Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).

viernes, 2 de enero de 2026

Ave Maria : Lugares de culto mariano en Polonia (3 de 3)

 

Jasna Gora



Jasna Gora es la capital espiritual de Polonia. Al peregrino que llega a Jasna Gora, se le aparece, desde lejos, una torre que se le acerca mientras camina hacia la Santísima Virgen. Ningún otro convento, como Jasna Gora, refleja la particular religiosidad popular de Polonia. El frio del piso de mármol y de las paredes permite e introduce en la reflexión y en la oración. Desde hace más de 600 años la Virgen Negra conoce un culto nunca interrumpido. La historia de la imagen de la Madre de Dios se cruza con la historia de la nación polaca. El culto a la “Reina de Polonia” es un signo de distinción muy particular entre la Iglesia católica y las otras confesiones cristianas.



El reconocimiento de María como Reina testimonia la alianza entre la Madre de Dios y los fieles polacos, entre la religiosidad mariana y el espíritu del pueblo. Los ex votos puestos en las paredes reflejan la protección de la Virgen.   Juan Pablo II, durante una peregrinación a Jasna Gora, donó una rosa de oro que ha sido puesta a un lado de la Imagen.

 

Copias del cuadro de la Virgen han acompañado al Papa en el Vaticano y en la residencia estiva de Castel Gandolfo.

 

El cuadro de la así llamada Viren Negra es cubierto y descubierto cinco veces al dia ceremonia acompañada de las notas de un órgano.  La música creciente y el rostro de la Virgen que aparece lentamente hace aumentar la emoción y las palpitaciones del corazón. Cada vez que visito Jasna Gora y encuentro el rostro cubierto, me quedo esperando hasta cuando no lo descubren. No puedo irme de Jasna Gora sin haber visto los ojos de la Virgen. “En su mirada está todo”, dicen los guías espirituales de las peregrinaciones polacas que acuden a este lugar bendito.

 

Cada noche a las 21.00 las campanas nos llaman para la oración por la Iglesia y por la Patria. Consiste en un canto del medio evo tradicional polaco, que dice así: “Estoy cerca de ti, recuerdo, vigilo”, una breve reflexión espiritual, oraciones espontáneas por necesidades contingentes, una decena del Santo Rosario,  la recitación de la oración: “Bajo Tu protección” y un “Ave Marìa” por las intenciones del Santo Padre.

El encuentro de la noche finaliza con un canto ya conocido en todo el mundo: “hay una tierra silenciosa donde cada uno quisiera volver. Una tierra y un dulce rostro con dos signos de violencia, mirada intensa y premurosa que te pide confiar tu vida y tu mundo en Sus manos.  Virgen, Virgen Negra, es dulce ser tu hijo. Oh! deja, Virgen Negra que yo viva cerca de ti”.

 

Aleksandra Zapotoczny

 

Ave Maria : Lugares de culto mariano en Polonia (2 de 3)

 

Piekary



El Santuario en la cercanía de Piekary Ăláski, en el sur de Polonia, es el más grande de la zona industrial de Slesia. Es un lugar de peregrinaciones vinculadas al culto mariano y conocido sobre todo por las peregrinaciones de hombres.

“Hasta aquí llegan miles de hombres y de jóvenes – cuenta Mons. Wladysław  Nieszporek, rector del Santuario. En la peregrinación caminan juntos padres e hijos. En el último domingo de mes, se reúnen en el santuario cien mil hombres. En los años 1965-1978, también participaba de estas peregrinaciones el Cardenal Karol Wojtyła. Todos los años predicaba la palabra de Dios a los hombres cansados de los duros trabajos en las minas. Cuando después fue elegido Papa, a los peregrinos de Piekary les enviaba mensajes especiales.  Uno de ellos lo preparo en 1981 en el hospital, después del atentado que sufrió en mayo.





Cuando el Papa polaco vino por primera vez a Polonia, no obstante no haber podido visitar Slesia, se encontró con sus visitantes en Jasna Gora. Como recuerdo de ese encuentro, el Papa donò la estola papal a la Virgen de Piekary. Al recibir ese don tan precioso, el Obispo del lugar le aseguro al Santo Padre: “Esta estola la vamos a conservar para que Usted la use cuando venga a Piekary”, y cuator años después, la promesa se realizó. No a Piekary, porque no hubiese podido contener los miles de peregrinos que querían encontrarse ocn el Papa, sino a Katowice donde fue llevada la imagen de la Virgen de Piekary. Durante la celebración, el Papa dio el titulo de “Madre de la justicia y del amor social” a la Virgen y le ofreció un rosario de oro.  “El Santo Padre esperaba desde hace mucho tiempo poder encontrarse con la Virgen de Piekary – continúa Mons Nieszporek – y durante su discurso hacia chistes diciendo que, mientras antes era él quien hacia peregrinaciones a Piekary, ahora era Piekary que venía a él.”

