Llamados a ser santos

Llamados a ser santos
“Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad.” (San Juan Pablo II).
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sábado, 4 de abril de 2026

“¡Oh sublime misterio de esta Noche Santa!”


 Noche en la cual revivimos ¡el extraordinario acontecimiento de la Resurrección! Si Cristo hubiera quedado prisionero del sepulcro, la humanidad y toda la creación, en cierto modo, habrían perdido su sentido. Pero Tú, Cristo, ¡has resucitado verdaderamente!

Entonces se cumplen las Escrituras que hemos escuchado de nuevo en la liturgia de la Palabra, recorriendo las etapas de todo el designio salvífico. Al comienzo de la creación "Vio Dios todo lo que había hecho: y era muy bueno" (Gn 1,31). A Abrahán había prometido: "Todos los pueblos del mundo se bendecirán con tu descendencia" (Gn 22,18). Se ha repetido uno de los cantos más antiguos de la tradición hebrea, que expresa el significado del antiguo éxodo, cuando "el Señor salvó a Israel de las manos de Egipto" (Ex 14,30). Siguen cumpliéndose en nuestros días las promesas de los Profetas: "Os infundiré mi espíritu, y haré que caminéis..." (Ez 36,27).

En esta noche de Resurrección todo vuelve a empezar desde el "principio"; la creación recupera su auténtico significado en el plan de la salvación. Es como un nuevo comienzo de la historia y del cosmos, porque "Cristo ha resucitado, primicia de todos los que han muerto" (1 Co 15,20). Él, "el último Adán", se ha convertido en "un espíritu que da vida" (1 Co 15,45).

 

El mismo pecado de nuestros primeros padres es cantado en el Pregón pascual como "felix culpa", "¡feliz culpa que mereció tal Redentor!". Donde abundó el pecado, ahora sobreabundó la Gracia y "la piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular" (Salmo resp.) de un edificio espiritual indestructible.

 En esta Noche Santa ha nacido el nuevo pueblo con el cual Dios ha sellado una alianza eterna con la sangre del Verbo encarnado, crucificado y resucitado.”

 

(Juan Pablo II Vigilia Pascual Sábado, 19 de abril de 2003)

 

FELIZ Y BENDECIDA PASCUA DE RESURRECCION!!

Qué noche tan dichosa de fe y de esperanza

  


“Después de la noche trágica del Viernes Santo, cuando el “poder de las tinieblas” (cf. Lc 22, 53) parecía prevalecer sobre Aquel que es “la luz del mundo” (Jn 8, 12), después del gran silencio del Sábado Santo, en el cual Cristo, cumplida su misión en la tierra, encontró reposo en el misterio del Padre y llevó su mensaje de vida a los abismos de la muerte, ha llegado finalmente la noche que precede el “tercer día”, en el que, según las Escrituras, el Señor habría de resucitar, como Él mismo había preanunciado varias veces a sus discípulos.

 “¡Qué noche tan dichosa en que une el cielo con la tierra, lo humano y lo divino!” (Pregón pascual).

 

  Esta es la noche por excelencia de la fe y de la esperanza. Mientras todo está sumido en la oscuridad, Dios – la Luz – vela. Con Él velan todos los que confían y esperan en Él.

¡Oh María!, esta es por excelencia tu noche. Mientras se apagan las últimas luces del sábado y el fruto de tu vientre reposa en la tierra, tu corazón también vela. Tu fe y tu esperanza miran hacia delante. Vislumbran ya detrás de la pesada losa la tumba vacía; más allá del velo denso de las tinieblas, atisban el alba de la resurrección.

 Madre, haz que también velemos en el silencio de la noche, creyendo y esperando en la palabra del Señor. Así encontraremos, en la plenitud de la luz y de la vida, a Cristo, primicia de los resucitados, que reina con el Padre y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.

 ¡Aleluya!”

 

(de la homilía de Juan Pablo II Vigilia Pascual 2002)

 

lunes, 21 de abril de 2025

Lunes de Pascua – el “lunes del ángel”

 


El lunes de Pascua se llama "lunes del Ángel" en recuerdo de lo que sucedió en el alba de aquel primer día después del sábado. En efecto, un ángel reconfortó a las mujeres que, habiendo ido al sepulcro, estaban desconcertadas y preocupadas al encontrar la tumba vacía. "Él les dijo:  No tengáis miedo. (...) Ha resucitado. No está aquí" (Mc 16, 6). Y añadió: "Ahora id" a anunciar esta buena nueva a los Apóstoles (cf. ib.).

También para nosotros tienen gran valor estas palabras del ángel, que escuchamos siempre con íntima emoción. En efecto, si Cristo ha resucitado, todo cambia y cobran sentido nuevo la vida y la historia.

La liturgia de hoy propone a nuestra meditación la predicación del apóstol san Pedro a las multitudes de Jerusalén. Se centra en este anuncio: "Dios resucitó a Jesús, y todos nosotros somos testigos" (Hch 2, 32).

