Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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jueves, 9 de abril de 2026

Karol Wojtyla - Universidad Católica de Lublin

 


En septiembre de 1954 durante una caminata por las montañas al sur de Cracovia Stefan Swiecawski “urgió” a Wojtyla a unirse a la Facultad de Filosofía de la Universidad Católica de Lublin (KUL) (ahora Universidad Católica de Lublin Juan Pablo II). Previa autorización del arzobispo Baziak, Wojtyla comenzó a acudir a Lublin desde Cracovia.

Habia cerrado la Universidad de Cracovia y Lublin era la unica universidad católica bajo el comunismo. “Y allí, en aquella especie de oasis protegido, pudo confrontar sus reflexiones con las de un grupo de profesores, de entre los más jóvenes y con las ideas más innovadoras. Estos profesores se proponian librar la gran batalla político-filosófica con el marxismo sobre su propio terreno, el de la liberación de la persona, pero a partir de un humanismo en el que hubiera sitio para el individo, para la esencia del hombre” (Svidercoschi, Franco : Historia de Karol)

Era plena época de confrontaciones políticas; entre 1953 y 1956 fueron clausuradas las facultades de leyes, ciencias sociales y educación y los diplomados en KUL encontraban dificultades para obtener posiciones académicas en otras universidades. Todas las presiones existentes no hicieron mas que fortalecer el espíritu de profesores y alumnado y hacer de KUL una “universidad con vocación” . El “proyecto” KUL fue ideado por un cuarteto de hombres relativamente jóvenes que habían ocupado puestos de profesores (el régimen estalinista de Polonia había depuesto los antiguos profesores) : Jerzy Kalinowski (Filosofía), Stefan Swiezawski (Historia de la Filosofia), el sacerdote dominico Mieczyslaw Albert Krapiec (Metafísica) y el sacerdote Karol Wojtyla (Ética). En noviembre de 1956 Wojtyla sucedió al dominico Félix Bedniarski, que es transferido al Angelicum de Roma y el 1ro de diciembre de 1956 es nombrado Director de la cátedra que ocuparía durante 22 años hasta su traslado definitivo a Roma como Sumo Pontífice. (Weigel, George Testigo de Esperanza)



En la introducción a Mi visión del hombre (Trilogía inédita I) publicada por Ediciones Palabra, Madrid, Maria Pilar Ferrer al hablar de la producción filosófica de Karol Wojtyla la divide en tres periodos:

a) aproximadamente desde inicios de los años cincuenta hasta 1979, centrado fundamentalmente en estudios de ética filosófica y sobre el amor humano. Cita entre las publicaciones que se destacan en la primera fase de ese periodo: los cursos impartidos en la KUL (1954-1958), las separatas de Abecedario ético (publicadas por Tygodnik Powszechnyentre los años 56-58: su tesis sobre la ética de Scheler y Amor y responsabilidad.

b) El segundo periodo definido fundamentalmente por Persona y Acto (1969) “una apuesta sobre el hombre, sobre la posibilidad y sobre las condiciones de afirmación de un humanismo no utópico y solidamente anclado en la realidad y en la experiencia”

c) En la tercera fase de la producción filosófica –dice Pilar Ferrer – “se abre con la ultima sección de Persona y Acto, que lleva el titulo de Participación y se extiende a todos los escritos posteriores” Y prosigue “en esta tercera fase ocupa un puesto singular el articulo El hombre en la esfera de la responsabilidad, un estudio sobre la concepción y sobre la metodología ética pensado como una “continuación ética de Persona y Acto”.


Juan Pablo II recordaba aquellos años de su paso por KUL en su primer viaje a Polonia en 1979 en su homilia a los universitarios en Varsovia, Y también - con cierta nostalgia - durante el mismo viaje en el discurso a los universitartios en Cracovia. Y extensamente durante su visita a la Universidad Catòlica de Lublin en 1987. Diriendose al mundo de la cultura admitia “Estas experiencias han impreso en mi conciencia y en mi entera personalidad profundas huellas para toda la vida”.


 

martes, 1 de julio de 2025

Ut unum sint – Audacia y dificultades en la unidad de los cristianos - George Weigel (2 de 2)

 


Una vision adelantada a su tiempo. 

Las mayores dificultades en el dialogo ecuménico occidental ya se habían dado antes que UtUnum Sint  se firmara.  El 4 de abril de 1995, el Secretario General del Congreso Mundial de Iglesias Dr. Konrad Raiser, dio una conferencia en el Centro Pro Unione de Roma, proponiendo lo que  el llamo un  “cambio paradigmático” en ecumenismo. Finalizando el segundo milenio, “un apartheid de hecho entre ricos y pobres” y”una degradación progresiva de toda la ecoesfera” requerían de un “urgente reordenamiento de la agenda ecuménica.”  Era hora, argumentaba Raiser de “dar vuelta la página sobre  esfuerzos pasados y concentrar todas nuestras energías en enfocarlas a temas del presente y futuro a la luz de la Palabra de Cristo”. Ese era el imperativo ecuménico contemporáneo.

El movimiento ecuménico tal concebido a partir de la Conferencia Misional de Edinburgo en 1910 –reunificación de los cristianos sobre las bases de una doctrina y practica consensuada – había llegado a su fin según el lider del Consejo Mundial de Iglesias, heredero insitucional dela iniciativa de 1910.  Lo que importaba eran las políticas ideológicas. La lucha  contra el calentamiento global era para las Iglesias más importante que  los debates acerca de nuestra visión ante Dios: la redistribución de ingresos resulto ser un tema cristiano más importante que la celebración de la Cena del Señor juntos. En la medida en que e reflejaba un sentimiento generalizado dentro de las autoridades representadas en el Consejo Mundial de Iglesias,  la conferencia de Konrad Raiser en Roma podría ser vista en el futuro como el fin del viejo ecumenismo. El movimiento ecuménico presentado en Ut Unum Sint era entonces el único movimiento ecuménico global que aún perseguía el objetivo original.

Un mes después de la publicación de Ut Unum Sint el patriarca ecuménico Bartolomé visitó Roma para la fiesta de San Pedro y San Pablo el 29 de junio y participó de la Misa solemne celebrada por el Papa en el altar papal en la Basílica de San Pedro. Durante la liturgia de la Palabra, Bartolomé y Juan Pablo II,  sentados uno al lado del otro,  en sendas sillas presidenciales frente al altar. El Evangelio se canto en Latín y en Griego y ambos presentaron sus homilías… en el Evangelio de Lucas Juan Pablo II  le recordó a Bartolomé que la misión de los primeros discípulos se centraba en estos términos: “El los envió de dos en dos “ (Lucas 10.,1)  

No presentaba un mensaje el texto? No sugería que “Cristo también los enviaba de dos en dos como mensajeros del Evangelio al Este y al Oeste?  “No podemos permanecer separados” insistió el Papa.

El Patriarca Bartolomé no respondió directamente a este requerimiento audaz. Su homilía sugería que no estaba preparado para comprometerse públicamente a la proposición de que se trataba de meras cuestiones de jurisdicciones las que separaban a los  ortodoxos y a la “vieja Roma”  como proponía Ut Unum Sint.   Ladeclaración conjunta firmada por el Papa y el Patriarca Ecumenico la tarde del29 de Junio decía que “un testimonio común de fe” era “particularmente apropiado en las vísperas del tercer milenio”.  Pero su declaración que el Gran Jubileo seria celebrado como “nuestro peregrinar hacia una real unidad” parecía señalar que la visión de Juan Pablo II para el milenio de Este y Oeste reunificados no llegaría a cumplirse según sus tiempos.

