Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

lunes, 5 de septiembre de 2011

Oración para la canonización de la Beata Madre Teresa de Calcuta




Jesús, tu hiciste de BEATA Teresa un ejemplo inspirador de fe firme y de ardiente caridad,
un testigo extraordinario del camino de la infancia espiritual, y una gran y estimada maestra del valor y dignidad de toda vida humana.
Concédenos que ella sea venerada e imitada como uno de los santos canonizados de la Iglesia.
Escucha las súplicas de todos aquellos que buscan su intercesión, especialmente la petición que en este momento imploro... (mencione aquí el favor que pide en esta oración).
Haz que sigamos su ejemplo atendiendo a tu grito de sed desde la cruz y te amemos con alegría en la apariencia dolorosa de los más pobres entre los pobres, especialmente en los menos amados y aceptados.
Te lo pedimos esto por intercesión de María,
tu Madre y Madre nuestra. Amen

Con aprobación eclesiástica.
Por favor, comunique cualquier favor o milagro
recibido por intercesión de la Beata Teresa de Calcuta a:

El Postulador • Piazza San Gregorio al Celio, 2 • 00184 Roma ITALIA
El Postulador • c/o 2498 Roll Dr. • PMB 733 • San Diego, CA 92154 USA
La Vicepostuladora • 54A A.J.C. Bose Road • Calcuta 700016 INDIA
post@motherteresacause.info

5 de septiembre Beata Teresa de Calcuta




Hoy toda la Iglesia recuerda a la Beata Teresa de Calcuta.



Mujer santa que caminó las calles de nuestros días y supo transformar espacios recónditos y oscuros en oasis de Paz, de Amor, y de Luz devolviendo sonrisas a rostros opacados, vivificando un mundo olvidado y transformándolo en evangélico. “ Una de esas mujeres” - decía el Beato Juan Pablo II - “que no tienen miedo de acercarse, siguiendo a Cristo, a todas las dimensiones de la humanidad, a todas las situaciones del hombre en el mundo contemporáneo”



Una misionera de la caridad que frente a las condiciones paupérrimas y tenebrosas que nuestro mundo tecnológico y desarrollado pretende ignorar dándole la espalda, se dio por entera a destituidos, enfermos y moribundos y fue apóstol en una obra “donde el misterio del sufrimiento humano se encuentra con el misterio de la fe y el amor





Una mujer única, pequeña, menuda, que podría pasar casi desapercibida. Sin embargo, envuelta en un sari “albi celeste” fue repartiendo pedazos de cielo a su paso y creciendo en fama y santidad día a día dejándonos un poderoso mensaje porque “Todos estamos llamados a la santidad: es la medida misma de la vida cristiana.” (Benedicto XVI)




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sábado, 3 de septiembre de 2011

La santidad, savia vital de la misión de Juan Pablo II (3) La santidad y la oración en Novo Millennio Ineunte

La oración





“Para esta pedagogía de la santidad es necesario un cristianismo que se distinga ante todo en el arte de la oración. El Año jubilar ha sido un año de oración personal y comunitaria más intensa. Pero sabemos bien que rezar tampoco es algo que pueda darse por supuesto. Es preciso aprender a orar, como aprendiendo de nuevo este arte de los labios mismos del divino Maestro, como los primeros discípulos: « Señor, enséñanos a orar » (Lc 11,1). En la plegaria se desarrolla ese diálogo con Cristo que nos convierte en sus íntimos: « Permaneced en mí, como yo en vosotros » (Jn 15,4). Esta reciprocidad es el fundamento mismo, el alma de la vida cristiana y una condición para toda vida pastoral auténtica. Realizada en nosotros por el Espíritu Santo, nos abre, por Cristo y en Cristo, a la contemplación del rostro del Padre. Aprender esta lógica trinitaria de la oración cristiana, viviéndola plenamente ante todo en la liturgia, cumbre y fuente de la vida eclesial,17 pero también de la experiencia personal, es el secreto de un cristianismo realmente vital, que no tiene motivos para temer el futuro, porque vuelve continuamente a las fuentes y se regenera en ellas.
33. ¿No es acaso un « signo de los tiempos » el que hoy, a pesar de los vastos procesos de secularización, se detecte una difusa exigencia de espiritualidad, que en gran parte se manifiesta precisamente en una renovada necesidad de orar? También las otras religiones, ya presentes extensamente en los territorios de antigua cristianización, ofrecen sus propias respuestas a esta necesidad, y lo hacen a veces de manera atractiva. Nosotros, que tenemos la gracia de creer en Cristo, revelador del Padre y Salvador del mundo, debemos enseñar a qué grado de interiorización nos puede llevar la relación con él.
La gran tradición mística de la Iglesia, tanto en Oriente como en Occidente, puede enseñar mucho a este respecto. Muestra cómo la oración puede avanzar, como verdadero y propio diálogo de amor, hasta hacer que la persona humana sea poseída totalmente por el divino Amado, sensible al impulso del Espíritu y abandonada filialmente en el corazón del Padre. Entonces se realiza la experiencia viva de la promesa de Cristo: « El que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él » (Jn 14,21). Se trata de un camino sostenido enteramente por la gracia, el cual, sin embargo, requiere un intenso compromiso espiritual que encuentra también dolorosas purificaciones (la « noche oscura »), pero que llega, de tantas formas posibles, al indecible gozo vivido por los místicos como « unión esponsal ». ¿Cómo no recordar aquí, entre tantos testimonios espléndidos, la doctrina de san Juan de la Cruz y de santa Teresa de Jesús?
Sí, queridos hermanos y hermanas, nuestras comunidades cristianas tienen que llegar a ser auténticas « escuelas de oración », donde el encuentro con Cristo no se exprese solamente en petición de ayuda, sino también en acción de gracias, alabanza, adoración, contemplación, escucha y viveza de afecto hasta el « arrebato del corazón. Una oración intensa, pues, que sin embargo no aparta del compromiso en la historia: abriendo el corazón al amor de Dios, lo abre también al amor de los hermanos, y nos hace capaces de construir la historia según el designio de Dios.18 "”