Con sencillez y claridad, Pedro afirma que Cristo crucificado está vivo, ha resucitado, y "todos nosotros somos testigos". Desde entonces, la Iglesia no ha dejado de proclamar esta "buena nueva". Es urgente que todos los hombres conozcan y encuentren a Cristo, crucificado y resucitado, y se dejen conquistar por él. A cuantos lo acogen les abre el corazón a la alegría verdadera que renueva, embellece y enriquece de esperanza la existencia humana.

Regina caeli, laetare, alleluia! Con el gozo pascual exulta particularmente María, la Madre de Cristo, que con él compartió la dura prueba de la Pasión. Que María haga cada vez más viva nuestra fe en la resurrección del Señor y nos guíe en nuestro compromiso de testimoniar el mensaje gozoso y fundamental de la Pascua a los hombres y a las mujeres del tercer milenio.

(Juan Pablo II Regina Caeli,lunes 21 de abril de 2003)

sábado, 19 de abril de 2025

La hora de la victoria de Cristo

 


"¿Buscáis a Jesús el crucificado?" (Mt 28, 5).

¿Por qué habéis venido ahora?  ¿Buscáis a Jesús el crucificado?

 Sí. Buscamos a Jesús crucificado. Lo buscamos esta noche después del sábado, que precedió a la llegada de las mujeres al sepulcro, cuando ellas con gran estupor vieron y oyeron: "No está aquí..." (Mt 28, 6).

(…)

"Nuestro hombre viejo ha sido crucificado con El, para que... no seamos más esclavos del pecado..." (Rom 6, 6),

porque nosotros nos consideramos "muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús" (ib., 6, 11); efectivamente:

 "Porque su morir fue un morir al pecado de una vez para siempre; y su vivir es un vivir para Dios" (ib., 6, 10);

 porque: "Por el bautismo fuimos sepultados con El en la muerte, para que, así como Cristo fue despertado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva" (ib., 6, 4);

porque: "Si nuestra existencia está unida a El en una muerte como la suya, lo estará también en una resurrección como la suya" (ib., 6, 5);

 porque creemos que "si hemos muerto con Cristo..., también viviremos con El" (ib., 6, 8);

y porque creemos que "Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre El" (ib., 6, 9).

 

 Precisamente por esto estamos aquí.

Por esto velamos junto a su tumba.

Vela la Iglesia. Y vela el mundo.

 

La hora de la victoria de Cristo sobre la muerte es la hora más grande de su historia.

 

(de la Homilía de Juan Pablo II  Sabado Santo 1981)

 

FELIZ Y BENDECIDA PASCUA DE RESURRECCION!!

 


martes, 8 de abril de 2025

El «Sígueme» del 8 de abril de 2005 (3 de 3)

 


«Sígueme». En octubre de 1978 el cardenal Wojtyla escucha de nuevo la voz del Señor. Se renueva el diálogo con Pedro narrado en el Evangelio de esta ceremonia: «Simón de Juan, ¿me amas? Apacienta mis ovejas». A la pregunta del Señor: Karol, ¿me amas?, el arzobispo de Cracovia respondió desde lo profundo de su corazón: «Señor, tú lo sabes todo: Tú sabes que te amo». El amor de Cristo fue la fuerza dominante en nuestro amado Santo Padre; quien lo ha visto rezar, quien lo ha oído predicar, lo sabe. Y así, gracias a su profundo enraizamiento en Cristo pudo llevar un peso, que supera las fuerzas puramente humanas: Ser pastor del rebaño de Cristo, de su Iglesia universal. Este no es el momento de hablar de los diferentes aspectos de un pontificado tan rico. Quisiera leer solamente dos pasajes de la liturgia de hoy, en los que aparecen elementos centrales de su anuncio. En la primera lectura dice San Pedro —y dice el Papa con San Pedro—: «En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en cualquier pueblo le es agradable todo el que le teme y obra la justicia. Ha enviado su palabra a los hijos de Israel, anunciando el Evangelio de la paz por medio de Jesucristo, que es Señor de todos». Y en la segunda lectura, San Pablo —y con San Pablo nuestro Papa difunto— nos exhorta con fuerza: «Por tanto, hermanos muy queridos y añorados, mi gozo y mi corona, permaneced así, queridísimos míos, firmes en el Señor».

 


«Sígueme». Junto al mandato de apacentar su rebaño, Cristo anunció a Pedro su martirio. Con esta palabra conclusiva y que resume el diálogo sobre el amor y sobre el mandato de pastor universal, el Señor recuerda otro diálogo, que tuvo lugar en la Ultima Cena. En este ocasión, Jesús dijo: «Donde yo voy, vosotros no podéis venir». Pedro dijo: «Señor, ¿dónde vas?». Le respondió Jesús: «Adonde yo voy, tú no puedes seguirme ahora, me seguirás más tarde». Jesús va de la Cena a la Cruz y a la Resurrección y entra en el misterio pascual; Pedro, sin embargo, todavía no le puede seguir. Ahora —tras la Resurrección— llegó este momento, este "más tarde". Apacentando el rebaño de Cristo, Pedro entra en el misterio pascual, se dirige hacia la Cruz y la Resurrección. El Señor lo dice con estas palabras, «...cuando eras más joven ... ibas adonde querías; pero cuando envejezcas extenderás tus manos y otro te ceñirá y llevará adonde no quieras». En el primer período de su pontificado el Santo Padre, todavía joven y repleto de fuerzas, bajo la guía de Cristo fue hasta los confines del mundo. Pero después compartió cada vez más los sufrimientos de Cristo, comprendió cada vez mejor la verdad de las palabras: «Otro te ceñirá...». Y precisamente en esta comunión con el Señor que sufre anunció el Evangelio infatigablemente y con renovada intensidad el misterio del amor hasta el fin.

