Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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viernes, 29 de agosto de 2025

El Prof. Javier García comenta el “Tríptico Romano” de Juan Pablo II

 


En precioso y ameno comentario titulado “En el umbral del mundo y de la  historia” el profesor emérito del Ateneo Pontificio Regina Apostolurum P. Javier García L.C. analiza el “sorprendente poemario que a Karol Wojtyla se le ha escapado del alma ¡a sus 82 años y bajo la blanca túnica de Sumo Pontífice!”

 

En la primera parte el P. García nos presenta - también él en sorprendentes pinceladas - la estructura de la obra:

 

Tríptico Romano: substantivo y adjetivo nos dan una primera pista para adentrarnos en la comprensión y saboreo de estos poemas. “Tríptico”, como los retablos pictóricos clásicos – o como en el teatro -, son tres cuadros con tema diverso – arroyo, capilla Sixtina, monte Moria -, y con un nexo oculto que les da unidad de sentido: el amor de Dios Padre que tanto ha amado los hombres, que les ha dado a su Hijo único, el Verbo Creador del mundo y de lso hombres, para que no perezcan, sino que tengan vida sempiterna. El argumento de este drama es tan complejo y polifacético, que no bastaría un filósofo, un teólogo, un pintor o un dramaturgo para exponerlo. Quien lo afrontara, tendría que ser un poeta que fuera a la vez filósofo, teólogo, dramaturgo y, sobre todo, místico. Dos magnitudes lejanas, pero afines, se han encontrado: la revelación del misterio de la voluntad del Padre y el corazón grande y sensible de Karol Wojtyla.

 

Romano”: el adjetivo que califica al tríptico, dice muchas cosas; la más inmediata, que ha sido forjado en Roma, concretamente en Castelgandolfo, donde Juan Pablo II pasaba sus vacaciones en el verano de 2002. Otra, también evidente, que el poema central y más largo es una contemplación desde el umbral de la Capilla Sixtina, romana por sus cuatro costados. Otra, en fin, más honda, nos dice que Juan Pablo II, pontífice romano, desde la colina de Pedro, conserva en su corazón –como María- las vivencias que aquí refleja: en el torrente que baja del monte,   contemplado quizás en sus montañas Tatra o en sus excursiones por los Alpes valdostanos -, ve a toda la creación y entrevé al Verbo Creador; la Capilla Sixtina, de su elección como Papa, es umbral cromático de toda la historia de la salvación, desde sus orígenes hasta su término o juicio final; la visión abràmica del monte Moria, contemplado en su viaje a Tierra Santa en el Jubileo del 2000, es a su vez umbral para entrever el dolor de otro Padre que por amor a los hombres sacrifica a su Hijo único. Éstas y otras muchas vivencias interiores de Juan Pablo se van cociendo al fuego lento y transformante de su experiencia romana, que es como decir, fuego sobre la Roca de Pedro, que irradia sobre la catolicidad.

 

En su organización, el tríptico se nos convierte en drama de tres actos – no olvidemos al Wojtyla autor y actor teatral -, cada acto con varias escenas,  “Asombro” y “La fuente”. El segundo “Meditación sobre el libro del Génesis en el umbral de la Capilla Sixtina”, consta de cuatro escenas y un epilogo: “El primer Vidente”, “Imagen y Semejanza”, “Presacramento”, “Juicio” y “Epílogo”. El tercer acto, titulado “Monte en la región de Moria”, contiene cuatro escenas: “Ur de los caldeos”, “Tres vidit et unum adoravit”, “Conversación del Padre con el hijo en la región de Moria” y “Dios de la Alianza”.

Como se ve, es pintura, es drama, es poema, es meditación, es sinfonía. ¡No le queramos poner puertas al sol! Wojtyla, que se ha bañado en el río caudaloso del teatro rapsódico polaco, se mueve con esa misma libertad creativa”.