Sin embargo los testimonios y actos simbólicos de reconciliación continuaron avanzando en la agenda ecuménica de Juan Pablo II. El Viernes Santo el camino de la  cruz celebrado por el Papa en el Coliseo de Roma fue un nuevo acto ecuménico a mediados de los 1990. Las meditaciones para cada estación del Via Crucis de 1994 fueron preparadas por el Patriarca ecuménico. Las meditaciones de 1995 fueron escritas por la Hermana Minke de Vries, priora de las Hermanas de Grandchamp, una comunidad de monjas reformistas de la tradición calvinista. Y en 1997 las meditaciones fueron preparadas por Karekin I Sarkissian, Catolicos de todos los armenios y líder del la Iglesia Apostólica Armenia, con quien el Papa firmo una Declaración cristológica conjunta en diciembre de 1996.  . 

Juan Pablo II   trato por todos los medios de zanjar las animosidades religiosas que databan de  siglos con Europa del Este. Pero no todo se daba como hubiera planeado. Los planes para la canonización de Jan Sarkander, un mártir católico durante las guerras religiosas de comienzos del siglo 17 en Moravia, encontraron fuerte resistencia por parte de  los protestantes checos. Los líderes protestantes le enviaron cartas en duros términos al  Papa y al cardenal Cassidy argumentando que  Jan Sarkander habría querido influir a la fuerza en aéreas protestantes. Tanto Juan Pablo II como Cassidy demostraron,  tras exhaustiva investigación,  que Sarikander nunca había estado envuelto en violencias contra los protestantes, y que su canonización se realizaba en honor a su fiel dedicación sacerdotal, que le costó la vida.

La situación se mantuvo volátil  hasta que Juan Pablo II llegara a la Republica Checa el 20 de mayo. En la ceremonia de bienvenida, hizo llegar un especial saludo a sus amados hermanos en Cristo, los representantes de las distintas iglesias y comunidades cristianas y subrayó que había venido a Bohemia y Moravia como “peregrino de paz y amor”  Aquella tarde hablando a los jóvenes en el santuario mariano de Svatý Kopeček les dijo que el martirio de Sarkander  “tiene una extraordinaria elocuencia ecuménica” hablándoles a los cristianos separados de su mutua “responsabilidad por el pecado de la división” y de la importancia de la oración por el perdón de los pecados. “Sin dudas estamos en deuda unos con otros”, concluyó, reconociendo que el endeudamiento era el comienzo de la reconciliación. Durante toda su peregrinación a Bohemia y Moravia, el Papa pidió perdón por los errores de los católicos habían cometido en la historia de las tierras checas y perdonó a los protestantes por el daño que le habían hecho a los católicos.  Dos meses más tarde, en una peregrinación a Eslovaquia durante la cual canonizó a tres sacerdotes martirizados durante las guerras religiosas Juan Pablo II incluyo en su itinerario  el 2 de julio una visita al monumento en Košiče, para honrar a los calvinistas martirizados en 1687, debido a su rechazo en convertirse al catolicismo por  la fuerza.

Para 1997 fue resuelta una situación embarazosa y difícil  gracias al esfuerzo de Juan Pablo II y al líder local de Praga el Cardenal Miloslaw Vlk, quien había alabado públicamente el testimonio cristiano del reformador y héroe nacional checo Jan Hus, quemado en la hoguera por los católicos en 1415. Cuando el Papa regreso a la Republica Checa en abril de 1997,uno de los herederos de Hus, Pavel Czerny, líder de los Hermanos bohemios de la iglesia evangélica, participo con Juan Pablo II en un servicio ecuménico en la catedral de San Vito en Praga, conmemorando el milenio del martirio de San Adalberto,  primer evangelista de Bohemia.  En una ceremonia el 27 de abril el Papa reconoció el testimonio común a Cristo de  protestantes y católicos  bajo la persecución comunista.  En esos testimonios, dijo encontramos el coraje para perdonar y derribar las barreras de la sospecha y de la desconfianza recíprocas, para edificar la nueva civilización del amor” en la nueva democracia checa.  

El dialogo de anglicanos y católicos romanos continúo demostrando que era mas fácil romper las barreras de prejuicios de siglos que atravesar acuerdos teológicos. Cuando el arzobispo de Canterbury, George Carey, llego al Vaticano en Diciembre de 1996, Juan Pablo II admitió,  en observaciones al arzobispo y a su entorno,  que “los pasos a dar quizás no estén del todo claros para nosotros”.   Si bien, continuó, “estamos aquí para comprometernos a seguir  intentándolo”. Luego invito a sus hermanos y hermanas de comunión anglicana a reflexionar sobre los motivos y razones de las posiciones expresadas. Ordinatio sacerdotalis fue una de esas “posiciones” como así también la invitación de pensar en el ejercicio de una primacía papal que pudieran aceptar los anglicanos. Juan Pablo II evidentemente asumió que la invitación no había sido respondida muy satisfactoriamente. 

El estancamiento en el dialogo anglicano católico romano, la inhabilidad ortodoxa  de responder con una única voz a los constantes pedidos de Juan Pablo II por la reconciliación del milenio y el abandono del ecumenismo fundado teológicamente que pregonaba Konrad Raiser en su conferencia de 1995 –  hechos concretos  de la vida ecuménica de los 1990 – agregados a la probabilidad que pocos  católicos habían internalizado la visión del catolicismo ecuménico de Lumen Genitim  que comprometía a todos,    evidenciaba que Ut unum sint expresaba una visión adelantada a su tiempo, una visión a largo plazo en la historia.  Juan Pablo II reconocía que quizás habría algo de romanticismo  en el inmediato post conciliar  acerca de las posibilidades de una reconciliación eclesial pronta y completa dentro de Occidente y entre Este y Oeste. .Pero Ut Unum Sint  pide a los católicos romanos perseguir ese objetivo fiel y concienzudamente,  en la convicción que esto es lo que Cristo desea para su Iglesia. No será un camino fácil. Juan Pablo  II insistió que debe continuarse.

  (George Weigel: Witness of Hope, del capitulo 19 Only One World – A visión ahead of its time)

Ut unum sint – Audacia y dificultades en la unidad de los cristianos - George Weigel (1 de 2)

 


El 25 de mayo de 1995, a tan solo dos meses después de haber firmado Evangeliium Vitae Juan Pablo II presenta una nueva encíclica Ut Unum Sint sobre el imperativo de la unidad de los cristianos. . El titulo (Que puedan ser uno) conmemoraba palabras del Papa Juan XXIII que murió en 1963 con estas palabras,  de Cristo para sus discípulos,  en sus labios.  

Durante 16 años el activismo ecuménico de Juan Pablo II fue encarnando la visión articulada por el Vaticano II en Lumen Gentium, 8 –– la Iglesia católica necesariamente involucraba a todos los cristianos, quienes de alguna manera estaban relacionados al catolicismo por su bautismo. Sin importar lo que pensaran de la Iglesia católica, la Iglesia católica  los consideraba hermanos y hermanas en Cristo.

(..)

Quedaba algo  mas por decir además de lo que ya se había dicho y hecho? Juan Pablo II evidentemente consideraba que si, y la encíclica – iniciativa personal del Papa, profundizaba el concepto católico del ecumenismo haciendo lo que fue considerado el ofrecimiento papal más audaz a la ortodoxia y al protestantismo después de las divisiones de 1054 y el siglo XVI.

Lo verdaderamente nuevo de Ut Unum Sint fue indudablemente el conjunto de señales que se enviaba a todo el mundo dentro de la Iglesia Católica. Aquellos que consideraron el  Vaticano II una moda pasajera fueron  claramente informados que estaban equivocados.   La primera encíclica dedicada enteramente al ecumenismo aclaraba que el compromiso ecuménico del catolicismo era irreversible. La encíclica también desafiaba a aquellos que se cobijaban cómodamente en el dialogo ecuménico post conciliar.  Ut unum sint solicita a los profesionales ecuménicos recuperar el sentido de urgencia del tema. La desunión cristiana dificultaba aun más la proclama de la Palabra y  la superación del  abismo de razas, etnicidad y nacionalismos que dividían un mundo conflictivo y en peligro. Si los cristianos no podían reparar la unidad de la Iglesia, mal posicionados estaban para trabajar en la unidad de la raza humana.  Juan Pablo II  le pidió a los católicos de todo el mundo reavivar el compromiso del ecumenismo tan altamente posicionado durante los primeros años después del Concilio y tristemente opacado después.

