El 25 de enero de 1959 el Papa Juan XXIII en su discurso en la Sala Capitular del Monasterio de San Pablo anunciaba el nombre y la propuesta de la doble celebración: un Sínodo Diocesano para la Ciudad y un Concilio Ecuménico para la Iglesia universal, “ciertamente con un poco de emoción, pero al mismo tiempo con humilde resolución de propósito” y como “un toque inesperado, un rayo de luz de lo alto, una gran dulzura en los ojos y en el corazón; pero, al mismo tiempo, un fervor, un gran fervor que se despertó repentinamente por todo el mundo, en espera de la celebración delConcilio.
Los Papas que le sucedieron no dudaron en continuar con el legado.
En diciembre de 1965 el concilio Vaticano II llegaba al fin de las deliberaciones ya durante el pontificado de su sucesor el Papa Pablo VI y comenzaba el nuevo andar de la Iglesia : el “aggiornamento” de Juan XXIII y el Papa Pablo VI saludaba asi a los Padres Conciliares:
“La hora de la partida y de la dispersión ha sonado. Dentro de unos instantes vais a abandonar la asamblea conciliar para ir al encuentro de la humanidad y llevarle la buena nueva del Evangelio de Cristo y de la renovación de su Iglesia, en la que hemos trabajado juntos desde hace cuatro años.” Y en esa misma fecha dirigía mensajes especiales a los gobernantes, a los hombres del pensamiento y la ciencia, a los artistas, a las mujeres, a los trabajadores, a los pobres y enfermos y a los jóvenes. Y además como acto de clausura entregaba a la Iglesia el Resumen de los documentos del Consejo. : las cuatro constituciones conciliares, los nueve decretos conciliares y las tres declaraciones conciliares, y el 17 de diciembre de 1965 hacia llegar su agradecimiento final al Consejo ecuménico.
En este blog hay abundante información de las reflexiones de entonces del Obispo/Arzobispo Karol Wojtyla y de los trabajos realizados post Concilio en Polonia y del compromiso del Papa Juan Pablo II con el Concilio Vaticano II. Y una serie de posts etiquetados Los Papas delConcilio, como asi también sobre las actuaciones de Joseph Ratzinger, ya desde antes que fuera Obispo. Aquí .
Agregamos tan solo una parte del discurso delPapa Benedicto XVI a los participantes en la Asamblea Plenaria de la PotificiaComision Biblica que se refiere a la Constitucion Dei Verbum. En particular, la constitución conciliar Dei Verbum sigue iluminando hoy la obra de los exegetas católicos, invitando a pastores y fieles a alimentarse más asiduamente en la mesa de la Palabra de Dios. Al respecto, el Concilio recuerda ante todo que Dios es el Autor de la Sagrada Escritura: "La revelación que la Sagrada Escritura contiene y ofrece fue puesta por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo. La santa madre Iglesia, fiel a la fe de los Apóstoles, reconoce que todos los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento, con todas sus partes, son sagrados y canónicos, en cuanto que, escritos por inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios como autor, y como tales han sido confiados a la Iglesia" (Dei Verbum, 11). (…) La misma constitución Dei Verbum, tras haber afirmado que Dios es el autor de la Biblia, nos recuerda que en la Sagrada Escritura Dios habla al hombre a la manera humana. (…)
Ser fieles a la Iglesia significa, de hecho, insertarse en la
corriente de la gran Tradición que, bajo la guía del Magisterio, ha reconocido
los escritos canónicos como Palabra dirigida por Dios a su pueblo y nunca ha
dejado de meditarlos y de descubrir sus inagotables riquezas. El concilio
Vaticano II lo reafirmó con gran claridad: "Todo lo que concierne a la
interpretación de la Escritura queda sometido al juicio definitivo de la
Iglesia, que recibió de Dios el encargo y el oficio de conservar e interpretar
la Palabra de Dios" (Dei Verbum, 12)..
Y recordamos la Exhortaciòn Apostólica Postsinodal Verbum Domini sobre la Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia publicada en otro post.
Y a su vez tambien su discurso al Congreso Internacional en el 40 aniversario de la Dei Verbum (16 septiembre 2005) donde decia .
La
constitución dogmática Dei Verbum, de cuya
elaboración fui testigo, participando personalmente como joven teólogo en los
intensos debates que la acompañaron, empieza con una frase de profundo
significado: "Dei Verbum
religiose audiens et fidenter proclamans, Sacrosancta Synodus...". Son
palabras con las que el Concilio indica un aspecto que distingue a la
Iglesia: es una comunidad que escucha y anuncia la palabra de Dios. La
Iglesia no vive de sí misma, sino del Evangelio, y en el Evangelio encuentra
siempre de nuevo orientación para su camino. Es una consideración que todo
cristiano debe hacer y aplicarse a sí mismo: sólo quien se pone
primero a la escucha de la Palabra, puede convertirse después en su heraldo. En
efecto, el cristiano no debe enseñar su propia sabiduría, sino la
sabiduría de Dios, que a menudo se presenta como escándalo a los ojos del mundo
(cf. 1 Co 1, 23).La Iglesia
sabe bien que Cristo vive en las sagradas Escrituras. Precisamente por eso,
como subraya la Constitución, ha tributado siempre a las divinas Escrituras una
veneración semejante a la que reserva al Cuerpo mismo del Señor (cf. Dei Verbum, 21). Por
ello, san Jerónimo, citado por el documento conciliar, afirmaba con razón
que desconocer las Escrituras es desconocer a Cristo (cf. ib., 25).
