Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

jueves, 6 de mayo de 2021

Oraciones del Santo Padre Francisco para invocar el fin de la pandemia de coronavirus



 

Al comienzo del mes dedicado a la Virgen, nos unimos en oración con todos los santuarios del mundo, con los fieles y con todas las personas de buena voluntad, para poner en manos de nuestra Santa Madre a toda la humanidad, duramente probada por este tiempo de pandemia.

Cada día de este mes de mayo te encomendaremos, Madre de la Misericordia, a las muchas personas que han sido tocadas por el virus y siguen sufriendo sus consecuencias: desde nuestros hermanos y hermanas fallecidos hasta las familias que viven el dolor y la incertidumbre del mañana; desde los enfermos hasta los médicos, científicos y enfermeros que están comprometidos en primera línea en esta batalla; desde los voluntarios hasta todos los profesionales que han prestado su valioso servicio en favor de los demás; desde las personas de luto y las que sufren, hasta las que, con una simple sonrisa y una buena palabra, han llevado consuelo a los necesitados; desde los que -especialmente las mujeres- han sufrido la violencia dentro de las paredes de sus casas debido al confinamiento forzoso hasta los que desean retomar los ritmos de la vida cotidiana con entusiasmo.

Madre del Socorro, acógenos bajo tu manto y protégenos, sostennos en la hora de la prueba y enciende en nuestros corazones la luz de la esperanza para el futuro.


 

Oración del Santo Padre tras el rezo del Rosario

Bajo tu protección buscamos refugio, Santa Madre de Dios. En la dramática situación actual, cargada de sufrimientos y angustias que atenazan al mundo entero, recurrimos a ti, Madre de Dios y Madre nuestra, y buscamos refugio bajo tu protección.

Oh Virgen María, vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos en esta pandemia del coronavirus, y consuela a los que están desamparados y lloran a sus seres queridos muertos, enterrados a veces de una manera que hiere el alma. Sostén a los que están angustiados por las personas enfermas de las que, para evitar el contagio, no pueden estar cerca. Infunde confianza a los que están preocupados por el futuro incierto y las consecuencias para la economía y el trabajo.

Madre de Dios y Madre nuestra, implora por nosotros a Dios, Padre de misericordia, que termine esta dura prueba y vuelva un horizonte de esperanza y de paz. Como en Caná, interviene con tu Hijo divino, pidiéndole que consuele a las familias de los enfermos y de las víctimas y que abra sus corazones a la confianza.

Protege a los médicos, a los enfermeros, al personal sanitario y a los voluntarios que en estos momentos de emergencia están en primera línea y ponen su vida en peligro para salvar otras vidas. Acompaña su esfuerzo heroico y dales fuerza, bondad y salud.

Está al lado de los que noche y día asisten a los enfermos y de los sacerdotes que, con solicitud pastoral y compromiso evangélico, tratan de ayudar y sostener a todos.

Virgen Santa, ilumina las mentes de los hombres y mujeres de ciencia para que encuentren las soluciones justas para derrotar a este virus. Asiste a los dirigentes de las naciones para que trabajen con sabiduría, solicitud y generosidad para socorrer a los que carecen de lo necesario para vivir, programando soluciones sociales y económicas con visión de futuro y espíritu de solidaridad.

María Santísima, toca las conciencias para que las enormes sumas utilizadas para aumentar y perfeccionar los armamentos se destinen, en cambio, a promover estudios adecuados para evitar catástrofes similares en el futuro.

Madre amadísima, haz que crezca en el mundo el sentido de pertenencia a una gran familia, en la conciencia del vínculo que nos une a todos, para que con espíritu fraterno y solidario acudamos en ayuda de las tantas pobrezas y situaciones de miseria. Alienta la firmeza de la fe, la perseverancia en el servicio, la constancia en la oración.

Oh María, consuelo de los afligidos, abraza a todos tus hijos atribulados y haz que Dios intervenga con su mano omnipotente para librarnos de esta terrible epidemia, para que la vida pueda retomar su curso normal con serenidad. Nos encomendamos a Ti, que brillas en nuestro camino como signo de salvación y esperanza.

Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María, guía los pasos de tus peregrinos que desean rezarte y amarte en los santuarios a ti dedicados en todo el mundo, bajo las más variadas advocaciones que recuerdan tu intercesión. Sé para cada uno una guía segura. Amén.

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