Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
Mostrando entradas con la etiqueta Musica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Musica. Mostrar todas las entradas

martes, 22 de noviembre de 2022

Santa Cecilia, la música sacra y los documentos papales

 

(imagen de Wikimedia)

Con motivo del primer centenario de la "Asociación italiana Santa Cecilia" sus miembros quisieron festejarlo en Roma con la celebración de la Santa Misa por el Santo Padre Juan Pablo II,  quien en su homilia se refería a esa “historia de confianza y de amor a la música "sacra", a la que habéis dedicado y seguís dedicando una parte, quizá la mejor, la más entusiasta, de vuestro tiempo, de vuestros intereses, de vuestras energías.”

 

Recordaba Juan Pablo II que la  Asociación había nacido el 4 de septiembre de 1880 en Milán, pero – agregaba - podríamos ir aún más atrás: el verdadero origen de la "Asociación italiana de Santa Cecilia" podríamos hacerla remontar a 1584, cuando fue instituida en Roma la "Congregación de Santa Cecilia", aprobada por Sixto V en 1585. También el gran Giovanni Pier Luigi da Palestina formó parte de esa Congregación, que duró hasta el siglo XVIII. En el siglo XIX volvió a cobrar vida, dividiéndose en dos ramas, para la música "profana" con el nombre de "Academia estatal de Santa Cecilia", y para la música "sacra" con el nombre de "Asociación italiana Santa Cecilia". El afecto y la estima que mis predecesores, en particular San Pío X y Pablo VI, tuvieron por vuestra Asociación, son bien conocidos; como también es conocido que la Asociación ha tenido entre sus miembros a los más calificados compositores, maestros, directores de las catedrales y de las iglesias de Italia.”

En su homilía Juan Pablo II recordaba también los documentos papales relacionados con la música sagrada :

Sacrosanctum Concilium, 112.  (..) “Por esto, el Concilio Vaticano II ha podido afirmar que "el canto sagrado, unido a las palabras, constituye una parte necesaria e integral de la liturgia solemne", y que "la música sacra será tanto más santa cuanto más íntimamente esté unida a la acción litúrgica, ya sea expresando con mayor delicadeza la oración y fomentando la unanimidad, ya sea enriqueciendo con mayor solemnidad los ritos sagrados”

Y

“Han pasado casi 80 años desde el "Motu proprio" Inter pastorales officii, emanado de San Pío X el 22 de noviembre de 1903, en un período difícil para las condiciones de la música "sacra", la cual —como notan los historiadores y los especialistas— no mantenía siempre y en todas partes ese decoro, que corresponde al culto divino. El documento de mi santo predecesor fue, durante más de medio siglo, estímulo fecundo de frutos abundantes de arte auténtico y de profunda espiritualidad. El Concilio Vaticano II, por su parte, publicaba una Constitución sobre la Liturgia que, refiriéndose explícitamente al citado "Motu proprio" de San Pío X, dedicaba una parte relevante a la música sacra (Sacrosanctum Concilium, 112-121); y en marzo de 1967, la entonces Sagrada Congregación de Ritos publicaba una amplia y articulada Instrucción con el título Musicam Sacram.”

“La Iglesia ha insistido e insiste, en sus documentos, sobre el adjetivo "sacro", aplicándolo a la música destinada a la liturgia. Esto quiere decir que ella, por su experiencia secular, está convencida de que esta calificación tiene un valor importante. En la música destinada al culto sagrado —ha dicho Pablo VI— "no todo es válido, no todo es lícito, no todo es bueno"; sino sólo cuanto, en armonía de dignidad artística y de superioridad espiritual, puede "expresar plenamente la... fe, para gloria de Dios y para edificación del Cuerpo místico" (L'Osservatore Romano, Edición en Lengua Española, 25 de abril de 1971, pág. 9). Por tanto, no se puede afirmar que toda música sea sacra por el hecho y desde el momento en que se inserta en la liturgia; en esta actitud falta ese sensus Ecclesiae "sin el cual el canto, en lugar de ayudar a fundir los espíritus .en la caridad, puede ser fuente de malestar, de disipación, de rompimiento de lo sagrado, cuando no de división en la misma comunidad de los fieles" 

El 22 de  noviembre de 2003, memoria de Santa Cecilia y con  motivo del centenario del Motu proprio "TRA LE SOLLECITUDINI"  del Papa Pio X, Juan Pablo II publicaba un quirógrafo (con una historia de los documentos papales) expresando “a la luz del magisterio de san Pío X y de mis demás predecesores, y teniendo en cuenta en particular los pronunciamientos del concilio Vaticano II, deseo proponer de nuevo algunos principios fundamentales para este importante sector de la vida de la Iglesia, con la intención de hacer que la música litúrgica responda cada vez más a su función específica”. 

Allí también agregaba la referencia a la  carta encíclica Mediator Dei del Papa Pio XII, sobre la sagrada liturgia 

Marco Frisina: La música: don extraordinario de Dios al hombre

 


La música es un don extraordinario de Dios para que pueda comprender y penetrar en ese extraordinario misterio oculto en la armonía del mundo, para escuchar la infinita belleza oculta en las innumerables vibraciones de lo creado.

 Cada sonido, es mas cada rumor de la creación, comporta el eco del gesto divino que le ha dado vida y solo el hombre sabe entender este lenguaje misterioso.

