Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

miércoles, 8 de agosto de 2012

II Congreso Internacional sobre la Vida, Argentina




Los días 4, 5 y 6 de octubre, se desarrollará el II Congreso Internacional sobre la Vida. Como invitado especial asistirá el presidente de la Academia Pontificia de la Vida del Vaticano, Mons. Ignacio Carrasco de Paula.

El Congreso está destinado al mundo académico, político, cultural, social y pastoral de las diócesis del Noroeste Argentino (NOA) y abierto a los interesados en el tema. Se tratará una abultada agenda que contiene los principales temas que hoy conspiran contra la vida humana y la manera de contrarrestarlos, expuestos por especialistas de nivel internacional, nacional y regional. ¿Qué es la vida humana? ¿Cuáles son sus derechos? ¿Cuál es nuestra responsabilidad frente a la vida humana?

El encuentro está organizado por las arquidiócesis argentinas de Tucumán y Salta, las diócesis de Santiago del Estero, Catamarca, Jujuy, Concepción, Orán y Añatuya, y las prelaturas de Humahuaca y Cafayate; las universidades católicas de Tucumán, Santiago del Estero y Salta, y los Institutos de Vida y Familia de la Región Norte del país.
La presentación e inauguración del Congreso estará a cargo del arzobispo de Tucumán, monseñor doctor Alfredo Horacio Zecca.

 (leer más acerca de programa, foros y talleres) 

martes, 7 de agosto de 2012

Karol Wojtyla Al pensar en mi patria regreso al árbol…(1)




AL PENSAR EN MI PATRIA REGRESO AL ARBOL….
1.
El árbol del conocimiento del bien y del mal
Ha crecido en las orillas de los ríos de nuestra tierra.
Ha crecido junto a nosotros
A través de los siglos,
Y se ha ahondado en la Iglesia
Con las raíces de nuestras conciencias.

Hemos dado frutos que pesan y frutos que enriquecen;
Hemos sentido cómo se dividía el tronco del árbol
En tanto que las raíces seguían hincándose en tierra.
La Historia cubre con hechos
La lucha de las conciencias.
Ahí están las victorias y los fracasos.
La Historia no los encubre, los subraya.

¿Puede la historia oponerse
Al torrente de las conciencias?


"Cuando pienso en la Patria", VI, 1 - Al pensar en mi Patria regreso al árbol
 Poesias de Karol Wojtyla, p. 128, Biblioteca de Autores Cristianos

domingo, 5 de agosto de 2012

Todos somos tierra de Misión


Accidental (o providencialmente?) di con el escrito del Arzobispo de New York, el cardenal Dolan.  Debo admitir que me asombró, me impresionó por lo sincero, humilde y realista.  Una realidad fuerte, palpable, una realidad que sacude y que se vive a diario en cualquier gran ciudad del mundo (también aquí en Buenos Aires).

Su reflexión  comienza citando los problemas de la Arquidiócesis de Filadelfia (que son muchos) brindándole su firme apoyo al valiente arzobispo Charles Chaput. A continuación comenta  el cardenal Dolan que el Arzobispo Chaput acaba de expresar que la Arquidiócesis de Filadelfia….ahora en realidad es tierra de misión.

Y lo que sigue es una traducción mía,  de parte de lo escrito por el cardenal Dolan quien comienza admitiendo: 

"Si, debí leerlo dos veces!
Uganda un territorio de misión? Seguro...
Perú territorio de misión? Si....
Alaska territorio de  misión? OK..
pero Filadelfia? Vamos, esa arquidiócesis de alguna manera fue modelo de estructura católica robusta, intacta, de absoluta unión. Una población católica extraordinaria con cardinales que antes habían sido obispos, abundantes vocaciones, cerca de millón y medio de católicos orgullosos de serlo y firmes en la fe, estamos?

Que debemos entender entonces por territorio de misión? Que nos está queriendo decir el arzobispo Chaput?