Ha interpretado para nosotros el misterio pascual como misterio de la divina misericordia. Escribe en su último libro: El límite impuesto al mal «es en definitiva la divina misericordia». Y reflexionando sobre el atentado dice: «Cristo, sufriendo por todos nosotros, ha conferido un nuevo sentido al sufrimiento; lo ha introducido en una nueva dimensión, en un nuevo orden: el del amor... Es el sufrimiento que quema y consume el mal con la llama del amor y obtiene también del pecado un multiforme florecimiento de bien». Animado por esta visión, el Papa ha sufrido y amado en comunión con Cristo, y por eso, el mensaje de su sufrimiento y de su silencio ha sido tan elocuente y fecundo.

Divina Misericordia: El Santo Padre encontró el reflejo más puro de la misericordia de Dios en la Madre de Dios. El, que había perdido a su madre cuando era muy joven, amó todavía más a la Madre de Dios. Escuchó las palabras del Señor crucificado como si estuvieran dirigidas a él personalmente: «¡Aquí tienes a tu madre!». E hizo como el discípulo predilecto: la acogió en lo íntimo de su ser (eis ta idia: Jn 19,27) -Totus tuus. Y de la madre aprendió a conformarse con Cristo.

Ninguno de nosotros podrá olvidar como en el último domingo de Pascua de su vida, el Santo Padre, marcado por el sufrimiento, se asomó una vez más a la ventana del Palacio Apostólico Vaticano y dio la bendición Urbi et Orbi por última vez. Podemos estar seguros de que nuestro amado Papa está ahora en la ventana de la casa del Padre, nos ve y nos bendice. Sí, bendíganos, Santo Padre. Confiamos tu querida alma a la Madre de Dios, tu Madre, que te ha guiado cada día y te guiará ahora a la gloria eterna de su Hijo, Jesucristo Señor nuestro. Amén.

 (de la Homilia delCardenal Joseph Ratzinger, Misa de Exequias del difunto pontífice Juan PabloII, Plaza San Pedro, Viernes 8 de abril de 2005)

 

 

El «Sígueme» del 8 de abril de 2005 (2 de 3)

 



 «Sígueme». En julio de 1958 comienza para el joven sacerdote Karol Wojtyla una nueva etapa en el camino con el Señor y tras el Señor. Karol fue, como era habitual, con un grupo de jóvenes apasionados de canoa a los lagos Masuri para pasar unas vacaciones juntos. Pero llevaba consigo una carta que lo invitaba a presentarse al primado de Polonia, el cardenal Wyszynski y podía adivinar solamente el motivo del encuentro: su nombramiento como obispo auxiliar de Cracovia.

Dejar la enseñanza universitaria, dejar esta comunión estimulante con los jóvenes, dejar la gran liza intelectual para conocer e interpretar el misterio de la criatura humana, para hacer presente en el mundo de hoy la interpretación cristiana de nuestro ser, todo aquello debía parecerle como un perderse a sí mismo, perder aquello que constituía la identidad humana de ese joven sacerdote.

Sígueme, Karol Wojtyla aceptó, escuchando en la llamada de la Iglesia la voz de Cristo. Y así se dio cuenta de cuanto es verdadera la palabra del Señor: «Quien pretenda guardar su vida la perderá; y quien la pierda la conservará viva». Nuestro Papa —todos lo sabemos— no quiso nunca salvar su propia vida, tenerla para sí; quiso entregarse sin reservas, hasta el último momento, por Cristo y por nosotros. De esa forma pudo experimentar cómo todo lo que había puesto en manos del Señor retornaba en un nuevo modo: el amor a la palabra, a la poesía, a las letras fue una parte esencial de su misión pastoral y dio frescura nueva, actualidad nueva, atracción nueva al anuncio del Evangelio, también precisamente cuando éste es signo de contradicción.

 

(de la Homilia delCardenal Joseph Ratzinger, Misa de Exequias del difunto pontífice Juan PabloII, Plaza San Pedro, Viernes 8 de abril de 2005)

 


El «Sígueme» del 8 de abril de 2005 (1 de 3)

 

Recordamos hoy con especial intensidad aquel 8 de abril del 2005 hace 20 años atrás, cuando pegados a las pantallas de televisión participábamos a distancia de la Misa de Exequias de nuestro amado Juan Pablo II.  Se cumplen hoy veinte años de aquella emocionante despedida terrenal del querido Papa Juan Pablo II. Una Roma colmada de discípulos y amigos de todas las edades.

