Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

martes, 12 de octubre de 2021

La inadmisibilidad de la pena de muerte

 


Cito aquí algunos párrafos donde la Congregación para la Doctrina de la Fe en su Carta a los Obispos fechada 1 de agosto de 2018,  reitera y aclara lo establecido en el Nr 2267 del Catecismo de la Iglesia Católica sobre la pena de muerte. La carta fue aprobada por el Papa Francisco en la Sesión Ordinaria de la Congregación el 23 de junio de 2018 y ordenada su publicación.  

 Cito aquí algunos párrafos de la carta: 

1. El Santo Padre Francisco, en el Discurso con ocasión del vigésimo quinto aniversario de la publicación de la Constitución Apostólica Fidei depositum, con la cual Juan Pablo II promulgó el Catecismo de la Iglesia Católica, pidió que fuera reformulada la enseñanza sobre la pena de muerte, para recoger mejor el desarrollo de la doctrina que este punto ha tenido en los últimos tiempos[1]. Este desarrollo descansa principalmente en la conciencia cada vez más clara en la Iglesia del respeto que se debe a toda vida humana. En esta línea, Juan Pablo II afirmó: «Ni siquiera el homicida pierde su dignidad personal y Dios mismo se hace su garante».[2]

3. En este desarrollo, es de gran importancia la enseñanza de la Carta Encíclica Evangelium vitae de Juan Pablo II. El Santo Padre enumeraba entre los signos de esperanza de una nueva civilización de la vida «la aversión cada vez más difundida en la opinión pública a la pena de muerte, incluso como instrumento de “legítima defensa” social, al considerar las posibilidades con las que cuenta una sociedad moderna para reprimir eficazmente el crimen de modo que, neutralizando a quien lo ha cometido, no se le prive definitivamente de la posibilidad de redimirse»[3]. La enseñanza de Evangelium vitae fue recogida más tarde en la editio typica del Catecismo de la Iglesia Católica. En este, la pena de muerte no se presenta como una pena proporcional a la gravedad del delito, sino que se justifica solo si fuera «el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas», aunque si de hecho «los casos en los que sea absolutamente necesario suprimir al reo suceden muy rara vez, si es que ya en realidad se dan algunos» (n. 2267).

4. Juan Pablo II también intervino en otras ocasiones contra la pena de muerte, apelando tanto al respeto de la dignidad de la persona como a los medios que la sociedad actual posee para defenderse del criminal. Así, en el Mensaje navideño de 1998, auguraba «en el mundo el consenso sobre medidas urgentes y adecuadas… para desterrar la pena de muerte»[4]. Un mes después, en los Estados Unidos, repitió: «Un signo de esperanza es el reconocimiento cada vez mayor de que nunca hay que negar la dignidad de la vida humana, ni siquiera a alguien que haya hecho un gran mal. La sociedad moderna posee los medios para protegerse, sin negar definitivamente a los criminales la posibilidad de enmendarse. Renuevo el llamamiento que hice recientemente, en Navidad, para que se decida abolir la pena de muerte, que es cruel e innecesaria»[5].

 7. La nueva redacción del n. 2267 del Catecismo de la Iglesia Católica, aprobado por el Papa Francisco, se sitúa en continuidad con el Magisterio precedente, llevando adelante un desarrollo coherente de la doctrina católica[12]. El nuevo texto, siguiendo los pasos de la enseñanza de Juan Pablo II en Evangelium vitae, afirma que la supresión de la vida de un criminal como castigo por un delito es inadmisible porque atenta contra la dignidad de la persona, dignidad que no se pierde ni siquiera después de haber cometido crímenes muy graves. A esta conclusión se llega también teniendo en cuenta la nueva comprensión de las sanciones penales aplicadas por el Estado moderno, que deben estar orientadas ante todo a la rehabilitación y la reinserción social del criminal. Finalmente, dado que la sociedad actual tiene sistemas de detención más eficaces, la pena de muerte es innecesaria para la protección de la vida de personas inocentes. Ciertamente, queda en pie el deber de la autoridad pública de defender la vida de los ciudadanos, como ha sido siempre enseñado por el Magisterio y como lo confirma el Catecismo de la Iglesia Católica en los números 2265 y 2266.