 


martes, 26 de agosto de 2025

Tríptico Romano - Juan Pablo II – Meditaciones (1 de 2)

 


El 6 de marzo de 2003 el Cardenal Joseph Ratzinger presentó en El Vaticano (*)el poema de Juan Pablo II “Triptico romano – Meditaciones” - El Cardenal Ratzinger explicó en la presentación que “ la obra comprende tres paneles: el primero "Arroyo"; refleja la experiencia de la creación, su belleza y su dinamismo…..se detiene casi con timidez en el umbral…busca el manantial y recibe la indicación “Si quieres encontrar el manantial, debes proseguir hacia arriba, contracorriente”….esta es la clave de lectura de los dos paneles siguientes….ascensión “contracorriente”. La peregrinación espiritual realizada en este texto conduce hacia el “Principio”. A la llegada la verdadera sorpresa está en que “ el inicio” desvela también el “final”…(ver texto en español) el centro verdadero y propio del segundo panel es el “origen” "Meditaciones sobre el Libro del Génesis" ...y la verdadera visión del Triptico romano se revela claramente en el tercer panel "Monte en la Región de Moria"… la subida de Abraham y de Isaac al monte Moria, al monte del sacrificio, del donarse sin reservas….”

Mientras que el ilustre profesor Giovanni Reale, filósofo italiano, especialista en Platón;  comenta que “ es un texto poético, bello y conmovedor, pero no es de fácil lectura si no lo encaramos con un previo pre-conocimiento. Nos llama también a tener en cuenta la doble raiz de la composición: la polaca y la romana…..que se unen armónicamente en una doble voz..”

De Bogdan Piotrowski, Director del Departamento de Lengua y Literatura del Instituto de la Universidad de La Sabana (emerito) de Bogotá, Colombia, traductor de la obra al español, publicada por la Universidad Católica San Antonio, Murcia, 2003, recogemos el siguiente comentario: Qué fuerte y asombrosa fue la vocación poética de Karol Wojtyła! Lo atestigua su creación conocida, de 65 años de duración desde los primeros versos, firmados a la edad de dieciocho años, hasta el Tríptico romano, escrito en el otoño de su vida y publicado en 2003, cuando tenía 83 años. Esta vocación adquiere un significado especial si reconocemos que no es usual que los papas escriban versos, que sean poetas. Fijémonos, igualmente, en su edad avanzada. La necesidad interior de cultivar la palabra artística lo caracterizó desde los años mozos hasta la muerte. Ella surgía pese a las rutinas y a los protocolos porque respondía a un objetivo superior: cumplir su deber como hijo de Dios. Un apreciado profesor de su alma máter en Cracovia, Jan Blonski, publicó, todavía en los años de la Polonia socialista, la siguiente opinión: “La práctica de la poesía tuvo siempre para Karol Wojtyła un particular valor existencial. Entiendo por esta convicción que la poesía revela, experimenta, expresa y también hace presente una dimensión de la existencia que de otro modo permanecería inalcanzable”. Su clara misión continuó a lo largo de toda su vida, y, para cumplirla, él aprovechó también desde su edad más temprana su inspiración lírica y cristiana..”

Por otra parte el Dr. Joaquin Navarro-Vals, entonces portavoz de la Santa Sede, en una entrevista que le hiciera el diario italiano La Stampa titulada “La inagotable misión de Juan Pablo II según Navarro-Valls” con respecto a la capacidad poética de Juan Pablo II, respondía a la pregunta:

Usted está al lado de Juan Pablo II desde hace lustros. ¿Puede relatarnos algún
episodio que le parezca particularmente significativo?

JNV —"Cada episodio, además de su significado objetivo, tiene una lógica especial para cada persona. El año pasado, después del extenuante viaje a Canadá, Guatemala y México, y tras el de Polonia, el Papa tuvo algunos días disponibles en Castelgandolfo. Entonces reabrió un «capítulo cerrado» – así lo había llamado– de su vida: la poesía. Y comenzó a escribir en esta forma literaria. Sin duda empleó imágenes, impresiones y sobre todo reflexiones que había acumulado con anterioridad. Y surgió el libro «Tríptico Romano» que se está editando en diferentes idiomas. En sus páginas se encuentra la misma densidad y frescura de su obra poética de cincuenta años atrás, pero a la vez todo es nuevo: los temas, el ritmo, incluso el dramatismo lírico. Para mí, esta vuelta del Papa a la poesía es significativa. Me conmueve, porque vuelve a utilizar nuevos recursos expresivos no por experimentalismos literarios, sino para manifestar de otra manera el mismo mensaje del que el Papa está colmado. ¡Un Papa, un hombre anciano, con algunos achaques, con poquísimo tiempo para sí mismo, que toma papel y lápiz y escribe poesías! Poesía audaz, rica, que habla del amor humano como si fuera un juglar, y del amor de Dios como un místico. Repito: ello me conmueve. Creo que es algo importante."