En Ut Unum Sint Juan Pablo II también llamaba la atención su enfoque ecuménico hacia la Ortodoxia. Acercándose el Gran Jubileo Juan Pablo II estaba decidido hacer todos los esfuerzos posibles para zanjar la brecha del siglo XI antes de fines del siglo XX. Ante las críticas y la oposición ortodoxa que había recibido en los 1990´s la encíclica  de Juan Pablo II seguía insistiendo que los ortodoxos son “iglesias hermanas” con quienes la iglesia católica busca entera unidad en una diversidad legitima. El modelo de cómo podía vivirse esa comunión podría encontrarse en la experiencia del primer milenio… la sugerencia parecía clara porque no podría el catolicismo y la ortodoxia volver al status quo pre  1054? De tal manera se asumía que no había temas doctrinales de división de iglesias entre Roma y el Este, pero eso parecía ser la convicción de Juan Pablo II, a pesar de que algunos católicos y ortodoxos pensaran lo contrario.

La encíclica también hablaba del intento de  unidad de los cristianos con las comunidades de la Reforma, quizás con menores posibilidades que las evidentes en el llamado del Papa a los ortodoxos y temas mayores sin resolver, por ej. La relación de las Sagradas Escrituras con la tradición,  la naturaleza de la Eucaristía, los ministerios apostólicos y sacerdotales, la autoridad de la Iglesia y Maria como icono de la Iglesia.

La iniciativa más audaz de la encíclica de Juan Pablo II proponía a los cristianos ortodoxos y protestantes ayudarle a pensar como debería ser el pontificado que pudiera servirles en el futuro.   El ministerio del Obispo de Roma, decía, fue impuesto por Cristo como un ministerio de unidad para toda la Iglesia, La historia, errores humanos y el pecado transformaron ese ministerio en un signo de division…..   no obstante  la originalidad y audacia del ofrecimiento, Ut Unum Sint no recibió la atención de los medios que se le había dado a Evangelium Vitae. La audacia del ofrecimiento ecuménico de Juan Pablo II en Ut Unum Sint no fue respondida con la debida creatividad en las respuestas recibidas.

El protestantismo había cambiado dramáticamente desde el Vaticano II. Las comuniones con las cuales se había dialogado habían cambiado.-  El crecimiento del protestantismo entre evangélicos y pentecostales presentaba temas enteramente nuevos para las conversaciones ecuménicas entre católicos y protestantes. Estos temas no se habían tratado en Ut Unum Sint y muchos evangélicos en los Estados Unidos que admiraban la Evangelim Vitae y la promocionaron entusiasmados entre sus comunidades, se sintieron algo ignorados.

El ministerio del Obispo de Roma, escribe, en la intención de Cristo fue un ministerio de unidad para toda la Iglesia. Par algunos cristianos, admite Juan Pablo II, la memoria del papado “está marcada por recuerdos penosos. A tal extremo que nos sentimos responsables de eso, y me uno a mi predecesor PabloVI en pedir perdón”. A pesar de estos recuerdos, los cristianos de diferentes comuniones llegaron a comprender la importancia de un ministerio unificado al servicio de la iglesia universal, y algunos parecieron dispuestos a repensar el tema de la “primacía” del sucesor de Pedro en esos términos de ministerio unificador.  Juan Pablo II sintió una “responsabilidad particular” en avanzar en estos debates “siguiendo la solicitud que me fuera presentada de encontrar un camino de ejercitar una primacía que no debiera renunciar a lo que es esencial en su misión, y sin embargo abierta a nuevas situaciones. Tarea ingente – la llama – “que no podemos rechazar y que no puedo llevar a término solo.

Por lo tanto Juan Pablo II pide  “no podría la comunión real, aunque imperfecta, que existe entre nosotros”, sentar  las bases sobre las cuales los líderes cristianos y sus teólogos puedan trabajar para explorar el tipo de pontificado que podría servir a las necesidades de todos? El Obispo de Roma 941 años después del la desunión decisiva entre Roma y el Este, y 478 años después de la división de los cristianos occidentales y la Reforma luterana, pedía a sus hermanos y hermanas separados que le ayudaran a rediseñar el pontificado para el tercer milenio como servicio de unidad para toda la Iglesia de Cristo.

 (…)

(del capitulo 19 Only One World –la Unidad de los cristianos de Witness toHope - the biography of Pope John Paul II - George Weigel)

 



martes, 27 de septiembre de 2022

Karol Wojtyla, ensayista novel

 


En medio de la ocupación nazi de Polonia el Principe Adam Sapieha habia subdividido grandes parroquias en parroquias mas pequeñas, acercándolas a la gente. Había reformado el seminario, insistiendo en una formación teológica mas profunda y continuaba planeando para el futuro: publicar un diario católico : Tygodnik Powszechny (Semanario Universal) poniendo como director al joven periodista Jerzy Turowicz. y nombrando como “colaborador para temas eclesiales” al sacerdote Jan Piwowarczyk, antes rector del Seminario.


En las vacaciones de 1941 , con la venia del cardenal Sapieha, su “protegido” Karol Wojtyla - a quien había enviado a Roma a proseguir sus estudios – junto con Stanislaw Starowieyski realizarían unas vacaciones particulares, “vacaciones apostólicas” podría decirse y que dieran origen al primer articulo de Karol Wojtyla a ser publicado en el semanario Tygodnik Powszechny.

 

Y así a principios de 1949 Jerzy Turowicz, su director, recibía la visita del joven sacerdote Wojtyla, con su artículo bajo el brazo. Turowicz lo recibió amablemente sin prometer nada. Estaba ya habituado a recibir cantidades de artículos y ensayos del clero local que deseaba hacer conocer sus escritos. Sin embargo – dice Weigel, - al leer Turowicz el articulo se mostró interesado, hasta podría decirse entusiasmado. Y el articulo no tardaría en publicarse en aquel semanario que “debido a la calidad literaria y su dinamismo intelectual era el mejor periódico de la Polonia comunista, la fuente más fiable” .



Mision de France” el “ensayo inaugural” de Karol Wojtyla para el periódico, constituía un análisis críticamente favorable al movimiento del sacerdote obrero como respuesta pastoral innovadora a las desesperadas circunstancias del catolicismo francés de posguerra, siempre foco de interés para los intelectuales católicos polacos. Karol Wojtyla había quedado impresionado – diría el miso en Don y Misterio “por el vigor de la Iglesia y el ministerio pastoral de la Iglesia en Francia entonces. “Misión de France” fue publicado en primera plana del Semanario el 6 de marzo de 1949. “un prestigioso debut para un principiante” según Weigel.


El segundo ensayo del padre Wojtyla en Tygodnik Powszechny fue su tributo a Jan Tyranowski, titulado “Apóstol”. Luego continuaría colaborando con ensayos y escritos bajo los seudonimos: Andrzej Jawien y Stanislaw Andrzej Gruda.


Turowicz - quien en 1983 se negó a publicar dos homilías del Papa Juan Pablo II antes que publicarlas mutiladas como le exigía la censura. - comentaría muchos años mas tarde que Wojtyla empezó a colaborar con la revista desde muy joven y lo continuo haciendo hasta antes del cónclave.