 

viernes, 8 de octubre de 2021

Los tres catecismos universales de la Iglesia Católica

 


1)      CATECISMO DE LA IGLESIA CATOLICA 

Después de exhaustivos debates y reuniones  el 11 de octubre de 1992, al celebrarse el trigésimo aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II el Papa Juan Pablo II, mediante su   Constitución Apostólica Fidei Depositum  presenta el  Catecismo de la Iglesia Católica, obra que el mismo Papa  había confiado en 1986 a una Comisión de doce cardenales y obispos, presidida por el cardenal Joseph Ratzinger. El proyecto fue objeto de una amplia consulta a todos los obispos católicos, a sus Conferencias episcopales o Sínodos, a institutos de teología y de catequesis. De hecho este catecismo, tal como explicaba el Papa en el Prólogo,  “no está destinado a sustituir a los catecismos locales debidamente aprobados por las autoridades eclesiásticas, los obispos diocesanos y las Conferencias Episcopales, sobre todo cuando estos catecismos han sido aprobados por la Santa Sede.”

En este blog bajo el etiquetado Catecismo  ya se ha hablado de esta publicación.  Vuelvo a publicar aquí una breve historia también mencionada allí. 

Respondiendo a una inquietud surgida de la Asamblea de Obispos del 25 de enero de 1985 sobre la necesidad de un "texto de referencia" en materia de fe y de moral, en el año 1986 se encargó preparar un proyecto del catecismo a una Comisión bajo la presidencia del cardenal Joseph Ratzinger. Después de vastas consultas y estudios el Catecismo fue aprobado y promulgado el 25 de junio de 1992 y presentado como Catecismo de la Iglesia “para una catequesis renovada en las fuentes vivas de la fe” mediante la Constitución Apostólica «Fidei Depositum» del 11 de octubre de 1992.
A 5 años de distancia de aquella presentación que acompañó la publicación del primer texto, en lengua francesa, el 15 de agosto de 1997 fue aprobada y promulgada la edición tipica latina mediante la Carta Apostólica «
Letamur Magnopere» que se transformaba asi en la edición definitiva del Catecismo.
Respondiendo luego a un pedido de los participantes al Congreso Catequistico Internacional de octubre de 2002, en el X aniversario de la publicación de la edición original del Catecismo de la Iglesia católica, Juan Pablo II decidió en febrero de 2003 la preparación de un Compendio que fué finalmente aprobado por el Santo Padre BXVI mediante el 
Motu Propio del 28 de Junio de 2005”

COMPENDIO DEL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA 

El 28 de junio de 2005 el Papa Benedicto XVI mediante un Motu Proprio  presentaba el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica,  manual elaborado por una comisión especial de cardenales presidida por él cuando era cardenal. La exigencia de un volumen de este tipo surgió durante el Congreso Catequístico Internacional (2002) que conmemoraba los diez años de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica. Se propuso al Santo Padre Juan Pablo II la puesta a punto de un compendio que respondiese a dos objetivos: la síntesis y la esencialidad. El texto tiene 205 páginas, con 598 preguntas y respuestas, quince imágenes, un apéndice (con las oraciones principales y comunes del cristiano y algunas fórmulas de doctrina católica) y un extenso índice analítico.

 En su Introducción al Compendio el entonces todavía Cardenal Joseph Ratzinger  explicaba que el Compendio había surgido a fin de responder a la petición del Congreso Catequético Internacional de 2002 y que Juan Pablo II instituía en 2003 una Comisión, presidida por él en su calidad de Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y que son  tres las características principales  del Compendio: la estrecha dependencia del Catecismo de la Iglesia Católica, el estilo dialogal y el uso de imágenes en la catequesis.

