Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

miércoles, 21 de enero de 2026

Concilio Vaticano II hoy - (7) Leon XIV Dei Verbum “Yo los llamo amigos”

 


 “Yo los llamo amigos”

Dios nos habla

Cultivar la escucha

Necesidad de la oración

Solo cuando hablamos con Dios podemos también hablar de Él.

 

Tal como ya había anunciado y después de la catequesis introductoria del miércoles7 de enero,   la semana pasada el Papa Leon XIV comenzaba  su Audiencia  recordándonos  la catequesis pasada y ya entrndo a a “profundizar en la Constitución dogmática Dei Verbum sobre la divina Revelación. Se trata de uno de los documentos más bellos y más importantes de la asamblea conciliar; para introducirnos en él, puede sernos útil recordar las palabras de Jesús: «Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre» (Jn 15, 15). Este es un punto fundamental de la fe cristiana que nos recuerda la Dei Verbum: Jesucristo transforma radicalmente la relación del hombre con Dios; de ahora en adelante, será una relación de amistad. Por eso, la única condición de la nueva alianza es el amor.”

 (…)

Las palabras del Señor Jesús que hemos recordado – “Yo los llamo amigos” – son retomadas en la Constitución Dei Verbum, que afirma: «Por esta revelación, Dios invisible (cfr. Col 1,15; 1Tm 1,17) habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor, y mora con ellos (cfr. Bar 3,38), para invitarlos a la comunicación consigo y recibirlos en su compañía» (n. 2). El Dios del Génesis ya se manifestó a nuestros primeros padres, dialogando con ellos (cfr. Dei Verbum, 3); y cuando este diálogo se interrumpió a causa del pecado, el Creador no dejó de procurar encontrarse con sus criaturas y establecer una alianza con ellas cada vez. En la Revelación cristiana, es decir, cuando Dios se hace carne en su Hijo para venir a buscarnos, el diálogo que se había interrumpido se restablece de manera definitiva: la Alianza es nueva y eterna, nada nos puede separar de su amor. La Revelación de Dios, por tanto, posee el carácter dialógico de la amistad y, como sucede en la experiencia de la amistad humana, no soporta el mutismo, sino que se alimenta del intercambio de palabras verdaderas.

La Constitución Dei Verbum nos recuerda también esto: Dios nos habla. Es importante comprender la diferencia entre la palabra y la charla: esta última se detiene en la superficie y no realiza una comunión entre las personas, mientras que en las relaciones auténticas, la palabra no solo sirve para intercambiar informaciones y noticias, sino también para revelar quiénes somos. La palabra posee una dimensión reveladora que crea una relación con el otro. Así, hablándonos, Dios se nos revela como Aliado que nos invita a la amistad con Él.

Desde esta perspectiva, la primera actitud que hemos de cultivar es la escucha, para que la Palabra divina pueda penetrar en nuestras mentes y en nuestros corazones. Al mismo tiempo, estamos llamados a hablar con Dios, no para comunicarle lo que Él ya sabe, sino para revelarnos a nosotros mismos.

De ahí la necesidad de la oración, en la que estamos llamados a vivir y a cultivar la amistad con el Señor. Esto se realiza, primeramente, en la oración litúrgica y comunitaria, en la que no somos nosotros quienes decidimos qué escuchar de la Palabra de Dios, sino que es Él mismo quien nos habla por medio de la Iglesia. Además, se cumple en la oración personal, que tiene lugar en el interior del corazón y de la mente. Durante la jornada y la semana del cristiano no puede faltar el tiempo dedicado a la oración, a la meditación y a la reflexión. Solo cuando hablamos con Dios podemos también hablar de Él.

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