Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

domingo, 14 de julio de 2013

Felices vacaciones a mis amigos del hemisferio norte

“Hay que saber estar en silencio, crear espacios de soledad o, mejor, de encuentro reservado a una intimidad con el Señor. Hay que saber contemplar. El hombre de hoy siente mucho la necesidad de no limitarse a las meras preocupaciones materiales, e integrar, en cambio, su propia cultura técnica con superiores y desintoxicantes aportaciones procedentes del mundo del espíritu. Desgraciadamente, nuestra vida diaria corre el riesgo o incluso experimenta casos, más o menos difundidos, de contaminación interior. Pero el contacto de fe con la Palabra del Señor nos purifica, nos eleva y nos vuelve a dar energía.”  Juan Pablo II  en su homilía en Castelgandolfo, 20 de julio de 1980)


Felices vacaciones a todos y mis mejores deseos que puedan gozar en familia o entre amigos,  de la majestuosidad y el silencio de la montaña, de un apacible lago, del rugido de las olas en el mar o paz y tranquilidad en la campiña, para recuperar fuerzas al fin y hacerse un espacio también para disfrutar del silencio, meterse en el alma, encontrarse y hablar con Jesús para renovarse también interiormente!
(los buenos deseos también valen para quienes por aqui en el sur han podido escaparse por unos días en las vacaciones de invierno!) 

sábado, 13 de julio de 2013

Juan Pablo II: "Señor, enséñanos a orar":


¿Qué quiere decir rezar? ¿Cómo hay que rezar? Por eso, la respuesta que dio Cristo es siempre actual. ¿Y qué  respuesta dio Cristo? En cierto sentido, El enseñó, a los que le preguntaban, las palabras que debían pronunciar para rezar, para dirigirse al Padre. Esas palabras se encuentran en las dos versiones evangélicas: el texto del Evangelio de hoy se diferencia ligeramente de aquel a que estamos acostumbrados en nuestra oración cotidiana; en efecto, nosotros recordamos el Padre Nuestro según la versión de San Mateo.
Cristo, pues, enseñó las palabras de la oración; las palabras más perfectas, las palabras más completas; en ellas se encierra todo.
Sin embargo, la respuesta de Cristo no se limita exclusivamente al texto, a las palabras que debemos pronunciar cuando rezamos. Se trata de un problema mucho más urgente y podría decirse que mucho más complejo.
¿Que quiere decir rezar? Rezar significa sentir la propia insuficiencia, sentir la propia insuficiencia a través de las diversas necesidades que se presentan al hombre, las necesidades que constantemente forman parte de su vida. Como, por ejemplo, la necesidad del pan a que se refiere Cristo, poniendo como ejemplo al hombre que despierta a su amigo a medianoche para pedirle pan. Tales necesidades son numerosas. La necesidad de pan es, en cierto sentido, el símbolo de todas las necesidades materíales, de las necesidades del cuerpo humano, de las necesidades de esta existencia que nace del hecho de que el hombre es el cuerpo. Pero la escala de estas necesidades es más amplia.
[] Rezar quiere decir ser conscientes; ser conscientes, hasta el fondo, de todas las necesidades del hombre, de toda la verdad sobre el hombre y, en nombre de esa verdad, cuyo sujeto directo soy yo mismo, pero también mi prójimo, todos los hombres, la humanidad entera..., en nombre de esa verdad, dirigirse a Dios como al Padre.
Ahora bien, según la respuesta de Cristo a la pregunta "enséñanos a orar", todo se reduce a este singular concepto: aprender a rezar quiere decir "aprender quién es el Padre". Si nosotros aprendemos, en el sentido pleno de la palabra, en su plena dimensión, la realidad "Padre", hemos aprendido todo. Aprender quién es el Padre quiere decir aprender la respuesta a la pregunta sobre cómo se debe rezar, porque rezar quiere decir también encontrar la respuesta a una serie de preguntas ligadas, por ejemplo, al hecho de que yo rezo y en algunos casos no soy escuchado.
Cristo da respuestas indirectas a estas preguntas …... Las da en todo el Evangelio y en toda la experiencia cristiana. Aprender quién es el Padre quiere decir aprender lo que es 'la confianza absoluta. Aprender quién es el Padre quiere decir adquirir la certeza de que El no podrá absolutamente rechazar nada….. El no te rechaza ni siquiera cuando todo, material y sicológicamente, parece indicar el rechazo. El no te rechaza jamás.
Por tanto, aprender a rezar quiere decir "conocer al Padre" de ese modo; aprender a estar seguros de que el Padre no te rechaza jamás nada, sino que, por el contrario, da el Espíritu Santo a quienes lo piden.
Los dones que pedimos son diversos como lo son nuestras necesidades. Pedimos según nuestras exigencias y no puede ser de otro modo. Cristo confirma esa nuestra actitud; sí, así es; debéis pedir según vuestras exigencias, tal como las sentís. Como estas necesidades os sacuden, a veces dolorosamente, así debéis rezar. Cuando, en cambio, se trata de la respuesta a cada pregunta vuestra, tal respuesta se da siempre a través de un don sustancial: el Padre nos da al Espíritu Santo. Y lo da en consideración de su Hijo. Por esto ha dado a su Hijo, ha dado a su Hijo por los pecados del mundo, ha dado a su Hijo saliendo al encuentro de todas las necesidades del mundo, de todas las necesidades del hombre, para poder siempre, en este Hijo crucificado y resucitado dar al Espíritu Santo. Este es su don.
Aprender a rezar quiere decir aprender quién es el Padre y adquirir una confianza absoluta en Aquel que nos ofrece este don cada vez más grande y ofreciéndonoslo, jamás nos engaña. Y si a veces o incluso frecuentemente no recibimos directamente lo que pedimos, en este don tan grande —cuando se nos ofrece— se hallan encerrados todos los otros dones; aunque no siempre nos demos cuenta de ello.”