Y recordamos  esa preciosa homilía - despedida del cardenal Joseph Ratzinger. Que sentiría ese hombre, también santo, en esos momentos? Intuiría, sospecharía, temería que sería el sucesor de su gran amigo y también consejero? No lo sabemos, pero lo que si sabemos que Juan Pablo II le dijo en su momento que no hacía falta presentar la carta de renuncia,  cuando el Cardenal solo ansiaba volver a su querida Baviera para seguir reflexionando y escribiendo. Muy otros eran los planes de la Divina Providencia.

En su homilía el Cardenal Ratzinger reflejaba, paso a paso, las etapas más significativas de la vida de Karol Wojtyla con aquel  “Sígueme” tantas veces utilizado por Jesús mismo y citada por los cuatro evangelistas,  ….aquella palabra que dejara perplejo a Mateo! Y que tan bien reflejara Caravaggio. 

 


Benedicto XVI comenzaba diciendo:

 «Sígueme», dice el Señor resucitado a Pedro, como su última palabra a este discípulo elegido para apacentar a sus ovejas. «Sígueme», esta palabra lapidaria de Cristo puede considerarse la llave para comprender el mensaje que viene de la vida de nuestro llorado y amado Papa Juan Pablo II, cuyos restos mortales depositamos hoy en la tierra como semilla de inmortalidad, con el corazón lleno de tristeza pero también de gozosa esperanza y de profunda gratitud.

 


«Sígueme». Cuando era un joven estudiante, Karol Wojtyla era un entusiasta de la literatura, del teatro, de la poesía. Trabajando en una fábrica química, circundado y amenazado por el terror nazi, escuchó la voz del Señor: ¡Sígueme! En este contexto tan particular comenzó a leer libros de filosofía y de teología, entró después en el seminario clandestino creado por el cardenal Sapieha y después de la guerra pudo completar sus estudios en la facultad teológica de la Universidad Jagellónica de Cracovia. Tantas veces en sus cartas a los sacerdotes y en sus libros autobiográficos nos habló de su sacerdocio, al que fue ordenado el 1 de noviembre de 1946. En esos textos interpreta su sacerdocio, en particular a partir de tres palabras del Señor. En primer lugar esta: «No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro permanezca». La segunda palabra es: «El buen pastor da la vida por sus ovejas». Y finalmente: «Como el Padre me amó, así os he amado yo. Permaneced en mi amor». En estas palabras vemos el alma entera de nuestro Santo Padre. Realmente ha ido a todos los lugares, incansablemente, para llevar fruto, un fruto que permanece.

 «Levantaos, vamos», es el título de su penúltimo libro. «Levantaos, vamos». Con esas palabras nos ha despertado de una fe cansada, del sueño de los discípulos de ayer y hoy. «Levantaos, vamos», nos dice hoy también a nosotros. El Santo Padre fue además sacerdote hasta el final porque ofreció su vida a Dios por sus ovejas y por la entera familia humana, en una entrega cotidiana al servicio de la Iglesia y sobre todo en las duras pruebas de los últimos meses. Así se ha convertido en una sola cosa con Cristo, el buen pastor que ama sus ovejas. Y, en fin, «permaneced en mi amor»: el Papa, que buscó el encuentro con todos, que tuvo una capacidad de perdón y de apertura de corazón para todos, nos dice hoy también con estas palabras del Señor: «Habitando en el amor de Cristo, aprendemos, en la escuela de Cristo, el arte del amor verdadero».

 

(de la Homilia delCardenal Joseph Ratzinger, Misa de Exequias del difunto pontífice Juan PabloII, Plaza San Pedro, Viernes 8 de abril de 2005)

 


 

viernes, 4 de abril de 2025

A 20 años de la Pascua de San Juan Pablo II – Sebastian Zagari

 


20 años de la Pascua de San Juan Pablo II. A pocos días de regalar al mundo por última vez, en el Domingo de Pascua, la bendición urbi et orbi, "nuestro amadísimo Santo Padre volvió a la Casa del Padre", como se anunció en la noche romana del 2 de abril de 2005. Pasaron 20 años y recuerdo nitidamente ese día y esos días.

La oración y la preocupación por la salud del Papa, nuestro Papa, el único que yo había conocido hasta ese momento. El dolor ante el anuncio de su partida. La iglesia llena cuando fuimos a la Misa de ese sábado en Madre y mucha gente se acercó a rezar. Era el fin de semana de la Fiesta de la Misericordia, que él había instituido.

Era el clima pascual - me acuerdo yo diciéndole al Padre Cristian si no se podía hacer la Misa de difuntos, y el diciéndome que no, no se podía, ¡estábamos en Pascua!  - de alegría y esperanza a pesar del dolor de la ausencia. Era la seguridad - que pocos años después confirmaría la Iglesia - de que el Papa ya estaba en el Cielo intercediendo por esa Iglesia que había amado y servido en la tierra. Yo tenía 17 años, estaba terminando la escuela, y pocos meses después empezaría el seminario. Y sin duda la figura de Juan Pablo II fue entonces clave para dar ese paso: "¡No tengan miedo! Abran de par en las puertas a Cristo".