(Fuente: George Weigel: Testigo de esperanza,  Plaza & Janes Editores, 1999

 

miércoles, 10 de agosto de 2022

George Weigel : Los filosofos de Lublin y su proyecto (2 de 2)


 

El proyecto KUL se definió por un cuarteto de hombres relativamente jóvenes que, gracias a un buen golpe de ironía, se había convertido en profesores de KUL porque los gobernantes estalinistas de Polonia habían expulsado a los docentes de mayor edad. Ellos fueron Jerzy Kalinowski (especialista en lógica y filosofía de la ley); Stefan Swiezawski (historiador de la filosofía y seguidor de Jacques Maritain y Étienne Gilson); el Padre Mieczyslaw Albert Krapiec, OP (especialista en la metafísica Dominica); y el padre Karol Wojtyla. Este cuarteto se vio posteriormente ampliado por los Padres Marian Kurdzialek (especialista en filosofía antigua) y Stanislaw Kaminski (especialista en epistemología). Los filósofos Lublin tenían personalidades diferentes, con intereses y especialidades académicas divergentes. Ellos, sin embargo, lograron lo que el profesor Swiezawski más tarde llamó una "colaboración rara y excepcionalmente fructífera", construida en torno a cuatro acuerdos que resultaron cruciales para el proyecto filosófico de Karol Wojtyla.

 

   a) Comenzaron con una convicción antigua — serían radicalmente realistas acerca del mundo y acerca de la capacidad humana de conocer. Los filósofos de KUL creían que si nuestro pensamiento y nuestras elecciones carecen de una atadura a la realidad, la fuerza bruta se apodera del mundo y la verdad se convierte en una función del poder, no una expresión de las cosas-como-son. Una broma de la era comunista en Polonia expresó este imperativo realista de manera que todo el mundo pudiera entender: "El jefe del partido pregunta: «¿Cuánto es 2 + 2?». El trabajador polaco responde: «¿Cuánto le gustaría que fuese?». (El significado "político" de la suposición realista de los filósofos de KUL se expresó más tarde en el famoso cartel electoral de Solidaridad que decía: «Para que Polonia sea Polonia, 2 + 2 debe ser siempre = 4»). Los seres humanos sólo puede ser libre en la verdad, y la medida de la verdad es la realidad.

 

   b) Los filósofos de KUL también acordaron un punto de partida para la moderna investigación filosófica: debería comenzar con una reflexión disciplinada sobre la persona humana y sobre la experiencia humana, más que con la cosmología. En esto había mucho en juego. Si la filosofía podría alcanzar la verdad de las cosas-como-son a través de un análisis de la experiencia humana, entonces el camino para una reconciliación entre la filosofía católica y el método científico se podría abrir, mientras que, al mismo tiempo, la modernidad podría liberarse de las arenas movedizas de pensar-sobre-pensar-sobre-pensar. La adopción de este punto de partida también fue importante en la confrontación con el marxismo. Allí, las cuestiones más serias no implicaban que se entendía mejor la física, sino ciertas cuestiones muy básicas: ¿Qué es la vocación humana? ¿Cómo construimos la historia? ¿Es la historia mejor entendida en términos materiales y políticos, o tiene una dimensión trascendente?

 

 

   c) Los filósofos de KUL también compartieron un profundo compromiso con la razón. Otros pueden haber tenido la libertad cultural, económica y política para especular sobre el supuesto absurdo de la vida. Los filósofos KUL, veteranos de la resistencia cultural contra el nazismo, no tenían ese lujo. Habían vivido a través de una brutal ocupación nazi y por lo tanto sabían lo que el irracionalismo puede hacer si anda suelto en la historia con suficiente fuerza material. Pero el compromiso de los filósofos KUL con el método de la razón se complementó con la determinación de iluminar el bien, y la capacidad humana de conocer y elegir el bien, de modo que los hombres y las mujeres pudieran, de hecho, elegir el bien.

 

   d) Por último, los filósofos KUL acordaron practicar un ecumenismo del tiempo. Si se negaban a ser encarcelados dentro de su propia conciencia, también se negaron a ser esclavos de lo contemporáneo. Ellos creían que la historia de la filosofía tenía cosas que enseñar el presente, que el pasado no se había convertido en completamente desechable por la modernidad.

 

 

   Estos eran hombres con la convicción vocacional de que las ideas no eran juguetes intelectuales, hecho ampliamente confirmado por una dura experiencia. Las ideas tenían consecuencias, para bien y para mal. Las comprensiones erróneas sobre la persona humana, sobre la comunidad humana y sobre el destino humano fueron responsables de montañas de cadáveres y de océanos de sangre en la primera mitad del siglo XX. Si la filosofía pudiese ayudar al mundo a conseguir una adquisición firme de la verdad de la condición humana, de una manera que fuese a la vez distintivamente moderna y basada en la gran tradición filosófica de Occidente, el futuro podría ser diferente.

 

   Los filósofos KUL eran una comunidad de amistad personal e intelectual de gran rareza en la vida académica, un auténtico equipo. Una vez que se le concedió el puesto de profesor en KUL en 1954, Karol Wojtyla conmutaba de Cracovia a Lublin cada dos semanas. Y virtualmente cada uno de esos viajes en los siete años siguientes, Wojtyla y sus colegas se reunían en grupo para hablar del proyecto común en el que estaban comprometidos; era una reunión de iguales que, como Juan Pablo II recordó después, creaba la "gran ventaja" para cada uno, de aprender de las distintas perspectivas y del trabajo actual de los otros.

 

   Al mismo tiempo hubo argumentos reales y diferencias intelectuales entre los filósofos de KUL, algunos de los cuales (como el Padre Krapiec) tenían personalidades combativas. El continuo interés de Karol Wojtyla en la fenomenología y sus investigaciones en desarrollo de la filosofía moderna y contemporánea alarmó a algunos de sus colegas más tradicionales, al igual que su estilo filosófico y profesoral. Tenía una manera general de hacer filosofía "sin notas al pie de página": – uno de sus primeros alumnos señaló más adelante que hacía filosofía "como un campesino" – pues estaba mucho más preocupado con la cartografía del terreno de las cosas-como-son que con la provisión de un extenso aparato académico de citas y referencias cruzadas para cada propuesta o afirmación. El Padre Wojtyla también era singularmente libre de esa "gravedad profesoral" generalmente asociada con los académicos de alto nivel en las universidades europeas.

 

   Decir que la facultad de filosofía de KUL tenía desacuerdos y, en algunos aspectos, rivalidades es simplemente decir que se trataba de una facultad de hombres, no de ángeles. Lo más importante de los filósofos de KUL fue la audacia de su intención. Ellos concibieron su proyecto, en parte como respuesta a las circunstancias peculiares de su tiempo y lugar, y en parte como respuesta a las condiciones culturales generales de mediados del siglo XX. La gama de su alcance y su capacidad para arrojar luz sobre la condición humana en situaciones muy diferentes sólo entraría en el foco de la atención cuando el Profesor Dr. Karol Wojtyla, por entonces trabajando con un nombre diferente, llevó la parte más aventurera del proyecto Lublin a un audiencia cuyo número superó vastamente el número de lectores de las revistas filosóficas polacas.


 Transcrito parcialmente de la conferencia dictada en la Universidad Duquesne de Pensilvania, EE.UU.,
el 1° de diciembre del 2006, bajo el título 'Wojtyla's walk among the philosophers'
('El andar de Wojtyla entre los filósofos'). Traducido por Angel C. Correa


 

 

George Weigel : Los filosofos de Lublin y su proyecto (1 de 2)

 


La Universidad Católica de Lublin [KUL] fue fundada en 1918. Curiosamente, uno de sus parteros fue Lenin, quien permitió al Padre Idzi Radziszewski llevar de vuelta a Polonia la biblioteca de la Academia Polaca de Teología de Petrogrado, cuando el sacerdote estaba tratando de conseguir el lanzamiento de KUL. Auspiciada por la Segunda República de Polonia de entre-guerras, la universidad fue cerrada por la ocupación alemana, con numerosos profesores encarcelados, torturados o asesinados. Sus estatutos permitieron a KUL sobrevivir a la imposición del estalinismo en Polonia después de la guerra, convirtiéndose en la única universidad católica detrás de la cortina de hierro, distinción que mantuvo a lo largo de la Guerra Fría. Como dijera uno de sus mayores estudiosos, durante la Guerra Fría, la Universidad Católica de Lublin fue "el único lugar, entre Berlín y Corea del Sur, donde la filosofía era libre".