No! Me temo que tiene razón..
Y saben que? Nuestra querida  Arquidiocesis de New York también es un territorio de misión! 
Es verdad que, gracias a Dios, no necesitamos capear el tsunami de los problemas que actualmente tiene Filadelfia.   Nuestras cuentas ajustadas, en cuanto a las finanzas solventes.  Nuestra población católica de hecho en crecimiento, y estamos lejos de prever despidos,  cierre de parroquias, escuelas y servicios.  Pero también nosotros somos un territorio de misión. Toda diócesis lo es. Y todo católico comprometido es  misionero.  Ese es el punto central de lo que el Beato Juan Pablo II y el Papa Benedicto XVI llaman Nueva Evangelización.
Yo fui educado – como la mayoría de ustedes – pensando que las misiones estaban “allá lejos” y es verdad no debemos olvidar nuestro sagrado deber para con las misiones extranjeras.

Recuerdo que cuando las maravillosas hermanas de la Misericordia de Drogheda, Irlanda,  llegaron a mi parroquia del Santo Niño en Ballwin, Missouri hace cincuenta años, sonreímos cuando ellas humildemente se llamaban “misioneras”.
No podía ser, nos sonreímos: hemos sido católicos durante generaciones, tenemos parroquia y escuela; la Iglesia católica es fuerte, orgullosa de serlo, creciendo y manteniéndose firme!  No somos África! No somos territorio de misión!

Si somos. Sí que lo somos! Las hermanas tenían razón! El Arzobispo Chaput también.  El Beato Juan Pablo II y el papa Benedicto XVI  han acertado.   Quizás nos hemos engreído un poco. Consideramos nuestra fe católica un hecho.   Como dice el Arzobispo Chaput el problema grave es la obnubilación que se “ha introducido en nuestra vida eclesial, y el cinismo y resentimiento que naturalmente le sigue…. Estos problemas matan el amor cristiano….terminan por ahogar la verdadera vida de la fe”.

Tal como comentara mi amigo Greg Erlandson enOur Sunday Visitor,  la llamada a la reflexión del Arzobispo fue adoptada por el Presidente de la Universidad Católica de América, John Garvey en su reciente discurso a nosotros los Obispos.  Lo que tenemos dijo el Sr. Garvey parafraseando al Sr. Erlandson, es una crisis de fe de toda la sociedad. “Cada vez una mayor cantidad de residentes del mundo occidental (usted y yo) simplemente se van alejando de su fe, lo que significa que lo que ocurre en Filadelfia es solo un microcosmos de una erosión mucho más alarmante.”

Lo he deprimido? Sinceramente espero que no.
Lo he despertado presentándole un desafío?  Confío que sí.
Porque adivinen lo que viene: Nos unimos a los apóstoles el Domingo de Pentecostés abrazando la Nueva Evangelización.
Ya no debemos dar por sentada nuestra fe católica.
Nada de descansar sobre laureles pensando acerca de lo que la iglesia ha logrado en el pasado!
Reemplacemos cinismo por confianza.
El apretón de  manos  por un juntar las manos…. .
Opacidad por atreverse. . .
Esperar que la gente vuelva reemplazarlo por salir a buscarlos….
En vez de asumir que la gente conoce la riqueza de la fe católica pensar de una manera más realista que no la conoce…
Sentir que la Iglesia es una “gran corporación” reemplazarlo por un fino y delicado cuidado por una Iglesia tan pequeña y frágil como un pequeño grano de mostaza del que Jesús nos hablo…... .
Y en vez de guardarnos nuestra fe tan solo para nosotros hacerla brillar ante los demás!
De esto se trata la Nueva Evangelizacion.
La Arquidiócesis de New York es territorio de misión!
Toda la Iglesia lo es! Nuestras parroquias! La cultura! El mundo!
Tú y  yo somos misioneros!"
- o -