El apasionante mundo de la poesía de Karol Wojtyla invita a seguir investigando, no por lo fácil, sino por lo complejo y desafiante, pues nos invita a ver y a buscar más alla de las palabras y los sentimientos, más allá de nuestro pequeño mundo, y tratar de comprender…tarea nada fácil .... como dice Javier García , profesor de Cristología en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum, en su maravilloso texto “En el umbral del mundo y de la historia - Comentario al "Triptico Romano" “intentar analizar una poesia es tarea tan desesperada como pretender enjaular una nube….lo que aquí haremos….será recoger simples ecos y glosas al sorprendente poemario que a Karol Wojtyla se le ha escapado del alma – ¡a sus 82 años y bajo la blanca túnica de Sumo Pontífice!”

 

martes, 4 de diciembre de 2012

Javier García comenta el “Tríptico Romano” de Juan Pablo II


En precioso y ameno comentario titulado “En el umbral del mundo y de la  historia” el profesor emérito del Ateneo Pontificio Regina Apostolurum P. Javier García L.C. analiza el “sorprendente poemario que a Karol Wojtyla se le ha escapado del alma ¡a sus 82 años y bajo la blanca túnica de Sumo Pontífice!”



 En la primera parte el P. García nos presenta - también él en sorprendentes pinceladas - la estructura de la obra:

Tríptico Romano: substantivo y adjetivo nos dan una primera pista para adentrarnos en la comprensión y saboreo de estos poemas. “Tríptico”, como los retablos pictóricos clásicos – o como en el teatro -, son tres cuadros con tema diverso – arroyo, capilla Sixtina, monte Moria -, y con un nexo oculto que les da unidad de sentido: el amor de Dios Padre que tanto ha amado los hombres, que les ha dado a su Hijo único, el Verbo Creador del mundo y de lso hombres, para que no perezcan, sino que tengan vida sempiterna. El argumento de este drama es tan complejo y polifacético, que no bastaría un filósofo, un teólogo, un pintor o un dramaturgo para exponerlo. Quien lo afrontara, tendría que ser un poeta que fuera a la vez filósofo, teólogo, dramaturgo y, sobre todo, místico. Dos magnitudes lejanas, pero afines, se han encontrado: la revelación del misterio de la voluntad del Padre y el corazón grande y sensible de Karol Wojtyla.

Romano”: el adjetivo que califica al tríptico, dice muchas cosas; la más inmediata, que ha sido forjado en Roma, concretamente en Castelgandolfo, donde Juan Pablo II pasaba sus vacaciones en el verano de 2002. Otra, también evidente, que el poema central y más largo es una contemplación desde el umbral de la Capilla Sixtina, romana por sus cuatro costados. Otra, en fin, más honda, nos dice que Juan Pablo II, pontífice romano, desde la colina de Pedro, conserva en su corazón –como María- las vivencias que aquí refleja: en el torrente que baja del monte,   contemplado quizás en sus montañas Tatra o en sus excursiones por los Alpes valdostanos -, ve a toda la creación y entrevé al Verbo Creador; la Capilla Sixtina, de su elección como Papa, es umbral cromático de toda la historia de la salvación, desde sus orígenes hasta su término o juicio final; la visión abràmica del monte Moria, contemplado en su viaje a Tierra Santa en el Jubileo del 2000, es a su vez umbral para entrever el dolor de otro Padre que por amor a los hombres sacrifica a su Hijo único. Éstas y otras muchas vivencias interiores de Juan Pablo se van cociendo al fuego lento y transformante de su experiencia romana, que es como decir, fuego sobre la Roca de Pedro, que irradia sobre la catolicidad.

En su organización, el tríptico se nos convierte en drama de tres actos – no olvidemos al Wojtyla autor y actor teatral -, cada acto con varias escenas,  “Asombro” y “La fuente”. El segundo “Meditación sobre el libro del Génesis en el umbral de la Capilla Sixtina”, consta de cuatro escenas y un epilogo: “El primer Vidente”, “Imagen y Semejanza”, “Presacramento”, “Juicio” y “Epílogo”. El tercer acto, titulado “Monte en la región de Moria”, contiene cuatro escenas: “Ur de los caldeos”, “Tres vidit et unum adoravit”, “Conversación del Padre con el hijo en la región de Moria” y “Dios de la Alianza”.
Como se ve, es pintura, es drama, es poema, es meditación, es sinfonía. ¡No le queramos poner puertas al sol! Wojtyla, que se ha bañado en el río caudaloso del teatro rapsódico polaco, se mueve con esa misma libertad creativa”.