La vida y la muerte de Juan Pablo II me ayudaron a amar más a la Iglesia y al Papa - al que sea, al que Dios nos envía en cada etapa. Me enseñaron - como él repetía a los jóvenes - que vale la pena entregarse a Cristo, y me lo siguen enseñando cuando me pongo mezquino.  Me enseñaron el camino de la misericordia.

No me animaría a decir que me enseñaron a no tener miedo, porque no es algo que me salga naturalmente, pero sí que muchas veces a lo largo de estos 20 años se lo pedí y  sigo pidiendo: 'vos que supiste no tener miedo y que te animaste a abrir las puertas - hasta las más cerradas - a Jesús, dame una mano y ayúdame, que a mí no me sale tan fácil'. Y sin duda que si algo aprendí y sigo aprendiendo de este gran Papa y gran santo, pero también gran compañero de camino, es a confiar todo al corazón de la Virgen:

 "Totus tuus"

¡Gracias, Juan Pablo: sigo encomendándome a tu valiosa intercesión!

 

(Testimonio de Sebastián Zagari, sacerdote, párroco en la Parroquia San Antono de Padua, Gerli, Buenos Aires)

 

 

 

sábado, 6 de abril de 2024

“Este es el día que hizo el Señor”

Imagen de Wikipedia Tomas el incrédulo - Caravaggio


“Todos estos días, entre el Domingo de Pascua y el segundo domingo después de Pascua, in albis, constituyen en cierto sentido el único día. La liturgia se concentra sobre un acontecimiento, sobre el único misterio. “Ha resucitado, no está aquí” (Mc 16, 6) Cumplió la Pascua. Reveló el significado del Paso. Confirmó la verdad de sus palabras. Dijo la última palabra de su mensaje: mensaje de la Buena Nueva, del Evangelio. Dios mismo que es Padre, esto es, Dador de la Vida, Dios mismo no quiere la muerte (cf. Ez 18, 23. 32), y “creó todas las cosas para la existencia” (Sab 1, 14), ha manifestado hasta el fondo, en Él y por Él, su amor. El amor quiere decir vida.

Su resurrección es el testimonio definitivo de la Vida, esto es, del Amor.

“La muerte y la vida entablaron singular batalla. El Señor de la vida, muerto, reina vivo” (Secuencia).

“Este es el día que hizo el Señor” (Sal 117 [118], 24): “más sublime que todos, más luminoso que los demás, en el que el Señor resucitó, en el que conquistó para Sí un pueblo nuevo... mediante el espíritu de regeneración, en el que ha llenado de gozo y exultación las almas de todos” (San Agustín, Sermo 168, in Pascha X, 1; PL 39, 2070).

Este único día corresponde, en cierto modo, a todos los siete días de que habla el libro del Génesis, y que eran los días de la creación (cf. Gén 1-2). Por esto los celebramos todos en este único día. En estos días, durante la octava, celebramos el misterio de la nueva creación. Este misterio se expresa en la persona de Cristo resucitado. El mismo es ya este misterio y constituye para nosotros su anuncio, la invitación a él. La levadura. En virtud de esta invitación y de esta levadura somos todos en Jesucristo la “nueva creatura”.

“Así, pues, festejémosla, no con la vieja levadura..., sino con los ácimos de la pureza y la verdad” (1 Cor 5, 8).

 (Juan Pablo II Audiencia General  18 de abril de 1979)

sábado, 30 de marzo de 2024

"No está aquí. Ha resucitado".

 


"No os asustéis. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? No está aquí. Ha resucitado" (Mc 16,6).


“Esta desconcertante noticia, destinada a cambiar el rumbo de la historia, desde entonces sigue resonando de generación en generación: anuncio antiguo y siempre nuevo. Ha resonado una vez más en esta Vigilia pascual, madre de todas las vigilias, y se está difundiendo en estas horas por toda la tierra.”

 

MUY FELIZ Y BENDECIDA 

PASCUA DE RESURRECCION A TODOS!!!

lunes, 25 de marzo de 2024

Vida cristiana? De que se trata

 

(1983 Blonie, Polonia)

«Toda la vida cristiana es como una gran peregrinación hacia la casa del Padre, del cual se descubre cada día su amor incondicional por toda criatura humana, y en particular por el "hijo pródigo" (cf. Lc 15, 11-32). Esta peregrinación afecta a lo íntimo de la persona, prolongándose después a la comunidad creyente para alcanzar a la humanidad entera» (n. 49).

(…)

La vida cristiana es participación en el misterio pascual, como camino de cruz y resurrección. Camino de cruz, porque nuestra existencia pasa continuamente por la criba purificadora que lleva a superar el viejo mundo marcado por el pecado. Camino de resurrección, porque el Padre, al resucitar a Cristo, ha derrotado el pecado, por lo cual, en el creyente, el «juicio de la cruz» se convierte en «justicia de Dios», es decir, en triunfo de su verdad y de su amor sobre la perversidad del mundo.