Despertemos todos, que todos somos tierra de misión. En mi parroquia, en la suya....notamos menos gente en Misa... los párrocos comentan que cada vez hay menos casamientos, menos niños en catequesis… pero no, no nos dejemos abatir por esta dura realidad, aceptemos que estamos necesitados de una nueva evangelización, todos y cada  uno, sigamos las huellas de los primeros apóstoles,  salgamos a predicar con el ejemplo, con nuestras vidas, con la Palabra, no solo la nuestra.
Despertemos! Unámonos a los católicos del mundo,  a aquellos que ya han tomado conciencia.  Se acerca el Año de la fe (ll de oct ubre 2012 al 24 de noviembre 2013), una oportunidad preciosa para aceptar la invitación del Santo Padre Benedicto XVI:  “No podemos dejar que la sal se vuelva sosa y la luz permanezca oculta (cf. Mt 5, 13-16). Como la samaritana, también el hombre actual puede sentir de nuevo la necesidad de acercarse al pozo para escuchar a Jesús, que invita a creer en él y a extraer el agua viva que mana de su fuente (cf. Jn 4, 14). Debemos descubrir de nuevo el gusto de alimentarnos con la Palabra de Dios, transmitida fielmente por la Iglesia, y el Pan de la vida, ofrecido como sustento a todos los que son sus 
discípulos (cf. Jn 6, 51)” .....La renovación de la Iglesia pasa también a través del testimonio ofrecido por la vida de los creyentes: con su misma existencia en el mundo, los cristianos están llamados efectivamente a hacer resplandecer la Palabra de verdad que el Señor Jesús nos dejó…… «Caritas Christi urget nos» (2 Co 5, 14): es el amor de Cristo el que llena nuestros corazones y nos impulsa a evangelizar. Hoy como ayer, él nos envía por los caminos del mundo para proclamar su Evangelio a todos los pueblos de la tierra (cf. Mt 28, 19). Con su amor, Jesucristo atrae hacia sí a los hombres de cada generación: en todo tiempo, convoca a la Iglesia y le confía el anuncio del Evangelio, con un mandato que es siempre nuevo. Por eso, también hoy es necesario un compromiso eclesial más convencido en favor de una nueva evangelización para redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe.
 ..(Benedicto XVI Porta Fidei) 





jueves, 2 de agosto de 2012

Juan Pablo II: no se puede comprender al hombre sin Cristo



“No se puede de hecho comprender al hombre hasta el fondo sin Cristo. O más bien, el hombre no es capaz de comprenderse a sí mismo hasta el fondo sin Cristo. No puede entender quién es, ni cuál es su verdadera dignidad, ni cuál es su vocación, ni su destino final. No puede entender todo esto sin Cristo.

Y por esto no se puede excluir a Cristo de la historia del hombre en ninguna parte del globo, y en ninguna longitud y latitud geográfica. Excluir a Cristo de la historia del hombre es un acto contra el hombre. Sin El no es posible entender la historia de Polonia, y sobre todo la historia de los hombres que han pasado o pasan por esta tierra. Historia de los hombres. La historia de la nación es sobre todo historia de los hombres. Y la historia de cada hombre se desarrolla en Jesucristo. En El se hace historia de la salvación.

La historia de la nación merece una adecuada valoración según la aportación que ella ha dado al desarrollo del hombre y de la humanidad, a la inteligencia, al corazón y a la conciencia. Esta es la corriente de cultura más profunda. Y es su apoyo más sólido. Su médula, su fuerza.”

(Beato Juan Pablo II – de la homilía durante la misa en la plaza de la Victoria, Varsovia – 2 de junio de 1979)

miércoles, 1 de agosto de 2012

martes, 31 de julio de 2012

Cátedra Juan Pablo II UCA actividades 2do semestre 2012



Debo admitir que hace tiempo no visitaba la página de la Cátedra Juan Pablo II de la UCA (Pontificia Universidad Católica Argentina) y me he encontrado con la grata sorpresa de encontrarla remozada, renovada,  y además con nuevas actividades para el 2do semestre de este año:

