Toda la
enseñanza doctrinal de Juan Pablo II se desarrolla alrededor de la Eucaristia,
centro vital en torno al cual se recoge para alimentar la fe y el entusiasmo (Mane
nobiscum 4) con el fin de llegar a su celebración mas vivía y sentida de la cual “surja una
existencia cristiana transformada por el amor” (Mane nobiscum 29)
De
las innumerables intervenciones del papa Juan Pablo II sobre el tema de la
Eucaristía se pueden individuar cinco grandes hilos temáticos: El Papa enseña
que:
-
La Eucaristía es el sacramento de la vida eterna, del acercamiento de Dios y de
su amor que abre al hombre la prospectiva que va más allá de la muerte; es,
además, un sálido fundamento de la reconciliación entre los hombres y camino
seguro hacia el Reino de Dios.
-
El segundo grupo temático contempla la Eucaristía como sacrificio de la Cruz,
como el verdadero Pan y la verdadera Bebida para la vida en Dios, que sacia el
hambre y la sed más profunda del corazón humano y lo colma de paz; es el
sacramento del amor de Dios: fuente de la radical transformación del corazón
humano por la acción del Espíritu Santo que produce los frutos de alegría y de
santidad. Mediante la estrecha unión entre la Eucaristía y el sacramento de la
reconciliación, Aquella puede ser considerada vía de la conversión del hombre y
de su regeneración.
La
Eucaristía en relación a la Iglesia es sacramento que la edifica y la nutre:
“Ecclesia de Eucaristia vivit”. El sacrificio eucarístico es fundamento de la
comunidad eclesial, centro y culmen de su vida sacramental. En el contexto de
estas reflexiones el Papa torna frecuentemente a considerar la relación que
existe entre la Eucaristía y cada miembro particular del Cuerpo Místico de
Cristo en el ejercicio del sacerdocio común y el rol específico e insustituible
del sacerdote, el único que obra “in persona Christi”. Este rol específico de
cada sacerdote lo pone en una situación de particular responsabilidad en
relación al Misterio que celebra y en relación al pueblo de Dios. Es, de hecho,
una gran labor y un servicio fundamental en el confronto de la comunidad el
introducirla en el Misterio del Sacrificio, en el Misterio del Amor, en el
Misterio de la Presencia, en el Misterio de la Comunión. Por otra parte, todos
los miembros de la comunidad eclesial están llamados a descubrir la riqueza de
los tesoros espirituales presentes en la Eucaristía que Esta difunde en la vida
de la iglesia doméstica, en la relación entre los cónyuges, en el tejido social
dentro del cual la Iglesia vive y al progreso del cual contribuye. En este
contexto la Eucaristía se convierte en el fundamento más profundo de la
solidaridad entre los hombres.
Un puesto especial ocupa el aspecto ecuménico da la enseñanza pontificia sobre
la Eucaristìa. “Quanta est nobis via?” pregunta el Papa en la enciclica “Utunum sint” sobre el ecumenismo. Esta pregunta pone a la comunidad eclesial delante de la
urgencia de dejarse guiar del Espíritu Santo, el único que puede resolver las
dificultades humanamente irresolvibles. Esta necesidad es tanto más urgente
cuanto más la Iglesia se encuentra delante a los interrogativos del mundo
acerca de las razones de la “pretensión” cristiana. De hecho, “sólo la Iglesia
reconciliada eucarísticamente podrá ser signo – sacramento de la unidad de todo
el género humano y de la paz en el mundo” (Discurso durante el encuentro
ecuménico en Varsovia 8/06/1987).
-
El último de los grandes hilos temáticos relativos a la Eucaristía considera
las indicaciones práctico – pastorales que ofrecen nuevos y reproponen antiguos
instrumentos de expresión y de profundización de la fe en la Presencia real de
Cristo en el Santìsimo Sacramento. El culto eucarístico encuentra, de hecho, su
variada expresión en las visitas, adoraciones, exposiciones, celebración de
horas santas, “cuarenta horas”, procesiones eucarísticas y en la celebración de
los congresos eucarísticos. Sin embargo, todas estas formas de expresión de la
fe eucarística presuponen y exigen la forma más común del culto eucarístico: la
plena participaciòn a la Misa dominical. La viva y autèntica piedad eucarística
hace nacer, como recuerda el Papa, “el estilo sacramental de la vida cristiana”
(Cfr. Dominicae cenae)."
Y
es precisamente el profundo y radical estilo eucarístico de la vida de Juan Pablo
II lo que constituye la atracción irresistible de su personalidad. Es precisamente
en cuanto hombre autentico y auténticamente empeñado en vivir el estilo sacramental
de su vida, que el Papa puede proponer metas altas y empeñativas. Los horizontes que el Papa abre a los hombres están enraizados en la certeza
de las potencialidades escondidas en el hombre en cuanto hijo de Dios, redimido
por Cristo, que ”lo amó hasta el extremo” y lo llamó a la comunión con Dios y a
la santidad de vida.
La solidaridad de Dios alcanzó su culmen cuando se entregó
a Si mismo al hombre y por el hombre. Y es esto el infinito don de la Eucaristía:
Cristo Es el don que hace al hombre deudor y creativo; es el don que construye
nuestra humanidad y nos de la fuerza que nos impulsa, porque “el hombre se hace
fuerte por la conciencia de sus fines, por la conciencia de ser amado. Para tener
la fuerza que me empuja, tengo que estar seguro de ser amado. La Eucaristía
significa esta conciencia: yo soy amado”…Krakow, 10 de junio de 1987, Encuentrocon los jóvenes)