viernes, 2 de septiembre de 2011

Un poco de humor – El reloj de Juan Pablo II

En una conferencia reciente titulada “Juan Pablo II el hombre el siglo” el Pbro. Dr. Pedro Brunori nos conto algunas anécdotas. Una se refería al reloj de Juan Pablo II. Dicen que antes de Juan Pablo II ningún Papa usó reloj pulsera. Sabemos bien que a él no le costaba cambiar costumbres que no afectaran nada y a nadie... ... y uso reloj desde el primer dia…..y no dejo de usarlo...


En una ceremonia oficial muy importante al comienzo del pontificado en un momento que el Papa estira el brazo asoma su reloj pulsera; el ceremoniero se acerca y muy sigilosamente le arregla la manga, el Papa vuelve a estirar el brazo y el ceremoniero discretamente repite el movimiento, pero el Papa no cede, vuelve a hacerlo y entonces el ceremoniero ya no insistió…. supongo que no lo habrá vuelto a intentar pues a Juan Pablo II lo seguimos viendo con reloj pulsera…sino fíjense en estas fotos (y los iba cambiando a medida que le iban regalando; y el hacia lo mismo)






















y tambien en esta


La santidad, savia vital de la misión de Juan Pablo II (2) La santidad en Novo Millenio Ineunte




En la Exhortación Apostólica Novo Millennio Ineunte el Beato Juan Pablo II le dedica todo un apartado a la santidad, ese “« alto grado » de la vida cristiana ordinaria” al cual debieramos aspirar todos los cristianos.