El autor de la imagen de Nuestra Señora de Piekary es desconocido, pero ante ella han rezado ya miles y miles de personas, entre ellas la Madre Teresa de Calcuta.”


Aleksandra Zapotoczny

 

Ave Maria : Lugares de culto mariano en Polonia (1 de 3)

 Kalwaria Zebrzydowska




Cuando Karol tenía doce años y se quedó sin madre, su padre lo llevó a Kalwaria Zebrzydowska. Allí, delante de la Virgen Madre de Dios, se arrodillaron los dos juntos. El padre le dijo bajito a la oreja de Karol: “Esta es tu Madre” y desde entonces él nunca más estuvo solo.  Kalwaria Zebrzydowska ha tenido un gran papel en la vida de Karol. Allí iba cuando tenía algún problema o algunas cuestiones que resolver como muchacho, sacerdote, arzobispo y Papa. Josef Mucha, su chofer, cuenta de esta manera algunos de esos momentos: “cuando el Cardenal tenía alguna preocupación íbamos a Kalwaria Zebrzydowska. Rezaba aproximadamente una hora y luego, paseando por los “caminos de Maria” , se le pasaba todo. Cando rezaba el Rosario, mirándolo desde lejos, me daba cuenta cuando terminaba cada decena – explica Mucha – porque levantaba los ojos hacia el Cielo como si, realmente, hablara con Alguien”.



Kalwaria Zebrzydowska  es un pequeño pueblo cerca de Wadowice, ciudad en donde nació Karol. Es un lugar de culto mariano desde el siglo XVII, cuando en un castillo se reunían a rezar al comienzo y al final del día. Una vez, la imagen de la Madre de Dios lloró sangre y ese evento hizo que a ese lugar llegaran miles de fieles.



Kalwaria Zebrzydowska no es solo un santuario en cuanto está circundado de un área de diez kilómetros del llamado “Caminos de la Virgen”. Las capillas y las estaciones del Via Crucis están muy  bien situadas en medio de la naturaleza y de esa manera ha surgido un paisaje caracterizado por valores espirituales, donde los elementos naturales y los artificiales, creados por las manos del hombre, componen un lugar armónico. Este singular parque está bajo el patrocinio de la UNESCO.

 


“Casi siempre venia solo – cuenta Juan Pablo II durante su primera visita a Kalwaria como Papa en 1979 – porque no quería que nadie lo supiese, ni siquiera el custodio del convento. Es muy fácil esconderse en Kalwaria. Llegaba solo y me ponía a caminar por los Caminos de nuestro Señor Jesus y de su Madre, reflexionando sobre sus santísimos misterios. Esos senderos son absolutamente particulares. Confiaba a Jesus y a Maria problemas delicados y relacionados con mis responsabilidades, primero como Obispo, luego como Cardenal. Sabía que yo tenía que venir más veces; primero porque los problemas se multiplicaban  y luego – cosa singular – porque estos problemas se resolvían efectivamente.”

 

 

 

Juan Pablo II visitó Kalwaria Zebrzydowska por última vez en el mes de agosto de 2002 y los periodistas recordaron que el Papa se quedo frente a la imagen de la Virgen Maria tres cuartos de hora, haciendo saltar el orden de la peregrinación y la transmisión televisiva. Pero nadie se hubiese permitido interrumpir la meditación del Papa. El postulador del proceso de Canonización de Juan Pablo II confió, en su momento, el proceso a la Virgen: “Desde el corazón confío a la Madre de Kalwaria los trabajos del proceso” ha escrito en el libro de recuerdos del Santuario en febrero de 2006.”

 

Aleksandra Zapotoczny

jueves, 1 de enero de 2026

Maria Madre de Dios y Madre de la Paz – Oraciòn

 




«Madre, que sabes lo que significa estrechar
entre los brazos el cuerpo muerto del Hijo,
de Aquel a quien has dado la vida,
ahorra a todas las madres de esta tierra
la muerte de sus hijos,
los tormentos, la esclavitud,
la destrucción de la guerra,
las persecuciones,
los campos de concentración, las cárceles.
Mantén en ellas el gozo del nacimiento,
del sustento, del desarrollo del hombre y de su vida.
En nombre de esta vida,
en nombre del nacimiento del Señor,
implora con nosotros la paz y la justicia en el mundo.