jueves, 11 de julio de 2013

La Divina Misericordia: el Mensaje del bien que vence el mal por Miroslaw Mróz (2 de 4)


“Como decía Juan Pablo II, la Misericordia se manifiesta “en su aspecto verdadero y propio cuando revaloriza, promueve y saca bien de todas las formas de mal existentes en el mundo y en el hombre” (DM, 6)  La condición del hombre, por tanto, no es irremediablemente terrible, humillante, sino que al contrario, ofrece la esperanza de purificación, liberación y nueva creación. Dios, en efecto, salva al hombre no gracias a nuestras justas acciones, sino gracias a su inmensa misericordia, nos purifica, nos perdona, nos da una nueva vida.

La comprensión de esta verdad está radicada – según Juan Pablo II – en el testimonio y en la experiencia de la mística polaca, santa Faustina Kowalska. Fue ella quien proclamó que la Misericordia divina está unida con la fuerte convicción del perdón, es más con el pleno cambio y conversión del hombre – con la ayuda divina – a la nueva creación cargada de espíritu nuevo y de un corazón nuevo. Santa Faustina Kowalska sostenía que “aunque [nuestros] pecados fuesen negros como la noche, la Misericordia divina es más fuerte que nuestra miseria. Es necesario solo que el pecador abra la puerta del propio corazón…. El resto lo hará Dios…. Todo comienza en tu Misericordia y en tu Misericordia encuentra el fin” (catequesis durante laaudiencia general del 24 de octubre de 2001)

Juan Pablo II manifiesta esta verdad a pesar de que en nuestros días esa parezca rechazada, por ejemplo a causa de los miedos del hombre, que teme ser víctima de cualquier forma de presión o de opresión, de perder la libertad interior. Son miedos totalmente infundados porque el amor no destruye en ningún modo, sino que, en cuanto que es misericordioso, dona la verdadera salud y el acceso a la plenitud de la vida.

Según Juan Pablo II, la misericordia no es sino la verdadera expresión del amor de Dios por el hombre. Esta convicción se fundamenta en la enseñanza de san Pablo en la carta a los Efesios: «Pero Dios, que es rico en misericordia, por el inmenso amor con que nos ha amado, aunque muertos por nuestros pecados nos ha devuelto la vida en Cristo» (Ef 2, 4-5) Principium misericordiae, tratado por el Papa de esta manera, no es sino el amor de Dios activo y presente en el mundo, que se dirige al hombre en Cristo, en su acción pascual que, abrazando la condición pecadora del hombre, la justifica, restableciendo la justicia y el orden ideado por Dios desde el principio en el hombre y en el mundo.”