(...) 

Ante todo, el Compendio no es una obra autónoma ni pretende de ningún modo sustituir al Catecismo de la Iglesia Católica: más bien remite a él constantemente, tanto con la puntual indicación de los números de referencia como con el continuo llamamiento a su estructura, desarrollo y contenidos.

(…)

 Como el Catecismo, también el Compendio se articula en cuatro partes, correspondientes a las leyes fundamentales de la vida en Cristo: .

«La profesión de la fe»

 «La celebración del misterio cristiano»

«La vida en Cristo.

«La oración cristiana»

El anuncio de la publicación del  Compendio fue dado a conocer el Domingo de Ramos de 2005 y fue presentado por el  Cardenal Ratzinger, Presidente de la Comisión especial.)

 - Si no funciona el enlace googlear “Introducción del Cardenal Joseph Ratzinger al Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica)


YouCat

En su Prologo a este material “con vistas a la JMJMadrid 2011, el Papa Benedicto XVI comenta:  

Youcat tiene su origen, por decirlo así, en otra obra que se remonta a los años 80. Era un período difícil tanto para la Iglesia como para la sociedad mundial, durante el cual surgió la necesidad de nuevas orientaciones para encontrar un camino hacia el futuro. Después del concilio Vaticano II (1962-1965) y en el nuevo clima cultural, numerosas personas ya no sabían correctamente en qué debían creer propiamente los cristianos, qué enseñaba la Iglesia, si es que podía enseñar algo tout court, y cómo podía adaptarse todo esto al nuevo clima cultural.

El cristianismo en cuanto tal ¿no está superado? ¿Se puede todavía hoy ser creyentes razonablemente? Estas son las preguntas que se siguen planteando muchos cristianos. El Papa Juan Pablo II tomó entonces una decisión audaz: decidió que los obispos de todo el mundo escribieran un libro para responder a estas preguntas. Me confió la tarea de coordinar el trabajo de los obispos y de velar a fin de que de las contribuciones de los obispos naciera un libro —me refiero a un verdadero libro, y no a una simple yuxtaposición de una multiplicidad de textos—. Este libro debía llevar el título tradicional de Catecismo de la Iglesia católica y, sin embargo, debía ser algo absolutamente estimulante y nuevo; debía mostrar qué cree hoy la Iglesia católica y de qué modo se puede creer de manera razonable. Me asustó esta tarea, y debo confesar que dudé de que pudiera lograrse algo semejante. ¿Cómo podía suceder que autores esparcidos por todo el mundo pudieran producir un libro legible?

…

Debo confesar que incluso hoy me parece un milagro que este proyecto al final haya tenido éxito. Nos reunimos tres o cuatro veces al año durante una semana y discutimos apasionadamente sobre cada una de las partes del texto que mientras tanto se habían ido desarrollando.

En primer lugar se debía definir la estructura del libro: debía ser sencilla, para que los grupos de autores pudieran recibir una tarea clara y no tuvieran que forzar sus afirmaciones en un sistema complicado. Es la misma estructura de este libro; sencillamente está tomada de una experiencia catequética larga, de siglos: qué creemos / cómo celebramos los misterios cristianos / cómo obtenemos la vida en Cristo / cómo debemos orar. No quiero explicar ahora cómo nos encontramos con gran cantidad de preguntas, hasta que el resultado llegó a ser un verdadero libro. En una obra de este tipo son muchos los puntos discutibles: todo lo que los hombres hacen es insuficiente y se puede mejorar, y a pesar de ello se trata de un gran libro, un signo de unidad en la diversidad. A partir de muchas voces se pudo formar un coro porque contábamos con la partitura común de la fe, que la Iglesia nos ha transmitido desde los Apóstoles a través de los siglos hasta hoy.

¿Por qué todo esto?

