«Tu eres el orgullo de nuestro pueblo» (Jdt 15, 9).
Desde el 8 de septiembre de 1652, Santa María de Coromoto
acompaña la fe de los indios y los blancos, de los mestizos y los negros de la
tierra venezolana. A Ella, la Madre tan amada, le digo una vez más: «Tú que has
entrado tan adentro en los corazones de los fieles a través de la señal de tu
presencia, ... vive como en tu casa en estos corazones, también en el futuro» (Homilía en la Basílica de
Nuestra Señora de Guadalupe, 27 de enero de 1979).
Juan Pablo II en la Homilia de la Santa Misa con
ocasión de la inauguración del nuevo Santuario de Nuestra Señora de Coromoto – en
su segunda visita a Venezuela) 10 de febrero de 1996)
A los pies
de Nuestra Señora quiero depositar una vez más todas estas súplicas:
Virgen y Madre
nuestra de Coromoto,
que siempre has preservado la fe del pueblo venezolano,
en tus manos pongo sus alegrías y esperanzas,
las tristezas y sufrimientos de todos tus hijos.
Implora sobre
los Obispos y presbíteros los dones del Espíritu,
para que, fieles a sus promesas sacerdotales,
sean infatigables mensajeros de la Buena Nueva,
especialmente entre los más pobres y necesitados.
Infunde en los religiosos y religiosas
el ejemplo de tu entrega total a Dios,
para que en el servicio abnegado a los hermanos
los acompañen en sus trabajos y necesidades.
Madre de la Iglesia, alienta a los fieles laicos,
comprometidos en la Nueva Evangelización,
para que, con la promoción humana y
la evangelización de la cultura,
sean auténticos apóstoles en el Tercer Milenio.
Protege a todas
las familias venezolanas
para que sean verdaderas iglesias domésticas,
donde se custodie el tesoro de la fe y de la vida,
se enseñe y se practique siempre la caridad fraterna.
Ayuda a los
católicos a ser sal y luz para los demás,
como auténticos testigos de Cristo, presencia salvadora del Señor,
fuente de paz, de alegría y de esperanza.
Reina y Madre
Santa de Coromoto,
ilumina a quienes rigen los destinos de Venezuela,
para que trabajen por el progreso de todos,
salvaguardando los valores morales y sociales cristianos.
Ayuda a todos y
cada uno de tus hijos e hijas,
para que con Cristo, nuestro Señor y Hermano,
caminen juntos hacia el Padre
en la unidad del Espíritu Santo.
Amén.
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