«El cielo proclama la gloria de Dios, el firmamento pregona la obra de sus manos»; así lo expresa el salmo 18 y prosigue: “Sin que hablen, sin que pronuncien, sin que resuene su voz, a toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje.” El lenguaje de Dios, su Palabra resuena en la creación y es canto, sinfonía admirable que nos revela el rostro del Verbo. Solo los hombres saben escuchar tanta música, precisamente porque los hombres, creados a imagen y semejanza de Dios, son capaces de escuchar y comprender el sonido inefable de la voz del Creador e imitarlo, dejarse infundir y vibrar en consonancia.  Así el hombre se convierte en cantor de la armonía de Dios, se convierte el mismo en músico y cantor, y a semejanza de Dios, creador de armonía y de música.   Todo ello extendido y fortalecido, llega a ser increíblemente elocuente, majestuosamente poderoso en el momento en que el Verbo eterno se hace carne para nosotros. En el momento en que la creación misma acoge a su Creador y se vuelve capaz de cantar con el mismo Dios, de ser uno con su música. Cristo Jesus, al encarnar nuestra naturaleza humana, se hace cantor de la belleza de Dios, y a la par autor mismo de la belleza de lo creado. Cada gesto suyo, cada palabra suya se convierte en esplendido movimiento de una sinfonía divina cuyos protagonistas son Dios y el hombre al unísono con Cristo.

La música de Jesus es dulce y dramática, severa y gozosa, fuerte y frágil, tal como se nos revela en su Evangelio. Dios se relata a si mismo y modula en el canto de amor de Cristo al Padre toda la verdad y la belleza: en aquel dialogo de obediencia y de amor, el hombre descubre y escucha el misterio de Dios y lo comprende porque en Jesucristo se revela también como misterio del hombre.  El canto de la creación se convierte a veces en dolor, a veces en gozo pero siempre es canto de amor, revelación sublime del dialogo que desde la eternidad es dueto de Padre e Hijo y que ahora, en la Encarnación, nosotros podemos escuchar y hacerlo nuestro.

El momento excelso de este canto es el Misterio Pascual, el momento en que la Cruz y después en la Resurrección se revela completamente el misterio oculto y aparece en todo su esplendor el rostro glorioso del resucitado y él canta con nosotros al Padre, saliendo del sepulcro.   «He resucitado  y siempre estoy contigo, aleluya». Este canto se convierte en canto de todos los bautizados, de cada uno de nosotros, llamados a resucitar con Cristo y a alabar al Padre con el mismo canto de alabanza. La Iglesia vibra junto a Cristo cantando la liberación del pecado y de la muerte y en la Iglesia resuena de modo particular la voz de Maria que con su ”Magnificat” se regocija contemplando la obra de Dios en Ella.  Es Ella la que ilumina con la luz de su canto la vida de la Iglesia y la conduce, día a día, por los caminos tortuosos y dolorosos de la historia, es el gozo que surge de su fe en la misericordia de Dios que nos consuela y nos alienta.

El Misterio pascual nos impulsa al canto y nos impele de modo irresistible hacia  los hermanos para compartir con ellos la misma música divina de la resurrección y de la gloria. Estamos llamados a cantar la gloria de Dios y a entonar alto con Cristo el aleluya pascual. Es por ello que el canto se convierte en mensaje de esperanza para el mundo, se convierte en evangelización, en cuanto es instrumento para revelar el amor de Dios y el gozo de la redención. EL mundo necesita de la esperanza y del gozo para disipar las profundas oscuridades que a menudo invaden el corazón de los hombres. El pecado envenena la vida del mundo y acalla el canto arrebatando a las almas el amor y el gozo. La música de Dios, en cambio, obra un milagro extraordinario, cual brisa de aire puro vivifica el mundo y hace florecer los corazones en la esperanza y en el gozo.

 Mis años de  experiencia personal me han llevado a constatar la fuerza evangelizadora de  la música, a descubrir como compartir el canto de amor de Cristo Resucitado ayuda a los hombres a descubrir la esperanza y el gozo que el Evangelio de la salvación produce en nosotros.  El misterio del canto de Cristo continúa de esta manera revelándose e iluminando el mundo.

¡ Cuántas veces hemos compartido con el Papa Juan Pablo II el estupor al comprobar la fuerza de la música que toca los corazones, haciéndolos vibrar al unísono con el corazón de Cristo, cuantas veces lo hemos visto cantar con nosotros y sonreír feliz al sentirse participe del canto del Resucitado unido a todos aquellos que, cantando la misma música, recibían la caricia del Espíritu de amor, sintiéndose Iglesia unida en un mismo canto”!    El recuerdo de tantos momentos musicales vividos con él me han hecho comprender cada vez más profundamente la importancia y la belleza de la música que se convierte en oración y gozo, en suplica y alabanza y que se une misteriosamente al canto de Cristo.

 

 Marco Frisina, Totus Tuus  Nr 6, Nov/Dic 2009

 

martes, 16 de diciembre de 2008

Musica y cantos para el Adviento


No se pierdan estos dos sitios de la Santa Sede con melodías, música y cantos para el Adviento (y otros tiempos litúrgicos).

Disfruten de este tiempo precioso de
Adviento : tiempo de esperanza por lo que vendrá y afirmación de lo que ya aconteció y que se sigue realizando cada día, el misterio de la presencia entre nosotros del Hijo de Dios hecho hombre”. (del blog del padre Ricardo Mazza)