Madre de la Paz,
en toda la belleza y majestad de tu Maternidad
que la Iglesia exalta y el mundo admira,
te pedimos:
Permanece con nosotros en todo momento.
Haz que este nuevo año sea año de paz
en virtud del nacimiento y la muerte de tu Hijo.

Amén».

(Oraciónconclusiva del Papa Juan Pablo II en la Homilia de la Santa Misa en laSolemnidad de Santa Maria, Madre de Dios y XII Jornada Mundial de la Paz)

martes, 30 de diciembre de 2025

Agradecer las gracias de Dios

 


 (…) La gracia es una realidad interior. Es una pulsación misteriosa de la vida divina en las almas humanas. Es un ritmo interior de la intimidad de Dios con nosotros, y por lo tanto también de nuestra intimidad con Dios. Es la fuente de todo verdadero bien en nuestra vida. Y es el fundamento del bien que no pasa. Mediante la gracia vivimos ya en Dios, en la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, aunque nuestra vida se desarrolle aún en este mundo. La gracia da valor sobrenatural a cada vida, aunque esta vida sea, humanamente y según los criterios de la temporalidad. muy pobre, no llamativa y difícil.

Es necesario, pues, agradecer hoy cada una de las gracias de Dios que ha sido comunicada a cualquier hombre: no sólo a cada uno de nosotros aquí presentes, sino a cada uno de nuestros hermanos y hermanas en todas las partes de la tierra.

De este modo nuestro himno de acción de gracias unido al último día del año, que está para acabar, se convertirá como en una gran síntesis. En esta síntesis estará presente toda la Iglesia, porque ella es, como nos enseña el Concilio, un sacramento de la salvación humana (cf. Constitución dogmática Lumen gentium, 1, 1).

Cristo, de cuya plenitud recibimos todos gracia sobre gracia, es precisamente el "Cristo de la Iglesia"; y la Iglesia es ese Cuerpo místico que reviste constantemente el Verbo Eterno nacido de la Virgen en el tiempo.

(de laHomilia del Santo Padre Juan Pablo II – Acción de Gracias en la Iglesia «DelGesú» el 31 de diciembre de 1979)

FELIZ Y FRUCTIFERO AÑO 2026 A TODOS


El “misterio” de Montecassino (2 de 2)

 


(del libro del padre Gereon Goldmann Un seminarista en las SS (Ediciones Palabra, Madrid - mi traducción es de la versión eslovena)

Entre las tantas “aventuras” del padre Goldmann una de las más increíbles fue lograr que el Santo Padre le concediera un permiso especial para ser ordenado sacerdote antes de haber terminado sus estudios, permiso de excepción por la falta de sacerdotes en los frentes de batalla. Le había sido profetizado que lo conseguiría, “profecía” de la cual el siempre tuvo sus dudas hasta que verdaderamente se cumplió. Pero eso es otra parte de su historia. Aquí solo pretendo exponer – traducido -  el texto que se refiere a Montecassino,  donde el – por encontrarse cerca – planeaba ser ordenado por el Abad del Monasterio y celebrar de inmediato allí su Primera Misa.

“De repente veo un estrecho sendero camino al cerro. Caminado unos 100 metros veo una señal con un escrito bilingüe en  alemán e italiano “Acceso a la Abadia prohibido a los soldados”. El sendero llevaba hacia la conocida Abadía de Montecassino, que hasta entonces yo solo conocía de lejos. De repente me acordé que alguna vez había leído que el Abad de Montecassino también es Obispo. Quizás el podría ordenarme si le mostrase el documento papal?  En medio de las crueles batallas mi profundo deseo era ser ordenado sacerdote lo más pronto posible. Le grite al chofer que  me esperara que regresaría pronto y  encaré por el sendero hacia arriba.  De repente me encontré con cuatro guardias militares. El camino hacia la Abadía estaba prohibido, por eso estaban allí.  Amparado en mi autoridad les respondí que yo no era soldado, sino sargento. Los cuatro eran de grados inferiores.  “Deben dejarme pasar, tengo una autorización especial”. Y les mostré mi carnet de traductor.  Éste no les convenció,  tampoco la autorización del Obispo de Sicilia, que no sabían leer,  entonces debí mostrarles la autorización papal. Finalmente me dejaron pasar. Pasados unos 1500 metros llegue hasta la famosa Abadía.  Amparados allí detrás de las altas paredes me encontré sorprendido ante un gran grupo de refugiados,  en su mayoria mujeres, ancianos y niños. Ante las barbaridades de la guerra se habían refugiado allí al amparo de San Benito con la esperanza de encontrarse más seguros, esperanza cruelmente aplastada unos días más tarde con el bombardeo de los americanos, quienes destruyeron sin piedad todo lo que quedaba en pie.