 

   Sus facultades y estudiantes desarrollaron su vida académica en una situación de constante confrontación con el régimen comunista. Entre 1953 y 1956, las facultades de derecho, ciencias sociales y educación fueron cerradas. Incluso después del deshielo político de 1956, la población estudiantil fue mantenida artificialmente baja; los graduados de KUL tuvieron dificultades para obtener puestos académicos en otras partes, y las facultades tuvieron problemas para publicar su trabajo. Estas presiones ayudaron a convertir KUL en una universidad con vocación. En un momento en que muchas figuras influyentes en la vida intelectual europea coqueteaban con el marxismo (y, a veces, más que coqueteaban), KUL defendió la dignidad de la persona humana contra un agresivo oponente ideológico, al tiempo que demostraba que la fe católica y la razón humana eran aliados en la misión de reconstruir el humanismo occidental.

 

   La Facultad de Filosofía de KUL se estableció en 1946 en respuesta a la gran hambre de filosofía evidente en la vida intelectual polaca. La guerra y el intento nazi de decapitar la cultura polaca habían creado una situación intelectual distintiva en Polonia. A comienzos del período de posguerra, las conferencias de filosofía en la reabierta Universidad Jagellónica de Cracovia fueron presentadas a audiencias que desbordaban todos los espacios. En Lublin, las conferencias sobre metafísica se dictaban en espacios sin asientos, con los estudiantes sentados en el suelo, en los pasillos y en los marcos de las ventanas de la sala de conferencias. Allí escucharon a los diferentes miembros de la facultad explorar las cuestiones filosóficas planteadas por las duras experiencias del pasado inmediato y del presente – la vida bajo la ocupación nazi y en la Polonia estalinista.

 

   Todos los que habían vivido las brutalidades de la ocupación nazi y la imposición del comunismo soviético había confrontado la antigua pregunta filosófica, "¿Qué es un ser humano?", en formas inevitablemente urgentes. ¿Por qué algunas personas actuaban como bestias mientras que otras mostraban un heroísmo notable? ¿Por qué algunas personas eran grotescamente egoístas, hasta el punto de traicionar a sus amigos, mientras que otros, noblemente abnegados, arriesgaban sus vidas por otros que apenas conocían? Los filósofos de KUL concordaron en que la única manera de penetrar esos problemas era a través de una profundización de la antropología filosófica. ¿Cómo estaba constituida esa curiosa mezcla de materia y espíritu que es la persona humana? ¿Cómo podemos explicar la diferencia de naturaleza entre los seres humanos y otras criaturas sensibles? ¿Cuál es, en todo caso, la meta de la vida? Tales perennes residentes en los jardines de la investigación filosófica adquirieron aristas especialmente agudas en KUL de finales de los 40s y principios de los 50s.

 

   Convencidos de que la crisis en la comprensión de la persona humana por parte de la modernidad estaba en la raíz de las angustias del siglo, los filósofos de KUL de ese período comenzaron a esbozar una iniciativa filosófica ambiciosa, en la que la metafísica y la antropología se reunirían en la ética. Como sub-disciplina de la filosofía, la ética, puede haber sido una sierva o criada de otras especialidades grandiosas, pero los filósofos de KUL creyeron que el problema de la ética se planteaba de una manera particularmente urgente debido a la situación política. El comunismo no era sólo una cuestión de su mala metafísica (con su afirmación reduccionista de las cosas-como-son) y su mala antropología (con su caricatura del humanismo); la política totalitaria del comunismo despojó a hombres y mujeres de su poder de elección, de su responsabilidad y, por lo tanto, de su humanidad.

 

   Para contrarrestar tanto el materialismo comunista, como la política comunista, el pensamiento de los filósofos KUL era un humanismo completo que daba una explicación más convincente de las intuiciones morales y de las acciones morales del ser humano. Al proponer esto sin caer en las arenas movedizas de pensar-sobre-pensar-sobre-pensar, los filósofos de KUL se impusieron no pequeña tarea. En efecto, lo suyo implicaba nada menos que desafiar el sentido y dirección de la filosofía desde la Ilustración. Por otra parte, se trataba de un proyecto con un sello distintivo, pues los filósofos de KUL se propusieron afrontar la gran batalla político-filosófica en el terreno propio del marxismo — en la cuestión de la verdadera liberación de la persona humana.

Transcrito parcialmente de la conferencia dictada en la Universidad Duquesne de Pensilvania, EE.UU.,
el 1° de diciembre del 2006, bajo el título 'Wojtyla's walk among the philosophers'
('El andar de Wojtyla entre los filósofos'). Traducido por Angel C. Correa


lunes, 25 de julio de 2022

George Weigel : Historia de Karol – Llamadme tio

 


Fue un viaje tranquilo hasta Zakopane. El tren etaba atestado. Dirigirse a un sacerdote sin sotana llamándolo “padre” podía arquear un montón de cejas, o levantaría las sospechas de cuales quiera que fuesen los tipos de seguridad estatal que husmearan por allí.  Al llegar al centro turístico de montaña, acudieron a oir misa en una pequeña capilla y luego fueron andando a casa […]  Danuta Skrabianka se preguntaba como iban a hablar con su capellán en el trayecto de vuelta sin delatarle o comprometerle. Haciendo acopio de valor, expuso sus preocupaciones y le preguntó tímidamente al sacerdote si podrían llamarle por algún nombre familiar ficticio. El capellán no titubeó. Citando la frase más famosa de la trilogía de Henryk Sienkiewicz, el padre Karol Wojyła contestó a la atribulada muchacha: «llamadme tio».



Papas anteriores, al hablar acerca de sus años de formación como jóvenes sacerdotes, habían recordado sus épocas en la Academia, la escuela romana altamente selectiva para los diplomáticos eclesiásticos, o sus primeras experiencias como profesores de seminario. En cambio, de cualquier discusión sobre su temprano sacerdocio, Juan Pablo II resaltaba la importancia de «mi Srodowisko», lo cual supone una considerable diferencia. Srodowisko, termino sugerido por el propio Wojtyła en los años sesenta, es ahora la descripción que de si mismo hace un grupo de unos doscientos hombres y mujeres, muchos de ellos parejas casadas que tienen nietos, que empezó a adquirir forma por primera vez durante la capellanía universitaria de Wojtyła en san Florián. No es fácil traducir el término. «Medio ambiente» es una posibilidad, pero Juan Pablo II prefiere el mas humanístico «entorno». En cualquier caso, lo que luego daría en llamarse Srodowisko involucraba la fusión de varias redes de jóvenes adultos y parejas casadas con quienes trabajaba el padre Wojtyła. Los primeros se llamaban a sí mismos rodzinka, o pequeña familia. Un grupo posterior de los jóvenes de Wojtyła se hacia llamar paczka, «paquete». Srodowisko seria testigo de cómo los grupos de jóvenes evolucionaban hacia redes de conversación intelectual.  Tanto los jóvenes como los intelectuales se involucraron en excursiones vacacionales. La palabra en si misma puede resultar difícil de traducir, pero que esa de de amistades seria crucial a la hora de conformar las ideas y el ministerio de Karol Wojtyła, como sacerdote, obispo y en definitiva como Papa es indiscutible.