Decía Juan Pablo II:
“ En primer lugar, no dudo en decir que la perspectiva en la que debe situarse el camino pastoral es el de la santidad. ¿Acaso no era éste el sentido último de la indulgencia jubilar, como gracia especial ofrecida por Cristo para que la vida de cada bautizado pudiera purificarse y renovarse profundamente?
…hacer hincapié en la santidad es más que nunca una urgencia pastoral.
Conviene además descubrir en todo su valor programático el capítulo V de la Constitución dogmática Lumen gentium sobre la Iglesia, dedicado a la « vocación universal a la santidad ». Si los Padres conciliares concedieron tanto relieve a esta temática no fue para dar una especie de toque espiritual a la eclesiología, sino más bien para poner de relieve una dinámica intrínseca y determinante. Descubrir a la Iglesia como « misterio », es decir, como pueblo « congregado en la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo »,15 llevaba a descubrir también su « santidad », entendida en su sentido fundamental de pertenecer a Aquél que por excelencia es el Santo, el « tres veces Santo » (cf. Is 6,3). Confesar a la Iglesia como santa significa mostrar su rostro de Esposa de Cristo, por la cual él se entregó, precisamente para santificarla (cf. Ef 5,25-26). Este don de santidad, por así decir, objetiva, se da a cada bautizado.
Pero el don se plasma a su vez en un compromiso que ha de dirigir toda la vida cristiana: « Ésta es la voluntad de Dios: vuestra santificación » (1 Ts 4,3). Es un compromiso que no afecta sólo a algunos cristianos: « Todos los cristianos, de cualquier clase o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección del amor ».16
31. Recordar esta verdad elemental, poniéndola como fundamento de la programación pastoral que nos atañe al inicio del nuevo milenio, podría parecer, en un primer momento, algo poco práctico. ¿Acaso se puede « programar » la santidad? ¿Qué puede significar esta palabra en la lógica de un plan pastoral?
En realidad, poner la programación pastoral bajo el signo de la santidad es una opción llena de consecuencias. Significa expresar la convicción de que, si el Bautismo es una verdadera entrada en la santidad de Dios por medio de la inserción en Cristo y la inhabitación de su Espíritu, sería un contrasentido contentarse con una vida mediocre, vivida según una ética minimalista y una religiosidad superficial. Preguntar a un catecúmeno, « ¿quieres recibir el Bautismo? », significa al mismo tiempo preguntarle, « ¿quieres ser santo? » Significa ponerle en el camino del Sermón de la Montaña: « Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial » (Mt 5,48).
Como el Concilio mismo explicó, este ideal de perfección no ha de ser malentendido, como si implicase una especie de vida extraordinaria, practicable sólo por algunos « genios » de la santidad. Los caminos de la santidad son múltiples y adecuados a la vocación de cada uno. Doy gracias al Señor que me ha concedido beatificar y canonizar durante estos años a tantos cristianos y, entre ellos a muchos laicos que se han santificado en las circunstancias más ordinarias de la vida. Es el momento de proponer de nuevo a todos con convicción este « alto grado » de la vida cristiana ordinaria. La vida entera de la comunidad eclesial y de las familias cristianas debe ir en esta dirección. Pero también es evidente que los caminos de la santidad son personales y exigen una pedagogía de la santidad verdadera y propia, que sea capaz de adaptarse a los ritmos de cada persona. Esta pedagogía debe enriquecer la propuesta dirigida a todos con las formas tradicionales de ayuda personal y de grupo, y con las formas más recientes ofrecidas en las asociaciones y en los movimientos reconocidos por la Iglesia. (Continúa en La santidad y la oración en Novo Millennio Ineunte)

Septiembre 2011





jueves, 1 de septiembre de 2011

La santidad, savia vital de la misión de Juan Pablo II (1)

La santidad fue la savia vital de la misión de Juan Pablo II, algo imprescindible, natural…este gran Papa consumió toda su vida para mostrarnos con su sencillez y su humanidad que la santidad es accesible a todos y que debe ser la prioridad absoluta para cada hombre

(Francesco Indelicato, Editorial de Totus Tuus nro beatificación).



¡No tengáis miedo a ser santos!
ese llamado insistente de Juan Pablo II a la santidad, “dimensión que expresa mejor el misterio de la Iglesia”; y que “representa al vivo el rostro de Cristo” no fue un llamado ignoto, casual, dirigido a una minoría cristiana o a una Iglesia particular. Nada de eso, fue un llamado claro y preciso a todo el pueblo d Dios.
Desde aquel primer mensaje del 22 de octubre de 1978 Invitándonos a dar un paso decisivo “¡No tengáis miedo de acoger a Cristo y de aceptar su potestad!.... ¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!” no cesó de recordarnos que todo cristiano está llamado a la santidad.




Fiel a la consigna principal de Concilio Vaticano II, a todos los hijos e hijas de la Iglesia, nos recordaba que “esa “ « vocación universal a la santidad » ese « alto grado » de la vida cristiana ordinaria” ese “don de santidad” personal que se da a cada bautizado” hay que descubrirlo, agregaba que “También es evidente que los caminos de la santidad son personales y exigen una pedagogía de la santidad verdadera y propia, que sea capaz de adaptarse a los ritmos de cada persona” y “para esta pedagogía de la santidad es necesario un cristianismo que se distinga ante todo en el arte de la oración”


Y fue a los jóvenes a quienes no se canso de invitar e insistir acerca de la santidad en sus diferentes Mensajes, discursos u homilías:

En la homilía en Monte del Gozo en 1989
¡No tengáis miedo a ser santos! Esta es la libertad con la que Cristo nos ha liberado (cf. Gál 5, 1). No como la prometen con ilusión y engaño los poderes de este mundo: una autonomía total, una ruptura de toda pertenencia en cuanto criaturas e hijos, una afirmación de autosuficiencia, que nos deja indefensos ante nuestros límites y debilidades, solos en la cárcel de nuestro egoísmo, esclavos del «espíritu de este mundo», condenados a la «servidumbre de la corrupción» (Rm 8, 21).

en Manila en 1995
“Es tiempo de comprometeros más plenamente en seguir a Cristo en el cumplimiento de su misión salvífica. Toda forma de apostolado y todo tipo de servicio deben tener su fuente en Cristo. Cuando os dice: «Como el Padre me envió, también yo os envío» (Jn 20, 21), os hace también capaces de cumplir esta misión. En cierto sentido, se comparte a sí mismo con vosotros. Es lo mismo que dice san Pablo: Dios nos ha elegido en Cristo antes de la creación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, para estar llenos de amor; así mismo nos ha elegido de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo (cf. Ef 1, 4-5).