Ya entonces, durante la redacción del Catecismo de la Iglesia católica, constatamos no sólo que los continentes y las culturas de sus pueblos son diferentes, sino también que en el seno de cada sociedad existen distintos «continentes»: el obrero tiene una mentalidad distinta de la del campesino, y un físico distinta de la de un filólogo; un empresario distinta de la de un periodista, y un joven distinta de la de un anciano. Por este motivo, en el lenguaje y en el pensamiento, tuvimos que situarnos por encima de todas estas diferencias y, por decirlo así, buscar un espacio común entre los diferentes universos mentales; así, tomamos cada vez mayor conciencia de que el texto requería «traducciones» a los diferentes mundos, para poder llegar a las personas con sus diversas mentalidades y diversas problemáticas. Desde entonces, en las Jornadas mundiales de la juventud (Roma, Toronto, Colonia, Sydney) se han reunido jóvenes de todo el mundo que quieren creer, que buscan a Dios, que aman a Cristo y desean caminos comunes. En este contexto nos preguntamos si debíamos tratar de traducir el Catecismo de la Iglesia católica a la lengua de los jóvenes y hacer penetrar sus palabras en su mundo. Naturalmente también entre los jóvenes de hoy hay muchas diferencias; así, bajo la experta dirección del arzobispo de Viena, Christoph Schönborn, se formó un Youcat para los jóvenes. Espero que muchos jóvenes se dejen fascinar por este este libro.


-o-

Bibliografía selecta sobre elCatecismo de la Iglesia Católica a) Fuentes - J. RATZINGER, Introducción al Catecismo de la Iglesia Católica, en J. RATZINGER-C. SCHÖNBORN, Introducción al Catecismo de la Iglesia Católica, Ciudad Nueva, Madrid 1994. - J. RATZINGER, Actualidad doctrinal del Catecismo de la Iglesia Católica, conferencia en el Congreso Catequístico Internacional de Roma 2002, en “Actualidad Catequética” 195-196 (2002) 369-383. - BENEDICTO XVI, Prefacio al Subsidio del Catecismo de la Iglesia Católica (“YouCat”) para la JMJ-Madrid 2011.

 



jueves, 7 de octubre de 2021

¿Cómo se reza el Rosario?

 


 En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo

Dios mío, ven en mi auxilio.

Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

  Se enuncia en cada decena el "misterio", por ejemplo, en el primer misterio: "La Encarnación del Hijo de Dios".

 Después de una breve pausa de reflexión, se rezan:

un Padre nuestro, diez Avemarías y un Gloria.

 Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. No nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén

 Dios te Salve, María, llena eres de gracia, el Señor está contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén

 

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

A cada decena del "rosario" se puede añadir una invocación.

 

A la final del Rosario se recita la Letanía Lauretana, u otras oraciones marianas.

Letanías de la Virgen 

 Dios te Salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve.

 A ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, y, después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!

 (fuente)

martes, 5 de octubre de 2021

Głogowiec la cuna de Santa Faustina

 

Hoy celebramos la memoria litúrgica de Santa Faustina, canonizada por el SantoPadre Juan Pablo II el 30 de abril del año 2000 

 

"Misericordias Domini in aeternum cantabo" (Sal 89, 2).


 

 “En los límites de la llamada Polonia Mayor y Mazovia, cerca de Łęczyca, y más concretamente en la parroquia de Świnice Warckie, se halla el pueblo de Glogowiec. Fue aquí donde Mariana y Estanislao Kowalski compraron un terreno a la familia Olejniczak, para poder construir, en el año 1900, una casa hecha de un tipo de piedra característico de esta región; se trataba de una modesta casa de una sola planta y junto a ella los establos y otras dependencias de la granja. En la casa sólo había una habitación, el recibidor y cocina, la cual en invierno servía también como taller de carpintería del padre de familia. En esta pequeña casa, un tanto estrecha, nacieron los diez hijos del matrimonio, entre ellos la profeta de nuestros tiempos, que debía transmitir al mundo el mensaje de la misericordia.