Rodzinka, la pequeña familia que se convirtió en primer componente del Srodowisko de Wojtyła, se inicio la noche del 2 de febrero de 1951. Era la festividad de la presentación del Niño Jesus en el templo y, según la costumbre polaca, el ultimo dia en que se cantaban villancicos. Danuta Skrabianka, estudiante de literatura en la universidad, vivía en la residencia para mujeres de las hermanas de Nazaret, a una manzana más o menos de la iglesia de San Florián.  Ella y algunas amigas habían conocido previamente a un «sacerdote joven, humildemente vestido y devoto», que  había resultado hallarse a cargo de la capellanía para los estudiantes de la parroquia. Cuando las invito a ayudarle a formar un coro parroquial, accedieron a hablar del tema. Al ascender los veintitrés peldaños de piedra hasta la galería del coro de San Florián, primero se toparon con un par de zapatos baratos, luego con una raída sotana, y por fin con el joven sacerdote, que estrecho las manos de todas e hizo que empezaran a cantar villancicos. Cuando hubieron concluido con los cánticos navideños, el sacerdote les pidió que se quedasen y trato de despertar su interés por el canto gregoriano. También  las invito a su misa de las seis de la mañana el miércoles siguiente. Las chicas volvieron, y pronto se les unieron chicos de Politécnico de Cracovia, a quienes el joven sacerdote también había invitado a formar parte del naciente coro.  […]  Poco tiempo después, aquel grupo de jóvenes, menos de veinte en total, empezó a reunirse en sus casas […] Su punto de unión era la oración, en especial la oración litúrgica. EL padre Wojtyła les concedía días para ordenar sus pensamientos, en lo que constituían mini ejercicios espirituales para marcar ocasiones especiales durante el año. En la festividad del santo en honor del cual les habían nombrado (según la costumbre polaca, se celebraba en lugar de los cumpleaños) decía misa por ellos y asistía a fiestas en sus casas. Como a los estudiantes de todas partes, les ponían nerviosos los exámenes. El padre Wojtyla celebraba misa con ellos las mañanas de los exámenes y acudía a las fiestas nocturnas posteriores a los mismos. Empezaban a formarse amistados profundas entre los estudiantes, que se llamaban a si mismos rodzinka, pequeña familia. El carismático padre Wojtyła continuaba atrayendo seguidores y Rodzinka se expandía a través de los familiares. [...]

Previametne, la tarea del capellán había consistido en proveer de servicios sacramentales a los estudiantes. Wojtyla, quien de hecho intensificara el ministerio sacramental de la capellanía e involucrara a los estudiantes en el litúrgicamente, consideraba su capellanía un ministerio de «acompañamiento», un modo de «acompañar» a aquellos estudiantes en sus vidas. La presencia del capellán no podía limitarse al presbiterio y al confesionario. Una  capellanía realmente efectiva, opinaba, debía estar presente en aquellas jóvenes vidas, tanto en el mundo como en la iglesia.  […]

George Weigel, Testigo de esperanza, Plaza Janes 1999

domingo, 5 de junio de 2022

Aquellos 9 dias de Juan Pablo II en Polonia (1979) 3 de 3 – Intrigas y despertares

 


No fueron las multitudes – estimadas en 1/3 de la población - lo que más impresionaba sino el orden en que se movía tanta gente para ver a Juan Pablo II.  La Iglesia organizó cuadros de “guardias papales” para ayudar con el control del gentío (y para asegurarse el derecho de la Iglesia de conducir sus propios eventos).  Sin embargo la multitud no demandó mucho control, pues el llamado del Papa a la toma de conciencia creaba una atmósfera nueva, totalmente diferente al ritmo de vida bajo el totalitarismo. Según el disidente Adam Michnik “se trataba de gente que comúnmente se mostraba frustrada y agresiva haciendo fila en los mercados,  metamorfoseada ahora en un conjunto de gente alegre, feliz y llena de dignidad.” En un país donde la confianza había sido destruida debido a las provocaciones y manipulaciones por parte de las fuerzas del estado, los polacos ahora podían mirarse a los ojos y ver cuántos “nosotros” había entre ellos y cuántos eran los  “otros”  y comenzaron a tener confianza el uno en el otro nuevamente.   La sociedad civil se estaba recomponiendo, respiraba su existencia otra vez gracias a un papa que había llamado a Dios “desde las profundidades de este milenio” para que renovara el rostro de Polonia y le donara un nuevo renacer a la libertad.

Como la gente de Polonia “veía a otros que creían las mismas cosas y ahora se atrevían a reconocerlo públicamente” ellos “redescubrieron  su propia fuerza”  y – al mismo tiempo – “descubrieron la debilidad del régimen”. El régimen,  por su parte, cuya propaganda estaba calibrada enteramente a ningunear la importancia de la visita, y ante todo, ocultar el número de las entusiastas multitudes se daba buena cuenta de ello. Todas las mañanas de la visita papal, Stanislaw Kania, entonces miembro del Politburo comunista, se quejaba ante el Arzobispo Casaroli, quien acompañaba al Papa en su nuevo rol de Secretario de Estado, acerca de que había dicho el Papa el día anterior o que diría el día siguiente. Casaroli, por su parte, se mostraba moderadamente comprensivo pues suponía que el liderazgo polaco se apoyaba constantemente en Moscu,  y al comentarle al Papa sus preocupaciones Juan Pablo II lo escuchaba amablemente  y continuaba por el camino que había elegido.  Según los informes y los análisis del los servicios de seguridad Casaroli pensaba que la peregrinación papal era “la coronación de la Ostpolitik (apertura al este) vaticana” Pero no es fácil asumir que ese hubiese sido el caso, pues esta visita del Papa a Polonia se debía exclusivamente al logro personal del papa polaco y los términos en que habló durante los nueve días no eran los términos de los diplomáticos papales.”

 Cualquiera fuese la relación causal a la anterior Ostpolitik vaticana, la peregrinación papal de 1979 a Polonia fue un punto crucial,  y sus ramificaciones comenzaron a brotar muy pronto. Lo que alguna vez el historiador Andrzej Paczkowki había dicho refiriéndose a los artistas “el éxodo de un mundo en censura” ahora había comenzado a surgir en toda Polonia.”  

 George Weigel El final y el principio (Planeta, 2011)  

 

 



Aquellos 9 días de Juan Pablo II en Polonia (1979) – 2 de 3 Intrigas y despertares

 


Nada de lo ideado e intentado logró impedir que aquellos nueve días entre el 2 y el 10 de junio de 1979 marcaran el momento crucial de los treinta años de forcejeo con el comunismo de Karol Wojtyla, nueve días durante los cuales la historia del siglo XX cambió su rumbo de manera fundamental,  gracias al encuentro religioso más multitudinario jamás visto en la parte del mundo controlado por un gobierno comunista. Mientras un nervioso Edward Gierek observaba desde lo alto del hotel sobre la Plaza de la Victoria en Varsovia, Juan Pablo II celebraba Misa ante una enorme multitud invocando el poder del Espíritu Santo para que “renovara la faz de la tierra – de esta tierra”. A partir de entonces y hasta el momento que en el aeropuerto secara sus lagrimas el 10 de junio al partir hacia Roma desde el aeropuerto de Balice, Karol Wojtyla se mostro en todo momento como el verdadero maestro de mentes y corazones de su gente a quienes devolvía  su autentica historia y cultura – su verdadera identidad.  Sin referirse jamás a temas de política o economía;  y fuera de las cortesías habituales  durante las ceremonias de bienvenida y despedida,  cumplió su misión como si las autoridades de la republica del pueblo polaco sencillamente no existieran, al menos no de manera significativa.  Pero restaurando la autentica identidad a un pueblo que había estado oprimido durante cuarenta años – devolviéndole Polonia y a los polacos  y devolviéndoles su propia identidad de polacos – creó nuevas herramientas de resistencia que el comunismo sencillamente no podría dominar.  