Las puertas de la Abadía estaban abiertas de par en par pero custodiadas por dos guardias de la policía militar que debían evitar el tránsito hacia la Abadía. Allí fui testigo con mis propios ojos que lo que sostenían los americanos con motivos propagandísticos que allí se refugiaban soldados alemanes era totalmente falso pues aparte de estos guardias de la policía militar no vi allí ni un solo soldado alemán.  Las unidades más cercanas estaban a unos 800 metros de allí separados de la Abadía por un profundo valle. Era allí donde estaba el punto de observación.  El Comandante Kesserling había impartido ordenes estrictas de proteger Montecassino ante cualquier batalla.  Y nosotros como alemanes nos adherimos a esta orden al pie de la letra. 

Entre por el amplio portón para encontrarme ante un patio enorme y la famosa escalinata que llevaba a la Iglesia. No se veía a nadie por ningún lado. Los dos guardias permanecían afuera.  También la Iglesia estaba abierta, ninguno de los portales cerrados.  Entré y enmudecí ante aquella vista:  estaban aun todas las paredes, brillaba la hermosa cúpula, los altares estaban intactos – pero eso era todo. No había cuadros en las paredes ni estatuas en las bóvedas,  ninguna cruz sobre la pared del altar ni sobre el altar. Parecía que los bárbaros se habían llevado todo lo que se podía quitar.  La imagen de esta casa de Dios totalmente desnuda y desolada era desesperante.  Las capillas laterales se encontraban igual, desnudas y abandonadas.  Me dirigí a la sacristía: la misma imagen. Todos los armarios abiertos y vacíos.  Todos los cajones, en los cuales se guardaban vestimentas sagradas semiabiertos y vacios. Quien se había llevado todos estos tesoros?  Seguí deambulando por los largos corredores, sin encontrar a nadie. El salón principal, el gran refectorio, la cocina detrás, todo vacío, saqueado? Finalmente di con la biblioteca, todos los estantes vacíos de famosos libros, manuscritos incunables, nada… Con el corazón destrozado me dirigí por la escalera hacia el primer piso. A la derecha, casi 100 metros de largo ventanas con vista hacia el valle.  A la izquierda una celda al lado de otra, donde durante siglos vivieron los monjes.  Ahora se encontraban todas abiertas, solo había algunas mesas y unas pocas sillas. Nada más.

Entonces aun desconocía que con permiso del Abad todo había sido transportado de urgencia,  y sorteando todo tipo de peligros desde la Abadía a Roma, donde todos esos tesoros quedaron al resguardo en pasillos subterráneos y después de la reconstrucción de la Abadía todo fue devuelto. Pero para mí este “paseo” por la Abadía totalmente vacía, la Abadía monacal madre de Europa,  fue uno de las vivencias mas desesperanzadas de toda la guerra.

Como aparentemente en la Abadía no había nadie, desilusionado ya estaba por marcharme, cuando al fondo del larguísimo corredor aparece un monje cabizbajo con las manos recogidas. Recién me vio al escuchar el ruido de mis botas cuando ya me encontraba frente a él.  Me miró algo asustado y negó mi pedido para ver al Abad.  No es posible ahora, el Abad está rezando en la cripta en la tumba de San Benito. Sin palabras le mostré el documento papal y el enmudecido me miro y desapareció, esta vez no a paso lento y pausado sino casi corriendo.  Más tarde otro sacerdote me trajo algo para refrescarme, una fruta y bebida. Como no había mesas, coloco todo sobre la repisa de la ventana.

Finalmente aparece el Abad, el Obispo de la diócesis de Cassino. Un hombre honorable, anciano, cuyo rostro irradiaba una vida de oración.. Le conté mi historia mientras el sostenía en sus manos la autorización papal. En algún momento me dijo: “durante la guerra ocurren cosas que aun no han sido escritas en ningún libro de la Iglesia”.

Le dije además que dudaba que al día siguiente podría estar en Roma para mi ordenación (según planeado originalmente) y le pedí si él estaría dispuesto a ordenarme.