 La familia Kowalski se mantenía gracias a una pequeña granja y al trabajo del padre de familia que trabajaba como carpintero y albañil. Aunque vivían con mucha austeridad, y para muchas cosas el dinero no bastaba, sin embargo para todo lo que era necesario para la vida espiritual no faltaban los medios: en el lugar principal de la habitación había un altar con un crucifijo y pequeñas figuras del Sagrado Corazón de Jesús y de la Virgen María hechas de cerámica; en las paredes había también cuadros con imágenes religiosas y estanterías con una pequeña biblioteca de libros religiosos. Se puede afirmar pues que Dios ocupaba el primer lugar en la casa, lo que podía verse no sólo por la decoración interior de la casa, sino sobre todo por la vida de oración diaria que llevaba la familia entera, lo cual se manifestaba por la oración misma, el trabajo y el testimonio de vida que daban los padres. Helena Kowalska fue creciendo en este ambiente familiar, donde no sólo adquiría la capacidad de trabajo, sino también, y quizá sobre todo, la fe, el amor a Dios y a los demás.

 Hoy en día, la casa familiar de santa Faustina pertenece a la parroquia. Los interiores de la casa se han convertido en un museo, en el que se exponen objetos y elementos que nos trasladan a la época y a la vida familiar de los Kowalski. Los otros edificios de la granja se han adaptado para satisfacer las necesidades de los peregrinos que la visitan.”

 

(texto tomado de la página oficial de la Congregación de las Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia – invito leer trayectoria completa de todos los lugares por donde paso Santa Faustina allímismo) 

jueves, 30 de septiembre de 2021

El Beato del “Non possumus” polaco


La beatificación del cardenal Stefan Wyszynski, fallecido hace 40 años, es el reconocimiento de la lucha de los católicos polacos durante 45 años de comunismo. 

Escribe George Weigel en El final y el principio que tres convicciones rondaron siempre por la mente del cardenal Stefan Wyszynski durante los 33 años (desde 1948 hasta su muerte en 1981) en los que ejerció como arzobispo de Varsovia y primado de Polonia: la superioridad de la piedad popular de los polacos –sobre todo la mariana– sobre la propaganda comunista; la mejor comprensión de la situación polaca desde el país y no desde el Vaticano –sin menoscabo de su adhesión sin fisuras a cuatro Papas– y, por último, su empeño en evitar la desaparición de Polonia a manos de la Unión Soviética. Y tuvo un hilo conductor: defender incansablemente los derechos de la Iglesia y de los fieles ante el Gobierno comunista con el único límite de no poner al país «al borde del abismo».

Poco tardó en entender Wyszynski que la dictadura comunista –basada en una ideología que aborrecía– estaba asentada para rato. De ahí que optase por una lucha espiritual a largo plazo y no por los choques frontales, a los que únicamente recurriría en caso de necesidad irremediable. Esta perspectiva implicaba, asimismo, buscar un mínimo entendimiento con el régimen, incluyendo alguna concesión dolorosa siempre que no se cediera nada en lo esencial. Esta disposición de Wyszynski –que también desempeñaba la presidencia de la Conferencia Episcopal– desembocó en el acuerdo del 14 de abril de 1950, mediante el cual las autoridades comunistas reconocían la autonomía de la Iglesia en materia pastoral y educativa, así como su dependencia jerárquica del Papa; a cambio, Wyszynski tuvo que admitir la legitimidad del régimen. El acuerdo suscitó incomprensión en Roma, donde, unos meses antes, el Santo Oficio había promulgado un decreto que contemplaba la excomunión para todo aquel que colaborase con el comunismo….