Totus Tuus Nro 3, mayo-junio 2009, Boletín de la Postulación de la causa de Beatificación y Canonización del Siervo de Dios Juan Pablo II) 

martes, 9 de julio de 2013

La Divina Misericordia: el Mensaje del bien que vence el mal por Miroslaw Mróz (1 de 4)

“Uno de los argumentos principales que inmediatamente traen la persona del Santo Padre Juan Pablo II a la mente es, indudablemente, el mensaje de la Misericordia Divina. La encíclica Dives in misericordia expone en modo más completo esta verdad, ayudando al hombre contemporáneo a desvelar el misterio del Padre y de su amor (DM 1). La primera encíclica del Papa, Redemptor Hominis (1979), está dedicada a la verdad sobre el hombre, verdad plena y definitivamente desvelada en Cristo Redentor.
La encíclica sobre la Misericordia divina, la segunda, publicada en 1980, no se aleja en absoluto del estilo del Papa para demostrar la dignidad humana en su plenitud, a través de la referencia al misterio de Dios y de su amor. Es más, el camino de misericordia que Dios lleva a cabo en su Hijo Jesucristo está totalmente concentrado sobre el hombre, desvela en él una nueva esperanza y al mismo tiempo la consolida, especialmente allí donde existe la necesidad de liberar del mal, del pecado o de los rencores, sufrimientos o desgracias.

En verdad, Dios revela su rostro misericordioso en el mundo donde vive el hombre, cuya dignidad está comprometida por el pecado, pero se llena también de alegría en el momento en que recibe le perdón del Padre Celestial, como lo recibió aquel miserable de la parábola de Lucas sobre el hijo pródigo. (Lc 15, 11-32), donde la esencia de la Misericordia de Dios viene expresada en un modo transparente (DM, 5-6). Este argumento està enraizado en la verdad sobre los hombres de todos los tiempos: verdad sobre la inclinación al pecado y la necesidad anterior de recibir la Misericordia.

El hombre, en efecto, acercándose a Dios que se revela como Padre misericordioso, tiene la posibilidad de verse a sí mismo con toda su miseria, de darse cuenta de la lpropia culpa, de suplicar el perdón. La misericordia recibida no quita nada a la dignidad del hombre, es más, puesto que está basada sobre la experiencia de bondad constituida por su ser personal y la plenitud de felicidad eterna, refuerza la relación y el vínculo con Dios.”

(Totus Tuus Nro 3, mayo-junio 2009, Boletín de la Postulación de la causa de Beatificación y Canonización del Siervo de Dios Juan Pablo II)



domingo, 7 de julio de 2013

Recuerdos de Wanda Poltawska y su Diario de una amistad


En su libro Diario de una amistad, un libro para leer y releer, pausadamente porque es una obra de reflexiones sobre la vida, la familia, la amistad, el alma y la vida espiritual. Un libro de reflexiones muy singular pues son recuerdos de una amistad muy particular de la familia Poltawski con Karol Wojtyla. En muchas de esas reflexiones la autora recuerda las excursiones a la naturaleza, excursiones que siempre fueron acompañadas no solo por el gozo de disfrutar la naturaleza a pleno, sino también por meditaciones espirituales profundas, que el Papa Juan Pablo II recordaba con tanto cariño dirigiéndose a quienes habían sido sus discípulos, convertidos en amigos, en Cracovia.

Despues de una de esas excursiones (a Prehyba) de la cual Wanda Poltawska no había podido participar el Hermano (asi lo llama ella en el libro) le mando esta oración:



Dios mío, ahora más

que nunca hasta ahora, estoy frente a ti.

Siempre estoy frente a ti.

Hasta ahora me replegaba más en mí misma

y me veía a mí misma. Ahora me permites,

en cierto modo, perderme a mí misma, como si

dejara de existir, dejara de ser

la persona que era hasta ahora. No soy capaz ya

de seguir siendo aquella pero tampoco soy capaz de

ser todavía otra, como Tú quieres

Que yo sea.

Tienes derecho a quererlo,

porque soy tu criatura.

Sin embargo sufro, aunque entiendo ese derecho
y lo reconozco. Me resulta tan difícil dejar de ser yo misma.
Ay, si al menos pudiese saber cómo es esa persona que tengo que ser.

Sé que Tú no destruyes nada,

sólo creas. Nos creas a través de la naturaleza,

y creas de forma nueva a través de la gracia.

Lo creo, como creo en ti con mi fe

que ha sufrido mucho al sentir

mi propia debilidad y torpeza.

Ayúdame a encontrarme a mí misma y ayúdame

a encontrarte dentro de mí.