La vida cristiana es, en definitiva, un crecimiento en el misterio de la Pascua eterna. Por tanto, exige tener la mirada fija en la meta, en las realidades últimas, y, al mismo tiempo, comprometerse en las realidades «penúltimas»: entre éstas y la meta escatológica no hay oposición, sino, al contrario, una relación de mutua fecundación. Aunque es preciso afirmar siempre el primado de lo eterno, eso no impide que vivamos rectamente, a la luz de Dios, las realidades históricas (cf. Catecismo de la Iglesia católica, n. 1048 ss).

(de la Audiencia General de Juan Pablo II 11 de agosto de 1999)


viernes, 7 de abril de 2023

La hora de la victoria de Cristo

 


(FrayAngélico, fresco de las celdas de San Marcos. Cristoalcanza a Adán para rescatarlo del Infierno. c. 1440 - Wikipedia)

 "¿Buscáis a Jesús el crucificado?" (Mt 28, 5).

¿Por qué habéis venido ahora?  ¿Buscáis a Jesús el crucificado?

Sí. Buscamos a Jesús crucificado. Lo buscamos esta noche después del sábado, que precedió a la llegada de las mujeres al sepulcro, cuando ellas con gran estupor vieron y oyeron: "No está aquí..." (Mt 28, 6).

(…)

"Nuestro hombre viejo ha sido crucificado con El, para que... no seamos más esclavos del pecado..." (Rom 6, 6), porque nosotros nos consideramos "muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús" (ib., 6, 11); efectivamente: "Porque su morir fue un morir al pecado de una vez para siempre; y su vivir es un vivir para Dios" (ib., 6, 10);

 porque: "Por el bautismo fuimos sepultados con El en la muerte, para que, así como Cristo fue despertado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva" (ib., 6, 4);

porque: "Si nuestra existencia está unida a El en una muerte como la suya, lo estará también en una resurrección como la suya" (ib., 6, 5);

 porque creemos que "si hemos muerto con Cristo..., también viviremos con El" (ib., 6, 8);

y porque creemos que "Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; la muerte ya no tiene dominio sobre El" (ib., 6, 9).

 Precisamente por esto estamos aquí.

Por esto velamos junto a su tumba.

Vela la Iglesia. Y vela el mundo.

 

La hora de la victoria de Cristo sobre la muerte es la hora más grande de su historia.

(de la Homilía de Juan Pablo II  Sabado Santo 1981)

viernes, 31 de marzo de 2023

"Queremos ver a Jesús" (Jn 12, 21), la Cruz de los jovenes y el Domingo de Ramos

 

(imagen de Wikimedia)

Revisando los textos de los Mensajes de Juan Pablo II a los jóvenes para las JMJ encuentro  este Discurso del 1 de abril de 2004 como preparaciónpara la  XIX JMJ diocesana y celebrada en Roma el Domingo de Ramos 2004, en lo que fue su última Jornada. No puedo quitarle nada, la cita es textual del sitio de la Santa Sedesolo he omitido los saludos dirigidos a las autoridades locales y la referencia a un Foro juvenil que se realizaría en Roma en octubre. Un discurso para leer detenidamente y volver a leer….

1. "Queremos ver a Jesús" (Jn 12, 21). Es la petición que algunos "griegos", que habían acudido a Jerusalén para la Pascua, dirigen a Felipe. El Maestro, advertido de este deseo, comprende que ha llegado su "hora". La "hora" de la cruz, de la obediencia al Padre siguiendo la suerte del grano de trigo que, cayendo en tierra, se pudre y muere para producir fruto. 

Para Jesús ha llegado también la "hora" de la gloria. La "hora" de la pasión, muerte, resurrección y ascensión al cielo. La "hora" en que entregará su vida para recobrarla de nuevo y donarla a todos. La "hora" en que, en la cruz, vencerá el pecado y la muerte en beneficio de toda la humanidad. 

También nosotros estamos llamados a vivir esa "hora", para ser "honrados" juntamente con él por el Padre. 

[…]

2. Hace veinte años, al concluir el Año santo de la Redención, entregué a los jóvenes la cruz, el madero en el que Cristo fue elevado de la tierra y vivió la "hora" para la cual había venido al mundo. Desde entonces esa cruz, peregrinando de una Jornada de la juventud a otra, está recorriendo el mundo sostenida por los jóvenes y anuncia el amor misericordioso de Dios, que sale al encuentro de todas sus criaturas para restituirles la dignidad perdida a causa del pecado. 

Gracias a vosotros, queridos amigos, millones de jóvenes, al mirar esa cruz, han cambiado su existencia, comprometiéndose a vivir como auténticos cristianos. 

3. Amadísimos jóvenes, permaneced unidos a la cruz. Mirad la gloria que os espera también a vosotros. ¡Cuántas heridas sufre vuestro corazón, a menudo causadas por el mundo de los adultos! Al entregaros una vez más idealmente la cruz, os invito a creer que somos muchos los que confiamos en vosotros, que Cristo confía en vosotros y que sólo en él está la salvación que buscáis.