(…)

Mas, como señala el historiador suizo Philippe Chenaux en L’Eglise catholique et le communisme, con este episodio «se abrió una nueva página de la historia del catolicismo polaco bajo el comunismo». En efecto, en esos tres años de arresto domiciliario –que pasó en dos monasterios– ideó la Gran Novena de la Nación Polaca, prevista para empezar en 1957 y culminar en 1966, con motivo de los 1.000 años de la cristianización de Polonia…

(…)

De vuelta a Polonia, Wyszynski forjó una alianza con Karol Wojtyla, arzobispo de Cracovia y futuro san Juan Pablo II. Bien es cierto que al principio el cardenal albergó ciertas dudas sobre Wojtyla, rápidamente disipadas por la lealtad inquebrantable de este último…

(…)

 

Invito leer el artículo completo de José María Ballester Esquivias publicado por Alfa y Omega, de donbde he extraido algunos parrafos y la fotografia..


(Invito leer posts etiquetados Wyszyinski) 

 

Beatificación Cardenal Wyszynski – Aclaraciones en cuanto a fechas y asistencia




(Es una republicacion - original escrito antes del domingo 12 de septiembre)
Me disculpo por tanto silencio, lamento haber estado ausente, sin computadora, sin wifi durante tres semanas y para el tiempo de la beatificación. Tratare de ponerme al dia con las noticias al respecto)

En una entrevista realizada por el perodico polaco Niedziela Mons. Rafael Markowski cuenta que, en principio, la fecha para la ceremonia de la beatificación era el 7 de junio de 2020. Después sobrevino la pandemia y debió posponerse indefinidamente, lo cual causó una gran polémica. Sin embargo, se confiaba que la pandemia terminaría pronto y la beatificación se pospuso nuevamente para septiembre / octubre del año pasado. 

Finalmente el Papa Francisco después de Pascua, en abril de este año, fijo la fecha para el 12 de septiembre de este año. En principio la beatificación iba a realizarse en la plaza Pilsudski en Varsovia pero considerando la pandemia y los costos extras que esto demandaría debido a la costosa infraestructura que la ceremonia demandaba se decidió que se realizaría en el Templo de la Divina Providencia, que ofrece su propio espacio y garantiza el control de la situación en cuanto a número de participantes que ahora será de tan solo unas 3500 personas dentro del templo, y otras tantas afuera frente al templo siguiendo la ceremonia en las grandes pantallas. 

El año pasado se estimaba que en la plaza habría unas 50 a 70 mil personas y ahora ese número se ve reducido a unos 7 mil fieles. Cuando el año pasado se creía que no habría delegaciones ahora se habla de una delegación del Vaticano y delegaciones de episcopados europeos. En cuanto a los detalles de las invitaciones Mons. Markowski aclara que se ha enviado invitaciones al clero local solicitando que cada diócesis envie tres sacerdotes en representación. En cuanto a los fieles laicos se pidió a los obispos que seleccionen a cuatro personas que representen a los centros pastorales y para cada diócesis se ha ofrecido 50 invitaciones de admisión. O sea tres sacerdotes, cuatro personas representativas y las tarjetas de invitación, acorde a la proporción del tamaño de la diócesis. Habrá sin embargo algunas excepciones para las diócesis cuyo clero y fieles estuvieron más en contacto con el cardenal Primado como Wloclawek, Gniezno, Lublin y Bydgoszcz. Las congregaciones religiosas femeninas y masculinas podrán enviar un representante cada una. Se considera que habrá unos 600 sacerdotes concelebrando y unos 130 obispos. Y habrá además sectores VIP destinados a representantes de las autoridades de la Republica de Polonia. Los familiares del cardenal, unas 140 personas, estarán presentes en el templo.