El próximo 28 de agosto (de 9 a 13.00 en el Auditorio Mons. Derisi)
Seminario “La información religiosa durante el Pontificado de Juan Pablo II”  (verprograma) 


Y  en el mes de octubre (días 15 y 16)  Coloquio de Estudios De la Dictadura a la Democracia – “La Iglesia Católica en América Latina durante el Pontificado de Juan Pablo II ( 1978 – 2000). Mediaciones y Transiciones pacificas”  (ver programa). 

domingo, 29 de julio de 2012

Cardenal Stanislaw Nagy: “Nunca he visto a nadie celebrar la misa así”


Entrevista realizada por Wlodzimierz Redzioch al Cardenal Stanislaw Nagy publicada por Osservatore Romano el 1 de mayo de 2011, con motivo de la beatificación de Juan Pablo II
.

El 28 de septiembre de 2003 Juan Pablo II anuncio el noveno consistorio de su pontificado, para elevar a la dignidad cardenalicia a treinta eclesiásticos. Entre los nuevos purpurados muchos eran personalidades de la Curia y arzobispos residenciales ya conocidos por el gran publico. Pero en la lista había tan bien tres nombres casi desconocidos para la mayoría: el belga Gustaaf Joos, el checo Tomaš Špidlik y el polaco Stanislaw Nagy.  El Papa Wojtyla continuaba asì la tradición de conceder el cardenalato insignes teólogos en señal de reconocimiento por sus méritos en el campo de los estudios y de la investigación.
Entre los nuevos cardenales, Nagy era la persona que el Papa conocía mejor. Lo unían a él vínculos de una larga amistad. Sacerdote del Sagrado Corazón de Jesus, nacido en Silesia, Nagy había estudiado en la Universidad Jaguellonica de Cracovia y sucesivamente en la Universidad católica de Lublin, a la cual quedaría unido para toda la vida como profesor de teología fundamental y teología del ecumenismo. Precisamente allí, conoció a Karol Wojtyla, también el docente en el ateneo: conocimiento que con el paso de los años se fue transformando en una verdadera amistad, basada en la estima reciproca, como lo cuenta el mismo cardenal Nagy en esta entrevista a nuestro diario:



Se dice que usted  y Wojtyla se hicieron amigos durante los viajes ralizados juntos de noche de Cracovia a Lublin….
Ya nos habíamos conocido antes, pero es verdad que durante mucho tiempo viajamos juntos de Cracovia a Lublin. Tomábamos el tren de noche para estar en Lublin ya de mañana, estos viajes fueron indudablemente una buena ocasión para carlar y conocernos mejor.

¿En cuáles campos trabajo junto al cardenal Wojtyla?
Colaboramos en varias ocasiones. Ante todo durante los dos sínodos de la Iglesia de Cracovia: yo era responsable de la sección teológica; por lo tanto debía estar en continuo contacto con él. Pero ya antes nos habíamos encontrado durante los trabajos del concilio Vaticano II, en el cual el entonces obispo Wojtyla participo desde el inicio. Yo enseñaba en la cátedra de teología fundamental: por eso conocía mejor las problemáticas eclesiológicas que Wojtyla – cuya formación era esencialmente filosófica – debía afrontar durante el Concilio.  Por ello intercambiábamos ideas con frecuencia y yo aprovechaba la ocasión para tener noticias sobre el desarrollo del Concilio.

Qué papel tuvo el arzobispo de Cracovia durante el período del régimen comunista?
El régimen tenia la intención de crear divisiones dentro de la Iglesia polaca, sobre todo a través del intento de enfrentar al cardenal primado Wyszynski y al cardenal de Cracovia Wojtyla.  Al inicio las autoridades comunistas consideraban al arzobispo de Cracovia como  un pastor dinámico pero poco interesado en la política, juzgándolo así menos peligroso para ellos. Fue un error garrafal, además, de este modo el régimen terminó por crear dos puntos de referencia de la oposición anticomunista. Wojtyla estaba completamente dedicado a la causa de la patria y de la Iglesia polaca. Y cuando, en la segunda mitad de los años sesenta, el anciano primado era menos activo, el arzobispo de Cracovia se convirtió para los comunistas en el enemigo número uno. Por ello el régimen sufrió un verdadero shock con la elección al pontificado de Wojtyla.