Mi miro fijo y largamente. No pude imaginar porque lo hizo.  Después de repente me tomó de la mano y me llevó por el corredor hasta un lugar desde donde se veía todo el valle de Cassino, poblados  y cerros,  donde entonces luchaban los alemanes.  Emocionado y con su voz entrecortada por el llanto me dijo: Observe cuidadosamente todos los poblados y ciudades.  Allá teníamos una iglesia, allá el hospital, allá un jardín de infantes. Tanto nos esforzamos, tanto trabajamos para hacer de este Obispado un jardín de Dios. Y ahora la guerra destruyo todo en unos pocos días, todo destruido, los fieles han muerto o huido. Solo quedo la Abadía aquí arriba.  Quien sabe si quizás Dios no nos reclamará también esto.   Aquí estoy solo con diez monjes, pero “El Señor nos lo dio, el Señor nos lo quito, alabado sea el nombre del Señor”!  me dijo.  Después me miro y agregó: “No se que pasara los próximos días ni tampoco si también nosotros seremos víctimas de la guerra. Pero algo todavía haré con sumo agrado: venga en cualquier momento de día o de noche, aunque no esté en ayunas.  Solo le pido venga.  Con el mayor de los gozos le ordenare sacerdote sobre la tumba de nuestro santo padre Benito”.

“ Si no encuentro algún imprevisto, mañana a la noche estaré aquí” le prometí. “Lo esperare” me respondió. Y con estas palabras nos despedimos con un fraternal abrazo y bendición.  Con el corazón en paz y lleno de gozo regrese al valle – sin intuir que el Abad me esperaría en vano al día siguiente. ….. 

la guerra continuaba.  A Goldmann le esperaba una de las peores batallas

La Abadía fue totalmente reconstruida después de la guerra y consagrada por el Papa Pablo VI el 24 de octubre de 1964. 


 Invito además leer las emotivas palabras del Papa Juan Pablo II en su visita a la Abadia de Montecasino el 18 de mayo de 1979. 

 




El “misterio” de Montecassino (1 de 2)

 


(foto de Wikipiedia Montecassino cementerio polaco, al fondo la Abadía reconstruida)

Karol Wojtyla amaba su patria, su cultura, su tierra, su pueblo, sentimiento anidado en su natal Wadowice desde niño:  guiado por su padre,  sus maestros,  su guía espiritual. Seleccionando más tarde sus lecturas fue entrando en el mundo de la poesía y la prosa escrita y hablada. La fuerza del teatro rapsódico dio origen a una nueva generación.  Ya sacerdote su apostolado entre los jóvenes miraba mas allá de lo cotidiano  en momentos del régimen: había que educar a los jóvenes que serían los generadores de una nueva Polonia.

Nunca ocultó su profunda unión con la tierra que lo viera nacer, ni aún después  siendo Obispo de Roma. En sus mensajes a sus compatriotas vibraba no solo su profunda fe y esperanza sino también su espíritu casi guerrero  exigiendo libertad,  defendiendo la dignidad y la vida de toda persona y el respeto por los lugares que nos hablan de la “muerte y resurrección” no sólo polacas sino universales y que son una parte decididamente importante hasta de su magisterio porque si bien sus palabras están en la mayoría de las veces expresamente dirigidas a Polonia o a lugares específicos, son perfectamente aplicables a tantas otras circunstancias y lugares.  

Pero de la misma manera que el “vivió” profundamente unido a su patria, sufrió con ella también desde Roma los momentos difíciles, recordando siempre la historia reciente y heridas abiertas. Uno de los santos lugares que el guardaba en su corazón era el Monasterio de Montecassino. Montecassino es también uno de los lugares que personalmente le tengo especial afecto y que planeábamos visitar el mismo dia de la visita a Mentorella,  tan unido a Montecassino y San Benito, pero quedó pendiente.

Por eso leí con mayor atención el capítulo titulado Montecassino en la increíble historia del padre Gereon Goldmann,  Un seminarista en las SS (Ediciones Palabra, Madrid) sobreviviente milagroso de los horrores de la II Guerra Mundial, quien entre “aventuras”, riesgos y masacres logró ayudar a tantos hermanos atendiéndolos como asistente sanitario y espiritual. Son palabras  directamente desde el “frente”  de batalla.  El padre Goldmann cuenta de su visita al Monasterio de  Montecassino, tan caro a Juan Pablo II y donde cayeron tantos de sus compatriotas  en medio de una tragedia que produjo perdida y dolor, pero que más tarde levantándose de sus cenizas se erigiera en símbolo de una nueva Europa. y que fuera motivo de palabras tan emotivas del Papa JuanPablo II con ocasión del 50 aniversario  cuando hablaba de aquel “enfrentamiento de dos "proyectos": uno, tanto en oriente como en occidente, que tendía a desarraigar a Europa de su pasado cristiano, ligado a sus patronos y, en especial, a san Benito; el otro tendía a defender la tradición cristiana de Europa y "el espíritu europeo".”