En el Mensaje para la JMJ de 1998
“El don del Espíritu hace actual y posible para todos el antiguo mandato de Dios a su pueblo: «Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo» (Lv 19, 2). Llegar a ser santos parece una meta ardua, reservada a personas totalmente excepcionales, o destinada a quien quiera permanecer ajeno a la vida y a la cultura de su tiempo. Sin embargo, llegar a ser santos es don y tarea arraigados en el bautismo y en la confirmación, encomendados a todos en la Iglesia, en todo tiempo. Es don y tarea de los laicos, de los religiosos y de los ministros sagrados, en el ámbito privado y en el público, en la vida de cada uno y en la de las familias y comunidades.”

En el Mensaje con ocasión de la XV JMJ
“¡Contemplad y reflexionad! Dios nos ha creado para compartir su misma vida; nos llama a ser sus hijos, miembros vivos del Cuerpo místico de Cristo, templos luminosos del Espíritu del Amor. Nos llama a ser “suyos”: quiere que todos seamos santos. Queridos jóvenes, ¡tened la santa ambición de ser santos, como Él es santo!
Me preguntaréis: ¿pero hoy es posible ser santos? Si sólo se contase con las fuerzas humanas, tal empresa sería sin duda imposible…. Aunque el camino es duro, todo lo podemos en Aquel que es nuestro Redentor. No os dirijáis a otro si no a Jesús. No busquéis en otro sitio lo que sólo Él puede daros, porque «no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos» (Hc 4,12). Con Cristo la santidad –proyecto divino para cada bautizado– es posible. Contad con él, creed en la fuerza invencible del Evangelio y poned la fe como fundamento de vuestra esperanza. Jesús camina con vosotros, os renueva el corazón y os infunde valor con la fuerza de su Espíritu.
Jóvenes de todos los continentes, ¡no tengáis miedo de ser los santos del nuevo milenio!.... El Señor os quiere apóstoles intrépidos de su Evangelio y constructores de la nueva humanidad.”

En el Mensaje para la XVII JMJ
“¡Con cuántos santos, también entre los jóvenes, cuenta la historia de la Iglesia! En su amor por Dios han hecho resplandecer las mismas virtudes heroicas ante el mundo, convirtiéndose en modelos de vida propuestos por la Iglesia para que todos les imiten. Entre otros muchos, baste recordar a Inés de Roma, Andrés de Phú Yên, Pedro Calungsod, Josefina Bakhita, Teresa de Lisieux, Pier Giorgio Frassati, Marcel Callo, Francisco Castelló Aleu o, también, Kateri Tekakwitha, la joven iraquesa llamada la "azucena de los Mohawks". Pido a Dios tres veces Santo que, por la intercesión de esta muchedumbre inmensa de testigos, os haga ser santos, queridos jóvenes, ¡los santos del tercer milenio!”

Sin excluir a nadie se lo recordó también a las familias en su

Mensaje de 1994
“ Todos están llamados a ser Iglesia gloriosa, santa e inmaculada. «Sed santos —dice el Señor— pues yo soy santo» (Lv 11, 44; cf. 1 P 1, 16).” Carta a las familias 1994
Y , de diferente manera a los niños en su Carta a ellos
“¿Cómo no recordar, por ejemplo, los niños y niñas santos, que vivieron en los primeros siglos y que aún hoy son conocidos y venerados en toda la Iglesia?” Carta a los niños

Y en la Carta Apostólica Familiaris consortio
“Todos los esposos, según el plan de Dios, están llamados a la santidad en el matrimonio”
y “La vocación universal a la santidad está dirigida también a los cónyuges y padres cristianos.”
En la misma carta apostólica (32) Juan Pablo II subraya la importancia de la oración en la pedagogía de la santidad, recordándonos que esa “ « vocación universal a la santidad » ese « alto grado » de la vida cristiana ordinaria” ese “don de santidad” personal que se da a cada bautizado” hay que descubrirlo. Y agrega - “También es evidente que los caminos de la santidad son personales y exigen una pedagogía de la santidad verdadera y propia, que sea capaz de adaptarse a los ritmos de cada persona” y “para esta pedagogía de la santidad es necesario un cristianismo que se distinga ante todo en el arte de la oración”