Encendiendo la chispa de una revolución moral entre el 2 y el 10 de junio de 1979 Juan Pablo II entrego en manos de su pueblo la llave de su propia liberación; la clave del despertar de las conciencias. Y lo pudo hacer porque logró captar la esencia del drama moderno polaco, que conocía desde adentro.   En su homilía en la Plaza de la Victoria recordó a sus compatriotas el heroísmo épico y la fe inquebrantable sustentada durante la insurrección de Varsovia en 1944 cuando Polonia fue abandonada por sus aliados occidentales y el ejército rojo se instalo a orillas del rio sin actuar. Y sin embargo, no obstante la destrucción de Varsovia después del alzamiento los polacos encontraron la figura de Cristo  cargando la cruz, hallada en la destruida iglesia de la Santa Cruz.  Y esa figura recordaba a Polonia lo que Juan Pablo II llamo “un solo criterio” – Jesucristo, la verdadera medida del hombre, de la libertad, de la historia.

Durante aquellos nueve días Juan Pablo II logró representar uno de los mayores acontecimientos de una figura pública durante el siglo veinte,  debido a sus dotes personales únicas, debido inclusive a su talento instintivo de hacerle sentir a cada miembro de esa enorme multitud que le estaba hablando a cada uno en particular.  Como aquella anécdota de Czestochowa ante una multitud de un millón de personas donde un minero al verse interrumpido por un colega le responde “cállate, no me hables cuando me está hablando mi Papa”.

 

George Weigel: El final y el principio (Planeta, 2011),  

 


Aquellos 9 días de Juan Pablo II en Polonia (1979) – 1 de 3 Intrigas y despertares

 


Asi comenta George Weigel en su libro El final y el principio (Planeta, 2011),  esos días tan particulares, en época del régimen comunista duro,  plagado de espías en Polonia y en el Vaticano mismo; lamentablemente alguno también entre los eclesiásticos. Épocas de misterios, traiciones y temores.  (traduzco de la versión en ingles)

A Edward Gierek no le resultó dominar la economía,  pero este líder político comunista  perspicaz sabía leer los sentimientos de sus compatriotas.  Asi fue que,  aconsejado por Leonid Brezhnev a principios de 1979 en negarle el permiso al Papa para volver a su patria, Gierek le respondió que eso era sencillamente imposible “por razones políticas”. “Bien”, respondió Brezhnev, haga como le parezca, pero guárdese de no lamentarlo despues.”

La idea original de Juan Pablo II era volver a Polonia en mayo de 1979 para poder celebrar el festejo anual en honor a San Estanislao, su predecesor en Cracovia, y simultáneamente presidir la solemne clausura del Sínodo de Cracovia cuyo compromiso era poner en práctica el Vaticano II en Polonia. 

Los comunistas conscientes de la fuerza simbólica  de la fiesta (Estanislao había sido martirizado mientras defendía la libertad de la Iglesia), resistieron a pie firme y negaron de plano esa posibilidad de peregrinación en mayo. Pero acordaron, sin embargo, que la visita podría tener lugar al mes siguiente. Y después de arduas negociaciones Juan Pablo II acepto gustoso los 9 días de junio a cambio de los dos días en mayo;  el programa incluía visitas a Gniezno y a Czestochowa, como así también  Varsovia y Cracovia y la Iglesia,  muy sabiamente,  postergó la celebración de San Estanislao a Junio.

No obstante este tremendo error estratégico el régimen comunista polaco hizo lo imposible para impedir la visita del Papa y minimizar el impacto, en lo que la SB (Servicio de Seguridad) y los grandes del partido consideraron una “gigantesca operación limitativa de daños”, código denominado LATA’79 (VERANO ’79). Se movilizaron y dividieron los informantes dentro de la iglesia católica y el laicado en ocho categorías.  El primer grupo, una elite que había tenido acceso al Cardenal Wojtyla en el pasado, incluía siete espías: DELTA, KAROL, MAREK, JUREKI, TUKAN, TRYBUN y LESZEK; JUREK un sacerdote, era miembro del comité que por parte de la Iglesia organizaba la peregrinación del Papa.  Estos informantes y aquellos en otras categorías no solo debían proveer  información. Su misión también era infiltrarse en los varios grupos católicos organizando comités para influir en sus decisiones en cuanto a la participación en la peregrinación del Papa.  (por ej. Tratando de limitar y controlar l número de participantes argumentando la preocupación por la seguridad) Esta importante operación anti papal continuó durante los eventos mismos y así fueron designados 480 agentes en el Servicio de Seguridad (SB)   para monitorear los eventos y  causar cuanta dificultad pudieran durante los días de la visita del Papa en Cracovia (Junio 6 al 10)

El Servicio de Seguridad coordinaba las actividades antipapales junto con la STASI  que había dispuesto varios cientos de agentes para monitorear a los visitantes extranjeros durante la visita del Papa. Se había organizado  un equipo de trabajo especial con sede en Frankfurt y la SB dispuso números de teléfono especiales en Varsovia y Cracovia de manera que los agentes de STASI pudieran estar conectados directamente con las oficinas centrales en Berlin Este.  Uno de los agentes de Stasi  sacerdote polaco, con el apodo de JUNGE,  quien tenía acceso directo al Papa y trabajaba mayormente para los servicios secretos de Berlin Este, más que para los servicios polacos.  Toda la operación estaba coordinada  por el principal de Stasi Joachim Wiegand, encargado de actividades anti católicas.   Al mismo tiempo el jefe Markus Wolf, poseía su propia fuente de información en el Vaticano, ignorada por  Wiegand: LICHTBLICK, el benedictino alemán Eugen Brammertz, registrado en la Stasi en 1960, pero que había tenido conexiones mucho antes. Brammertz trabajaba  en Roma en la edición alemana de Osservatore Romano, el diario vaticano, y ocasionalmente para la Secretaria de Estado y habría tenido acceso a algunos de sus archivos.

Juan Pablo II y sus colaboradores más cercanos ignoraban los detalles de LATA 79 y las actividades paralelas e otros servicios de inteligencia comunistas,  aunque seguramente presentían que sus viejos enemigos estarían al acecho. Años más tarde el secretario de Juan Pablo II recordaría sus preocupaciones.

Las autoridades de Varsovia no actuaban como polacos: de eso estamos seguros. Su determinación en esforzarse por lograr el perfil más bajo posible de la visita, su manipulación de la cobertura televisiva, sus esfuerzos por producir los obstáculos mas ridículos, especialmente en cuanto al servicio del transporte …todo eso no tenía nada que ver con las tradiciones de hospitalidad de los polacos. No hay dudas que las autoridades obedecían órdenes de Moscú y Praga. En realidad se sentían aterrados.

 

Weigel,Intrigas y despertares,1979,Viajes Polonia, Primer viaje Juan Pablo II a Polonia

martes, 23 de noviembre de 2021

El nombramiento de Ratzinger como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe

 


En primer lugar el nombramiento de Ratzinger como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe demostraba que le Papa se tomaba my en serio la teología, así como a los teólogos. Las contribuciones de Ratzinger a la teología y su conocimiento enciclopédico de la tradición teológica occidental, le habían granjeado fama de excelente teólogo en todos los sectores, tanto favorables a él cómo críticos. Designando prefecto de la CDF a un hombre de su talla intelectual, y no a un veterano de la curia, el Papa mostraba su empeño por patrocinar una verdadera renovación de la teología siguiendo las ideas del Concilio. El nombramiento de Ratzinger también era señal que el Papa quería que la CDF mantuviera una relación de índole absolutamente contemporánea con la comunidad teológica internacional. Juan Pablo II  no designo prefecto a un medievalista, ni a un experto en patrística. Nombro a un teólogo que había mantenido una vinculación tan profunda como critica con la filosofía contemporánea y la teología ecuménica. 