Y mientras me confunda en la oscuridad

de mi propio ser, tómame

de la mano como tu hija,

Permíteme entenderte

y entender tus actos también

a través de la gente que pusiste en mi camino.


Te ruego que nunca me dejes perder

la esperanza en ti y caer en la desesperación.

Te ruego que me enseñes

A aceptar tu guía.

Te ruego que me permitas pagar
plenamente la deuda de mi vida
con esas tareas que me pones,

con la gente que necesita mi ayuda.

Quiero llevar a su plenitud

mi vocación vital. Quisiera

ponerme de nuevo a su altura,

Para que todo lo que siempre he hecho,

con la convicción de que era mi deber,

pueda hacerlo aun mejor,

Con una dedicación más plena, y además

Con gran sencillez y una paz profunda.

Te suplico que le concedas paz a mi alma

y a mis sentimientos

y que concedas a mi cuerpo las fuerzas necesarias.

Déjame ser el apoyo de Andrzej (*)

y permíteme dar una buena educación a las niñas.

Perdóname mis pecados y purifica todo mi ser

Y guíame por la senda

En la que Tu siempre estarás.

Amen,
Prehyba, 13 de febrero de 1963

(*) el esposo

sábado, 6 de julio de 2013

El Evangelio: una Gran Promesa



“El Evangelio no es la promesa de éxitos fáciles. No promete a nadie una vida cómoda. Es exigente. Y al mismo tiempo es una Gran Promesa: la promesa de la vida eterna para el hombre, sometido a la ley de la muerte; la promesa de la victoria, por medio de la fe, a ese hombre atemorizado por tantas derrotas.

En el Evangelio está contenida una fundamental paradoja: para encontrar la vida, hay que perder la vida; para nacer, hay que morir; para salvarse, hay que cargar con la Cruz. Ésta es la verdad esencial del Evangelio, que siempre y en todas partes chocará contra la protesta del hombre.

Siempre y en todas partes el Evangelio será un desafio para la debilidad humana. En ese desafío está toda su fuerza. Y el hombre, quizá, espera en su subconsciente un desafio semejante; hay en él la necesidad de superarse a sí mismo. Sólo superándose a sí mismo el hombre es plenamente hombre (Blas Pascal, Pensées, n. 434: Apprenez que l"homme passe infiniment l"homme: «Sabed que el hombre supera infinitamente al hombre»).

Ésta es la verdad más profunda sobre el hombre. El primero que la conoce es Cristo. Él sabe verdaderamente «lo que hay en cada hombre» (Juan 2,25). Con Su Evangelio ha indicado cuál es la íntima verdad del hombre. La ha señalado en primer lugar con Su Cruz. Pilato que, señalando al Nazareno coronado de espinas después de la flagelación, dijo: «¡He aquí al hombre!» (Juan 19,5), no se daba cuenta de que estaba proclamando una verdad esencial, de que estaba expresando lo que siempre y en todas partes sigue siendo el contenido de la evangelización.”

(de la entrevista de Vittorio Messori a Juan Pablo II : Ante el umbral de la esperanza, Plaza & Janes, pag.117)

viernes, 5 de julio de 2013

Canonización de Juan Pablo II y Juan XXIII en la misma fecha?




Bueno finalmente se ha dado fin a las especulaciones. Es que cada vez que el Santo Padre recibía en audiencia al cardenal Angelo Amato las expectativas iban creciendo y todos esperabamos ansiosamente la noticia,  que finalmente llego.  Según información directa del VISnews,
esta mañana el Santo Padre Francisco, recibió nuevamente en audiencia al cardenal Angelo Amato, S.D.B., prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos y durante esta, tan esperada audiencia,  el Papa ha autorizado a la Congregación a promulgar el decreto concerniente al milagro atribuido a la intercesión del Beato Juan Pablo II. Confirmado pues, falta solamente la fecha, que se fijara en septiembre: se habla de diciembre concluido el Año de la Fe.


Aparentemente se dará una maravillosa coincidencia pues no se trata solo de la canonización del beato Juan Pablo II (Karol Józef Wojtyla) sino también de la canonización del Beato Juan XXIII (Angelo Giuseppe Roncalli), quien convoco el Concilio Vaticano II, si bien en este caso el Papa Francisco, segun Rome Reports ha hecho una importante excepcion en el procedimiento y ha decidido hacerlo santo a pesar de que no se ha presentado el milagro necesario. 