En el caso del cardenal Wyszynski no habrá reliquia de primer grado pues ello implicaría abrir la tumba, sino que se presentara un manuscrito del Acto de dedicación personal a la Madre de Dios que el cardenal dejo durante su encarcelamiento en Stoczek Waminski y se lo ofreció a la Madre de Dios el 8 de diciembre de 1953 en la fiesta de la Inmaculada Concepción de la Virgen Maria. La televisión polaca retransmitirá la misa de beatificación y la pondrá a disposición de otras emisoras de forma gratuita. Como es costumbre también habrá ceremonias de acción de gracias a nivel nacional: una en Gniezno el próximo 23 de abril, otra el 3 de mayo durante las ceremonias de Jasna Gora y otro el 5 de junio durante el Día de Acción de Gracias a celebrarse en Varsovia. En Jasna Gora también habrá una celebración de acción de gracias el 25 de septiembre en el aniversario del arresto del Primado, además de otras a nivel local. 

viernes, 27 de agosto de 2021

Las virtudes teologales de Fe, esperanza y caridad en la perspectiva ecuménica

 


 La fe, la esperanza y la caridad son como tres estrellas que brillan en el cielo de nuestra vida espiritual para guiarnos hacia Dios. Son, por excelencia, las virtudes "teologales":  nos ponen en comunión con Dios y nos llevan a él. Forman un tríptico que tiene su vértice en la caridad, el agape, que canta de forma excelsa san Pablo en un himno de la primera carta a los Corintios. Ese himno concluye con la siguiente declaración:  "Ahora permanecen estas tres cosas:  la fe, la esperanza y la caridad, pero la más excelente de ellas es la caridad" (1 Co 13, 13).

Las tres virtudes teologales, en la medida en que animan a los discípulos de Cristo, los impulsan a la unidad, según la indicación de las palabras paulinas que escuchamos al inicio: "Un solo cuerpo (...), una sola esperanza (...), un solo Señor, una sola fe (...), un solo Dios y Padre" (Ef 4, 4-6). Continuando nuestra reflexión de la catequesis anterior sobre la perspectiva ecuménica, hoy queremos profundizar en el papel que desempeñan las virtudes teologales en el camino que lleva a la plena comunión con Dios-Trinidad y con los hermanos.

(…)

 En el vértice de las tres virtudes teologales está el amor, que san Pablo compara casi con un lazo de oro que une en armonía perfecta a toda la comunidad cristiana:  "Y por encima de todo esto, revestíos del amor, que es el vínculo de la perfección" (Col 3, 14). Cristo, en la solemne oración por la unidad de los discípulos, revela su substrato teológico profundo:  "el amor con que tú (oh Padre) me has amado esté en ellos y yo en ellos" (Jn 17, 26). Precisamente este amor, acogido y acrecentado, constituye en un solo cuerpo a la Iglesia, como nos señala san Pablo:  "Siendo sinceros en el amor, crezcamos en todo hasta aquel que es la cabeza, Cristo, de quien todo el cuerpo recibe trabazón y cohesión por medio de toda clase de junturas que llevan la nutrición según la actividad propia de cada una de las partes, realizando así el crecimiento del cuerpo para su edificación en el amor" (Ef 4, 15-16).

La meta eclesial de la caridad, y al mismo tiempo su fuente inagotable, es la Eucaristía, comunión con el cuerpo y la sangre del Señor, anticipación de la intimidad perfecta con Dios. Por desgracia, como recordé en la catequesis anterior, en las relaciones entre los cristianos desunidos, «a causa de las divergencias relativas a la fe, no es posible todavía concelebrar la misma liturgia eucarística. Y sin embargo, tenemos el ardiente deseo de celebrar juntos la única Eucaristía del Señor, y este deseo es ya una alabanza común, una misma imploración. Juntos nos dirigimos al Padre y lo hacemos cada vez más "con un mismo corazón"» (Ut unum sint, 45). El Concilio nos recordó que "este santo propósito de reconciliar a todos los cristianos en la unidad de la una y única Iglesia de Cristo excede las fuerzas y la capacidad humanas". Por ello debemos poner nuestra esperanza "en la oración de Cristo por la Iglesia, en el amor del Padre para con nosotros y en el poder del Espíritu Santo" (Unitatis redintegratio, 24).

(de la Audiencia General de Juan Pablo II 22 de noviembre de 2000 – leer completa)