Al Papa Francisco le toco vivir el aniversario del Jubileo por los 50 años del fin del Concilio Vaticano II haciendolo coincidir con el Jubileo Extraodinario de la Misericordia, que anunciaba en la Bula de convocación Misericordiae Vultus fechada 11 de abril de 2015 como “tiempo propicio para la Iglesia, para que haga más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes y declaraba que el “Año Santo se abrirá el 8 de diciembre de 2015, solemnidad de la Inmaculada Concepción. He escogido la fecha del 8 de diciembre por su gran significado en la historia reciente de la Iglesia. En efecto, abriré la Puerta Santa en el quincuagésimo aniversario de la conclusión del Concilio Ecuménico Vaticano II. La Iglesia siente la necesidad de mantener vivo este evento. Para ella iniciaba un nuevo periodo de su historia. Los Padres reunidos en el Concilio habían percibido intensamente, como un verdadero soplo del Espíritu, la exigencia de hablar de Dios a los hombres de su tiempo en un modo más comprensible.”. Derrumbadas las murallas que por mucho tiempo habían recluido la Iglesia en una ciudadela privilegiada, había llegado el tiempo de anunciar el Evangelio de un modo nuevo. Una nueva etapa en la evangelización de siempre. Un nuevo compromiso para todos los cristianos de testimoniar con mayor entusiasmo y convicción la propia fe. La Iglesia sentía la responsabilidad de ser en el mundo signo vivo del amor del Padre.”
En la Bula de convocacion al JubileoOrdinario del año 2025 el Papa Francisco decia con respecto al Concilio Vaticano II "Como afirma el Concilio Vaticano II, «es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodándose a cada generación, pueda la Iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y de la vida futura y sobre la mutua relación de ambas». [4] Por ello, es necesario poner atención a todo lo bueno que hay en el mundo para no caer en la tentación de considernos superados por el mal y la violencia. En este sentido, los signos de los tiempos, que contienen el anhelo del corazón humano, necesitado de la presencia salvífica de Dios, requieren ser transformados en signos de esperanza."
Con vistas al Jubileo agregaba "Prepararse
para el Jubileo del 2025 retomando en vuestras manos los textos fundamentales
del Concilio Ecuménico Vaticano II es un compromiso que pido a todos asumir
como un momento de crecimiento en la fe. Han pasado sesenta años desde el inicio de aquel acontecimiento,
que permitió a la Iglesia rejuvenecer su rostro y volver a presentarse al mundo
como portadora de un Mensaje que traspasa todas las fronteras. El Evangelio de
Jesucristo, en efecto, es un anuncio tan universal que no puede tener límites."
En sus cuatro
constituciones, el Concilio Vaticano II ha marcado un nuevo desarrollo en la
enseñanza bimilenaria de la Iglesia, permitiendo que el futuro pudiera ser
iluminado con la profundidad e intensidad de este magisterio. Es tiempo
de redescubrir la belleza de esta enseñanza, que aún hoy estimula la fe de los
cristianos y los llama a ser más responsables y presentes en ofrecer su propia
contribución al crecimiento de la humanidad entera.
«¡La
Iglesia vive! Aquí está la prueba; aquí está su aliento; la voz, el canto. ¡La
Iglesia vive! […] La Iglesia piensa, la Iglesia habla, ora, la Iglesia crece,
la Iglesia se construye. […] De Cristo viene la Iglesia, a Cristo va; y estos
son sus pasos, es decir, los actos con los que se perfecciona, se confirma, se
desarrolla, se renueva, se santifica. Y todo este esfuerzo de perfección de la
Iglesia, visto con atención, no es más que una expresión de amor a Cristo
Señor». Estas palabras de san Pablo VI en la homilía de la séptima sesión del
Concilio nos impulsan hoy a considerar la importancia de la enseñanza
conciliar. Tomar de nuevo en vuestras manos esos textos
es signo de la vitalidad y fecundidad de la Iglesia; la renovación de las
comunidades y el compromiso de conversión pastoral pasan necesariamente por
hacer nuestra la lección del Vaticano II.
En su Carta a Mons. Fino Fisichella para el Jubileo 2025 el Papa Francisco declaraba: que «las cuatro Constituciones del Concilio Ecuménico Vaticano II, junto con el magisterio de estas décadas, seguirán orientando y guiando al pueblo santo de Dios, para que progrese en la misión de llevar a todos el gozoso anuncio del Evangelio».
A la luz de
esta petición, la Santa Sede ha impulsado la iniciativa «Cuadernos del
Concilio», una serie de pequeños volúmenes, para dar a conocer a las generaciones más
jóvenes, algunos de los principales contenidos del Concilio. En el sitio de laConferencia Episcopal Española puede accederse al comentario sobre las Cuatro constituciones: Dei Verbum,
Constitución dogmática sobre la Divina revelación,Sacrosanctum Concilium,
Constitución sobre la Sagrada Liturgia,Lumen gentium, Constitución
dogmática sobre la Iglesia,Gaudium et spes, Constitución pastoral sobre
la Iglesia en el mundo actual y también una breve historia del Concilio.
Todo el material puede consultarse en la web. Alli también se publica una breve historia de
los preparativos y desarrollo del Concilio y a su vez incluye una gran cantidad
de artículos de varios autores sobre las Cuatro constituiciones.
.jpg)

No hay comentarios:
Publicar un comentario