¿Mantuvo los contactos con su viejo amigo también después de 1978?
No oculto que su elección a la cátedra pontificia fue para mi una grande y agradable sorpresa. Pensaba que desde entonces nuestras relaciones ya no serian como antes. Pero me equivocaba. Lo entendía enseguida: después de la solemne misa de inicio del pontificado – a la cual no pude asistir junto a los demás sacerdotes de Cracovia -, el Papa me envió una carta personal en la que me daba a entender que quería encontrarse conmigo lo antes posible. Por lo tanto, nuestros contactos no se han interrumpido nunca. Además, otra ocasión de colaboración fue cuando fui nombrado por él miembro de la Comisión teológica internacional. El Papa estaba vivamente interesado en los trabajos de la Comisión y hablábamos frecuentemente de los temas tratados. Luego, en los últimos años del pontificado, Wojtyla me invitó a menudo a Castelgandolfo.

En sus conversaciones emergían también posiciones divergentes sobre algunos temas?
Digamos que podía suceder que el teólogo de Lublin y el Romano Pontifice tuvieran alguna vez opiniones diversas. Me limito a recordar una pequeña ocasión de divergencia acerca del proyecto del nuevo Catecismo de la Iglesia católica: yo lo consideraba difícilmente realizable; él, en cambio, estaba entusiasmado con el proyecto. Pero al final él tuvo razón.

Todos aquellos que tuvieron ocasión de participar en la misa celebrada por Juan Pablo II en su capilla privada quedaron impresionados. ¿ Cuál fue su experiencia?
Cada vez que estaba en Roma concelebraba la misa con el Papa. Para él la Eucaristía era un gran misterio vivido de modo muy intensísimo en cada momento. Quedé impresionado cuando, celebrando la misa en el período de su enfermedad, lo veía arrodillarse siempre, aunque le costaba un gran esfuerzo: con este gesto se comprende el valor que daba a la Eucaristía. Debo reconocer que nunca he visto a nadie celebrar la misa así.

De qué modo la experiencia del sufrimiento marcó el pontificado del Papa?
La síntesis del pensamiento de Juan Pablo II sobre el sufrimiento se encuentra en la carta apostólica Salvifici doloris. El propio Papa reaccionaba a su decadencia física con gran heroísmo y con espíritu de total aceptación de la voluntad de Dios.  Nunca lo vi ponerse nervioso o quejarse por su sufrimiento.  Más aùn, sus problemas de salud no limitaban su dedicación total a la misión petrina.

¿Cómo acogió la decisión de Wojtyla de elevarlo al cardenalato?
Para mí se trató de una verdadera sorpresa. Supe de mi nombramiento a las 7 de la mañana del mismo día del anuncio oficial. Al no ser obispo ni tener grandes méritos pastorales, creo que el Papa de este modo quería rendir homenaje a mi actividad de teólogo. La noticia en cierta forma me desconcertó. Entonces acudí a la capilla: era el mejor lugar para reflexionar sobre ello rezando.

¿Qué cosa ha significado para la Iglesia polaca el pontificado de Juan Pablo II?

Karol Wojtyla tenía un gran amor por su patria. Nunca ocultó sus raíces polacas, desde el famoso discurso de inicio del pontificado, cuando dijo que el nuevo Papa venia «de un país lejano». Como Pontífice se sentía responsable también de la Iglesia de la cual había sido obispo. Obviamente sus sentimientos hacia Polonia no limitaban su amor por toda la Iglesia y, particularmente, por los pobres del mundo. Estos sentimientos nacían de su modo de concebir la misión petrina: ser servidor de la Iglesia y de toda la humanidad.