Como le gustaba decir a Juan Pablo II los designios divinos son imprevisibles. Ser canonizado al mismo tiempo que el inspirador y profético iniciador del Concilio Vaticano II Juan XXIII seria una coincidencia casi profética. Vittorio Messori en Ante el Umbral de la Esperanza llama a la participación de Karol Wojtyla en el Concilio una extraordinaria y providencial aventura en cuyas sesiones “(desde la primera a la última) Karol Wojtyla tuvo siempre un papel siempre activo y relevante. Juan Pablo II mismo no se ha cansado de reconfirmar que “hubo acontecimientos en la Iglesia que han dejado una huella profunda “dando el impulso necesario para efectuar cambios de considerable importancia para el presente y, se espera, también para el futuro del Pueblo de Dios. Entre ellos descuella sin duda el Concilio Vaticano II (1962-1965), con las iniciativas que puso en marcha: la reforma litúrgica, la constitución de nuevos organismos pastorales, el gran impulso misionero, el compromiso en el campo ecuménico y el diálogo interreligioso, por citar sólo las más destacadas.”(Memoria e Identidad) Su participación, sin embargo, no se limito a ser parte activa y pensante de las deliberaciones sino que puso todo su empeño en hacer partícipe de esas reflexiones y deliberaciones a toda la Iglesia polaca, clero y pueblo.

“La experiencia del Concilio – decía el cardenal Camilo Ruini - fue decisiva para el Episcopado de Cracovia y para el Pontificado de Karol Wojtyła, completando armoniosamente toda su formación y experiencia anteriores. Permaneció esculpida en él la convicción de que el Vaticano II es "el acontecimiento clave de nuestra época" (Discurso al clero romano del 14 de febrero de 1991) “Para poner en práctica el Concilio y permitir a toda la Archidiócesis revivir este acontecimiento, el Arzobispo Wojtyła…. convocó el Sínodo de Cracovia el 8 de mayo de 1972, después de un año de intensos preparativos: fue un Sínodo con una participación extraordinaria y cautivadora, que duró siete años y lo concluyó el mismo Juan Pablo II el 8 de junio de 1979, en el IX centenario de San Estanislao”(de uno de mis posts El Sinodo de Cracovia)

 
Un detalle para la anécdota: al morir Juan Pablo II fue enterrado en la cripta vaticana en el lugar donde antes se encontraba el cuerpo de Juan XXII, que fue luego trasladado a un altar dentro de la Basílica Vaticana. Pero “presidiendo” la tumba del Papa polaco quedaba la placa del Papa Bueno del Concilio. De alguna manera habían quedado unidos, cercanos en un principio a la tumba de San Pedro y la fuerte impronta del Concilio Vaticano II, esa excelsa intuición de aggiornamento de Juan XXIII (que concluyera Pablo VI) , una insondable fuente de riqueza espiritual que la Iglesia sigue explorando. Ahora los cuerpos de ambos beatos reposan dentro de la Basílica Vaticana, a la espera de su canonización.

Y otro para la historia:
El Beato Juan Pablo II será canonizado por un Papa argentino! el Papa Francisco que en su homilía en la Misa en memoria de Juan Pablo II el 4 de abril de 2005 expresara:

“Recordamos a un hombre coherente que una vez nos dijo que este siglo no necesita de maestros, necesita de testigos, y el coherente es un testigo. Un hombre que pone su carne en el asador y avala con su carne y con su vida entera, con su transparencia, aquello que predica.

En el día de la proclamación de esta coherencia obediencial en la encarnación del Verbo miramos a este coherente. Este coherente que por pura coherencia se embarró las manos, nos salvó de una masacre fraticida; este coherente que gozaba tomando a los chicos en brazos porque creía en la ternura. Este coherente que más de una vez hizo traer a los hombres de la calle, acá decimos linyeras, de la Plaza Risorgimento para hablarles y darles una nueva condición de vida. Este coherente que cuando se sintió bien de salud pidió permiso para ir a la cárcel a hablar con el hombre que había intentado matarlo.

Es un testigo. Termino repitiendo sus palabras: "Lo que necesita este siglo no son maestros son testigos". Y en la encarnación del Verbo, Cristo es el testigo fiel. Hoy vemos en Juan Pablo una imitación de este testigo fiel. Y agradecemos que haya terminado su vida así, coherentemente, que haya terminado su vida siendo simplemente eso: UN TESTIGO FIEL.