¡Cuán necesario resulta hoy renovar el modo de acercarnos a los jóvenes para anunciarles el Evangelio! Ciertamente, debemos replantear nuestra propia situación para evangelizar el mundo juvenil, pero con la certeza de que también hoy Cristo desea que lo vean, de que también hoy quiere mostrar a todos su rostro. 

4. Queridos jóvenes, no tengáis miedo de emprender caminos nuevos de entrega total al Señor y de misión; sugerid vosotros mismos cómo llevar hoy la cruz al mundo. 

[…]

Alimentados con la Eucaristía, unidos a la Iglesia y aceptando vuestras cruces, haced que explote en el mundo vuestra carga de fe y anunciad a todos la misericordia divina. 

5. En este camino, no tengáis miedo de fiaros de Cristo. Ciertamente, amáis el mundo, y hacéis bien, porque el mundo fue creado para el hombre. Sin embargo, en un determinado momento de la vida, es preciso hacer una opción radical. Sin renegar de nada de lo que es expresión de la belleza de Dios y de los talentos recibidos de él, hay que ponerse de parte de Cristo, para testimoniar ante todos el amor de Dios. 

A este respecto, me complace recordar la gran atracción espiritual que ejerció en la historia de mi vocación la figura del santo fray Alberto, Adam Chmielowski -así se llamaba-, que no era sacerdote. Fray Alberto era pintor de gran talento y cultura. Pues bien, en un determinado momento de su vida, rompió con el arte, porque comprendió que Dios lo llamaba a tareas mucho más importantes. Se trasladó a Cracovia, para hacerse pobre entre los más pobres, entregándose al servicio de los desheredados. En él encontré un gran apoyo espiritual y un ejemplo para alejarme de la literatura y del teatro, para la elección radical de la vocación al sacerdocio. Después, una de mis mayores alegrías fue elevarlo al honor de los altares, como, anteriormente, dedicarle una obra dramática:  "Hermano de nuestro Dios". 

Mirad que seguir a Cristo no significa renunciar a los dones que nos concede, sino elegir un camino de entrega radical a él. Si llama a este camino, el "sí" resulta necesario. Por tanto, no tengáis miedo de entregaros a él. Jesús sabe cómo debéis llevar hoy su cruz en el mundo, para colmar las expectativas de muchos otros corazones jóvenes. 

6. ¡Cómo han cambiado los jóvenes de hoy con respecto a los de hace veinte años! ¡Cómo ha cambiado el contexto cultural y social en el que vivimos! Pero Cristo, no, él no ha cambiado. Él es el Redentor del hombre ayer, hoy y siempre.   Así pues, poned vuestros talentos al servicio de la nueva evangelización, para recrear un entramado de vida cristiana. 

El Papa está con vosotros. Creed en Jesús, contemplad su rostro de Señor crucificado y resucitado, un rostro que muchos quieren ver, pero que, a menudo, está velado por nuestro escaso celo por el Evangelio y por nuestro pecado. 

Oh Jesús amado, oh Jesús buscado, revélanos tu rostro de luz y de perdón! ¡Míranos, renuévanos, envíanos!  Muchísimos jóvenes te esperan y, si no te ven, no podrán vivir su vocación, no podrán vivir por ti y contigo, para renovar el mundo bajo tu mirada, dirigida al Padre y, al mismo tiempo, a nuestra pobre humanidad. 

7. Amadísimos amigos, con creatividad siempre nueva, inspirada por el Espíritu Santo en la oración, seguid llevando juntos la cruz que os entregué hace veinte años.   Los jóvenes de entonces han cambiado, como también  yo  he cambiado, pero vuestro corazón, como el mío, tiene siempre sed de verdad, de felicidad, de eternidad y, por tanto, es siempre joven. Esta tarde pongo nuevamente mi confianza en vosotros, esperanza de la Iglesia y de la sociedad.

 ¡No tengáis miedo! Llevad por doquier, a tiempo y a destiempo (cf. 2 Tm 4, 2), la fuerza de la cruz, para que todos, también gracias a vosotros, puedan seguir viendo y creyendo en el Redentor del hombre. Amén.

  

(Encuentro de Juan Pablo II con los jóvenes d ela Diócesis deRoma como preparación para la XIX Jornada Mundial de la Juventud -  jueves 1 de abril de 2004)

 

 

jueves, 28 de abril de 2022

Mysterium paschale

 


Mysterium paschale

Misterio del Paso

En el que

El camino se invierte.

De la vida se pasa a la muerte –

He aquí la experiencia, la certeza.

A través de la muerte entrar en la vida –

He aquí el misterio.

Misterio – una inscripción profunda

Aún no plenamente descifrada,

Que existe en cada uno como presagio y no se opone  a la vida

(no se opone quizá más la muerte?)

Si Uno descubre la inscripción

Y la descifra, convirtiéndola en realidad ne si mismo

Y PASA –

Entonces tocamos la huella,

Recibimos el Sacramento en el que permanece

Aquel que ha pasado…

Y también nosotros, en el paso hacia la muerte,

Permanecemos en el espacio del misterio.