El cardenal Ratzinger fue el primer ocupante del cargo en muchos siglos que no tomo a Tomas de Aquino por maestro filosófico y teológico. El Papa respetaba el tomismo y a los tomistas, pero ropio con la tradición nombrando prefecto de la CDF a un no tomista, clara señal de que creía en la existencia de una pluralidad legítima de métodos teológicos, y en que esa pluralidad debía tenerse en cuenta en la formulación de las enseñanzas autorizadas. La asociación de ambos personas era interesante. El Papa era filósofo, el prefecto, teólogo. Juan Pablo II era polaco, y Ratzinger alemán. Karol Wojtyla se había contado entre los arquitectos intelectuales de la Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo moderno. Una década después del Concilio, Ratzinger no había escatimado críticas punzantes a los interpretaciones que recibía el documento.  A lo largo de su pontificado, Juan Pablo II haría frecuentes comentarios sobre el siglo XXI como posible «primavera» del Evangelio, después del invierno del siglo XX. Durante el mismo periodo, el cardenal Ratzinger profundizaría en una visión alternativa: una Iglesia del futuro menor y más pura, una Iglesia que, sin volver a las catacumbas, hubiera perdido su antiguo estatus de fuerza dominante en la cultura occidental. El cardenal Ratzinger parecía creer que Occidente y su proyecto humanístico habían iniciado un declive cultural irreversible. El Papa consideraba factible una revitalización del humanismo […] EN Wojtyla, carismático y pastoral, Ratzinger reconocía una «pasión por el hombre» y la capacidad de desvelar «la dimensión espiritual de la historia», dos rasgos que convertían a la proclamación del Evangelio por la Iglesia en poderosa alternativa a los falsos humanismos de su tiempo.

En el doctor Ratzinger, mas tímido, Wojtyla reconocía a un intelectual contemporáneo que lo superaba en el dominio de la teología.  Juntos formaban un tándem intelectual formidable.  Celebraban en un encuentro semanal cada viernes por la tarde, en el que Ratzinger, a solas con el Papa, repasaba la labor de la congregación que presidia. Los martes, antes y durante el almuerzo, solían reunirse para llevar a cabo análisis intelectuales más profundos, casi siempre en compañía de otras personas. Esos debates de sobremesa podían estar relacionados con una encíclica o una carta apostólica nuevas, con una cuestión más amplia (la bioética, la situación ecuménica o las diversas teologías de la liberación) o con los temas de los discursos correspondientes a las audiencias generales de las semanas posteriores. En esas conversaciones, tan características de su pontificado, Juan Pablo II, de quien dice Ratzinger decía que «se alegra de tener un trabajo sostenido» dentro de una agenda de trabajo inevitablemente fragmetada, fue depurando las posteriores catequesis de la teología del cuerpo. Y su catequesis de seis años sobre el Credo.

George Weigel, Testigo de esperanza, Plaza & Janes, 1999

miércoles, 28 de abril de 2021

Karol Wojtyla : El obispo más joven de Polonia

 


A principios de agosto de 1958 el padre Karol Wojtyla inicio con Srodowisko una excursión en kayak por el rio Lyne, en le noroeste de Polonia. El 5 de agosto Wojtyla recibió una carta en que se le ordenaba presentarse de inmediato ante el primado, Cardenal Wyszynski, en Varsovia.

 Partieron en dos kayaks;  Wujek en uno de ellos y Zdzislaw Heydel y Gabriel Turowski, en el otro. Los tres hombres abandonaron el rio en un lugar cercano a la carretera de Olsztynek, que contaba con la estación de tren más cercana, y dejaron los kayaks bajo un puente. El “almirante” Heydel trató de detener algún vehículo de los que pasaban. Consiguió que parara un camión que transportaba leche, y le dijo al conductor que le pagarían la gasolina si los llevaba a Olstynek. Wujek subió a la parte trasera y se sentó entre los contenedores de leche.  Cuando llegaron a la estación de Olstynek, se dirigió al lavabo de caballeros para ponerse una sotana y, como Turowski lo expresara más tarde, “salir del lavabo convertido de nuevo en sacerdote”.

 Cuando el padre Karol Wojtyla llego al despacho del primado, el cardenal Wyszynski le informo que el 4 de julio el papa Pio XII le había nombrado obispo titular de Ombi y auxiliar del arzobispado de Cracovia. Wojtyla acepto el nombramiento y acudió de inmediato al convento de las ursulinas en la capital, donde llamo a la puerta y pregunto si podía entrar a rezar. Las hermanas no le conocían, pero su sotana era suficiente pasaporte. Le guiaron basta la capilla y lo dejaron a solas. Pasado cierto tiempo, las monjas empezaron a preocuparse y abrieron en silencio la puerta de la capilla para ver que ocurría. Wojtyla se hallaba postrado ante el Santísimo Sacramento. Ya era tarde, y una de las monjas dijo: “Quizás el padre desearía venir a cenar…”. El extraño respondió: “Mi tren no sale hacia Cracovia hasta pasada la medianoche. Por favor dejad que me quede aquí. Tengo un montón de cosas de que hablarle al Señor…”

Tras resolver sus asuntos con el Señor, Wojtyla se dirigiría a hablar de la cuestión con el arzobispo Baziak, quien presumiblemente esperaba que su nuevo auxiliar se quedase en la ciudad. Wojtyla le dijo al arzobispo que tenía que regresar al rio Lyne a celebrar la Misa del domingo para sus amigos Heydel y Turowski, que se encontraron con el en la carretera a Olstynek, en el puente donde habían parado al camión, y regresaron en kayak al campamento.  Sus viejos amigos, perplejos ante la noticia, se preguntaban como deberían llamarle. El les dijo que no se preocuparan, “Wujek seguirá siendo Wujek”.

Karol Wojtyla se convirtió de este modo, a sus treinta y ocho años, en el obispo mas joven de Polonia.

 En la festividad de San Waclaw (San Wenceslao), el 28 de septiembre de 1958, Karol Jozef Wojtyla acudió en procesión a la catedral de Wavel para ser consagrado obispo, con lo que recibía la plenitud del sacerdocio y se convertía en sucesor de los apóstoles de Cristo, según la teología de la Iglesia. La catedral estaba atestada de amigos de Wojtyla, colegas académicos y, por supuesto, los miembros de Srodowisko, ninguno de los cuales dejo que el día húmedo y cubierto empañara su espíritu.

 El obispo Wojtyla eligió como lema de su escudo de armas episcopal la frase latina Totus Tuus (todo tuyo) una adaptación de la plegaria de devoción a la Virgen Maria de San Luis Grignon de Montfort, con la que se había topado por primera vez en sus lecturas nocturnas bajo la tenue luz de la planta química Solvay.

La administración eclesiástica nunca ha sido el fuerte de  Wojtyla; de hecho para él el episcopado consistía preeminentemente en el oficio de predicar y enseñar, y se mostraría infatigable en el servicio de tal apostolado en Cracovia.

Los sermones y las enseñanzas doctrinales de Wojtyla en el periodo inmediatamente anterior y posterior a su consagración como obispo desarrollaban temas de renovación que  pronto resultarían familiares para todo el mundo católico.

No todo era trabajo. El nuevo obispo seguiría practicando el remo en kayak durante excursiones de dos semanas con sus amigos de Srodowisko a finales de julio y primeros días de agosto de cada año. También esquiaba siempre que le era posible.

 El arzobispo Baziak murió la noche del 14 al 15 de junio de 1962. El 16 de julio el Capitulo Metropolitano, un grupo de sacerdotes de alto rango, eligio a Wojtyla “vicario capitular”, o administrador temporal, de la archidiócesis de Cracovia hasta que pudiera nombrarse e instalarse en el cargo a un sucesor del arzobispo Baziak (y técnicamente del cardenal Sapieha).

 (de George Weigel: Testigo de esperanza, Plaza & Janes, Barcelona 1999)

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