculta (cf. Mt 5, 13-16). Como la samaritana, también el hombre actual puede sentir de nuevo la necesidad de acercarse al pozo para escuchar a Jesús, que invita a creer en él y a extraer el agua viva que mana de su fuente (cf. Jn 4, 14). Debemos descubrir de nuevo el gusto de alimentarnos con la Palabra de Dios, transmitida fielmente por la Iglesia, y el Pan de la vida, ofrecido como sustento a todos los que son sus 
discípulos (cf. Jn 6, 51)” .....La renovación de la Iglesia pasa también a través del testimonio ofrecido por la vida de los creyentes: con su misma existencia en el mundo, los cristianos están llamados efectivamente a hacer resplandecer la Palabra de verdad que el Señor Jesús nos dejó…… «Caritas Christi urget nos» (2 Co 5, 14): es el amor de Cristo el que llena nuestros corazones y nos impulsa a evangelizar. Hoy como ayer, él nos envía por los caminos del mundo para proclamar su Evangelio a todos los pueblos de la tierra (cf. Mt 28, 19). Con su amor, Jesucristo atrae hacia sí a los hombres de cada generación: en todo tiempo, convoca a la Iglesia y le confía el anuncio del Evangelio, con un mandato que es siempre nuevo. Por eso, también hoy es necesario un compromiso eclesial más convencido en favor de una nueva evangelización para redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe.
 ..(Benedicto XVI Porta Fidei) 





sábado, 3 de diciembre de 2011

San Francisco Javier “prototipo de misioneros”

“¡Id! ¡Difundid la Buena Nueva hasta los confines del mundo!”




Hoy es la fiesta litúrgica de San Francisco Javier, “prototipo de misioneros”.


En su primer viaje a España el Beato Juan Pablo II se detuvo en Javier, “cuna y santuario del “Apóstol de las nuevas gentes” y “celestial Patrono de todos los misioneros y misioneras y de todas las misiones” y Patrono también de la Obra de la Propagación de la Fe, para la Celebración de la Palabra y entrega de los crucifijos a los misioneros .



En su homilía Juan Pablo II delineaba el “dinamismo misionero” del santo:
“Javier es prototipo de misioneros en la línea de la misión universal de la Iglesia. Su motivación es el amor evangélico a Dios y al hombre, con atención primordial a lo que en él tiene valor prioritario: su alma, donde se juega el destino eterno del hombre: “¿Y qué aprovecha al hombre ganar todo el mundo y perder su alma?”.
Este principio evangélico estimula su vida interior. El celo por las almas es en él una apasionada impaciencia. Siente, como otro Pablo, el apremio incontenible de una conciencia plenamente responsable del mandato misionero y del amor de Cristo, pronto a dar la vida temporal por la salud espiritual de sus hermanos: “Quien quiere salvar su vida la perderá, y quien pierda la vida por mí y el Evangelio, ése la salvará”. Este es el resorte incontenible que anima el asombroso dinamismo misionero de Francisco Javier.


Tiene clara conciencia de que la fe es don de Dios, y funda su confianza en la oración, que practica con asiduidad, acompañándola con sacrificios y penitencias; y pide también a los destinatarios de sus cartas la ayuda de sus oraciones. Modela su identidad en la aceptación plena de la voluntad de Dios y en la comunión con la Iglesia y sus representantes, traducida en obediencia y fidelidad de mensajero, previo un exquisito discernimiento; y actúa siempre con visión y horizontes universales, en sintonía con la misión de la Iglesia, sacramento universal de salvación. Antepone al anuncio y la catequesis, que practica como labor fundamental, una vida santa con relieve pronunciado de humildad y de total confianza en Jesucristo y en la santa Madre Iglesia.

Su caridad y métodos de evangelización, y concretamente su sentido de adaptación local e enculturación, fueron propuestos por la Congregación “de Propaganda Fide”, al recomendar, en la Instrucción a los primeros vicarios apostólicos de Siam, Tonkin y Cochinchina, la vida y sobre todo las cartas de Francisco Javier, como segura orientación para la actividad misionera.”

¿Queréis un programa de vida que dé a ésta sentido pleno y llene vuestras más nobles aspiraciones? Aquí, joven como tantos de vosotros, Javier se abrió a los valores y encantos de la vida temporal, hasta que descubrió el misterio del supremo valor de la vida cristiana; y se hizo mensajero del amor y de la vida de Cristo entre sus hermanos de los grandes pueblos de Asia.

Jóvenes de Navarra: vuestra javierada anual y la cita también anual de los nuevos misioneros de España para recibir el crucifijo, han hecho el “Camino de Javier”; donde vuestro encuentro con el santo misionero universal es abrazo de reconciliación, renovación pascual y compromiso de vida y de colaboración —también misionera— con Jesucristo.

El esfuerzo de anunciar la Buena Nueva es la tarea cotidiana de la Iglesia, que embellece a ésta como esposa, fiel sin reservas, a su Esposo. Aceptad, pues, una parte de ese esfuerzo que embellece a la Iglesia.

¡Id! ¡Difundid la Buena Nueva hasta los confines del mundo! Id y anunciad: “Jesús es el Señor”.