 

Karol Wojtyla , Meditacion sobre la muerte,  II «Mysterium Paschale»,  2.  Mysterium paschale 

(versión publicada en Totus Tuus Nr 3, junio 2006 Año 1)

jueves, 21 de abril de 2022

Benedicto XVI : «Et resurrexit tertia die secundum Scripturas», «Resucitó al tercer día según las Escrituras».


Cada domingo, en el Credo, renovamos nuestra profesión de fe en la resurrección de Cristo, acontecimiento sorprendente que constituye la clave de bóveda del cristianismo. En la Iglesia todo se comprende a partir de este gran misterio, que ha cambiado el curso de la historia y se hace actual en cada celebración eucarística. Sin embargo, existe un tiempo litúrgico en el que esta realidad central de la fe cristiana se propone a los fieles de un modo más intenso en su riqueza doctrinal e inagotable vitalidad, para que la redescubran cada vez más y la vivan cada vez con mayor fidelidad: es el tiempo pascual. Cada año, en el «santísimo Triduo de Cristo crucificado, muerto y resucitado», como lo llama san Agustín, la Iglesia recorre, en un clima de oración y penitencia, las etapas conclusivas de la vida terrena de Jesús: su condena a muerte, la subida al Calvario llevando la cruz, su sacrificio por nuestra salvación y su sepultura. Luego, al «tercer día», la Iglesia revive su resurrección: es la Pascua, el paso de Jesús de la muerte a la vida, en el que se realizan en plenitud las antiguas profecías. Toda la liturgia del tiempo pascual canta la certeza y la alegría de la resurrección de Cristo.

 Queridos hermanos y hermanas, debemos renovar constantemente nuestra adhesión a Cristo muerto y resucitado por nosotros: su Pascua es también nuestra Pascua, porque en Cristo resucitado se nos da la certeza de nuestra resurrección. La noticia de su resurrección de entre los muertos no envejece y Jesús está siempre vivo; y también sigue vivo su Evangelio. «La fe de los cristianos —afirma san Agustín— es la resurrección de Cristo». Los Hechos de los Apóstoles lo explican claramente: «Dios dio a todos los hombres una prueba segura sobre Jesús al resucitarlo de entre los muertos» (Hch 17, 31).

 En efecto, no era suficiente la muerte para demostrar que Jesús es verdaderamente el Hijo de Dios, el Mesías esperado. ¡Cuántos, en el decurso de la historia, han consagrado su vida a una causa considerada justa y han muerto! Y han permanecido muertos. La muerte del Señor demuestra el inmenso amor con el que nos ha amado hasta sacrificarse por nosotros; pero sólo su resurrección es «prueba segura», es certeza de que lo que afirma es verdad, que vale también para nosotros, para todos los tiempos. Al resucitarlo, el Padre lo glorificó. San Pablo escribe en la carta a los Romanos: «Si confiesas con tu boca que Jesús es Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo» (Rm 10, 9). Es importante reafirmar esta verdad fundamental de nuestra fe, cuya verdad histórica está ampliamente documentada, aunque hoy, como en el pasado, no faltan quienes de formas diversas la ponen en duda o incluso la niegan. El debilitamiento de la fe en la resurrección de Jesús debilita, como consecuencia, el testimonio de los creyentes. En efecto, si falla en la Iglesia la fe en la Resurrección, todo se paraliza, todo se derrumba. Por el contrario, la adhesión de corazón y de mente a Cristo muerto y resucitado cambia la vida e ilumina la existencia de las personas y de los pueblos. ¿No es la certeza de que Cristo resucitó la que ha infundido valentía, audacia profética y perseverancia a los mártires de todas las épocas? ¿No es el encuentro con Jesús vivo el que ha convertido y fascinado a tantos hombres y mujeres, que desde los inicios del cristianismo siguen dejándolo todo para seguirlo y poniendo su vida al servicio del Evangelio? «Si Cristo no resucitó, —decía el apóstol san Pablo— es vana nuestra predicación y es vana también nuestra fe» (1Co 15, 14). Pero ¡resucitó! 

 

(Benedicto XVI de la Audiencia General del 26 de marzo de 2008)

 

jueves, 1 de abril de 2021

El sepulcro vacío: signo de la esperanza que “no defrauda”

 


El sepulcro vacío es signo de la victoria definitiva,de la verdad sobre la mentira, del bien sobre el mal,

de la misericordia sobre el pecado, de la vida sobre la muerte.

El sepulcro vacío es signo de la esperanza que "no defrauda" (Rm 5, 5). "Nuestra esperanza está llena de inmortalidad" (Sb 3, 4).

 

 

Oración

Señor Jesucristo, que por el Padre, con la potencia del Espíritu Santo,

fuiste llevado desde las tinieblas de la muerte a la luz de una nueva vida en la gloria,

haz que el signo del sepulcro vacío nos hable a nosotros y a las generaciones futuras

y se convierta en fuente viva de fe, de caridad generosa y de firmísima esperanza.

A ti, Jesús, presencia escondida y victoriosa en la historia del mundo honor y gloria por los siglos

R./. Amén.”

 

(Juan Pablo II Via Crucis año 2000)

 FELIZ Y SANTA PASCUA DE RESURRECCION A TODOS!!!